El domingo 6 de marzo de 2005 inicié una nueva columna periodística; su nombre será, mientras viva, "Ruta Norte", y la publicaré en La Opinión Milenio. Sin mayor preámbulo, las reproduzco aquí en orden cronológico inverso.

 

Si los hijos de puta volara, no se vería el cielo

La sabia sentencia que sirve de testa a esta entrega se la debemos al genio del pueblo catalán, la hizo célebre el maestro Joan Manuel Serrat y bien puede aparecer, dedicada a varios “creadores de imagen”, como nota al pie de video en muchos de los espots que hoy invaden el espacio hertziano nacional. Prácticamente toda la propaganda que suministra la televisión es previsible, rutinaria, de bostezo (la fanfarronería de Calderón, la producción patito de AMLO, el camaleonismo tibio de Campa), pero hay cierta propaganda que se excede, que se pasa de vomitiva y bien merece un pedestal de lujo en la videoteca del horror. Es el caso de la dramatización que los asesores mediáticos de Roberto Madrazo planearon para imprimirle “naturalidad”, “frescura”, “espontaneidad” a la figura del candidato priísta a la presidencia de la República.

         Partamos, primero, de un hecho ya irreversible: tras el escándalo de la semana pasada, tras el tosco apoyo y el tardío desmarcaje del PRI en relación a la catadura delincuente del gobernador poblano, la derrota del candidato tricolor acabó de confirmarse y sólo falta que tengamos las encuestas de marzo para saber que las tendencias son ya definitivas al menos en el casillero del tercer lugar. Pese a eso, los publicistas del también precioso ex góber (así, con tilde, ya que el apócope la hace palabra grave terminada en consonante que no es ni “s” ni “n”) de Tabasco no ceden en su empeño por añadirle algunas migajas de credibilidad a su figura. Eligieron el camino del espot estándar, aquel que muestra al candidato en escenarios prefabricados, entre “gente del pueblo”, saludador y optimista. Junto a ese convencional tipo de anuncio, los estrategos madracistas decidieron tomar un curioso atajo: crear un espot ceñido a la escuela de don Ernesto Alonso, una breve telenovela donde Roberto Madrazo Pintado, quien hace el difícil papel de Roberto Madrazo Pintado, actúa el miniculebrón para convencernos de que él sí puede. Como soy fan de Cantando por un sueño, he visto en sus cortes comerciales, un par de azoradas veces, este microdrama de la vida irreal.

         No lo grabé, pero en líneas generales describo lo que retengo de la dramatización. En medium shot, cual Robertico Limonta en El derecho de nacer, aparece el candidato del PRI apoltronado en un sillón junto a Isabel de la Parra , su esposa. Madrazo se ve entero, nada agobiado, muy campechano aunque sea tabasqueño, pero para dar el gatazo de que acaba de llegar a casa después de la refriega proselitista, se desanuda la corbata con desenfado de burócrata y le comenta a su atenta mujer que ya no es posible vivir en este México apuñalado por la delincuencia. En eso hace énfasis el protagonista del sketch, en el clima de violencia, en la indefensión de nuestros hijos ante los narcos y ante los violadores. Mientras habla a media voz, sereno, por supuesto un poco cansado por la chamba y por no repuntar en las encuestas, su mujer lo escucha convencida, segura de que las palabras que salen de aquel buen hombre son una verdad esférica, incontrovertible. El político-actor (o el actor-político, que para el caso es lo mismo) nunca mira a la cámara, y a media voz, con la tesitura histrónica del Emilio Tuero que se quejaba por vivir en quinto patio, asegura a su pesarosa cónyuge que ya no podemos seguir así, que el país debe cambiar. Poco después, sin que medie algún aviso en el contexto de aquel idilio político-mágico-sentimental, la intimidad de la pareja se ve rota abruptamente por un gesto que planeó un guionista sin duda afectado por el consumo irracional de cannabis indica: el candidato revira a la cámara y de golpe y madrazo se dirige a nosotros, los televidentes, como lo hacía el Chapulín Colorado cuando nos miraba para decir que se aprovechaban de su nobleza. Y así, con ceño convencido, nos tira una moraleja que de manera absurda convierte un diálogo matrimonial en el inicio de un mitin.

         El humor involuntario es uno de los gestos más recurrentes en la era del vacío ético que nos ha tocado vivir, y los espots son una poderosa fuente de autoparodia. Todo tiene, sin embargo, un límite, y el minimelodrama de Madrazo clavado en los cortes de Adal Mamones ha llegado tan lejos que hace innecesaria la presencia del tabasqueño en El privilegio de mandar. Su autocaricatura supera por mucho a la de Arath de la Torre. Merece un Óscar.

Error verdiazul

“Estamos convocando a todos los ciudadanos a que respalden a Felipe Calderón en esta gran alianza con la sociedad (...). Si Bernardo de la Garza se quiere sumar a Calderón —de quien además es amigo y a mí me consta—, pues será muy bienvenido”, dijo Manuel Espino, presidente del PAN nacional.

Añadió que De la Garza tiene “una trayectoria limpia, que ha destacado por su servicio al país”. Sin comentarios. Sólo puedo decir que, por filibusterismo político, el señor Espino trae extraviada la vergüenza.

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22/2/06

 

De qué sirvió esperar

El jueves 16 de febrero, en el lujoso salón Coahuila del hotel Crowne Plaza, Gabriela Nava Femat, quien encabeza la Dirección Municipal de Cultura de Torreón, presentó su “Programa de Trabajo 2006” ante los medios de comunicación y ante lo más selecto de la comunidad cultural lagunera. Junto a José Ángel Pérez, alcalde, y Rodolfo Walss Aurioles, secretario del ayuntamiento, la encargada de la DMC resumió en líneas generales una especie de itinerario para el primer año de su gestión. Sin duda, este paso inicial (presentar un “programa”) distingue al arranque de su labor del accidentado y permanentemente torpe trabajo de su predecesor, Alberto González Domene.

Lo primero que me saltó al oído es la declaración de Gabriela Nava sobre el silencio que guardó la DMC durante mes y medio. Ese lapso lo aprovecharon, declaró, para cuadrar un proyecto, para encuestar, para ver prioridades, para preparar un cuidadoso y eficaz programa de trabajo. La prudencia siempre es bienvenida, y es de elogiar que hayan organizado con tanta cautela el citatorio para el jueves 16. Sin embargo, lamento hacerlo notar, el fruto de mes y medio de trabajo parece pobre, menos que mediocre: un engargolado preparatoriano en su forma, un muy desordenado documento en su fondo.

Particularmente no me es grato decir esto; desde hace más de veinte años conozco, respeto y aprecio a Gabriela Nava, pero creo que por el bien de su labor al frente de la DMC , y principalmente por el bien de Torreón, es necesario que evalúe con frialdad su exposición del jueves y el lamentable documento que entregó a los medios. Más allá de lo que dijo en voz alta, el cuadernillo refleja tan buenas intenciones como gran ingenuidad. Primero, su ortografía y su sintaxis (puedo demostrarlo con al menos treinta ejemplos diseminados en nueve cuartillas estiradas a punta de retórica vacía) no corresponde con el estatus de dirección que tiene la instancia creadora del legajo, y esto se agrava si pensamos que la labor de la DMC tiene que ver esencialmente, desde su mismo nombre, con lo cultural. Ni siquiera con piadosa indulgencia puedo olvidar lo básico: si en un espacio de esta índole no son capaces de articular un español medianamente aseado, ¿qué podemos esperar en los demás terrenos de su quehacer? Desde aquí, pues, hay una especie de harakiri, un inoportuno autogol.

