<BGSOUND SRC="46.mid">
�� LUDWIG VAN BEETHOVEN�����
BIOGRAFIA
Escuha su m�sica
1.1. - Introducci�n
Ludwig van Beethoven, una de las m�s importantes figuras de la m�sica occidental, profundiz� en las formas en las que hab�an trabajado Wolfgang Amadeus Mozart y Granz Joseph Haydn: sonata, sinfon�a, concierto y cuarteto de cuerdas.
Su m�sica representa la apoteosis del estilo cl�sico, mientras que su vida simboliza la imagen del compositor-h�roe del romanticismo.
1.2. - Familia e infancia (1770-1788)
Naci� en Bonn el 16 de diciembre de 1770 y muri� en Viena en 1827. Naci� en familia de m�sicos.
Mostr� desde muy joven unas extraordinarias dotes musicales. Se form� en un ambiente propicio para el desarrollo de sus facultades aunque excesivamente r�gido.
Sus primeros brotes de talento musical fueron dirigidos de forma tir�nica por la disciplina de su padre, que era tenor en la capilla de la corte.
Estudi� con Ch. Neefe, director musical de la corte, a quien sirvi� de ayudante como clavecinista.
A los 11 a�os se presenta como pianista en un concurso.
A los 13 a�os public� ya sus primeras composiciones y en 1787 conoci� al conde de Waldstein, su primer mecenas con el que se marchar�a a Viena para estudiar con Mozart.
Adem�s de por el piano, se interes� por las ciencias.
1.3. - Juventud y formaci�n (1789-1800)
En 1789 Beethoven comenz� a trabajar como m�sico de la corte para mantener a su familia. Sus primeras obras bajo la tutela del compositor alem�n Christian Gottlob Neefe, especialmente la cantata f�nebre por la muerte del emperador Jos� II, mostraban ya una gran inteligencia, y se fue a Viena para estudiar con Wolfgang Amadeus Mozart en el a�o 1792, ciudad donde fijar�a su residencia definitiva en ese mismo a�o.
Aunque la muerte de Mozart en 1791 hizo que estos planes no pudieran realizarse,� Beethoven se march� a Viena para estudiar con el compositor austr�aco Joseph Haydn.
En Viena, Beethoven deslumbr� a la aristocracia con sus improvisaciones pian�sticas, a la vez que lleg� a acuerdos bastante beneficiosos con los editores de m�sica de la ciudad. Sus composiciones se encontraban a medio camino entre el audaz estilo del compositor alem�n Carl Philipp Emanuel Bach y el exquisito refinamiento de Mozart.
El creciente mercado de publicaciones musicales le permiti� trabajar como compositor independiente, algo que Mozart intent� en la d�cada anterior sin conseguirlo.
1.4. - Vida adulta (1801-1827)
Su vida estuvo marcada por dos amores desgraciados y por su adhesi�n a las ideas revolucionarias francesas.
Como compositor tuvo una inagotable riqueza mel�dica y elabor� una t�cnica arm�nica vigorosa.
En la primera d�cada del siglo XIX Beethoven renunci� al estilo local, de estructuras d�biles, como el que aparece en el Septeto en mi bemol mayor opus 20 para cuerda y viento, y a partir del legado de Haydn y Mozart, cre� un nuevo lenguaje.
Aunque afirmaba &quot;no haber aprendido nada de Haydn&quot;, e incluso lleg� a buscar un maestro complementario como fue el compositor vien�s Johann Georg Albrechtsberger, Beethoven asimil� enseguida el clasicismo vien�s en todos los g�neros instrumentales: sinfon�a, concierto, cuarteto de cuerda y sonata.
La mayor�a de las obras que hoy se interpretan las compuso durante los a�os transcurridos entre la Sinfon�a n� 3 en mi bemol mayor, opus 55� (Heroica, comenzada en 1803 y estrenada en 1805), y la Sinfon�a n� 8 en fa mayor, opus 93 (1812), periodo denominado como su 'd�cada heroica'.
La fama de Beethoven alcanz� su punto culminante durante estos a�os pero la p�rdida creciente de la capacidad auditiva lo hizo aislarse de la sociedad.
Comenz� entonces a cambiar de domicilio con frecuencia. Pero esta sordera no afectar�a su producci�n musical.
