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El domingo 6 de marzo de 2005 inicié una nueva columna periodística; su nombre será, mientras viva, "Ruta Norte", y la publicaré en La Opinión Milenio. Sin mayor preámbulo, las reproduzco aquí en orden cronológico inverso.

Bateo libre
Inquieto,
casi triste por el imperativo de deambular con mis palabras únicamente por la
congestionada autopista de la política, le pregunto a Marcela Moreno si tengo
esa obligación o si sólo es una idea que me he autoimpuesto por el reacomodo y
la contigüidad de “Politicuentos” y de Monsi. “No –me responde
Marcela--, puedes escribir sobre lo que quieras”. Tras esas palabras, como
pelotero en el plato, advierto que he recibido la señal de bateo libre. Luego
pienso: ¿y por qué no usar, de vez en vez, cualquier día para guardar la
corbata y regar el jardín de otras temáticas, para batear de veras con
absoluto desenfado?
Eso
haré con la “cuenticolumna”. No es invento mío, sino del escritor español
Juan José Millás (1946),
con quien comparto páginas en la antología de microrrelato La
otra mirada, publicada en Palencia por la editorial Menoscuarto. Millás es
escritor, y como muchos cazafantasmas ha pisado la cancha del periodismo sin
renunciar del todo a su oficio primordial. Por eso es que publica
“articuentos”, historias que tienen todo el filo de la literatura pero que
lo mismo dan, por su tono y su brevedad, para ser consideradas, de fayuca, artículos.
Ofrezco un ejemplo del modelo original, el que, sin duda con menor talento,
seguiré para hacer de “Ruta Norte”, de vez en vez, una “cuenticolumna”,
si se me permite la emulación.
Traigo
pues “Confusión”, un magnífico e inspirador articuento de Millás:
“Antes
de que hubiera terminado de desenvolver el regalo de cumpleaños, sonó dentro
del paquete un timbre: era un móvil. Lo cogí y oí que mi mujer me felicitaba
con una carcajada desde el teléfono del dormitorio. Esa noche, ella quiso que
habláramos de la vida: los años que llevábamos juntos y todo eso. Pero se
empeñó en que lo hiciéramos por teléfono, de manera que se marchó al
dormitorio y me llamó desde allí al cuarto de estar, donde permanecía yo con
el trasto colocado en la cintura. Cuando acabamos la conversación, fui al
dormitorio y la vi sentada en la cama, pensativa. Me dijo que acababa de hablar
con su marido por teléfono y que estaba dudando si volver con él. Lo nuestro
le producía culpa. Yo soy su único marido, así que interpreté aquello como
una provocación sexual e hicimos el amor con la desesperación de dos adúlteros.
Al
día siguiente, estaba en la oficina, tomándome el bocadillo de media mañana,
cuando sonó el móvil. Era ella, claro. Dijo que prefería confesarme que tenía
un amante. Yo le seguí la corriente porque me pareció que aquel juego nos venía
bien a los dos, de manera que le contesté que no se preocupara: habíamos
resuelto otras crisis y resolveríamos ésta también. Por la noche volvimos a
hablar por teléfono, como el día anterior, y me contó que dentro de un rato
iba a encontrarse con su amante. Aquello me excitó mucho, así que colgué en
seguida, fui al dormitorio e hicimos el amor hasta el amanecer.
Toda
la semana fue igual. El sábado, por fin, cuando nos encontramos en el
dormitorio después de la conversación telefónica habitual, me dijo que me
quería pero que tenía que dejarme porque su marido la necesitaba más que yo.
Dicho esto, cogió la puerta, se fue y desde entonces el móvil no ha vuelto a
sonar. Estoy confundido”.
2/4/06
Cómo creerles
El
29 de marzo, en su “Itinerario político” de El
Universal, Ricardo Alemán cerró columna con una pregunta clave para
centrarnos en el debate sobre la gravitación del duopolio televisivo en los
grandes temas nacionales: ¿quién les
cree a las televisoras?, interrogó.
Soy uno de los muchos, supongo, que responderían con un
redondo no, con un “yo no les creo” enfático.
Más
allá de la coyuntura en la que se discutió la aprobación o no de la “ley
Televisa”, pantomima que devino mayoriteo a favor del duopolio dentro del
Senado, y más allá de que tal era el requisito de las televisoras para no
aplastar electoralmente a cualquier partido que anduviera de rejego contra le
ley, no creo en la bondad de las televisoras porque, pese a los cambios que
demanda el país sobre todo en materia educativa, las televisoras siguen siendo
paradigmas de cinismo y frivolidad.
Este
discurso ya parece muy sobado, pero lo lamento, sigue tan vigente como la
urgencia de educar mejor a la nación: salvo leves mejorías en los noticieros,
espacios que ante el empuje crítico de la prensa impresa han tenido que abrirse
a una siempre manejable pluralidad, las televisoras mantienen una programación
donde campea la estupidez y donde se rinde tributo a la doble cara.
Los
ejemplos son numerosísimos, desde las ya legendariamente tontas telenovelas
hasta los programas de concurso donde la insustancialidad brilla por su
presencia. Eso es lo que ve el país, así lo educan nuestras televisoras. Todos
lo sabemos, pero ellas sostienen el esquema de la vacuidad de contenidos como si
no fuera lesivo, como si no contradijera cualquier intento por impulsar una
formación seria desde las aulas y desde la familia.
Además,
las televisoras linchan (recuérdense las prédicas luego del asesinato a Paco
Stanley), y no les pasa nada. Las televisoras despojan (quién olvida el asalto
al Canal 40 en el Chiquihuite), y nadie las castiga. Las televisoras se dan el
esquizofrénico lujo, incluso, de proyectar nobles empeños para ayudar a
ciudadanos con capacidades diferentes (recuérdese la generosa causa del Teletón),
pero al mismo tiempo presentan en muchos programas cómicos a patiños atípicos
como Margarito (enano), Samy (disfuncional) y Changoleón (lumpen), de quienes
se carcajean hasta la hartura.
Por
eso insisto que más allá de la aprobación a una ley está lo que siempre ha
sido la televisión privada en México, principalmente la producida por el
duopolio omnipotente: un circo al servicio de la hipocresía y del
apendejamiento nacional.
