Tema 2. El
Realismo: la innovación narrativa en la segunda mitad del siglo XIX. Benito
Pérez Galdós
Contexto histórico, social y cultural
Durante el siglo XIX, España vive uno de los períodos más
agitados de su historia: enormes tensiones políticas entre conservadores,
que luchan por mantener sus privilegios, y liberales y progresistas, que
desean abolirlos; pérdida de las colonias de ultramar; varias guerras
civiles; infinitas vicisitudes en la jefatura del Estado; etc. El siglo se
abre con la Guerra de la Independencia y termina con el desastre del 98
(guerra contra EE. UU. y pérdida de Cuba y Filipinas). Tras la Guerra de la
Independencia ocupa el trono español Fernando VII, el Deseado (1814-1833).
Pocos reinados habrán sido tan catastróficos para nuestro país como el de
este monarca: deroga la Constitución de Cádiz e impone un rígido
absolutismo, pierde la casi totalidad de los territorios americanos, cierra
las universidades, la censura y la persecución obligan a irse al exilio a lo
más granado de nuestros intelectuales, sume a la sociedad española en el
atraso y el inmovilismo y, para rematar la faena, sus dudas sucesorias
provocan tras su muerte una serie de guerras civiles (Guerras Carlistas) que
ensangrentarán el país durante casi cincuenta años e impedirán todo
progreso. Tras su muerte, llega al trono su hija Isabel II (1833-1868),
derrocada por la revolución de 1868. Después de la Regencia de Serrano
(1869-1870), el brevísimo reinado de Amadeo de Saboya (1871-1873) y el
insatisfactorio paréntesis de la Primera República (1873-1874), se restaura
la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII (1875-1885), hijo de
Isabel II. Muerto el rey, su esposa María Cristina asume la regencia hasta
1902, año en que empieza a reinar su hijo Alfonso XIII, abuelo de Don Juan
Carlos.
En el diecinueve, España aún se siente primera potencia y se
muestra reacia a incorporarse al tren de la modernidad. La guerra de 1898
vendrá a sacarla de su trágica inconsciencia. Poco a poco, desaparecen los
estamentos (nobleza, clero y estado llano) en favor de una sociedad de
clases (burguesía y proletariado). El esfuerzo industrial es notable; aunque
inmensamente inferior al que realizan los principales países europeos. Las
condiciones de los trabajadores son lamentables. Aparecen los primeros
movimientos obreros: anarquismo y socialismo. Surgen los primeros
nacionalismos en Cataluña y País Vasco. La población aumenta: el censo de
1855 arroja un total de quince millones de habitantes, que pasa a diecinueve
en 1911. El 65% de esta población vive en el campo y su nivel cultural es
ínfimo. La ley Moyano (1857) impone la escolaridad obligatoria entre los
seis y los nueve años. Aun así, en 1877, tres de cada cuatro españoles son
analfabetos. Empiezan a circular los primeros trenes, aparecen los primeros
sellos de correos, queda instalado el telégrafo y, en 1852, se ensaya el
alumbrado eléctrico en Barcelona. La Inquisición queda abolida
definitivamente en 1834.

Tendencias literarias
Hasta bien entrado el siglo XIX, se mantienen los
gustos neoclásicos. Tras la muerte de Fernando VII (1833) triunfa el
Romanticismo, pero su apogeo será muy breve. La segunda mitad del siglo está
dominada por el Realismo, aunque habrá un rebote romántico en poetas como
Bécquer y Rosalía de Castro.
El Realismo
El
Realismo es una corriente artística que pretende testimoniar
documentalmente la sociedad de la época y los ambientes más cercanos al artista,
en clara oposición al
Romanticismo,
que se complacía en ambientaciones exóticas y personajes poco corrientes y
extravagantes.
La estética del Realismo, fascinada por los avances de la
ciencia,
intenta hacer de la literatura un documento que nos pueda servir de testimonio
sobre la sociedad de su época, a la manera de la recién nacida
fotografía.
Por ello describe todo lo cotidiano y típico y prefiere los personajes vulgares
y corrientes, de los que toma buena nota a través de cuadernos de observación, a
los personajes extravagantes o insólitos típicos del anterior
Romanticismo.
