El domingo 6 de marzo de 2005 inicié una nueva columna periodística; su nombre será, mientras viva, "Ruta Norte", y la publicaré en La Opinión Milenio. Sin mayor preámbulo, las reproduzco aquí en orden cronológico inverso.

 

 

Ráfagas de narrativa

Hace dos meses publiqué una reseña sobre Microrrelatos, ensayo en el que David Lagmanovich teoriza sobre este subgénero de la narrativa cuyo profundo enraizamiento se dio en América Latina durante el pasado siglo. Cité en aquella ocasión que la novela decimonónica, conformada por títulos poderosos y totalizantes como Los miserables o La guerra y la paz, afianzó la noción que pesa hasta la fecha: el prestigio de la grande, de lo faraónico, frente a lo pequeño, comúnmente minusvalorado. Sin embargo, con los primeros brotes de las vanguardias europeas nació un fenómeno en sentido contrario: el despojamiento, la economización de formas que es evidente en artistas como Baudelaire, Debussy y Brancusi. En pocas palabras, una nueva fórmula comenzó a correr con mejor suerte: menos es más, dijeron muchos artistas, lo que abrió la puerta, en narrativa, a la legitimación de subgéneros como el microrrelato.

         Muchos confunden todavía, sin embargo, al microrrelato con otras formas de la escritura breve como el aforismo, el poema breve, la viñeta, la anécdota o la vaguedad surrealista. En general, el microrrelato se ajusta a las reglas del cuento clásico en el sentido de que, pese a su gran economía de trazos, “narra” una ficción y responde al orden trino del principio, medio y fin (de preferencia sorpresivo).

         Quiero ahora, en vez de teoría en cápsulas, mostrar algunos ejemplos de mi cosecha. No sé si sirvan o sean despreciables, pero lo que sí sé es que fueron creados específicamente como microrrelatos, que los escribí como llegaron a mi cabeza, sin llamarlos, sin esperarlos, como cuñas metidas en los resquicios de otros géneros aun más prestigiados. Van con la advertencia de que alguna vez regresaré a estos asuntos. Todos pertenecen a mi librito Arte de miniaturía (cuyo sucinto prólogo, como debe de ser en este caso, aparece en primer término):

 

Telegrama introductorio

Cortázar afirmó que cuento debe ganar knok-out así como novela suele hacerlo decisión. Pues bien, microrrelato, si eficaz, triunfar ante lector también knok-out, pero inmediato y fulminante, si se puede a los diez segundos primer asalto. Eso es todo.

Autor

 

Knok-out fulminante

Asombrosamente, Agustín El Chiquilín Chaparro era el único boxeador que leía microrrelatos. Recuerdo haberlo visto devorando como hipnotizado (soy reportero de la sección “Brevísimas deportivas”) antes de que se trepara al ring para disputar el título gomezpalatino de peso minimosca.

Por cierto, subió inspirado gracias a la lectura: aquella pelea la ganó a los diez segundos del primer episodio.

 

Autobiografía

Fracasé. Soy, como todo mundo lo sabe, un perfecto desconocido.

 

Balance de logros

La realidad es que ya abandonamos el tiempo de los cuchillos largos, la realidad es que ya podemos vivir sin la zozobra del pasado, la realidad es que nuestros hijos podrán jugar de nuevo en las grandes avenidas, la realidad es que otra vez podremos dormir con las ventanas bien abiertas, la realidad es que ya terminó la cacería de brujas, la realidad es que mi gobierno ha logrado restituir el clima de respeto y orden necesario para el desarrollo, la realidad es que llegó la hora de vivir en paz, en paz, en permanente paz.

Y dicha la última palabra, como si fuera un eco onomatopéyico y siniestro, se oyó el brutal “¡pas!” del balazo que le rajó el pecho al señor gobernador.

 

Contra tirios y troyanos

Para cerrar con broche de oro, todos pusieron su granito de arena con el fin de erradicar —costara lo que costara, de una vez por todas, contra viento y marea, sin dar ni pedir cuartel— los lugares comunes

 

En estricto sentido

Se nos acabó el amor. Nos separamos. Cada cual cogió por su lado.

