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El domingo 6 de marzo de 2005 inicié una nueva columna periodística; su nombre será, mientras viva, "Ruta Norte", y la publicaré en La Opinión Milenio. Sin mayor preámbulo, las reproduzco aquí en orden cronológico inverso.

Si los hijos de puta volara, no se vería el cielo
La
sabia sentencia que sirve de testa a esta entrega se la debemos al genio del
pueblo catalán, la hizo célebre el maestro Joan Manuel Serrat y bien puede
aparecer, dedicada a varios “creadores de imagen”, como nota al pie de video
en muchos de los espots que hoy invaden el espacio hertziano nacional. Prácticamente
toda la propaganda que suministra la televisión es previsible, rutinaria, de
bostezo (la fanfarronería de Calderón, la producción patito de AMLO, el
camaleonismo tibio de Campa), pero hay cierta propaganda que se excede, que se
pasa de vomitiva y bien merece un pedestal de lujo en la videoteca del horror.
Es el caso de la dramatización que los asesores mediáticos de Roberto Madrazo
planearon para imprimirle “naturalidad”, “frescura”, “espontaneidad”
a la figura del candidato priísta a la presidencia de
Partamos,
primero, de un hecho ya irreversible: tras el escándalo de la semana pasada,
tras el tosco apoyo y el tardío desmarcaje del PRI en relación a la catadura
delincuente del gobernador poblano, la derrota del candidato tricolor acabó de
confirmarse y sólo falta que tengamos las encuestas de marzo para saber que las
tendencias son ya definitivas al menos en el casillero del tercer lugar. Pese a
eso, los publicistas del también precioso ex góber
(así, con tilde, ya que el apócope la hace palabra grave terminada en
consonante que no es ni “s” ni “n”) de Tabasco no ceden en su empeño
por añadirle algunas migajas de credibilidad a su figura. Eligieron el camino
del espot estándar, aquel que muestra al candidato en escenarios prefabricados,
entre “gente del pueblo”, saludador y optimista. Junto a ese convencional
tipo de anuncio, los estrategos madracistas decidieron tomar un curioso atajo:
crear un espot ceñido a la escuela de don Ernesto Alonso, una breve telenovela
donde Roberto Madrazo Pintado, quien hace el difícil papel de Roberto Madrazo
Pintado, actúa el miniculebrón para convencernos de que él sí puede. Como
soy fan de Cantando por un sueño, he visto en sus cortes comerciales, un par
de azoradas veces, este microdrama de la vida irreal.
No
lo grabé, pero en líneas generales describo lo que retengo de la dramatización.
En medium shot, cual Robertico Limonta en El derecho de nacer, aparece el candidato del PRI apoltronado en un
sillón junto a Isabel de
El
humor involuntario es uno de los gestos más recurrentes en la era del vacío ético
que nos ha tocado vivir, y los espots son una poderosa fuente de autoparodia.
Todo tiene, sin embargo, un límite, y el minimelodrama de Madrazo clavado en
los cortes de Adal Mamones ha llegado tan lejos que hace innecesaria la
presencia del tabasqueño en El privilegio
de mandar. Su autocaricatura supera por mucho a la de Arath de
Error verdiazul
“Estamos
convocando a todos los ciudadanos a que respalden a Felipe Calderón en esta
gran alianza con la sociedad (...). Si Bernardo de
Añadió
que De
22/2/06
De qué sirvió esperar
El
jueves 16 de febrero, en el lujoso salón Coahuila del hotel Crowne Plaza,
Gabriela Nava Femat, quien encabeza
Lo
primero que me saltó al oído es la declaración de Gabriela Nava sobre el
silencio que guardó
Particularmente
no me es grato decir esto; desde hace más de veinte años conozco, respeto y
aprecio a Gabriela Nava, pero creo que por el bien de su labor al frente de
Paso
a lo más delicado, al contenido. Para empezar, el argollado dice en su portada
que es un “Programa de Trabajo
La
primera cuartilla abre con la costumbrita de la misión, la visión y todo ese
blablablerío muchas veces ocioso, puro gas. Es demagogia mal redactada, como en
el caso de la “Visión”, ítem que supuestamente debe plantear, en el léxico
vaporoso y mutante según las cambiadizas modas de la “filosofía”
administrativa, una imagen proyectada de lo que desea ser o hacer alguna
institución. Pues no, la “Visión” de
Los
ejemplos de descuido y ligereza cunden y su citación y comentario sólo cabría
en un ensayo de veinte cuartillas. Por ejemplo, en los “Objetivos” se afirma
que tratarán de “Fortalecer la identidad torreonense…”. Pregunto: ¿saben
lo que dicen cuando hablan de eso? ¿Cuál es la “identidad torreonense”?
Obviamente hablan de la identidad como si fuera un cachivache fácilmente
detectable y definible, como si se tratara de una silla o de un molcajete.
En
el documento es caótico el manejo de los incisos; así, algunas “Líneas de
acción” se diferencian muy poco de los “Objetivos”, y en los hechos da lo
mismo que se llamaran con cualquier nombre antojadizo, de suerte que los
apartados a veces sólo separan ideas artificial, burdamente. Traigo un caso:
“Buscar el mayor impacto en cada acción, procurando que el contacto con el
arte y sus manifestaciones sea un estímulo para la creación de realidades
personales y sociales”. Pregunto con respeto: ¿qué es “el mayor impacto en
cada acción”? ¿Cómo se mide eso? Y planteo una adivinanza para el lector:
¿tal ítem corresponde a los “Objetivos” o a las “Líneas de acción”?
