Aprendiendo
a hablar
La
importancia de la unión con la madre a edades tempranas no se puede considerar
nunca exagerada. Un bebé privado
de amor es incapaz de responder luego a las demandas que le exige su propia
paternidad con amor y afecto. Estudios
sobre casos de padres que maltratan físicamente a sus bebés demuestran los trágicos
efectos de haberse visto privado de su madre a una edad temprana.
La
confianza de los bebés normales y sanos con un año de edad se debe a la
intensidad de los vínculos maternos y, en menor cuantía, de los paternos.
Un bebé de un año de edad separado de su madre durante un período
largo se convierte en un niño retraído.

Las
primeras palabras
En
sentido estricto, la primera infancia acaba con la primera palabra que pronuncia
el niño. En latín, infancia
significa incapacidad para hablar. Al
final del primer año el niño produce sus primeros sonidos reconocibles.
Muy a menudo lo que pronuncia es el nombre de una de las figuras más
importantes de su mundo social. Pronuncia
palabras como un añadido a sus gestos y a los sonidos inarticulados.
"Gato" puede significar cualquier animal que tenga piel y
cuatro patas. "Mamá"
puede ser aplicado a cualquier adulto que se comporte amablemente.
Muy a menudo el significado de las primeras palabras sigue tres fases de
evolución: en primer lugar se utilizan específicamente, luego se aplican con
criterios muy amplios y finalmente se les confiere el sentido que, por lo
general, tiene en el mundo de los adultos.
Conocer lo que un niño piensa cuando expresa una palabra es una cuestión
compleja. Si dice "gato",
puede estar diciendo "aquí hay un gato", o "¿dónde está el
gato? o "yo quiero un gato". De
hecho, es un error intentar darle un significado preciso a lo que un niño dice
a esta edad. Como ocurre con la
comunicación no verbal temprana, su mayor interés consiste en establecer vínculos
sociales, de tal forma que los adultos le hablen y reaccionen frente a ellos.
A esta edad el niño intenta ver el efecto que producen las cosas que él
dice.
*Extracto de La Máquina del Cuerpo, por el Dr. Christiaan Barnard. Ediciones Anaya
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