 

Un profesional

El espejo de su camerino le devolvía ya algunas incómodas arrugas. Había pasado el tiempo de sus mejores años, de sus maratónicas sesiones de filmación, cuando era capaz de salvar, sin apuro, hasta cuatro duras secuencias en una sola mañana de trabajo. Pero el espejo no mentía: ya era un actor viejo, curtido en el oficio, y era urgente pensar en el retiro. En esas reflexiones se ocupaba cuando oyó el llamado de la escena. Se puso de pie, se tumbó la toalla de la cintura y, entre cámaras y soportes de audio e iluminación, junto a la mirada aburrida del staff, avanzó tratando de no pisar los cables, desnudo. [email protected]

19/6/05

 

"Anteprecampañas" pornográficas

Tímida, vaga, tristemente la Ley Electoral de Coahuila sólo emite, como chispita de guijarro en la caverna, una disposición concreta sobre los topes de las precampañas interpartidistas. Textual: “Artículo 109. Los partidos políticos podrán realizar gastos con motivo de las precampañas que efectúen para elegir a sus candidatos, hasta por la cantidad equivalente al 15 por ciento del monto total fijado como límite de los topes de gastos de campaña para la elección de que se trate”. Ese 15 por ciento, entonces y por ejemplo, es de un millón doscientos mil pesos en el caso del PRI, dado que su tope total anda en poco más de ocho millones.

Un millón doscientos mil pesos a repartir entre, digamos, al menos cinco precandidatos (Moreira, Arizpe, Gutiérrez, Guerrero y Sifuentes), dado que Jesús María Ramón es el aspirante que más conatos de ruptura ha mostrado si el proceso interno del PRI estatal no se acomoda a sus expectativas (otro que anda amagando con emigrar al PRD es Moreira, como lo apunta Gerardo Hernández en su “Capitolio” de ayer en La Opinión). En este escenario, esos cuatro o cinco precandidatos se tendrían que repartir un pastel con rebanadas de apenas 300 mil pesos, o sea, nada, nada comparado con lo que ya, en época de “anteprecampañas”, valga el barroco abultamiento de prefijos, se ha dilapidado en espots, espectaculares, medallones, viajes, papelería y etcétera.

Basta conocer cuánto cuesta la producción de un espot de televisión o el diseño y la colocación de un espectacular para darnos una idea del dispendio en el que actualmente incurren quienes aspiran a tomar las riendas del estado y de algunos municipios como el de Saltillo o Torreón. Como la ley se muestra descaradamente laxa, los ratones salen de la ratonera sin ningún disimulo, y con todos sus dientes y todos sus bigotes nos enseñan que la mesura no es precisamente una de sus cualidades.

No puede ser, al menos hoy, de otra manera, cuando la ética y la contención se arrastren por los suelos más mugrosos del cinismo. La tendencia global, en la que se subsume cualquier acción local, es lubricar la acción proselitista con los usos del márquetin, vender un producto antes que vender un programa, y de esa forma convertir el otrora discurso ideológico-partidista en una breve serie de simplones ítems a cubrir: imagen física del candidato (Creel afeitado y no con barba de catarrín), apropiados colores de combate (el verde perico de Sifuentes), frases cliché (“Trabajando por Ti” —sic— de Zermeño o el “Somos más” de Moreira), entre otros. El proceso que sigue la mercadotecnia en estos casos es muy parecido al que transformaría un nuevo y por tanto desconocido refresco (¿Big Cola?) en una marca bien colocada en el gusto de los potenciales clientes. Lo malo en este caso es que no estamos tratando de refrescos, sino de partidos políticos, de candidatos, de potenciales electores, del futuro de una entidad y su ciudadanía. Podemos colegir pues que la propaganda política se ha convertido estrepitosamente en una depravada rama de la más rascuache publicidad, en rehén de los mercadólogos antes que de los ideólogos.

Pese a todas las evidencias, contra reportajes tan puntuales como el que Julián Parra publicó en estas páginas el 10 de junio, para “anteprecanditados” (usemos otra vez, inevitablemente, esas comillas) como Raúl Sifuentes la realidad electoral de la entidad no emite mensajes alarmantes: “Se está dando un juego normal, en parámetros normales, porque yo he sido testigo de otros procesos, y éste me parece más ordenado que los anteriores” (Vanguardia, 9 de julio). Si lo normal es ahora despilfarrar recursos incluso antes de que comiencen oficialmente las precampañas, entonces no cabe duda de que la política ha cedido su lugar al capital, a la subterránea inversión de plata en propaganda vacua y fachendosa.

Nadie es quién para recomendar nada, pero la suma de opiniones puede darnos una idea de lo que urge modificar. Cualquier ciudadano con dos milímetros de frente opinaría que el dispendio en la lid electoral es un insulto a la pobreza y un gasto absolutamente prescindible a menos de que, esta es la clave, la ley promueva y exija la equidad de los gastos en el caso de cualquier partido o candidato. Ese es el espíritu de la ley electoral vigente, que determina la entrega de recursos a los partidos y los topes de inversión en las campañas. Lo que no impide es, precisamente, lo que ahora permite a muchos “antepreaspirantes” inyectar dinero de dudosa procedencia a esta viscosa etapa llamada “de posicionamiento”.

