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El domingo 6 de marzo de 2005 inicié una nueva columna periodística; su nombre será, mientras viva, "Ruta Norte", y la publicaré en La Opinión Milenio. Sin mayor preámbulo, las reproduzco aquí en orden cronológico inverso.

Inolvidables olvidos
Escribo estas apremiantes palabras en un café internet del aeropuerto capitalino; es sábado 29, son las cuatro de la tarde, y una mugre hora de servicio en la red me cuesta 55 pesos. Pese a que es un robo, cambio la Ruta Norte que tenía preparada para hoy y redacto a las prisas esta curiosa anécdota.
Gracias a la generosa prensa que recibí hace algunos días respondí a varias preguntas; una de ellas, no la menos recurrente, rondaba el asunto de mi relación con Gómez Palacio. Por supuesto, reiteré que quiero a Gómez, que es una ciudad inmersa entrañablemente en mi obra narrativa. En las respuestas también hice ver lo evidente: que pese a mis tres o cuatro logros literarios más o menos significativos, de las autoridades y de nadie de allá he sentido jamás alguna mínima estimación. “De Gómez no he recibido ni un vaso con agua”, declaré en Olla de Grillos con tono algo jocoso.
Esas palabras fueron suficientes para provocar una búsqueda desesperada de la señora Rosina Guerrero, quien me llamó un par de amables veces para convencerme de que Gómez Palacio, y ella particularmente, tenía un tremendo aprecio por mi trabajo. Se lo agradecí. Luego me invitó —como convidado de honor con espacio para un mensaje y toda la cosa— a la ceremonia de premiación del concurso de ensayo José Revueltas 2005. Como tal acto sería el viernes 28, le comenté que ese mismo día y a esa misma hora yo iba a estar en Ciudad Obregón, Sonora, recibiendo el premio nacional de narrativa Gerardo Cornejo. De inmediato le dije que eso no impedía mi participación en Gómez, pues con gusto le iba a pedir a mi esposa que me representara en esa ceremonia; incluso, que ella leyera mis palabras de agradecimiento. Y así ocurrió. Renata dejó a nuestras pequeñas encargadas con una niñera, luego llegó con toda anticipación a la Casa de la Cultura de Gómez, después resistió la demora que sufrió el arranque de la premiación, acto seguido se fumó toda la ceremonia y al final ni siquiera recordaron que ella estaba allí ni que yo había enviado unas palabras.
Fue un momento grotesco en nuestras vidas: para mí, por haber escrito de balde un mensaje que a nadie le importaba, y para Renata, por padecer una representación que se hizo humo. En el oficio que nos envió (No. 260/2005), la señora Guerrero fue muy cordial, y citó nuestro acuerdo telefónico: “Estamos enterados de que usted no podrá estar en esta ceremonia ya que viajará a Ciudad Obregón para recibir uno de los tres premios nacionales que recibió en menos de una semana, sin embargo esperamos a su esposa Sra. Renata Chapa de Muñoz con un mensaje de su parte”. Y nada, no esperaron a ningún Muñoz o a ninguna Chapa la noche del 28. Pese a eso, con oficio o sin él, tras esa voluntaria omisión o tras ese chusco olvido, sigo sin malquerer a la ciudad donde nací. Mi problema es con sus autoridades, en particular con las culturales, graciosamente olvidadizas de sus invitaciones.
Y para que no se pierdan en un segundo olvido, las que vienen a continuación son las palabras que preparé para aquella noche ahora inolvidable.
“Estimados amigos:
He recibido con gusto la invitación que me han hecho a esta significativa ceremonia. Lamentablemente no puedo hacerme presente más que con estas breves palabras que hoy redacto en Ciudad Obregón, Sonora, sitio donde ahora mismo gozo de una emoción similar a la que con innegable justicia tiene Verónica Volkov, ganadora del premio José Revueltas. Poeta, traductora y ensayista, Verónica es además, lo sé bien gracias a mi amigo Édgar Valencia, una mujer generosa y sencilla, de suerte que en ella convergen talentos y valores que la hacen dignísima acreedora del premio que recibe en la ciudad donde nací, Gómez Palacio, premio que orgullosamente lleva el nombre del más grande narrador que haya dado el estado de Durango y uno de los más notables de América Latina.
Saludo pues a Verónica, la felicito con un abrazo admirado y afectuoso, y sé que la vida nos tiene preparada, algún cercano día, la oportunidad de conversar. Cuando llegue ese momento, allí le repetiré que hoy 28 de octubre nos alegramos con su triunfo y que en Gómez Palacio, en La Laguna, tiene amigos que la leen, la admiran y la respetan.
Quiero aprovechar esta oportunidad para celebrar una vez más que nuestra ciudad sea sede de este premio. El José Revueltas nos prestigia, y nada mejor para comprobarlo que los nombres de los autores y la calidad de los ensayos ganadores en su ya largo número de convocatorias. Sin embargo, y tomo como parámetro el valor de este certamen, urge que en Gómez Palacio la literatura reciba el aprecio que merece. ¿Dónde están sus talleres literarios? ¿Dónde las colecciones de libros? ¿Dónde los concursos literarios para jóvenes? ¿Dónde algún mínimo programa de becas para vocaciones en cierne? ¿Dónde alguna revista literaria que nos represente con dignidad? ¿Dónde la invitación a conferencias con escritores con renombre? Pido con humildad que sepan apreciar mis inquietudes y que nuestras autoridades comprendan que el trabajo pendiente no es para ellos ni para los que bien o mal ya nos formamos o nos deformamos. El trabajo literario que falta es para nuestros niños y para nuestros jóvenes, para que cuando lleguen a la edad que ahora tenemos ellos puedan decir, no sin júbilo, que en Gómez Palacio se enamoraron de las letras.
Mi reiterado abrazo, Verónica, y mi agradecimiento para todos ustedes.
Ciudad Obregón, Sonora, 28, octubre y 2005”
30/10/05
Noveleta de la insolencia
El sexo en la literatura siempre ha sido y siempre será buen amigo del escándalo. Los ejemplos pueden ser citados al infinito, es verdad, pero bastaría citar, en orden más o menos cronológico, al Marqués de Sade, a Zolá, a Nabocov, a Miller y a Bukowski para comprobar que el lascivo ayuntamiento de la carne también encuentra en la literatura notables exponentes, tan admirados por unos como repudiados por muchos más. Todos ellos pensaron que sus obras estaban dirigidas a un lector abierto y tolerante, pero apenas llegaron, como ocurre inevitablemente, a las manos de usuarios celosos de las buenas costumbres cuando ya se estaba disparado el grito de alarma a todo cogote. México no tiene ejemplos auténticamente notables en el terreno de la narrativa venérea, aunque quizá podríamos mencionar como el más incisivo a Luis Zapata y su toda su obra de sesgo homosexual, pero es un caso aislado.
En La Laguna no se ha dado todavía una literatura vinculada con la carne y el escándalo. Prácticamente acá no ha habido narradores que hayan hecho de la lubricidad una forma de expresión, y por eso resulta llamativa la aparición de una noveleta como Con las piernas ligeramente separadas, obra que desde su mismo título renuncia a cualquier afán higiénico y se instala en la corriente conocida por lo general, no sé si con precisión, como “literatura basura”.
