Que
el Islam bajo ningún concepto sea un tipo de pacifismo, no quiere
decir que en su ejercicio de violencia “todo valga”. En lo que se
refiere a las condiciones y límites de la violencia, tenemos una
guía clara en el Corán, en la sunna del Profeta y en las
costumbres de los compañeros del Profeta, que la paz sea con todos
ellos.
Lo primero que habría que
aclarar es lo que está prohibido en acción de guerra:
·
Está prohibido
matar no combatientes (Mabsit de Sarajisy, X, 64).
·
Está prohibido
matar niños y mujeres (Muwatta, libro 21, hadices 8,9,11)
[1]
·
Está prohibido
matar a los criados y los esclavos que acompañen a sus amos y no
tengan parte en la lucha (Mabsut de Sarajisy, X, 64)
·
Está prohibido
matar a impedidos de cualquier clase que les haga no poder
participar en la lucha: ancianos, ciegos, desvalidos, locos, etc.
(Mabsut de Sarajisy, y Sharhj al-Siyar al-Kabir, IV, 78)
·
Está prohibido
matar monjes, ermitaños u hombres de religión de cualquier clase
(Muwatta, libro 21, hadiz 10; palabras del Profeta y costumbre
de Abu Bakr) [2].
·
Está prohibido
matar a los comerciantes, mercaderes, contratistas y similares, que
no tomen parte en la lucha (Jaray de Yahya, p. 34, Jaray de Abu
Yusuf, p. 122).
·
Está prohibido
matar a los campesinos que no tomen parte en la lucha (Costumbre de
Abu Bakr en Tabari, 2026 y 2031; y ‘Omar en Ibn Rush Bidayah
al-Masjtihad I, 131)
·
Está prohibido
torturar a los enemigos y mutilar sus cuerpos (al-Bidaya de
Averroes).
·
Está prohibido
matar si no es con arma hombre-hombre, como la espada o la flecha;
por ejemplo, se prohíbe el uso del fuego (Costumbre de ‘Omar basada
en un hadiz del Profeta) [3] y las máquinas de guerras que
causaren matanzas indiscriminadas —como las catapultas— sólo se
permiten siempre si se sabe que en la fortaleza no hay mujeres no
combatientes, ancianos o niños (Corán 48:25) [4]
·
Pero, incluso,
están prohibidas acciones tales como talar árboles frutales,
sacrificar ovejas o ganado si no es para alimentarse ese mismo día,
quemar o dispersar abejas... (Costumbre de Abu Bakr, Riad Salihin,
libro 21: 10) [5]
·
Asimismo, está
prohibido destruir edificios, ni siquiera deshabitados (costumbre de
Abu Bakr).
Antes de entablar combate, el
Profeta daba últimas oportunidades a sus enemigos: “Cuando os
enfrentéis a los hostiles mushrikun [los enemigos del
Profeta], emplazadles a tres cosas. Aceptad lo que
consientan y evitad (atacar)les:
1.
Emplazadles a
convertirse al Islam. Si consienten en ello, aceptadlo y evitad
(atacar)les.
2.
Emplazadles a
que se pongan en marcha hacia la morada de los emigrantes
(i.e. la
ciudad de Medina) y comunicadles que, si lo hacen así, tendrán
los mismos derechos y deberes que los que allí van.
3.
Si no quieren
hacerlo y prefieren quedarse en su propio territorio, hacedles saber
que serán como los beduinos conversos, que están sometidos a la
autoridad de Allâh como los
demás creyentes, pero no tienen derecho a parte del botín, a menos
que se unan a los musulmanes en la guerra.
4.
Si se niegan a
ello, emplazadles al pago de un tributo de sumisión y protección
(la yizia)
[6]. Si consienten, aceptadlo y
evitad (atacar)les. Pero si lo rechazan, entonces invocad la ayuda
de Allâh y atacadles.
El
musulmán no lucha siempre que se le deja el menor escape. En un
hadiz del Profeta se aconseja expresamente no desear la
lucha:
“¡Oh, gentes, no deseéis el
enfrentamiento con el enemigo, pedid a Allâh que os ponga a salvo.
