EL VALLE DEL GUADIARO
Gaucín-El Colmenar-Cortes-Jimera-Atajate-Algatocín

Km. 0. Gaucín

           En una mañana soleada de primavera inicio mi camino por el valle alto del río Guadiaro. La temperatura es excelente. Estamos a 7 de abril de 2001. Esta ruta ya la he hecho otras veces, pero esta vez me quiero recrear. Voy solo, con tiempo, sin prisa, el camino no es largo, no es duro, no es blando: a mi gusto.

             Tomo café tranquilamente en la Bodeguita Chaparro, junto a la Escuela Taller "Herriza"  y después me monto en mi bici. Empiezo con un pedaleo suave mientras me incorporo a la carretera de Algeciras a Ronda. Suave, suave, pedalada tras pedalada, voy con el Hacho a mi derecha y con el amplio balcón del Genal, Gibraltar y el mar, a mi izquierda. El día está limpio y también puedo divisar las cordillera africanas.

         Cuando he rodado algo más de dos kilómetros abandono la carretera Algeciras-Ronda y giro hacia la derecha. Sigo con el Hacho a mi derecha, lo voy circunvalando ahora por su cara oeste. A mi izquierda, al fondo el bajo Guadiaro con San Pablo y Jimena de la Frontera.

Km. 4. Puerto del Negro

        Así, contemplando el paisaje, por terreno llano, aunque a casi 700 m. de altura, llego al Puerto del Negro. A partir de ahora me espera un pronunciado descenso de unos 8 kilómetros, que no son para lanzarse en picado, que se podría hacer y adelantar camino rápidamente. A este ciclo-rutero no le gustan la velocidades y menos cuando hay un paisaje tan maravilloso por delante. Por tanto decido usar con profusión los frenos y de vez en cuando detener mi camino para contemplar el valle del Guadiaro, abajo, con sus Buitreras, donde los más atrevidos osan adentrarse para hacer escalada, descenso y otros deportes de riesgo. A este ciclo-rutero le gusta el deporte con menos adrenalina y las alturas le dan pavor. Las Buitreras es un Paraje Natural de tipo rocoso, formado por la erosión del río Guadiaro, que desaparece al poco de pasar la Cañada del Real Tesoro para volver a surgir de nuevo. El ferrocarril cruza este lugar por medio de túneles que le confieren una encanto singular a este tramo.

       Sigo descendiendo, poco a poco. Por el kilómetro 7 de esta ruta, a la derecha, están construyendo refugios y viviendas para turismo rural. Tienen una gran portada en la que dice: Zona Turística La Herreriza. Ayuntamiento de Gaucín. Que sea de buen provecho para los que vengan a disfrutar de la naturaleza por estos lugares. Se lo pasarán bien. Sitios hay.

       Más bajo cada vez. Al fondo, como de postal, iluminado por el sol de la mañana, El Colmenar, para unos; Estación de Gaucín, para otros. No discutiremos por los nombres. Lo contemplaremos. De pronto se oye el profundo silbido de tren que retumba en el valle. El tren sube Guadiaro arriba. Es una hermosura poder hacer este recorrido en tren y contemplar valle y montaña.

Km. 12. Río Guadiaro

       Absorto en los pensamiento y en el paisaje este ciclo-rutero ya está sobre el puente de hierro que cruza del Río Guadiaro. Ha bajado hasta los 220 m. que marca el altímetro. Es el momento de hacer un pequeño alto. Aguas arriba, apenas un kilómetro, las Buitreras. Para abajo corre abundante el río.

Km. 13. Estación de Gaucín

        Cuando el ciclo-rutero llega a El Colmenar aún está el tren detenido en la estación. No hay pasajeros en esta ocasión. Justo frente a la estación está el bar Las Flores. En él se detiene el ciclo-rutero a tomarse un refresco. Aún no ha dado tiempo ni circunstancias para que aparezca el cansancio pero, como no hay prisa, algo de líquido nunca viene mal, al menos pensando en las cuestan que de inmediato aguardan.

