Tema
5. La novela española anterior a 1939. Pío Baroja y Unamuno
La novela española anterior a 1939
La evolución
de la novela española durante las primeras cuatro décadas del siglo XX ha
sido muy similar a la de la poesía. En los últimos años del siglo XIX y
durante el primer tercio del XX las formas realistas o naturalistas
de la novela —actitud de observación de la vida urbana o provinciana,
importancia de la descripción, narrador omnisciente, etc.— seguirán en
vigor. Sin embargo las pretensiones de objetividad de los autores realistas
serán sustituidas por actitudes de perplejidad moral, consecuencia de la
crisis de valores de fin de siglo. También adquirirá importancia el estudio
psicológico de los personajes, se recrean nuevos ambientes y crece el
interés sobre los efectos de las pasiones exacerbadas en las relaciones
humanas.
Sin embargo,
los cambios más sustanciales se dan en los autores del Grupo del 98,
que intentan ofrecer una respuesta personal a los cambios que se están
produciendo. La irrupción del subjetivismo y una clara voluntad artística
constituirán los rasgos esenciales de la novela de principios de siglo. Los
escritores más representativos son: Miguel de Unamuno, Pío Baroja —de los
que hablaremos más adelante—, José Martínez Ruiz, Azorín, autor de La
voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) —obra autobiográfica— y
Las confesiones de un pequeño filósofo, y Ramón María del Valle-Inclán,
autor también de novelas como Las Sonatas (Otoño, Estío,
Primavera e Invierno) (1902-1905), donde se recogen las
memorias del Marqués de Bradomín, “un don Juan feo, católico y sentimental”
que encarna los valores tradicionales de la nobleza rural y que se enfrenta
al nacimiento de la sociedad moderna, Flor de santidad, la trilogía
La guerra carlista, protagonizada por el Marqués de Bradomín,
Tirano Banderas, donde recrea la figura estrafalaria y cruel del
dictador sudamericano Santos Banderas, y la trilogía Ruedo Ibérico (La
corte de los milagros, Viva mi dueña y Baza de espadas),
donde el sarcasmo sobre la figura de Isabel II y sus cortesanos alcanza
cotas inigualables.
En el
Novecentismo o Generación del 14, los cambios se orientan más hacia la
expresión selecta o el enfoque intelectual (Ramón Pérez de Ayala, autor de
La pata de la raposa, Tigre Juan, La paz del sendero,
Troteras y danzaderas, Belarmino y Apolonio...), el lirismo
(Gabriel Miró, autor de Las cerezas del cementerio, Figuras de la
pasión del Señor, El obispo leproso y Años y leguas...) o
la ironía (Wenceslao Fernández Flórez, autor de El malvado Caravel,
El bosque animado...) que a la reproducción de la realidad. Se huye
del sentimentalismo y se busca la elegancia expresiva. También hay un auge
de la novela experimental.
En los
años anteriores a la guerra civil, la novela (Francisco Ayala, Ramón J.
Sénder...) adquiere una temática social y política, cuyos protagonistas son
de la clase obrera.

Pío Baroja
Pío Baroja y
Nessi nació en San Sebastián en 1872. Estudió medicina en Madrid, donde se
doctoró a los 21 años con una tesis sobre el dolor. Ejerció de médico en Cestona
(Guipúzcoa), pero abandonó pronto esta profesión y volvió a Madrid, donde
regentaría una panadería de una tía suya. Se introdujo en los círculos
literarios (Azorín, Maeztu...) y terminó dejando el ruinoso negocio y
dedicándose exclusivamente a la literatura. Colaboró en diarios y revistas y
viajó incesantemente por España, Francia, Inglaterra o Italia. Pasó grandes
temporadas en el caserón familiar de Vera de Bidasoa (Navarra). En 1934 fue
elegido miembro de la Real Academia Española. Al declararse la guerra civil se
refugió en Francia, pero en 1937 volvió a España y se reinstaló en 1940 en
Madrid, donde murió en 1956.
Baroja fue un
espíritu independiente, liberal, pesimista y escéptico, de temperamento inquieto
y rebelde. Su inconformismo le llevó a adoptar una permanente actitud crítica y
de protesta contra los defectos de la sociedad. En sus obras denuncia la
crueldad de la sociedad con los marginados y oprimidos, hacia los que Baroja
muestra su simpatía, comprensión y ternura. El pesimismo vital de Schopenhauer y
el existencialismo de Nietzsche influyeron de forma decisiva en su pensamiento.