1/4/06
Elizondo, el grafógrafo
Entre
el ruderío producido por el nefasto voto a favor de la “ley Televisa”, una
noticia casi clandestina me distrae de la agenda política y me devuelve la
soberbia imagen del escritor solitario, de la literatura en llamas que genera el
silencio y la marginalidad. El miércoles 29 de marzo murió en la ciudad de México
uno de los escritores más relevantes de la llamada generación de medio siglo:
Salvador Elizondo. Nació en la capital del país en 1932, y entre otras
numerosas obras fue autor de Farabeuf o la
crónica de un instante, que según la crítica es una de las mejores
novelas escritas en nuestro país durante el siglo XX.
No
era Elizondo, nunca lo fue y de seguro nunca lo será, un escritor de
multitudes. Era, como suele decirse, un escritor para escritores, y esa línea
la marcó muy enfáticamente a lo largo de su vida, una vida consagrada al
trabajo discreto, aislado, distante siempre del aparador y del flashazo. Se
identificó con el grupo de Plural y
de Vuelta, y mantuvo una amistad estrecha con Octavio Paz, su correlato
en poesía, hasta la muerte del Nobel mexicano.
Elizondo
gozó la fama de ser un artista refinado y “maldito”. En una entrevista habló
sobre su condición de autor para públicos chicos y severamente delimitados:
“'No podría de ninguna manera pensar que mis libros están destinados a
todos, desgraciadamente. Pero así es la vida, no puedo cambiar mi personalidad.
Por otra parte, creo que esto de los libros especializados no es un problema
estrictamente mío. Creo que todos los libros tienen un público particular, que
es quien los aprecia”.
Una semana antes de que fuera vencido por el cáncer, Elizondo entregó al FCE su último libro (Pasado anterior), una colección de trescientos artículos publicados hace años en el diario unomásuno, el de la época de Becerra Acosta, no en la basca que luego fue dicho periódico. Dicen los cables que de todo lo que publicó, Elizondo prefería “El grafógrafo”. No sé si tal predilección se refiera al libro que lleva ese título (tengo la primera edición, del 72) o al cuento homónimo. Sea lo que fuere, “El grafógrafo” es un microrrelato dedicado a Paz, y hoy se puede leer como el epitafio, como la crónica de un instante pensada para un hombre dedicado a la escritura; cito tres de sus renglones: “Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía…”.
31/3/06
Editorialismo y anexas
Pese
a que no escasean las voces que ya entonan el canto de su extinción, el trabajo
editorial para medios impresos goza todavía de una salud envidiable. Más: las
nuevas tecnologías, particularmente los programas de diseño gráfico para
computadora, le han inyectado a la labor editorial una riqueza impensada todavía
a mediados de los noventa. Por esa razón asombra la cantidad y la calidad de
las publicaciones que, con propuestas de la más diversa especie, salen al
mercado en busca de lectores, todas con visiones distintas tanto en el manejo de
sus contenidos como en el aspecto de sus páginas.
Ayer,
a propósito de este tema y como oferta sin precedente en
En
Por
esa razón, la aventura cuya imagen saint-exuperiana (por el excelente afiche
donde luce la belleza de Pamela Villarreal en el papel del principito) han
emprendido el Teatro Nazas, Artefacto
y otras instituciones es una apuesta que, obtenga el resultado que obtenga en lo
inmediato, ya tiene ganado el mérito de haber pensado en
El objetivo se ve lejano, pero todo, hasta lo que parece imposible, tiene un comienzo.
30/3/06
Periodismo de altura
Nada
envejece más rápido que el periódico de ayer, dicen, y aunque eso parezca
cierto no deja de ser importante, como testimonio de un presente que
permanentemente se nos fuga, el buen trabajo periodístico, ese que cala hondo y
marca un punto de referencia a partir del cual el gran público puede informarse
sobre un fenómeno cualquiera o conocer las generalidades de una determinada
realidad.
Esto
que parece una vaga reflexión sobre la circunstancia del periodismo actual la
traigo a plaza por el sentimiento que me dejó la edición de
El
primer texto, firmado por Gabriela Vázquez, llevó como cabeza
“De
Valioso
para el comentario post-lectura, el trabajo del reportero Javier Cassio,
rotulado “Provoca la pornografía adicción peligrosa”, explora de manera
sucinta pero atinada el boom de los
fenómenos de comportamiento que, más allá de la moralina, genera la ubicua y
peligrosa oferta de sexo descontrolado en internet. Por supuesto, en este anárquico
acceso a la basura virtual los que menos importamos somos los adultos. El
peligro está en la bestial facilidad con la que muchos millones de niños
pueden encontrar imágenes inapropiadas a su edad en un sistema que ha metido al
demonio de la deformación sexual en cualquier PC casera. Un peligro, de veras,
y el reporte de Cassio lo traza con aerodinámica solvencia periodística.
La
tercera nota, fechada en el DF, es de Jesús Alejo: “Dos encuestas en busca de
los lectores mexicanos”. No digo mucho, pues se me acabó el espacio de hoy. Sólo
comento que este periodismo es el que le da sentido al oficio, es el periodismo
que ayuda a saber en dónde estamos parados.
29/3/06
Archivo y voluntad
México
es un país hasta hace poco preocupado, y eso parcialmente, por el acopio y la
adecuada conservación de los documentos que puedan servir para historiar su
pasado. A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, y a diferencia sobre
todo de lo que hace cualquier comunidad, por grande o pequeña que sea, en
Europa, las ciudades de nuestro país apenas le prestan displicente atención a
eso que debería ser una prioridad. Salvo dos o tres excepciones, la mayor parte
de los acervos históricos mexicanos trabajan con las uñas, al margen de los
grandes presupuestos, con trabajadores mal asalariados, en instalaciones que son
casi cuchitriles donde el hacinamiento inhibe cualquier deseo serio de
investigación.
Me
pasó en alguna ocasión con la hemeroteca de la biblioteca municipal de la
alameda Zaragoza. Tuve que consultarla para desarrollar un trabajo de
investigación que demandó tres o cuatro meses de visitas frecuentes, casi
diarias, y aquella experiencia todavía la recuerdo como traumática. Debido a
su bajísimo presupuesto, la hemeroteca de la biblioteca municipal era un
triste, caluroso y mal iluminado jonuco en el que casi era heroico investigar.
Los ejemplares que albergaba databan, en promedio, de mediados de los setenta, y
por descuido y manejo inapropiado muchos números de
No
creo exagerar cuando afirmo que es la autoridad la principal responsable de
procurar los recintos adecuados para almacenar documentos que den fe del pasado
y que a la larga sirvan para desarrollar investigación histórica profesional.