        Toca reanudar la marcha. Cruzo la vía férrea e inicio la ascensión. Por delante le esperan al ciclo-rutero algo más de seis kilómetros de dura ascensión. En estos casos la paciencia y echar el pensamiento al vuelo ayuda a inhibirse de la dureza del camino. Giro y giro, a ritmo, los pedales mientras disfruto de la frondosidad de los árboles. Primero paso la Casa Forestal, luego un chorrito, luego el puerto Zurera a 420 m., donde sale un camino a la izquierda hasta la Carrera del Caballo. Cuando el camino es más duro, el ciclo-rutero se introduce en un extraordinario bosque de alcornoques, mientras a la espalda va quedando el valle con sus olores y sus susurros de agua y canto de pájaros. Casi sin darse cuenta, pero empapado de sudor, el ciclo-rutero llega a la cima del puerto.

Km. 20. Puerto

       Este puerto, del que no conozco el nombre, está a 660 m. A la izquierda sale un camino forestal que conduce hasta el Peñón del Berrueco. Un poco más abajo, apenas a un kilómetro, un chorrito abastece de agua al ciclo-rutero. Ahora sí necesita líquido de verdad. La subida ha hecho su mella y hay que reponer.

        Mientras tanto continúa bajando acompañado por la soledad del bosque y el canto de los pájaros. Con un poco de suerte puede descubrirse la presencia de algún ciervo por estos lugares. Por eso el ciclo-rutero no hace ningún ruido extraño, sólo el suave rodar y el oído atento a la maleza. Esta vez no ha habido suerte, en alguna otra ocasión sí la hubo. Sólo buitres en el firmamento describiendo círculos. 
        Y así se llega hasta los 445 m. sobre el puente de un pequeño arrollo que desciende canturreando por la izquierda hasta que sus aguas sirvan para incrementar el cauce del Guadiaro cerca del Tajo de las Buitreras. 
        De nuevo le esperan al ciclo-rutero 4 km. de ascensión exigente hasta que se incorpore a la carretera 370 que une Cortes con Jerez. Cuando llega este momento el altímetro señala 700 m. 

Km. 34. Cortes de la Frontera

        Nada más llegar a esta carretera, nos encontramos con una zona recreativa y con un albergue juvenil incrustado en el bosque. El ciclo-rutero continúa su ruta en dirección a Cortes. Un par de kilómetros antes de llegar a Cortes, al tomar una curva a la izquierda, aparece esta localidad en toda su extensión, con la torre de su iglesia que destaca y apuntando su espadaña al cielo.

           IGLESIA PARROQUIAL de Ntra. Sra. del Rosario.
 Levantada a finales del siglo XVIII, tiene tres naves separadas por arcos de medio punto sobre pilares de núcleo cuadrado. La capilla mayor y brazos del crucero tienen bóvedas de medio cañón. Tanto su interior como su exterior son de sobrio trazo.
            La torre tiene dos cuerpos y está coronada por una aguja y adosada a la cabecera del templo. Junto a la iglesia se encuentra el oratorio que fuese de los Valdenebro.

        El ciclo-rutero cruza Cortes por su calle principal que es al mismo tiempo la carretera. Varias cerámicas adosadas a las paredes informan al viajero de los hechos históricos y costumbres más sobresalientes de la historia de Cortes:

LOS MORISCOS

                Cuando el Rey Católico Don Fernando conquistó Ronda, allá por el año 1485, los musulmanes de los pueblos de la Serranía se dieron prisa en jurarle fidelidad y vasallaje. El rey, por su parte, les prometió seguridad y poder seguir viviendo en su religión y costumbres.
                Con el tiempo, eclesiásticos y militares cristianos hicieron caso omiso de la palabra real dada, cometiendo todo tipo de atrocidades e injusticias.
                Los moriscos, comenzaron entonces una serie de sublevaciones cuyo final no fue otro que su expulsión de una tierra en la que llevaban asentados como raza más de setecientos años.
                Los grandes Señores, Condes de Feria y Cifuentes, Duque de Medina-Sidonia, etc., intentaron, en interés propio, proteger a los moriscos, persiguiendo a la soldadesca que cometía desmanes. Esta, sin embargo, convertida ya en auténtica partida de bandoleros buscó refugio en los espesos bosques de La Sauceda.