Durante el periodo estival viv�a en las afueras de Viena, sobre todo en Heiligenstadt y en invierno regresaba a la ciudad. En 1802 expres� el profundo sufrimiento que le causaba su progresiva sordera en el famoso Testamento de Heiligenstadt, un documento dirigido a sus dos hermanos y a la sociedad en general. Las excentricidades del m�sico aumentaron a partir del a�o 1805. Sus conciertos en p�blico eran contados y en el a�o 1814 ofreci� el �ltimo.
En 1818 Beethoven, ya sordo por completo, tuvo que utilizar 'libros de conversaci�n' en donde la gente escrib�a sus notas y observaciones para que el compositor los entendiera.
Reneg� de todo el mundo menos de un peque�o y cerrado c�rculo de amigos.
Exceptuando los estrenos de la Sinfon�a n� 9 en re menor, opus 125 y partes de la Missa solemnis en re mayor, opus 123 en 1824, su m�sica sigui� interesando �nicamente a un reducido grupo de expertos.
A pesar de todo, ya hab�a alcanzado un gran prestigio y en su lecho de muerte recibi� todo tipo de muestras de simpat�a. Muri� en Viena el 26 de marzo de 1827; miles de personas asistieron a su funeral.
Quiz�s la herencia m�s notable que Beethoven nos dej� fue un cambio en el papel del compositor en la sociedad; de ser un artesano que creaba a las �rdenes de la Iglesia o de alguna autoridad aristocr�tica (hecho que Mozart y Haydn tuvieron que aceptar), pas� a ser un artista independiente desde el punto de vista econ�mico gracias a la publicaci�n de sus obras y a sus representaciones, con una motivaci�n creadora �ntima, concepto que fue el sello del romanticismo durante el siglo XIX. Desde este punto de vista, recogi� la influencia de otros artistas de su �poca como Lord Byron y William Turner.
2- MUSICA (CARACTERISTICAS)
Con �l la sinfon�a alcanza madurez. Su m�sica deja de ser una diversi�n aristocr�tica para dirigirse al conjunto de la humanidad. Dio especial relieve dram�tico a sus obras al contraponer dos elementos: el r�tmico y el mel�dico.
Las obras m�s importantes de Beethoven se pueden resumir en 9 sinfon�as, 7 conciertos (5 para piano, uno para viol�n y un triple concierto para piano, violonchelo y viol�n), 16 cuartetos de cuerda, 32 sonatas para piano, 10 sonatas para viol�n y piano, 5 sonatas para violonchelo y piano, una �pera, Fidelio, 2 misas y la Misa Solemne, opus 123, varias oberturas y numerosas variaciones para piano.
Tradicionalmente se le ha considerado como el puente hacia el romanticismo, y su producci�n musical est� dividida en tres periodos seg�n una conocida interpretaci�n de Lenz:
1. - (1794-1800). Influencias de Hydin y Mozart, aunque tambi�n de Clementi (gran pianista y pedagogo musical de su tiempo, adem�s de compositor y constructor de pianos). Las composiciones de este periodo presentan grandes rasgos cl�sicos. A estos a�os pertenecen las primeras sonatas para piano, entre ellas la Pat�tica, donde ya se encuentran indicios rom�nticos. Tambi�n las sinfon�as 1� y 2� y cuartetos.
2. - (1800-1815). Etapa de madurez. Reconocido como mejor compositor para piano y mejor pianista de su �poca, se sit�a a la altura de Hydin y Mozart como sinfonista. Dedica su 3� sinfon�a (la Heroica) a Napole�n, aunque suprimi� esta dedicatoria tras la proclamaci�n del� general como dictador. Compuso una opera (fidelio), en la que ensalzo los valores de la Revoluci�n Francesa. En sus sinfon�as 4, 5 y 6 apuntan rasgos de m�sica rom�ntica. Hace el concierto para piano "El Emperador".
3- (1815-1821). Los a�os dif�ciles. Esta �poca estuvo marcada por los problemas de salud y la sordera, por lo que tubo que realizar grandes esfuerzos para componer. En la novena sinfon�a utilizo por primera vez voces solistas y coro junto a la orquesta. Adem�s de las grandes obras, escribe tambi�n peque�as composiciones, rasgo que el romanticismo desarrollar� mas tarde. La orientaci�n hacia un nuevo estilo se hace patente. Compone "misa solemne".