Su autor, Daniel Herrera (Torreón, 1978), es hoy un querido amigo y hace algunos años fue mi ex alumno de taller literario; juro que con el manual de Carreño en mano hice todo lo posible por encarrilar su vida hacia el buen camino, pero su actitud, su visión de la realidad, su punzante carcajada, su escéptica y valemadrista forma de percibir el espectáculo del mundo lo fueron convirtiendo, toda proporción, es una especie de neoesperpentista lagunero. Para el malcriado Daniel, no hay animal humano, y he ahí su esperpéntica, que no tenga mucho o por lo menos algo de imbécil, de necio, de monstruo. Por eso su narrativa no cede a los encantos del buen gusto; antes bien, las andanzas de Verónica Contreras —la hermosa y procaz chica de las piernas ligeramente separadas— y las del personaje narrador, un cabrón insolente que a la primera página ya nos sedujo con su visión de la realidad harto desdeñosa y mamilas, se funden para crear uno de los primeros dibujos de la laguneridad posmo y desenfadada, desmadrosa y “gruecsa”, que también la hay.
Si no conté mal, este primer libro individual de Daniel Herrara tiene 28 capítulos breves, y cada uno es como una estampa, una instantánea de Verónica y/o el méndigo narrador personaje; al final todo forma un conjunto que es una especie de collage, un álbum de anómalo ambiente familiar. Tal es, me parece, uno de los rasgos más importantes de la condición posmoderna en la que se afinca esta criatura de palabras. En lugar de la trama gobernada por un hilván lógico y apretado, Con las piernas ligeramente separadas discurre en la fragmentariedad, en el aparente caos, en la anulación de la trama a la manera clasicista.
Otro elemento claramente posmo está marcado por el manejo del lenguaje. En La Laguna tenemos cerca el similar antecedente de Carlos Velázquez y su Cuco Sánchez Blues —libro de la misma colección que el que aquí comento—; si aquel malicioso conjunto de cuentos es un alucinante tránsito por pirotecnias verbales incansables y crápulas, en Con las piernas ligeramente separadas encontramos un trabajo donde se siente, aunque su autor haya aspirado a lo contrario, un lejano timbre poético, una especie de secreto y casi invisible ritmo musical en la narración. No por nada el artífice de Verónica Contreras también es músico, jazzista el güey.
Me da gusto que Daniel Herrera tenga ya su primer libro individual. Sé que tiene terminados otros más, y creo que su obra es un aporte valioso a una comarca que también tiene derecho a la literatura que no se asume como tal, a la literatura antisolemne y bárbara de quienes han decidido acomodar su mirada en la inconoclasia y en el despiporre, los autores del realismo basurista y antiedificante, si se me permite redenominalos así, escritores que parecen escribir con las patas, con las patas ligeramente separadas, pero que tienen su valor como testigos y voceros de nuestra terca banalidad. Con las piernas ligeramente separadas (2005) fue editada por el Icocult en la colección La fragua.
28/10/05
Producción de Quijotes
En el año de su cuarto centenario era anticipable una avalancha de productos relacionados con el Quijote. Por ello, a dos meses de que termine el 2005 se me ocurre enfatizar que no era, no es, mala idea leer o releer la más famosa de las novelas y nada mejor que emprender tal ejercicio con una edición de primer rango. Si alguien quiere tener contacto con el Quijote no hay ahora en nuestra lengua una edición más acabada y económica que la preparada por la Real Academia Española, por la Asociación de Academias de la Lengua Española y por el sello Alfaguara. Este libro todavía anda allí, por puños, en cualquiera de las escasas y mal surtidas librerías de Torreón.
Dicha edición cuesta poco más de cien pesos, y por su extraordinaria calidad da la impresión de que uno la roba cuando en realidad la compra. Es un libro que, como decimos los mexicanos, no tiene pierde, una verdadera ganga, el mejor obsequio que se le puede hacer a alguien en un cumpleaños o nomás por regalar. Su contenido es el mejor que uno puede pensar en términos de literatura: son la primera y la segunda partes del Quijote, ambas ayuntadas en un tomo de buen papel y mejor trabajo tipográfico, lo cual no es poco favor a los lectores, pues suele ocurrir que muchas ediciones similares han sido formateadas con tipografía insignificante, asquelética (neologismo que acabo de inventar, derivado de asquel, o sea, hormiga del tamaño de una letra de nueve puntos).
Pero esta joya editorial, bellamente encuadernada y con listón separador, no sólo es el Quijote a secas. La edición cuenta con abundantes notas al pie, lo cual ayuda sobremanera (no “de sobremanera”, como dicen muchos locutores) a quienes sienten necesitad de muletas para leer un libro como este. Además, dicho Quijote titánico y sin abuela ofrece ocho estudios complementarios, todos firmados por expertos en materias cervantinas: Mario Vargas Llosa, Francisco Ayala, Martín de Riquer, Francisco Ríos, José Manuel Blecua, Guillermo Rojo, José Antonio Pascual, Margit Frenk y Claudio Guillén. Para acabarlo de adornar, añade un estupendo glosario, todo, como ya dije, por poco más de cien pesos, o sea nada.
Para los no iniciados en quijotismo otro producto: la serie de doce DVD’s con dibujos animados que ofreció La Opinión Milenio. Es por supuesto una versión fílmica para niños, pero su fina adaptación me parece harto recomendable también para los no tan niños. Cada tomo ofrece en promedio tres episodios y siguen con minuciosidad la secuencia lineal de la novela. Los dibujos animados tienen buena calidad y son inmejorables la voces con acento español de todos los personajes, principalmente la del formidable actor Fernando Fernán-Gómez, quien toma la palabra del Quijote. Para comprobar que se trata de un trabajo muy autorizado, nada fraudulento ni baldío, es pertinente advertir que el “supervisor de adaptación” fue Guillermo Díaz-Plaja, experto quijotólogo.
Y un producto para lectores con un poco más de experiencia y deseos de profundizar. La revista Biblioteca de México (julio-agosto, número 88) dedicó un monográfico titulado en su portada “400 años del Quijote”. Sus contenidos no llegan a ser abrumadoramente académicos, pues fluctúan del estudio erudito al trabajo de divulgación, y por eso me parece sumamente provechoso, casi para quien sea, echarle un vistazo a todas las páginas de este ejemplar de colección. Colaboran aquí escritores que han llevado al tope sus capacidades críticas en esta y en otras materias, como el políglota Ernesto de la Peña, el filólogo Antonio Alatorre, la narradora Beatriz Espejo, el escritor José de la Colina y otros. No está de más apuntar que es una publicación editada con extraordinario buen gusto, como revista clásica de literatura, sobria, perfectamente armonizada en su diseño tipográfico y en sus ilustraciones. Compré Biblioteca de México en Sanborns, y me costó 34 pesos.