 

EPOCA MUSULMANA

                Durante la larga etapa de dominación árabe Cortes de la Frontera, que tenía el nombre de Cortex, perteneció a los reinos de Sevilla, Granada y Ronda.
                Después de una breve etapa pasó a manos cristianas siendo conquistada por Fernando III el Santo. Con posterioridad volvió a poder de los musulmanes hasta su conquista definitiva, llevada a cabo en e 1485 por Rodrigo Ponce de León, quien tomaría la población en nombre de Fernando el Católico. Por fin, tras la expulsión de los moriscos, esta tierra fue ocupada por cristianos venidos de Castilla, Extremadura y otros puntos de Andalucía.
                Entre los restos existentes en esta etapa árabe destaca la torre llamada “del Paso”, situada en la demarcación conocida como “Los Castillejos”.

LAS GUERRILLAS

                La invasión napoleónica, en cuya derrota de Bailén participaron las guerrillas malagueñas organizadas por el gobernador Reding, llegó a Málaga en 1810. José Bonaparte entró en Ronda y trató de ocupar la Serranía como paso previo para controlar la Comarca de Gibraltar.
                Sin embargo, los franceses, que se mantuvieron aquí por espacio de dos años, tuvieron que sufrir en sus carnes la valiente actuación de las Partidas guerrilleras, organizadas desde este pueblo.
                Don José Serrano Valdenebro, general que fue de los patriotas, nos dejó escrito el siguiente testimonio.
                “La Villa de Cortes se ha portado en esta insurrección de un modo correspondiente a la grandeza de su origen...
                Decidida a no someterse, a la primera alarma marcharon sus tiradores a probarse con el enemigo a quien batieron ventajosamente en los cerros de Algatocín. Progresivamente han obrado sus Partidas con la mayor intrepidez y denuedo lo que certifico en honor de la verdad...”

 

     Mientras el ciclo-rutero toma nota de la historia de Cortes, aún tiene tiempo de contemplar la hermosa plaza del Ayuntamiento, con la fachada del Ayuntamiento de estilo neoclásico, de época de Carlos III, 1784,  y coger agua en la fuente de los cuatro caños.
     Mientras dirige sus pasos, mejor su manillar, en dirección norte, a su derecha se encuentra con una bonita plaza de toros bien enraizada en la localidad.
    Aunque sintiendo abandonar Cortes, después de hacer una corta visita al Centro de Información Turística, sale de Cortes

Km. 43. Estación de Jimera

    De nuevo continúa el ciclo-rutero, con pedaleo cómodo, su ruta, llevando a su izquierda la imponente mole de la Sierra de Líbar y a su derecha el amplio valle del Guadiaro, salpicado de múltiples colores. El rodar es fácil, demasiado fácil, porque lo que el ciclo-rutero tiene por delante es un pronunciado descenso de más de 200 m. en unos 6 km. El río Guadiaro baja entre álamos siempre acompañado por el ferrocarril. 

     Este ferrocarril tiene su historia también. Se le conoce también como el ferrocarril inglés. Fue proyectado por el ingeniero inglés John Morrison con la intención de unir Gibraltar/Algeciras con Bobadilla, donde ya enlazaría con el resto de la línea nacional. El estilo de sus estaciones es típicamente inglés y sirvió para que desde finales del siglo XIX, aventureros ricos ingleses recorrieran y describieran estos paisajes agrestes para deleite de la incipiente clase turística británica.
 

 

        El ciclo-rutero, después de cruzar el río se sienta frente a la estación de Jimera de Líbar, en la puerta de la pequeña iglesia, en la plaza de San Roque,  a descansar, refrescar su garganta y comerse un buen bocadillo de jamón contemplando las cumbres del Palo (1401 m.) en la Sierra de Libar, bajo el que se esconde la Cueva de la Pileta, con sus pinturas rupestres.
        Justo frente a él, en una cerámica adosada a un muro, acompañada por un plano de la zona, puede leer lo siguiente: 

       Este pueblo, conocido desde antiguo con los nombres de Inz-Almaraz y Ximena, tuvo su origen, posiblemente, en un antiguo poblado fenicio.
        Testigo de los enfrentamientos entre Pompeyo y Viriato, por su término pasa una calzada romana convertida desde la Edad Media en Cañada Real.
        En el año 1684 el Rey Carlos II creó el condado de Jimera de Líbar, título que aún sigue vigente. 
        La bellezas naturales que lo rodean, el río Guadiaro y la hospitalidad de sus gentes hacen de este rincón de la Serranía un lugar inolvidable.