En
“Programas” no mejora este programa. Primero es definido feamente el
horrible y burocrático neologismo “ciudadanización” y luego se enlistan
siete puntos que lo mismo pudieron ser ocho o diez o cinco o veintitrés. En el
primero, llamado no sé por qué “Animación y cultura comunitaria” (¿qué
demonios es “animación”?), se habla de una encuesta que por ser tal,
suponen, ya tiene autoridad per se,
como si las encuestas no requirieran un adecuado planteamiento y luego
excelentes intérpretes de los resultados. En este punto se habla de talleres
“permanentes y efímeros” (¿talleres “efímeros”? ¿Durarán cinco
minutos?), y con negritas se explica, en tono de boletín de prensa o informe de
actividades, no de “programa”, que ya iniciaron “4 talleres”. Por
cierto, nunca se sabe qué es “animación” ni qué se entiende por “efímero”,
mucho menos se interpreta a fondo el sentido de los porcentajes arrojados por la
“encuesta”.
El
punto 2, “Capacitación”, tiene un rapto de amplificación desmesurada, pues
se incluye al gremio de los artesanos, como si no hubiera para eso otras
instancias acaso más vinculadas al turismo o al comercio que a la difusión
cultural (Fonart-Sedesol). Allí mismo se habla de que el coro de las “100
VOCES” entrará a una “nueva era”. Pregunto casi mecánicamente: ¿ese
coro ya forjó una “era” y entrará a otra nueva? ¿Por qué un coro todavía
pueblerino recibe tratamiento de dinastía egipcia? Otra vez, las palabras
arrojadas sobre la cuartilla al mexicano ahi
se va.
Los
puntos que siguen no cambian mucho de tónica. Entran al programa como Pedro por
su DMC, sin ton ni son, y dejan ver que se trata casi de una lluvia de ideas
acaso bien intencionada, muchas veces asistencialista (como si se tratara del
DIF), pero absolutamente ajena al orden formal y temático. Por la sencilla razón
de que
Pese
a ello, el alcalde José Ángel Pérez Hernández, ignorante de todo lo que
pueda oler a mundillo cultural, al tomar la palabra señaló que el proyecto
recién presentado era muy “bonito” (¡bonito!) y cumplía con uno de sus
compromisos de campaña: estar cerca de “la cultura”.
Es
poco tiempo, claro, para evaluar la función de
¿Y
el Estado laico?
Monsiváis
acaba de criticar a Carlos Abascal, secretario de Gobernación, por instalar,
cada vez que abre la boca, un “púlpito virtual” que da fe de su apetito por
refritear en México un Estado con tintes confesionales. No se equivoca el
escritor, y no se equivocaría tampoco si viniera a Torreón y opinara sobre el
logo de la administración municipal en funciones. Destaca en ese icono (icono,
no ícono) un poderoso torreón clavado a la izquierda sobre una especie de
media luna que estiliza un cerro; a la derecha, también sobre la semicircular línea
del horizonte, el Cristo de las Noas. No tengo nada contra ninguna profesión de
fe (yo mismo soy un creyente convencido), y precisamente por eso creo en la
separación de
19/2/06
Corruptotes
El
aumentativo que da título a esta entrega no es nada más una manera de
engrandecer el grado de podredumbre que se destapó, cual colector abierto en
canal, con la revelación de las llamadas telefónicas entre unos animales que
ahora, con evasivas idiotas, desean ponerse a salvo de la poca justicia que
queda en el país. Esa forma de expresión popular, el aumentativo, es, de
alguna forma, el único castigo que al parecer tendrán los dos principales
involucrados en el caso de la periodista Lydia Cacho: el degenerado empresario
Kamel Nacif, alias El rey
de la mezclilla, y Mario Marín, gobernador de Puebla ya conocido en todo el
país con un mote que le hace diametralmente opuesto honor a su traza y su
torcida psique: El Precioso.
Hablo
de castigo no tanto por lo que hicieron o desearon hacer con la periodista
Cacho, ya de por sí horripilante, sino por la causa remota de todo el bochinche
propiciado tras la difusión de las llamadas telefónicas que le pondrían el
pellejo de gallina hasta a Jack el Destripador. Quiero decir, entonces, que más
allá del doloroso agravio perpetrado contra la periodista, y más allá de la
implicaciones políticas del asunto (que las tiene, y muchas), está el problema
de la red de pederastas que Lydia Cacho desenmascaró en un libro donde aparece
Nacif al lado del réprobo Jean Succar
Kuri, socio y amigo cercano de El
rey de la mezclilla.
Entre
el denso humo generado por esta nota bomba, apenas se ha dejado ver el peor de
los delitos, la pederastia, peor incluso, pienso, que el mismísimo homicidio,
si pudieran establecerse parámetros para ver qué es peor entre lo peor. Junto
a la gravedad de lo que Nacif, el “góber
precioso” y otros quisieron hacer a Cacho, está lo más grave aún, lo
inabarcablemente ruin: el crimen sin nombre que es abusar sexualmente de niños.
El hoy esfumado Nacif, al servir de tapadera a Succar, y el baladrón Marín, al
ayudar a Nacif con la planeación de vejámenes contra Cacho, no hacen sino
ponerse del lado de quienes comprobadamente han ejercido la pederastia y deben
pagar por ello. No hay, no se me ocurre, insisto, delito mayor entre todos los
delitos, y el solo hecho de oír a Nacif y a Marín me hace pensar en el barril
de pólvora donde se sienta la niñez del país cuando se dan contubernios de
esta ralea entre el poder político y el económico, tan bien representados por
los sujetos que se intercambian coñac celebratorio en las llamadas (comentario
aparte merece la explotación de trabajadores en las cárceles del país, pero
ese tema también requiere, por su gravedad, un juicio amplio y profundo).
El
PRI ha construido un monumento a la ligereza al colocar sus declaraciones en
extremos archirridículos; a esa farsa se sumó el Verde Ecologista en boca del
bruto Jorge Kahwagi: todos los entrevistados, sin excepción, desde Chuayffet y
Roque Villanueva hasta Madrazo y compañía, hicieron énfasis en lo lamentable
del espionaje telefónico y en la naturaleza política de la filtración, y del
caso relacionado con la pederastia y la agresión a Cacho dijeron saber muy poco
o nada, pues consideraron que sólo son chismes, intrascendencias, golpes bajos
electorales, un asunto entre particulares. Para ellos fue más delito el
espionaje que el abuso contra los niños, lo cual no es lamentable, sino
terrible.
