LEOPARDO


LEOPARDO (Panthera Pardus) 
CLASE: Mamíferos 
ORDEN: Carnívoros 
FAMILIA: Félidos 

Longitud cabeza y tronco: 150 cm. 
Longitud cola: 90 cm. 
Altura en la cruz: 70 cm. 
Alimentación: desde peces y ranas hasta grandes antílopes; especialistas en primates. 
Gestación: 93 - 103 días. 
Camada: 2 - 3 cachorros; hasta 6. 
Longevidad: hasta 26 años. 
 

EL LEOPARDO
    Miembros relativamente cortos y musculosos, el cuerpo alargado, la cabeza redondeada por la presencia de la fuerte musculatura masticadora, la mirada frontal que escruta directa y profundamente el rostro del observador, la larga cola, la piel suavísima, de pelo uniforme y siempre limpio, con las partes inferiores pobladas de un pelambre más suave, tienen una misión importantísima en la actividad predadora del gran gato. Capaz de perforar las tinieblas con sus dilatables pupilas, el leopardo ve muy bien durante el día. Sus ojos, situados en el plano anterior, le permiten juzgar perfectamente la distancia y el relieve, detalle muy útil para su vida arborícola.
 
     Los fuertes músculos de sus extremidades actúan sobre sus uñas retráctiles, falciformes y durísimas, pudiendo trepar fácilmente por los árboles de tronco más vertical. La larga cola le equilibra perfectamente en los grandes saltos que puede dar durante la caza o la persecución de una presa. El pelaje cromático se camufla a las mil maravillas tanto entre el pasto y los arbusto como, sobre todo, en el claroscuro del follaje de los árboles donde acostumbra a pasar el día. El pelambre de las partes inferiores del cuerpo y de las partes internas de los miembros silencia de tal manera sus movimientos que, prácticamente, puede sorprender a una pieza que no lo haya olfateado sin que ésta se dé cuenta de su presencia hasta haber recibido el mordisco fatal en la garganta. Los tremendo maxilares, armados de colmillos proporcionalmente enormes, y los músculos maseteros y temporales permiten al leopardo hacer presa con tal fuerza que puede dar muerte en pocos minutos a animales que triplican su peso. 

EL ÁREA DEL LEOPARDO
    El más bello predador es también el que ocupa el área de distribución más extensa de todos los grandes gatos. Puede encontrársele, además de en casi toda África desde el mar Mediterráneo a África del Sur, y desde el Índico al Atlántico, en Arabia, Siria, Mesopotamia, Turquía, parte de Rusia, India, Malasia, China y Manchuria. El leopardo habita toda clase de medios, desde el nivel del mar a las cimas de las montañas, y desde la selva lluviosa tropical a las áridas estepas que rodean el desierto, las regiones pantanosas y las dilatas sabanas.
 
       Puede afirmarse que dondequiera que haya abrigo para ocultarse y animales para alimentarse habitan los leopardos, lo que equivale a decir que, prácticamente, se encuentran en cualquier lugar, pues el leopardo es una maestro en el arte de ocultarse y sus hábitos alimenticios son extraordinariamente eclécticos (o sea que le gusta de todo). 

 

PANTERAS NEGRAS Y LEOPARDOS MOTEADOS

    Como cabe esperar de una animal tan ampliamente distribuido, los leopardos presentan una gran variación de tamaño y color en las distintas partes de su área. Basándose en estas diferencias, los zoólogos distinguen varias subespecies, como la de Arabia, la de Corea, la de Transcaucasia y algunas otras.
   En el continente africanos, se pueden distinguir, tanto por su color como por su tamaño, leopardos de selva, de sabana y de desierto. Los primeros, con casi 100 kilos, son los mayores y el tono de su piel es castaño; los de desierto, con unos sesenta kilos, son los menores y de color más pálido, mientras que los de sabana presentan una complexión intermedia entre ambos extremos.
 
      Sin embargo la modificación más importante en el color del leopardo es la que presentan algunos individuos, más frecuentes en Asia que en África y más en la selva que en la sabana, que son completamente negros aún cuando bajo la capa oscura puede entreverse siempre las manchas características de la especie; se les suele conocer con el nombre de Panteras negras.

     Se trata de verdaderos leopardos con la única particularidad de que el gen que controla el color de fondo es ligeramente distinto del de los individuos normales y se transmite a los descendientes de acuerdo con las leyes que rigen la herencia biológica. En los cruces entre leopardos moteados puros y leopardos negros puros, toda la descendencia es moteada, lo que indica que este diseño es el dominante, y para que todas las camadas de una misma pareja sean negras, ambos padres tienen que ser negros.
    Por otra parte, según observaciones en animales cautivos, los individuos negros tienen menos descendencia que los normales, por lo que éstos últimos acabarán desplazando a los primeros en las zonas comunes a ambos. Si no ocurre tal cosa es probablemente porque en la selva el color negro constituye en mejor camuflaje y facilita la caza, de forma que esta ventaja contrarresta su menor fertilidad.
 