Tres productos, pues, sobre el Quijote. Hay muchos más, claro, pero con ponerle las manos encima a cualquiera de los que mencioné habremos dado un paso importante hacia el disfrute de la obra donde el humanismo, el humorismo y el castellano nuestro de cada día se encumbran a dimensiones que nunca más se han vuelto a frisar. El Quijote merece esos productos y bastantes más.
26/10/05
Monitor de triunfos y derrotas
Dije el viernes pasado que Madrazo había tirado pelota de pocos hits para llegar a hacerse de la candidatura que soñó desde que Labastida y Zedillo se la hicieron de agua en el 99. Dije también que ahora seguía el show en el que los tres grandes de la partidocracia mexicana se van a dar hasta con los más toscos garrotes para debilitar al enemigo. Faltan apenas detalles —la masacre de Calderón este día, la declinación durante la semana del micróbico candidato Everardo Moreno en el PRI, la definición final de Cárdenas ante la toma por asalto pejelagarta al PRD— para ver el genuino rostro del salvajismo electoral.
Hasta ahora, por cuidar las formas y para no ser etiquetados de caníbales, ni Creel ha podido salpicar de zoquete el rostro de Calderón ni Calderón el viceversa, así como en el PRI, pese a la merdificación de todo su agreste proceso interno, trataron de no pasar la raya de los insultos que luego dieran la imagen de vecindad al exterior del partido (sólo Montiel en ocasiones se excedió, le dijo “gandalla” a Madrazo, pero ya sabemos cómo le fue por andar mamando tanto). Igual ha pasado con el PRD: aunque Cárdenas ha oscilado entre el sí y el no del tiroteo, su discurso de azul y buenas noches no ha llegado a golpear frontalmente la cara del tabasqueño que se adueñó de la candidatura como quien hace morroña en las canicas: arrebatando y corriendo.
Nos espera a partir de noviembre, pues, la guerra civil electoral. Junto a eso, lo que hemos visto hasta el momento son caricias, películas de Disney, capítulos de Rosita Fresita comparados con lo que se avecina. Un análisis somero de lo que ha ocurrido en toda la franja de las precampañas deja ver que en el chiquero político no hay mejor vergajo para azotar que la telebasura. Con televisión crujió el bejaránico edificio lopezobradorista, con televisión quedó liquidada cualquier migaja de credibilidad por el Verde Ecologista, con televisión quedó hecha trizas la diplomacia mexicana cuando en ese medio fue exhibida la conversación de Fox con Fidel (el famoso “cenas y te vas”), con televisión quedó devastada la poca buena imagen de Montiel en el programa de Brozo Trujillo. No es una exageración: la tele será el punto de inflexión que muy seguramente determinará los ascensos y los descensos electorales, de ahí que sea de suma importancia monitorear, como nunca, lo que ofrece la pantalla casera de aquí a que terminen las campañas. López Dóriga será el verdadero IFE.
Ricardo Alemán, en El Universal, lo comentó a propósito de la muy aceptada convocatoria de Televisa a la inauguración de “Celebremos México”, convocatoria que nadie desairó, pues eso hubiera sido una especie de suicidio mediático: “Frente a la realidad de ese poder fáctico en que se ha convertido la televisión, poder que ya está por sobre los poderes institucionales, no hay gobernante, candidato o aspirante al cargo que se quiera, que sea capaz ya no de enfrentar sino de desairar a los poderosos medios electrónicos de información. Y eso lo saben los Ricardo Salinas Pliego y los Emilio Azcárraga, lo saben el puñado de familias que acaparan las frecuencias de radio en todo el país. Y aunque parezca un despropósito, ese poder ha convertido en intocables a los concesionarios de la radio y la televisión, quienes mantienen en el puño de la popularidad o la impopularidad a las instituciones, las que de tanto en tanto hacen lo que sea por congraciarse con los poderes fácticos”. Y cierra: “Por eso ‘Celebremos México’ más bien pareció una eficiente demostración de fuerza a la que se plegaron todos los poderes, partidos y presidenciables. Por eso en el futuro quizá se convoque a votar por la hegemonía de la más popular de las televisoras, que son el verdadero poder”.
Ojo entonces con los medios electrónicos, sobre todo con la tele. El vitamina y el tósigo para este o para aquel candidatos van a ser suministrados por la televisión, y no hay que quitarle la vista de encima. En una palabra: el camino del cielo y el camino del infierno están empedrados hoy, en política, con imágenes de video.
23/10/05
Madrazos de Madrazo
Un día después de su visita a La Laguna, Roberto Madrazo se quedó no oficialmente, pero sí en los hechos, con la anhelada candidatura. Su carrera en pos de aquella prenda comenzó, o recomenzó, exactamente en el momento en el que Labastida, apoyado por Zedillo, se quedó con la candidatura que luego al sinaloense no le serviría más que para perder. Seis años después, luego de miles y miles de tejes y manejes complicadísimos, el tabasqueño de la turbia fama es ya, por fin, el gallo copetón del PRI. Sigue pues, para él, la otra lucha, ahora sí el encontronazo frente a frente contra su coterráneo y Némesis, Andrés Manuel López Obrador.
Madrazo trabajó una “joya de picheo”, como se dice en el beisbol cuando un lanzador arroja pelota de nulos o poquísimos hits; el tabasqueño, político que en seis años se batió a sangre, sudor, mocos, pus y lodo dentro de un PRI aparentemente descabezado, sin rienda presidencial. ¿De qué tamaño es la inteligencia marrullera de Madrazo? No es necesario calcularla a tientas, a ciegas, pues basta con verlo tan campante y con la candidatura en el zurrón para comprobar que salió vivo y triunfal en la cena de negros que fue para el priísimo todo el sexenio que ya expira.
Primero se hizo de la estructura del partido. A falta de presidente de la república que diera línea, desde la cúpula tricolor Madrazo supo meter ganchos al hígado con guantes de cirujano. Recorrió todo el país, ganó elecciones, recuperó ínsulas de poder, controló sectores, aplacó ímpetus caciquiles, manejó las riendas del instrumento, el PRI, que ahora lo catapultará rumbo a la contienda estelar. Fue un político que no se diluyó en el bajo perfil de los derrotados pero que tampoco se encumbró en la cúspide propicia para las grandes zancadillas mediáticas. Durante casi todo el sexenio se manejó en una tesitura media, con la presencia apenas notable para no ser olvidado, en un aparador de segunda visibilidad. En el tiempo que el PRI lleva fuera de Los Pinos, el tabasqueño ha sido una sombra que, como nadie desde hace muchos años, edificó su milimétrico proyecto, el regreso del tricolor, con la paciencia y la pericia y el esmero de un relojero, de un relojero siniestro.
A medida que el sexenio trastabillante de Fox se acercaba a su infeliz ocaso, comenzó a crecer la presencia del hombre que desea poner a México en marcha hacia el absolutismo. Pero primero, dominados muchos enclaves del priísmo nacional, pretendió descarrilar la candidatura de López Obrador. En esa aventura caminó codo a codo con el actual régimen, y a diferencia del gobierno que quedó más quemado que una piñatita de Judas, tras el fracaso de ese plan Madrazo no se vio lastimado ni con un raspón (recordemos, por ejemplo, su inteligente salida del país el día del desafuero). Como sabemos, decía en público que él quería ver en la boleta a Andrés Manuel, pero por otro lado atizaba todos los fogones para que los diputados —Beltrones, Chuayffet— quemaran al peje en la mejor lumbre. Fue una derrota pírrica, si se permite el desliz metafórico.
