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HAYDN Y MOZART

M�s que cualquier otro compositor, Haydn logr� sintetizar durante la d�cada de 1770 los lenguajes anteriores, combinando lo culto y lo popular, lo c�mico y lo serio. Entre los elementos m�s importantes del principio del clasicismo est� la articulaci�n de formas a gran escala y el empleo de la modulaci�n entre la tensi�n y el relajamiento, que cultivaron tanto Haydn como Mozart. Si bien la interacci�n de forma y contenido implica una variedad de proporciones tonales dentro de cada movimiento individual, algunos elementos de la relaci�n entre materia y tonalidad han dado lugar a la aparici�n del t�rmino, a veces confuso, de forma sonata. Se trata en este caso del desarrollo de la estructura binaria del barroco que puede verse, sobre todo, en los primeros movimientos de las obras cl�sicas.

El t�rmino "principio de la sonata" describe de manera m�s adecuada un procedimiento que refleja el lenguaje musical natural de la �poca y que pod�a f�cilmente combinarse con otros elementos como el rond� e incluso la fuga. El desarrollo de los motivos de Haydn a partir de su material, suele contrastar con la vena italianizante de la l�rica de Mozart, incluso aunque las estructuras de sus respectivas formas musicales se parezcan en lo superficial. La universalidad alcanzada por Haydn se vio reforzada en su m�sica por ciertos toques de folclore, uno de los medios con los que pretendi� responder a las expectativas de su p�blico. Sus doce Sinfon�as de Londres (n� 93-104, 1791-1795) ilustran con efectividad el alcance de su estilo orquestal de la madurez.

Mozart tambi�n fue consciente de la necesidad de ser accesible, pero al mismo tiempo en la d�cada de 1780 se sinti� atra�do por la realizaci�n de un fruct�fero estudio de los complejos procedimientos de J. S. Bach. El contrapunto sigui� existiendo a partir de entonces no s�lo en contextos sinf�nicos como la Sinfon�a n� 41 en do mayor, J�piter (1788), sino tambi�n en g�neros menos obvios, como los conciertos para piano. Tambi�n supuso la profundizaci�n de las posibilidades dram�ticas de la m�sica de Mozart para el teatro, sobre todo en el trazado de personajes individuales dentro de conjuntos. Sus finales oper�sticos demuestran una organizaci�n magistral de las estructuras tonales a gran escala. El lenguaje musical de Mozart reconcilia influencias opuestas. La yuxtaposici�n instintiva de elementos italianos y vieneses queda especialmente reflejada en sus grandiosos logros en la �pera seria, la opera buffa y en el Singspiel alem�n. En la m�sica religiosa de este periodo se puede observar un enfoque menos integrador, que coloca las arias de estilo italiano de �pera seria muy cerca de elaboradas fugas corales.

La ret�rica tuvo una influencia significativa sobre la composici�n musical de esa �poca. Las peque�as dificultades que introduc�an los compositores cl�sicos en sus intentos expresivos confieren hoy d�a un significado m�s real a la interpretaci�n. Particularmente ricos en informaci�n sobre las reglas no escritas de la �poca y las muchas analog�as con la oratoria tienen su origen son los tratados de Quantz(1752), Leopold Mozart (1756), C. P. E. Bach (1753, 1762), Daniel Gottlob T�rk (1789) y otros.

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BEETHOVEN

Es discutible hasta qu� punto el estilo cl�sico sobrevivi� durante el siglo XIX. La m�sica de Beethoven est� muy estructurada y, en ese sentido, es cl�sica, pero con un concepto m�s extendido de la estructura arm�nica. Por otra parte, la accesibilidad dej� de ser prioritaria en su m�sica de madurez. El impacto de la Revoluci�n Francesa tuvo una influencia mayor sobre el romanticismo. El declive en la productividad y el aumento de la conciencia de s� mismo aleja a Beethoven de Haydn y de Mozart.

Las sinfon�as de Beethoven: An�lisis y Audiciones

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SCHUBERT

El compositor vien�s Franz Schubert contuvo su impulso l�rico en un amplio juego arm�nico dentro de enormes estructuras, como sus sonatas para piano tard�as y la Sinfon�a n� 9 en do mayor, La grande (1825). Sin embargo, dentro de los Lieder de Schubert, la preeminencia cl�sica de la forma se trastoca en imaginaci�n intuitiva, m�s caracter�stica del romanticismo. Si bien las estructuras cl�sicas mantuvieron una posici�n importante durante el siglo XIX, fueron las formas, m�s que los principios, las que han sobrevivido en la obra de muchos compositores rom�nticos.


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