| Tenía para sí tanta amargura, que no podía concebir un alma pura, blanquecina, igual a ese rocío que habita las frías madrugadas. Surgió como un flete, entre las sombras que preceden la luz de la alborada, con el cuchillo helao sobre la nalga y ahogándose en la furia de un presagio. La caña del estribo aún raspando su gola de cantor encurdelao. Se volvió y miró p’a atrás, como si el diablo pudiera estar siguiéndole los pasos. Una lechuza gris, como su saco, revoloteó graznando y dándole asco. Determinao y feroz apuró el tranco. Ultrapasó como una tromba la tranquera, entró en la habitación donde la artera, presuntamente, gozaba en otros brazos. La vaina vacía y el rayo ya cortando lo que un segundo atrás era su vida. Después...( ya se sabe, en estos casos todo es antes y es después, hermano), entre los vahos desahogantes, sollozando, abrió las celosías del cotorro, para fichar los ojos de la ingrata, y percibió entre las garras del espanto, que era a su hijita a quien había amasijao. ©Jaez Jarbas 02/03/2004 Home | Contacto | Indice | Libro de Visitas | Quien somos | Enlaces Poemas Lunfardos Copyright© 2004 www.jaezjarbas.com Não é autorizada a reprodução dos textos da autor Derechos Reservados -All Rights Reserved Pagina optimizada con resolucion de 800x600 Webmaster |