Puente de Palmira

El puente de la ruta 50 soporta
el tránsito desde 1907, trayectoria durante la cual fue símbolo de la fortaleza con la
que crecía Palmira en esa época y del estadillo social que conmovió a la ciudad cuando
se terminaba el siglo pasado, del que aún quedan importantes secuelas. El puente tiene
unos 200 metros de extensión.
Su nacimiento fue consecuencia de
la necesidad de conectar la naciente ciudad ferroviaria e industrial con la capital
provincial y en plena crisis, más de 90 años después, fue el blanco de los desocupados
que se convirtieron en piqueteros para hacerse notar.
La estructura sobre el río
estuvo ahí cuando llegaron los primeros automóviles, fue sobrepasada por el tránsito
hasta que a fines de los 70 se construyó la doble vía para la Ruta Nacional 7, entre San
Martín y Mendoza, y la arteria del viejo puente pasó a denominarse Ruta Provincial 50,
quedando bajo jurisdicción de Vialidad de Mendoza.
Junto al cruce aéreo del
ferrocarril, distanciados a 100 metros entre sí, y a la estación ferroviaria ubicada al
Este forman parte del patrimonio histórico de la ciudad. A diferencia de otras estaciones
de trenes insignes del interior, la de Palmira está en actividad bajo el control de ALL.
El puente caminero y la
estación, además de compartir la convivencia con buena parte de la historia de Palmira,
fueron epicentros de fuertes protestas. En la estación, a fines de los 90, los
palmirenses cerraron las vías con sus cuerpos cuando la concesión del servicio pasó de
la empresa BAP a la brasileña ALL en protesta por una serie de despidos masivos.
Desde fines de 2001 y principios
de 2002, el centro de la bronca -en un escenario en el que las autoridades reconocían
alrededor del 70% de desocupación- fue el puente de la ruta 50. Múltiples interrupciones
sufrió el tránsito a uno y otro lado de los hierros oxidados de la antigua estructura.
Los desocupados de Palmira hacían humear cubiertas del costado Este y los vecinos del
barrio Flores de San Roque, Maipú, ubicado en la margen Oeste del río.
Amarillo y negro, como
los trapos jarilleros
Con los colores jarilleros fue vestido el puente del Río
Mendoza, en Palmira. Amarillo con una franja negra atravesada al medio de ambos costados,
como las banderas que los fieles hinchas del Atlético Palmira llevan a la cancha para
alentar a sus jugadores. Los materiales para la obra fueron donados por comerciantes y
vecinos, mientras que los trabajos los realizó personal municipal. Las barandas laterales
construidas con hierros pesados, como se usaba hace 100 años, nunca fueron pintadas
antes.
Querida Palmira, una ciudad
que sueña, lucha y espera, reza un cartel cruza calle en la entrada al puente, con
la firma del Municipio. El fondo también es amarillo, encerrado por un espacio negro a
cada costado reservado para los auspiciantes, quienes más ayudaron a que se concretara la
obra.
También se dejó constancia en
una plaqueta de la colaboración vecinal que recibió la obra, íntegramente realizada con
materiales donados. La Municipalidad de San Martín, a través de la Delegación de
Palmira, recepcionó donaciones de pintura sin discriminación de cantidad. Hubieron
vecinos que, a pesar de su acotado poder adquisitivo, quisieron tener algo que ver en la
movida y donaron un litro, mientras que también se sumaron comerciantes que hicieron
aportes mayores.
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