        Después de reponer fuerzas el ciclo-rutero asciende cansino los 2 km. que lo separan de Jimera, con la barriga llena, apesadumbrado por el calor y el sopor. 

Km. 45. Jimera de Líbar

        Así, a duras penas, consigue superar las empinadas calles que conducen a la Plaza de la Virgen de la Salud, donde está el Ayuntamiento y la Iglesia de Jimera de Líbar. 


        Por sus calles el ciclo-rutero tiene oportunidad de leer cerámicas que cuentan la historia de Jimera.

En la calle Hondillo En la calle San José

LOS INOCENTES

                Los Mártires de Iqueriben fueron notables soldados jimeranos que murieron en la Guerra de África allá por los años veinte.
                El 28 de diciembre de cada año era costumbre en Jimera el que los jóvenes de ese año entraran en quintas celebraran una gran comilona a costa del vecindario. Para ello, el Alcalde les entregaba ese día la vara de mando y la llave de la cárcel.
                Los quintos, disfrazados y con las caras pintadas, se lanzaban a la calle y a quien apresaban debía pagar un rescate o, de lo contrario, acababa con sus huesos en la cárcel.

LA PALMA

                Jimera de Líbar contó, hasta hace pocos años con una fábrica de palma donde se producían los más diversos utensilios: reorcillos, capachas, cestas, escobas, etc.
                En llegando el verano se recogen las hojas y se ponen a secar al sol. Una vez duras y flexibles, se inicia el tejido de pleitas y tonizas.
                Hacer pleita es ir trenzando las palmas hasta conseguir el largo y ancho necesarios.
                Para hacer toniza se van retorciendo dos hojitas hasta formar una cuerda que servirá para ir cosiendo las pleitas en espiral y darles así la forma necesaria.
                Todavía es posible encontrar algún anciano rememorando con sus manos tan noble oficio.

        Repleto de información y sabiduría popular, el ciclo-rutero reemprende su marcha ascendente hacia Atajate. Por la derecha lleva un profundo arroyo, Arroyo Judío, que corre, unas veces, y remansa, otras. La ascensión no es demasiado brusca por lo que el ciclo-rutero se permite disfrutar del paisaje. En los más profundo de arroyo aún quedan los restos, ahora convertidos en casa de recreo, de un molino movido por la fuerza de sus aguas. 
        Y continúa su pedaleo incesante, una vez más absorto en sus pensamientos y en el paisaje hasta alcanzar la carretera Algeciras-Ronda en las inmediaciones de Atajate. En los 5 km. que separan Jimera de Atajate el ciclo-rutero ha ascendido unos 200 m. Ahora está a 770 m. de altura y contempla a su izquierda en pequeño pueblecito de Atajate, del que destaca y contrasta, su iglesia

Km. 51. Atajate

        Atajate quizá sea el pueblo más pequeño de la provincia de Málaga. Apenas tiene 200 habitantes.

      El ciclo-rutero se dedica a recorrer tranquilamente sus calles. En algunas de ellas hay cerámicas adosadas a las paredes donde se cuentan los hechos más destacados de la historia y de las costumbres de Atajate. 

 

CALLE ALPANDEIRE

    Estas sierras abruptas e inaccesibles, fueron desde antiguo guarida de bandidos y salteadores que econtraban en ellas escondite y descanso después de sus fechorías.
    Cuando la necesidad les apremiaba, acostumbraban a hacer salidas esporádicas a los pueblos, cortijos y caminos del entorno para saquearlos y hacer acopio de provisiones.
    Las autoridades de Atajate, por abril de 1817, tomaron una firme resolución "en orden a la persecución, captura y exterminio de los malhechores que infestan los caminos, especialmente los de la partida nombrada de los Niños de Écija" y fue la de formar una Partida de Voluntarios que, convenientemente armados hicieron frente a los bandidos "que les habían invadido, quemado el pueblo y bienes que había en él"

CALLE LAS MATEAS

    Cuando la filoxera, allá por el siglo pasado, arruinó los viñedos de esta comarca, los olivos vinieron a ocupar las tierras dejadas por aquellos.
    El laboreo del terreno, el vareo, la recolección de la aceituna mediante la presión de grandes vigas de castaño daban como fruto un líquido de excelente sabor y aroma inigualable.
    En la actualidad, la producción de este condimento culinario ha decrecido mucho debido al abandono progresivo que han sufrido los campos tanto por la emigración de los más jóvenes, como por lo agreste del relieve.
    Por otro lado, sin embargo, nos ha quedado su grato recuerdo en una gastronomía en la que el aceite de oliva sigue siendo un elemento imprescindible. 

