Tema 1. El siglo XVIII. Jovellanos
Contexto histórico, social y cultural
El siglo XVIII (llamado Siglo de las Luces o Siglo
de la Ilustración) es un siglo capital de la historia de Europa y de
España. Se caracteriza por los siguientes rasgos:
Resquebrajamiento del sistema feudal.
La rígida organización feudal va siendo socavada por el impulso de nuevas
fuerzas económicas y sociales, fundamentalmente la burguesía, que disputa a
la aristocracia los lugares de acción y gobierno, hasta conseguir
desplazarla definitivamente, en algunos países, a finales de siglo
(Revolución francesa, 1789).
Racionalismo y experimentalismo.
Predominio absoluto de la razón humana y de la experiencia sobre otras
fuentes de conocimiento (revelación, tradición, autoridad de los antiguos).
Separación entre la Iglesia y el Estado.
El poder civil se emancipa del eclesiástico. Aumenta el escepticismo
religioso.
Búsqueda de la felicidad a través del progreso.
El ser humano anhela ser feliz. Y ese anhelo no se pospone a la vida del más
allá, sino que también en el más acá, en esta vida terrenal, el hombre
persigue y tiene derecho a alcanzar la felicidad. Para conseguirla resulta
imprescindible el progreso de los pueblos.
Despotismo ilustrado.
Es la nueva forma de gobierno. A causa de la presión de las nuevas fuerzas
sociales y económicas, así como de la ideología de la Ilustración, los
soberanos europeos se ven obligados a abandonar el absolutismo monárquico y
a hacer ciertas concesiones a sus súbditos. El gobierno de los Estados se
organiza, no ya para el engrandecimiento personal del rey y su familia, sino
para alcanzar el bienestar del pueblo, aunque, eso sí, sin dejarle a este
participar en la toma de decisiones políticas: “todo para el pueblo, pero
sin el pueblo” (lema del Despotismo ilustrado). El Estado, según los
ilustrados, debía proteger los derechos del pueblo y fomentar la educación y
el espíritu cívico de los ciudadanos, sin menoscabo de la autoridad real.
En España, la llegada del siglo coincidió con la
instauración de una nueva dinastía real: los Borbones franceses. Tras
la muerte sin descendencia del último de los Austrias, Carlos II, España se
vio enfrascada en una guerra de sucesión. El Tratado de Utrech puso fin a la
guerra con la proclamación de Felipe de Borbón como rey de España (Felipe V,
1700-1746). A cambio, España se veía obligada a entregar sus territorios
centroeuropeos e, incluso, Gibraltar y Menorca. Tras este rey, reinarían a
lo largo del siglo Fernando VI (1746-1759), Carlos III (1759-1788) y Carlos
IV (1788-1808). La llegada de los Borbones trajo consigo una actitud
reformista respecto a los problemas del país. Felipe V iniciará una
serie de proyectos reformadores, que continuarán sus sucesores, excepto
Carlos IV. Entre estos, destacan la creación de la Biblioteca Nacional
(1712), la Real Academia Española (1713), o el Museo del Prado (1785). Todas
estas instituciones se establecieron en Madrid, de acuerdo con la concepción
centralista del Estado. En diversas provincias alcanzaron gran importancia
las Sociedades Económicas de Amigos del País, que comenzaron a establecerse
a partir de 1765 con el propósito de difundir las ideas ilustradas y de
servir de cauce para el desarrollo de la agricultura y de la industria.

Tendencias literarias
La literatura de este periodo carece del esplendor del que
gozaron otras disciplinas (Filosofía y Ciencias, sobre todo). Varios factores
influyeron en esto: principalmente: el espíritu pragmático de la época, que hizo
que los intelectuales prefirieran aplicarse a los estudios y experimentos
científicos, y el racionalismo, que reprimió ciertos impulsos de la creación
artística, como el sentimiento, y encorsetó el arte con rígidos preceptos.
Varias tendencias artísticas y literarias se suceden a lo largo
del siglo. Fundamentalmente se agrupan en tres:
Posbarroquismo.
La mentalidad y la estética barrocas, ya convertidas en meros formalismos y en
retórica vacua, penetran en los primeros decenios del siglo. Contra este Barroco
decadente lucharán la Academia y los escritores neoclásicos.
Neoclasicismo.
Es el arte propiamente ilustrado. Constituye un retorno a los modelos clásicos.
Dos son sus postulados esenciales: pragmatismo del arte, que se pone al servicio
de la docencia (enseñar deleitando), y preceptismo (sometimiento del arte a unas
normas racionales); el sentimentalismo es rechazado.
Prerromanticismo.
Aparece a finales del siglo como reacción contra el Neoclasicismo dominante.
Llegado al continente desde Inglaterra, rechaza el racionalismo y propugna un
sentimentalismo caracterizado por el gusto por los temas emotivos, nocturnos
y lacrimosos, que preludian el Romanticismo del siglo siguiente.