La influencia de Beethoven tard� en imponerse. Para algunos compositores como Johannes Brahms, que no escribi� ninguna sinfon�a hasta los 43 a�os, su figura fue sobrecogedora. El compositor alem�n Richard Wagner habl� de la Sinfon�a n� 9 en re menor, opus 125, en especial del movimiento coral con que termina, como la piedra angular de su visi�n del drama musical.
Hubo que esperar hasta las �ltimas sinfon�as rom�nticas de compositores como Anton Bruckner y Gustav Mahler, ambos austr�acos, para que el estilo heredado de Beethoven alcanzara su punto m�ximo de desarrollo. La m�sica de Beethoven sigue en un lugar preferente dentro del repertorio mundial para orquesta y c�mara.
En su obra, verdaderamente monumental, resaltan las sinfon�as Heroica, Quinta y Novena, de las nueve que hizo; varios conciertos para piano, cuartetos y sonatas para piano y viol�n; la �pera Fidelio (1805); y la Missa solemnis (1823).
Actualmente los expertos lo consideran como el �ltimo representante de la escuela vienesa cl�sica, que en lugar de seguir la corriente rom�ntica se dedic� a desarrollar la m�sica que le hab�an legado Mozart y Haydn. Tras su llegada a Viena, Beethoven altern� las composiciones basadas en modelos cl�sicos, como su Cuarteto para cuerda en la mayor opus 18 n� 5 (1800, en el que tom� como patr�n el Cuarteto de Mozart K. 464, cuarteto n� 18 en la mayor), con las inspiradas en estructuras italianas m�s imprecisas, como ocurre en la conocida canci�n Adelaide (1795).
El nuevo estilo al que se refiri� en 1802, marca su retorno a las estructuras vienesas cl�sicas. A pesar de la fuerza de sus composiciones en la d�cada que transcurre entre 1802 y 1812, musicalmente representan el desarrollo de las formas empleadas por Mozart y Haydn. Esto se aprecia en obras de una envergadura
sin precedente como la Sinfon�a n� 3 en mi bemol mayor, opus 55 (Heroica) y el Concierto para piano en mi bemol mayor, opus 73 n� 5, (Emperador, 1809), o en composiciones de estructura compleja como la Sinfon�a n� 5 en do menor, opus 67 (1808), y la Sonata para piano n� 23 en fa menor opus 57 (Appassionata, 1805).
En estas obras demostr� que con su estilo, basado en una tem�tica del todo nueva y en armon�as opuestas que utilizaban notas contrarias, pod�a crear m�sica dotada de una fuerza y expresividad muy importantes.
Las dificultades para terminar la Sinfon�a n� 8 en fa mayor, opus 93 y las dudas sobre una posible relaci�n con su 'amada inmortal' llevaron a Beethoven a un periodo de incertidumbre.
La fascinante capacidad de producci�n de la d�cada anterior entr� en declive.
Las obras posteriores a 1812, como la colecci�n de canciones opus 98 An die ferne Geliebte, del a�o 1816, y las Sonata para piano en la mayor opus 101, de 1817, experimentaron nuevos matices y desarrollaron las estructuras musicales que el compositor utilizaba en la d�cada de 1790. Este grupo de obras c�clicas y de final abierto respond�a a la influencia de una nueva generaci�n de compositores rom�nticos (como, por ejemplo, los ciclos de Lieder del compositor alem�n Robert Schumann).
En 1818 Beethoven retom� las estructuras cerradas de su �poca heroica con la Sonata para piano en si bemol mayor opus 106 (Hammerklavier), obra de una extensi�n y dificultad sin precedentes que ha hecho estragos entre los int�rpretes desde su �poca hasta nuestros d�as.
Las composiciones del �ltimo periodo, en vez de formar grupos y colecciones, est�n marcadas por una individualidad que muchos compositores posteriores han intentado imitar sin conseguirlo. En la Sinfon�a n� 9 en re menor, opus 125 y la Missa solemnis en re mayor, opus 129 plasm� un punto de vista idealizado de la humanidad, basado m�s en el movimiento ilustrado que en la doctrina cat�lica romana, los resultados art�sticos son a�n m�s convincentes que las elevadas ideas que contiene su �nica �pera, Fidelio (1814).
El estilo personal de sus �ltimos a�os origin� los 5 cuartetos para cuerda compuestos entre 1824 y 1826, los dos �ltimos por iniciativa propia. En estas obras, Beethoven realiza una s�ntesis entre el estilo popular y el acad�mico, entre lo festivo y lo sublime. En su �poca se consideraron demasiado avanzadas, incluso inaccesibles, pero con el paso del tiempo se han convertido en una pieza clave de la m�sica universal.
