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www.el-mundo.esTELEVISIONLunes, 4 de octubre de 1999
JAVIER LORENZORostros defenestrados
Defenestración. Hermosa palabra, pese a que esté asociada a fases cruentas de nuestra historia, especialmente a su paso por los Países Bajos. Defenestración. Su sentido más literal indica el acto de arrojar a alguien por una ventana, que es lo que ocurre con frecuencia en las televisiones, si bien con una pequeña diferencia gramatical, pues llegado este caso a los presentadores no los arrojan por la ventana, sino de la ventana, pasando así a un estado letárgico, a un ostracismo de su imagen que para algunos puede ser tan duro, frío y despiadado como el más recio de los adoquines de Amberes.Esta racial costumbre -aminorada, como digo, por los usos y modos de este siglo- se ha aplicado con entusiasmo en TVE durante las últimas semanas. El hecho es sorprendente, pues hasta hace bien poco la cadena pública no se mostraba partidaria de la pena capital, salvo casos extremos y después de haber concedido un margen sobrado de tiempo a la posible víctima. Eran más bien las privadas las que llamaban al verdugo a las primeras de cambio, hasta el punto de que en algunos casos se asistía al estreno de un programa o de una serie sin saber que en lugar de una edición o de un capítulo se estaban viendo dos: el primero y el último.
Esa solidez programática de TVE -comparable si acaso con la de Julio Anguita- se ha ido al garete, pues, con la defenestración de Leticia Sabater, Jaime Bores y esa pachanguita entre amiguetes llamada Famosos y familia. Esto no quiere decir ni que estos personajes no vayan a aflorar de nuevo, ni, por supuesto, que no se aplaudan estas medidas. Todo lo contrario. Leticia Sabater era el camino más corto para conducir a la infancia a un desierto mental en el que se aunaban a partes iguales la chocarronería y la saturación por hamburguesas, Jaime Bores -al margen de su inefable gracejo- había logrado la hazaña de bajar 20 puntos la audiencia que recibía de los culebrones de mediodía y Famosos y familia..., en fin, bastaba echar un vistazo para darse cuenta de que era una tomadura de pelo mayor que la de Uri Geller y el doctor Rosado juntos.
Podrá argumentarse que son los últimos retoques de la nueva parrilla de otoño. No hagan caso de esa pamplina. En el fondo, lo que subsiste es la nula calidad de un producto y también la entrada en vigor de la nueva Ley de de Televisión sin Fronteras -a ver si las autonómicas también se aplican el cuento-, por la cual es obligatorio anunciar los cambios de programación con 11 días de adelanto. Así, para TVE y su consolidada oferta, es mejor eliminar un programa que cambiarlo de fecha y banda horaria, que es lo que ha hecho Antena 3 con Condenadas a entenderse, digna y entretenida serie que se enfrentará los martes al cíclope Emilio Aragón. Ya que vas a ser defenestrado, al menos muestra tanto valor como don Rodrigo en la horca.
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