      Otra subespecie es el leopardo de las nieves (Pantera Uncia), de apariencia semejante el leopardo aunque algo menor y de hocico más corto. 

      Muy bien adaptado a la vida en las frías cumbres, el leopardo de las nieves se cubre con un espesísimo pelaje manchado de tintes pálidos, que ha provocado una intensísima persecución, colocándolo al borde de la extinción. 

     El sistema habitual de caza consiste en una cautelosa aproximación culminada en un centelleante y corto ataque para abatir a la presa. Los cachorros, en número de dos a cuatro, nacen en primavera permaneciendo la lado de su madre durante el siguiente invierno, cazando en grupo, hasta un nuevo parto.
    Suelen habitar, por lo general, en alguna gruta o grieta rocosa, que puede ser usada permanentemente si el animal no es molestado.
 

LA FAMILIA DEL LEOPARDO
    Los leopardos son animales de costumbres solitarias y los pequeños grupos que se encuentran a veces están formados por una hembra y sus crías más o menos crecidas. Sólo durante la reproducción y la primera parte de la crianza los adultos se asocian por parejas.
    Nacen de uno a seis cachorros rabicortos y ciegos, aunque varios suelen morir en los primeros días de vida y sólo sobreviven de uno a tres. Por regla general, la madre devora a los que mueren, salvo en climas muy secos donde los pequeños cadáveres se deshidratan rápidamente, no se pudren y no despiden, por tanto, ningún olor.
    El tiempo que permanece el macho en compañía de la familia, cazando para alimentarla, es variable, y suele ser la hembra la que pone fin a la unión, a veces antes de que los cachorros abran los ojos.    Las crías maman durante tres meses, aunque puede hacerlo ocasionalmente cuando son mucho mayores.
 

    Ya desde antes del destete, a partir del segundo mes, intentan dar caza a pequeños animales tales como ranas y saltamontes, a los que una veces devoran y otras no, y desde esta edad comienzan a comer carne mezclada con pelos y plumas que la madre regurgita para ellos. 
      A partir de los cinco meses, el joven leopardo ya es capaz de capturar algunas presas que aprende a coger imitando los movimientos de su madre, y antes del año ya colabora en la caza, lanzándose sobre algunos animales del rebaño recechado. 

    Entre el año y el año y medio de edad de los cachorros la familia suele disgregarse, a veces ante la presencia de un nuevo compañero de la madre que, si bien puede mostrarse tolerante con un cachorro hembra, no consiente su presencia si es un macho, aunque éste no alcance la madurez sexual hasta los tres años de edad. Sin embargo, existen datos de familias que han permanecido unidas y en concordia durante más tiempo, pese al nacimiento de una nueva camada.

    El primer juguete del cachorro es la larga cola de su madre - moteada sobre fondo amarillo en su parte anterior y sobre fondo blanco en el último tercio -, a la que persigue de un lado a otro, tropezando y cayéndose en sus intentos por cogerla entre sus garras y morderla. En esta época, la suya es muy corta en relación el cuerpo, aunque al término de su desarrollo alcanza una longitud proporcionalmente mayor que la de un león o un tigre.
    La cola es también un buen indicador del estado de ánimo del leopardo. Con suaves movimientos laterales revela la tensión que le domina en algunos momentos. Un par de latigazos o movimientos verticales de la punta son la señal de que se prepara para realizar una carga.

LA CAZA DEL LEOPARDO
    El leopardo es un consumado y hábil cazador, capaz de abatir un gorila o un ñu, pero también, llegado el momento, capaz de sobrevivir con una dieta a base de ranas, lagartos y ratones.
    La lista de presas del leopardo incluye toda clase de animales, desde un cangrejo de río hasta cualquier especie de antílope que no sobrepase los doscientos kilos de peso. Para las menores basta con un zarpazo, pero en los demás casos, el animal es muerto por estrangulación, aunque algunos, como los jabalís, requieren una técnica especial.

    La táctica cazadora se ajusta a dos modalidades, el acecho y el rececho. En la primera, permanece apostado, a veces en lo alto de un árbol, tendido en una rama, con la cola colgando, en espera de que una presa se acerque lo suficiente como para ser derribada de una salto. Por el contrario, cuando caza el rececho, no permanece inmóvil, sino que cuando avista a la presa inicia una cuidadosa maniobra de aproximación, con frecuentes pausas para mirar y escuchar.
    En la última fase del rececho, el leopardo se arrastra con el vientre pegado al suelo y los ojos clavados en la desprevenida presa, apoya con firmeza las patas posteriores en el suelo y se lanza; en una fracción de segundo se produce el impacto de los setenta kilos del leopardo lanzado a más de sesenta kilómetros por hora contra la presa, que rueda por tierra. En este momento, el leopardo aprovecha para ponerse fuera del alcance de las pezuñas mientras mantiene las mandíbulas apretadas sobre su garganta hasta que le mata por asfixia.
 

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