El ensayo en el siglo XVIII
La visión pragmática de la cultura que tienen los ilustrados
favorecerá en esta época el desarrollo de la literatura didáctica, en
detrimento de otras modalidades más imaginativas. En este contexto, el ensayo
gozará del aprecio de los escritores más destacados del momento, pues era el
género que mejor se acomodaba a sus propósitos.
El ensayo era un género joven, nacido apenas unos años
antes de la mano del francés Michel de Montaigne (1533-1592), quien, con su obra
Essais (Ensayos), daría nombre definitivo a un tipo de prosa que
contaba ya con el precedente de las misceláneas españolas de los siglos XVI y
XVII, especialmente, las Epístolas familiares de Fray Antonio de Guevara
(1480-1545). El ensayo se caracterizará por ser un texto breve en prosa en el
que el autor muestra sus opiniones, reflexiones, puntos de vista sobre cualquier
tema o circunstancia. Brevedad, precisión, claridad, subjetivismo y amplitud
temática son los rasgos que delimitan este género tan apropiado para la
transmisión de ideas.
Varios fueron los asuntos que merecieron la atención de los
ensayistas del dieciocho:
La decadencia del país. Tema preferente. Conscientes del
lamentable estado de postración de España, los ensayistas del setecientos
dedicaron la mayor parte de sus energías al análisis de sus orígenes y síntomas
y a la elaboración de proyectos que le pusieran remedio. Muchos de ellos
intervinieron directamente en los asuntos de gobierno y concibieron la
literatura más como un medio para llevar a cabo sus propósitos que como un fin
en sí misma.
La educación. Es el gran instrumento para remediar los
males de la sociedad:
enseñaría
a los ciudadanos
a abandonar las actitudes derrotistas y los
convertiría en personas instruidas, capaces de asimilar los nuevos conocimientos
técnicos y científicos que el país necesitaba para progresar.
La importancia de la función social de la mujer. Nunca
llegaron a propugnar una igualdad de principio entre ambos sexos, pero
defendieron su derecho al estudio, al trabajo y a casarse por voluntad propia.
La dignificación del trabajo. Criticaron con decisión a
las clases ociosas y reivindicaron la dignidad de las labores manuales que
permitieran a las personas ganarse el sustento.
La religión. Los ilustrados españoles mantuvieron una
actitud moderada que no llegó al ateísmo ni al rechazo de los dogmas religiosos
como en algunas naciones de Europa. Se confesaron católicos pero mostraron su
desacuerdo con algunos postulados de la Iglesia.
Entre los escritores que cultivaron el ensayo en el siglo XVIII,
destacan el Padre Feijoo, en la primera mitad del siglo, y Cadalso
y Jovellanos en la segunda.
Gaspar Melchor de Jovellanos
Nació en Gijón en 1744, estudió leyes y ejerció como magistrado
en Sevilla y en Madrid. Participó en la vida política de España hasta su muerte.
Durante el reinado de Carlos III contribuyó al esplendor de la Ilustración
española como miembro de la Real Academia Española, de la Academia de la
Historia y de la Academia de San Fernando. Con la llegada de Carlos IV cayó en
desgracia, aunque fue rehabilitado por Godoy y nombrado ministro de Justicia en
1797, cargo que sólo pudo ejercer durante ocho meses por la oposición de los
tradicionalistas. En 1801 fue encarcelado en Mallorca. José Bonaparte le pondría
en libertad y le nombraría ministro. A pesar de ello, Jovellanos adoptaría la
causa de la independencia y participaría en la Junta Central, representando a
Asturias. Murió en Vega, localidad asturiana, en 1811. Las Cortes de Cádiz lo
proclamaron poco después “Benemérito de la patria en grado eminente y heroico”.
Su producción estrictamente literaria es escasa: dos dramas
(El Pelayo y El delincuente honrado) y varios poemas. Tanto
los unos como los otros tienen carácter didáctico, sirven para difundir las
aspiraciones ilustradas. El Pelayo (1769) es una tragedia con la que
intenta contribuir a la creación de una tragedia de temas nacionales. El
delincuente honrado (1774) es una comedia sentimental de gusto de las
comedias lacrimosas francesas, donde defiende una aplicación humanitaria de las
leyes y critica con dureza el empleo de la tortura, conmoviendo al espectador
mediante el uso de diferentes recursos. Entre sus poemas, destaca la Sátira a
Arnesto, donde critica el majismo (se denominaba así la actitud de cierta
parte de la nobleza de la época tendente a imitar formas y costumbres
características de las clases populares).
Los escritos más importantes de Jovellanos son textos en prosa
de carácter didáctico, político, histórico, económico, filosófico,
filológico, etc. En ellos aborda los problemas más importantes del país y expone
sus ideas de reforma para elevar la dignidad espiritual y material del país.
Entre estas obras destacan las siguientes:
Memoria para el arreglo de la policía de espectáculos y
diversiones públicas
(1790). En ella, realiza una exposición de lo que las diversiones han sido a lo
largo de la historia y propone medidas para que de ellas resulte un “bien
general”. Critica espectáculos sangrientos, como el de las corridas de toros,
defiende la libertad en los bailes y fiestas populares y postula un tipo de
teatro que se ajuste a las reglas neoclásicas.