Luego de aquella pantomima deshecha tras la megamarcha pejelagartista, Madrazo se las vio con la coalición de gobernadores que, simulada o realmente, querían regatearle el balón de la candidatura tricolor. Los Tucomes se veían amenazantes, pues esa cosa no dejaba de ser un eje opositor con muchos nombres; al final, con un procedimiento más artificial que la apariencia de Jackson —Michael, no Enrique— , los alineados al Tucom designaron a Montiel como contrincante de Madrazo. Mientras el ladrón mexiquense comenzaba a tomar vuelo, el tabasqueño liquidó a la maestra Gordillo, acabó de controlar la estructura del priísmo nacional y, al fin, con bien administrados golpes televisivos convirtió en picadillo la credibilidad del enriquecidamente desparpajado Montiel que ayer, con declaraciones de perro pataleado, arrió banderas y le dejó todos los reflectores al don Corleone del priísmo. Montiel, el cleptómano Montiel, prefirió pasar por conciliador, asegurar algo en el futuro gobierno, evitar más balconeos y olvidarse de torpes solidaridades con maestras rejegas.
Sigue entonces la contienda esperada. El domingo a media tarde estará completa la lista de los aspirantes que de veras pueden hacerse de la grande en 2006. Por el PAN seguramente quedará Calderón, a menos que un desastre político le caiga en la mollera y Creel se levante del ataúd. Por el PRD ya sabemos desde hace tres años quién es el bueno. Parecía que a Madrazo se le complicaba en las internas, pero al final triunfó como tiburón en el lago de Chapultepec, haciendo víctimas como si fueran charales.
México peligra; el huracán Madrazo viene en camino.
21/10/05
Mecanismos del Nobel
Durante los primeros de octubre la expectativa mundial en el rubro literario es quién ganará el Nobel. Este 2005 se lo agenció, como sabemos, el dramaturgo inglés Harold Pinter, y tras la designación no dejan de cundir en todas partes las preguntas. ¿Es en realidad un gran escritor? ¿Merece el Nobel? ¿Por qué uno más de lengua inglesa? —el más reciente fue V.S. Naipaul, en 2001— ¿Fuentes y Vargas Llosa se quedarán, como Borges y como los Saraperos de Saltillo, convertidos en eternos “ya merito”? Nunca he sido gente de teatro, así que poco sé de Pinter. Los cables de las agencias internacionales consignan que se trata de un destacado escritor, de un dramaturgo crítico y con visión social, de un hombre con irregateable talento “que en sus obras revela el precipicio oculto bajo la cháchara cotidiana y fuerza la entrada a los cuartos cerrados de la opresión”.
A propósito del tema, un alumno me interrogó sobre los mecanismos para elegir al Nobel. Según la página web de Librusa, agencia de noticias literarias, el camino del Nobel parece muy sencillo y muy claro, pero innumerables escépticos piensan que este galardón se entrega muchas veces con parámetros extraliterarios, ajenos por completo a la calidad en bruto de una obra. Eso fue lo que una y otra vez criticó Borges a Estocolmo: ahora mismo en Francia, en Inglaterra o en Alemania —yo agregaría que también en Argentina o en Cuba y acaso en México— hay, por país, al menos cinco escritores que merecen ese reconocimiento, pero como sólo premian a uno por año los criterios para otorgarlo son básicamente lingüísticos y geográficos. Esto significa que si ya se lo dieron a un chino, deberán pasar muchas décadas para que esa lengua y esa nación lo vuelvan a recibir, por más que en China haya ahora, no hiperbolizo, un millón de escritores con notabilísima carrera literaria.
Eso lo saben Fuentes y Vargas Llosa. Han pasado quince años desde que Octavio Paz —o sea la lengua española, o sea México— recibió el Nobel, y tanto el autor de Aura como el de La casa verde presienten que el próximo Nobel para el idioma castellano tal vez le caiga a alguno de los dos, eso con la seguridad de que quien no lo gane morirá antes de que concedan otro premio a nuestra lengua.
En fin. Según Librusa, la designación del Nobel sigue esta ruta, pero vayan ustedes a creer:
Nominación
El proceso para seleccionar a los nominados al Premio Nobel de Literatura
comienza en septiembre, por lo menos un año antes de que se anuncie el ganador.
Durante ese tiempo la Academia Sueca, que concede el galardón en Estocolmo,
envía cartas a individuos y organizaciones que están calificadas para presentar
candidatos. Las nominaciones llegan a la Academia entre septiembre y febrero.
Muchos de los nombres de los candidatos (alrededor de 200) figuran durante años
en la lista de nominados.
Selección
En la primavera el Comité del Nobel examina las candidaturas y en abril presenta
su primera selección a la Academia; se trata sólo de una lista preliminar de
posibles nominados, unos 20 nombres. Antes de que la Academia entre en su receso
de verano la lista se reduce a unos cinco nombres y en octubre elige un ganador,
pero para lograrlo éste tendría que recibir más de la mitad de los votos
emitidos por el Comité.
Veredicto
Luego de la votación el ganador es contactado y se celebra una conferencia de
prensa para anunciar públicamente la decisión del Comité.
Toda la información de los nominados, incluyendo las investigaciones sobre
ellos, opiniones acerca de éstos y las discusiones que surgen en relación con el
Premio se mantienen en secreto por 50 años. Entrega del Nobel y discurso del
ganador En diciembre el ganador es invitado a Estocolmo para que participe en la
ceremonia oficial y reciba la medalla correspondiente, un diploma personal y la
dotación metálica.
19/10/05
Espaldarazos de Saúl
Lo que me ocurrió esta semana tiene muchos antecedentes, así que nada es más erróneo que atribuirlo todo al puro azar. Trabé amistad con Saúl Rosales Carrillo unos dos años antes de comenzar con la escritura de cuentos. Los primeros que él pudo leer los aprobó con gusto, es verdad, pero nunca dejó de criticarme, de señalarme caminos, rutas hacia la composición de piezas cabalmente eficaces, de cuentos afincados en la mejor tradición del cuento clásico. Desde el principio, nuestro modelo en la forma fue Cortázar, y quiero pensar ahora que gracias a Saúl, y gracias de lejos a Cortázar, adquirí la noción más rigurosa de lo que es este género literario. Yo sí traté de tomar en serio sus palabras.
Gracias a la colección Cuesta de la Fortuna creada por Felipe Garrido, mis primeros intentos serios fueron publicados en 1989. Los apiñé en el volumen El augurio de la lumbre, libro que no estaba tan mal para un incierto escritor de 25 años; sin embargo, no pasó mucho tiempo para que la insatisfacción me carcomiera. Por eso mi mutismo cuentístico de los noventa. Durante una década entera me batí a golpes contra el cuento, en silencio traté de amansarlo como amansamos a una bestia, y creo que hacia el 2000 ya tenía las herramientas suficientes para intentar los combates definitivos contra ese género indócil, incómodo, latoso. Fue así como armé, a lo largo de cuatro años, un racimo muy abultado de libros de cuentos, seis en total.
