Eran sus besos más dulces que la miel,

eran sus dedos más suaves que un visón,

acariciaba mis senos y el botón

de Venus rea, fetén, en el vaivén.



Ningún cafisho me hizo tan mujer, 

nunca grité de placer por un chabón,

mordiendo así la catrera y el colchón,

ni sufrí tanto al najarse mi beguén.



Nunca más, de la sabiola hasta los pies,

mi piel de grela de ese modo estremeció

intensamente, totalmente, un ser.



Hoy estoy seca, biabada y bien fané,

hoy soy costiya de un fioca y ya crepó

el deseo, que se fue con mi Raquel.



©Jaez Jarbas
10/06/1994











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