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Vuelve |
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Titulo:
Vuelve |
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La luz del ocaso jugaba con la espalda de Nick, quien se encontraba parado en la puerta trasera de su casa, mirando al horizonte, donde el cielo se juntaba con el mar. Llevaba más de media hora ahí, parado, en su camiseta blanca y su sudadera negra, descalzo y con el cabello libre en el viento, pensando en todo y en nada. En todos y en nadie. En él. ¿Dónde estaba? ¿Qué estaba haciendo? Se aburrió y caminó dentro de la casa, dejando el ocaso para otro día, arrastrando los pies de manera cansada, llevaba dos días sin dormir, dos noches en que se acostaba en la cama y lo único que podía hacer era abrir los ojos y dejar las lágrimas caer. Estaba solo, su corazón ardía dentro de su pecho, por más lágrimas que derramaba no se aplacaba el dolor. Siguió caminando hasta las escaleras y se sentó, mirando directamente a la puerta principal. Sus ojos parecían no brillar mientras pasaban los minutos, uno tras otro, pegados a la madera de la puerta, hasta que sintió la luz fría de la luna colarse por entre las cortinas y tocarlo en las mejillas húmedas. Una noche más y él no volvía, cuanto lo necesitaba. Lágrimas rodaban una después de otra, como sincronizadas con el pasar de los minutos, pero ni una vez levantó una mano para secarlas. La puerta se abrió y allí estaba, con sus ojos azules brillando, su sonrisa cálida y sus brazos abiertos esperando por Nick. El rubio cerró los ojos y al abrirlos de nuevo, él ya no estaba, la puerta estaba cerrada. Los músculos de sus piernas estaban adoloridos de estar tanto tiempo sentado en la misma posición, por lo que se levantó y subió las escaleras. Pasó de largo el baño y entró en la habitación. Ante él estaba una cama, la cama, grande, cálida y acogedora, mas cada vez que se acostaba en ella, el frío lo arremetía, helándolo desde adentro hacía afuera, porque él no estaba allí para calentarlo, para acariciarle el rostro, darle besos suaves, tal como alas de mariposa, su cuerpo delgado acoplándose al suyo propio, más grande de tal forma que el uno complementaba al otro. Se sentó sobre la infame cama, y pasó una mano por encima de las sábanas, intentando encontrar la piel que debería estar sobre ellas. Lentamente se recostó, quedando sobre un lado, dándole la espalda a la puerta y la cara al espacio vacío. Su mano siguió acariciando la sábana, recordando la sensación de otro cuerpo bajo las puntas de sus dedos. Aquel cuerpo, tan suave, tan perfecto. Nick podía recordar con viveza la última vez que tocó ese cuerpo, en esa cama. Piel blanca, creando contraste con la de sus manos, bronceada, como besada por el sol, su dedo pulgar frotando un hueso pélvico, mientras sus labios se embriagaban con el sabor de aquellos labios que le enseñaron a dar el alma en cada beso. Una lágrima más, y Nick por fin dejó salir un sonido ahogado de su garganta. -Vuelve. FIN?
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