        El ciclo-rutero abandona Alpandeire con sensación de tranquilidad y sencillez y encamina sus pasos hacia el sur, pero ascendiendo. Ahora le esperan una sucesión de toboganes, 100 metros arriba, 100 metros abajo, cada cuatro o cinco kilómetros. Por la izquierda se abre amplio y boscoso el Valle del Genal, grandioso, rodeado unas de las más importantes montañas de la provincia de Málaga: Sierra de la Nieves y Sierra Bermeja. El Valle del Genal está rodeado de numerosas pequeñas poblaciones: Atajate, Alpandeire, Faraján, Juzcar, Cartajima, Pujerra, Jubrique, Genalguacil, Gaucín, Benarrabá, Algatocín, Benalauría y Benadalid. Casi todas ellas pueden verse de una vez si giramos nuestra vista alrededor del valle. Por el sur ya se ve, también, de cuando en cuando, Gibraltar y el Atlas africano.

Km. 56. Benadalid

        Benadalid aparece en la margen de la carretera y se llega a ella casi de improviso, al tomar una curva a la derecha. Sus primeras casas están al nivel de la carretera, pero el pueblo se desliza ladera abajo. Tiene dos lugares de interesante visita: el castillo y la plaza. En esta última se encuentra la iglesia y el ayuntamiento.

El entorno natural que rodea el núcleo urbano está formado por una cadena montañosa entre la que destacan el Tajo de los Aviones, el Tajo de la Cruz y Monte del Cuco, algunos de ellos superan los 1.000 metros de altura.
       
Un recorrido por sus calles enseguida nos recuerda que la tradición aún no se ha perdido. Son muy famosas sus fiestas de moros y cristianos, en las que se conmemoran, en diferentes cerámicas adosadas a los muros de las paredes de las casas, aquellos sucesos y hechos que configuran la tradición popular de este pequeño pueblo que hunde sus raíces en épocas romanas y luego árabes. 

 

LA CAPITULACIÓN
    Cuando en mayo del año 1485 la ciudad de Ronda se rindió tras varios días de ataques y asedios cristianos, los moros de Benadalid se apresuraron a ir a parlamentar con el Rey don Fernando y a ofrecerse como vasallos suyos.
    El rey, a cambio, les prometió respetar su ley de Mahoma, sus propiedades y costumbres

"e consentir que fueren juzgados sus pleytos por juez o alfaquí, e a consejo de alcayde, e por la ley mora del Jarcuna".

    Sin embargo, este tratado duró bien poco ya que tanto recaudadores como cristianos viejos comenzaron pronto a cometer todo tipo de atropellos.

 

   La Villa de Benadalid, al igual que el resto de la Serranía, fue testigo de las cruentas luchas que aquí mantuvieron moros y cristianos: los unos por conservar esta tierra  y los otros por conquistarla.
    Rememorando aquellos acontecimientos, los vecinos de este pueblo celebran todos los años esta fiesta disfrazándose y llevando a cabo una representación teatral.
    A finales del mes de agosto, y entre gritos y algarabía, las huestes moras secuestran al Patrón San Isidoro. Tras largas negociaciones la tregua se rompe y comienza la batalla. Reducidos los moros y recuperado el Santo, salen todos en procesión tras las andas del Santo Patrón.

 

       Después de recrearse en estos pensamientos, el ciclo-rutero continúa, ahora ascendente, su pedaleo hacia el sur. Cuando llega al cruce de Benalauría la carretera ha ascendido hasta los 840 m. A la derecha, en el mismo cruce hay una fuente "Fuente la Encina" con su chorro de agua permanente. En él se detiene el ciclo-rutero para saciar su sed. 