Cierto
que fue una filtración, cierto que la principal sospechosa de ofrecer tal
regalo a la prensa nacional es
Hay que reglamentar con todo detalle el trabajo de los medios, y en eso debe subrayarse con fosforescente el manejo y la legitimidad de las filtraciones, sin duda. Es una necesidad impostergable, un imperativo planteado por la creación de nuevas tecnologías y por las nuevas relaciones sociales y políticas; pero más (o tan) urgente es, creo, acabar con el abuso contra los niños. Urgen penas más altas a los pederastas y, sobre todo, urge acabar con los millonarios que se dan el lujo de crear telarañas y comprar impunidad. Esa es, estoy seguro, la más visible importancia de las grabaciones del depravado Nacif y sus no menos abyectos interlocutores, no si son o no espionaje telefónico o asunto electoral.
17/2/06
El Estado histrión y sus compinches
Dada
a conocer el sábado pasado, la noticia sobre el montaje que ahora ha recibido
el nombre de “telesecuestro” no fue, como era lo esperable, atendida con
suficiente solicitud por los medios de comunicación. Otros temas le robaron cámara
al asunto (el sintomáticamente sanguinoso aumento de la violencia narca, las
salvajes patadas de lo salvajes soldados del salvaje gobierno británico en
Irak, el encuentro de los bribiesquitos y los montielitos en un lounge
de Houston…), aunque no faltaron las opiniones que se levantaron para subrayar
la gravedad del histrionismo corrupto incrustado en nuestro sistema de seguridad
y la complicidad siempre mercenaria
de algunos medios.
Jairo
Calixto Albarrán, con la causticidad que lo distingue, escribió el lunes en
“Política cero” de Milenio que
“debemos ser comprensivos si a
Con
agudeza, Ricardo Alemán achaca en El
Universal del lunes la culpa del lamentable performance
no sólo al gobierno, sino, principalmente, a la voracidad de raiting
característica de los medios, sobre todo de Televisa y de TV Azteca, empresas
que por cierto ya no le otorgaron seguimiento al vergonzante asunto. Dijo Alemán:
“En Televisa se encaminó otro montaje, ahora para lavarse la cara y para
sacudirse la responsabilidad. Fue echado el reportero que todos vieron en la
pantalla haciendo las veces de policía, de Ministerio Público, de juez y hasta
de verdugo”. Más adelante, señala que “En realidad la responsabilidad del
montaje en el caso que nos ocupa es de toda esa cadena de mando de las
televisoras. Y hay evidencias de que el montaje fue acordado con directivos de
alto nivel de las televisoras, quienes sabían que se engañaba a la opinión pública.
¿Por qué todos callaron?, ¿por qué no hubo una voz que alertara de esa
irresponsabilidad ética? Porque la insaciable televisión mexicana, en su lucha
por el rating, es capaz de cualquier cosa, incluso de tragarse a sí
misma. Para el montaje del telesecuestro se necesitaban dos, el que montó el
rescate del secuestro y el que lo difundió. Los primeros ya fueron exhibidos.
¿Pero quién sancionará a los segundos, a las televisoras? Esa sanción no
vendrá de la autoridad, porque frente a la ‘diosa televisión’ no hay
autoridad que valga. Sólo queda la sociedad, la opinión pública”.
El mismo lunes 13, la
columna “Astillero” de Julio Hernández en
En
su editorial de ayer 14 de febrero,
Cito
esas voces para hacer de caja resonante, desde este microespacio público, sobre
la grave responsabilidad de los funcionarios involucrados en el affaire
y la urgencia de, cuando menos, congelarlos. Contra los medios se puede hacer
muy poco, casi nada, o nada. Su castigo, si alguno se les infligiera, sería
moral y dispensado por la opinión pública, aunque ya sabemos que la moral les
importa poco y la opinión pública ellos la manipulan a placer, así que muy
pronto no habrá desfachatez de qué acusarlos. Son tan hábiles y cínicos que
pueden tender cortinas de humo para opacar cortinas de humo mal, muy mal
tramadas, como la del 9 de diciembre de 2005.
15/2/06
900 mililitros
En abstracto, planteado en megacifras, cargar 900 mililitros por cada litro que despachan las gasolineras dice poco al hombre común. Excepto para los economistas o los matemáticos, esa cuenta arroja números tan grandes que resultan indigestos. Muy diferente es servir el inmenso tema del combustible en la mesa de la economía familiar, allí donde duele que los pesos y los centavos se vayan al bote de las inmundicias. Por eso me disfrazo de conejillo de indias, sólo para ver hasta qué punto hay un daño al patrimonio de las familias mexicanas infligido por los, como les dicen, “expendedores” de combustible, hábiles amañadores de bombas, expertos como pocos para meter el dos de bastos, literalmente, por debajo de la tierra, sin que se note y sin que el ciudadano ordinario pueda comprobar el timo del cual es cotidiana víctima.
Cuento con un coche en su humilde
casa (así decía mi abuelo) y con él saco adelante las tareas que demanda mi
vida familiar: reparto de hijos para la escuela, compra del mandado,
desplazamientos al trabajo, cada vez más esporádicos paseos y pendientes
varios. Es un solo vehículo, pero es cierto que equivale casi a dos, por el
cilindraje. El gasto promedio semanal en gasolina, hago un cálculo bastante
moderado, es de 400 pesos, lo que al mes suma 1,600.00 pesos. No sé si sea
correcto, pero indistintamente cargo “verde” y “roja”, eso depende del día
de la quincena en que me halle. La diferencia entre ambos tipos de gasolina es
de más de un peso; la “roja” cuesta 7,69 pesos, la “verde” 6,51. Haré
el estimado con la primera, para no enredarme ni enredar, además de que la
solicito más seguido. Imaginaré también que surto combustible en una sola
estación, como por comodidad lo hacen muchos usuarios.
