El domingo 6 de marzo de 2005 inicié una nueva columna periodística; su nombre será, mientras viva, "Ruta Norte", y la publicaré en La Opinión Milenio. Sin mayor preámbulo, las reproduzco aquí en orden cronológico inverso.

 

 

Caras y gestos de famosos

No son pocos los que alguna vez han escrito que lo más terrible del admirador es encontrar, por fin, al admirado y llevarse la nada placentera sorpresa de que se trata de un hombre convencional, tan mortal como quien sea, tan lleno de defectos como cualquier hijo de vecino. En ocasiones el encuentro llega a ser traumático: el apuesto y simpático cantante de televisión es en corto, cuando encara a sus fans, un magnífico badulaque; la interesante y bella actriz, distinguida porque irradia una imagen de alegría y paz interior, es una perra neurótica apenas cruzamos con ella dos palabras fuera de cámaras; el deportista que anota goles y corre a festejar con la tribuna es en verdad un engreído que regala autógrafos a regañadientes. En ocasiones, el encuentro es epifánico: la actriz que se ve inalcanzable y seca es en verdad una chica generosa y parlanchina; el atleta que refleja ser un higadito frente a los reporteros es de cerca un hombre muy tratable. Hay de todo.

El caso más significativo de sorpresa para bien me lo dio el grandilocuente y vanidoso José Luis Cuevas: en corto me dedicó uno de sus libros y cruzamos una breve y muy agradable conversación, ajena por completo a la imagen de pedante que acompaña al genial creador de La Giganta. Luego de esa charla entendí bien a bien que la petulancia era parte de su show.

         En el mundillo de los escritores he visto de todo. Por mi aislamiento lagunero no he tratado a muchos “famosos”, pero tengo opiniones sobre algunos más o menos conocidos con los que he trabado cinco o seis palabras. No es un contacto suficiente como para emitir un juicio definitivo, pero eso es precisamente lo que sirve más en este caso: la primera impresión. Así, recuerdo que el exquisito Germán Dehesa me trató una vez como si él fuera Alfonso Reyes y yo el Chavo del Ocho. O el ingenioso y solidario y comprometido Monsiváis, a quien admiro, quien me dio la sensación de que se comporta como diva de los estudios Churubusco. O el más inflado de cuantos he conocido, un poeta llamado Alejandro Aura, autor de dos o tres cositas sin mayor mérito, pero que se dio un taco de escritorazo que prefiero no recordar. O Ricardo Garibay, quien me concedió una entrevista allá por el 94; creí que iba a conversar con el ogro que, además de escribir bellas novelas y notables guiones, salía en un programa de televisión echando pestes contra casi todo, bufando como si fuera a embestir; pues no, Garibay fue, como dicen las señoras, “un pan” amabilísimo y en todo momento me trató con deferencia. Y un último caso entre otros tantos: el famoso Guillermo Fadanelli, según esto el Charles Bukowski mexicano, había criado tal fama de maldito y de insolente que cuando lo iba conocer en la presentación de su libro Más alemán que Hitler, me preparé mentalmente para aceptar que encontraría a un tipo indigesto; y vaya sorpresa: Fadanelli es agradable y abierto, lo menos parecido a tanto mamilas que se la cree nomás porque ya lo apapacharon dos editoriales.

Igual, pese a su fama de inalcansabilidad, he sentido buena sangre de Pérez Reverte, de Fernando del Paso, de Carlos Montemayor, de don Alí Chumacero, de José Agustín, de Gonzalo Celorio, de Sergio Pitol, de Juan Goytisolo y de Rafael Chirbes, entre los chipocludos que recuerdo y puedo citar en este breve apunte. El caso más reciente de este tipo de encuentros me lo topé con Enrique Serna: pensé que, por la acidez de sus textos, me toparía a un ser distante y árido. No ocurrió lo contrario, pues Serna no es un tipo festivo ni dicharachero, pero es muy amable, sabe ironizar con un gesto indescifrable en el rostro y es algo así como un Voltaire moderno, un buen compa.

La recomendación de Borges, ignoro en que página la leí, es que procuremos no alentar una gran admiración por ningún escritor vivo, puesto que si algún día llegamos a conocerlo veremos que se trata de un ser frágil, falible, finito y acaso más infumable que el común de los mortales, y nos podemos llevar una muy mala impresión, como supuestamente le pasó a él cuando trató a Ortega y Gasset en Buenos Aires.

En una próxima entrega reseñaré mi encuentro con Mario Vargas Llosa. Sólo adelanto que aunque no fue desagradable, Borges tenía algo de razón.

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25/1/06

 

A la caza de indecisos

Nadie quedará cruzado de neuronas ante los resultados de la encuestomanía que se desató como tsunami apenas terminada la supuesta tregua electoral. Según lo números arrojados por Mitofsky, De las Heras, Covarrubias y demás, López Obrador sigue a la cabeza con un variable 40-37% de las preferencias, Calderón Hinojosa anda entre el 31-27% y Madrazo frisa entre el 30 y un asombroso 22% de la intención de voto. En general hay coincidencia en cuanto a las posiciones del primer, segundo y tercer lugares, de tal manera que si los comicios ocurrieran hoy no habría discusión sobre el posible ganador. El problema es que todavía falta medio año, el decisivo, y la ruleta porcentual no tiene palabra de honor. Lo importante, entonces, no es el resultado de la encuestitis aguda, sino el anticipo de todo lo que cada equipo de campaña deberá hacer, uno para conservar la delantera, otros para acelerar el paso y colocarse en una posición menos lejana del primer lugar o, si es posible, en el mismísimo casillero ganador. Todos entraron ya, por eso, a la feroz caza de indecisos.

         López Obrador tuvo dos picos importantes en 2005: en abril, luego del abyecto conato de desafuero, sus bonos le hicieron cosquillas a las nubes y tranquilamente rebasó el 40%; otro buen momento de su delantera lo tuvo en octubre, dado que en el PRI se estaban matando las Gordillos, los Montieles y los Madrazos y en el PAN ocurría otro tanto entre el hazmerreír de los hazmerreíres Creel y el fachendoso Calderón, amo y señor actualmente de la baladronada como rasgo vertebral de su discurso. Esos saltos a la gloria de AMLO eran artificiales, por supuesto, y obedecían menos al impacto del propio Peje en el electorado potencial y más a su condición de político victimizado a la malagueña salerosa. Esta experiencia sirvió para dos cosas (no voy a decir que para nada y para pura chingada): instalaron al tabasqueño en un sitio de privilegio y enseñaron a sus opositores que la zancadilla trapera es el mejor tónico para un candidato como Andrés Manuel, hábil como pocos para arrugar un poco el gesto, para mostrar tristeza, para decir que todo es un compló (porque eso ha sido) y para capitalizar la ganancia al más puro estilo de los mártires.

         Sus enemigos (la presidencia, el PAN y el PRI) saben desde abril pasado que nada beneficia más a AMLO que los golpes. Como los boxeadores que se crecen ante el castigo, el Peje ha sabido capitalizar la adversidad a su favor. En este sentido los equipos de campaña enemigos deberán ser muy cuidadosos, pues el antecedente de la indestructibilidad del ex jefe del DF (él presumía y presume eso, ser “indestructible”) es un asunto que no se puede tomar a broma. Si resistió incólume a los videos bejaránicos y al embate del desafuero, que a otros los hubiera liquidado de inmediato, como le pasó a Montiel, ¿qué puede marginar de la aspiración por la presidencia al candidato del PRD? ¿Otro video? ¿Su declaración patrimonial? ¿Un atentado?

         Si las encuestas no mienten, y pese a que tanto PAN como PRI han avanzado, la delantera es todavía del sol azteca, lo que redundará forzosamente en estrategias más agresivas contra el adelantado. Se sabe que allí está la carta fuerte del rehén Gustavo Ponce y sus declaraciones videograbadas, pero su uso es peligroso porque del otro lado también debe haber material similar actuado por el gran corruptor Carlos Ahumada. Si el ascenso y la caída de los aspirantes pasa hoy por la telecracia, en este momento son desconocidas las tácticas que apelarán a ese medio para liquidar enemigos, pero seguramente las hay, y muy duras.