El mundo carece de sentido, la vida le parece absurda y cruel, y el hombre “es
un animal dañino, envidioso, cruel, pérfido, lleno de malas pasiones...” La
contradicción de Baroja es que él hubiera querido ser el “hombre de acción” que
su vida gris y aburguesada le impidió ser. Su anarquismo juvenil se desvirtuó
con el paso de los años, y su escepticismo le hace llegar a despreciar el
socialismo y la democracia, que le parece “el absolutismo del número” y a
proclamarse partidario de una “dictadura inteligente”, como afirma en sus
Memorias (Desde la última vuelta del camino, 1944-1949). Sin embargo, la
preocupación por España es constante y en sus obras aparecen críticas
despiadadas contra la situación del país, como en Memorias de un hombre de
acción, donde nos presenta la visión de la España decimonónica sumida en el
caos y en la ignorancia.
Además de
cuentos, novelas cortas, biografías, libros de ensayo y algunos dramas, publicó
más de 60 novelas, agrupadas muchas de ellas en trilogías, que se pueden
clasificar en tres etapas:
La primera
comprende desde principios de siglo hasta los inicios de la primera guerra
mundial. En esta época escribió, entre otras, las trilogías: La lucha por
la vida, que comprende La busca (1904), Mala hierba (1904) y
Aurora roja (1905); La raza, que comprende: La dama errante
(1908), La ciudad de la niebla (1909) y El árbol de la ciencia
(1911); Tierra vasca, que comprende La casa de Aizgorri (1900),
El mayorazgo de Labraz (1903) y Zalacaín el aventurero (1909).
La segunda época
abarca desde 1914 hasta 1936. Escribe entonces Memorias de un hombre
de acción, serie integrada por 22 novelas, en las que reconstruye la
historia reciente de España a través de la vida del agitador y conspirador
Eugenio Aviraneta, aventurero personaje del siglo XIX y antepasado del autor.
La
tercera época transcurre desde el fin de la guerra civil hasta su muerte
y se caracteriza por la escasa producción y la pérdida de la fuerza narrativa:
Susana y los cazadores de moscas (1938), El caballero de Erlaiz
(1943).
En sus novelas cobran una especial relevancia
tres elementos: la acción argumental, la reflexión intelectual y
la descripción de ambientes. Sus novelas son una acumulación de escenas
entrelazadas con gran viveza y dinamismo en las que la intriga y la aventura
desempeñan un papel de primer orden. Multitud de personajes pueblan las
historias que cuenta, revelando a través de ellos las opiniones y el carácter
escéptico del propio autor. En el trazo de personajes y ambientes utiliza una
técnica impresionista, la frase corta, el párrafo breve. Su estilo sencillo y
antirretórico le convirtió en el maestro de los jóvenes novelistas de la
posguerra.
Miguel de Unamuno
Miguel de
Unamuno y Jugo nació en Bilbao en 1864. Estudió Filosofía y Letras en Madrid y
consiguió en 1891 la cátedra de griego en La Universidad de Salamanca, de la que
más tarde (1901) fue rector. En 1894 se afilió al Partido Socialista Obrero
Español y se declaró marxista; pero en 1897, a los 33 años, sufrió una profunda
crisis religiosa y existencial y abandonó la militancia política. Esta crisis
marcaría el espiritualismo y la temática existencial característica de su obra
de madurez. Crítico con la monarquía y opositor a la dictadura de Primo de
Rivera, fue desterrado en 1924 a la isla de Fuerteventura y luego huyó a
Francia. En 1930 regresó a España. Murió el 31 de diciembre de 1936 en
Salamanca, en plena guerra civil.
Unamuno fue un
hombre dotado de fuerte personalidad y carácter crítico. Su vida fue una
incesante lucha consigo mismo y con los demás, un permanente debate entre la fe
y la incredulidad que él define como “agonía”, una angustia que se refleja en
buena parte de su obra. Él mismo se definía como “un hombre de contradicción y
pelea... que dice una cosa con el corazón y la contraria con la cabeza, y que
hace de esa lucha su vida”.
Los dos grandes
ejes temáticos de la obra de Unamuno son los problemas de España y la búsqueda
de un sentido a la existencia humana. Aunque escribirá también poesía y teatro,
lo fundamental de su producción literaria radica en los ensayos y las novelas.
Los principales
ensayos son: En torno al casticismo (1895), donde plantea
cuestiones como la valoración de Castilla, el españolismo y la europeización, el
concepto de “intrahistoria” (“la vida silenciosa de los millones de hombres sin
historia a todas las horas y en todos los países del mundo”) y critica el
estancamiento de España con su falsa historia de héroes y hechos gloriosos.
