Calificacion:** El problema de la inteligencia artificial para simular el comportamiento humano es que, a lo máximo que llegamos es a distinguir la memoria de acceso inmediato, la memoria de trabajo. Y eso es todavía demasiado tosco comparándolo con la información que tenemos en estos momentos El cerebro humano tiene una velocidad de computación de 1018, de todo eso, lo que tenemos en estado consciente es el resultado de una franja minúscula. Cuando mueves el brazo así, los cálculos que estás haciendo son enormes. Cuando surgió la inteligencia artificial, hubo mucha euforia, porque dos tipos presentan un programa de ordenador que era capaz, por sí solo, de demostrar teoremas matemáticos. Resolvíó algunos de los teoremas de Russell, y uno, concretamente, lo demostraba de una manera distinta a Russell. Y cuando la vio. Russell dijo: “Hombre, si es más bonita ésta. Ya lo podían haber inventado antes”. Entonces se pensó que era fantástico, que en unos años los ordenadores dominarían por completo la capacidad cerebral humana. Y se fueron a estrellar en las cosas que hacemos sin darnos cuenta de su simplicidad. Como por ejemplo, reconocer algo. No podíamos suponer que una cosa tan sencilla tuviera una carga de computación tan colosal. Yo he trabajado para ver si conseguíamos hacer una programa para que un ordenador entendiera un chiste. Dos homosexuales están charlando. De pronto, pasa una chica impresionante y uno le dice a otro: “A veces, me gustaría ser lesbiana”. La cantidad de información que hay que meterle para que comprenda eso es tremenda: hay chicos y chicas, hay relaciones sexuales, hay atracción sexual del mismo género y de distinto género… ponías el espasa entero para entender un chiste. Los niños empiezan a comprender los chistes a los dos años.