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Jueves, 15 de abril de 1999TELEVISION
JAVIER LORENZOVuelta a la normalidad
Creo recordar que de las ocho entregas que lleva ya Médico de familia, yo he hecho la crítica de al menos tres. Y he de confesar, para ser sincero, que apenas en alguna otra ocasión -y no por mucho tiempo- he fijado mi mando en esta serie que tan buenos sentimientos despierta siempre. Tal vez, piense alguien, este desapego me inhabilita para ejercer un juicio ponderado, pero, por el contrario, ese alejamiento proporciona una perspectiva de la que adolecen los numerosos seguidores de Nacho y compañía.http://www.el-mundo.es/diario/1999/04/15/television/15N0134.htmlEl rodaje que arrastran todos los personajes ha lubrificado de tal modo las interpretaciones que -como ocurre en el caso de Arturo Fernández- hasta las equivocaciones y tartamudeos en los diálogos aportan verosimilitud y simpatía en lugar de chirridos y congojas. Son las ventajas de contar con un excelente elenco de actores, hasta el punto de que a Emilio Aragón se le ha debido pegar algo de este talento y ya no se le notan tanto sus limitaciones.
Con la Juani casada con Poli y deshecho el entuerto amoroso entre Alicia y Nacho, las guionistas -porque son tres mujeres las que crean las situaciones- apuntan ahora hacia los extremos de las pirámides de edad. Por un lado, se puede decir que es la serie en la que los niños están mejor dirigidos, lo que supone un ímprobo trabajo; por otro, se acentúan las peripecias de los ancianos, que adquieren cada vez más un perfil cascarrabias, cachondo e independiente que me recuerda -y a mucha honra- a Segismundo, el famoso abuelo de la radiofónica Saga de los Porretas.
Por lo demás, las cosas siguen como siempre. Si sustituyeran los fenonedoscopios por ristras de morcillas nadie se daría cuenta. Para lo que los usan. Continúan los tópicos de los amigotes que rodean a Poli, de la abuela -cada vez más histriónica y lanzada- a la busca y captura de un señor de posibles o de las adolescentes que son acosadas por muchachos sin pulir, mientras ellas viven sus amores platónicos. Y a todo esto, la Juani sigue en la casa con un espíritu estajanovista que ya quisiéramos para los pilotos de Iberia, y Lydia Bosch no cesa de ejercer continuamente el papel de abnegada ama de casa y de apagafuegos con mando en plaza. Es como la madre Teresa de Calcuta, pero a dieta de biomanán. Esperemos que no se canse de ser tan buena y comprensiva.
En resumidas cuentas, podría decirse, como Javier Sardá, que con el regreso de Médico de familia «el país ha vuelto a la normalidad». Tal vez sea excesivo, aunque no tanto como dedicarle Crónicas marcianas a Jaime Bores -Bores Gump-, a quien denominaban como «el único» o «la sonrisa de los mil amores». Lo que nos quedaba por ver.
Médico de familia se ofreció el martes por la noche en Tele 5.