Alguna vez la ley deberá decir, sin más vueltas, que para eso brinda recursos a los partidos, para que se gasten de manera racional, equitativa y transparente como combustible del necesario juego político electoral. Cualquier otro periodo de promoción, cualquier otra dádiva o cualquier otro modelo de allegamiento de recursos deriva forzosamente en el lamentable espectáculo que hoy vemos en Coahuila: impúdicos gastos de campaña, dinero de origen nebuloso, amarres en lo oscurito con el capital que nunca la brinca sin mocasín, saqueo de las arcas públicas, derroche pornográfico e injustificable.

Mientras eso pasa los ciudadanos pobres, la carne de cañón electoral, siguen esperando, hambreados, el verdadero cambio, un cambio que debería empezar, precisamente, en la manera de construir a los hombres que habrán de gobernarnos. [email protected]

5/6/05

 

Una alegoría

Iba por la leche trepado en mis botas de casquillo Stanley steel cuando, afuera de la tienda, vi el descanso de un indígena coloridamente empenachado y enhuarachado. La escena era, al menos, enigmática. Él solito despachaba una Coca de dos litros y un gigantesco panqué de Durango, y se veía exhausto, sudoroso y sumido en aquella tristeza milenaria que en este país sólo el indígena es capaz de reflejar. Vi que sus intrumentos de trabajo, un flautín y un tambor, también descansaban en el piso. No entiendo por qué ni para qué, pero al pasar le hice una pregunta:

—¿Cansado?

Por respuesta me obsequió una categórica mirada de desprecio. Me sentí un intruso, un mestizo que en justicia merecía los dos latigazos de odio que me disparaban esos ojos. Entré por la leche, tomé mis dos botes del refrigerador y fui a la caja con el malestar de quien se mete en un problema gratuito. Pagué. Al salir, el hombre seguía allí, tirado en un pedazo de sombrita, suspendido el trance de comer. Pasé a un lado ya sin mirar, pero me detuvo su voz, una voz que no parecía corresponder a nada oído por mis orejas en cuarenta años de uso; el hombre dijo algo que sonaba así:

 

Ni hual choca in
ni hual icnotlamati
zan ca anicnihuan
azo toxochiuh on
¿ma ye ic ninapantiuh
can on Ximohuayan?
Nihuallaocoya.

 

         Me detuve a escucharlo ya con el rostro de turista ante una artesanía. Incluso le sonreí; supongo que mi cara era el espejo vivo de la imbecilidad. Luego de admirar mi admiración, habló en castilla.

 

—Aquí me pongo a llorar
me pongo triste.
Soy sólo un cantor
Vean, amigos míos
acaso con nuestras flores
¿he de vestirme allá donde
están los que no tienen cuerpo?
Me pongo triste.

 

         Hizo una pausa y prosiguió con voz monocorde, un poco chillona, con un estilo declamatorio parecido al del orador que repite con ritmo parejo una serie letánica que encierra signos oraculares pese a su torturada sintaxis.

 

—Vendrán tiempos

hombres armados de mentira

sin flores

caballos de lumbre nos segarán

y entonces surgirá voz y rabia

para que no quede viva estrella de sangre

ustedes creen que se alzan con el sol

y están muriendo

miran al ídolo muriéndose y no saben

que los muertos que se mueren son ustedes

nosotros tenemos flor y canto

y estaremos siempre

porque la piedra se hace polvo o se pule

no desaparece

tampoco desaparece el olor de las flores

mi mañana será su anochecer.

 

Por supuesto me cuido mucho de creer en símbolos o en mensajes cataclísmicos. Pero este era un caso raro. Todo parecía avanzar en la órbita de la normalidad —su pobreza, la Coca, mi viaje por la leche, la tienda, mi dinero—, y tal vez por eso, porque todo era normal, el indio se veía tan ordinario como todo lo demás, se veía invisible. Llegué a casa y pensé que había sido un sueño.

Pero no. En efecto comenzó a caer la noche. [email protected]

5/6/05

 

Nuestra plata en el muladar

No me agrada pensar sólo en términos abstractos. Más bien, me gusta creer que cualquier abstracción puede aterrizar en el planeta y convivir con el ser humano de manera ordinaria, convencional. Explico. Cuando se habla en los periódicos de derroche en las precampañas, lo habitual es que pensemos que eso es una desfachatez, una muestra de cinismo, pues se saquean las arcas públicas para “posicionar” a un pobre mortal cuyo defecto más visible es su hambre de poder. Luego de levantar las denuncias —sólo periodísticas, vale aclarar— son invocados artículos de la ley electoral, se plantean topes, se pide castigo contra los responsables, se exigen penalizaciones que nunca trascienden la frontera del gas verbal. Así entonces, todo se queda en el plano de lo abstracto: unos gastan, otros critican, unos suspiran por la ley, otros ladran y algunos berrean, pero no pasa absolutamente nada, nadie la debe, nadie la teme, todo queda en el mismo punto y los cínicos respiran aliviados y ávidos de más y más.