Si
de gasolina gasto 1,600.00 pesos al mes, esto quiere decir que durante tal lapso
mi coche succiona un biberón de
En
gasolina pierdo entonces 159.99 pesos al mes, me roban 1,919.88 pesos al año. Y
eso que sólo tengo un coche, que realizo viajes relativamente cortos y que
insumo 1,600.00 pesos al mes (19,200.00 pesos al año). No quiero hacer la
cuenta aquí de las familias con dos, tres o hasta cuatro coches, pero es obvio
que con tal parque vehicular son verdaderas benefactoras de los pobres
gasolineros que tanto necesitan su 10% por litro para seguir diezmando al país
(de hecho, diezmar es eso, bajar un
moche de diez).
¿Y
si pensamos en una empresa? Aquí el asunto se vuelve terrorismo. Basta
multiplicar, digamos, mis muy módicas cifras al caso de una empresa con diez
vehículos para que notemos la dimensión del estropicio: si les tumban el 10%
de gasolina, pierden 1,599.99 pesos al mes, 19,198.80 pesos al año. ¿Y los
coches de las dependencias de gobierno? ¿Las patrullas? ¿Las camionetas de
inspección? ¿Los camiones de
Nueva
tragicomedia mexicana
La
mía es una columna humilde, un pequeño espacio periodístico de provincia, un
casi insignificante rinconcito donde hacen sus nidos algunas olas del mar
informativo nacional. Pese a ello, quiero pedir desde aquí la cabeza de Daniel
Ídem de Vaca, de José Luis Santiago Vasconcelos y de Genaro García Luna,
procurador y subprocurador de
Declararán lo que gusten nuestros tres funcionarios de primer nivel, dirán con absoluto cinismo que la superproducción sirvió para favorecer a los medios con una nota de tronido nacional, pero el hecho rebasa los límites de la desvergüenza. Si de por sí es descomunal la desconfianza en nuestras autoridades judiciales, con estos performances acabaremos muertos de terror ante la posibilidad de ser víctimas de un montaje como el ocurrido el 9 de diciembre de 2005. Como la siembra de cráneos manipulada por Chapa Bezanilla, como el autoatentado de José Murat, el show recién confeso pone en evidencia que en nuestro país la podredumbre ya no reconoce orillas morales ni políticas.
12/2/06
Quién es quién beisbolero
Para
facilitar la labor de los scouts que
detectan el talento en tierras aztecas, este veloz who
is who ofrece una breve descripción de nuestros mejores elementos, figuras
de la pelota caliente que aspiran a ser reconocidos como los mejores de
1.
Andrés Manuel Pejelagarto López
Obrador. Juega para los Medios Rojos del PRD. Da la impresión de que no es
capaz ni de sacar rolas al cuadro, pero es un excelente chocador de pelota.
Curiosamente, siempre espera a tener cuenta llena para pegar de hit, aunque es
cierto que los fanáticos se asombran de la lentitud con la que corre las
almohadillas. Dicen que pinta para jugador más valioso (MVP) del 2006, pero
muchos aficionados lo aborrecen por su manía de regalar pelotas autografiadas
sobre todo a los viejitos. Es hitero constante, pero de vez en cuando la
desforra hasta el segundo piso del estadio.
2.
Roberto Raffles Madrazo. Viste la
franela de los Mapaches Uñaslargas del PRI. Muchos creen que su éxito se debe
a que tiene sobornados, atados, amedrentados, a todos sus compañeros de equipo,
de tal manera que él es el único pelotero lucidor. No resulta fácil
poncharlo, ya que es un bateador colmilludo, de esos que saben muy bien hacia dónde
se dirigen todas las pichadas. Es, pues, un jugador mañoso, que se deja golpear
para embasarse, que reclama cada decisión de los umpires, que no tiene escrúpulos para figurar en el Quién
es quién de nuestra pelota caliente. Corre a diario, y por eso de todas sus
características hay una que destaca: es un notable robador, el más destacado
de
3.
Felipe Corazonhumilde Calderón.
Famoso por su declaraciones cercanas al chistorete zedillista (ese que da risa
porque no provoca risa), este soberbio toletero michoacano viste la franela de
los Azulejos del PAN. Se asume pelotero moderno, del futuro, pero curiosamente,
y si fuera necesario, apoyaría una ley para volver a usar el cinturón de
castidad y la sábana con orificio. Aplaudido unánimemente por los fanáticos
de la tribuna derecha, querido incluso por los aficionados que ocupan el sector
de ultraderecha donde comanda las porras Jorge Chile Serrano Limón, este joven tiene experiencia en la grilla de dogout
al estilo de su tutor e ídolo, el veterano Diego Fernández de Chanchullos.
Poco a poco, apoyado por la presidencia de
5.
Patricia Mercado. Jugadora de softbol
y aspirante remotísima a conseguir el gallardete de la competencia que asumió
sólo para cobrar prerrogativas. Es una belleza otoñal que con toda
tranquilidad, si ese fuera el caso, haría polvo a Guadalupe Loaeza, Gaby Vargas
y Laura Zapata juntas. Su Alternativa no tiene otra alternativa, sólo perder.
6.
Roberto Campa Cifrián. Pelotero que de última hora se alistó para buscar
acomodo entre los aspirantes al título de jugador más destacado. Juega para
los Profesores obesillos del Panal.
Tiene nulas posibilidades de ganar, pero sueña con hacer una maldad, como
declinar a favor de otro.
7.
Víctor Dr. Simi González Torres.
Enemigo personal del cronista Joaquín López Dóriga. Se calzó la botarga y
animó ciertos partidos. Fuera de eso, nadie lo tomó en serio y no llegará a
figurar ni de bat boy.
Horribles
placas
El
analfabetismo visual sigue a la alza. Si el estrambótico logo del centenario
torreonense ya quedó impuesto en los festejos, acabo ahora de ver las placas de
automóvil para Durango y me sorprendió un infarto. Propongo que metan a la cárcel
al funcionario que autorizó la imagen de esas láminas, pues se trata de una
capirotada policroma sólo descifrable a treinta centímetros de distancia. Esa
mugre se ve mal hasta en un Mercedes Benz.