Ahora que estamos en tiempos de centenario, no sería mala idea que el alcalde
José Ángel Pérez se llevara las palmas con una sólida inversión para
mejorar y ampliar las instalaciones del Archivo Municipal Eduardo Guerra. El
dinero que allí se invierta no será tal vez tan lucidor como el que se gasta
en otros rubros, pero le granjearía a Torreón la oportunidad de tener por vez
primera un archivo municipal digno de una ciudad que presume de moderna y
progresista, pero que en muchos terrenos (cómo en el del respeto por nuestra
memoria histórica) está muy por debajo de cualquier pobre pueblecito español
o francés.
Hace
falta que el Eduardo Guerra crezca y alcance la condición de recinto
primermundista. Cuando Jorge Zermeño fue presidente municipal, época en la que
usé la hemeroteca de la biblioteca José García Letona para desarrollar el
proyecto al que he aludido, escribí una carta que nunca le envié al señor
alcalde. Como sigue teniendo actualidad, esa carta se la haré llegar en su
momento a José Ángel Pérez. Creo que, con respeto, tal demanda ciudadana le
dará la oportunidad de lucirse no con un proyecto meramente ornamental, sino
con un espacio (el archivo público) que debe ser fundamental para toda ciudad
que sea de veras conciente de su historia y se enorgullezca de su pasado.
Torreón
no puede llegar a la centuria sin un archivo municipal que le de lustre, un
archivo donde, por ejemplo, y además de otra exuberante papelería, se
resguarden todas las ediciones de los tres periódicos más importantes de la
localidad.
Mucho
dependerá del actual alcalde que este archivo llegue a ser el que Torreón
merece.
26/3/06
El entrampamiento
La
coincidencia más visible en el editorialismo de estos días insiste en una
realidad que, guste o no, parece inamovible hasta el 2 de julio próximo: la
agenda temática de las campañas electorales pasa indefectiblemente por el
nombre de AMLO. Esto es lo que mantiene en jaque a sus dos más cercanos
seguidores y al presidente de la república, figura que en los hechos está
participando demasiado activa y peligrosamente en un proceso del cual, en teoría,
debería estar al margen.
Tanto
el PAN como el PRI han caído pues en una especie de entrampamiento: para
crecer, para allegarse simpatías, deben golpear por sistema, casi
religiosamente, al adelantado. Lo malo es que ese hostigamiento discursivo,
aunque les puede rendir algún muy nebuloso dividendo, ha demostrado producir
una enorme y paradójica vigorización del enemigo. No es gratuito por ello que
Ciro Gómez, en su colaboración de ayer, hable del segundo “desafuero”
cuando se refiere al linchamiento que esta semana supuso nexos chavistas con el
pejelagartismo. La vinculación es tan burda (nació por cierto en Crónica,
periódico de Salinas) que terminará por convertirse en una caricatura sólo
aprovechable, otra vez, por el candidato al que pretende menoscabar, quien con
una frase resumió el previsible final de este capítulo: harán el ridículo.
Dada
esta circunstancia, la recomendación parece obvia: que Calderón y Madrazo no
encaminen ya sus baterías verbales contra AMLO. A estas alturas, empero, eso es
imposible. Lo es porque en términos mediáticos ninguna propuesta “seria”
tiene los efectos de un apodo o de una ocurrencia (“es el espantachambas”,
por ejemplo), pero también porque si la declaración no lleva tirria explícita
contra el ex jefe de gobierno, se queda colgada en un nivel de cobertura bajo o
nulo, lo que equivale a no hacer campaña.
Tanto
las palabras de Calderón como las de Madrazo dan por ello la impresión de ser
gestos de empantanados: si se mueven, se hunden; si se quedan quietos, también.
¿Qué hacer en esta coyuntura? Creo que poco, de ahí que la carta fuerte de
los días por venir tenga que ver con un apoyo mayor de ciertos medios (sobre
todo de Televisa) para darles cobertura ideal a los rezagados y cobertura estándar
o limitada al puntero, como de hecho ya ocurre con el uso frecuente del videoteléfono,
tecnología que hace aparecer a AMLO como muñeco pintado por un tosco pincel
expresionista.
En
resumen, no existe el dilema atacar o no atacar a López Obrador. Tienen que
hacerlo para que sus campañas conserven algún sentido.
25/3/06
Reescrituras de Édgar Valencia
Édgar
Valencia tiene apenas treinta años, pero su trayectoria literaria y académica
parece la de un hombre con el doble de esa edad. Es ensayista, poeta, editor,
maestro y contumaz viajero. De los escritores laguneros que conozco, es el que
con más desenfado y precocidad decidió buscar en otros aires una experiencia
que, por rica, lo ha convertido ahora en una de nuestras mejores cartas.
Actualmente es el encargado editorial del Centro
de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS),
estudia el doctorado en
He
seguido de cerca su carrera, y me cabe el orgullo se haber sido de los primeros
es notar su talento y en apoyarlo. Recién había egresado de comunicación en
En
todo momento se ha mantenido cerca de México, y particularmente de
Miguel
Ángel Espinoza y yo presentaremos hoy a las 8:30 en el Archivo Histórico
Eduardo Guerra el más reciente título de Valencia, Reescrituras,
obra que confirma la madurez que el autor ha alcanzado como crítico tras su
incansable andanza de lector. Se trata de un volumen con seis ensayos escritos a
finales de los noventa, textos donde vemos aparecer la vida y sobre todo las
obras de Quiroga, Bierce, Sarmiento, Borges, Ortiz de Montellano, Reyes, Paz y
Del Paso.
Valencia
lo observa en su página de presentación; cita a Montaigne para señalar que
todo ensayo es en esencia un autorretrato, y los seis aquí incluidos sugieren
exactamente esa idea: antes de hacerlo por obligación, la diversidad de los
autores que aduna Reescrituras permite
ver en el joven ensayista a un despierto lector que, desde siempre, trae su
propia agenda de lecturas y no se deja engañar por el ruido de las modas o de
la mercadotecnia. Son la curiosidad y el azar, entonces, sus dos grandes
aliados.
Sé
que no lo dije al principio, así que debo añadirlo aquí: Édgar Valencia es,
ante todo, un lector, un tenaz y agradecido lector.
24/3/06
La baja intensidad
¿Cuál
es el mejor minuto para acabar con AMLO?