         Mientras eso sucede, en el mundo de lo concreto, yo, como casi todos, salgo una vez más de casa con el nada abstracto propósito de ganar el estricto pan de cada día. En la calle recibo el insulto de los tremendos espectaculares en vinil, finamente trabajados en photoshop, modernos, que exhiben la sonrisa plastificada de los “posicionandos”. Todos tienen la misma cara (¿por qué ningún aspirante sonríe con naturalidad?; compadezcamos a los fotógrafos, pues tienen que hacer auténticos milagros), todos el eslogan huero, todos la afirmación narcisista, todos la seguridad de que sólo saben dar y nunca recibir. Mientras los veo, pienso en los malabares que debo hacer para no sucumbir en el mundo de lo concreto: pagar, pagar, pagar, casi todo es pagar. Pagar la concreta hipoteca, la concreta letra del coche, las concretas colegiaturas, la concreta agua, la concreta luz, el concreto teléfono, la concreta deuda en la tienda departamental, el concretísimo mandado. Todo es pagar. Pagar para vivir más o menos. Pagar para vivir, para sobrevivir.

En ese reino de pagos concretos están otros que me niego a desconsiderar, por lo gravosos y, dada la evidencia, por lo inútiles: son los pagos al poder. Me refiero a todas aquellas cuotas que dejamos en las arcas del gobierno y que, hipotéticamente, son administradas e invertidas exclusivamente en obra pública. Son tantos los rubros y tanto el platal que con jacaranosa alegría, todos lo sabemos, nuestros funcionarios pasan por alcaldías, tesorerías, direcciones, secretarías, gubernaturas, etcétera, y en el camino se les adhieren bienes que ahora sólo pueden ser rastreados en muy bien disimulados prestanombres, como ocurre con los polluelos de Marta Sahagún. Es ya una ley no escrita, y hasta tolerada en el mexican way of life, aceptar que nuestros políticos no vivan en la decente y ya cómica medianía juarista, sino al revés, rodeados de lujos sólo limitados por la ambición de cada quien.

No por otra razón en México mutó a dogma uno de los aforismos más acabados del importamadrismo ético: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”, frase maquiavélicamente acuñada por el pensador César Garizurieta, sentencia que puede ser complementada por esa otra perla del vocabulario mexicano de la infamia: “Ser un político pobre es ser un pobre político”, esta atribuida al profesor Carlos Hank, que en paz descanse, zoon politikon que supo hacer muy bien todas las trácalas posibles gracias al dinero público y que, por tanto, con esa experiencia tan vasta como basta, sabía lo que afirmaba.

Pero en fin, ya dije que eso es parte del idiosincrásico cinismo nacional, y de antemano cuento con que una parte de mi pago por predial, por tenencia, por agua o por parquímetros viajará misteriosa y laberínticamente hacia las inversiones bancarias de mis gobernantes. Ya, no hay problema, eso lo he aceptado desde hace años. Lo que sí me parece pornográfico es que mi dinero, el dinero que gano con el sudor de mi cada vez más encorvado lomo, sea usado para macular a la ciudad con el ubicuo y poco agraciado rostro de quienes pretenden gobernarnos. ¿O todavía creen los pre pre pre y diez veces pre candidatos que persuaden con la especie de que los millones invertidos en sus precampañas salen de sus manirrotos simpatizantes? No hay dinero privado que aguante esos gastos, y por eso nadie se atreve a confesar —lo mismo Enrique Peña Nieto que Jesús de León o Humberto Moreira o quien sea— de dónde salen los grotescos patrocinios.

         En resumen, como el que usan los precandidatos es dinero público no sería mala idea negarse a pagar el predial y la tenencia, por citar sólo un par de gastos ciudadanos que nos succionan el bolsillo para que otros sonrían en los anuncios espectaculares y en los espots televisivos. Tal vez así nuestros funcionarios entenderían que el erario público no debe servir para la puesta en escena de su miserabilidad electoral.