10/2/06
Arlt y la gasolina
Leo
en el Tratado de la delincuencia, del soberbio Roberto Arlt, una piececita
(“Por eso…”, se llama) que no por pequeña deja de punzar; la publicó en El
Mundo de Buenos Aires, el ya remoto 16 de enero de 1929, y expone una verdad
del tamaño de Torreón:
“Por
eso, cuando en su camita de hombre honesto, con los botines a la cabecera y las
medias colgando de un travesaño de la silla, muere un hombre que manejó los
caudales públicos y salió de las covachas administrativas tan ratón y tan
pobre como entró, los magníficos furbos, los estupendos truhanes, los
maravillosos sinvergüenzas, dicen compungidamente:
‘Era
un buen hombre, pero no sabía robar. Fue bien intencionado, pero no supo
coimear’. Y es que las leyes, amigo lector que no coimeas (porque no puedes),
es que las leyes se han hecho para eso: para dar de comer a innumerables y
flacos pelafustanes, a indescriptibles y gordos tiburones. Si no se pudiera
robar, ¿qué fin habría en hacer gobierno?”.
Vuelvo
a lo que siempre insisto desde que tengo uso de periódico: junto al robo
hormiga, aquel que cuando un pícaro de la calle ejerce al volarse una bicicleta
(mariposero), aquel que una señora gorda ejecuta cuando se mete prendas debajo
de su ropa en ciertas tiendas (fardera), aquel que hábilmente desempeña un ñero
cuando vence la ventanilla de un coche para tumbar el estéreo (aletero), aquel
que consuma un briboncillo cuando abre boquetes en el techo de una tienda
(coscorronero), tenemos el otro robo, el que se opera a la sombra del poder y
que igualmente hace cómplices a los funcionarios públicos y a muchos
empresarios y que a ambos deja no una bici, no un calzón, no un estéreo, no
una grabadora, sino miles de miles de pesos, y a veces de millones, todo bajo el
amparo de la podrida legalidad.
Ignoro,
todos lo ignoramos, cuánta plata deja la ciudadanía en los bolsillos del poder
cuando paga las cuotas por los servicios indispensables para la vida. No digo
pagar el servicio en sí mismo, sino aquello que se suma a tal servicio y que
secretamente se convierte, al acumularse, en cifra millonaria. Veamos los casos
básicos: imaginemos que hay corrupción en algunos funcionarios de Simas (es un
caso hipotético, pues está demostrado que allí todo se maneja con absoluta
transparencia), imaginemos que a cada recibo le cargan un levísimo extra de
metros cúbicos consumidos. Un recibo, como una golondrina, no hace verano, y
nadie en su juicio reclamará tres pesos más que en realidad no consumió. Pero
el asunto es que la dependencia expide miles de recibos, y apenas un
insignificante peso de más da como resultado miles de pesos cuando se suma la
cantidad total de lo cobrado.
Imaginemos
ahora lo pertinente en relación con Telmex (nadie nota cinco llamadas locales
que se carguen extra por familia), con
¿Y la gasolina? No lo olvido. La gasolina no es sólo asunto de los gasolineros, sino también de los inspectores de la Profeco. Ambos flancos de un mismo negocio han hecho millones, millones de millones de millones, despachando litros que en México difícilmente llenan el litro, por eso da risa que ahora los dos bandos se den golpes de pecho. Golpes tan fuertes que casi se noquean a sí mismos. A otro circo con ese show.
8/2/06
Irremediable tercero
¿Qué
se puede hacer para que el PRI escape del tercer lugar que tiene asegurado con o
sin Roberto Madrazo como candidato? Sin afán
de caer en el simplismo, creo que la situación ya no tiene remedio: el PRI
ocupará el tercer lugar en las elecciones que vienen y de eso no los salvan ni
las santas oraciones del payaso con sotana llamado Onésimo Cepeda. Para
revertir esa situación, el PRI o lo que queda de él tendría que perpetrar un
fraude más aparatoso que el de Bartlett en 88, lo cual a estas alturas sería
como esconder a un elefante detrás de un tubo teibolero. El PRI será tercero
sin escapatoria, pues en lo que resta de campaña se ve difícil que remonte a
los punteros y los candidatos hormiga, Campa y Mercado, están distantes años
luz de conseguir siquiera el 5% de la votación total. Así que, insisto, aunque
Madrazo baile como John Travolta en Chalma logrará salir del hoyo negro en el
que cayó merced a su propia voracidad.
El error del priísmo sincero —si tal cosa
existió alguna vez y existe todavía— es que dejó avanzar un cáncer y para
cerrarle el paso no acudió ni a las aspirinas de la dignidad. Desde que perdió
la candidatura contra Labastida, Madrazo tomó por asalto las heridas
estructuras de su partido y se dedicó a construir no sólo su candidatura para
el 2006, sino su facha de presidente inevitable en el ruinoso México heredado
por la errátil administración de Fox (no “administración Fox”, sino “de
Fox”, en español). Todos fuimos testigos de la terca y siniestra lucha
madracista para trasformar en isla compacta el archipiélago en el que quedó
convertido el PRI tras la derrota del 2 de julio de 2000. El tabasqueño lo logró
al principio, y el PRI, pese al arponazo que significó perder la presidencia,
conservó unido con engrudo su rompecabezas y eso se vio reflejado en la
conservación de gubernaturas y en la conquista de algunas que habían perdido;
además, mantuvo una representación notable en las Cámaras y no dejó de ser
mandón en los sindicatos corporativizados. Pero la mentada unidad fue ilusoria:
Madrazo avanzó, amarró, manipuló, creó la sensación de que había ganado la
batalla al interior de su partido y dejó ver que, lograda tal proeza, lo demás
era rodar de bajadita y sin pedalear.
