Una tarea nada de fácil

En el súper ventas "Sigamos creciendo con nuestros hijos", la autora colombiana Angela Marulanda repasa los dilemas y situaciones que deben enfrentar los padres a la hora de asumir una de sus tareas más difíciles: la crianza y formación de sus niños.

18.01.2002 "Mujer a Mujer" de diario "La Tercera"
Por Gaspar Hübner

Título: Sigamos creciendo con nuestros hijos
Autor: Angela Marulanda
Editorial: Norma
Año: 2001, 320 págs
 

La relación marital representa para los hijos mucho más que la posibilidad de tener un hogar en donde los amen y los cuiden. Los padres somos la estructura sobre la cual los hijos se construyen. En esta medida somos como los dos pilares sobre los que se soportan para avanzar en su camino por la vida, hasta tanto desarrollen la madurez física, emocional, intelectual y espiritual para hacerlo por sí mismos. Así como de la estabilidad de las piernas depende la seguridad y firmeza con que caminemos, de la estabilidad de los padres depende la confianza y la fortaleza de los hijos para avanzar en su crecimiento hacia una adultez sana y equilibrada”.

Esa es una de las principales conclusiones a las que llega la socióloga y educadora familiar colombiana Angela Marulanda en su libro Sigamos creciendo con nuestros hijos (Editorial Norma, 320 págs, 2001), el cual, según la revista The Economist, encabezó durante el año pasado los rankings de textos de autoayuda más vendidos en toda América Latina. Y es que ser padres y aprobar con éxito esta tarea no es algo fácil. Son muchas las dudas, los dilemas y las situaciones a los que día a día se ven enfrentadas las parejas desde el minuto mismo en que nace el primer hijo. Sobre ellas trata este súper ventas, que repite el éxito que ya había obtenido la autora con “Soy adolescente, ¡por favor entiéndanme!” (1996) y “Creciendo con nuestros hijos” (2001).

Con una vasta experiencia profesional en el tema, para Marulanda lo central es comprender que se trata de una labor en la que hijos y padres deben crecer juntos. Además de darles educación escolar, el gran reto que enfrentan los padres hoy es que los hijos se conviertan en personas que han sido capaces de desarrollar habilidades y capacidades que les permitan ser independientes y desenvolverse en la vida. Y para ello, recalca, lo prioritario es “inculcarles valores y actitudes prácticas para su formación y crecimiento”.

Sobre estos últimos y los obstáculos que se enfrentan cotidianamente trata Sigamos creciendo… y en sus siete capítulos, la autora analiza temas como lo que se necesita para ser buenos padres, la amistad entre padres e hijos, el papel de los abuelos en la vida de los nietos, qué hacer para que los hijos obedezcan, el desafío de ser madre y profesional a la vez, cómo inculcar buenos valores en los hijos, cómo manejar la agresividad de los niños, cómo manejar los permisos y salidas de los adolescentes, la participación de los padres en las tareas de los hijos, entre otros.


TAREA DE DOS. Los dilemas analizados por la autora son todos prácticos y la mayoría de las veces involucran valores. Pero lo importante es que para resolverlos, ambos padres deben estar presentes. Marulanda plantea que si se requiere de dos para gestar una vida, es porque los dos son necesarios para la formación y el crecimiento del niño. De no ser así, lo único que se logrará es generar un vacío en el menor, que a futuro será muy difícil de subsanar.

Y es en este punto donde la socióloga observa uno de los principales obstáculos: la ausencia del padre en muchas de las labores que implican criar a los hijos. “La importancia del padre en la vida de los hijos se ha demostrado con estudios. Por ejemplo, está visto que durante la escuela primaria, los resultados académicos de los niños cuyos padres son hogareños y participan en forma activa en la vida cotidiana de sus hijos son mejores que los de aquellos cuyos padres sólo comparten muy poco tiempo con su familia”, explica la socióloga.

La presencia del padre no es menor, plantea Marulanda. “Su papel en la formación social y moral de los hijos es de vital importancia. La masculinidad, la virilidad, la lealtad con la pareja y el coraje son virtudes que los niños hombres no pueden aprender en libros ni en películas, sino que las copian de lo que ven en su padre”. Al mismo tiempo, “las niñas aprenden a relacionarse con los hombres y a entender la forma como reaccionan ante ellas a través de las interacciones con su padre”.


SER PADRES. Uno de los problemas que observa Marulanda en el libro es que las parejas actuales tienden a ver la paternidad como una más “de nuestras múltiples actividades y en un escenario donde también debemos sobresalir”. Así, la función de ser padres muchos la viven y miden su éxito con “los mismos parámetros que cualquier otra profesión en la competitiva sociedad de hoy”. Esto es, “con la rapidez con que los hijos aprenden, los honores académicos que obtienen, los trofeos deportivos que ganan o las buenas (léase influyentes) amistades que logran establecer”.

Nada más dañino asegura la autora colombiana. La única consecuencia que ello puede traer es que los hijos dejen de verse como personas y se conviertan en “proyectos” de los propios padres, en los que se busca “satisfacer nuestras expectativas”. “Esto explica la presión que se ejerce sobre los niños para que logren llegar más lejos que los demás, muchas veces más allá de lo que les permiten sus capacidades individuales. También explica la competitividad que se establece entre muchos padres, que miden el rendimiento de sus hijos comparándolos con el de otros niños de su misma edad”, explica Marulanda.

Es por ello que la autora plantea que ser padres “no es una actividad, es un estado o condición de la edad adulta. Para su desempeño no se necesita eficiencia, sino mucha paciencia; su éxito no depende de las actividades que desarrollemos, sino de las actitudes que demostremos. Nuestra misión es apoyar a los hijos en su proceso de crecer, y no convertirlos en lo que nosotros no pudimos ser. Para ello lo fundamental es ofrecerles un hogar donde reine la armonía, impere la solidaridad, prevalezca el respeto y abunde el afecto”.


¿ES POSIBLE SER AMIGO DE LOS HIJOS? Pero los términos de este estado también han sufrido cambios. Para no repetir su experiencia, son muchos los padres que quieren verse más como amigos de sus hijos, lo que ha dado lugar a nuevos problemas. “Lo grave es que este esfuerzo por cambiar los términos de la relación lesiona la seguridad de los niños, trae dificultades para su educación y afecta en forma negativa la imagen paterna”, explica la autora.

Esto, porque una relación que invite a los niños a sentirse a la par con sus progenitores “les genera inseguridad y ansiedad”. Por ello, es fundamental que los hijos menores vean “a sus padres como personas superiores a ellos, capaces de cuidarlos y protegerlos hasta que sean adultos y puedan hacerlo por sí mismos”.

En segundo lugar, dice Marulanda, los hijos también requieren sentir cierta supremacía de los padres, lo que es fundamental en su educación. “Como los niños están en proceso de desarrollar los controles internos, son muchas las cosas que los padres deben obligarlos a hacer, a pesar de que a ellos no les agradan -ir al dentista, comer vegetales, estudiar o acostarse temprano-. Es más fácil lograr la colaboración y la obediencia de los hijos cuando ellos nos ven como personas superiores en potestad, experiencia y capacidad. Y esto no es lo que transmiten unos papás que se dirigen a sus hijos suplicantes y dándoles toda suerte de razones para que les obedezcan, en aras de afianzar vínculos de amistad. En este tipo de relación no hay una jerarquía definida”, explica la autora. Ahí no tiene cabida la autoridad paterna.

 

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