         Me apunto, pues, para iniciar con el boicot. Espero numerosos adherentes a esta noble causa. [email protected]

29/5/05

 

Pensamiento Fox

La frase que desató nuestra más reciente polémica vernácula fue aquella en la que Vicente Fox menciona a la negritud gringa como renuente a desempeñar las chambas que los mexicanos sí aceptan en el imperio de Walt Disney. Litros y litros de tinta y de saliva fueron gastados para comentar, seria o chacoteramente, la poco eufemística frase del guanajuatense. Se recordó, con gran coincidencia de opiniones entre los principales columnistas del país, que tal resbalón sólo le podía ocurrir a un hombre que no es político de cepa, como Fox, sujeto con disco duro de empresario, presidente que no está hecho para el tiroteo verbal característico de la siempre merdificada polaca.

Van a continuación, con un poco de contexto, las diez boludeces (dicho esto en perfecto dialecto porteño) que Fox populi ya no dirá por miedo a que se lo traguen vivo las pirañas que habitan en los medios de comunicación.

1. Si alguna vez vuelve a felicitar a Ana Gabriela Guevara o a cualquier otra atleta mexicana, ya no dirá: “Me da mucho gusto, Ana Gabriela, que pese a que seas mujer te hayas encaminado a esa actividad de hombres en la que felizmente haz conseguido otra medalla para México. Un abrazo, querida Ana Gabriela. Mereces el reconocimiento hasta de los hombres”.

2. Si alguna vez vuelve a discursear frente a los académicos de la lengua y frente al rey Juan Carlos, ya no dirá: “Es un honor expresar mi orgullo por la lengua de Cervantes, autor, por si ustedes no lo saben, de una obra llamada El Quijote de la Mancha; dicha lengua es la mía, como lo ha sido también de otros grandes escritores y escritoras como Quevedo, Sor Juana, Martí, Darío, Reyes, Paz y de un argentino que fue autor de un cuento llamado ‘El jardín de senderos que se brifurcan (sic)’”.

3. Si alguna vez le toca opinar sobre el espantoso accidente sufrido por los integrantes del show “Sólo para mujeres”, ya no dirá: “Es una lástima que sucedan estas cosas, que gente de bien, de trabajo, de esfuerzo, padezca el horror de los pillos y de las pillas que todavía no hemos logrado erradicar. Los muchachos de ese espectáculo donde bailan como amanerados, aunque en el fondo quieran parecer hombrecitos, no tienen la culpa de los peligros que los y las acechan en la ciudad”.

4. Si alguna vez asiste a un centro de nutriología donde atiendan padecimientos relacionados con la obesidad, ya no dirá: “Con inmenso gusto inauguramos este centro dotado con la mejor tecnología, pues queremos que en México se democratice la salud, que no haya mexicano o mexicana sin servicio médico inmediato y de calidad, como ocurre en este caso, donde se supone que a ustedes los atenderán para que ya no tengan los padecimientos típicos de los gordos y de las gordas. ¡Adelante, pues, compratriotas, a liquidar esas lonjas!”.

5. Si alguna vez hace una entrega directa de cobijas y despensas en algún barrio marginal, ya no dirá: “El combate a la pobreza es una de las prioridades de mi gobierno. El presidente de México quiere que sus gobernados dejen de ser miserables y que al menos se les llene la tripa con algunos frijoles diarios, mucho mejor si son guisados con mantequita de puerco o, en su defecto, de puerca”.

6. Si vuelve a tener trato directo con los indígenas en algún poblado de la selva sureña o de la sierra norteña, ya no dirá: “Traemos directamente estos beneficios a sus comunidades para que vean que el supremo gobierno nunca los abandona, pues deseamos que ustedes sean felices en sus propios territorios para evitar que después anden como patasrajadas dando lástimas en la calle, pide y pide limosnita por el amor de dios a los mestizos y a las mestizas que gracias a dios no vivimos en sus tribus”.

7. Si se reúne con la comunidad lésbico-gay, ya no dirá: “En México respetamos a las minorías; respetamos incluso a una minoría como la que ustedes forman. Nuestro gobierno entiende perfectamente que todos podemos tener los peores defectos”.

8. Si habla con los representantes de las iglesias, ya no dirá: “Nuestro gobierno es respetuoso de las libertades de culto, sin importar qué tan lejos está cada culto de la única y verdadera fe”.

9. Si se reúne con la comunidad migrante, ya no dirá: “Son un ejemplo para la patria, pues con sus dólares contribuyen a que México tenga más divisas; gracias a los trabajos viles que ustedes sí aceptan tenemos asegurado el porvenir de la nación”. 