Ciertamente todavía no es éste, pues faltan poco más de tres meses
para la jornada electoral y el ABC de la guerra sucia indica que al enemigo
fuerte hay que liquidarlo cuando ya no le quede margen de recuperación. Lo que
estamos viendo ahora es entonces un tiroteo de baja intensidad, el sostenido
chipichipi que sirve para que no crezca más la figura del candidato perredista
y para que los otros no se rezaguen más de lo tolerable.
A
estas alturas, casi a un año de la marcha contra el desafuero, la certeza de
que el ex jefe de gobierno es inalcanzable se ha fortalecido hasta convencer,
incluso, a muchos de sus opositores (Fox señala que México “aguanta” a un
populista y Chuayffet acepta que los ganadores pueden ser los “primos”). Por
eso mismo los dos principales rivales del Peje se ven relativamente tranquilos;
tanto Madrazo como Calderón, cada cual a su manera, irradian una especie de paz
que se parece mucho al desahucio: saben que la única manera de echar por tierra
al fugado ya no depende tanto de ellos, de sus discursos o de sus carismas, sino
de un golpe de efecto digno de teatro griego. Ese golpe, por el ritmo de los
tiempos electorales y por el comportamiento que ha tenido la figura del tabasqueño,
no puede propinarse en este momento, ni siquiera en abril, ya que se correría
el albur de revitaminarlo.
Lo
que venga (¿más videos?) debe ser cuidadosamente guardado para ponerlo en acción
hasta mediados de mayo, y deberá ser muy fuerte. Mientras tanto la guerra
mantiene una intensidad como la que estamos viendo desde finales de enero a la
fecha: espots retadores pero inocuos, comparaciones con Hugo Chávez, ofensas light,
actos de mera rutina, baldía cantilena del presidente sobre los peligros del
populismo, nada que merme en verdad el actual estatus del candidato perredista.
Hoy,
a tres meses del día D, lo único seguro es que vendrá un sacudón mediático
que intentará desmoronar al lopezobradorismo aventajado, pues la diferencia no
es tanta como para no intentar remontarla con un nocaut en el último episodio.
El PAN sabe que tiene el poder del Estado en funciones; el PRI confía en las
habilidades de su estructura mapache, hábil como ninguna para operar cuando más
se le requiere.
Pero
eso no es suficiente: AMLO debe recibir un bajón y eso garantiza que, durante
algunas semanas más, sigamos en el terreno de la baja intensidad.
23/3/06
Etapa material
Cualquier
manualito sobre el tema nos deja ver que los hombres llegan al cotidiano
disfrute de los bienes espirituales cuando han satisfecho completamente sus
necesidades básicas. Por eso pienso que en
Esto
lo comento porque a un lector le pareció extraña la declaración que hice en
la edición número 2 de Azimuth,
revista organizada por un grupo de jóvenes saltillenses. Fue una entrevista
sobre mi trabajo literario. Cito el pasaje que lo inquietó:
“
Odio
ponerme gaseoso, pero ahora siento que es inevitable decir esto que complementa
la declaración para Azimuth: al
lagunero estándar le interesa tener, no ser, pues piensa que quien tiene bienes
materiales en abundancia, por ese simple hecho, “Es”, independientemente de
su limitada o nula sensibilidad para ver más allá de la materia. El gran
adinerado local, quien permea su modelo de vida a los estratos inferiores,
“Es” sus coches, su casa, su ropa, su club, sus viajes, su número de
escoltas e incluso sus muchos metros cuadrados de libros sin abrir, libros vírgenes,
libros a los cuales no les han desgarrado el himen de celofán.
El
asunto es, por supuesto, complejo y para conocerlo mejor se requiere el concurso
de muchos, principalmente de antropólogos, especialistas en tomarle el pulso al
ser social. Mientras eso ocurre, sigo confiando en mi intuición: estamos todavía
en la etapa material aunque ya se barrunten signos de progreso.
Nota:
desde hoy “Ruta Norte” aparecerá de miércoles a domingo. Gracias por su
confianza a los lectores y a
22/3/06
Salario mínimo y robo de marcha
La
creación de empleos es la infalible coartada de la explotación del hombre por
el hombre. Un buen empresario es bueno y muy cristiano por la razón elemental
de que abre fuentes de trabajo, de que genera empleos. Luego de brindarle el
aplauso que merece, luego de decirle que, sin ironías, es maravillosa su creación
de fuentes de trabajo, me atrevería a señalar que, pese a su gran generosidad,
eso es insuficiente y muchas veces sutilmente cruel. El empresario que
verdaderamente merece tal nombre no sólo es el que crea fuentes de trabajo,
sino el que remunera bien, justamente, a sus trabajadores no porque son
trabajadores, sino seres humanos.
Por
mínima justicia salarial entiendo lo que entiende casi cualquier constitución
en el mundo: el trabajador deberá recibir un sueldo que le sirva para, entre
otros derechos, comer, vestir, tener vivienda decorosa, educarse, acceder a un
buen servicio de salud, vacacionar, esparcirse y gozar de un retiro sin
sobresaltos. Por supuesto, en México ese no es el caso. Basta pensar en el
salario mínimo actual para conjeturar que tal bicoca apenas sirve al trabajador
para no morir de hambre y para continuar reproduciendo riqueza al día
siguiente.
Una
digresión que no lo es tanto. En el film Asesinos por naturaleza (1994), de Oliver Stone, el desalmado Mickey
declara a los medios, cuando es capturado por la justicia, que la hipocresía
humana nos lleva a pensar que los malos de la película nomás son los malos de
la película (los asesinos, los narcos), cuando en realidad todos somos actores
y cómplices, de forma explícita o velada, en el inmenso espectáculo de la
injusticia humana.
Cierto
que un salario mínimo actual no es una bala a la cabeza, pero igualmente mata,
aunque sea más lentamente. Un salario mínimo es pues también un crimen porque
desnutre, porque impide el acceso a la cultura, porque somete a servicios de
salud precarios, porque crispa y deteriora las relaciones familiares, porque
envilece con la evasión del alcohol y las drogas a los padres y a los hijos,
porque atiza la delincuencia social, porque no garantiza pensiones suficientes
cuando llega la hora de la jubilación.
Más
allá de las cifras, más allá de las razones frías que esgrime la aritmética
macro, un salario mínimo es cicuta administrada con gotero. De ahí que al
orgullo de crear empleos yo sobrepondría otro mejor: el orgullo de crearlos
bien remunerados, dignos para el trabajador.