En Vida de don Quijote y Sancho (1905) expone su personal interpretación de
la novela de Cervantes como expresión del alma española y habla de “españolizar
a Europa” en vez de “europeizar a España”, como otros contemporáneos proponían.
En Del sentimiento trágico de la vida (1913) expone el conflicto entre la
fe y la razón y reflexiona sobre la inmortalidad del alma y la necesidad de un
Dios que la garantice. La agonía del Cristianismo (1925) trata —dice el
autor— de “mi agonía, mi lucha por el Cristianismo, la agonía del Cristianismo
en mí, su muerte y resurrección en cada momento de mi vida”. La influencia del
filósofo danés Kierkegaard en estos dos últimos ensayos es indudable.
Miguel de
Unamuno es uno de los principales renovadores de la novela de principios
de siglo, y ello sobre todo por su propósito de hacer de ella un cauce adecuado
para la expresión de sus conflictos existenciales. Su primera novela, Paz en
la guerra (1897) es una novela histórica sobre la guerra carlista del siglo
XIX. Amor y pedagogía (1902) es ya una novela de ideas, como el resto de
sus novelas. Trata sobre un fracasado experimento de educación científica: don
Alvito Carrascal se propone, partiendo de bases racionalistas y positivistas,
educar científicamente a su hijo Apolodoro, para hacer de él un genio; pero el
experimento producirá un hombre desgraciado y angustiado que acaba suicidándose.
Niebla (1914) es una novela existencial donde recoge sus preocupaciones
sobre conflictos íntimos del individuo. Mezcla realidad y ficción de tal manera
que, en un momento de la obra, su protagonista, Augusto Pérez, se enfrenta con
el propio autor, que había previsto su muerte en la novela, y le grita: “¡Quiero
vivir, quiero ser yo!” Abel Sánchez (1917) aborda el trágico y bíblico
tema de la envidia entre Joaquín Montenegro y Abel Sánchez. La tía Tula
(1921) gira en tomo al sentimiento de maternidad: la tía Gertrudis (Tula), que
representa la maternidad frustrada, se encarga de la educación de sus sobrinos
huérfanos. San Manuel Bueno, mártir (1931) recoge las reflexiones del
Unamuno más maduro, casi viejo, ante los problemas y preocupaciones que le
habían atenazado a lo largo de toda su vida. Plantea el conflicto entre la fe
religiosa y la razón. Un abnegado sacerdote, don Manuel Bueno, párroco de
Valverde de Lucerna, vive en una permanente angustia: aparece ante sus fieles
como “un santo vivo, de carne y hueso, entregado a consolar a los más
desgraciados y ayudar a todos a bien morir”. Pero en realidad (y así se lo
confiesa a Lázaro, anticlerical de ideas avanzadas) no cree en Dios ni en la
otra vida, a pesar de su deseo de creer en la eternidad. Si don Manuel Bueno
finge creer ante sus fieles es por mantener en ellos la paz que da la creencia
en la otra vida, la esperanza de la que él carece. Muere sin recobrar la fe,
pero como un santo ante los demás.
Las novelas de
Unamuno (o nivolas, como él las empezó a llamar cuando algunos críticos
decían que eso no eran novelas) se caracterizan por la sobriedad de las
descripciones y situaciones, la importancia de los diálogos y monólogos y la
densidad de ideas y emociones. El estilo es antirretórico y desnudo, frente a
los estilistas que lo visten de galas y a quienes Unamuno llama “sastres de la
literatura”. “Quiero conseguir —decía Unamuno— una lengua seca, precisa, rápida,
sin tejido conjuntivo..., caliente”.
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Tema de referencia.
Autor: José Antonio Curieses. Páginas: 4.
Observaciones: mismo formato que el resto de los temas utilizados en 2.º
de Bachillerato este año y en 1.º de Bachillerato el año pasado. |
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Tema desarrollado por la profesora Salomé Guerrero.
Páginas: 4. |
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Tema desarrollado por la profesora Concepción Miguel.
Páginas: 3. |
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Tema desarrollado por el profesor Raúl Urbina.
Páginas: 6. Acceso a la web de este profesor:
http://urbinavolant.com. |
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Tema del IES Castella Vetula.
Acceso a la web de este instituto de Medina de Pomar (Burgos):
http://centros4.pntic.mec.es/ies.castella.vetula. |
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Tema del Colegio Marista San José
(León). Páginas: 9. Observaciones: el texto está protegido, por lo
que no se puede copiar, aunque sí se puede imprimir. Acceso a la web del
colegio: http://www.maristasleon.com. |
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