Paso a lo más delicado, al contenido. Para empezar, el argollado dice en su portada que es un “Programa de Trabajo 2006” . Bien. No un proyecto general para el cuatrienio, no un plan estratégico o algo así, es decir, no un cimiento firme y duradero, tetranual, sino un programa para el primer año. Surgen de inmediato algunas preguntas: ¿este programa cambiará en 2007? ¿El año próximo serán retomados los proyectos o será necesario otro mes y medio para preparar nuevas ideas? Si es un “programa”, ¿por qué entonces parece a ratos un plan general o un informe? En fin, el documento da la rara impresión de ser un extraño amasijo de programa anual, plan estratégico, glosario e informe, todo mezclado sin orden ni concierto, un ornitorrinco textual.

La primera cuartilla abre con la costumbrita de la misión, la visión y todo ese blablablerío muchas veces ocioso, puro gas. Es demagogia mal redactada, como en el caso de la “Visión”, ítem que supuestamente debe plantear, en el léxico vaporoso y mutante según las cambiadizas modas de la “filosofía” administrativa, una imagen proyectada de lo que desea ser o hacer alguna institución. Pues no, la “Visión” de la DMC es una autodefinición que se trompica con sus propias palabras y da por hecho que es lo que todavía no es: “ La Dirección Municipal de Cultura coordina y consolida esfuerzos de todos los creadores y ciudadanos para desarrollar programas artístico-culturales que consideran la atención a grupos específicos y son modelo en el Norte del país”. Que me perdonen, pero esto es un disparate. ¿Ya coordina y consolida? ¿En mes y medio de trabajo se puede decir eso? ¿De todos los creadores y ciudadanos? ¿Qué significa artístico-culturales? ¿Por qué “son modelo en el Norte del país”? No entiendo esta “Visión”, no sé qué es esta “Visión”.

Los ejemplos de descuido y ligereza cunden y su citación y comentario sólo cabría en un ensayo de veinte cuartillas. Por ejemplo, en los “Objetivos” se afirma que tratarán de “Fortalecer la identidad torreonense…”. Pregunto: ¿saben lo que dicen cuando hablan de eso? ¿Cuál es la “identidad torreonense”? Obviamente hablan de la identidad como si fuera un cachivache fácilmente detectable y definible, como si se tratara de una silla o de un molcajete.

En el documento es caótico el manejo de los incisos; así, algunas “Líneas de acción” se diferencian muy poco de los “Objetivos”, y en los hechos da lo mismo que se llamaran con cualquier nombre antojadizo, de suerte que los apartados a veces sólo separan ideas artificial, burdamente. Traigo un caso: “Buscar el mayor impacto en cada acción, procurando que el contacto con el arte y sus manifestaciones sea un estímulo para la creación de realidades personales y sociales”. Pregunto con respeto: ¿qué es “el mayor impacto en cada acción”? ¿Cómo se mide eso? Y planteo una adivinanza para el lector: ¿tal ítem corresponde a los “Objetivos” o a las “Líneas de acción”?

En “Programas” no mejora este programa. Primero es definido feamente el horrible y burocrático neologismo “ciudadanización” y luego se enlistan siete puntos que lo mismo pudieron ser ocho o diez o cinco o veintitrés. En el primero, llamado no sé por qué “Animación y cultura comunitaria” (¿qué demonios es “animación”?), se habla de una encuesta que por ser tal, suponen, ya tiene autoridad per se, como si las encuestas no requirieran un adecuado planteamiento y luego excelentes intérpretes de los resultados. En este punto se habla de talleres “permanentes y efímeros” (¿talleres “efímeros”? ¿Durarán cinco minutos?), y con negritas se explica, en tono de boletín de prensa o informe de actividades, no de “programa”, que ya iniciaron “4 talleres”. Por cierto, nunca se sabe qué es “animación” ni qué se entiende por “efímero”, mucho menos se interpreta a fondo el sentido de los porcentajes arrojados por la “encuesta”.

El punto 2, “Capacitación”, tiene un rapto de amplificación desmesurada, pues se incluye al gremio de los artesanos, como si no hubiera para eso otras instancias acaso más vinculadas al turismo o al comercio que a la difusión cultural (Fonart-Sedesol). Allí mismo se habla de que el coro de las “100 VOCES” entrará a una “nueva era”. Pregunto casi mecánicamente: ¿ese coro ya forjó una “era” y entrará a otra nueva? ¿Por qué un coro todavía pueblerino recibe tratamiento de dinastía egipcia? Otra vez, las palabras arrojadas sobre la cuartilla al mexicano ahi se va.

Los puntos que siguen no cambian mucho de tónica. Entran al programa como Pedro por su DMC, sin ton ni son, y dejan ver que se trata casi de una lluvia de ideas acaso bien intencionada, muchas veces asistencialista (como si se tratara del DIF), pero absolutamente ajena al orden formal y temático. Por la sencilla razón de que la DMC no es una taquería o una vulka, no pueden ser admitidos, por caso, párrafos enteros con inconcordancias, difusos, urdidos con apresurado candor, casi ocurrencias nacidas al cuarto para las doce.

Pese a ello, el alcalde José Ángel Pérez Hernández, ignorante de todo lo que pueda oler a mundillo cultural, al tomar la palabra señaló que el proyecto recién presentado era muy “bonito” (¡bonito!) y cumplía con uno de sus compromisos de campaña: estar cerca de “la cultura”.

Es poco tiempo, claro, para evaluar la función de la DMC y de todas las demás instancias del gobierno municipal. Pese a ello, y el cuadernillo lo deja ver palmariamente, nuestra cultura sigue caminando tal vez con buenos propósitos, con dignos salarios y con decorosos presupuestos, pero con directrices de trabajo concebidas y redactadas en alguna preparatoria patrulla de la región. Creo que Gabriela Nava, a quien respeto y aprecio de veras, pudo ofrecer algo mucho mejor que lo del jueves 16. Ella tiene buena ortografía, para empezar, lo cual me deja ver que, quizá por las neurosis de último minuto, ni siquiera leyó el “Programa de Trabajo 2006” quisquillosamente repartido por sus colaboradoras.

¿Y el Estado laico?

Monsiváis acaba de criticar a Carlos Abascal, secretario de Gobernación, por instalar, cada vez que abre la boca, un “púlpito virtual” que da fe de su apetito por refritear en México un Estado con tintes confesionales. No se equivoca el escritor, y no se equivocaría tampoco si viniera a Torreón y opinara sobre el logo de la administración municipal en funciones. Destaca en ese icono (icono, no ícono) un poderoso torreón clavado a la izquierda sobre una especie de media luna que estiliza un cerro; a la derecha, también sobre la semicircular línea del horizonte, el Cristo de las Noas. No tengo nada contra ninguna profesión de fe (yo mismo soy un creyente convencido), y precisamente por eso creo en la separación de la Iglesia y del Estado. Lo que hace entonces el logo actual del ayuntamiento es mezclar lo que debería separarse. Eso es, al menos, una imprudencia, la ignorante propuesta de un diseñador que nada sabe sobre el Estado laico y de unos funcionarios que palomean lo primero que les ponen a la vista.