Robo de
marcha
Nunca en mi vida he recibido bonos de nada. Lo que trabajo es lo que me pagan, y ya. Sé que ocurre lo mismo con miles, con millones de trabajadores. Por eso da rabia que los funcionarios públicos, dueños de la ley, se autoricen “legalmente” bonos de todo: trimestrales, de marcha, de gestoría, de coche, de renta, de navidad, de útiles escolares. La exigencia para que sea devuelto el robo de marcha es, pues, un acierto del actual cabildo. Bien por el alcalde, por el secretario del ayuntamiento, por los regidores y por los abogados que encabeza el licenciado Rangel de León.
19/3/06
Mundillo tapete
Salvo
a dos o tres amigos y otros tantos conocidos a los que respeto de veras por su
obra y por su posición crítica, el mundillo cultural lagunero me da la impresión
de ser un muy acostadizo tapete del poder. Trato de ser respetuoso, y cuando
tengo la suerte de convivir con mi gremio hago titánicos esfuerzos por no morir
de pena ajena. Cuántas veces no he oído críticas incendiarias contra tal o
cual funcionario, contra tal o cual creador, contra equis o zeta grupo, y a la
vuelta de los días, además de que el señalamiento no cuaja en nada (un texto,
un dibujo, una canción), veo a los críticos muy bien enchufados a la ubre de
sus “enemigos”.
Entiendo
que el hambre es canija, pero en algún lado hay que levantar un nicho para la
dignidad. Por ejemplo, para muchos (me incluyo) era imposible lograr un mínimo
acercamiento con Domene en el trenio anayista, dada la perfecta incompetencia de
aquel Charles Lindbergh de la aviación lagunera. Lo mismo me pasa ahora con
Cuando
los nuevos gobiernos se establecen no falta que los proveedores se pongan
truchas. Tanto el que pavimenta carreteras como el que surte escobas alimentan
la expectativa de que el ayuntamiento lo favorezca con algún contrato. Hay
derecho, claro. Entre los artistas (a su manera se asumen proveedores del poder
cultural) el apetito es parecido: antes de decir nada, antes de hacer valer su
independencia crítica, antes de pensar que su obra vale más que una sarta de
burócratas, sueñan con las chuletas que caerán del cielo si se arma un
taller, si se abre el sésamo de una beca, si se edita el librito atorado muchos
años o si de plano se les deja acceder al reino de la nómina.
Hay
matices, claro, como en cualquier actividad, desde el bocón que nunca critica
de frente hasta el apático para el que todo está siempre muy bien. Esos son
los extremos. Como ellos, o peor que ellos, hay colegas con pluma, con oficio y
con erudición de revista norteamericana, sujetos de cultura en suma, que son
flamígeros críticos de Bush y de Condoleezza y de Fidel y de Hitler, pero para
cuidar un posible hueso local jamás dirían nada, pongo por caso, sobre el
alcalde y sus colaboradores.
Así
es todavía el mundillo tapete de nuestra picaresca cultural.
17/3/06
Lo mejor del centenario
Mucho
papel será impreso en Torreón sobre el centenario, pero desde ahora me atrevo
a decir que
Trato
de demostrarlo. Gracias al e-mail, un
amigo asturiano, experto vitivinicultor, dejó constancia del mérito que le
cabe a La vitivinicultura... Una vez más, en el exterior es elogiado lo
que aquí valoramos a pujidos. Dice nuestro interlocutor: el libro del doctor
Corona “me parece realmente brillante, porque a la impresionante recopilación
de datos, propia de toda tesis doctoral, se suma una redacción casi novelada
que permite una lectura fluida y de lo más ameno. (…) Creo que si tu amigo
Sergio, que ha demostrado ser el Gran Maestro de la historia vinícola mexicana,
tuviese intereses en ese sector, podría convertir toda esa base de tradición
en argumentos comerciales de imagen que bien podrían despertar pasiones en la
gastronomía de su país”.
Un
erudito español no le regatea al doctor Corona lo que merece; al contrario: lo
ubica como “Gran Maestro”. No por otra razón observé en mi prólogo que
“
15/3/06
Chivo en cristalería
Recuerdo
que hace varios años, cuando fue descubierta una banda poblana (a ciertos
poblanos cómo les encanta organizar bandas) que explotaba sordomudos en Nueva
York, un periodista mexicano abusó del lugar común al señalar, dicho esto en
cadena nacional, “que la comunidad norteamericana de sordomudos guardó
silencio sobre el tema”. Obviamente, el humor negro e involuntario de
aquel reportero fue producto de su apresuramiento y de su falta de imaginación,
pues si no hubiera apelado al lugar común (o frase hecha, frase cliché, tópico)
no habría soltado el disparate “guardó silencio” de su descuajaringada
buchaca.
Esa
tendencia al lugar común es, como lo insinué la semana pasada, uno de los
rasgos más peligrosos de la desesperada verborragia foxista. Nuestro mandatario
se acaba de aventar, como todos ya leímos, otra perla (“perla” es el nombre
que le daba don Raúl Prieto Riodelaloza, Nikito Nipongo, a las babosadas
verbales dichas o publicadas con toda tranquilidad, tan lucidoras como ineptas):
“Los gobiernos del pasado ‘nos tomaron el pelo como (a) viles chinos’”.
¿No habrá un bozal en algún clóset de Los Pinos?, pregunto respetuosamente.
Porque eso, un bozal, es lo que necesita el presidente para evitar recaídas en
el peligroso lugar común o en la frase ya no políticamente incorrecta, sino
bestial.
A
su “Borgues”, a su “ni siquiera los negros”, a su “ambos cuatro”, a
su “lavadoras de dos patas” y muchos otros decires ahora añade el
escupitajo “viles chinos”, como si alguna comunidad en el mundo fuera vil en
sí misma y como si aquel país de xxx millones de habitantes no tuviera un
traductor del español al mandarín. Torpeza tremenda la de Fox, pues si los
chinos quisieran dejarían nuestra economía como al chinito, “nomás
milando”. Por eso, antes de que los chinos se cobren a lo ídem, la
presidencia debe emitir un comunicado de disculpa, aunque ya se sabe que para
nuestro vocero está en chino ofrecer cualquier aclaración sensata.