         Tanto en la encuesta de De las Heras como en la de Covarrubias, el eje de la victoria no pasa por el voto duro, sino por el votante indeciso; así, “del 27 por ciento de la intención del voto que tiene Calderón Hinojosa, 16 por ciento proviene de ciudadanos que se identifican con el PAN, y 9 por ciento de los que se declaran sin partido. Sus dos fuentes principales de acopio de intención del voto han aumentado de agosto a la fecha, habida cuenta de que en la encuesta de ese mes se preguntó por Santiago Creel Miranda como posible candidato de este partido. Los 22 puntos de Madrazo Pintado se componen por 14 por ciento de ciudadanos identificados con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y sólo 4 por ciento de los ‘sin partido’” (La Jornada, 19 de enero).

         Son los votantes “blandos”, dicho esto en contraposición con los llamados “duros”, el leitmotiv de las campañas. A cazar votantes indecisos se lanzaron desde la semana que recién termina los candidatos y sus equipos de campaña. ¿Qué viene ahora? Es cierto que en el arranque después de la tregua a los contendientes se les recomendó juego limpio, nada de insultos ni de corcholatas talladas en los ojos del rival, pero es un hecho que a cada encuesta que le dé la delantera a AMLO se alimentará la posibilidad de ver maniobras rudas, patadas de ahogado que no convienen al país pero que de otra manera no posibilitarán un vuelco para que el PAN conserve el poder o para que el PRI regrese a Los Pinos.

El juego sucio está en camino; sólo falta saber cuáles serán las artimañas empleadas durante el proceso que ya entró en sus turbulencias últimas. Por ello, a México se le puede solicitar lo que le pide un médico a cierto personaje de Benedetti: “Conviene que te prepares para lo peor”.

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22/1/06

 

Tanda de palindromas pratenses

Hace poco más de un año Gilberto Prado Galán publicó en el suplemento cultural del diario Crónica, del DF, una tanda más de su larga, largísima ya, cadena de palíndromos. Como algunos saben, El Pratense —así llamado por Gerardo García— ha ido edificando poco a poco, en América y en Europa, un monstruo del ludismo literario: el libro más grande de la historia en materia de palindromía personal. No sé ahora en qué momento de su hazaña se encuentra, pero sé que su ideal es batir las marcas de Juan Filloy, redordman argentino, y publicar algo así como la palindrómica cifra de 1001 piezas de ida y de regreso, o más. Prado Galán me enteró hace poco, además, de su afición por una endiablada forma del palíndromo llamado “cuadrado mágico”, una extraña criatura de palabras que se lee igual de arriba abajo, de abajo a arriba, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, lo cual es casi el doctorado en materia de juguetes lingüísticos, un ejercicio sólo apto para obsesivos de la palabra y su ajedrez. Como dice el “copete” que en Crónica anunció los palindromas (o palíndromos, que es lo mismo) de Gilberto, este animal de la zoología literaria “es una figura retórica que se produce cuando una palabra. Oración o verso presenta la misma sucesión de formas, tanto si se lee de izquierda a derecha, como si se lee a la inversa”. Más delante, la misma presentación califica a Prado Galán como “productor indomable de esos juguetes literarios que se recorren, albures aparte, de ida y vuelta”.

         Traigo apenas una escasa selección de los muchos que le he leído recientemente (en la revista Arteletra que él dirige junto con su hermano Javier, en Crónica, vía mail), una muestra que no por pequeña deja de lucir las infatigables facultades gimnásticas que siempre ha exhibido la palabra de este poeta y ensayista lagunero (los que aparecen al final son clasificación “C”, sólo para adultos, así que por favor reitere a los niños de esta página):

        

Allí va Ramón, no maravilla

Allí Satán ata silla

Diva donad elote, toledano David

A sor Elena sánele Rosa

Anita lame gema latina

En él es amada la dama Selene

Osama decidido jodí, dice Dámaso

Así musite Leti su misa

Sara: del amor aroma le darás

Ana: rico cocí rana

Anel Páramo total plato tomará plena

Adán eres o seré nada

Ema, la rusa, basura lame

A ti, Daniel, leí nadita

Román: unía Caín un amor

Nora: venenoso posó nene varón

Ademán Ana me da

No bajará Sara jabón

Allí vamos, asoma Villa

Ana: su sarro borra Susana

Sara: mota tomarás

Así, Ramón, salivó vil asno Marisa

Nora sí va, avisaron

Ana: su sábana ganaba Susana

Ana: su sarape separa Susana

El ramo Toño soñó tomarle

Ana limitará, para ti, mi lana

Sam: otoño soñó Tomás

Acá Cela vale caca

 

Vienen los clasificación “C”, no aptos para niños ni para adultos con alma de Jorge Serrano Limón:

 

A tu paso bésame, Ema, sebosa puta

A tu prometido di temor, puta

Ema Lola falo lame

A glande malo lamed, nalga

A tu paso duda la dudosa puta

Ese bisoño coño sí besé

Allá va ramera, daré maravilla

Allá cogí mal, el amigo calla

A tu poeta flor olfateó puta

Leí, puta, tu piel

A ti no besaré, Marisa casi ramera, ¡sé bonita!

A calle bajé rápido, jodí pareja bellaca

Ese coito tío cese

A loca baboso sobaba cola

A tu pobre verbo, puta

Anómalo caballo follaba cola mona

A la suave Eva úsala

Asoma falo, ¡carajo!, mojará cola famosa

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20/1/06

 

Sensación de robo

Como los perros callejeros, pateados y ofendidos por doquier, mordidos y trasquilados por la vida, los mexicanos ya estamos muy ciscados y vivimos permanentemente con la mano en la cartera, alertas, angustiados ante la ubicua sensación de robo. No me refiero al hurto hormiga, al atraco que un raudo gandalla perpetra cuando nos tumba el reloj o cuando se vuela el estéreo del coche. Hablo del otro robo, del que ha sido institucionalizado por las leyes y que no tiene más represalia que la evasión o la mora.

         Ayer leí un par de textos que catapultan lo que digo, pero los casos pueden multiplicarse por miles en este país acostumbrado al saqueo del ciudadano y al enriquecimiento de pocos. Comenta La Jornada en su editorial (“Hacienda: el atraco de la gasolina”) sobre la exigencia del SAT de que las facturas de gasolina sean pagadas, ahuehuete, con tarjeta de crédito, y dice que tal medida “es una ofensa mayúscula a los contribuyentes y a la lógica comercial y monetaria”. Añade que esto “resta validez al dinero en efectivo como medio de pago de curso legal en el país. Adicionalmente, obliga a los propietarios de gasolineras a adquirir terminales de punto de venta para validar las transacciones, y a los automovilistas, a hacerse clientes de una institución bancaria que les proporcione los plásticos o la chequera. Ello implica, de entrada, una considerable e injustificable erogación por comisiones de apertura de crédito o por manejo de cuenta. Adicionalmente, cada vez que los causantes efectúan sus pagos de combustible deben cubrir una comisión —de 6 por ciento del monto de la factura, en promedio— por el uso de la tarjeta o por la expedición del cheque”.

         Más adelante, apunta que “las autoridades hacendarias pretenden obligar a los ciudadanos a que se dejen desplumar por uno de los sistemas bancarios más rapaces del mundo. En efecto, de acuerdo con un reporte que se publica hoy en estas páginas, los bancos privados cobran en México, en promedio, cinco veces más por concepto de intereses y comisiones, especialmente en el renglón de tarjetas de crédito­ de lo que cargan a los usuarios de sus países de origen”.