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19/2/06

 

Corruptotes

El aumentativo que da título a esta entrega no es nada más una manera de engrandecer el grado de podredumbre que se destapó, cual colector abierto en canal, con la revelación de las llamadas telefónicas entre unos animales que ahora, con evasivas idiotas, desean ponerse a salvo de la poca justicia que queda en el país. Esa forma de expresión popular, el aumentativo, es, de alguna forma, el único castigo que al parecer tendrán los dos principales involucrados en el caso de la periodista Lydia Cacho: el degenerado empresario Kamel Nacif, alias El rey de la mezclilla, y Mario Marín, gobernador de Puebla ya conocido en todo el país con un mote que le hace diametralmente opuesto honor a su traza y su torcida psique: El Precioso.

Hablo de castigo no tanto por lo que hicieron o desearon hacer con la periodista Cacho, ya de por sí horripilante, sino por la causa remota de todo el bochinche propiciado tras la difusión de las llamadas telefónicas que le pondrían el pellejo de gallina hasta a Jack el Destripador. Quiero decir, entonces, que más allá del doloroso agravio perpetrado contra la periodista, y más allá de la implicaciones políticas del asunto (que las tiene, y muchas), está el problema de la red de pederastas que Lydia Cacho desenmascaró en un libro donde aparece Nacif al lado del réprobo Jean Succar Kuri, socio y amigo cercano de El rey de la mezclilla.

 Entre el denso humo generado por esta nota bomba, apenas se ha dejado ver el peor de los delitos, la pederastia, peor incluso, pienso, que el mismísimo homicidio, si pudieran establecerse parámetros para ver qué es peor entre lo peor. Junto a la gravedad de lo que Nacif, el “góber precioso” y otros quisieron hacer a Cacho, está lo más grave aún, lo inabarcablemente ruin: el crimen sin nombre que es abusar sexualmente de niños. El hoy esfumado Nacif, al servir de tapadera a Succar, y el baladrón Marín, al ayudar a Nacif con la planeación de vejámenes contra Cacho, no hacen sino ponerse del lado de quienes comprobadamente han ejercido la pederastia y deben pagar por ello. No hay, no se me ocurre, insisto, delito mayor entre todos los delitos, y el solo hecho de oír a Nacif y a Marín me hace pensar en el barril de pólvora donde se sienta la niñez del país cuando se dan contubernios de esta ralea entre el poder político y el económico, tan bien representados por los sujetos que se intercambian coñac celebratorio en las llamadas (comentario aparte merece la explotación de trabajadores en las cárceles del país, pero ese tema también requiere, por su gravedad, un juicio amplio y profundo).

El PRI ha construido un monumento a la ligereza al colocar sus declaraciones en extremos archirridículos; a esa farsa se sumó el Verde Ecologista en boca del bruto Jorge Kahwagi: todos los entrevistados, sin excepción, desde Chuayffet y Roque Villanueva hasta Madrazo y compañía, hicieron énfasis en lo lamentable del espionaje telefónico y en la naturaleza política de la filtración, y del caso relacionado con la pederastia y la agresión a Cacho dijeron saber muy poco o nada, pues consideraron que sólo son chismes, intrascendencias, golpes bajos electorales, un asunto entre particulares. Para ellos fue más delito el espionaje que el abuso contra los niños, lo cual no es lamentable, sino terrible.

Cierto que fue una filtración, cierto que la principal sospechosa de ofrecer tal regalo a la prensa nacional es la Presidencia de la República , cierto que con un poco de suspicacia se puede pensar que es una cortina de humo para quitarles prensa de encima a los bribiesquitos o para ocultar la simulación de la AFI o para acabar de enterrar las aspiraciones del PRI por regresar a Los Pinos o lo que sea. En un juego de medios no reglamentado, o reglamentado ya con una ley obsoleta (como Carlos Nava lo ha venido comentando en estas páginas), la filtración ha sido práctica usada para propinar golpes bajos de todo tamaño, y siempre hablan contra ella, contra la filtración, los funcionarios o los políticos directamente balconeados. En el caso del podrido mezclillero y del góber soez, no es falso que fue invadida “su privacidad”, pero tampoco lo es que, como se dijo en su momento y como se demostró el martes, Lydia Cacho fue víctima de una conjura desde el más alto de los poderes en Puebla, una conjura que sirve para beneficiar a un pederasta, para pisotear la libertad de expresión, para poner por debajo de la impunidad cualquier causa justa y, sobre todo, para dejar que criminales que atentan contra niños sigan haciendo de las suyas en redes organizadas y sin oponentes a la vista.

Hay que reglamentar con todo detalle el trabajo de los medios, y en eso debe subrayarse con fosforescente el manejo y la legitimidad de las filtraciones, sin duda. Es una necesidad impostergable, un imperativo planteado por la creación de nuevas tecnologías y por las nuevas relaciones sociales y políticas; pero más (o tan) urgente es, creo, acabar con el abuso contra los niños. Urgen penas más altas a los pederastas y, sobre todo, urge acabar con los millonarios que se dan el lujo de crear telarañas y comprar impunidad. Esa es, estoy seguro, la más visible importancia de las grabaciones del depravado Nacif y sus no menos abyectos interlocutores, no si son o no espionaje telefónico o asunto electoral.

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17/2/06

 

El Estado histrión y sus compinches

Dada a conocer el sábado pasado, la noticia sobre el montaje que ahora ha recibido el nombre de “telesecuestro” no fue, como era lo esperable, atendida con suficiente solicitud por los medios de comunicación. Otros temas le robaron cámara al asunto (el sintomáticamente sanguinoso aumento de la violencia narca, las salvajes patadas de lo salvajes soldados del salvaje gobierno británico en Irak, el encuentro de los bribiesquitos y los montielitos en un lounge de Houston…), aunque no faltaron las opiniones que se levantaron para subrayar la gravedad del histrionismo corrupto incrustado en nuestro sistema de seguridad y la complicidad  siempre mercenaria de algunos medios.

Jairo Calixto Albarrán, con la causticidad que lo distingue, escribió el lunes en “Política cero” de Milenio que “debemos ser comprensivos si a la AFI le da por organizar sus propios simulacros de rescate y apañe a plagiarios hijos de puta (...) para que los medios de comunicación, siempre hambrientos de emociones fuertes, sensacionalismo pando y rating, puedan tomar con la debida seguridad y espacios de maniobra mediática, a los muchachos chichos de la película gacha agarrando a los verdaderos malos de Malolandia que no son el Innombrable y sus secuaces, sino los choznos del Mochaorejas”.

Con agudeza, Ricardo Alemán achaca en El Universal del lunes la culpa del lamentable performance no sólo al gobierno, sino, principalmente, a la voracidad de raiting característica de los medios, sobre todo de Televisa y de TV Azteca, empresas que por cierto ya no le otorgaron seguimiento al vergonzante asunto. Dijo Alemán: “En Televisa se encaminó otro montaje, ahora para lavarse la cara y para sacudirse la responsabilidad. Fue echado el reportero que todos vieron en la pantalla haciendo las veces de policía, de Ministerio Público, de juez y hasta de verdugo”. Más adelante, señala que “En realidad la responsabilidad del montaje en el caso que nos ocupa es de toda esa cadena de mando de las televisoras. Y hay evidencias de que el montaje fue acordado con directivos de alto nivel de las televisoras, quienes sabían que se engañaba a la opinión pública. ¿Por qué todos callaron?, ¿por qué no hubo una voz que alertara de esa irresponsabilidad ética? Porque la insaciable televisión mexicana, en su lucha por el rating, es capaz de cualquier cosa, incluso de tragarse a sí misma. Para el montaje del telesecuestro se necesitaban dos, el que montó el rescate del secuestro y el que lo difundió. Los primeros ya fueron exhibidos. ¿Pero quién sancionará a los segundos, a las televisoras? Esa sanción no vendrá de la autoridad, porque frente a la ‘diosa televisión’ no hay autoridad que valga. Sólo queda la sociedad, la opinión pública”.