La costumbre de tomar apuntes sobre sus composiciones mientras trabajaba en ellas aument� con el paso del tiempo. Los m�s de siete mil borradores que escribi� en trozos de papel y peque�os cuadernos mientras viajaba, as� como los libros de notas que confeccionaba en su casa forman parte de uno de los m�s importantes legados en la historia de la m�sica occidental.
3- OBRAS (MUSICA INSTRUMENTAL Y MUSICA VOCAL)
Entre sus obras vocales, destacan sus numerosos �lieder�, arias, coros y c�nones, la cantata �En la muerte del emperador Jos� II� y la �Missa solemnis� en re mayor.
Entre su producci�n instrumental, cabe citar las 32 sonatas para �piano, las 10 sonatas para viol�n y piano, las cinco sonatas para piano y violonchelo (1796-1815), los siete tr�os para piano, viol�n y violonchelo, los tres cuartetos para piano y cuerda, los 17 cuartetos para cuerda, los cinco conciertos para piano, el concierto para viol�n y las nueve sinfon�as.
Sus obras dram�ticas m�s notables son la �pera �Fidelio� y la m�sica esc�nica de �Egmont� y �El rey Esteban�
4- OBRA:
LA NOVENA SINFONIA
A pesar de amplitud de sus dimensiones y de la intervenci�n de coros y solistas en el ultimo tiempo, la Novena Sinfon�a respeta las formas y el marco cl�sicos. Sin embargo, la orquesta es mas importante que en las anteriores. El allegro ma non troppo esta construido sobre los temas principales, pero admite un buen n�mero de episodios secundarios, de alteraciones y de modulaciones audaces. El comienzo reposa sobre un equ�voco arm�nico hasta el enunciado -majestuoso- del primer tema, seguido del se�gundo, expresivo y tierno, en si bemol. No hay repetici�n de la primera parte. Los desarrollos se relacionan sobre todo con el primer tema, con un �ltimo recuerdo del cual termina esta colosal p�gina sinf�nica que no dura menos de quince minutos.
El molto vivace, en realidad un scherzo, empieza con cuatro compases dialogados entre la cuerda y los timbales (llamados estos �ltimos a desempe�ar un papel de solista muy significativo). El tema principal, en re menor, es pre�sentado en entradas fugadas en que unos tras otros inter�vienen todos los atriles, y enlaza con un segundo motivo en fa, m�s chispeante que agresivo. Tr�o r�stico en re mayor sobre un contrapunto del fagot.
El adagio en si bemol comprende dos temas igualmente nobles y emotivos. En el curso de su desarrollo hay dos variaciones de los violines sobre el primer tema. El final con cuarteto vocal solista y coros, en re menor, dura veintis�is minutos. A la Oda a la alegr�a, que constituye el tema principal, la precede un preludio dram�tico en varios episodios: despu�s de una fanfare, prosigue sobre un recitativo de los violonchelos y los contrabajos, inte�rrumpido tres veces por el recuerdo de los temas de los tiempos anteriores y, en �ltimo lugar, por la pura melod�a del final. Los violonchelos exponen esa mi melod�a, que los otros atriles repiten tres veces. A continuaci�n in�terviene el bar�tono solista (�Amigos, cesen esos acentos y entonemos alegres cantoso) y arrastra a los otros solistas y luego a los coros a la celebraci�n de la alegr�a, primero de la alegr�a serena y, sucesivamente, la alegr�a del guerrero, la alegr�a de la paz entre los pueblos, la alegr�a de vivir en la fraternidad. Lo que justifica un episodio alla marcia con acompa�amiento de �m�sica turca� (tri�ngulo, platillos y bombo), un majestuoso andante que se eleva como un coral para cantar a la alegr�a, �religiosa, pura, inmensa� (Berilios), un en�rgico allegro, sobre el tema prin�cipal, en el que las voces agudas responden a las voces graves (�M�s all� de las estrellas habita un padre querido�), y, en fin, el �ltimo allegro, rico en vocalizaciones, en el que el coro proclama que �todos los hombres son her�manos�. En una vertiginosa carrera de toda la orquesta, la conclusi�n puede evocar el desencadenamiento de la alegr�a, �poderosa energ�a de la naturaleza eterna�.
Isaac Saiz Gald�s
Hosted by www.Geocities.ws

1