         La otra nota fue publicada en La Opinión Milenio, y es del reportero Juan Antonio Martínez. Ayer, de hecho, fue la llamada principal en el pórtico de este diario: “Anaya en aprietos jurídicos por alto cobro en predial”, y consigna que el ex alcalde “aplicó indebidamente aumentos en el impuesto predial”. No pasará nada con el sonriente e indespeinable ex alcalde, pero lo hecho, el aumento indebido, hecho está, y son los torreonenses los que deberán pagar la tropelía.

         Desde hace años no me queda la más diminuta duda sobre la condición delincuente de aparato estatal. De los bancos ni qué opinar, pues al menos en México todos son, a mi modesto parecer, la encarnación del pillaje, el ejemplo vivo de la mezquindad y el único tipo de negocio donde el cliente nunca tiene la razón. Pese a su edulcorada y risueña publicidad, los bancos operan bajo una premisa simple: todo usuario de sus servicios es una gallina desplumable hasta que demuestre lo contrario, o sea, jamás. Por eso el dramaturgo alemán Bertolt Brecht hizo una pregunta ya multicitada y siempre luminosa: “¿Qué es robar un banco comparado con fundarlo?”. En fin, los bancos no son perversos; son La Perversidad.

         Junto a los bancos, el estado hace de las suyas por muchos medios. Desde los impuestos, que en este sexenio han servido para cebar, entre muchos otros, a unos chanchos de apellido Bribiesca, hasta el predial y el pago de plaqueo y tenencia, la recaudación se logra sin que se vea nunca claridad en el destino del dinero. Por eso México es el kafkiano país de los laberintos burocráticos: millones huyendo del pago, prófugos de sus obligaciones fiscales y ciudadanas, y miles persiguiéndolos para que aquéllos cumplan con su “deber” de pagar.

         ¿Y luego de ver la exoneración a Montiel los mastines del SAT desean que el ciudadano corra a las ventanillas para quedar a mano con la hacienda pública? ¿Y después del bono de marcha y de los sueldazos de Simas y de los negocios familiares anayistas las actuales autoridades locales quieren que los ciudadanos corran a liquidar el predial inflado? ¿Y después de ver el imbecilísimo papelón del doctor Simi quedarán ganas de pagar impuestos que luego deriven en prerrogativas a partidos como Alternativa o Verde Ecologista? ¿Y sobre las placas y la tenencia, no es hora ya de que se ponga un alto a esta alevosa forma del acuchillamiento social? ¿A dónde van a parar los millones de pesos recaudados a cambio de dos pedazos de lámina y un engomado? ¿Alguien puede justificar esa fechoría?

         De Hacienda ni de los bancos me puedo librar, pues ambos son como dos tigres metidos en una granja con pollitos; empero, tengo un par de años sin pagar el predial y como seis sin sacar placas ni tenencia. El predial dejé de liquidarlo cuando vi lo que le pagaban a Domene en la Aviaduría del Municipal de Cultura; en cuanto a placas y tenencia, preferí dejar de manejar (sólo uso suelas, camión y taxi para desplazarme) cuando sentí que mi dinero ganado a pujidos lo iba a dejar cíclicamente en las pezuñas de un gobierno que no me garantiza ni siquiera una calle sin baches o un tránsito capacitado y sin panza caguamera. Además, y aunque me siguen llegando amenazas de embargo de obras públicas, no tengo ni el dinero ni el deseo de regularizar mi situación, pues sé que los tres pesos que debo desembocarán en las garras de un constructor que simuló pavimentar y sólo maquilló de negro nuestras siempre maltrechas vialidades.

         En suma, una permanente sensación de robo me tiene, desde hace años, hundido en la incómoda cultura del no pago. No me enorgullece, pero prefiero tenerme por olvidadizo que por tonto. Que se las arreglen sin mi colaboración.

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18/1/06

 

Aguas negras 

En la semana que termina los lectores de La Opinión Milenio hemos asistido al espectáculo de la putrefacción en Simas, la instancia dedicada en Torreón a administrar el recurso vital más importante del planeta. Mario Gálvez (en algunas de sus columnas), Monsi el viernes (con el cartón “Se la bañó”) y varios reporteros han visitado el drenaje profundo de la paramunicipal y lo que han encontrado es un caso que da para novela de Mario Puzo. La situación que prevalece en Simas es preocupante no tanto por las evidencias de corrupción y abuso que se han documentado, pues mayor o menor escoria las podemos encontrar en cualquier sector de la función pública nacional, sino porque los muchos involucrados en esa mafia están haciendo obsceno negocio con el elemento más noble y necesario (escaso en La Laguna , hay que decirlo de paso) que una sociedad puede tener para aspirar a su supervivencia. Jugar con el agua, tracalear con ella, enriquecerse a su transparente sombra es burlarse de la sociedad, es atentar contra los seres humanos que la demandan para mantenerse vivos.

         Muchos gobiernos han pasado de largo ante la impunidad que se despachan los encargados de Simas, y no es deseable que José Ángel Pérez sea otro alcalde distante de la cosa nostra incrustada en el enmohecido engranaje de aquella maquinaria que ha servido para todo, menos para articular un sistema de manejo y control de las aguas ubicable a la altura de lo que suponemos es Torreón. Durante muchos años, en los tiempos del priísmo clásico y descarado que otrora usaba el poder sin rendir cuentas ni al propio PRI, fue principalmente un instrumento de control electorero: el agua era usada con más eficacia que cualquier discurso, y servía para traducirla en votos gracias a las colonias populares. Lidercillos de barrio que con el paso del tiempo han llegado a convertirse en funcionarios públicos, en aquellos románticos ayeres juntaban recibos de agua en las colonias, iban a Simas y allí lograban descuentos a cuenta de acarreados fáciles para los mítines o sufragios en la próxima contienda electoral. Aunque eso no ha desaparecido del todo, con el paso de los años Simas devino paraíso del enriquecimiento peluche, especie de isla de la fantasía donde cualquier Tatoo se puede hoy meter dinero hasta vomitar de empachamiento.

         En vez de velar por la conducción ágil del agua, por su uso racional, por el certero tratamiento de la ya contaminada y el cobro justo de todos sus  servicios, Simas es ahora un vandálico pozo de inmundicia, pura agua negra encarnada en funcionarios que lejos de ser feroces cancerberos del líquido son nomás viles sanguijuelas de lo mejor que la vida le ha dado al hombre, el origen de todo, el agua. Si hacemos caso a los datos que brotan de esa alcantarilla, es un crimen de lesa comunidad que un gerente se meta, no sabemos a cuenta de qué magnífico y abrumador trabajo, cerca de 200 mil pesos de sueldo; si hacemos caso a la fetidez que sale de la cloaca, es inverosímil que continúe sin ser tocado ese ya casi institucional matrimonio entre autoridades y empresas constructoras que debajo del edredón se reparten quesos tan grandes que rebasan a la producción menonita anual: las obras contratadas generalmente, por no decir siempre, tienen una fiscalización blandengue y por ello se quedan en meros simulacros de construcción o reparación (véase el caso de los colectores) que a la vuelta de los años volverán a requerir inversiones millonarias como si fuera la mierda de nunca acabar.

         ¿Estará dispuesto el nuevo alcalde a ver por la depuración radical de Simas? Todavía es muy temprano para saberlo, y lo apetecible es que ahora sí, pasadas ya tantas presidencias municipales laxas y acaso coludidas en los negocios que allí se cuecen, Simas sea un ejemplo de departamento de aguas. La ciudad tiene urgencias por todos lados, y no son las menos relevantes aquellas que se relacionan con el agua: potabilidad, tratamiento de residuales, drenaje pluvial, concursos imparciales, fiscalización de obras, sueldos correctos al personal del sistema, cobros justos a la ciudadanía, capacitación permanente y una campaña por fin profesional para que la comunidad aprenda a cuidar el recurso.