Esta estética propugna a su vez una
ética
fundamentada en la moderación, la objetividad y el
materialismo.
En cuanto a los procedimientos literarios del Realismo, son
característicos el abuso de la descripción detallada y prolija, el uso del
párrafo largo y complejo provisto de abundante subordinación, la reproducción
casi magnetofónica del habla popular tal cual se pronunciaba y sin corrección
alguna que pretenda idealizarla y el uso de un estilo poco caracterizado, un
lenguaje "invisible" que exprese objetivamente sin llamar la atención sobre el
escritor. La novela será el género más acorde con los intereses realistas.
Los rasgos fundamentales de la
novela
realista
pueden resumirse en los siguientes puntos:
Rechazo de la fantasía,
el sentimentalismo y el espiritualismo románticos.
Pretensión de reproducir fiel y exactamente la realidad
circundante
y de transmitir ideas de la forma más verídica y objetiva posible.
Predominio del narrador omnisciente.
El narrador se convierte en una especie de cronista que conoce a la perfección
los acontecimientos que relata y los procesos íntimos de los personajes. La
técnica más habitual suele ser el relato en tercera persona aunque no faltan las
novelas en forma epistolar o de diario. Con frecuencia anticipan los hechos y no
tienen reparos en juzgar conductas e ideas de los personajes.
Uso minucioso de la descripción,
para mostrar perfiles exactos de los temas, personajes, situaciones e incluso
lugares.
Uso permanente del diálogo
en el desarrollo del argumento, para entrar en contacto directo
con los personajes, o como medio de evitar la monotonía de la narración.
Uso del registro lingüístico coloquial
tanto en la narración como en los diálogos. Se evita el lenguaje retórico y
grandilocuente de los románticos y se recogen abundantes rasgos del habla común.
Ambientación contemporánea.
Las novelas reflejan el momento que le ha tocado vivir al propio autor: el
tiempo en que se desarrolla la acción narrativa es el del propio siglo XIX. Las
obras muestran una relación mediata entre las personas y su entorno económico y
social, del cual son exponente; la historia muestra a los personajes como
testimonio de una época, una clase social, un oficio, etc.
Protagonismo de la burguesía.
Por las páginas de estas novelas desfilan diferentes clases sociales, aunque
predomina la clase media.
Temática de la cotidianidad.
Lo cotidiano y no lo exótico es el tema central de estas novelas, que tratan
problemas políticos, humanos y sociales propios de la sociedad contemporánea. El
autor analiza, reproduce y denuncia los males que aquejan a esta sociedad.
Aunque el Realismo llegó a España con retraso, hacia 1868 la
producción literaria alcanzó un desarrollo considerable. Diversos factores
contribuyeron a su introducción: el éxito de los artículos de costumbres, los
folletines, las novelas por entregas y las traducciones de autores extranjeros,
como Balzac, Flaubert... Pero el triunfo definitivo se debe a la publicación de
La Fontana de Oro, de Galdós, en 1870.
Al igual que el
Romanticismo,
el Realismo tuvo dos corrientes, una conservadora, que alababa las viejas
costumbres populares (José
María de Pereda,
Juan Valera),
y otra progresista, caracterizada por la denuncia social (Benito
Pérez Galdós, Clarín).
Hacia 1870 nació en Francia un movimiento que llevaba al extremo
los presupuestos realistas: el Naturalismo. Su máximo representante fue Émile
Zola. El Naturalismo pretendía remontarse hasta las causas de los
comportamientos humanos y, para ello, tenía en cuenta las nuevas ideas
científicas sobre el hombre (herencia biológica). De esta manera ofrecía una
galería de personajes extremos, con taras físicas o morales graves, y la novela
se ocupaba de explicar las razones de esas taras. En España, Emilia Pardo Bazán
divulgó las ideas de Zola en su ensayo La cuestión palpitante, pero el
Naturalismo tuvo escasa repercusión. De hecho, en España resulta difícil
distinguir entre Realismo y Naturalismo, ya que este último influyó de forma
limitada en algunos escritores como Galdós, Clarín, Pardo Bazán o Blasco Ibáñez.