La
realidad fue otra, y cruda. Para octubre-noviembre de 2005, cuando estaba en su
clímax el match con bóxers y cadenas
de Madrazo contra la padilleril profesora Gordillo, muchos expertos especularon
lo que hoy es ostensible para todos: el candidato tricolor iba a empezar tan
desgastado su campaña formal que con dificultad podría ascender en las
encuestas. Fue tan lamentable el mes de enero que las tribus del PRI, entre las
cuales habitan los Tucomes que emergieron de sus sarcófagos como si fueran
zombies en película de Santo, comenzaron a desparramar la posibilidad de
sustituir al candidato, lo cual es signo supremo de inestabilidad y turbulencia.
Mientras los otros candidatos recorren el país y ven escenarios más o menos
anticipables, el aspirante priísta tiene que hacer campaña, tiene que prometer
maravillas hasta vomitar, tiene que aparecer en los ubicuos medios y al mismo
tiempo tiene que cuidarse las espaldas ante los cuchillos de sus
correligionarios, armas depuestas por un rato y ahora retomadas y afiladas en el
esmeril de la venganza.
La
disyuntiva de los priístas que todavía no abandonan la chalupa tiene un
marcado aire hamletiano: apoyar o no apoyar, tal es el dilema. Porque si con
Madrazo no ganarán, ¿qué se puede hacer? ¿Eliminarlo? ¿Cambiar de bando? ¿Quedarse
así nomás admirando la derrota como si fueran fanáticos del Santos en la época
del Gallo Jáuregui? Lo terrible del
caso es que la política es precisamente como el deporte: importa el espacio, sí,
pero más el tiempo, y las manecillas del cucú electoral 2006 ya dejan al priísmo
un margen de maniobra tan estrecho que con o sin Madrazo el tercer lugar está
garantizado.
¿Por
qué? Por el poco tiempo que queda, como ya dije, pero también, en el escenario
hipotético de la sustitución, porque no hay una sola figura del tricolor
actual que contrarreloj pueda remar tan fuerte como para subir la cascada en la
que vienen cayendo. ¿Quien puede trepar al escenario? Se ha barajado el nombre
de Enrique Jackson, pero, seamos sinceros, si el sinaloense no tenía los tamaños
para ser candidato en etapas favorables, mucho menos en esta pantomima trágica
en la que se ha convertido el proceso electoral para el PRI. ¿Bartlett?
Imposible, lo odian hasta sus mejores amigos. ¿Quién entonces? No, no hay
nadie que pueda con el bulto, así que cambiar a Madrazo o dejarlo equivale a
nada (o a menos) en términos de movimiento porcentual en las encuestas.
La
cúpula príista sabe esto, así que ahora comienzan a cobrar mayor importancia
las diputaciones y las senadurías, lo que sí es posible cosechar.
Declaraciones como las de Bartlett (“No busco ninguna diputación, como lo ha
filtrado el equipo de Madrazo. Creo que en lugar de buscar chivos expiatorios él
y su equipo cercano deberían reflexionar, analizar si tienen derecho, por
ambición personal, a llevar al PRI al desastre”) no tienen como propósito
desplomar la candidatura de “Roberto”, sino lograr posiciones intermedias en
un momento en el que ya lo otro (Lo Otro) está perdido.
Debemos esperar entonces algunas medidas desesperadas, las patadas de ahogado que todo ambicioso a pique suele dar, pero no se me ocurre con exactitud cuáles pueden ser. Por lo pronto es preocupante la sangrienta semana que terminamos, y no porque haya sido particularmente violenta, sino porque tuvo una cobertura extraordinaria en los medios, como viene ocurriendo cuando se desea crear un clima brumoso en el país. Pero ni ése ni cualquier otro ardid logrará sacar a Madrazo del irremediable tercero. El éxodo de sindicatos, asociaciones y simpatizantes ex “duros” es la mejor evidencia de que al susodicho buey ya nadie lo sacará de la barranca.
5/2/06
Arte de ser triste
Tiene
razón Vargas Llosa al afirmar que la felicidad sólo puede ser expresada por
medio de la poesía. Cuando ocurre el milagro de suceder, ese raro, rarísimo y
esporádico sentimiento, la alegría, nada más puede expresarse en versos pues
la narrativa, añade el novelista peruano, se alimenta exclusivamente de carroña,
de desdichas humanas. El ejemplo de un poeta que canta poderoso a la alegría lo
tenemos en Whitman; luego, en Latinoamérica, Darío transita una ruta similar y
en sus Cantos de vida y esperanza hace
patente su estado de ánimo en la “Salutación del optimista”:
Ínclitas
razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda,
espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve!
Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos
lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos;
mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto;
retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte;
se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueña
y en la caja pandórica, de que tantas desgracias surgieron
encontramos de súbito, talismánica, pura, rïente,
cual pudiera decirla en su verso Virgilio divino,
la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza!
El
poema es obra individual, pero asume la voz de la colectividad para contagiar al
lector de la esperanza, para hacerlo cómplice del optimista porvenir. Es, bien
ubicado en su contexto, un hermoso poema, el “único
himno hispanoamericano que tenemos”, a decir, en 1932, de Rodrigo de Maeztu.
En 2006 sigue teniendo razón el español.
Pero la poesía, que ha dado cancha a la alegría como ya vimos, es sobre
todo y también molde esencial del sentimiento contrario, la desdicha. Los
ejemplos son infinitos, muchísimo más numerosos que aquellos donde el poeta se
muestra complacido, exultante. Si el poema optimista puede llegar a agradarme,
el poema autocompasivo puede resultarme infumable, demasiado infeliz para ser
cierto. Si me gusta un poema tristón, pues, imagino que tal sentimiento debe
ser asumido con cierta filosofía, como condición inherente a la naturaleza
humana, sin lloriqueos. Doy dos muestras, sólo dos de las miles que hay.