Luego vino lo que yo ignoraba. Planeta México me había publicado un par de novelas, y debido a eso creí que la editorial también iba a recibir los cuentos con algún aprecio. Pero sobrevino la tragedia, y caí como novato: por un misterioso capricho del mercado, los libros de cuentos no eran aceptados por las editoriales, pues estos volúmenes, me dijeron, nunca alcanzaban significativos índices de venta. La novela tiranizaba todo el ámbito de la narrativa, de la ficción, así que me quedé con varios libros en la mano, con más de cincuenta cuentos en el carcaj, con flechas sin destino visible.
A mediados de este año, precisamente a fines de junio de 2005, intercambié con Saúl Rosales algunas ideas en el correo electrónico. Le comenté con espíritu de náufrago la mala suerte de escribir y escribir cuentos para, al fin, no hallar puertas de salida, mínimas válvulas de escape. Su respuesta —la conservo, y es del 28 de junio— fue muy alentadora, optimista pese al negror del panorama que yo le dibujé. Saúl me respondió:
“Recibí el cuento que me mandaste para Estepa... Es muy bueno, aunque lo subestimes llamándolo ‘cuentillo’. Es muy ‘digna’ pieza. Ahora me refiero a él con la palabra ‘digna’ porque la usas en tu mensaje entre interrogaciones para referirte a tu obra pendiente de publicación, la que por cierto, me dices, es muchísima. Entiendo tu desesperación por la acumulación abundante de textos. Muy justificada. ¿Para qué escribir tanto si la obra no se puede ver pronto y con seguridad publicada?
Te digo que entiendo tu desesperación porque tu obra es valiosa y lo han testimoniado así los premios. Eso debería facilitarte las cosas. Pero como tú mismo me contaste, es problema de mercado. Los editores prefieren la novela sobre los volúmenes de cuento, según me dijiste. Es la maldición que carga la humanidad, el ‘mercado’ (de lo que hay que purgarla). (...)
En fin, para tus cuentos deberías seguir el camino de los concursos. Es azaroso, pero lleva a la publicación.
Finalmente de veras, Jaime, te digo la causa de la longura de este mensaje: en verdad me angustió, por ti, tu desesperación. Por eso incluso me tardé en escribirte esto. No sé qué más decirte aparte de recomendarte que sigas escribiendo. Si lo hacemos quienes no lo hacemos bien, no por falta de oportunidad para publicar prives de tu ingenio a la posibilidad. Eso ya es resistir —como creador— a la potencia del mercado”.
Luego de leer esas palabras reavivé la iniciativa de intentar el camino de los concursos. Tres meses después, abrumado por el asombro, quince piezas ganaron en tres concursos diferentes, aseguraron su publicación en libro y no creo impertinente recordar que todas ellas, bien o mal ejecutadas, no sé, tienen su origen remoto en algunas obsesivas nociones teóricas del género, nociones básicas que le escuché a Saúl en 1985 y que año tras año amplié con muchos libros sobre el tema.
Veinte años después, entonces, todo aquel desgastante pleito contra el cuento me da nuevas satisfacciones. Valió el esfuerzo.
16/10/05
Preguntas sobre literatura y escritores
Uno de los bienes que nos trajo el correo electrónico fue el de acercarnos la amistad de personas que, debido a las inhumanas distancias de la canica terrestre, hubiera sido muy difícil estimar con instrumentos de comunicación convencionales a finales del siglo XX, como la carta de papel o el teléfono. Sé, por eso, de amigos laguneros que tienen diario intercambio “postal” con cuates australianos, ingleses, alemanes, franceses, por citar a los más remotos. Con ellos se cartean, “chatean”, viven en suma el espacio de la confidencialidad como si se tratara de vecinos, de “vecinos distantes”, dicho esto con alguna variante del oxímoron que le sirvió a Alan Riding para titular un famoso best seller de los ochenta.
Como otros muchos animales de teclado, también tengo mis amigos allende la cortina de nopal. Con ellos converso, intercambio opiniones, ideas, textos, aspiraciones y, por qué no decirlo, frustraciones y pesimismos. De hecho, las competencias académicas y humanas de esos tres o cuatro interlocutores foráneos es tan grande que se me ha ocurrido invitarlos como “corresponsales” de esta columna, pues estoy seguro que muchos de sus comentarios y planteos bien pueden encontrar algún interesado en La Laguna.
Ese es el caso, ahora, de mi admirado hermano y maestro David
Lagmanovich, doctor en Lingüística por la Universidad de Georgetown, maestro
emérito en su patria —la Argentina—, autor de una treintena de libros sobre
temas diversos, amigo y crítico de escritores como Cortázar, Sabato y Fernández
Retamar, poeta y frecuente navegante de congresos académicos. Pues bien, hace
algunos meses el doctor Lagmanovich participó en una mesa redonda sobre
literatura y en ella hizo una evaluación panorámica sobre los escritores y la
producción editorial del Noroeste argentino (las provincias de Tucumán, Salta,
Catamarca, entre otras). Algo similar, por aquel ejemplo, he intentado en La
Laguna, y los resultados de mi exploración han quedado impresos en la revista Acequias
de la UIA Laguna.
Cuando le pedí su ponencia —allá suelen llamarle “comunicación”—,
el doctor Lagmanovich me sorprendió con un texto extraordinario, escrito con el
aseo y la eficacia de todo lo que he tenido la fortuna de leerle. Como aquel
documento fue originalmente pensado para una mesa redonda, su autor decidió
articular algunas preguntas para sus oyentes, eso con el fin de encaminar el diálogo
sobre raíles más concretos. Tales preguntas podemos plantearlas ahora para
nosotros, los que escribimos o los que desean escribir en La Laguna. Sólo en el
punto 3 es necesario cambiar el nombre de la localidad, decir “La Laguna”, y
de esa forma veremos que todas las interrogantes son pertinentes también para
nosotros, pues también habitamos, como los escritores argentinos del Noroeste,
esa zona por lo común incómoda llamada “provincia”, territorio donde toda
tarea artística es algo así como un clamor en el desierto o un tormento sisífico.
He aquí las palabras de mi amigo:
1.
¿Qué es para usted la creación literaria? ¿Cómo definiría el lugar de esta
actividad dentro de la sociedad?
2.
¿Qué es ser un escritor? ¿Un intelectual, un trabajador, un artesano, un
artista? ¿Un iluminado, un ser privilegiado, un ser maldito? Decir “Soy
escritor” ¿es algo que se enuncia con vergüenza, con orgullo, en tono de
disculpa?
3.
¿Cómo trabaja un creador literario, hoy, en el Noroeste argentino? ¿Cuál es
su relación con otros creadores y con la sociedad en su conjunto? ¿Cuál es,
si existe, la inserción social del escritor? Las condiciones de trabajo del
creador literario en nuestro ámbito ¿son mejores o peores que las que regían
para generaciones anteriores?