10. Si alguna vez recibe a un líder negro del África, ya no dirá: “Como mandatario de mi país, me enorgullece sobremanera su visita, y sepa que nosotros en México ya no les decimos negros a los negros, sino afroamericanos, que es lo correcto, de tal forma que yo no lo discriminaré por ser usted afroamericano, muchísimo muy afroamericano, mucho más afroamericano que los afroamericanos y las afroamericanas que he visto en Estados Unidos. Venga entonces un abrazo fraternal, de hermanos, como si fuéramos a preparar, unidas nuestras dos ilustres razas, un sabroso café con leche. Con esto le demostramos que para nosotros el racismo es la cara más negra de la humanidad”. [email protected]

 22/5/05

 

De madruguetes

Aunque fuera breve, cómo no aceptar una charla con Miroslava Peñalver. Cualquiera aceptaría, pues esta Miroslava se parecía mucho a la Miroslava de las películas. Pese a su edad y a esos rasgos de muchacha hermosa y atarantada, sus preguntas tenían el inaudito propósito de ser inteligentes. Me pidió, para cumplir con el trabajo final de no sé qué materia, un diálogo sobre las campañas electorales que se avecinan en el desvalido estado de Coahuila. Un día después, luego de acordar el encuentro, procedimos a dialogar. Ella solicitó un ice mocha y yo el americanito de costumbre. Me sentí orgulloso de ser tomado en cuenta en mi difuso rol de analista político. Recuerdo que en el café me miró lleno de envidia un grandulón con el típico rostro del priísta a punto de culminar un negocio.

—¿Qué opina de los candidatos? ¿No le parece que son unos cínicos al no aceptar que ya lo son aunque no lo hayan declarado todavía? Ahí tiene pues que Chuy de León, José Ángel Pérez, Guillermo Zermeño, Alejandro Gutiérrez, Chuy María Ramón, Humberto Moreira, el propio gobernador y otros más ya andan en pleno furor propagandístico y no lo admiten. Por ejemplo, el sábado 8 de mayo, en el programa Olla de grillos, Chuy de León, diputado local, señaló que sus espectaculares sólo sirven para informar de las tareas legislativas que desempeña. Por fortuna allí había un periodista; Mario Gálvez lo atajó y le dijo que eso no era cierto, pues lo menos que hacen tales anuncios es informar de las tareas legislativas o de gobierno. Claramente se trata de lo que suelen denominar “etapa de posicionamiento”. ¿De dónde salen todos esos recursos? ¿Quién financia las campañas? ¿No le parece que esto es un agravio a la gente? Usar recursos públicos, o no aclarar el origen del dinero que soporta una campaña, es una brutal irresponsabilidad de quienes pretenden gobernarnos.

—Puede ser —respondí tibiamente.

—¿No cree usted que los políticos son cada vez más desvergonzados? A mí me da esa impresión. Antes mostraban honradez, o sea que se descaraban un poco más. Si un tipo quería ser alcalde, a todo gaznate lo gritaba durante tres años y nadie levantaba las orejas de alarma. Ahora, dizque vigilados como están por los medios y con los candados de la ley electoral, nadie dice, como Chente Fernández, “yo quiero ser”. De esa forma aprovechan recursos públicos o de origen oscuro y lanzan campañas de autoelogio donde lo que destaca es la cara sonriente del candidato y a lo mucho un eslogan tan mamón como hueco y demagógico.

—Creo que sí —añadí inconcientemente.

—Ni siquiera de eso se preocupan ya. Ninguno prepara campañas donde reine la coherencia de un plan de gobierno, nadie apoya sus ideas en un pensamiento fino. Todo es fanfarronear, mentir con la grandilocuencia de un histrión fallido. ¿Qué significa “Somos más”? ¿Qué significa “Tu diputado federal”? ¿Qué significa “Trabajando por tí” con acento en la i? ¿Qué significa “Comprometido con la comunidad”? ¿Qué significa “Un senador de resultados”? ¿No estamos acaso frente a la vaciedad más apabullante?

—Quizá —respondí desinteresadamente.

—Lo que pasa en la ratonera chica no es sino el reflejo de los vicios que se han enquistado en el poder central. Ahí están los casos de Creel, de Madrazo y del Peje. Con la apurada excepción del Peje, los otros dos no ha declarado explícitamente su propósito de llegar a la contienda por la presidencia aunque desde hace meses madrugaron en ese sentido. ¿Para qué, pregunto para qué? ¿No desean competir? No, señor, a mí no me engañan esos tres (aquí dijo algunas palabrotas que no puedo reproducir porque mi abuela es la única persona que lee esta columna). Lo hacen para aprovechar los recursos y la estructura del puesto que ocupan. Creel, como secretario de Gobernación, ha sacado tajadas importantes de difusión mediática; Madrazo, como gerente actual del PRI, se ha beneficiado bastante pues ha podido maniobrar con el control de toda o casi toda la estructura del tricolor; y del Peje qué decir, apenas acaba de gritar “la quiero” porque no lo quedaba de otra, y mientras son peras o son perones allí están las arcas sin fin del DDF. Otro tanto han hecho quienes apetecen la gubernatura de Coahuila o la alcaldía de Torreón, para ir de lo general a lo particular y no extraviarnos en nuestra entrevista. ¿Está usted de acuerdo con este escenario? Contésteme, usted que es un politólogo honesto.

