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La arquitectura egipcia antigua presenta una serie de monumentos que ofrecen una intergración caractrística del edificio en el paisaje. Uno de los ejemplos más claros es el conjunto funerario de Deir el-Bahari. Los templos de Mentuhotep II, Hatshepsut y Tutmosis III aprovecharon la pared rocosa de la montaña tebana como fondo de sus edificaciones. La importancia de este conjunto radica principalmente en los cambios que se produjeron en su edificación. Los arquitectos que planearon estas construcciones tuvieron muy presente su integración con el paisaje, asi como la unión de una serie de elementos comunes a los diversos edificios funerarios. Así por ejemplo los templos de Hatshepsut y Mentuhotep II (Dinastía IX) tienen en común las terrazas conectadas con rampas, las columnatas formadas con pilares cuadrados y la excavación en la roca de alguna capilla.
El Primer Constructor
El faraón de la dinastía XI Mentuhotep II (2061-2010 a.c.), el fundador del Imperio Medio, trasladó la capital a Tebas, y en la orilla occidental de la ciudad, mandó construir un templo funerario. Escogió para su emplazamiento el pie de un acantilado dedicado a la diosa Hathor y logró integrar el edificio en la naturaleza. Esta integración fue tal, que la capilla de culto y la capilla donde se encontraba el sarcófago estaban excavadas en la roca del acantilado.
El complejo funerario de Mentuhotep II supuso un gran cambio respecto a las construcciones funerarias de los faraones precedentes de la dinastía XI. Estos soberanos se hacían enterrar en tumbas con un gran patio y una fachada al fondo, que aprovechaba la vertiente de una montaña, y con una capilla subterránea. Mentuhotep II reunió aspectos de estas tumbas y de la pirámide. Desde el templo del valle se accedía mediante una rampa hasta las dos terrazas (superpuestas gracias a unas pilastras) donde estaba el templo funerario. Probablemente en la parte superior se levantaba una pirámide o un montículo y en la parte trasera había un patio y una sala hipóstila, donde se encontraba la cámara funeraria, asi como el lugar de culto. Tras esta zona, se abría una capilla excavada en la roca, santuario quizá del dios Amón-Re.
La Reina-Faraón Emulando a su predecesor, la reina-faraón Hatshepsut (1490-1468), de la dinastía XVIII del Imperio Nuevo, mandó edificar un templo fuerario junto al que había construido Mentuhotep II. Hoy es fácil imaginar como debió de ser el templo, gracias a la labor de reconstrucción de un equipo polaco de arqueólogos.
El templo funerario de Hatshepsut se edificó en Deir el-Bahari, cerca del conjunto funerario de Mentuhotep II. Senmau, el intendente de Amón, arquitecto de Hatshepsut y tutor de la hija de la reina, se inspiró en el templo cercano, pero lo dotó de una terraza más y de todos los elementos de los antiguos templos funerarios. Desde el templo del valle, cerca del Nilo, una avenida de esfinges con el rostro de la reina-faraón conectaba con el templo funerario. De un jardín con palmeras, sicomoros y estanques, partía la rampa de acceso a la primera terraza. Otra rampa llevaba a la segunda terraza donde había dos capillas laterales. Una de ellas estaba dedicada a Hathor y la otra a Anubis, divinidad funeraria. En las paredes se representaron relieves de una expedición al país de Punt, el transporte de dos obeliscos desde Asuán hasta Karnak y el nacimiento divino de Hatshepsut, que legitimiaba su ascenso al trono. La Capilla de la Diosa Hathor
La llegada a los templos se realiza través de un camino. Es un ritual religioso que va desde el río Nilo, pasando por los campos de cultivo, la ciudad, hasta llegar al complejo funerario. Es extenso, y este camino lo es mucho mas en el del templo de Hatshepsut, que quizás por ser mujer tuvo que reivindicar así su poder.
Una continuidad del camino que nos conduce al interior de la montaña.
El camino es un camino ritual y también histórico, porque con el paso del tiempo los sucesivos faraones van añadiendo elementos.El culto a la diosa Hathor está documentado ya en su época prehistórica. Hathor, llamada "la diosa de la montaña occidental", tenía desde el Imperio Medio esta zona del acantilado como lugar de culto. Es por esto por lo que algunos faraones decidieron construir aquí sus templos y edificar una pequeña capilla dedicada a la diosa, tal y como hicieron Hatshepsut y Tutmosis III. Su culto queda atestiguado no solo en las capillas, sino en la forma de los capiteles de los pilares, que representan a una mujer con orejas de vaca, el animal de Hathor, y un sistro en la cabeza, el instrumento asociado al culto de esta divinidad.
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