4.
¿Se puede hacer algo para mejorar la situación del creador en nuestro medio y
nuestra región? ¿En el ámbito privado o en el ámbito oficial? Una actitud
menos hostil de las estructuras de poder hacia el creador literario, ¿favorecería
la aparición y difusión de obras literarias estimables?
Como
si el doctor Lagmanovich me lo hubiera preguntado vía e-mail, pronto
intentaré dar mis respuestas.
14/10/05
Cuántas pistas y nomás dos ojos
Recuerdo
que de niño sólo fui una vez a un circo de tres pistas. Obviamente, el espectáculo
no me gustó, y creo saber por qué. Mientras un mago hacía sus trucos en la
primera pista, un malabarista manejaba su suerte en la segunda y, en la tercera,
un contorsionista se hacía nudo con los brazos y las piernas. Era demasiado
show para dos humildes ojos, así que yo salí de ese lugar con una sensación
de asfixia, de insatisfactorio abotagamiento, como cuando vamos dos veces
seguidas al mismo bufet y le atoramos ya sin gusto.
Igual
sensación me la produce ahora el espectáculo de la vida nacional. Cuántas
pistas, carajo, cuánto show, cuánta mierda echada en tantos medios de
comunicación y yo, y todos, nomás con dos ojos. Apenas inició la semana y el
desastre de Stan ya había sido rebasado por la política. Sin pausa, pasamos de
un cataclismo meteorológico a los signos cada vez más graves de la
descomposición preelectoral. No estamos todavía de lleno en la etapa del
tiroteo y ya cruzan de aquí hacia allá todas las perversidades posibles.
Los
precandidatos del PAN, en su ya sucio tablero de ajedrez, mueven piezas
impensables en el viejo discurso blanquiazul: hay acusaciones de mapachismo, los
rezagados quieren descarrilar al aventajado, el aventajado comienza a emitir
discursos bravucones, y nadie gana ahora en el lodazal de la derecha mexicana.
Mientras, con un ojo en Chiapas y otro en la protección de los corruptísimos
hijos de su esposa, el presidente lucha denodadamente por cubrirse la retirada,
de ahí que no haya quitado el dedo de sus desplumados gallos, ambos deslucidos.
En
otra pista, la más cenagosa de todas, el priísimo antropofágico hace de las
miserables suyas como nunca en su ya de por sí salvaje historia. En realidad,
nadie sabe qué pasa exactamente en los sótanos de esa mafia. ¿Montiel se
convirtió en una amenaza o sigue siendo el patiño usable de siempre? ¿Madrazo
se sintió acorralado por la alianza Gordillo-Montiel y ahora contragolpea a sus
oponentes? ¿Las acusaciones contra el montielismo enriquecido —ni más ni
menos opulento y turbio que cualquiera de los que se mueven en esas zahúrdas,
hay que decir— son en realidad una maniobra del gobierno federal para atizar
el pleito de los candidatos priístas? ¿Hacia dónde cae la balanza del
innombrable? ¿Hacia dónde cae la balanza del innombrable II, el doctor de
Yale? ¿Y hacia dónde está jalando la indecente maestra del SNTE? ¿Y qué
planean los por ahora mustios dinosaurios del PRI? Son demasiadas pistas para
tan poquitos ojos.
Y
aún hay más, como decía el hoy venturosamente olvidado canonista de show
business setentero. ¿Qué rol está jugando la televisión en el agusanamiento
del sexenio que ya caduca? ¿Qué significado real tiene la firma de convenios
sobre transparencia entre Televisa y el IFE? ¿Qué papel quieren asumir las
televisoras al encabezar tratados en Chapultepec y al celebrar a (la preposición
“a” es fundamental, porque si no la usamos emitimos un disparate) México?
¿Por qué desapareció, para bien o para mal, del mapa informativo televiscoso
la presencia pejelagartuna? ¿Tiene algún significado, además del humanitario,
la muy difundida campaña de Azcárraga Jean frente a los damnificados de
Chiapas? ¿Por qué otra vez Víctor Trujillo es la vía del escándalo?
El
circo tiene demasiadas pistas, la información se embotella, y sólo queda claro
que nada es claro, que México camina con pie firme hacia el precipicio de la
ingobernabilidad. Urge estar atentos y preparados. El huracán electoral se
avecina y nadie, ni partidos ni candidatos ni caudillos ni empresarios, parece
tener diques para detenerlo.
12/10/05
Euforia de sanguijuelas
Nada
como el oportunismo para exhibir la miseria de la condición humana. Cuando los
seleccionados de la Sub 17 viajaron al Perú para despachar allá su compromiso
futbolero, nadie en el mundo los hacía, como dice mi querido amigo Alonso
Licerio. Los chicos, subordinados con disciplina al ex jugador Chucho Ramírez,
partieron en silencio, sin prensa, cargados sólo con la bendición de sus
familias. Televisa y TV Azteca apenas les asignaron un reportero, nomás por si
las moscas, nomás por si de veras, como lo prometió el entrenador, los jóvenes
daban una campanada y al menos pasaban a semifinales antes de que una serie de
penaltis lo dejara fuera de combate. Nuestros chamacos tenían “menos plata
que ilusión”, como dice el tango, y fue suficiente que comenzaran a ganar, a
sorprender, para que una “infame turba de nocturnas aves” (endecasílabo de
Góngora) se agolpara frente a la selección con el canalla objetivo de rapiñar
algún mendrugo de gloria.
Cuando
“le ganamos” a Costa Rica los buitres ya tenían bien afiladas sus garras.
De última hora las televisoras que depravan la educación del país hicieron
todos los arreglos para transmitir el juego final. México fue paralizado el
domingo 2 de octubre a las 6 pm, y todos vimos cómo esos mozalbetes aplastaron
a Brasil con un 3-0 inmortal, lo cual provoca gusto, pero no tanto como para
lucrar chapuceramente con el triunfo.
Fox
fue el primero al que no le tembló la vergüenza para lamer el trofeo de los
campeones. Llamó a Chucho Ramírez, lo felicitó, le dijo que esperaba a todo
el equipo en Los Pinos. Para entonces, Televisa y TV Azteca ya le sacaban pesos
a la hazaña con decenas de anuncios, y el siempre derrochador Arturo Montiel
succionaba buches de imagen gracias a los carísimos espots que pagó en el
juego final.
Al
día siguiente, Bernardo “El Bambino” de la Garza, candidato del PVEM a la
presidencia de la república (nunca, ni en el Messenger, uso esta risa escrita,
pero ahora sí: jajajaja) salió con “la verde” bien puesta, prendido como
sanguijuela del exitazo juvenil. Felipe Calderón, por su parte, declaró
mierdamente que “las de ellos [se refiere a las candidaturas de López
Obrador y Madrazo] son las del pasado, las del futbol de antes, donde perdíamos
en penales; la mía es la de la Sub 17, la del triunfo, la del
empuje".