Pero cuando os enfrentéis a él, hacedlo con paciencia y sabed que el
Jardín está a la sombra de las espadas!” (Riad Salihin, 1331)
En
el modus operandi en guerra del Profeta había toda una
sabiduría de evitar la confrontación, que quedó plasmada en nuestro
Libro (que es también, como otras muchas cosas, un libro del ‘Arte
de la guerra’) [7]:
Preparad cuanta fuerza y
caballería seáis capaz de juntar para intimidar a los enemigos de
Allâh y a vuestros enemigos”
(8:60)
Para intimidar, no para atacar.
Porque la mejor forma de no entrar en combate es ser respetado. El
Profeta esperaba mucho antes de entrar en batalla. Se levantaba
temprano y se iba a donde tendría lugar, ponía a cada uno en su
sitio (3:121), y esperaba. A veces llegó a esperar días enteros, sin
querer dar la orden de ataque. En una ocasión, esto logró
desmantelar una batalla, haciendo retirarse al ejército enemigo.
Pero normalmente esperaba todo el día y al atardecer, cuando
descendía sobre ellos un aire leve al que el Profeta llamaba ‘la
sakiná’, daba la orden de atacar. En cuanto el ejército
enemigo pedía la paz, el Profeta la aceptaba [8]. Nunca rompió un pacto y, si
temía que el otro que lo había firmado, fuera a romperlo, denunciaba
que no se fiaba de ese pacto y que quedaba roto (8:58) antes de
atacar al enemigo (Hay una fuerte condena coránica de hacer pactos
falsos) [9]. En otra ocasión, no
guerreó haciendo abrir un foso que rodeara la ciudad en que había
sido sitiado para evitar el asalto de las tropas enemigas, mientras
infiltró en el campo enemigo algunos que divulgaban falsos
rumores.
Otra
aclaración fundamental a la hora de entender el yihâd es la
relativa a las circunstancias en las que debe practicarse, y para
ello, nada mejor que la guía del Corán [10]:
Combatid
en la senda de Allâh a quienes os combaten, pero no provoquéis su
hostilidad; en verdad Allâh no ama a quienes provocan la hostilidad.
Matadles
donde quiera que los encontréis y expulsadles de donde os hayan
expulsado; la persecución (de los justos) es peor que la matanza (de
los opresores). Sin embargo, no los combatáis en el recinto de la
Mezquita Sagrada hasta que ellos no os combatan allí; pero si os
combaten, matadles. Ésa será la recompensa de los destructores. Sin
embargo, si cambian de idea, Allâh perdona, es compasivo.
Combatidles hasta que no haya
más persecución (para vosotros por vuestra religión) y el
dîn sea el
de Allâh;
entonces, si se arrepienten, que no haya enemistad más que contra
los que sigan haciendo el mal. El mes sagrado por el mes sagrado,
que las cosas sagradas sean sometidas la ley del talión; así que
cualquiera que os ataque, atacadle también de la misma forma
(2:190-4).
