“Las máquinas inteligentes tendrán emociones” Alicantina de 34 años, Nuria Oliver estudió ingeniería de telecomunicaciones en Madrid y se doctoró en Massachusetts, donde el MIT la ha incluido en la lista de los 100 jóvenes punteros de la investigación cibernética mundial. Actualmente trabaja en el Microsoft Research, en Redmond (EE UU), donde investiga nuevas aplicaciones para máquinas inteligentes y sensibles. Nuria Oliver, que vive en Redmond con su marido y un hijo de dos años, asegura que ser española y joven no le ha impedido llegar alto en un entorno tan competitivo como el de la ciencia en Estados Unidos. La prueba es que en 2004 el MIT la incluyó en la lista de los 100 jóvenes que están en la vanguardia mundial de la investigación sobre ordenadores, nanotecnología y biotecnología. Su campo de trabajo predilecto son las máquinas inteligentes que algún día darán el salto hacia las emociones. Hay dos vías principales hacia la inteligencia artificial: la imitación del cerebro con redes neuronales y la creación de sistemas de aprendizaje. ¿Cuál es mejor? Las redes neuronales parten de la idea de que si comprendemos los mecanismos del cerebro humano podremos reproducirlos en una máquina, pero el cerebro es muy complejo y copiarlo resulta muy complicado. Para mí, la segunda vía es mejor porque da más resultados prácticos. En el tema de reconocimiento del habla, por ejemplo, podemos recolectar muchos datos y buscar algoritmos que resuelvan el problema sin necesidad de reproducir los mecanismos humanos. Estas técnicas de aprendizaje que no reproducen modelos biológicos se llaman Statistical Machines Learning. “Investigo en el diseño de teléfonos móviles que entiendan dónde está su dueño y detecten su estado de ánimo” ¿Son caminos separados o que convergen? Yo creo que es bueno que contrasten. Lo normal es que si un sistema de aprendizaje funciona, vayas luego al modelo biológico y lo compares. Hay muchas cosas que no sabemos, por ejemplo, si el cerebro utiliza también, internamente, sistemas de este tipo que le facilitan el trabajo. Muchos sistemas de inteligencia artificial funcionan, pero de forma aislada: reconocimiento de voz, de escritura manual, sistemas de visión… ¿Tan difícil es integrarlos? Sí. La inteligencia artificial empezó prometiendo demasiado y ése es un problema que sigue arrastrando. Actualmente puedes hablar con sistemas informáticos y son muy eficaces sobre lo que saben, por ejemplo, reservar billetes de avión, pero no puedes hablar con ellos de nada más. Funcionan sobre dominios muy específicos. Estamos muy lejos de poder superar el Test de Turing –una máquina que en una conversación normal consiga pasar por humana y de una inteligencia artificial con algo parecido a lo que llamamos sentido común. ¿Las máquinas deberán tener sensibilidad para ser inteligentes? Deberán tener capacidad para percibir y transmitir emociones, que son un componente muy importante de nuestra inteligencia. Para empezar tendrán que entender, mediante sensores de sonido e imagen, lo que nos pasa, comprender si estamos tristes, alegres o confusos y comunicarse con nosotros basándose en esa información. O sea que las máquinas se adaptarán a nosotros, en lugar de nosotros a ellas… Así es. Las máquinas siempre se comportan de la misma manera, son totalmente predecibles. No entienden lo que queremos y nos resultan hostiles porque insisten en una respuesta que no resuelve el problema que nos ocupa. Mediante la inteligencia perceptual, serán las máquinas las que entiendan lo que les pedimos que hagan. ¿Las películas sobre inteligencia artificial, como IA o Yo, Robot, están muy lejos de ser realidad? Las películas son películas, pero visualizan algunas aspiraciones. En el caso de los robots humanoides, de los que ya hay algunos modelos interesantes en Japón, lo mejor es que tienen cuerpo, de modo que pueden interactuar con el entorno como lo hace un humano y aprender a moverse, a no tropezar... En el fondo es una manera de que el modelo artificial y el biológico trabajen juntos. Habla de aprender, pero cualquier sistema de inteligencia artificial debe parecer infalible... Uno de los problemas de estos sistemas es que han de ser robustos y funcionar con todos los usuarios y en todas las situaciones. Si una máquina intenta ser inteligente y se equivoca, crea una gran confusión. Mientras trabajas con una máquina tonta no esperas grandes cosas, pero un error en una máquina inteligente hace desconfiar.