Cempasúchil

Cuando la familia xochimilca llegó a la estas tierras del sureste del Valle de México contempló el paradisiaco lugar con manantiales brotantes, cielo azul y el perfil de las montañas dibujado por las auroras y los crepúsculos, aquel pueblo se sintió satisfecho por haber encontrado la tierra prometida.

Exploró las colinas de los pueblos actuales de Milpa Alta, Xochimilco y Tlalpan. Pero un cerro prominente llamó su atención por ser el mirador natural desde donde la vista se explaya hacia el norte del hermoso lago.

En uno de tantos accesos al cerro, lo encontraron cubierto con flores pequeñas de corolas de cinco pétalos amarillos, aspiraron su aroma penetrante y lo nombraron Macuilxochiquetzalli, Macuilxochitzin, Acocosa, por su color amarillo intenso

Ofrendaron ramos de estas flores a Xochiquetzalli, pero entre aquellas hallaron otras de pétalos color rojo-guindo y amarillos´por el envés, ramificadas como la acocosa, unp oco más grandes. Por su atrayente color le dieron por nombre Tlauhqueoholoxóchitl, Tlemole, la flor del crepúsculo. Y para asombro de estas gentes, con infinidad de pétalos amarillos y aroma fuerte como el de las Macuilxochitxin, la bautizaron con el nombre de Cempoalxóchitl, la flor de los cuatrocientos pétalos

La belleza de estás flores silvestres cubría como manto crepuscular aquel cerro, su nombre Xochitépetl o Xochitepec, el cerro de las flores surgió de la voz de todos los que habían visto.

Nadie más que Quetzalli engendradora de la vida, la madre de los macehuales podía aspirar tanto aroma y delitarse con tanta belleza. El templo de ella, el Tlillancalco (la casa oscura), se cubría con ese fragante tapete de cempasúchiles y de Tlauhqueoloxochitl y de Acocosas.

Dominado Xochimilco por los mexicas, aquella frangante ofrenda amarilla de Quilaztli compartieron otros dioses, Xiuhtecuhtli, el dios del fuego; Huitzilopochtli, el dios de la guerra; Xochiquetzalli, Xichipilli.

Fr. Diego Durán nos da una relación de fiestas en honor a Quilaztli-Cihuacoatl (la diosa de Xochimilco), en donde la flor de cempasúchil es la más notable, la única.

De esta relación, la Hueytecuilhuitl, la de los grandes señores nos presenta las imágenes de los hombres y mujeres coronados con ensartes de cempasúchiles, además, los xochimecatl colgaban del hombro izquierdo hacia la cadera derecha, y con ramos de la misma flor se entregaban a la danza en los patios ceremoniales decorados también con guirnaldas de las bellas flores amarillas. terminada la danza ofrendaban sus ensartes a los dioses para después arrebatárselos en un aparente juego. La fiesta se hacía en el mes de julio y tuvo por nombre Xochicalaquia, es decir, ofrecimeitno de las primeras flores cultivadas en las chinampas.

En aquel tiempo, el Xochitepec amalgamó su historia con la adoración de la cruz, pero su nombre guardó el secreto de las fiestas idolátricas tributarias del Cempasúchil.

Tanto fue el fervor que los indígenas demostraban en el cultivo del cempasúchil y del Tlemoles, que el Xochitepec fue considerado emblema de la Ciudad de Xochimilco, en su escudo colonial otorgado por el rey de España Felipe II, el 11 de abril de 1559.

En este escudo el Xochitepec tiene siete rosas inglesas en su base y sobre el oleaje de la laguna, rosas rojas y verdes que el diseñador pintó pues desconocía al Cempasúchil, y tal vez porque los frailes traducían xóchitl por rosa, rosa indígena que más tarde llamarían "Clavel de las Indias".

 



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