—No estoy de acuerdo —confesé resignadamente.

—Claro, es obvio que no puede estar de acuerdo con semejante canallada. Sólo un idiota lo estaría. Tendríamos otro México si pensaran más personas como usted, con esa claridad y ese buen juicio. Pero en fin. No cabe duda que nuestra entrevista ha sido provechosa. Sus opiniones me serán de gran utilidad. Le agradezco mucho.

—No tienes nada qué agradecer —concluí modestamente. [email protected]

15/5/05

 

Intrucciones para no sucumbir en La Laguna

Famoso es el genial título del libro aquel de Jorge Ibargüengoitia en el que pretende dar “Instrucciones para vivir en México”, obra que, como otras del escritor guanajuatense, reúne póstumamente su prosa periodística gracias al empuje del investigador Guillermo Sheridan. Pues bien, ocurre que hace poco recordé el libro de Ibargüengoitia debido a que un amigo de San Luis me compartió su temerario interés por radicarse en La Laguna. Hizo preguntas que me inquietaron, pues a muy pocos se les ocurre indagar eso: ¿cómo debo ser en La Laguna? ¿Qué puedo hacer para que allí me vaya bien? ¿Cómo debo tratar a la gente? Sólo con afán descriptivo, sin dogmatismo, a ojo de mal cubero, le respondí con un minimanual de diez incisos que tal vez lo ayudará a no sucumbir en nuestro terregal. Claro que prometí ampliarlo, pero de momento le ofrecí sólo este decálogo.

1. Si le gusta beber en casa, es necesario que se prepare bien (o “se mentalice”, como dicen expertamente los futbolistas) para asistir a carnes asadas los viernes o los sábados a la noche. Lo más importante es el trago, claro, pero la carnita no está de oquis. Lo fundamental es abastecerse de cerveza antes de las nueve pm, pues a esa hora entra en vigor, al menos en Torreón, la censura del alcohol. Si se acaba el trago y ya son más de las nueve, no importa. Sólo es necesario consultar a los patrulleros de la policía para localizar algún expendio clandestino. En estos casos los mastines de la ley no acostumbran ser hostiles.

2. Si decide hacer una visita nocturna a la ciudad de Gómez Palacio (reputada como urbe propicia a la relajación) es necesario que separe, como gasto inevitable, cien pesos en dos billetes de cincuenta, dado que si bebe o si no bebe, si se pasa un alto o lo respeta, de todos modos lo detendrá la policía siempre al acecho. El caso es que algo inventarán para amenazarlo con retener el coche, así que es necesario parlamentar civilizadamente. Quince minutos de negociación (o menos): cincuenta pesos; de quince a treinta minutos: cien pesos. La discusión no puede durar más de media hora, pues ya no sería negocio, como postuló el filósofo Arturo Durazo.

3. Si conduce en la comarca es necesario aprender muy bien el manual de vialidad. Luego de aprenderlo a la perfección es imperativo no llevar a la práctica tales reglas, eso para evitar colisiones.

4. Considere que la puntualidad es muy importante; sume a sus horarios de salida al menos veinte minutos de colchón, pues siempre habrá una obra en trámite que lo obligará a desviarse de cualquier ruta. Si piensa tomar el bulevar Constitución, por ejemplo, no olvide tomar siempre el bulevar Independencia.

5. Si discute con un rico de La Laguna no olvide darle siempre la razón en cualquier tema; ellos suelen tenerla el cien por ciento de las veces, y no viene al caso debatir.

6. Recuerde que con dinero y por dinero la burguesía lagunera hace siempre lo que quiere y su palabra es la ley.

7. Si va a Lerdo a comer nieve, no intente pedir la de limón. Es la favorita de las nada hospitalarias avispas que siempre rondan el establecimiento.

8. Para evitar problemas y para gozar de impunidad, no olvide comportarse, vestirse, hablar y pensar como júnior lagunero. Tal es su mejor salvoconducto para que el mundo lo respete y la autoridad no lo toque ni con el pétalo de una multa.

