Qué te dejo, hijo de mi pecho ?

Un montoncito de ladrillos y estos versos.

Cómo fue tenue el amor que nos tuvimos,

hecho de prudencias y silencios.

Los dos tuvimos la cruel vacilación

de no dar pasos fáciles y besos.

La alteridad nos es desconocida,

como playas y bosques extranjeros.

Los dos cultivamos las difíciles preguntas

que no tienen las respuestas que queremos;

son epífitas que crecen en paredes

orinadas por siglos de misterios.

Los dos buscamos la errática poesía

que está oculta en la fuerza del terreno;

esa música por siempre siempre fugitiva,

que prefiere el pudor al verborreo.

Tal vez no exista esa quimera tan querida

y sea mera ilusión, tan sólo eso.

Y buscar sea apenas un estigma,

como trabajar y sentir sueño.

Al menos, tu descansas en tu música;

la más bella de las artes, que no tengo.

Te prefiero del lado de las artes

y no del tiempo perdido del banquero.

A los dos nos menosprecian ciertas gentes,

porque ambos despreciamos al dinero,

porque lo ganamos arduamente,

con sudores inferiores al talento,

que los dos, supuestamente, poseemos.

Pues bien; esa es la mayor de mis herencias.

Presta atención: Es sólo eso que te dejo !


©Jaez Jarbas
02/11/1951











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