         El mismo lunes 13, la columna “Astillero” de Julio Hernández en La Jornada consignó que “No se está en condiciones aquí de decir que los delitos generadores de la acción policial no existieran, o que los secuestrados o los muertos no lo hubieran sido, sino que la real o inventada aprehensión de los presuntos responsables fue dada a conocer por cálculos políticos y mediáticos, buscando diluir otras noticias o impactar en determinada coyuntura de discusión o confusión nacional”.

         En su editorial de ayer 14 de febrero, La Jornada insiste en el sello aberrante de la simulación en la que incurrieron, obscenamente ayuntados, algunos medios y el Estado: “La práctica de efectuar montajes televisivos con supuestos rescates de rehenes y captura de secuestradores lejos de elevar la credibilidad de la institución policial resulta degradante para las autoridades y los medios informativos que la acompañan (y patrocinan, al parecer) e insulta a una opinión pública que ha sido deliberadamente engañada por ese singular maridaje de intereses de legitimación gubernamental ­especialmente en coyunturas en que al foxismo le resultó conveniente desviar la atención de otros sucesos­ y de incremento del rating, es decir, de ganancias. Por supuesto, tan inverosímil como los falsos operativos es la justificación de que fueron urdidos entre reporteros y mandos menores; es evidente, en cambio, que fueron resultado de una negociación entre altos funcionarios y ejecutivos de primer nivel de las empresas televisivas”.

         Cito esas voces para hacer de caja resonante, desde este microespacio público, sobre la grave responsabilidad de los funcionarios involucrados en el affaire y la urgencia de, cuando menos, congelarlos. Contra los medios se puede hacer muy poco, casi nada, o nada. Su castigo, si alguno se les infligiera, sería moral y dispensado por la opinión pública, aunque ya sabemos que la moral les importa poco y la opinión pública ellos la manipulan a placer, así que muy pronto no habrá desfachatez de qué acusarlos. Son tan hábiles y cínicos que pueden tender cortinas de humo para opacar cortinas de humo mal, muy mal tramadas, como la del 9 de diciembre de 2005.

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15/2/06

 

900 mililitros

En abstracto, planteado en megacifras, cargar 900 mililitros por cada litro que despachan las gasolineras dice poco al hombre común. Excepto para los economistas o los matemáticos, esa cuenta arroja números tan grandes que resultan indigestos. Muy diferente es servir el inmenso tema del combustible en la mesa de la economía familiar, allí donde duele que los pesos y los centavos se vayan al bote de las inmundicias. Por eso me disfrazo de conejillo de indias, sólo para ver hasta qué punto hay un daño al patrimonio de las familias mexicanas infligido por los, como les dicen, “expendedores” de combustible, hábiles amañadores de bombas, expertos como pocos para meter el dos de bastos, literalmente, por debajo de la tierra, sin que se note y sin que el ciudadano ordinario pueda comprobar el timo del cual es cotidiana víctima.

         Cuento con un coche en su humilde casa (así decía mi abuelo) y con él saco adelante las tareas que demanda mi vida familiar: reparto de hijos para la escuela, compra del mandado, desplazamientos al trabajo, cada vez más esporádicos paseos y pendientes varios. Es un solo vehículo, pero es cierto que equivale casi a dos, por el cilindraje. El gasto promedio semanal en gasolina, hago un cálculo bastante moderado, es de 400 pesos, lo que al mes suma 1,600.00 pesos. No sé si sea correcto, pero indistintamente cargo “verde” y “roja”, eso depende del día de la quincena en que me halle. La diferencia entre ambos tipos de gasolina es de más de un peso; la “roja” cuesta 7,69 pesos, la “verde” 6,51. Haré el estimado con la primera, para no enredarme ni enredar, además de que la solicito más seguido. Imaginaré también que surto combustible en una sola estación, como por comodidad lo hacen muchos usuarios.

Si de gasolina gasto 1,600.00 pesos al mes, esto quiere decir que durante tal lapso mi coche succiona un biberón de 208.06 litros . Dado que los litros mexicanos no son de 1000 mililitros, sino de asombrosos 900, eso significa que me esquilman el 10% de cada litro, o sea que en realidad cargo al mes 187.26 litros y pierdo 20.806 (en dinero, el litro cuesta, como ya dije, 7,69 pesos, así que el 10% de tal cantidad, lo robado, es 76.9 centavos por cada litro). Ahora bien, si pierdo 20.806 litros al mes, multiplico esa cantidad por su precio de venta y eso arroja un total de 159.99 pesos. Esta cantidad ilícita es la que le doy al mes, aparte de su ganancia, al dueño de la gasolinera. Puesto que el año suele tener doce meses, anualmente dono a los gasolineros, como si estuvieran muy bonitos, 1,919.88 pesos de verdadera grapa.

En gasolina pierdo entonces 159.99 pesos al mes, me roban 1,919.88 pesos al año. Y eso que sólo tengo un coche, que realizo viajes relativamente cortos y que insumo 1,600.00 pesos al mes (19,200.00 pesos al año). No quiero hacer la cuenta aquí de las familias con dos, tres o hasta cuatro coches, pero es obvio que con tal parque vehicular son verdaderas benefactoras de los pobres gasolineros que tanto necesitan su 10% por litro para seguir diezmando al país (de hecho, diezmar es eso, bajar un moche de diez).

¿Y si pensamos en una empresa? Aquí el asunto se vuelve terrorismo. Basta multiplicar, digamos, mis muy módicas cifras al caso de una empresa con diez vehículos para que notemos la dimensión del estropicio: si les tumban el 10% de gasolina, pierden 1,599.99 pesos al mes, 19,198.80 pesos al año. ¿Y los coches de las dependencias de gobierno? ¿Las patrullas? ¿Las camionetas de inspección? ¿Los camiones de la CFE o de Simas? Y por otro lado, ¿dónde está la Profeco ? ¿Inmiscuida? ¿Indiferente? ¿Amarrada de las manos? ¿Qué opina Fox sobre el asunto? Lo digo con respeto, lo más educadamente posible: todo esto es una mierda.

Nueva tragicomedia mexicana

La mía es una columna humilde, un pequeño espacio periodístico de provincia, un casi insignificante rinconcito donde hacen sus nidos algunas olas del mar informativo nacional. Pese a ello, quiero pedir desde aquí la cabeza de Daniel Ídem de Vaca, de José Luis Santiago Vasconcelos y de Genaro García Luna, procurador y subprocurador de la PGR y director de la AFI , respectivamente, por el montaje (espectacular repetición en cámara lenta) de la captura “in fraganti” de una banda de secuestradores, aquélla en la que, se presume, estuvo involucrada la ciudadana francesa Marie Louise Florence Cassez.

