HAMBRE
Vigilancia nocturna de arboledas
constantes
en una interminable perspectiva
rasada de canciones
desmesuradas.
Se engancha hondamente a mi ternura
la sangre de los astros;
se llenan mis bodegas con el vino
de la expansión;
se cubren mis graneros con los granos
de Dios.
Es muy ancho el sombrero de la noche
puesto sobre el paisaje.
Hacen alegre ruedo
taifa de vientos peleardores
de dientes amarillos.
Perpetuo insomnio
mis pasos olfatean como perros
un lobo imaginario
guardando los apriscos.
Cenas del hambre.
Recogimiento bufonesco
salado de idiotismo:
voz de falsete
en francachela corpulenta.
en "Molino Rojo" de Jacobo Fijman
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