Km. 58. Cruce a Benalauría.

    Benalauría está a la izquierda, dos kilómetros hacia abajo, a 660 m. de altitud, situada en una pendiente superior al 30%. 
    En el cruce de entrada hacia Benalauría se anuncia su Museo Etnográfico, instalado en un antiguo molino de aceite

          En esta localidad también se celebran las fiestas de moros y cristianos de forma similar a Benadalid. 

    La fiesta de moros y cristianos es quizá la más popular de Benalauría. Se celebra todos los años el primer domingo de agosto en honor de Santo Domingo de Guzmán.
    Basados en los acontecimientos históricos que tuvieron lugar aquí en la Sierra, en la época de la Conquista, los vecinos se dividen en dos bandos y, convenientemente disfrazados, comienzan la representación.
    Este gran teatro popular se desarrolla en el Llano de la Fuente donde tiene lugar la decisiva batalla.
    Los vecinos y visitantes que ese día son hallados sin disfraz deberán pagar un rescate, recibiendo a cambio su copita de aguardiente.

 

Km. 61 Algatocín

        De nuevo continúa el ciclo-rutero con su pedaleo. Ya va cayendo la tarde. Los colores de las laderas verdean de diferentes tonalidades. El rojizo de Sierra Bermeja se hace más intenso. Las calizas de la Sierra de las Nieves iluminan la tarde. Y el ciclo-rutero ya no se detiene porque rueda en descenso hasta que aparece la cúpula de cerámica azulada de la torre de Algatocín, donde el sol de la tarde refleja sus rayos. La iglesia de la Virgen del Rosario se levanta sobre la antigua mezquita y sobre una leyenda que cuenta cómo en el solar que ésta ocupa actualmente se encontraba el palacio de la hija de un rey 'moro' de Ronda que se llamaba Algotisa y dio nombre al pueblo. Esto no deja de ser una leyenda.

 Algatocín está también a la izquierda de la carretera, en pequeño llano, aunque la mayor parte del pueblo se descuelga en la ladera de Cerro Gordo. Su altitud de algo más de 700 m. le permite ser un balcón natural sobre todo el valle del Genal y de las montañas que lo circundan. Tan sólo quedan ocultos en sus valles Parauta e Igualeja, donde brota el Genal.

       

Km. 64. Puerto del Espino (870 m.)

        Después de Algatocín ya únicamente le quedan al ciclo-rutero tres kilómetros de ascensión, son los que le separan del Puerto del Espino. Un indicador marca en este puerto 780 m. de altitud. Probablemente hay un error: en primer lugar porque estos tres kilómetros mencionados desde Algatocín ascienden bastante más de 50 metros, que son la diferencia entre la altitud de Algatocín y el puerto; en segundo lugar porque las mediciones observadas por este ciclo-rutero y sus compañeros de rutas así lo indican; y finalmente porque el esfuerzo físico que requieren estos tres kilómetros reclaman, al menos, los 250 metros que aproximadamente hay entre Algatocín y el Espino.
        Mediciones aparte, el puerto del Espino reclama una parada para admirar la magnificencia del paisaje. El ciclo-rutero se queda absorto unos instantes contemplando primero un valle, el del Genal; luego otro, el del Guadiaro, al otro lado. 
        Y justo debajo del Espino, en su ladera sur, en un pequeño remanso de la montaña, Benarrabá, situada en el corazón de la exuberante vegetación.

Km. 65 Cruce a Benarrabá

                El cruce de entrada a Benarrabá está un kilómetro más adelante, al que se baja por una pronunciada pendiente de unos tres kilómetros, de la misma manera que lo hacía a Benalauría. 

Km. 70. Gaucín.

        Y desde aquí un continuo descenso de unos cinco kilómetros sitúan al ciclo-rutero en Gaucín. Cuando el ciclo-rutero se está acercando a Gaucín lo primero que divisa es el castillo del Águila, con enorme bagaje histórico a sus espaldas.

        Está de nuevo el ciclo-rutero en el punto de partida satisfecho y ligeramente cansado. El viaje ha merecido la pena. Los dos objetivos, físico y cultural, están cumplidos.
        Hasta la siguiente ruta.

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