Si
no ocurre nada, insisto, vamos a seguir oyendo burradas hasta que, por fin, oh
gran Huitzilopotzli,
termine el sexenio. Burradas memorables, como oír que en México los niños
“se divierten como enanos”, o que la pobreza extrema y las enfermedades
dejan a los mexicanos “para billeteros” (vendedores de lotería), o que
“el mejor indio es el indio muerto”, o que el PRI es como los “viejos con
Alzheimer”. Lo que sea con tal de declarar y declarar como lo están haciendo
ya, con cara de bufones callejeros, Madrazo y Calderón, quienes traen una
carrera parejera antipejelagartista en pos de la declaración más aberrante y
llamativa que les añada una migaja de porcentaje en las encuestas.
Tras
la muerte de no recuerdo quién, Borges sentenció, con la lucidez plus
que lo caracterizaba, que a dicho sujeto “le tocaron, como a todos los
hombres, malos tiempos para vivir”. Los tiempos de Fox que hoy padecemos (y
sus estultas patadas de chivo en cristalería) ya no son malos, sino pésimos.
Soy escéptico, pero urge una segunda transición a la cosa aquella que todavía
llamamos atrevidamente “democracia”. Si no ocurre tal brinco, México seguirá
extraviado en el bosque de la incomunicación, un bosque como el de
12/3/06
A treinta de Cosía Villegas
Ignoro
si el hombre al que hoy recuerdo motivará en alguna dependencia el homenaje que
merece a treinta años de su muerte. Poco importará, sin embargo, el silencio o
el elogio, pues su trabajo está más allá tanto de la indiferencia como del
tributo oficiales. Daniel Cosío Villegas, educador de México, murió el 10 de
marzo de 1976, pero su obra escrita, y más lo que ayudó a construir para que
muchos otros se expresaran, está viva y sigue siendo ruta hacia el conocimiento
de lo que somos.
Nació en
Cosío Villegas hizo en España la propuesta a Espasa-Calpe. Cuenta en
sus Memorias (publicadas por Joaquín
Mortiz poco después de su muerte) que Ortega y Gasset, mandamás de aquella
editorial, rechazó la propuesta “alegando como única razón que el día en
el que los latinoamericanos tuvieran que ver algo en la actividad editorial de
España, la cultura de España y la de todos los países de habla española se
volvería una ‘cena de negros’”. Tal rechazo se convirtió a la postre en
una buena noticia: Cosío Villegas trajo la idea a México y aquí, luego de
abundantes negociaciones narradas con detalle en sus Memorias,
fundó junto con otros el Fondo de Cultura Económica. “El hecho —escribió
don Daniel— es que en enero de 1935 apareció nuestro primer libro, El
dólar plata (…), y que de allí seguimos hasta hacer del Fondo una
editorial de enorme prestigio, que prestó un servicio señalado a la educación
y a la cultura de México y de todos los países de habla hispana”.
El
FCE, sus páginas de historiador, la trilogía sobre el presidencialismo
publicada en los setenta, todo eso y harto más es el rico fruto de Daniel Cosío
Villegas. Un recuerdo a su memoria en el treinta aniversario de su muerte.
10/3/06
Música y palabra de Carlos Prieto
Lo
escuché en vivo por primera vez en la sede del Seminario de Cultura Mexicana en
el DF. Era el 2000. El artista y su violonchelo, una joya casi viva,
interpretaron varias piezas de cuyo título en este momento no puedo acordarme.
Lo que sí retengo en la memoria es la condición hipnótica, envolvente, de la
música que generaba ese instrumento cuando el arco acariciaba, con absoluto
dominio, las tensas cuerdas. No sé si me prejuició demasiado el hecho de saber
que aquél era un instrumento secular armado por el más famoso fabricante de la
historia, o si era abrumador estar ante las manos, a cinco metros de distancia,
de uno de los mejores ejecutantes del mundo en la actualidad, el caso es que de
golpe entendí la dimensión casi inhumana de ese espectáculo, la integración
plena del hombre con la música, de Carlos Prieto con su violonchelo (con
“Chelo Prieto”, que así también se le conoce).
Al
final del concierto quise felicitarlo, pero en el tumulto apenas pude colar mi
mano para recibir un apretón. El rostro de Carlos Prieto era una sonrisa
permanente, la sonrisa de un niño. A todos saludaba el maestro con gentileza,
sin una sola pose que delatara soberbia o fastidio. Esa noche, al hojear un Anuario del SCM, encontré y leí el ensayo donde él narra el
nacimiento, los viajes y la llegada a su regazo del instrumento que ahora lo
acompaña a todos lados. Supe desde ese momento, entonces, que Carlos Prieto,
además de ser un genio de la interpretación, era también un escritor de prosa
pulcra, lo cual no es muy frecuente entre quienes han elegido el camino del
pentagrama.
Pero
si aquella narración me tomó por sorpresa, cuando supe que el maestro Prieto
había escrito, y publicado en el FCE, un libro de corte histórico-lingüístico
me fui, como se dice, “para atrás” hasta tocar los territorios de la
incredulidad. ¿Es el mismo Carlos Prieto o se trata de un homónimo? Sí, el
autor de Cinco mil años de palabras
es el hombre que ha llenado los mejores teatros del mundo y que ha tocado con
las más encumbradas orquestas del planeta.
Ese
magistral intérprete, Carlos Prieto, es pues exactamente el mismo que ahora nos
regala con un libro escrito en clave divulgativa y, por tanto, espeso de
generoso y muy asimilable conocimiento.
Cinco
mil años de palabras será presentado mañana jueves
8/3/06
En la sima
Compositor
y cantante de tercera, Óscar Atihye hizo la hombrada de colarse al imaginario
nacional con un solo verso, seis palabritas integradas a una canción que
participó, con mediocre reconocimiento, en uno de aquellos festivales OTI
conducidos por un tipo que se llamaba, creo, Raúl Delasco. Ese verso me llega a
la mente para definir al Fox del clímax sexenal: su rostro, su voz, su lenguaje
no verbal son los de un hombre que se ve “flaco, ojeroso, cansado y sin
ilusiones”. Ante esa circunstancia, no escasearán en los meses por venir las
declaraciones rayanas en ex abrupto y en la absoluta falta de tacto, como ocurrió
recientemente en Durango.
¿En
qué cabeza puede nacer una respuesta de ese tipo? ¿Cómo es posible que el
presidente de la república (¡de la república!) conteste como comisariado
ejidal de Lechuguillas? ¿Cómo “felicitar” a un reportero por ir a lo que
obligatoriamente debía ir si recibía una orden de su jefatura informativa? ¿Eso
significa que, en sentido contrario, el presidente no es “felicitable” pues
nunca se apersonó en Sabinas? Obviamente, el ejecutivo del país, acorralado
por la ubicua preguntita, disparó una respuesta con pretensión irónica que
devino autogol de chilena desde media cancha.
