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Poderosas Razones
Modernidad es; subir los precios Private Ramón Pieza Rugaría El Sol de Puebla 30 de Abril de 2005
Estamos viviendo una economía definida de la forma más estúpida posible por políticos, empresarios y académicos. Uno de los más claros ejemplos es el que se refriere a que ante la falta de recursos de las empresas, la solución es subir los precios de bienes y servicios de forma autista, como si la demanda de los bienes y servicios generará de forma milagrosa los recursos en la sociedad, la vieja consigna del liberalismo del 1800 de que la oferta genera su propia demanda.
Con frecuencia vemos aumentos en gasolina, leche, pan, granos, transporte, gas natural y LP, energía eléctrica, derechos gubernamentales, carreteras y un largo etcétera, al mismo tiempo percibimos que los intereses de las inversiones bancarias, cada vez que Banco de México lo considera necesario, bajan haciendo imposible vivir de las inversiones, lo que se paga por ellas sirve, en el mejor de los casos, para mantener el capital; cualquier peso que se le quite implica un daño patrimonial sin reversa. También sabemos de los aumentos a sueldos y salarios los que, por su monto, van eliminando lo considerado como superficial: ropa, diversiones, transporte, vacaciones y otras cosas, dejando cada vez una mayor porción de lo ingresado para alimento y sobrevivencia mínima.
Es de apreciarse que los aumentos de precio así concebidos, provocan que bienes y servicios estén cada vez más alejados de las posibilidades de importante número de habitantes del país.
¿Cómo es que llegamos a esta situación de ignorancia empresarial, educativa y gubernamental?, de la misma forma como hemos decidido comprar parcelas de cielo dando limosnas y practicando la filantropía como la promovida por la señora Sahagún y damas que la acompañan, cuya relación estará asegurada nada más mientras dure el puesto del señor Vicente Fox. Después a estas damas no será difícil colgarles las faltas de honorabilidad con que se califica a la señora Marta Sahagún.
Las obras pías o de beneficencia sirven para que los mexicanos escasamente se alleguen los productos ofrecidos por tos cada vez más alejados de la realidad empresarios y funcionarios de la administración pública; estas obras junto con las administradas la señora Vázquez Mota, una especie de Condoleezza Rice nativa, son la justificación perfecta del aumento de precios y del cierre de ojos a la realidad nacional: gobierno y filántropos ayudan a pobres con esa fina caridad cristiana del gobierno foxista.
Además del fenómeno de la cristiana forma de resolver el problema de cómo los ricos son considerados como los administradores de tos dineros de los pobres, existe también otra serie de elementos como los referidos a los procesos de privatización de entidades existentes o de servicios que son abandonados por el gobierno y entregados al eficiente manejo del sector empresarial. Este fenómeno arranca de una realidad no aceptada: la mayor parte de quienes adquieren actividades ya establecidas como telefonía, gasolineras, aeropuertos, zonas portuarias, bancos, y otras más, o de actividades desarrollables como carreteras, agua, basura y lo que la imaginación le presente, en términos generales son personajes sin los recursos necesarios para allegarse o desarrollar las actividades que serán manejados por ellos.
Tienen que acudir a créditos, muchas de las veces garantizados por el propio gobierno, como sucedió con la compra de Bancomer por los regios, donde el gobierno federal tuvo que avalar cerca de mil millones de dólares para que lo compraran, sin más intención que impedir a Espinosa Yglesias hacerse de nueva cuenta de la propiedad del banco; o hacer maromas bursátiles como fue el caso de Telmex, algunas mineras; o fingir transacciones a sabiendas de que el gobierno a través del fisco les regresaría la mayor parte de lo pagado mediante inteligentes acuerdos fiscales de devolución; de IVA, como fue el caso de ferrocarriles, instalaciones portuarias y demás asuntitos.
Otra forma interesante de privatizar consistió en el descarado robo a la nación mexicana hecha por los antiguos dueños de los bancos como Hernández o Madariaga, donde se vendieron al Fobaproa créditos concedidos sin garantías, soportes ni análisis, dejando al Fobaproa, hoy 1PAB, como responsable de la administración de los bienes incautados, hasta que pudieran rematarlos al mejor postor, siempre y cuando la cantidad pagada no excediera del diez por ciento del monto acreditado. Así tenemos asuntos lecheros, aéreos, de transporte de pasajeros y muchas otras actividades’ más, donde inclusive se encuentran trabajando los hijos del señor Fox, como es el caso de Estrella Blanca con Vicente júnior.
El asunto es que mentían quienes compraban diciendo que tenían el dinero para comprar, cuando lo que tenían era la maña de manipulación de los dineros de los demás, y mentían quienes vendían al decirles que lo vendido costaba mucho más de lo que valía. Al enfrentarse a la realidad operativa, para salir adelante los compradores decidían que lo necesario era cobrar cada día más a la sufrida sociedad, cuyo único delito había sido no tener las relaciones ni los compadrazgos para hacerse de los mismos bienes en las mismas condiciones.
Además de los bancos, el caso más descarado fue el de las carreteras donde precios y condiciones de venta fueron pactados sobre la base de una circulación de vehículos, llamada aforo, muy superior a la que realmente tenía y donde, por el capricho de las autoridades, se añadían kilómetros y puentes no considerados en el programa original. La forma de escamotear el dinero fue muy sencilla; una compañía construía y le pagaban lo que quisiera y otra, de los mismos propietarios desde luego, sería la responsable de administrar la operación. Adivinó usted, las carreteras no eran rentables y el gobierno debía rescatarlas, sin tomar en cuenta que los mismos operadores eran los dueños de las constructoras y que el negocio había sido hecho beneficiando a públicos y privados.
Entonces, la modernidad se ha caracterizado por la invención de empresarios, los aumentos de precios indiscriminados, el abuso de privatizados y privatizadores de la capacidad económica de la sociedad, y el despiadado pillaje de unos cuantos, generalmente de aquellos que suelen calificar de corruptos a los demás para que la atención no caiga en ellos.
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