Declararán lo que gusten nuestros tres funcionarios de primer nivel, dirán con absoluto cinismo que la superproducción sirvió para favorecer a los medios con una nota de tronido nacional, pero el hecho rebasa los límites de la desvergüenza. Si de por sí es descomunal la desconfianza en nuestras autoridades judiciales, con estos performances acabaremos muertos de terror ante la posibilidad de ser víctimas de un montaje como el ocurrido el 9 de diciembre de 2005. Como la siembra de cráneos manipulada por Chapa Bezanilla, como el autoatentado de José Murat, el show recién confeso pone en evidencia que en nuestro país la podredumbre ya no reconoce orillas morales ni políticas.

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12/2/06

 

Quién es quién beisbolero

La Liga Mexicana sigue produciendo peloteros de gran altura, jugadores que en cualquier momento podrían saltar a la gran carpa con el fin de emular las glorias de Beto Ávila, Jorge Charolito Orta, Fernando Valenzuela, Ted Higuera y Vinicio Castilla.

         Para facilitar la labor de los scouts que detectan el talento en tierras aztecas, este veloz who is who ofrece una breve descripción de nuestros mejores elementos, figuras de la pelota caliente que aspiran a ser reconocidos como los mejores de la Liga.

1. Andrés Manuel Pejelagarto López Obrador. Juega para los Medios Rojos del PRD. Da la impresión de que no es capaz ni de sacar rolas al cuadro, pero es un excelente chocador de pelota. Curiosamente, siempre espera a tener cuenta llena para pegar de hit, aunque es cierto que los fanáticos se asombran de la lentitud con la que corre las almohadillas. Dicen que pinta para jugador más valioso (MVP) del 2006, pero muchos aficionados lo aborrecen por su manía de regalar pelotas autografiadas sobre todo a los viejitos. Es hitero constante, pero de vez en cuando la desforra hasta el segundo piso del estadio.

2. Roberto Raffles Madrazo. Viste la franela de los Mapaches Uñaslargas del PRI. Muchos creen que su éxito se debe a que tiene sobornados, atados, amedrentados, a todos sus compañeros de equipo, de tal manera que él es el único pelotero lucidor. No resulta fácil poncharlo, ya que es un bateador colmilludo, de esos que saben muy bien hacia dónde se dirigen todas las pichadas. Es, pues, un jugador mañoso, que se deja golpear para embasarse, que reclama cada decisión de los umpires, que no tiene escrúpulos para figurar en el Quién es quién de nuestra pelota caliente. Corre a diario, y por eso de todas sus características hay una que destaca: es un notable robador, el más destacado de la Liga.

3. Felipe Corazonhumilde Calderón. Famoso por su declaraciones cercanas al chistorete zedillista (ese que da risa porque no provoca risa), este soberbio toletero michoacano viste la franela de los Azulejos del PAN. Se asume pelotero moderno, del futuro, pero curiosamente, y si fuera necesario, apoyaría una ley para volver a usar el cinturón de castidad y la sábana con orificio. Aplaudido unánimemente por los fanáticos de la tribuna derecha, querido incluso por los aficionados que ocupan el sector de ultraderecha donde comanda las porras Jorge Chile Serrano Limón, este joven tiene experiencia en la grilla de dogout al estilo de su tutor e ídolo, el veterano Diego Fernández de Chanchullos. Poco a poco, apoyado por la presidencia de la Liga , ha escalado peldaños en su lucha por ser el MVP de 2006. Puede dar la sorpresa.

5. Patricia Mercado. Jugadora de softbol y aspirante remotísima a conseguir el gallardete de la competencia que asumió sólo para cobrar prerrogativas. Es una belleza otoñal que con toda tranquilidad, si ese fuera el caso, haría polvo a Guadalupe Loaeza, Gaby Vargas y Laura Zapata juntas. Su Alternativa no tiene otra alternativa, sólo perder.

6. Roberto Campa Cifrián. Pelotero que de última hora se alistó para buscar acomodo entre los aspirantes al título de jugador más destacado. Juega para los Profesores obesillos del Panal. Tiene nulas posibilidades de ganar, pero sueña con hacer una maldad, como declinar a favor de otro.

7. Víctor Dr. Simi González Torres. Enemigo personal del cronista Joaquín López Dóriga. Se calzó la botarga y animó ciertos partidos. Fuera de eso, nadie lo tomó en serio y no llegará a figurar ni de bat boy.

Horribles placas

El analfabetismo visual sigue a la alza. Si el estrambótico logo del centenario torreonense ya quedó impuesto en los festejos, acabo ahora de ver las placas de automóvil para Durango y me sorprendió un infarto. Propongo que metan a la cárcel al funcionario que autorizó la imagen de esas láminas, pues se trata de una capirotada policroma sólo descifrable a treinta centímetros de distancia. Esa mugre se ve mal hasta en un Mercedes Benz.

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10/2/06

 

Arlt y la gasolina

Leo en el Tratado de la delincuencia, del soberbio Roberto Arlt, una piececita (“Por eso…”, se llama) que no por pequeña deja de punzar; la publicó en El Mundo de Buenos Aires, el ya remoto 16 de enero de 1929, y expone una verdad del tamaño de Torreón:

“Por eso, cuando en su camita de hombre honesto, con los botines a la cabecera y las medias colgando de un travesaño de la silla, muere un hombre que manejó los caudales públicos y salió de las covachas administrativas tan ratón y tan pobre como entró, los magníficos furbos, los estupendos truhanes, los maravillosos sinvergüenzas, dicen compungidamente:

‘Era un buen hombre, pero no sabía robar. Fue bien intencionado, pero no supo coimear’. Y es que las leyes, amigo lector que no coimeas (porque no puedes), es que las leyes se han hecho para eso: para dar de comer a innumerables y flacos pelafustanes, a indescriptibles y gordos tiburones. Si no se pudiera robar, ¿qué fin habría en hacer gobierno?”.

Vuelvo a lo que siempre insisto desde que tengo uso de periódico: junto al robo hormiga, aquel que cuando un pícaro de la calle ejerce al volarse una bicicleta (mariposero), aquel que una señora gorda ejecuta cuando se mete prendas debajo de su ropa en ciertas tiendas (fardera), aquel que hábilmente desempeña un ñero cuando vence la ventanilla de un coche para tumbar el estéreo (aletero), aquel que consuma un briboncillo cuando abre boquetes en el techo de una tienda (coscorronero), tenemos el otro robo, el que se opera a la sombra del poder y que igualmente hace cómplices a los funcionarios públicos y a muchos empresarios y que a ambos deja no una bici, no un calzón, no un estéreo, no una grabadora, sino miles de miles de pesos, y a veces de millones, todo bajo el amparo de la podrida legalidad.

Ignoro, todos lo ignoramos, cuánta plata deja la ciudadanía en los bolsillos del poder cuando paga las cuotas por los servicios indispensables para la vida. No digo pagar el servicio en sí mismo, sino aquello que se suma a tal servicio y que secretamente se convierte, al acumularse, en cifra millonaria. Veamos los casos básicos: imaginemos que hay corrupción en algunos funcionarios de Simas (es un caso hipotético, pues está demostrado que allí todo se maneja con absoluta transparencia), imaginemos que a cada recibo le cargan un levísimo extra de metros cúbicos consumidos. Un recibo, como una golondrina, no hace verano, y nadie en su juicio reclamará tres pesos más que en realidad no consumió. Pero el asunto es que la dependencia expide miles de recibos, y apenas un insignificante peso de más da como resultado miles de pesos cuando se suma la cantidad total de lo cobrado.