Todavía el domingo
7, en la sección “Lo malo, lo bueno y lo feo” de su noticiero, Joaquín López
Dóriga comentó, con la cínica seguridad que lo caracteriza, que lo bueno era
el triunfo de los muchachos, ejemplo de ejemplos en un México siempre
necesitado de historias triunfales. Le saltó un pedazo de lengua cuando, luego
de elogiar a la Sub 17, señaló que lamentablemente muchos —por supuesto ese
“muchos” no incluye a los oportunistas de Televisa— quieren salir en la
foto sin haber hecho nada. Ignoro a quiénes se refería, tal vez a los ineptos
directivos del deporte mexicano, pero todos sabemos que quienes han obtenido, y
obtendrán, un obsceno lucro con el deporte mexicano, principalmente con el fut,
son Azcárraga y Salinas Pliego.
En resumen, muchos oportunistas, rebelados contra la mesura y el buen gusto, se colgaron de la Sub 17 como chango que para alcanzar las bananas se cuelga de una liana que no es suya. Si alguien escribe una novela sobre esta hijatedputa realidad, que por favor la titule De goles y de pránganas. Mínimo.
9/10/05
Gimnasia de palabras
Tengo
veinte años metido en la literatura y sé que uno de los deportes favoritos del
escritor, no podía ser de otra manera, es la gimnasia con las palabras.
Malabares de sustitución, de homofonía, de metátesis, de elisión y de lo que
se atraviese en el camino son usados para producir algún efecto cómico. Me
llegan, al azar, varios ejemplos a la cabeza. No describo sus recovecos, sólo
cito los casos y sobre la marcha explico un poco, si no es evidente, en qué
pliegue radica su guiño humorístico.
En
cierta boda ameniza, mientras los comensales despachamos la cena, un abominable
órgano Yamaha. Con gran erudición inútil, recuerdo allí que esa música
desgraciadamente la hizo famosa un tal Juan Torres. Con habilidad, Gilberto
Prado remata: Juan Torres Bodet, apellidos que combinan el nombre del organista,
del poeta y el hecho de que aquella música solía infestar las bodas.
Gerardo
García Muñoz (Jerry para los cuates) escribía siempre con gran brillo sobre
todo adjetival. Eran habituales sus atrevidas combinaciones de palabras, y prácticamente
ya había armado una jerigonza propia, por eso no me fue difícil inventar que
Gerardo escribía en su propia “jerrygonza”.
Del
mismo Gerardo García tengo otra. Admirador de don Alfonso Reyes, alguna vez le
impusimos esta combinación: Gerardo Reyes. Lo que salió no fue un nombre
ilustre, sino el de un cantante norteño comúnmente venerado en las cantinas.
De
Gilberto Prado, tres más. Una vez, en un partido de fut, le dieron un balonazo
en los bajos a cierto jugador. Gil editorializó: le pagaron en “calva sea la
parte”. Otra: es famosa la expresión “miedo cerval” (miedo similar al
sentido por el ciervo); Gil la modificó: “odio serval”, ésta para
referirse al odio que siente el siervo por su amo. Y un retruécano: a un sujeto
le dieron una patada en el trasero; Gilberto allí modificó la expresión
“rabillo del ojo”, y renovó: “Le dieron un patín en el ojo del
rabillo”.
Gerardo
García, inagotable maromero de las palabras, comenta que en una escuela donde
él trabajó los prefectos (casi los capataces) eran dos tipos, marido y mujer.
Por eso se le ocurrió decir que aquella era “la pareja prefecta”.
A
mi amigo Alonso Licerio, maestro grabador, le oí decir, para referirse al
Conaculta. “Consejo Nacional para la Costura en las Tardes”; no sé si él
lo acuñó, pero suena maravilloso. Con magistral combinación fonética él
mismo se refería a una poeta infame como “La Pésima Musa”. Este me
recuerda a uno que Carlos Marín atribuye a Monsiváis cuando el cronista
hablaba de Francisca Zetina, La Paca, aquella maldita bruja que ayudó a Pablo
Chapa Bezanilla en la siembra de encantadas calacas inculpadoras: “Paquita la
del Cráneo”, la motejó el autor de Amor
perdido.
Julio
Hernández López, el columnista de La
Jornada, es un imbatible torrente de ingenio gimnasticoverbal en su
“Astillero”, acaso la columna más punzante
del país. De él puedo citar muchísimo, todo, pero sólo voy a recordar que
una vez se refirió a Fox de esta forma (cito de memoria, aproximadamente): de
Los Pinos es el “Supermán (Dilon de apellido)”. Genial. Y uno muy reciente:
“Cuatrémoc (4émoc)”, ha rebautizado a Cárdenas por aquello de la cuarta
candidatura. El último, donde magistralmente alude al ex gobernador de
Chihuahua: “¡Uf, qué panchos en el barrio blanquiazul (y si alguien viera cómo
están las terrazas)!”.
Cierro con uno que me parece punto menos que extraordinario: me contaron que una señora dedicada a lo que eufemísticamente llamamos “labores domésticas” hacía recordar a Dámaso Pérez Prado y su famoso mambo “La niña popof” sobre todo cuando hablaba de los júniors calamitosos a los que había tenido la desgracia de atender en casas ricachonas. Su comentario era en muchos casos cierto, pese a contener, bien observado, un barbarismo, un error prosódico: “En esa casa trabajé —decía la señora— con pura gente popó”.
Nota: Ofrezco una disculpa a los editores de la sección
donde aparece esta columna. Ellos, con razón, me regañaron por el exceso de
caracteres, así que de ahora en adelante volveré al orden y entregaré textos
de envergadura manejable. Saludos y gracias por tolerar un buen rato mi
involuntaria graforrea.
7/10/05
Promociones mexicanas
Uno
de los más notorios síntomas de ebullición económica, de éxito o terror al
fracaso, paradójicamente, se manifiesta en la inquietud que tienen las empresas
para obsequiar premios y organizar promociones. Ahora, ofrecer cualquier bien o
proponer cualquier servicio debe complementarse con una limosnera —en su
sentido antiguo— campaña de dádivas al cliente. El que no da, no vende,
parece ser la divisa de la actual relación vendedor-consumidor. Como si los
tratos comerciales implicaran ya lo que desde hace años descubrieron los
partidos inspirados en el pri: dar
algo a cambio de un voto, regalar, por un sufragio, llaveritos, cachuchas,
playeras, calcamonías, portavasos, plumas, cuadernos, lonches, regidurías, en
fin, todo lo que la imaginación pueda convertir en un regalo fácil de
distribuir y todavía más fácil de tirar.
Ya
no se puede entender, pues, ninguna relación comercial si no media una limosna
en el camino. Todas las empresas, del tamaño y del color que sean, hacen su
sacrificio para que los clientes “siempre ganen”. Esa costumbre quizá tenga
su antecedente remoto en aquel atavismo del pilón
que a mí todavía me tocó gozar: recuerdo por ejemplo a un vendedor de
semillas (en el DF dirían de pepitas)
que afuera del cine Palacio, en el remoto Gómez Palacio de mi infancia, demolía
a sus competidores simplemente porque daba más pilón, es decir, el puño extra
de semillas, tomado a mano vil, otorgado al cliente como apéndice de la bolsita
recién comprada. He ahí, me parece, la gracia de ese intercambio: por el
precio de un refresco uno pude hacerse millonario; por la visita a un
restaurante cualquiera puede ganar un cupón de descuento (10%) para la próxima
cena.