         No es difícil, sino imposible, imaginar a una civilización sin agua. No sólo los grandes e históricos conglomerados humanos llegaron a serlo gracias a ella; el Éufrates, el Nilo, el Támesis, el Sena, el Mississippi y muchos más son ejemplos de lo que recuerdo, y lo mismo podríamos decir del Nazas y del Aguanaval, los dos ríos que le dieron razón de existir a La Laguna. Con esto quiero enfatizar que en los cimientos, en las paredes y en el techo de toda sociedad está el agua, siempre el agua, así que prostituirla es tan grave como matar seres humanos por adelantado, con cargo al futuro.

         El primer paso, o uno de los primeros, ya se dio, según lo ha difundido la prensa en días recientes: la disminución del sueldo al gerente de la paramunicipal. Muy bien, pero no basta, pues hay que deshacer la red de complicidades que ha convertido a Simas en el botín más suculento en cada cambio de gobierno, tan lucrativo o más, dado su bajo perfil, que el puesto del alcalde. No será un trabajo sencillo, pues la corrupción opera por inercias a veces profundamente enraizadas, como en este caso, lo que hace muy difícil desmantelar lo que por años se ha convertido en el peculiar modus vivendi de muchos.

         Es una coyuntura excepcional, empero, la que se le ofrece al nuevo alcalde. Apenas arranca su administración y si en verdad desea que su trabajo sea satisfactorio tiene frente a él las asignaturas que reprobaron sus anteriores homólogos: transporte, seguridad pública y Simas. De no atender esos rubros, de no aceitarlos como la comunidad lo espera, José Ángel Pérez pasará a la historia como el primer alcalde de Torreón que tuvo cuatro años para resolver los tres más grandes problemas de la ciudad y los dejó pendientes.

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15/1/06

 

Andanza de Claudia Máynez

La designación de Claudia Máynez como directora del Teatro Isauro Martínez es un acierto desde cualquier punto que se le quiera observar, pues en materia de promotoría cultural la suya ha sido una carrera limpia, de entrega y de ricos y numerosos resultados. La conozco desde hace quince años y es de las pocas funcionarias dedicadas a la difusión cultural por las que podría, si me lo exigieran, encajar mis manos en la lumbre. Hablan por ella, y muy bien, sus afanes en la cartera de asuntos estudiantiles en la Universidad Iberoamericana Laguna, frutos que de tan copiosos todavía no han sido recontados en su totalidad. Procuraré hacerlo en este apunte sin esconder, porque lo tengo, mi gran afecto por la hoy directora del TIM, nuestro más viejo recinto teatral y espacio también propicio para el aprendizaje y desarrollo de las demás artes.

         Claudia Máynez fue hasta diciembre de 2005 la responsable de todas, o cuando menos de muchas, de las actividades culturales y deportivas organizadas por la UIA. Su trabajo al frente de ese espacio lo desarrolló, estoy seguro, con una solvencia digna del más alto reconocimiento, pues con incansables trajines logró darle forma, a veces de la nada, a muy variadas y nutricias manifestaciones culturales y deportivas. Dueña de una capacidad de trabajo poco común, la batuta de Claudia orquestó encuentros, muestras, talleres, ferias del libro y conferencias que durante más de una década no sólo fueron puestos al servicio de la UIA , sino que irradiaron sus beneficios a toda la comarca lagunera (como las muestras de cine o las ferias del libro).

         Entre las dificultades propias de un trabajo que convoca esfuerzos múltiples, Claudia mostró ser una coordinadora no muy común en La Laguna. Pocos , pocas como ella para enlazar intereses, para dinamizar la labor conjunta de autoridades, patrocinadores y artistas. No todos estarán de acuerdo en lo que afirmo, lo sé, pero puedo decir que gracias al empeño y a la atención de la nueva directora del TIM, la Feria del Libro de Torreón y la Muestra Internacional de Cine se afianzaron como dos de los escaparates más importantes en la oferta cultural de la región.

         Aunado a lo anterior, bajo la responsabilidad de Claudia recaían no pocas actividades aledañas en la UIA. Mucho tenía ella que ver en las InterUIA’s deportivos y culturales, y en sus manos estaba el armónico funcionamiento de ASA (Asociación de Sociedades de Alumnos de la UIA ), entre otros quehaceres. Mención relevante merece el apoyo de Claudia Máynez a los talleres artísticos. Durante muchos años, durante prácticamente todos los años de Claudia en la UIA , una de sus principales preocupaciones fue la de aceitar lo mejor que se pudiera el trabajo de los talleres allí impartidos. Con diferentes profesores y alumnos, esos espacios trabajaron, y algunos trabajan todavía, en danza, música, teatro, fotografía, coro, literatura, entre otros.

         Fue precisamente gracias al taller literario que conocí a Claudia, pues en la UIA me hago cargo de ese espacio desde hace al menos doce o trece años a la fecha. Desde el principio, y eso duró hasta diciembre del año pasado, ella fue una de las más dedicadas auspiciadoras de tal instancia. Semestre tras semestre Claudia me preguntaba por mis alumnos, por sus avances, por las materiales y los espacios que se nos iban a ofrecer para el tallereo literario. Allí están Miguel Báez, Daniel Lomas, Édgar Salinas, Daniel Herrera, César Cano, René Orozco, Enrique Sada, Idoia Leal, Salvador Sáenz, Federico Ramos, y más recientemente Marco Chávez, Brenda Azucena Muñoz, Nazul Aramayo y Diago Iván Pérez para confirmar que, sin intromisiones, Claudia siempre tuvo la prudente amabilidad de acompañarnos en alguna sesión sólo para conocer a los jóvenes escritores, para ver qué necesidades tenían, para “ponerse a sus órdenes”, como suele decirse. Gracias a sus gestiones, el taller literario de la UIA participó directamente en cuatro encuentros culturales nacionales (Tijuana, León, México y Torreón) y publicó, además de muchos poemas, cuentos y ensayos en revistas laguneras, tres libros que acogen material de los talleristas (Alba de la semilla, Hoy no se fía y Mañana tampoco). Sin el apoyo de Claudia, eso me queda claro, el taller literario de la UIA no hubiera alcanzado a cosechar lo que aquí, grosso modo, he procurado enumerar.

         Pero si un rasgo distingue a Claudia es, aunado al permanente dinamismo que ya describí, la capacidad de diálogo y el apoyo a las propuestas que le hacen. A pocas personas he conocido con esa habilidad para llevar hasta su fin, con éxito, proyectos aparentemente inviables. Respetuosa de todas las manifestaciones culturales y de los artistas, Claudia es, para mí, sinónimo de eficacia y generosidad. Sé, por lo que he dicho, que le irá muy bien y sé que el Teatro Martínez tendrá un papel muy destacado en esta época de cambios. Lo merecen Claudia, el hoy desvencijado TIM y la ciudad de Torreón.

Otro arribo

Al Archivo Municipal Eduardo Guerra llegó Jorge Rodríguez Pardo, otro viejo conocido. Egresado de psicología del Iscytac, buen escritor que extrañamente se alejó de los teclámenes, lector voraz y crítico literario muy agudo, Rodríguez Pardo es una digna propuesta para continuar con los trabajos del acervo documental más importante de la ciudad. No veo razones para desconfiar de su capacidad; de hecho, en el archivo me suena más congruente, más en lo suyo, que en deportes. Bienvenido y suerte.

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13/1/06

Enero de proyectos

Como todos, he emprendido numerosos proyectos que a la vuelta de los días se han quedado en eso, en proyectos, en meros embriones, en planos que nunca han llegado a ser casas. Dije numerosos, y es cierto; casi todos han sido iniciados en los primeros días de enero, como ahora la renovada, y siempre frustrante, apetencia de jugar futbol al menos una vez a la semana, o la de caminar todos los días, o la de ordenar mi biblioteca, o la de escribir un diario a la manera de Julio Ramón Ribeyro (La tentación del fracaso), o la de darle más tiempo a mis mujeres, o la de comer más sano, o la de ser mejor hijo y mejor amigo. Uno de los proyectos arrumbados es el de escribir pequeños textos, maquinazos tan epidérmicos como sinceros, no reseñas, sobre los libros que por cualquier razón me han compartido algo más que palabras.