Imaginemos ahora lo pertinente en relación con Telmex (nadie nota cinco llamadas locales que se carguen extra por familia), con la CFE (nadie repara en unos cuantos kW de caballito), el inefable cobro del gas (siempre en ascenso), Pasa (un pesito más por el servicio de recolección de basura a nadie le hace daño), predial (aquí se descararon gracias a la pasada administración), obras públicas (todo lo que se le pague es de oquis), tránsito (los cobros “legales” más las mordidas que se tienen que ofrecer de vez en cuando) y en fin, la cadena de atracos hormiga no parece tener fin, de ahí que, como dice el texto de Arlt, los funcionarios que tienen bajo su control la administración pública y empresarial, si desean hacerla y no ser tenidos por idiotas, deban ser ases de la uña, maestros en el arte de pellizcar lo que se deje.

¿Y la gasolina? No lo olvido. La gasolina no es sólo asunto de los gasolineros, sino también de los inspectores de la Profeco. Ambos flancos de un mismo negocio han hecho millones, millones de millones de millones, despachando litros que en México difícilmente llenan el litro, por eso da risa que ahora los dos bandos se den golpes de pecho. Golpes tan fuertes que casi se noquean a sí mismos. A otro circo con ese show.

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8/2/06

 

Irremediable tercero

¿Qué se puede hacer para que el PRI escape del tercer lugar que tiene asegurado con o sin Roberto Madrazo como candidato? Sin  afán de caer en el simplismo, creo que la situación ya no tiene remedio: el PRI ocupará el tercer lugar en las elecciones que vienen y de eso no los salvan ni las santas oraciones del payaso con sotana llamado Onésimo Cepeda. Para revertir esa situación, el PRI o lo que queda de él tendría que perpetrar un fraude más aparatoso que el de Bartlett en 88, lo cual a estas alturas sería como esconder a un elefante detrás de un tubo teibolero. El PRI será tercero sin escapatoria, pues en lo que resta de campaña se ve difícil que remonte a los punteros y los candidatos hormiga, Campa y Mercado, están distantes años luz de conseguir siquiera el 5% de la votación total. Así que, insisto, aunque Madrazo baile como John Travolta en Chalma logrará salir del hoyo negro en el que cayó merced a su propia voracidad.

         El error del priísmo sincero —si tal cosa existió alguna vez y existe todavía— es que dejó avanzar un cáncer y para cerrarle el paso no acudió ni a las aspirinas de la dignidad. Desde que perdió la candidatura contra Labastida, Madrazo tomó por asalto las heridas estructuras de su partido y se dedicó a construir no sólo su candidatura para el 2006, sino su facha de presidente inevitable en el ruinoso México heredado por la errátil administración de Fox (no “administración Fox”, sino “de Fox”, en español). Todos fuimos testigos de la terca y siniestra lucha madracista para trasformar en isla compacta el archipiélago en el que quedó convertido el PRI tras la derrota del 2 de julio de 2000. El tabasqueño lo logró al principio, y el PRI, pese al arponazo que significó perder la presidencia, conservó unido con engrudo su rompecabezas y eso se vio reflejado en la conservación de gubernaturas y en la conquista de algunas que habían perdido; además, mantuvo una representación notable en las Cámaras y no dejó de ser mandón en los sindicatos corporativizados. Pero la mentada unidad fue ilusoria: Madrazo avanzó, amarró, manipuló, creó la sensación de que había ganado la batalla al interior de su partido y dejó ver que, lograda tal proeza, lo demás era rodar de bajadita y sin pedalear.

La realidad fue otra, y cruda. Para octubre-noviembre de 2005, cuando estaba en su clímax el match con bóxers y cadenas de Madrazo contra la padilleril profesora Gordillo, muchos expertos especularon lo que hoy es ostensible para todos: el candidato tricolor iba a empezar tan desgastado su campaña formal que con dificultad podría ascender en las encuestas. Fue tan lamentable el mes de enero que las tribus del PRI, entre las cuales habitan los Tucomes que emergieron de sus sarcófagos como si fueran zombies en película de Santo, comenzaron a desparramar la posibilidad de sustituir al candidato, lo cual es signo supremo de inestabilidad y turbulencia. Mientras los otros candidatos recorren el país y ven escenarios más o menos anticipables, el aspirante priísta tiene que hacer campaña, tiene que prometer maravillas hasta vomitar, tiene que aparecer en los ubicuos medios y al mismo tiempo tiene que cuidarse las espaldas ante los cuchillos de sus correligionarios, armas depuestas por un rato y ahora retomadas y afiladas en el esmeril de la venganza.

La disyuntiva de los priístas que todavía no abandonan la chalupa tiene un marcado aire hamletiano: apoyar o no apoyar, tal es el dilema. Porque si con Madrazo no ganarán, ¿qué se puede hacer? ¿Eliminarlo? ¿Cambiar de bando? ¿Quedarse así nomás admirando la derrota como si fueran fanáticos del Santos en la época del Gallo Jáuregui? Lo terrible del caso es que la política es precisamente como el deporte: importa el espacio, sí, pero más el tiempo, y las manecillas del cucú electoral 2006 ya dejan al priísmo un margen de maniobra tan estrecho que con o sin Madrazo el tercer lugar está garantizado.

¿Por qué? Por el poco tiempo que queda, como ya dije, pero también, en el escenario hipotético de la sustitución, porque no hay una sola figura del tricolor actual que contrarreloj pueda remar tan fuerte como para subir la cascada en la que vienen cayendo. ¿Quien puede trepar al escenario? Se ha barajado el nombre de Enrique Jackson, pero, seamos sinceros, si el sinaloense no tenía los tamaños para ser candidato en etapas favorables, mucho menos en esta pantomima trágica en la que se ha convertido el proceso electoral para el PRI. ¿Bartlett? Imposible, lo odian hasta sus mejores amigos. ¿Quién entonces? No, no hay nadie que pueda con el bulto, así que cambiar a Madrazo o dejarlo equivale a nada (o a menos) en términos de movimiento porcentual en las encuestas.

La cúpula príista sabe esto, así que ahora comienzan a cobrar mayor importancia las diputaciones y las senadurías, lo que sí es posible cosechar. Declaraciones como las de Bartlett (“No busco ninguna diputación, como lo ha filtrado el equipo de Madrazo. Creo que en lugar de buscar chivos expiatorios él y su equipo cercano deberían reflexionar, analizar si tienen derecho, por ambición personal, a llevar al PRI al desastre”) no tienen como propósito desplomar la candidatura de “Roberto”, sino lograr posiciones intermedias en un momento en el que ya lo otro (Lo Otro) está perdido.

Debemos esperar entonces algunas medidas desesperadas, las patadas de ahogado que todo ambicioso a pique suele dar, pero no se me ocurre con exactitud cuáles pueden ser. Por lo pronto es preocupante la sangrienta semana que terminamos, y no porque haya sido particularmente violenta, sino porque tuvo una cobertura extraordinaria en los medios, como viene ocurriendo cuando se desea crear un clima brumoso en el país. Pero ni ése ni cualquier otro ardid logrará sacar a Madrazo del irremediable tercero. El éxodo de sindicatos, asociaciones y simpatizantes ex “duros” es la mejor evidencia de que al susodicho buey ya nadie lo sacará de la barranca.