En
todo el Corán no se encuentra un solo versículo en el que se hable
de hacer el Yihâd para convertir a los infieles; más al contrario,
es conocido de todos los musulmanes la aya “Lâ ikraha
fid-dîn” [‘no haya compulsión en materia de religión’] 2:256,
así como la famosa aya:
“Si tu Señor lo hubiera
querido, habrían creído todos los que están en la tierra. ¿Puedes tú
forzar a los hombres para que sean creyentes?” (10:99)
Y,
mucho menos, el motivo del yihâd es jamás el lucro personal o
la ambición. Tiene que ser el mismísimo Hasan al-Banna (fundador del
grupo de los Hermanos Musulmanes, que no se distinguen por su
delicadeza de interpretación del Islam) el que nos recuerde que la
palabra árabe “guerra” [qitâl] jamás es usada en los tratados
de jurisprudencia islámica. Porque la guerra fuera del estrecho
marco del yihâd —la autodefensa de la opresión— está
prohibida. En un dicho de ‘Omar queda claro el rechazo a la lucha
por el botín, de paso que nos recuerda las cualidades del guerrero
musulmán (del que ya dijera Sánchez Dragó que dio origen al
caballero andante español):
“La nobleza del
mu’min es
su presencia de Allâh (taqua). Su Senda es su
doble estirpe. Su hombría es su buen carácter. La audacia y la
cobardía son sólo instintos que Allâh pone donde Él quiere. El
cobarde rehuye defender aún a su padre y a su madre, y el valiente
lucha por el combate mismo, no por el botín. Ser matado es sólo una
de las formas de encontrar la muerte, y el mártir es aquel que se
entrega a sí mismo esperando la recompensa de Allâh” (Muwatta, libro 21 hadiz
35)
El
motivo del Yihâd es siempre por la agresión recibida con
anterioridad, como muestran los versículos mencionados “combatid a
quienes os combaten”. Veamos en otros versículos algo
idéntico:
Combatid continuamente a los
mushrikûn
[politeístas], al igual que ellos os combaten continuamente
(9:36)
Si entonces se retiran y no os
combaten, sino que os ofrecen la paz, Allâh no os
ha dado autorización contra ellos. Si no se retiran ni os ofrecen la
paz ni contienen sus manos, tomadlos y matadles allí donde quiera
que los encontréis (4:90-1)
Si violan sus juramentos tras
haber pactado (con vosotros la paz) y os atacan por vuestra
religión, combatid a los jefes de los destructores; ellos no
respetan sus juramentos; tal vez cesen (en su hostigamiento). ¿No
combatiréis a un pueblo que ha roto sus juramentos y ha procurado
expulsar al Mensajero, y que tomó la iniciativa contra vosotros?
Está
claro que el musulmán no disfruta con el yihâd. Esto ya
aparece en el Corán:
“Se os prescribe el combate,
aunque os repugne”
La
legitimidad del Yihâd no le viene de que lo realicen los que
tienen la verdad para imponerse sobre los que consideran que están
equivocados, sino de ser una guerra de auto-defensa por la
hostilidad sufrida. Una vez y otra en el Corán se hace referencia a
los momentos históricos que sufrió Muhammad y su pequeña comunidad
antes de que bajaran ‘los versículos de la guerra’. Resumamos estas
circunstancias históricas, para comprender aún mejor, una figura
como la de Muhammad, en las etapas principales de su
vida:
1.
La misión secreta,
en la que sólo un pequeño grupo de gente aceptaba lo que trasmitía
Muhammad, básicamente familiares y amigos.
2.
La misión pública
dirigida a su tribu y después a toda la humanidad.
3.
El período de
negociaciones durante el que los mequíes intentaron que el Profeta
desistiese de propagar su Mensaje a cambio de poder y
riquezas.
4.
El período de
violencia y opresión. La historia ha recogido casos espeluznantes de
tortura.
5.
La emigración a
Etiopía para salvar la vida Muhammad y sus seguidores.
6.
La etapa de
artimañas, intrigas y conspiraciones contra el Profeta, en la que se
forzó al clan al que pertenecía tribalmente Muhammad (los Banu ‘abd
Manaf) a entregar al Profeta y a sus compañeros, o, en su defecto, a
inhibirse de su defensa en caso de atacarles los mushrikûn.
7.
El período de
búsqueda de refugio en al-Ta-if (a 45 millas de Meca), cuyo pueblo
no les prestaron hospitalidad y les humillaron, obligándoles a
volver sobre sus pasos.
8.
Intento frustrado
de asesinato de Muhammad.
9.
La etapa de la
emigración a Medina (la Hiÿra), donde cierto sector de la
sociedad de Medina recibió al Profeta como un hombre sabio y noble
perseguido por la fidelidad a su conciencia.
10.
La enemistad entre
los musulmanes en Medina y los judíos que allí habitaban, ante el
desconcierto de Muhammad que no esperaba que ellos (como “gente del
Libro” que eran y porque los había ayudado ya con antelación en la
guerra que tuvieron los judíos con los mushrikûn) conspiraron
contra él y sus mensajeros. Muhammad pactó con los judíos para poder
centrarse en las amenazas de sus antiguos enemigos, que estaban
causando un gran sufrimiento a los musulmanes que no habían podido
emigrar a Medina y seguían en Meca.