Más
allá de lo chusco, las involuntarias bautades
del mandatario remarcan su cansancio mental, su falta de palabras oportunas, su
impericia retórica en un momento en el que resulta indispensable un verbo firme
y bien articulado. Si de por sí no era precisamente un Cicerón al momento de
tomar la palabra, Fox puede agudizar, con su fatiga y su estrés actuales, el
vacío de autoridad que se viene percibiendo en México desde hace años, lo que
tendría consecuencias imprevisibles durante la coyuntura sucesoria.
Lo
dije la semana pasada y lo recuerdo hoy: salvo el electoral, Fox no tenía
motivos de peso para justificar su ausencia en Sabinas, de ahí lo estólido de
la respuesta al reportero. Si el desastre hubiera ocurrido al inicio de su
administración, seguro la tragedia hubiera sido bien capitalizada en términos
de imagen; pero no, la explosión de la mina tuvo la impudencia de ocurrir en la
recta final del foxato, en plena campaña electoral, y la lectura que el
gobierno federal le dio al problema lo previno sobre las consecuencias
lamentables (pérdida de votos a favor de Calderón) que traería un
acercamiento del agobiado presidente con los mineros de Sabinas. No es gratuito
que el candidato del PAN también haya pospuesto para mejor ocasión su gira por
Coahuila.
Lo
que Fox y sus asesores no calcularon es la interpretación que se hace hoy de su
desaire a la obligada cita con Sabinas: deja a los mexicanos la sensación de
que es un presidente insensible, un presidente que encara los problemas a
control remoto, un presidente más preocupado por meter su cuchara en el proceso
electoral que por compartir los tragos agrios de sus gobernados.
México
vive una de sus cimas históricas y el presidente con sus ocurrencias, en la
sima de su peligrosa verborrea.
5/3/06
Como en el ciclismo
No
privativo del ciclismo, dado que también se usa en la marcha, en el maratón y
en otras lides de largo aguante, el término “fugado” es indispensable para
designar a quien se adueña del primer lugar y se separa demasiado de sus
contendientes más cercanos. Cuando eso ocurre, cuando alguien “se fuga”,
sus oponentes ya ni lo ven y no les queda otra esperanza que imaginar escenarios
desastrosos para el fugado: un accidente, la zancadilla de un aficionado, que el
líder pierda la ruta o se enferme, que lo descubran dopado, que ocurra un
milagro.
Esta
entrada velodramática me sirve para metaforizar el instante preciso en el que,
creo, se encuentran hoy los candidatos. Nos es perfecta, mas se acerca a la que
yo simplemente sospecho como idónea para cuadricular una percepción que se ve
reforzada por la insistencia en los debates. Ignoro, todos lo ignoramos, qué
tan cierta es “la fuga” de AMLO, pues quizá sólo sea una ilusión óptica
momentánea.
Para
que la fuga sea tal, el adelantado debe ser inalcanzable ya a media carrera. ¿Es
el caso de AMLO? Insisto: no sé, dado que según algunas encuestas todavía
Calderón le come el polvo muy de cerca. Madrazo es quien sí parece rezagado, y
es verdaderamente loable lo que está haciendo el tabasqueño para mantener
unido al mafioso PRI que él encabeza.
Por
esta razón, y gracias al útil correlato del ciclismo, el acuerdo de los
partidos para celebrar una tanda de cuatro debates deja la impresión de que, en
efecto, los contendientes de AMLO ven fugado al ex peje de gobierno. El equipo
del perredista lo sabe, por eso la decisión de aceptar, y a regañadientes, sólo
un encuentro con sus opositores. De hecho, ir a ese debate será para el fugado
como detenerse, como permitir que lo alcancen y arriesgar, si la hay, la
amplitud de su ventaja.
Cuando
la competencia es más cerrada no hay tanto problema, los ciclistas confían en
sacar partido de la disputa parejera y no dejan de ver imposible batir a sus
rivales muchas veces colocados en una posición contigua. Otra realidad se da
cuando el fugado va muy adelante y se ha convertido casi en un punto invisible
delante de la pista. Si se detiene a debatir, el adelantado tiene demasiado qué
perder; si no logran frenarlo para que participe en un debate, los rezagados
corren el albur de resignarse a competir sólo por el segundo sitio.
Esa
impresión me da el debate sobre los debates, pero nuestras elecciones no son la
tour de Francia ni el Pejelagarto
es Induráin.
3/3/06
Galería de malandros
Uno
de los rasgos más alarmantes del ocaso sexenal que ahora vivimos es la falta de
autoridad. No el caudillo impositivo del medievo priísta, sino el jefe moral de
la tribu, un hombre o una institución creíbles, dignos del crédito que
merecen los verdaderos líderes. Nada hay a la vista en este sentido y una mina
de Sabinas vino a mostrar cuán revuelto se encuentra el río de la autoridad en
nuestro país.
La
debilidad de nuestras instituciones se advierte en un hecho: cuando se trata de
localizar a los responsables, todos se avientan la bolita como adolescentes
pescados in fraganti. “Yo no fui”
parece ser la frase de moda, y lejos, muy lejos estamos de escuchar alguna módica
aceptación de culpabilidad, como si el valor civil que implica decir
“cometimos un error” fuera una especie de papa en llamas.
Tres
son, a mi parecer, los responsables inmediatos de la desgracia. Si la explotación
de las minas es asunto federal, el primer responsable es el gobierno de Fox y su
laxa, ya lo vimos, Secretaría del Trabajo. Al no velar por condiciones
salariales justas (80 pesos diarios no es un salario, sino esclavitud) y una
seguridad absoluta en las áreas de trabajo, el gobierno federal yerra por omisión
o por ineptitud, y eso permite suponer que los trabajadores de México se
encuentran a merced de las crueles leyes de la oferta-demanda laboral.
Aunque
produce carbón, la empresa enseñó el peor de los cobres durante las horas críticas
de la tragedia. La difusión en los medios de la fortuna que acumula Germán
Larrea contrastó con las condiciones de vida padecidas por su ejército de
obreros. Se entiende que este tipo de trabajo implique altísima peligrosidad y
sea permanente el riesgo de explosiones, pero es un hecho que no eran óptimas
las medidas de seguridad adoptadas por la empresa. Junto a eso, lo más grave,
la pregunta clave: ¿tendrá aprecio por la vida humana una empresa minera que
paga menos de cien pesos diarios a sus trabajadores?
