Fondo


Si, mira aquí, esto es una nenita abrazando a su papá. Su mano está colgando por el costado del padre mientras con la otra señala la sombra que se estira en la pared. ¡Ah! Porque ahí en ese muro, frente a los pies de la camita, la sombra del ventilador que casi siempre está cerca del azul y de las huellitas dibujadas en el muro, suele estirarse y tomar variadas formas. La poca luz que entra en el cuartito de Ana va y se pega enfrente de la cama y, entonces, la sombra se pone a jugar feliz y se estira y se contornea: es su medio, vive ahí, en ese cuadrito de luz.

Ana, la nenita de las trenzas cafés que está siendo abrazada por su papá, suele asustarse con esos movimientos de la sombra y es entonces que grita o llora y su padre viene corriendo para verla.

Pero me dijo Laura que no es la sombra la que se deforma, más bien el ventilador ahí, estando en el suelo, recibiendo de frente la luz que entra en el cuarto, enloquece, se estira tan rápido que la sombra no alcanza la forma del ventilador cuando éste ya tiene otra diferente. Todo se vuelve, dentro del cuadrito de luz en la pared de Anita, movimientos violentos y rápidos que, cuando ella abre los ojitos y mira hacia allá, la asustan.

La pareja baila, ventilador y sombra se unen en un ritmo que nadie puede escuchar, cada uno con sus aspas se toman y se estiran o se desplazan por el cuadrito de luz y, al parecer, no les importa que los vean.

Fernando Rojas

agosto, 2002.


 

 

 

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