Benito Pérez Galdós
Nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1843. Desde 1862
vivió en Madrid, ciudad a la que fue a estudiar Derecho y con la que se
identificaría plenamente. En 1867 viaja a París y entra en contacto con el
realismo francés. Intervino en política adscrito al Partido Progresista de
Sagasta y llegó a ser elegido diputado en 1886. A partir de 1870 se
dedica por entero a la novela. A principios del siglo XX adopta posiciones más
avanzadas: se declara republicano y llega a establecer contactos con los
socialistas. En 1889 fue nombrado académico. Los últimos diez años de su
vida fueron muy tristes: pierde la vista, conoce dificultades económicas, sus
enemigos impiden que se le otorgue el Premio Nobel… Murió en Madrid en enero de
1920.
Obra narrativa:
Los Episodios Nacionales.
Son un conjunto de 46 novelas que reconstruyen la historia de España en el siglo
XIX, desde la batalla de Trafalgar (1805) hasta la Restauración borbónica
(1875). Se agrupan en cinco series de diez novelas cada una, excepto la última,
que sólo tiene seis. Aunque Galdós había dado por finalizada la obra tras acabar
la segunda serie (llegaba hasta la muerte de Fernando VII), el éxito de la misma
y los problemas económicos le llevaron a continuarla en diferentes momentos de
su vida.
Resto de las novelas
de Galdós. Suelen clasificarse en tres grupos:
Primera época (1870-1878): novelas de tesis. Son novelas
con las que Galdós pretende defender su ideología progresista, a la vez que
critica el conservadurismo, la intolerancia y el fanatismo religioso. De esta
época son
Doña
Perfecta
(1876),
la más
popular, narra la lucha entre la intolerante protagonista y un joven ingeniero
liberal;
Gloria
(1877) o La familia de León Roch (1879). Otras novelas de este período
son: La Fontana de Oro (1870) y Marianela (1878), dramática novela
que cuenta la imposible historia de amor entre una joven y un muchacho ciego.
Segunda época (1881-1889): novelas españolas contemporáneas.
El término “contemporáneas” que el propio autor aplica a sus novelas a partir de
La desheredada (1881) indica que se trata de novelas que se ocupan de la
realidad española en su momento presente. En las 24 novelas de esta época Galdós
describe la sociedad del Madrid de su época. Por sus páginas desfilan las
distintas clases sociales, especialmente las clases medias. Ahora, sin renunciar
a su espíritu progresista, Galdós abandona la defensa de una ideología y se
muestra más imparcial. Los principales títulos son:
La desheredada.
Historia de la degradación de Isidora, una muchacha humilde que cree ser
hija ilegítima de una marquesa. La relevancia que adquiere en la novela la
descripción de los sórdidos ambientes de miseria urbana convierte esta obra en
un buen ejemplo de las técnicas del Naturalismo.
El amigo Manso
(1882) y El doctor Centeno (1883). Son novelas en las que Galdós expresa
sus aspiraciones sobre una educación racional y rigurosa, en consonancia con las
ideas de la Institución Libre de Enseñanza.
Tormento
(1884). Exposición detallada de la ruindad y la estrechez moral
de la clase media, que, en su continuación, La de Bringas (1884),
acaba en pérdida de la dignidad personal en aras de las apariencias y el lujo.
La degradación física y psicológica se describe minuciosamente en
Lo prohibido (1884-85), donde el protagonista se deja arrastrar
por el ambiente a causa de su débil carácter.
Miau
(1888) es la trágica historia de un cesante, don Ramón Villamil, y su vana lucha
por obtener un puesto.
En las siguientes obras, la realidad se describe desde una
perspectiva más subjetiva, y el análisis de los procesos de conciencia adquiere
un mayor peso: Realidad (1889), Torquemada en la hoguera (1889) y
Ángel Guerra (1890-91) son un buen ejemplo de esta nueva dirección.
Pero la novela maestra de este período es Fortunata y Jacinta
(1887). En esta obra se narra la relación de Juanito Santa Cruz con su mujer,
Jacinta, ambos pertenecientes a la burguesía madrileña, y con su querida,
Fortunata, una joven de clase baja. Este triángulo amoroso da pie a la
descripción de diversos ambientes y personajes.