         El plan, pese a su aparente simplicidad, era (ha sido) ambicioso, y no necesariamente pretendía abrazar obras encumbradas. Una especie de vocación gambusina me hacía pensar en libros modestos, poco conocidos, volúmenes sin prestigio desmesurado. Mi deseo ha seguido vivo, y a cada enero, desde hace diez años, lo reincorporo al huacal de los propósitos. Tengo ya algún módico avance, apenas un puñado de cuartillas, nada que pueda llamarse en serio un gran salto al cumplimiento de mi plan. Como es mi buena costumbre, este enero he vuelto al terco sueño. Se que me defraudaré, pero no resisto la tentación de colocar este deseo al lado del deporte y del alimento sano, en donde ya preveo que también me meteré zancadilla para seguir con el sedentarismo y con las Cocas, con las maravillosas y adictivas Cocas.

         Sólo he publicado un texto de esta producción. Lo hice en la revista Vínculos, de la UIA Laguna , y su título fue “Mi altar para Cuatro ingenios”, sobre un  librito de Reyes. Los textos de esta producción tienen el tono de lo que sigue, el segundo de los frutos que publico. Su título es “Prólogos de Borges”, y, como anuncian los cantantes, dice así; ojalá guste, ojalá pueda continuar en 2006 con parrafadas como las siguientes:

“Pocos libros he venerado tanto como éste. Allá por 1995, y por unos cuantos pesos, me lo vendieron de medio uso y desde entonces sus páginas me acompañan hasta en los viajes, pues las considero un amuleto. Yo, que en nada creo si tratamos de supersticiones, le he guardado esa idolatría sagrada a este librito que he releído con asombrada frecuencia. Prólogos, con un prólogo de prólogos, de Borges, me ha deparado —como el argentino decía que decía Montaigne— reiteradas felicidades.

La esplendidez de la prosa borgiana se despliega con grandiosidad en este pequeño volumen. No me tiembla la mano al escribir que es el español más deslumbrante que he leído. Me parece perfecto no sólo por correcto, que eso es lo de menos, sino por irónico, por sorpresivo, por novedoso, por inteligente, porque cada afirmación parece concebida para decir algo de manera inédita. No tiene un solo párrafo baldío, y todo ha sido tratado con la ‘dignidad del lenguaje’, como observa el propio autor respecto de Quevedo.

Cito al azar; cuando Borges prologa los versos de Almafuerte, dice: ‘fue un místico sin Dios y sin esperanza. Despreció, como dice Berrnard Shaw, el soborno del cielo; creía honradamente que la felicidad no es deseable. Su pensamiento acecha en los rincones de su obra; por ejemplo, en esta evangélica: El estado perfecto del hombre es un estado de ansiedad, de anhelación, de infinita tristeza’. Esta vez en la prefación que le hace a su admirado Macedonio Fernández, otra opinión donde reluce el gusto del prologuista por la punzada irónica: ‘Quería personalmente y apreciaba literariamente a Lugones, de quien fue muy amigo, pero alguna vez jugó con la ocurrencia de escribir un artículo que manifestaría su extrañeza de que Lugones, a pesar de sus muchas lecturas y de su indiscutible talento, no se hubiera dedicado nunca a escribir. ¿Por qué no nos da un verso?, se preguntaba’.

Amplio es el elenco de nombres que figuran entre los afortunados escritores que merecieron una palabra liminar de Borges: Sarmiento, Carriego, Hernández, Ascasubi, Macedonio, Henríquez Ureña, Bioy, entre los cercanos, pero también Carlyle, Carroll, Melville, Whitman, Swedenborg, Shakespeare, Kafka, entre los lejanos en el tiempo y el espacio, pero no en el cariño.

Como lo señala su título, este manojo de prólogos abre con un prólogo; en él, su autor define este segmento de tantos libros y no es posible evitar su parcial trascripción: ‘Que yo sepa, nadie ha formulado hasta ahora una teoría del prólogo. La omisión no debe afligirnos, ya que todos sabemos de qué se trata. El prólogo, en la triste mayoría de los casos, linda con la oratoria de subremesa o con los panegíricos fúnebres y abunda en hipérboles irresponsables, que la lectura incrédula acepta como convenciones del género’.

La graciosa definición podría alejarnos de este libro, pues también aquí muy probablemente nos vamos a topar con ‘hipérboles irresponsables’. No importa. Si se trata de la prosa borgiana, hasta la irresponsabilidad está permitida.

Torreón, 9, diciembre y 2000"

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11/1/06

 

Gangsterismo de cuello blanco

Parece increíble, pero el fenómeno Evo Morales tendrá repercusiones directas en nuestras elecciones federales del 2006. Ante la percepción mundial, y sobre todo ante la norteamericana, de que en América Latina se está gestando un gran movimiento que tiende hacia la izquierda radical o moderada, la figura de López Obrador tendrá más obstáculos que los imaginables antes de que el líder cocalero ganara las elecciones en Bolivia. A los Estados Unidos, país ya de por sí interesado en la política de México dada nuestra inmediata vecindad, no le sentará nada bien que crezca el “eje del mal” que empieza en la agresiva Cuba, que sigue en la Venezuela del beligerante Chávez, que ya tiene a Brasil (Lula da Silva), Uruguay (Tabaré Vázquez) y Argentina (Néstor Kirchner) más o menos en la misma ruta, y que acaba de incorporar a Bolivia y hay trazas de que con los hermanos Ollanta y Antauro Humala sume al Perú como problema. La permanencia del panismo en México, o un posible regreso del priísmo siempre agachado, será prioridad para el gobierno de Bush, así que no debemos esperar que el camino de AMLO sea precisamente el más aterciopelado.

         En el fondo, creo, riñen dos grandes modelos económicos: uno de corte neoliberal, totalmente abierto y salvaje, ajeno por completo al grueso de la sociedad y, el otro, dispuesto a la inversión (hasta en Cuba), a los juegos del mercado, pero pendiente de que los efectos sociales que genere —desnutrición, hacinamiento, violencia, enfermedades, ignorancia, migración— no sean los desastrosos producidos hasta hoy por el primer modelo.

         Chile es uno de los países que dentro de poco también decidirá por uno de esos dos extremos. La segunda vuelta electoral enfrentará el 15 de enero a la izquierda representada por Michelle Bachelet, de Concentración por la Democracia, contra la derecha que encabeza Sebastián Piñera, de Renovación Nacional y Unión Democrática Independiente. Aunque la ventaja en las encuestas parece que dará el triunfo a Bachelet, el final de la competencia se antoja muy apretado, tanto que no es posible hasta el momento anticipar a un ganador.

         No me parece remoto comparar el caso chileno a otros que, como el mexicano, encaran a dos bandos que tiran para distinto monte. No es muy distinto, pues, lo que ocurre en Chile de lo que ha pasado recientemente en México: el hurto de la riqueza nacional a manos de una camarilla de rufianes que, pese al monumental y demostrado latrocinio, siguen empeñados en encajar más y más, per saecula, el colmillo desangrador. Desde De la Madrid, pasando por ese incomparable canalla apellidado Salinas y los menos voraces pero también saqueadores Zedillo y Fox, México está de espalda a cualquier asomo de proyecto económico nacionalista y con sentido social. Así, el deterioro del país sigue su rumbo hacia la aniquilación mientras los gángsteres de cuello blanco insisten en el modelo que ya demostró la plenitud de su inequidad y de su iniquidad.