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5/2/06

 

Arte de ser triste

Tiene razón Vargas Llosa al afirmar que la felicidad sólo puede ser expresada por medio de la poesía. Cuando ocurre el milagro de suceder, ese raro, rarísimo y esporádico sentimiento, la alegría, nada más puede expresarse en versos pues la narrativa, añade el novelista peruano, se alimenta exclusivamente de carroña, de desdichas humanas. El ejemplo de un poeta que canta poderoso a la alegría lo tenemos en Whitman; luego, en Latinoamérica, Darío transita una ruta similar y en sus Cantos de vida y esperanza hace patente su estado de ánimo en la “Salutación del optimista”:

 

Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda,
espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve!
Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos
lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos;
mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto;
retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte;
se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueña
y en la caja pandórica, de que tantas desgracias surgieron
encontramos de súbito, talismánica, pura, rïente,
cual pudiera decirla en su verso Virgilio divino,
la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza!

 

El poema es obra individual, pero asume la voz de la colectividad para contagiar al lector de la esperanza, para hacerlo cómplice del optimista porvenir. Es, bien ubicado en su contexto, un hermoso poema, el “único himno hispanoamericano que tenemos”, a decir, en 1932, de Rodrigo de Maeztu. En 2006 sigue teniendo razón el español.

         Pero la poesía, que ha dado cancha a la alegría como ya vimos, es sobre todo y también molde esencial del sentimiento contrario, la desdicha. Los ejemplos son infinitos, muchísimo más numerosos que aquellos donde el poeta se muestra complacido, exultante. Si el poema optimista puede llegar a agradarme, el poema autocompasivo puede resultarme infumable, demasiado infeliz para ser cierto. Si me gusta un poema tristón, pues, imagino que tal sentimiento debe ser asumido con cierta filosofía, como condición inherente a la naturaleza humana, sin lloriqueos. Doy dos muestras, sólo dos de las miles que hay.

         En 1964 Borges escribe un par de sonetos titulado “ 1964” . Cito el segundo, un portento de la infelicidad sin tragedia; los versos 1 y 12 son una maravilla de la resignación ante la certeza de la desventura:

 

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

 

         Varios siglos antes, Quevedo, maestro de Borges en la asignatura denominada “Estoicismo”, escribió también un soneto repleto de inusitadas y bellas paradojas (“Preso en los laberintos del amor”). Los dos versos finales no son dos versos finales, sino dos lingotes de fortuna literaria, y con ellos me despido desde aquí. Con estos sonetos queda claro, creo, que la desdicha es un grato motivo literario siempre y cuando se asuma con entereza, sin alardes ni chantajes al lector:

 

Tras arder siempre, nunca consumirse,
y tras siempre llorar, nunca acosarme;
tras tanto caminar, nunca cansarme,
y tras siempre vivir, jamás morirme;

después de tanto mal, no arrepentirme;
tras tanto engaño, no desengañarme;
después de tantas penas, no alegrarme,
y tras tanto dolor, nunca reírme;

en tantos laberintos, no perderme,
ni haber tras tanto olvido recordado,
¿qué fin alegre puede prometerme?

Antes muerto estaré que escarmentado;
ya no pienso tratar de defenderme,
sino de ser de veras desdichado.

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1/2/06

 

Pachuca 2, Madrazo 0

Muchos actos de nuestra vida cotidiana, por no decir todos, tienen un valor entrañablemente simbólico. Si la ropa, la gestualidad, los modales, las palabras expresan para el otro lo que somos en términos individuales, desde y para la colectividad hay ciertos ritos que evidencian con transparencia absoluta nuestra condición de “animales simbólicos”, esto según la definición cassirereana. De ahí, de esa característica inherente al ser humano, desprendo una pregunta que no por coyuntural deja de ser importante para México y su futuro inmediato: ¿qué significado le podemos dar al abucheo que soportó por dos eternos minutos —algunos medios afirmaron que duró cinco— el candidato del PRI durante su gira del martes 24 por Hidalgo? Los priístas, especie en bienvenido peligro de extinción, se defienden diciendo que sólo fue un tropezón, la cáscara de plátano que todo candidato debe pisar para foguearse en la lid de una campaña electoral tan cruenta como la que vivimos.

         Creo que sí, que en la presentación de Pachuca (la bella desairosa) se les enredó el script a los encargados de la gira madracista. Tan bochornoso fue el papelón que ocurrió lo inimaginable: que el candidato permaneciera un suspiro frente al atril de los discursos, pues la insubordinación sonora de los universitarios no dejó duda de que el tabasqueño era persona non grata y lo obligaron a callar abruptamente. Era sólo un acto de campaña, uno más entre los muchos que en 2006 atestarán de demagogia los foros de la patria, pero las notas periodísticas del miércoles de todos modos inundaron al país con la noticia y consagraron, a mi parecer, el punto de inflexión simbólico que ha puesto al PRI, sin metáfora, como si en verdad los estuvieran alumbrando, a parir inmensos chayotes.

         Ese brutal lugar común mexicano (parir chayotes) es en este caso más que una frase cliché, y se le puede emplear en al menos dos sentidos: primero, en relación a lo doloroso de la experiencia pachuqueña y lo que preludia, y, segundo, a la necesidad ahora inevitable que tiene el PRI de lubricar, con chayotes, con embutes, una campaña que sin esa descomunal inversión de plata en propaganda no va a levantar ni el vuelo de las gallinas ponedoras. Lo simbólico del acto pachuqueño es entonces sencillo de entender; basta recordar lo que eran antes todos los actos de campaña del priísmo. En la edad de oro López Mateos, Díaz Ordaz, y no se diga Echeverría y López Portillo— todo acto de campaña y toda presentación del tlatoánico mandón sexenal eran una orgía de admiración popular por el líder inobjetable. En el asunto no había convicción de las masas, por supuesto, pero era un sobrentendido que los vítores y las pancartas tenían el mismo olor del incienso obligatorio, y nadie osaba profanar con sus plantas el libreto.

         La situación comenzó a descomponerse, curiosamente, no en las campañas sino en un acto político oficial, eso cuando Perfidio Muñoz Ledo —sujeto que si allí hubiera abandonado su carrera política ahora sería un prócer de la democracia y no el emblema mexicano del voto oportunista— interpeló a De la Madrid en el informe de gobierno ya legendario de 1988. A partir de ese momento, el informe del ejecutivo se convirtió en un carnaval de tan justas como frecuentemente grotescas manifestaciones antipresidenciales, como aquella en la que el diputado perredista Marco Rascón se calzó una máscara de cerdo (durante el segundo informe de Zedillo, el 1 de septiembre del 96) que en la historia de la Cámara sólo es superada por la roqueseñal que el señor diputado Villanueva aprendió orgullosamente en las calles de Torreón y que ejecutó en 1995 tras un mayoriteado aumento al IVA.

         Las campañas —sobre todo la del PRI a la presidencia de la república— tardaron en descomponerse, creo, por algunas razones como éstas: los asistentes no tienen el fuero de los legisladores, el control de los públicos suele ser muy riguroso, la madurez y la incredulidad de la sociedad civil han aumentado con cierta lentitud, y, lo más importante, candidatos como el abucheado Madrazo han llegado a su aspiración con un magro capital político real y con una larga lista de aterradores pasivos. Las campañas del PRI tardaron en dar muestras de flaqueza, insisto, pero el caso de Hidalgo es ya un hito que en el plano simbólico evidencia la contracorriente que deberá enfrentar su actual candidato para hacerse del triunfo en la próxima jornada electoral. De Pachuca en adelante ya no será nada fácil para Madrazo capturar nuevos votos. A estas alturas es más fácil que pierda poco a poco los que ya tiene, los llamados “duros”, a que coseche simpatías sinceras entre los ciudadanos escépticos o plenamente adversos.