En 1964 Borges escribe un par de sonetos titulado “
Ya
no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
Varios siglos antes, Quevedo, maestro de Borges en la asignatura
denominada “Estoicismo”, escribió también un soneto repleto de inusitadas
y bellas paradojas (“Preso
en los laberintos del amor”). Los dos versos finales no son dos versos
finales, sino dos lingotes de fortuna literaria,
y con ellos me despido desde aquí. Con estos sonetos queda claro, creo, que la
desdicha es un grato motivo literario siempre y cuando se asuma con entereza,
sin alardes ni chantajes al lector:
Tras
arder siempre, nunca consumirse,
y tras siempre llorar, nunca acosarme;
tras tanto caminar, nunca cansarme,
y tras siempre vivir, jamás morirme;
después
de tanto mal, no arrepentirme;
tras tanto engaño, no desengañarme;
después de tantas penas, no alegrarme,
y tras tanto dolor, nunca reírme;
en
tantos laberintos, no perderme,
ni haber tras tanto olvido recordado,
¿qué fin alegre puede prometerme?
Antes
muerto estaré que escarmentado;
ya no pienso tratar de defenderme,
sino de ser de veras desdichado.
1/2/06
Pachuca 2, Madrazo 0
Muchos
actos de nuestra vida cotidiana, por no decir todos, tienen un valor entrañablemente
simbólico. Si la ropa, la gestualidad, los modales, las palabras expresan para
el otro lo que somos en términos individuales, desde y para la colectividad hay
ciertos ritos que evidencian con transparencia absoluta nuestra condición de
“animales simbólicos”, esto según la definición cassirereana. De ahí, de
esa característica inherente al ser humano, desprendo una pregunta que no por
coyuntural deja de ser importante para México y su futuro inmediato: ¿qué
significado le podemos dar al abucheo que soportó por dos eternos minutos
—algunos medios afirmaron que duró cinco— el candidato del PRI durante su
gira del martes 24 por Hidalgo? Los priístas, especie en bienvenido peligro de
extinción, se defienden diciendo que sólo fue un tropezón, la cáscara de plátano
que todo candidato debe pisar para foguearse en la lid de una campaña electoral
tan cruenta como la que vivimos.
Creo que sí, que en la presentación de Pachuca (la bella desairosa) se
les enredó el script a los encargados de la gira madracista. Tan bochornoso fue el
papelón que ocurrió lo inimaginable: que el candidato permaneciera un suspiro
frente al atril de los discursos, pues la insubordinación sonora de los
universitarios no dejó duda de que el tabasqueño era persona non
grata y lo obligaron a callar abruptamente. Era sólo un acto de campaña,
uno más entre los muchos que en 2006 atestarán de demagogia los foros de la
patria, pero las notas periodísticas del miércoles de todos modos inundaron al
país con la noticia y consagraron, a mi parecer, el punto de inflexión simbólico
que ha puesto al PRI, sin metáfora, como si en verdad los estuvieran
alumbrando, a parir inmensos chayotes.
Ese brutal lugar común mexicano (parir chayotes) es en este caso más
que una frase cliché, y se le puede emplear en al menos dos sentidos: primero,
en relación a lo doloroso de la experiencia pachuqueña y lo que preludia, y,
segundo, a la necesidad ahora inevitable que tiene el PRI de lubricar, con
chayotes, con embutes, una campaña que sin esa descomunal inversión de plata
en propaganda no va a levantar ni el vuelo de las gallinas ponedoras. Lo simbólico
del acto pachuqueño es entonces sencillo de entender; basta recordar lo que
eran antes todos los actos de campaña del priísmo. En la edad de oro —López
Mateos, Díaz Ordaz, y no se diga Echeverría y López Portillo— todo
acto de campaña y toda presentación del tlatoánico mandón sexenal eran una
orgía de admiración popular por el líder inobjetable. En el asunto no había
convicción de las masas, por supuesto, pero era un sobrentendido que los vítores
y las pancartas tenían el mismo olor del incienso obligatorio, y nadie osaba
profanar con sus plantas el libreto.
La situación comenzó a descomponerse, curiosamente, no en las campañas
sino en un acto político oficial, eso cuando Perfidio Muñoz Ledo —sujeto que
si allí hubiera abandonado su carrera política ahora sería un prócer de la
democracia y no el emblema mexicano del voto oportunista— interpeló a De la
Madrid en el informe de gobierno ya legendario de 1988. A partir de ese momento,
el informe del ejecutivo se convirtió en un carnaval de tan justas como
frecuentemente grotescas manifestaciones antipresidenciales, como aquella en la
que el diputado perredista Marco Rascón se calzó una máscara de cerdo
(durante el segundo informe de Zedillo, el 1 de septiembre del 96) que en la
historia de la Cámara sólo es superada por la roqueseñal que el señor
diputado Villanueva aprendió orgullosamente en las calles de Torreón y que
ejecutó en 1995 tras un mayoriteado aumento al IVA.
Las campañas —sobre todo la del PRI a la presidencia de la república— tardaron en descomponerse, creo, por algunas razones como éstas: los asistentes no tienen el fuero de los legisladores, el control de los públicos suele ser muy riguroso, la madurez y la incredulidad de la sociedad civil han aumentado con cierta lentitud, y, lo más importante, candidatos como el abucheado Madrazo han llegado a su aspiración con un magro capital político real y con una larga lista de aterradores pasivos. Las campañas del PRI tardaron en dar muestras de flaqueza, insisto, pero el caso de Hidalgo es ya un hito que en el plano simbólico evidencia la contracorriente que deberá enfrentar su actual candidato para hacerse del triunfo en la próxima jornada electoral. De Pachuca en adelante ya no será nada fácil para Madrazo capturar nuevos votos. A estas alturas es más fácil que pierda poco a poco los que ya tiene, los llamados “duros”, a que coseche simpatías sinceras entre los ciudadanos escépticos o plenamente adversos.
