Anoche te soñaba, vida
mía,
estaba solo y triste en mi
aposento,
escribía... no sé
qué; mas era algo
con ternura, amor y sentimiento.
Porque pensaba en ti. Quizás
buscaba
la palabra más fiel
para decirte
la infinita pasión
con que te amaba.
De pronto, silenciosa,
una figura blanca y vaporosa
a mi lado llegó...
Sentí en mi cuello
posarse dulcemente
un brazo cariñoso,
y por mi frente
resbalar tu cabello.
Sentí sobre mis labios
el puro soplo de un aliento
blando,
alcé mis ojos y encontré
los tuyos
que me estaban, dulcísimos,
mirando.
Pero estaban tan cerca que
sentía
en yo no sé que plácido
desmayo
que en la luz inefable de
su rayo
se fundía tu alma
hasta la mía.
Después, largo, suave
y rumoroso apenas, en mi
frente
un beso melancólico
me diste,
y con dulce sonrisa de tristeza
resbalando tu mano en mi
cabeza
en voz baja, muy baja, me
dijiste:
-"Me escribes y estás
triste
porque me crees ausente,
pobre mi niño;
pero ¿ no sabes ya
que eternamente
aunque lejos esté,
sigo contigo ?"
Y al despertar de tan hermoso
sueño
sentí en mi corazón
plácida calma;
y me dije: es verdad... ¡
eternamente !...
¿ cómo puede
jamás estar ausente
la que vive inmortal para
siempre
dentro de mi alma ?