         Por eso traigo ahora una carta de Pedro Lemebel, periodista y escritor chileno. El 11 de diciembre, día de la primera vuelta electoral en Chile, reseñé en esta columna su novela Tengo miedo torero, y no puede citarlo textualmente para no hacer más largo un texto que de todos modos se me pasó de extensión. Ahora, a una semana de las elecciones chilenas, calco una carta de Lemebel dirigida a Sebastián Piñera. La publicó el 21 de diciembre de 2005 en El Gong, y los dardos allí disparados tranquilamente se los podemos encajar, con todo y modismos, a los candidatos que, en México, defienden el modelo del oprobio, como Madrazo. Pedro Lemebel escribió a Piñera:

Demasiado barato quiere comprar este paisito, don Piñi; usted que va por la vida tasando y preguntando cuánto vale todo. Y de un guaracazo se compra medio Chiloé, con botes y palafitos incluidos. Con cerros, bosques y ríos, hasta que se pierde la mirada en la distancia, le pertenece a usted. ¿Cómo puede haber gente dueña de tanto horizonte? ¿Cómo puede haber gente tan enguatada de paisaje? Me parece obscena esa glotonería de tanto tener. Me causa asombro que, más encima, quiera dirigirnos la vida desde La Moneda. Muy barata quiere rematar esta patria, don Piñi, y sólo con un discurso liviano de boy scout buena onda. Pura buena onda ofrece usted, don Piñi boy, como si estuviera conquistando al populacho con maní y papas fritas. Nada más, el resto pura plata; empachado de money, quiere pasar a la posteridad sólo por eso. Porque cuando cita mal a Neruda se nota que a usted le dio sólo para los números y no para la letra. Es decir, usted es puro número y cálculo, señor Piñi, poca reflexión, poco verbo, poca idea, aunque esa es la única palabra que usa entre sus contadas palabras efectistas.

Buena onda y futurismo. Las heridas se parchan con dólares. La memoria queda atrás como una tétrica película que olvidar. Sin vacilar marchar, que el futuro es nuestro [parece himno de la juventud nazi]. Así arenga usted a este pueblo embelesado con los adelantos urbanos hechos por la Concertación. Nadie sabe para quién trabaja, y usted la encontró lista. O sea, usted se pasa de listo, don Piñi. Quiere hacernos creer que siempre fue demócrata, pero lo recordamos clarito sobándole el lomo a la dictadura, haciéndole campaña a Büchi, amigote de la misma patota facha que le anima la campaña. Los peores, la gorilada del terror. Parece que este suelo nunca aprendió la lección, ni siquiera a golpes, y con facilidad se traga el sermón de la derecha pinochetista, ahora remasterizada con piel de oveja neoliberal. Pero son los mismos de entonces, soberbiamente gozando los privilegios de la democracia que conseguimos nosotros, y sólo nosotros, porque también yo dudo que en el plebiscito votara que no simpatizando por la derecha.

Mire usted qué fácil le resultaba tratar de transformar el Mapocho en un Sena con sauces. Puro arribismo, intentar domesticar con terracitas y botecitos parisinos a nuestro roto Mapocho, quizás lo único rebelde que le va quedando a esta ciudad. Qué delirio, míster Piñi, ¿por qué no se va a Europa si cacha que nunca va a poder blanquear la porfiada cochambre india de nuestra raza? Quizás todo el país se acuerda de usted formando parte de la nata panzona del derechismo empresarial. Por entonces, en aquella época de terror, quien hacía fortuna de alguna manera era a costa de las garantías de la represión. Usted llenaba sus arcas, don Piñi, y nosotros sudábamos la gota gorda, o la gota de sangre. Fíjese que no se nos ha olvidado, y nunca se nos olvidará, aunque a usted le reviente que el pasado aflore cuando menos se lo espera. A usted ni a sus yuntas de pacto les conviene el pasado, por eso miran turnios y amnésicos al futuro. Su discurso Disneyworld, míster Piñi, no resiste análisis, y sólo el arribismo miamista de algunos chilenos le compra su receta de vida fácil, su filosofía banal de texano paticorto. Usted me recuerda a Bush, a Menem, Piñito. Es la nueva derecha titiritesca y farandulona. Puro show, pura foto tecnicolor de mundo feliz con sus sombreros republicanos en el Crown Plaza. Pero le falta la cultura a su centroderecha inmediatista. No hay peso intelectual en su carnavaleo de propaganda. Nada más que modelos tetudas y parientes de hippysmo revenido.

Demasiado barato quiere rematar este país, Piñito. Ni siquiera basta con su cátedra fantasma en las aulas de Harvard. Tampoco, usar de propaganda la limosna que puso por mi amiga Gladys en sus últimos momentos; eso es muy feo, y de mal gusto. Sobre todo para usted que es tan humanista cristiano. Porque usted es pillo, Piñín. Quiere sacar adherentes de todos lados, como si este país fuera sombrero de mago. Lástima que la oferta de su vanidosa feria de variedades huele a ventaja populista. Nada más, don Piñi; el resto, esperar con cueva lo que ocurra en el transpirado enero”.

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9/1/06

 

Rulfo otra vez

La efemérides de mañana es de recuerdo inevitable, y otra vez tiene que ver con Juan Rulfo, verdadero cacique de los aniversarios. Hace veinte años, si no recuerdo mal el martes 7 de enero de 1986, veía yo muy campechano el noticiero matutino Hoy mismo. Guillermo Ochoa, conductor de aquel programa, volvió de un corte comercial y con una hoja en las manos leyó las breves líneas de un boletín: daba la noticia de que Rulfo había muerto. Yo tenía 21 años, aun no comprendía bien a bien el tamaño mitológico del jaliciense, pero como ya lo había leído y me gustó pensé que era una obligación venerarlo como lo hacía en aquel momento la semblanza que luego repasó el periodista Ochoa. Desde entonces, cada vez con mayor agrado y perplejidad, soy, como muchos en el mundo, un terco rulfianólatra, un lector de todo o casi todo lo que encuentro de (o sobre, que es muchísimo) el más extraño escritor que ha dado México.

         Yo atravesaba entonces el último semestre de la carrera en la que diluí cuatro años de mi vida; nuestro país ya estaba en crisis permanente y Miguel de la Madrid despilfarraba los dos últimos años de su sexenio antes de perpetrar el fraude electoral más grande de nuestra historia. Era, como este 2006, año de Mundial, así que faltaban seis meses para que Maradona clavara en el Azteca El Gol con mayúsculas. En ese año que arrancaba murió Rulfo, y entre las pequeñas obligaciones que me impuse estaba aquélla de coleccionar papeles donde elogiaban al Maestro, al amo del silencio. Para esos tiempos ya compraba la revista Proceso, así que no dudé en hacerme del ejemplar 482 correspondiente al 27 de enero de 1986.

         Hace uno días lo desempolvé (no sé cómo salió entre el mar de papeles atrincherados en la monstruoteca) y se me dejó venir la nostalgia: páginas amarillentas, diseño todavía austero, olor a ranciedad: veinte años os contemplan, veinte años os miran con una entrevista de José Emilio Pacheco a “Juan Rulfo en 1956”, que a su vez es un delicioso refrito de México en la Cultura, suplemento de Novedades datado el 20 de julio del 56. Luego, una larga entrevista titulada “¿Te acuerdas de Rulfo, Juan José Arreola?”, donde los periodistas Vicente Leñero, Federico Campbell, Armando Ponce y Juan Miranda dejan monologar al autor de La feria sobre el autor de Pedro Páramo; luego, dos textos breves de Onetti y Galeano, uruguayos de primera línea, tomados del número especial que la megarrevista Cuadernos Hispanoamericanos le dedicó a Rulfo. Y más: dos textitos de Rulfo, uno sobre Poniatowska y otro sobre Vicente Rojo, además de una nota de Susana Cato encabezada “Los muy jóvenes narradores, en la temática rural, muy lejos de Rulfo”.

         Es 2006, pero como si fuera 1886, dos décadas luego, releo algunas partes de aquel Proceso y nada impide una mínima reflexión sobre la supervivencia del buen periodismo, sobre la grandeza de la literatura que se clava en lo medular y sobre el implacable arar del tiempo sobre nuestra piel. Veinte años, han pasado veinte años y todavía veo el rostro de Guillermo Ochoa mientras lee aquel boletín, los homenajes que pronto exaltarían el valor de lo que Rulfo fue, el puesto de periódicos donde compré mi Proceso 482.