Ante la total imposibilidad de que Madrazo adquiera de veras un repentino
y milagroso poder persuasivo entre la mayoría que ya perdió definitivamente el
PRI, viene entonces un urgente Plan B o C o D, no se puede saber por el momento,
en la campaña del tricolor. Su partido deberá invertir cantidades fenomenales
de dinero para que su candidato prenda, lo que provocará que cada voto nuevo le
cueste al PRI, con cargo al Estado, uno y la mitad del otro. Viene además un
endurecimiento de los controles en cada acto de campaña en el que participe el
tabasqueño que habla y actúa como don Vito Corleone. Viene tal vez lo que ha
sido tradición en las campañas recientes, sobre todo en la del 94: la
calculada organización y difusión de un clima de violencia provocado en
laboratorio. Viene, en suma, lo imprevisible, pues sólo así, mediante el
empleo de novedosas trapacerías, es dable que los porcentajes de Madrazo logren
sacarlo de la tercera posición que ahora ocupa.
Creo que ha llegado, ahora sí, la posibilidad real de enterrar al dinosáurico priísmo que visto desde cualquier ángulo ya simboliza en el imaginario mexicano el retroceso, la quintaesencia de la corrupción, el pasado que jamás debe volver, mucho menos con la frente marchita de “Roberto”. Venturosamente, los dos minutos de Pachuca dan serias esperanzas de que el titánico embuste sólo dure cinco meses más.
29/1/06
Expediente
Mataviejitas o cómo hacer literatura
barroca que a su vez genere una corriente llamada “Realismo México” en este
país donde
Para
estar a tono con lo que comentaré más adelante, desde aquí afirmo categóricamente
que la realidad en México no tiene abuela. Juro por todos los dioses del Olimpo
que me juré y me recontrajuré escribir sobre el Mataviejitas
antes de que nuestro sistema de investigación, uno de los más sofisticados del
mundo y sólo por debajo de Scotland Yard, diera con su paradero. Mi deseo era
afirmar que cuando atraparan al serial
killer chichimeca de seguro se iba a tratar de un tipo que, hoy resentido,
sufrió insólitos bastonazos de parte de su abuelito e increíbles y tristes
mordidas con dentadura postiza por parte de su abuela desalmada. Algo así,
delirante, alucidado ado ado ado (como dice Yahir), tan irreal que el cine de
Juan Orol se haría merecedor póstumo de los más altos honores en Cannes. Pero
uta (no es errata) madre, la realidad superó todas mis más disparatadas
conjeturas. El miércoles 25 de enero me vino a confirmar una vez más que vivo
en un país donde la saga del señor de los anillos es casi un boletín de
La
historia de su peliculesca detención (aquí lo “peliculesco” es un adjetivo
que nos debe remitir al cine de Mario Almada, no a otro) ya todos la conocemos.
De 48 años, Juana Barraza Zamperio (algunos periódicos la apellidan Samperio,
con S, pero es mejor escribirlo con Z para no asociarla con ningún escritor
cuya característica principal es hacer literatura fantástica; ¿casualidad?)
ingresó con mentiras al domicilio de una anciana en la colonia Moctezuma de la
delegación Venustiano Carranza.
Documentos
apócrifos de por medio, la incalificable chacala (nótese que ya estoy
escribiendo en tono alarmista, oséase propio de la revista Alarma!)
mintiole a la viejecita y logró ganar su confianza. Acto seguido, y sin decir
agua va, estrangulole con la manguera de un estetoscopio Medina Cháirez. De
inmediato, la feroz y ojetérrima homicida maizoro (por aquello de que es una
asesina cereal mexicana) emprendió la graciosa huida del fauno hacia el esdrújulo
dédalo de la pútrida megalópolis. Pero no contaba con la chapulinesca astucia
de un inquilino de la recién asesinada, un joven de 25 abriles que vio salir a
la matona y poco después vio a la víctima en el suelo, lo cual detonó una rápida
persecución del muchacho y el consecuente auxilio de dos cuicos que andaban por
el susodicho sector. Los representantes de la ley y el joven descubridor del
crimen de lesa señora de la tercera edad dieron alcance a Juana Barraza, quien
cargaba un par de bolsas de supermercado (armas punzocomprantes)
y con ellas lanzó golpes y se resistió para no ser aprehendida y
llevada a los impolutos altares de nuestra justicia.
La
occisadora de viejitas, narran las crónicas, metió las manos con habilidad y
fuerza, lo que dio claras muestras de que su odio contra los adultos mayores era
tan grande como su destreza para batirse en el combate cuerpo a cuerpo y cara a
cara. Obvios resultaron después esa pericia y ese vigor:
Corpulenta,
hombruna, de pelo corto, la inculpada vestía saco rojo y pantalón negro, y su
facha coincidió a cabalidad con los hablados (nótese aquí como elipso
bellamente la palabra “retratos”) que ya se tenían cuando la killeresa
(esto quiere decir mujer killer, asesina, no pensar que me refiero a Irma
Serrano) todavía andaba haciendo de las cochinas suyas.
Unas
horas después de su arresto, el procurador Bátiz y el jefe de la policía
capitalina Ortega declararon en conferencia de prensa que “De manera serena
confesó haber cometido el crimen aduciendo necesidad económica. Al registrar
su bolsa de mano cayó un folder verde con una imagen religiosa y diversas
fotocopias de credenciales de elector de mujeres de la tercera edad afiliadas al
programa de asistencia de gobierno, además se le halló instrumental médico
para la medida de hipertensión arterial, así como un gafete para simularse
promotora del programa referido”.
Poco más delante, las autoridades consignaron, sin perdonar la burla, que el de la asesina “Fue un trabajo muy a fondo, muy profesional, muy técnico. Imagínense que el patrón de los homicidios era atacar a personas con las que no tenía relación previa. No eran conocidas, sin relación, no eran familiares ni venganzas, tenía la paciencia de buscar quién estaba solo, hacía su trabajo con mucha habilidad y lograba cometer los homicidios. El trabajo fue muy cuidadoso y profesional”.
Sin
duda el expediente criminal de
27/1/06
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