Una pesadilla*

Jaime Muñoz Vargas

a la memoria

de Rogelio Villarreal Huerta

Ésta es mi pesadilla: los humos cunden ya por todas las habitaciones. El calor, amigo íntimo del fuego, cubre el interior del aposento con cruel voracidad. Bastan unos minutos para que la sala y la cocina sucumban al embate de las llamas. Sigue la lumbre su andanza despiadada. Toca su turno a un pasillo estrecho; cinco cuadros —un óleo, dos acuarelas y dos grabados— se desvanecen en cenizas desde la pared al mármol del corredor. Los latigazos de fuego se cuelan hacia el baño; las toallas y un tapete muy afelpado son apenas bocadillos para el hambre del incendio. En este punto la lumbre se detiene y duda un instante entre avanzar hacia la habitación en la que duermo o hacia la biblioteca. La pesadilla entonces me atiza sus enconos: el fuego elige la recámara en la que yo, dormido, sueño en el incendio de mi casa mientras duermo. Es una pesadilla benévola. Mientras mi cama es tragada por las llamas y padezco el achicharramiento de la piel, la biblioteca permanece incólume pues el fuego me da tiempo para despertar y ver que yo puedo morir incinerado; mis libros, nunca.

 

*Publicado en brecha, Torreón, octubre/1988.

 

 

 

 
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