         Me detengo en el diálogo de Pacheco, aderezado por cierto con una foto extraordinaria: Rulfo y Arreola jóvenes, encorbatados, miran a la cámara y se ven contentos; es rarísima la sonrisa “apenitas” —para decirlo con un diminutivo de su gusto— que insinúa Rulfo. Ese hombre que era la melancolía encarnada, le dijo esto a Pacheco: “Mis amigos preguntan por qué no escribo en vez de leer. He llegado a la conclusión de que existen demasiadas lecturas. Además, quiero aprender a escribir leyendo (…) He escrito meros intentos de aficionado. No soy un escritor profesional. Para mí el único oficio es el de vivir…”. Tal vez por eso, en un par de líneas que parecen versos, Pacheco cierra con estas palabras epitáficas: “En la urna de tus cenizas/ El homenaje del silencio”.

         El silencio es de Rulfo. El ruido es de quienes, a veinte años exactos de su muerte, seguimos celebrando que un par de libritos inagotables haya roto aquel silencio.

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6/1/06

 

Páginas de Nomádica

Armando Monsiváis Saldaña, para los compas Monsi, tiene “49 años sobre el planeta”, de los cuales lleva treinta “como monero, diez como paparazzi y tres como editor de Nomádica”. Su labor de cartonista en La Opinión Milenio es harto (re) conocida, no así su trabajo como fotógrafo y editor. Este diálogo sobre Nomádica, el proyecto editorial que comparte con el periodista Héctor Esparza, es una muestra acabada de los buenos resultados que pueden generar la disciplina, el talento y la creatividad.

         —¿Cuándo surgió la idea de hacer Nomádica y por qué la planearon?

Nomádica surge como consecuencia de recorrer los rincones del Coahuila profundo. Héctor y yo gustamos del campismo desde hace años. En la Revista de Coahuila utilizamos esa experiencia para trabajar en regiones apartadas, carentes de toda infraestructura. El interés mostrado por los lectores hacia este tipo de reportajes y la riqueza amenazada o poco conocida del estado nos dio la pauta.

Con este antecedente, empezamos a manejar la idea de recopilar aquellos materiales periodísticos. Pensamos en un libro y así lo propusimos a algunas instancias privadas y públicas. Los funcionarios manifestaron mucho entusiasmo verbal por la idea, pero muy poco interés real.

Es en esa época en que Álvaro González, dueño de Revista de Coahuila, se nos une para desarrollar la propuesta. Cambiamos el proyecto de libro a revista. Álvaro planteó un formato grande, más a lo europeo en tamaño. Fundamos una efímera sociedad para crear la editorial que produciría la revista. En el juego de nombres Héctor sugiere Nomádica, palabra usada por Phillip Powell en su libro La guerra chichimeca. La palabra nomádica nos gustó al escucharla. El chuzo o pedernal de flecha, como símbolo y como acento, lo agregué yo después al diseño.

El número cero de Nomádica circuló en agencias y entre directores de algunas empresas locales en abril de 1999. A los dos meses aquello resultó un fracaso y perdimos 50 mil pesos entre los tres, y lo peor es que sabíamos por qué: el local, los escritorios, el teléfono, los agentes de ventas, los programas de distribución y área de influencia fueron muy irreales.

Tres años después de la debacle, Héctor y yo nos volvimos a reunir, y de las ruinas de la Nomádica cero rediseñamos la actual con un presupuesto paupérrimo y con activos caseros: un vocho, una combi, viejas computadoras y antiguas cámaras fotográficas. Nos inclinamos por un formato carta por lo usual y manejable. El esquema era simple: una revista local que nos hablara de nuestra tierra y de bajo costo para el lector, con fotos como impacto visual y textos accesibles. Queríamos llegar a estudiantes y trabajadores.

 Álvaro ya no se interesó, salvo como impresor inicial.

—En 22 números, ¿cuáles han sido las principales dificultades que ha encarado este proyecto?

De toda índole. Nos hemos enfrentado a dificultades financieras, de distribución, de contenido, de diseño, de producción y hasta personales. La falta de publicidad, el tratar de llegar puntual a Parras y Monclova (si es que llegamos), la de actualizar la temática, el intentar buenas portadas, vigilar una impresión aceptable, pedir las entregas de trabajo en tiempo y la organización del relajo administrativo, son dificultades ordinarias y primordiales a la vez.

—¿Ya está La Laguna para revistas especializadas?

No sabemos si las de futbol y las de hoteles entren en esta categoría, pero si lo están, el mercado está lleno de revistas especializadas, aunque volátiles y poco cuidadas.

Recordamos que cuando llevamos nuestra primera edición a los puestos de venta, un voceador nos dijo: “¿Revista de ecodiversidad, arte e historia? No, eso no vende”. Pero resultó. Sí hubo público lector para una edición especializada. Una gran diferencia es que Nomádica no es una revista hecha por científicos, sino una revista realizada por periodistas. Si La Laguna está lista para una revista así, falta tiempo para determinarlo con certeza.

—¿Cómo logran equilibrar lo científico, lo cultural y lo social en Nomádica? ¿Cuál área temática es para ustedes la prioritaria?

 Todo se engloba en lo cultural. La prioridad no la establecemos por rama sino por lo novedoso, por lo riesgoso, por lo periodístico, claro, con toda la carga subjetiva que esto conlleva: un espectacular ahuehuete de mil años junto al río, una pirámide prehispánica en los suburbios de Durango capital, o el saqueo de cien a mil litros de agua para producir un litro de leche. Como revista, la variedad no pretende restar importancia a las temáticas.

—En su nómina de colaboradores tienen académicos muy destacados. ¿En qué medida se han involucrado ellos con Nomádica? ¿Tienen alguna decisión en la línea de la revista?

Como revista de temas especializados los académicos tienen su importancia en los contenidos, pero nosotros, los periodistas y diseñadores, en la forma de contarlo y presentarlo. En las reuniones, ellos han sugerido temas de amplio interés para su publicación. En este sentido, nos hemos sorprendido de la cantidad de investigaciones de buen nivel que están en los escritorios y archivos, y otras que tienen circulación muy restringida.

Colaboradores que han llevado Nomádica a congresos nacionales, cuentan la sorpresa que causa la existencia de una revista así y que no sea producida por una universidad o institución, sino por periodistas.

—Un elemento fundamental de Nomádica es su propuesta fotográfica. ¿Bajo qué criterio eligen el material? ¿Dan preferencia a lo estético o a lo periodístico?

No hay riña en la propuesta sino todo lo contrario: lo periodístico y lo estético son complementarios. Tal vez de ahí derive la crisis del fotoperiodismo en la prensa local. Lo periodístico no tiene que ser feo, mediano o descuidado. Una foto de prensa también está sujeta a los rigurosos aunque básicos esquemas de toda composición. Si bien en un momento álgido, al fotógrafo en su carrera por huir de un prepotente policía o de un guarura, o en el campo de algún enjambre de abejas o de un toro enfado, le dificulten una toma bien planeada, el resultado final de la imagen lo puede dar el editor responsable con apoyo del diseñador. Pero el talento de autor tiene que ser cultivado por el reportero gráfico. No hay de otra.

Ahora bien, el criterio de selección de fotografías varía con el género periodístico, pero buscamos que las imágenes contengan suficiente información sobre el tema, aunque esto no sea posible siempre.

—¿En qué condiciones periodísticas y financieras se encuentra Nomádica? ¿Cuál es su futuro?

Para llevar tres años a cuestas la perspectiva ya no es funesta, pero sí de cautela. Hay apoyo de los lectores, la coleccionan, y eso nos habla bien de la revista. Tenemos planes de crecimiento a escalas menores pero visibles, y otros más soñadores que nos recuerdan la época de la Nomádica cero. Buscamos nuevos colaboradores especializados para enriquecer la planta. Buscamos reporteros y fotógrafos para abordar otros temas. Buscamos llegar a otros puntos. Queremos contar las historias que laten en los rincones de nuestros estados, pero ahí es donde los pesos y centavos carcomen el ímpetu. El futuro nadie lo sabemos. Si bien Nomádica no vive al día, quizá a dos no llegue siquiera.

