INFANCIA
DEL BARRIO
Remontándonos a los
comienzos de Santa Fe de Bogotá para contextualizar nuestro Barrio en el
desarrollo de Ciudad, quisiéramos contarles que fuimos parte de una de " Las Cuarenta Haciendas" de la periferia de Bogotá, más exactamente, "Los Altos de San Diego".
A finales del siglo XIX, la
primera ciudad o ciudad compacta como la llama Juan Carlos del Castillo Daza en
su libro " El Transito a la Ciudad
Moderna 1920 - 1950 ", comprendía La Plaza Mayor y sus alrededores. La
segunda ciudad, lineal o ciudad del ensanche fue creciendo por los caminos que
salían hacia el norte para comunicarla con la importante Provincia de Tunja y
hacia las tierras cálidas del sur, convirtiendo a Santa Fe en una ciudad de
barrios residenciales que lentamente fueron urbanizando los potreros y
Haciendas periféricas.
Situada en el extremo norte
del casco urbano encontramos La Recoleta de San Diego que contaba entre sus
atractivos con Los parques de La Independencia y Centenario. Este lugar por su
entorno amable y tranquilo se fue convirtiendo
poco a poco en un polo de desarrollo. que con el siglo XX atrajo nuevas
edificaciones: La Escuela Militar, hoy Hotel Tequendama, El Panóptico o cárcel Departamental, hoy en
día El Museo Nacional, El Convento de María Auxiliadora, la Fábrica de Bavaria y la Primera Plaza de Toros, construcción que
comienza el ascenso a los despoblados cerros que hoy llamamos La Macarena .
Según la investigación de la
Corporación Comunitaria "Raíces", los terrenos de la Hacienda Altos
de San Diego, fueron poco a poco vendidos y revendidos quedando, los hermanos
Vega como dueños de los terrenos donde
posteriormente se construiría el Barrio. A comienzos de los años treinta, el
Sr. Epifanio Barreto Herrera compró a los hermanos Vega un lote ubicado entre
las carreras cuarta y tercera y de la calle 27 a la 30, terrenos completamente
baldíos. Al morir don Epifanio, sus hijos repartieron la tierra y uno de ellos,
Alejandro Barreto decidió construir su casa y ser el primer poblador formal de
estas tierras.
Pero los potreros demoraron
en poblarse y sus campos de mora silvestre, en esas épocas, llegaron a
conocerse como El Moral. Según contaba la Sra. Mercedes Sánchez de Gaitan abuela de Don Hernando Molano
Gaitan (actual habitante del barrio), el paseo
dominguero además de la misa en San Diego, incluía retreta en el Parque de la
Independencia y tarde campestre en el Moral. Nuestro Barrio también llegó a ser
conocido en esas épocas por las numerosas quebradas que bajaban de los cerros y
que las mujeres de la Perseverancia usaban para lavar ropa. También se sabe que
dichas quebradas surtían a Bavaria para la
elaboración de cerveza.
La Estación de Policía de la
Quinta se hizo famosa el 9 de Abril de 1948 ya que los policías estaban de
parte del pueblo y empezaron a repartir armas y municiones hasta que los
aviones del gobierno amenazaron con bombardearla y finalmente La Quita División
de la Policía tuvo que entregarse. Según la investigación de la Corporación
Comunitaria "Raices", Dario
Echandia fue negociador y algunos aseguran que por
esos días Fidel Castro se encontraba en Bogotá y estuvo presente en dicha
Estación.
Para comienzos de los 50 empezaron a construir
nuevas casas y aparecieron en terrenos
donados por los Vega, el convento de las monjas de María Inmaculada y la
capilla del Perpetuo Socorro. La
construcción del Hogar de la Joven contó con el apoyo del gobierno de Rojas
Pinilla.
Con este crecimiento
vinieron las primeras panaderías como La Florida que tuvo su origen en la
carrera 4ª entre calles 27 y 26B.
La plaza de mercado se
originó al lado del parqueadero de buses (en la calle empedrada detrás de la
actual Plaza). Los campesinos llegaban de
poblaciones aledañas y extendían sus productos en el piso de piedra. No
existía un encerramiento como el que hay hoy en día. El edificio albergaba los
restaurantes, según lo que recuerda Patricia Molano
(actual habitante).
Mas hacia los años 60 Los
Vega vendieron a Inversiones Bogotá gran parte de sus terrenos y se
construyeron edificios de apartamentos, dejando atrás la vida rural que se
vivía en un comienzo: los frondosos árboles de cerezo, las vacas que cuidaba
Don Pedro y que suministraban a muchos vecinos leche recién ordeñada, la
carbonería de doña Agustina, el Buitrón de donde salieron los ladrillos para
construir La Perseverancia y comenzaron a llegar nuevos vecinos.
Por su cercanía a los cerros
y también al centro de la ciudad, La Macarena ofrecía vivir lo urbano en un
ambiente semirual y muchos artistas llegaron al
barrio seducidos por el aire a campo que todavía se respiraba pero cerca de las
librerías, los teatros, los cafés, la bohemia que los inspiraba. Así poco a
poco el barrio se fue convirtiendo en lo que muchos llamaron el Villlage Bogotano.
PATRICIA SALAMANCA
Próximo entrega TIEMPOS MODERNOS
Fuentes: Bogotá El Transito a la Ciudad Moderna
1920 - 1950
De:
Juan Carlos del Castillo Daza.
Informe de Investigación Corporación
"Raíces"
Conversaciones con Patricia Molano (residente).