El
último responsable es el sindicato. Charro de cepa, Napoleón Gómez Urrutia, líder
de los mineros, apenas ha podido tartajear algunas declaraciones que no dicen
nada. Más bien, lo que explican esas explicaciones es la agusanada condición
del sindicalismo apócrifo.
El
caso es que nadie quiere hacerse responsable. 65 mineros están muertos y no hay
institución que castigue a los culpables.
1/3/06
México en una mina
México
es un país permanentemente electoral, en México siempre hay campañas y lo único
que varía es el número de los espots y de los espectaculares. Si observamos
con cuidado, en este país no hay político que no tenga, sea legislador o
funcionario o desempleado, la cabeza siempre puesta en los comicios, y gracias a
ese anhelo hay tema eterno para el periodismo y para el cotilleo de cafetín. En
otras palabras, lo digo como ejemplo, la carrera por el 2012 ya comenzó para el
PRI o para lo que quede del PRI luego del 2 de julio. Si esto es así, muy pocas
noticias, grandes o pequeñas, quedan al margen de la lucha por el poder.
Aunque resulta políticamente incorrecto mezclar los dos temas, es difícil, o imposible más bien, como digo, no inscribir la desgracia de nuestra carbonífera en el actual contexto electoral. De hecho, nada de lo que ocurra en este año, tanto lo planeado como lo eventual, estará al margen de la sucesión que viene, y el caso de los mineros sabinenses, para bien de algunos y para mal de otros, exhala, además del doloroso aliento de la muerte, un pestífero olor a podredumbre en las relaciones que mantiene el actual empresariado mexicano con los trabajadores.
Sería
absurdo, para empezar, hacer tabula rasa, meter en el mismo costal a
todos los dueños del dinero. Habrá algunos, seguramente los menos, que no sólo
respetan las reglas del juego laboral sino que, así sea por altruismo o
remordimiento asistencialista, “dan” un poco más de su parte para
“beneficiar” al trabajador, que “sacrifican” porciones de su ganancia
(“moral indolora”, le llaman algunos críticos) para que el empleado viva
con algo de dignidad. Lamentablemente, ese tipo de empresario conciente,
humanitario, justo —así sea por cristiano remordimiento— hasta donde es
posible serlo en un sistema que en esencia es inequitativo y violento, no forma
legión. Abundan, con o sin tragedias estrepitosas de por medio, los empresarios
como, toda proporción tomada entre los dos, pues no son lo mismo, Germán
Larrea y Kamel Nazif, dueños de medios de producción a quienes sólo les
importa el enriquecimiento personal aunque se dé sobre una montaña de
oportunismos y miserias y no pocas veces de cadáveres.
La
lectura de la tragedia en Sabinas, al vincular el malestar de los trabajadores y
la ofensiva bonanza de un empresario, atiza el debate sobre la relación entre
política y empresariado (cuando esto no da la casualidad de ser lo mismo,
porque cada vez hay más empresarios-políticos). El martes 21 de febrero, en
las páginas de Milenio, Jorge Fernández
Menéndez se preguntaba con razón por qué AMLO no aceptaba asistir a muchas
reuniones con empresarios. Lo cito: “Agregó en entrevista (AMLO) con
Multimedios que los empresarios deben estar ‘tranquilos’ y no hacer caso de
los rumores que se han propagado en el sentido de que los afectaría con sus políticas
de gobierno. En el mitin dijo que no estaba en
contra de los empresarios sino en contra de los ‘traficantes de
influencias’, de los ‘saqueadores’, de los ‘corruptos”. Inmediatamente
después, el ya ex columnista de Milenio añadió: “Pues bien, siguiendo la lógica de López
Obrador, todos los empresarios reunidos en
En
las mismas páginas de Milenio y el
mismo día 21, Carlos Mota, especialista de este diario en temas empresariales,
acota lo que sigue: “Es vergonzoso. La noticia más importante del país, la
tragedia de 65 mineros atrapados en su lugar de trabajo en Coahuila, a punto de
la muerte, es la más viva prueba de la despersonalización empresarial que vive
México”. Cada uno de los columnistas, por supuesto, desarrolla con mayor
amplitud sus opiniones, y la de Mota me parece casi una involuntaria y simultánea
réplica a Fernández Menéndez. Mota lo dice claro y se refiere al grueso de
los grandes propietarios: “despersonalización empresarial”. Eso es, para él,
“una vergüenza”, pues significa que al capital lo que le importa casi
exclusivamente es la ganancia, más si es inmensa y rápida, y el bienestar de
las personas, los trabajadores, queda reducido a polvo, a oscuro polvo de carbón,
como en el caso de Sabinas.
¿Se
puede negociar con empresarios sin una mínima visión humana? ¿Hay disposición
de estos señores por ceder en sus posturas y llevar a México a un nuevo
estadio laboral? Con De
Por
las inercias, y porque no puede “pintar su raya” respecto a las políticas
económicas de Fox, Calderón enrumba en la misma dirección de los que, si
gana, serían sus cuatro antecesores en Los Pinos, lo que supone todo tipo de
complacencias al sector empresarial, lo que supone una cada vez más profunda
depauperación de las mayorías en este país. Por eso se habla de
“saquadores”, de “traficantes de influencias”, de “corruptos”, no
por otra razón. Los empresarios que no están en ese círculo se preocupan
tanto de política como el ciudadano común: lo mínimo, pues están trabajando
junto a sus trabajadores.
Por
eso Fox no ha visitado ni visitará la mina de Coahuila. Una aparición allí,
además de exponerlo a declaraciones de las suyas, daría pábulo a la reclamación
directa de los mineros humillados y ofendidos, abriría cancha a la polémica
sobre sus políticas de gobierno en materia laboral, destaparía la alcantarilla
de la relación entre los grandes capitales y el Estado y, lo más importante,
todo eso golpearía directamente a su delfín Felipe Calderón, quien “por
respeto” no visitó Coahuila, elegante manera de recomponer la agenda y evitar
un encuentro con lo inevitable: el marcado carácter neoliberal, continuista,
foxista, de su propuesta en el rubro laboral.
Decir
esto no es lo correcto, lo oportuno en la semana trágica de Sabinas, pero la
sucesión lo permea todo.
26/2/06
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