Tercera y última época (a partir de 1890): novelas
espirituales y simbólicas. En la década de los noventa, de acuerdo con las
tendencias europeas de espiritualidad, Galdós escribe unas novelas que revelan
su interés por los temas espirituales y morales, sin abandonar la observación
detallada de la realidad. De esta etapa son, entre otras, Nazarín (1895)
y Misericordia (1897). Esta última, otra de sus obras maestras, es una
novela sobre la caridad, presidida por la inolvidable Benina, quien pasa
privaciones para ayudar a sus amos, pobres que aún quieren aparentar una buena
posición social.
Obra teatral:
La producción dramática de Galdós fue tardía y, en gran parte,
motivada por asuntos económicos. Sin duda, Galdós poseía un gran instinto
dramático, pero le faltaba el dominio de los recursos de la escena. Por eso, sus
obras, aunque dotadas de verdadero interés humano, resultan lentas y, en
general, carecieron de éxito. Las mejores son adaptaciones de novelas
anteriores: Doña Perfecta, El abuelo...
Significado de la obra de Galdós:
Se le considera el mejor novelista de la literatura española
después de Cervantes, y ocupa un lugar importante en la literatura realista
europea. El interés de su obra reside en que supo trazar un panorama de la
sociedad contemporánea; describir la sociedad madrileña, las diversas clases
sociales y sus tipos, desde los marginados hasta los aristócratas venidos a
menos, como modelos que podrían encontrarse en otras ciudades españolas del
siglo XIX. Por otra parte, se valora su visión total de la historia coetánea de
España, gracias sobre todo a los Episodios.

Otros escritores realistas
Cecilia Böhl de Faber,
Fernán Caballero
(1796-1877): La gaviota (1856)…
Juan Valera (1824-1905): Pepita Jiménez
(1874)…
Pedro Antonio de Alarcón
(1833-1891): El sombrero de tres picos (1874)…
José María de Pereda
(1833-1906): Sotileza
(1885), Peñas arriba (1895)…
Emilia Pardo Bazán (1851-1921): Los pazos de
Ulloa (1886-87)…
Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928): La barraca
(1898), Cañas y barro (1902)…
Leopoldo Alas
Clarín
(1852-1901). Aunque nació en
Zamora, se sintió asturiano y pasó gran parte de su vida en Oviedo. De
ideas liberales y republicanas, fue muy crítico con el catolicismo
tradicional y sensible ante las injusticias sociales. Escribió numerosas
críticas en los periódicos y revistas, cuentos (¡Adiós, Cordera!),
novelas cortas (Doña Berta) y dos novelas largas: La Regenta
(1885) y Su único hijo (1890). La Regenta es su obra
maestra, y una de las mejores novelas en castellano. Narra la historia
de la joven Ana Ozores, casada con el Regente de la Audiencia, don
Víctor Quintanar, un hombre mayor que ella. La progresiva insatisfacción
emocional y física de Ana la hace oscilar entre su confesor, Fermín de
Pas, y Álvaro Mesía, un seductor experimentado a quien Ana acaba
entregándose, provocando el trágico final, la muerte de don Víctor en
duelo con el donjuán. Pero La Regenta no es sólo la historia de
unos personajes, sino la de una ciudad, Vetusta (trasunto de la ciudad
de Oviedo), y la de una sociedad caducas.
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Tema de referencia.
Texto de la profesora Salomé Guerrero, con algunas modificaciones de
José Antonio Curieses. Formato: José Antonio Curieses. Páginas: 6.
Observaciones: mismo formato que el resto de los temas utilizados en 2.º
de Bachillerato este año y en 1.º de Bachillerato el año pasado. |
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Tema desarrollado por la profesora Salomé Guerrero.
Páginas: 3. |
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Tema desarrollado por la profesora Concepción Miguel.
Páginas: 2. |
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Tema desarrollado por el profesor Raúl Urbina.
Páginas: 8. Acceso a la web de este profesor:
http://urbinavolant.com. |
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Tema del IES Castella Vetula.
Páginas: 11. Observaciones: contiene ilustraciones fotográficas.
Acceso a la web de este instituto de Medina de Pomar (Burgos):
http://centros4.pntic.mec.es/ies.castella.vetula. |
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Tema del Colegio Marista San José
(León). Páginas: 8. Observaciones: el texto está protegido, por lo
que no se puede copiar, aunque sí se puede imprimir. Acceso a la web del
colegio: http://www.maristasleon.com. |
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