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Jueves, 14 de enero de 1999TELEVISION
JAVIER LORENZOLuces y sombras de los premios TP
Con más años a las espaldas que la Constitución, los premios TP eran en un principio, junto con los toros, la única institución democrática del tardofranquismo. Democracia orgánica, claro, pues para votar hay que ser lector -más bien lectora- de la revista, pero que mostraba, tal como hace hoy, la orientación, los gustos y los intereses de los televidentes.http://www.el-mundo.es/diario/1999/01/14/television/14N0134.htmlLa soberanía popular de los espectadores suele tener consecuencias previsibles, pero no siempre es así, tal como se pudo comprobar en esta última edición.
Galardones como los que recibieron Médico de familia -cuarto año consecutivo-, Lydia Bosch, Club Disney, Crónicas marcianas, Ana Rosa Quintana, Arturo Fernández o Lorenzo Milá -tercer año consecutivo- entraban dentro de la lógica, aunque en este último caso la fama no se corresponda, lamentablemente, con el seguimiento mayoritario de la audiencia. Más sorprendente fue que el público otorgara su confianza a Digan lo que digan, Furor o el anuncio de Freixenet.
Contemplar a Jaime Bores Gump -genial y acertadísima acuñación de Crónicas marcianas, que durante la gala fue recordada por Millán Salcedo- recogiendo el premio de su programa era como para frotarse los ojos, pellizcarse y acudir a las Sagradas Escrituras y los filósofos griegos en busca de sosiego espiritual. Ungir a Digan lo que digan como mejor espacio de entrevistas y debates y no hacer lo propio con Lo + plus es una especie de chiste malo que puede desembocar más adelante en aberraciones aún peores. Menos mal que a Bores Gump no le dieron también el premio al mejor presentador, porque eso hubiera supuesto una hecatombe cerebral de proporciones gigantescas.
Asimismo, que Furor triunfara como mejor programa concurso, y no Saber y ganar, es un dato que ayuda a explicar por qué se ha triplicado el consumo de hamburguesas. Las desgracias nunca vienen solas, y a pesar del respeto que merece Fernando Navarrete, director de Furor, nadie podrá convencerme de que ser asiduo de este engendro audiovisual no acarrea un grave e irreversible deterioro de la inteligencia.
Buenas noticias respecto a dos grandes profesionales como Ana Rosa Quintana y Javier Sardá, los vencedores de la noche. En cuanto a Ana Obregón, esperemos que su paso a la televisión privada no aumente su inestabilidad. El traspié que dio y que culminó con el trofeo hecho añicos en el suelo, fue la nota cómica de una ceremonia que Sardá, con su proverbial honestidad, cerró así: «Se une la emoción de este premio con las ganas de que esto acabe de una vez». Comprensible: era ya la una y media de la madrugada.