11.
El período de la
provocación. Muhammad comprendió que, o conseguía que los medinenses
entendiesen el Islam, o los mequíes acabarían por infiltrarse en
Medina y atacarles por sorpresa, sobre todo, porque el pacto con los
judíos no le ofrecía confianza. Una alianza mequíes-judíos de Medina
supondría una nueva expulsión, y quién sabe si más aún. Por todas
estas razones, el Mensajero y sus compañeros se prepararon para
resistir a los que se oponían a la existencia del Islam.
Muhammad se enzarzó en múltiples escaramuzas con ellos y les
demostró su fuerza y su decisión en proteger la existencia del Islam
y “a los oprimidos, hombres, mujeres y niños que gritan: ¡Oh
Señor nuestro, sácanos de esta ciudad de injustos! (...) ¡Danos un
defensor designado por ti!” (4:75).
12.
Los judíos (al
menos tres tribus judías de Medina) rompen su pacto con Muhammad y
presentan batallas, que, finalmente, consolidan a Muhammad en
Medina.
13.
Por último, la
entrada triunfal de Meca por el Profeta y sus seguidores, sin
represalias para los vencidos.
Deducimos que Muhammad sólo
combatió a los que le combatieron, y que su lucha no tuvo más
objetivo que rechazar la opresión y defenderse de la agresión, y
poner fin a la persecución de la que era objeto por motivos de
conciencia. Y esto es exactamente lo que prescriben los versículos
de la guerra que antes hemos visto. Verdaderamente habría sido justo
que se les hubiera permitido a los musulmanes desde el principio
defenderse de la agresión; pero lo único que se les decía se parecía
mucho al mensaje de ‘Isa de poner la otra mejilla:
“No seáis como la gente que no
razona y afirméis que si los demás os tratan bien vosotros haréis lo
mismo y si os causan daño vosotros también lo haréis. Acostumbraos
más bien a hacer el bien si os tratan bien y a no hacer el mal si os
tratan mal” (Tirmidzi, 5129).
“Responde a una mala acción con
una buena y aquel que era tu enemigo será tu amigo” (Corán)
Cada
vez que los primeros musulmanes sentían la necesidad de resistir a
la opresión y vengarse de sus opresores, el Profeta los retenía:
“No se me ha ordenado combatir”, solía decir. Hasta que
recibieron el permiso de Allâh. El texto no tiene desperdicio para
los que creen que el Islam es una religión fanática que no permite
la libertad de culto:
“Se ha concedido el permiso a
quienes combaten porque han sufrido injustamente; Allâh es capaz de
ayudar a quienes han sido expulsados de sus casas sin justificación,
sólo por decir “Allâh es nuestro Señor”. Si Allâh no os enfrentase a
los unos contra los otros, se habrían destruido muchas ermitas,
sinagogas, oratorios y mezquitas en los que se menciona el nombre de
Dios” (22:39-40)
Es decir, el
permiso que desciende a los creyentes no es para satisfacer la
venganza, ni siquiera para lograr la auto-defensa sino para defender
la vida de todos los creyentes, para defender la libertad de
conciencia y de culto. En este sentido, es imprescindible que
hagamos una reflexión filológica, que llega hasta nuestra Andalucía
de hoy. Cuando el Corán ordena guerrear contra el kafir no
está diciendo que se combata al que no cree en el Islam, al infiel o
al librepensante. ¿Qué palabra deriva en castellano de
‘kafir’? “Cafre”. Un cafre no es un ateo; es un salvaje. También en
Malta, que fue asimismo tierra islámica, tenemos un vestigio de esta
palabra; kiefer aún hoy día en maltés significa “cruel”. Un
cafre, alguien cruel... No nos confundamos de tiempo y pensemos que
el Islam fue lo que algunos ahora querrían que fuese. Si el Islam no
hubiera sido sensible al Conocimiento que poseían los no-musulmanes
jamás habrían existido Córdoba, Damasco, Bagdad o
Estambul.