Informe sobre el expediente de la Ley Agraria
(1794). El Informe analiza las causas del atraso de la agricultura
española y propone los remedios que podrían modernizarla: tipos y sistemas de
cultivo, regadíos, capacitación de los campesinos, desamortización de las poco
productivas tierras de la Iglesia y la nobleza, etc. De aplicarse estos
principios, se hubieran puesto en peligro las bases de la sociedad estamental,
por lo que Jovellanos se granjeó la enemistad de los más poderosos.
Memoria sobre la educación pública
(1802). Según él, la educación es la base de la prosperidad de la nación, por lo
que había que promover las ciencias útiles y acabar con la rutina escolástica.
Insiste en que hay que dar prioridad a los métodos experimentales y, por ello,
concede mucha importancia a la realización de prácticas dentro de algunas
asignaturas, defiende que la enseñanza sea impartida en castellano y no en latín
y considera necesario que los alumnos aprendan otras lenguas modernas. Añade que
los alumnos deben realizar lecturas complementarias, que los centros han de
contar con buenas bibliotecas y que los profesores tienen que ser guías y
consejeros antes que meros vigilantes, base de la pedagogía moderna. Defiende
también una educación libre, abierta y gratuita.
Memoria del castillo de Bellver
(1805) es una de sus obras maestras. En ella describe con magnífica prosa el
pasado y el presente de lo que entonces era su prisión.
Memoria en defensa de la Junta Central
(1811), alegato contra los que acusaban a sus componentes de haber malversado
fondos del Estado.
Para acabar, destacar de entre otras muchas obras que conservamos
de Jovellanos, un amplio Epistolario (más de mil cartas), que
refleja sus preocupaciones, afanes y proyectos, y catorce Diarios,
que, a pesar de su título, eluden la confesión íntima y recogen recuerdos,
hechos, noticias, etc. de la vida cotidiana de la época.
En cuanto a su estilo, Jovellanos tiene el mérito de
tratar con amenidad los temas más áridos. Su prosa, alejada del galicismo
innecesario, es sencilla y clara, con un léxico rico y variado.


Otros ensayistas
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Fray
Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro
(1680-1768). Monje benedictino y profesor de la Universidad de Oviedo. Máximo
intelectual español durante los reinados de Felipe V y Fernando VI, fue el
prototipo de verdadero ilustrado y un avanzado en la defensa de las nuevas ideas
en la España de la época. Cultivó primordialmente el ensayo. Sus dos obras
fundamentales fueron Teatro crítico universal (1726-1739) y Cartas
eruditas y curiosas (1741-1760). En ellas arremete contra las supersticiones
y las opiniones infundadas. Postula la razón y la experiencia como bases de la
ciencia y del pensamiento modernos, rompiendo con el criterio de autoridad
(afirma que también los antiguos pueden equivocarse). |
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José
Cadalso
(1741-1782) es uno de los escritores más representativos del
período neoclásico. Fue un hombre de mundo (viajó por los principales
países europeos), inteligente y culto, dotado de un gran sentido crítico. Es, en
conjunto, el escritor más completo y variado de este siglo. Como prosista,
escribe dos obras fundamentales: Cartas marruecas (1793) y Noches
lúgubres (1798).
En sus Cartas Marruecas (obra a medio camino entre la novela epistolar y
el ensayo) realiza una visión crítica de la España dieciochesca, con una clara
denuncia del estado de decadencia en que se encuentra el país, a través de las
cartas que Gazel, personaje marroquí que visita España, escribe a su maestro Ben-Beley
y a su amigo español Nuño Núñez. Muchos críticos han visto en esta obra un claro
antecedente del 98. |
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Tema de referencia.
Texto de la profesora Salomé Guerrero, con pequeñas modificaciones de
José Antonio Curieses. Formato: José Antonio Curieses. Páginas: 5.
Observaciones: mismo formato que el resto de los temas utilizados en 2.º
de Bachillerato este año y en 1.º de Bachillerato el año pasado. |
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Tema desarrollado por la profesora Salomé Guerrero.
Páginas: 3. |
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Tema desarrollado por la profesora Concepción Miguel.
Páginas: 2. |
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|
Tema desarrollado por el profesor Raúl Urbina.
Páginas: 8. Acceso a la web de este profesor:
http://urbinavolant.com. |
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Tema del IES Castella Vetula.
Páginas: 11. Observaciones: contiene ilustraciones fotográficas.
Acceso a la web de este instituto de Medina de Pomar (Burgos):
http://centros4.pntic.mec.es/ies.castella.vetula. |
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Tema del Colegio Marista San José
(León). Páginas: 9. Observaciones: el texto está protegido, por lo
que no se puede copiar, aunque sí se puede imprimir. Acceso a la web del
colegio: http://www.maristasleon.com. |
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