A mis hijos

En estas horas de la madrugada en las que vosotros dormís, y yo, consciente de la provisionalidad que somos, trato de empaparme con los invisibles chubascos de emoción y ternura que derraman sobre mi alma la frescura abrasadora de la vida, cuando se camina de cara a la voz que nos convoca a todos como única senda... al amor.

Somos belleza y amor. Somos, y ahí radica el milagro, solitario bosque de felicidad. Despejad horizontes y veréis que al final del camino sólo existe una verdad: el amor vivido.
m ¡Ojalá, al finalizar el camino y mirar hacia atrás, podáis leer muchas historias de amor, protagonizadas por vosotros sin ser por ello los actores principales.
Lo importante es dar con la "letra" capaz de rellenar páginas hermosas de amor.
Cada cosa, una vez; sólo una vez.
En esta casa la memoria de las cosas tiene nombre: amor. Cada cosa fue amor; cada vez fue amor. Y lo seguirá siendo.
El amor lo puede todo, lo entiende todo. El amor comparte todo menos el desamor.
Si en el momento justo de mi muerte pudiera sentarme frente a este ordenador, las últimas palabras que desearía escribir serían éstas: Sólo sé que amé.

Isabel Agüera
Tendríamos que vivir en una constante declaración de amor, que no es otra cosa que ese gesto que dulcifica la mirada, que imprime calidez a las palabras, que derrama belleza en los gestos.
La persona que se siente amada, siempre tendrá éxito en sus empresas porque el amor pone alas en nuestros corazones y nos remonta a esa dimensión donde todo adquiere un nuevo e ilusionante sentido, porque cada cosa que se comparte en amor, se duplica en sentires y trascendencias.
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