Esa madera vieja y percudida,
del frontispicio de hierro de mi hogar,
de mañana, me condujo a repensar,
el valor de las cosas en mi vida.

Las órdenes que emanan escondidas,
en mensajes compulsorios de gastar,
de falacias para todo renovar,
nos alienan sin freno ni medida.

Pero yo amo el martillito de enmarcar,
con cabo hecho de rama retorcida,
aunque jamás haya conseguido usar

La idea por mi viejo concebida.
Aún lo veo, con sus manos empuñar
la herramientita, ahora adormecida.


Dedicado a mi Padre..
©Jaez Jarbas
14/07/2005










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