9. Si le interesa integrarse al ambientillo cultural de la región lagunera es pertinente que tome en cuenta la importancia de no leer, de no cultivarse nunca, de mantenerse ajeno a cualquier tipo de fastidio intelectual. Considere que lo esencial es desarreglarse un poco la ropa, comprar unos lentes pequeños y ajuarearse con algún morralito importado de Coyoacán. Si es posible escriba cualquier desahogo que le dé mínimo cuarenta o cincuenta cuartillas. El aeropuerto del Departamento Municipal de Cultura (de Torreón, obvio, pues ¿acaso hay otro en La Laguna?) con gusto lo publicará vistosamente prologado por su piloto aviador en jefe, el rey del gerundismo blanco.

10. Si no le gusta el fut, ni se pare en las tierras del Nazas; esto “aplica” —digámoslo en el tonto argot publicitario— sobre todo los lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados y domingos.

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9/5/05

 

Ni muertos ni de parranda

El miércoles 27 de abril anochecimos con la rendición del presidente Fox y el jueves 28 amanecimos con las nada escasas opiniones respecto a la tardanza de mandatario para frenar la estulta embestida desaforadora que empezó hace poco más de un año, cuando recién comenzaron a bullir los primeros indicios de la arremetida legaloide contra el posible, y hoy inevitable, candidato del PRD. Esa demora muestra, al menos, dos realidades evidentes e íntimamente vinculadas.

         La primera, que el chanchullo del desafuero había nacido meses atrás con el fin de cristalizar, sin migaja de titubeo, la total aniquilación de López Obrador, entonces sólo un aspirante serio, pero no seguro, a la presidencia de la república. Confabulados en los más oscuros y orinados callejones del poder, afilados los colmillos para chuparle hasta la última gota de prestigio al jefe de gobierno, los artífices de la tragicomedia habían colocado todas sus fichas en esa jugarreta que mediáticamente comenzó el 1 de marzo de 2004, día en el que Gustavo Ponce también colocaba, sin metáfora, todas sus fichas en una ruleta de Las Vegas. Luego vino la vapuleada bejaránica del 3 de marzo, y en los meses siguientes creció como bola de estiércol la pretendida chuza final, la sesión de la cámara para consumar, como si fuera una estampida de bisontes, el patético desafuero del 7 de abril. El sucio plan había nacido, pues, como un trabajo realizable, como la ordinaria, inevitable, segura eliminación de un quiste. Esa certeza inicial fue a la postre lo que retardó la desactivación del explosivo.

         La segunda de las realidades, a la luz de los enroques recientes, es la que chocó de frente con la burda maniobra oficial. Desde el principio, el lopezobradorismo arguyó lo que muchos analistas tildaron de cantilena autoexculpatoria y cínica: el complot. Si diez veces ataca un lobo —vale refritear en esta parrilla el cuento de Caperucita—, diez veces se puede asegurar que ataca un lobo. Pese a su desgaste mediático, la machacona afirmación de que todo era un complot, porque lo fue, sirvió para que la escéptica opinión pública aceptara, cada vez con mayor convencimiento, esa verdad repetida hasta el hartazgo.

         Sumado a eso, la captura en La Habana de Carlos Ahumada fue un ingrediente que puso a fuego lentísimo la quema de Fox como principal maniobrador en el caso del desafuero, y eso se comprobaría en la semana recién terminada con la felpa verbal que el comandante Castro le puso al gobierno mexicano: detrás de aquellas barbudas y nada improvisadas palabras había, hay, algo más: los videos donde Ahumada seguramente desembucha, gentilmente interrogado por agentes cubanos de dos metros de estatura, la tosca estratagema de nuestro gobierno federal, una estratagema que ya comenzaba a mostrar sus negras uñas incluso a la totalidad del globo.

         Y lo más importante: las dos movilizaciones, la del 7 y la del 24 de abril. Los desaforadores vieron con claridad que aquello era una sinécdoque irreversa: la parte por el todo, los miles de manifestantes del zócalo como representantes de un país hastiado hasta el vómito con las mentiras, la aglomeración de presencias que lanzó un histórico “ya basta” a la arbitrariedad facciosa de quienes, innombrables o no, desean el retorno de México a la era del paleolítico priísta.

         Hoy México dio un paso para salir de la barranca, es cierto, pero la verdad es que sigue allí, sumido en la penumbra y al acecho de los zopilotes. No por nada el fenómeno acción-reacción del 28 de abril. Mientras Fox respiró más o menos en paz al saber que vuelve a la tensa pero sobrellevable normalidad su relación con el lopezobradorismo, las fuerzas vivas de la barbarie intransigente, el madracismo y sus secuaces verdes y blanquiazules, no han quedado contentos con la derrota y seguirán planeando ardides cavernarios. En otras palabras, los chamucos no están muertos ni andan de parranda, sino muy dolidos y deseosos, vorazmente deseosos, de venganza. Terrible error sería bajar la guardia o destapar las botellas de champán. [email protected]

1/5/05

 

 

 
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