         Ante la total imposibilidad de que Madrazo adquiera de veras un repentino y milagroso poder persuasivo entre la mayoría que ya perdió definitivamente el PRI, viene entonces un urgente Plan B o C o D, no se puede saber por el momento, en la campaña del tricolor. Su partido deberá invertir cantidades fenomenales de dinero para que su candidato prenda, lo que provocará que cada voto nuevo le cueste al PRI, con cargo al Estado, uno y la mitad del otro. Viene además un endurecimiento de los controles en cada acto de campaña en el que participe el tabasqueño que habla y actúa como don Vito Corleone. Viene tal vez lo que ha sido tradición en las campañas recientes, sobre todo en la del 94: la calculada organización y difusión de un clima de violencia provocado en laboratorio. Viene, en suma, lo imprevisible, pues sólo así, mediante el empleo de novedosas trapacerías, es dable que los porcentajes de Madrazo logren sacarlo de la tercera posición que ahora ocupa.

         Creo que ha llegado, ahora sí, la posibilidad real de enterrar al dinosáurico priísmo que visto desde cualquier ángulo ya simboliza en el imaginario mexicano el retroceso, la quintaesencia de la corrupción, el pasado que jamás debe volver, mucho menos con la frente marchita de “Roberto”. Venturosamente, los dos minutos de Pachuca dan serias esperanzas de que el titánico embuste sólo dure cinco meses más.

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29/1/06

 

Expediente Mataviejitas o cómo hacer literatura barroca que a su vez genere una corriente llamada “Realismo México” en este país donde la realidad siempre hace picadillo a la fantasía

Para estar a tono con lo que comentaré más adelante, desde aquí afirmo categóricamente que la realidad en México no tiene abuela. Juro por todos los dioses del Olimpo que me juré y me recontrajuré escribir sobre el Mataviejitas antes de que nuestro sistema de investigación, uno de los más sofisticados del mundo y sólo por debajo de Scotland Yard, diera con su paradero. Mi deseo era afirmar que cuando atraparan al serial killer chichimeca de seguro se iba a tratar de un tipo que, hoy resentido, sufrió insólitos bastonazos de parte de su abuelito e increíbles y tristes mordidas con dentadura postiza por parte de su abuela desalmada. Algo así, delirante, alucidado ado ado ado (como dice Yahir), tan irreal que el cine de Juan Orol se haría merecedor póstumo de los más altos honores en Cannes. Pero uta (no es errata) madre, la realidad superó todas mis más disparatadas conjeturas. El miércoles 25 de enero me vino a confirmar una vez más que vivo en un país donde la saga del señor de los anillos es casi un boletín de la PGR.

         La historia de su peliculesca detención (aquí lo “peliculesco” es un adjetivo que nos debe remitir al cine de Mario Almada, no a otro) ya todos la conocemos. De 48 años, Juana Barraza Zamperio (algunos periódicos la apellidan Samperio, con S, pero es mejor escribirlo con Z para no asociarla con ningún escritor cuya característica principal es hacer literatura fantástica; ¿casualidad?) ingresó con mentiras al domicilio de una anciana en la colonia Moctezuma de la delegación Venustiano Carranza.

Documentos apócrifos de por medio, la incalificable chacala (nótese que ya estoy escribiendo en tono alarmista, oséase propio de la revista Alarma!) mintiole a la viejecita y logró ganar su confianza. Acto seguido, y sin decir agua va, estrangulole con la manguera de un estetoscopio Medina Cháirez. De inmediato, la feroz y ojetérrima homicida maizoro (por aquello de que es una asesina cereal mexicana) emprendió la graciosa huida del fauno hacia el esdrújulo dédalo de la pútrida megalópolis. Pero no contaba con la chapulinesca astucia de un inquilino de la recién asesinada, un joven de 25 abriles que vio salir a la matona y poco después vio a la víctima en el suelo, lo cual detonó una rápida persecución del muchacho y el consecuente auxilio de dos cuicos que andaban por el susodicho sector. Los representantes de la ley y el joven descubridor del crimen de lesa señora de la tercera edad dieron alcance a Juana Barraza, quien cargaba un par de bolsas de supermercado (armas punzocomprantes)  y con ellas lanzó golpes y se resistió para no ser aprehendida y llevada a los impolutos altares de nuestra justicia.

La occisadora de viejitas, narran las crónicas, metió las manos con habilidad y fuerza, lo que dio claras muestras de que su odio contra los adultos mayores era tan grande como su destreza para batirse en el combate cuerpo a cuerpo y cara a cara. Obvios resultaron después esa pericia y ese vigor: la Mataviejitas confesa declaró mesmamente que llegó a dedicarse, difamándolo ahora, al hermoso ejercicio de la lucha libre profesional, ello con un poético alias que más bien debería llevar, y acatar, Marta Sahagún: “La dama del silencio”. En el deporte de los costalazos la Matapersonasdelaterceraedad aprendió pues a manejar el arte de la defensa (que en su caso sirvió para la ofensa) personal y gracias a eso pudo dar fácil cuenta de sus desvalidas presas.

Corpulenta, hombruna, de pelo corto, la inculpada vestía saco rojo y pantalón negro, y su facha coincidió a cabalidad con los hablados (nótese aquí como elipso bellamente la palabra “retratos”) que ya se tenían cuando la killeresa (esto quiere decir mujer killer, asesina, no pensar que me refiero a Irma Serrano) todavía andaba haciendo de las cochinas suyas.

Unas horas después de su arresto, el procurador Bátiz y el jefe de la policía capitalina Ortega declararon en conferencia de prensa que “De manera serena confesó haber cometido el crimen aduciendo necesidad económica. Al registrar su bolsa de mano cayó un folder verde con una imagen religiosa y diversas fotocopias de credenciales de elector de mujeres de la tercera edad afiliadas al programa de asistencia de gobierno, además se le halló instrumental médico para la medida de hipertensión arterial, así como un gafete para simularse promotora del programa referido”.

Poco más delante, las autoridades consignaron, sin perdonar la burla, que el de la asesina “Fue un trabajo muy a fondo, muy profesional, muy técnico. Imagínense que el patrón de los homicidios era atacar a personas con las que no tenía relación previa. No eran conocidas, sin relación, no eran familiares ni venganzas, tenía la paciencia de buscar quién estaba solo, hacía su trabajo con mucha habilidad y lograba cometer los homicidios. El trabajo fue muy cuidadoso y profesional”.

Sin duda el expediente criminal de la Mataviejitas ha cerrado con éxito y tras eso la ex gladiadora de los encordados purgará una condena a la altura de sus obras. La justicia mexicana ha demostrado que actúa de manera pronta y expedita, siempre con los métodos más eficaces y científicos. Es un triunfo de nuestra justicia, ciertamente, pero una derrota brutal de nuestra literatura y de nuestro cine. Hasta las películas de Santo se han quedado cortas ante tamaña evidencia del absurdo.

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27/1/06

 

 

 

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