Invento
maravilloso del mercado de consumo es pues la dádiva, el plus,
el extra o como se le quiera llamar, y ha llegado a ser en el México imitativo
de los años recientes una premisa sine
qua non de la compra-venta, sólo que, a diferencia de lo que ocurre en las
maquinarias capitalistas bien lubricadas, en nuestra república sucede
frecuentemente, con infinitas variantes, el engaño, el chanchullo y su
consecuencia natural: la frustración y el coraje, impotentes ambos.
Yo, padre de familia asalariado y siempre a salto de mata entre quincena y quincena, me tuve que convertir en experto pepenador de promociones. Con la llegada de la primera bebita, y más con la segunda y luego con la tercera, el erario doméstico se ha visto enanizado hasta rozar estaturas alarmantes. Esta vicisitud de papá en apuros me ha transformado, como digo, en perito cazador de promociones mexicanas (“promomex”). Unas veces por necesidad, otras obligado por circunstancias variopintas o por puro azar, encuentro que las promociones me han dejado la certeza de que México es, sin lugar a dudas, un país donde el cliente nunca tiene la razón y donde por sistema las promociones recalan en la engañifa; bastan algunos ejemplos para confirmarlo y para, de paso, alertar a los novatos en la materia.
Cuando veamos una oferta en cualquier tienda lo primero que debemos hacer es no creer en lo que afirma y, si es posible, huir de allí. Entre más modesto sea el changarro —nótese la incorporación de los tecnicismos académicos puestos en boga por nuestro mandatario—, más chanchullo debemos esperar. Si mordemos el anzuelo, varias sorpresas pueden granizarnos sobre la cabeza. Ya en la caja, y muchas veces con diez clientes en espera de que terminemos nuestro pago, la apresurada señorita, quien mastica un chicle estrepitoso, nos informará que no hay tal descuento. De nada sirve enojarse, despotricar, mentar madres, solicitar la presencia del gerente —por lo regular un gordezuelo engominado, vestido con traje café, camisa amarilla y corbata de terlenka—, invocar a la Secofi, a Gobernación, a la DEA, a la ONU, a la NASA, a la Corte Internacional de La Haya, a nadie. En el mundo no habrá un alma que se conduela de nuestra ingenuidad; ahí quedaremos, fríos ante la cantinflesca justificación de la cajera, impotentes al ver que nuestro paquete de galletas con malvavisco no cuesta catorce pesos, sino veinte. Mientras tanto, las cabezas de los clientes que esperan pagar —y a los que seguramente les ocurrirá lo mismo que a nosotros— se impacientan, murmuran palabras de apremio y tal vez sufren por la certeza de que el viacrucis también a ellos les tocará.
Las respuestas más comunes en el caso del supermercado, dichas por cajeras expertamente capacitadas para regatear, son las siguientes: “La oferta a los shampoos sólo es válida en la compra del líquido para frenos, y la oferta del líquido para frenos sólo es válida si compra usted el shampoo”. “El descuento al pimiento morrón terminó hace dos minutos con 35 segundos”. “Ese 50% menos sólo aplica en los juguetes-con-algún-defecto, por eso el cartel dice muy claramente jcad, Juguetes Con Algún Defecto, ¿sí me explico?”. “Esa oferta de pañales sólo es válida para los paquetes etapa 4, sin gel y con banda elástica ultrasuave para mayor confort, y se agotaron hace cinco meses”. “El kilo de arrachera tiene 35% de descuento y sólo aplica en la compra de 40 kilos en adelante (no resisto la tentación de subrayar el uso de ese tonto ‘aplica’)”. “La oferta dice ‘válida el día de hoy’, pero la pusimos hace tres días y ya caducó”. “Déjeme ver con el supervisor si le hacemos el descuento, lástima que él ande en las gorditas y llegue en una hora”. “Leyó mal, ‘ofta. Melón’ no quiere decir ‘oferta de melón’, sino ‘oftenga melón’.”
Cualquier excusa es buena para anular al potencial comprador de una oferta. Todo el personal del supermercado ha recibido capacitación para servir de aguafiestas cuando de gangas se trata. Por eso, en innumerables ocasiones he sido víctima de negativas que convierten en penalidad cualquier ingreso a un súper o cualquier acercamiento a un módulo promocional (que con ranchera elegancia es llamado “centro de canje”) estilo mécsican.
Para ampliar la lista de los desaguisados, sólo traigo aquí los más comunes fiascos del mundillo comercial que nos cupo en mala suerte:
Refrescos
y regalos gratis todo el día (se reparten 23 gaseosas y cuatro playeras de un
algodón tan delgado y chafa que parece oblea); por supuesto, todo se acaba en
quince minutos, y para justificar la jornada un abnegado ser humano baila todo
el día dentro de una botarga de peluche mientras una edecán responde a nuestra
querella que “El Supervisor”, a quien menciona con temor y veneración y mayúsculas,
“pronto traerá más productos promocionales”.
La
franquicia que tiene a un horrendo payaso como símbolo puede ofrecer a cinco míseros
pesos su hamburguesa estándar, como lo señala el anuncio, y con letra pequeña,
muy pequeña, se advierte que tal es el precio establecido sólo si se compra un
refresco que cuesta 25 pesos.
La
“cena de tu pareja gratis” es una de las promociones más eficaces
“implementadas” por la mercadotecnia actual. En ellas, es cierto, la cena de
la pareja es gratuita, pero la bebida suele costar el triple. Lo ideal es cenar
y pedir agua para empujar cada bocado, aunque esta treta ya no funciona, pues
los restaurantes sólo venden agua embotellada.
Nunca
hay que cometer el error de avisar al mesero que traemos un valecito de
descuento. Cuando declaramos ese crimen de leso restaurante, el mesero, el capitán
de meseros, el gerente, el garrotero, los cocineros, el bárman, el alcalde de
la ciudad, los bomberos y hasta el cuidador de coches se comportarán como si
hubiéramos golpeado a sus respectivas madres. Todo por un vale de descuento del
15%.
Cuando
buscamos regalos en las cajas de cereal es urgente practicar el más profundo
pesimismo. De cada millón, una trae el soberbio premio de la plancha.
Las
taparroscas son un homenaje al regalo estéril y manipulador del candor
infantil; junta veinte tapas, súmale cuarenta pesos y te llevas un fabuloso
llavero de Bob Esponja, el mono más feo creado en la historia de la humanidad.
Todas
estas promociones me recuerdan a las fraudulentas rifas callejeras (“juega con
las dos últimas cifras de la lotería”), pues uno compraba el numerito y jamás
volvía a ver al rifero. Aquello era infalible, casi como desafiar a la ruleta
rusa con seis balas.
5/10/05
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