Es difícil tratar con la iniciativa privada porque ellos planean sus espacios publicitarios en medios ya probados y, además, esperan resultados prácticos inmediatos. Sin embargo, hay empresas sensibles al cuidado del entorno y están o han estado con nosotros. También las instituciones de gobierno nos han apoyado. Nomádica, pensamos, es un proyecto a plazo mediato.

Estamos realizando un trabajo diferente en la temática y único hasta hoy. Esa diferencia es la que nos hará exitosos, o la que nos llevará a la extinción.

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4/1/06

 

Respuestas a la carta

Van las respuestas a la amable carta de Rosario Ramos. En ellas están implícitas las preguntas ya publicadas el miércoles pasado:

 

Estimada Rosario:

Respuesta 1. No tengo ningún “problema”. Yo no lo plantearía así, como “problema” personal. Lo que hago es subrayar un hecho evidente: que en años recientes muchas mujeres han venido a ocupar puestos de dirección en las áreas de la administración cultural. En sí mismo, eso me da gusto, pues denota una mayor participación de las mujeres en actividades públicas, lo cual celebro. Lo malo es que esa tendencia no trae aparejada una preparación ad hoc de tales mujeres; como en todo, hay excepciones, pero la constante es que esos puestos se otorgan más por relaciones —políticas o empresariales— que por competencia profesional. ¿Un ejemplo? Te doy el más significativo y el más lamentable: Sari Bermúdez. Ahora bien, lo que dije acerca de esa tendencia no afirma, en contrario, que los hombres sean, per se, eficaces. Ahí está el caso del señor Domene para comprobarlo. Es hombre y eso no garantizó nada.

2. Lo sé, y no dudo que las mujeres son tan competentes —ni más ni menos— como los hombres. Siempre he pensado que, salvo en ciertas actividades donde la fuerza bruta es lo determinante, las mujeres son tan solventes como el hombre. Eso, para mí, no está en discusión. Por otro lado, muchos puestos de esa naturaleza son directivos y no son tan mal remunerados. En cuanto a sumar esfuerzos para que se asignen mejores presupuestos a la cultura, tengo quince años haciendo ese énfasis en muchos de mis textos. Y no sólo eso: nadie en La Laguna ha escrito más sobre la necesidad de pagar el trabajo de los escritores.

3. Jamás afirmé no estar de acuerdo con esa tendencia. Señalar que hay una tendencia es meramente descriptivo, y cualquiera lo puede advertir. Lo que observé de fondo es que ella trajo consigo, como marea roja, a muchas improvisadas que se hicieron cargo de la dirección de espacios culturales. Ese es el problema, no si hay o no una tendencia. ¿Y cuál es el perfil? El mismo que se debe pedir a un hombre y a una mujer: alta preparación intelectual, sensibilidad, diálogo, creatividad, responsabilidad, pluralidad... Obviamente, la señora Bermúdez no cumple con esos requisitos. ¿Cuántas más andan por las mismas?

4. Estoy de acuerdo en evaluar resultados, pero antes de que los haya hay que examinar el currículum. Primero es la A, luego la B, después la C.

5. El sexo es lo de menos. La preparación (el perfil adecuado) es lo de más.

6. Fui descriptivo. En buena parte de los casos, por las razones que expuse, muchas mujeres incorporadas al mundo de la administración cultural llegaron a ejercer ese oficio al menos después de los treinta años. Eso no está mal. Lo que critico es lo mismo que ya dije al principio: que sin un perfil adecuado alguien alcance puestos de dirección en lo que sea, incluida la tarea cultural.

7. También fui descriptivo. No digo si está bien o está mal que pase eso. En cuanto a la vida privada de los funcionarios, ahora casi nada escapa al escaparate público. ¿No se habló en su momento del estado civil de un alcalde panista de Torreón? ¿No se habló igual del de Fox? ¿No se habla de la vida privada de Montiel o de López Obrador? Esto es igual para hombres y para mujeres, más si lo que se pretende es describir “una tendencia” y enfatizar sus rasgos más salientes.

8. Nunca he administrado un puesto así y no dudo que esa labor conlleve serias dificultades. Tampoco he sido presidente de la república y sin embargo puedo opinar sobre ese difícil rol. Lo que sé, de antemano, es que un directivo de la cultura no trabaja solo: tiene, así sea poco, cierto personal que lo ayuda en sus tareas: contador, promotores, encargados de prensa, secretaria, maestros, mensajero, intendentes, no sé, todo depende de la instancia a la que nos queramos referir. En este contexto, lo más importante de un directivo cultural es su legitimidad, la autoridad que pueda mostrar ante la comunidad cultural. Si no tiene ese capital, si ha sido elegido o elegida sólo por su cercanía con el poder, para mí no cuenta con lo básico en materia de legitimidad. Otra vez, luego de oírla, vuelvo al paradigma de la prevaricación en la cultura nacional: ¿cómo puedo creer en la señora Bermúdez? ¿A partir de qué manga ancha debo aceptarla como encargada de la cultura en México? Como el de ella, hay muchos casos de todos colores y sabores. Un detalle adicional: no he tenido esos puestos simplemente porque nunca he estado cerca del poder político ni empresarial. ¿Nuestros gobernantes, del PRI o del PAN, le harían caso a mi currículum para designarme director de cultura en Gómez o en Torreón? No. Como muchos, yo me siento más competente que Sari Bermúdez para dirigir al Conaculta, así que ya ni hablo de lo estatal o de lo local. No estoy cerca del poder, no tengo ni tendré jamás vínculos con el PRI ni con el PAN, así que difícilmente me contarán para dirigir nada. Eso mismo le pasó a Saúl Rosales, por dar un solo ejemplo extra. Gramo por gramo, él es más capaz que diez Domenes juntos. ¿Y yo? Con bajos o con altos presupuestos, no le tengo miedo a ese trabajo, aunque jamás seré llamado a desempeñarlo.

9. Sé lo que es, y por tanto lo que pesa un adverbio; yo dije “ganan bien”, no “ganan muy bien”, lo cual es “muy” diferente. En fin. Depende de la instancia cultural, pero digamos que en las direcciones del TIM, la DMC o el Icocult, para la basura de salarios que se dan en nuestro país, el encargado gana bien si obtiene arriba de quince mil pesos mensuales. Pregunto: ¿cuánto ganó Domene al mes? Estoy hablando del sueldo, no del sexo del funcionario. Según la nómina quincenal correspondiente a agosto de 2005 y publicada en la web del ayuntamiento, Domene ganó 45,802.84 pesos, a los cuales se dedujeron 7,809.06 pesos, lo que le dejó un total neto de 37,993.78 pesos en esa fecha. ¿Es poco?

Más que desdeñosos, mis comentarios son duros, y todos referidos a esas —específicamente a esas— damas de la cultura, las que trata de delimitar mi descripción. Obviamente no hago tabula rasa, y así lo subrayé al final de la columna, pues sería absurdo meter a todas las mujeres en un mismo costal. Lo que sí hago es remarcar, con una simple metáfora, que las incluidas en mi descripción no se han preparado para la labor que les encomendaron. Puedo cambiar la metáfora, si te parece “grotesca” e hiriente, al fin sólo es un par de palabras sustituible por “vacío epistemológico”, “lagunas cognoscitivas”, “limitadas de conocimiento cultural”, lo que sea. Una metáfora es una metáfora, y puede ser cambiada sin dificultad. Lo difícil es cambiar aquello que pretendía designar: la grave incompetencia intelectual de funcionarios y funcionarias dedicados a la difusión de la cultura. No estoy loco si afirmo que Sari Bermúdez, si consideramos el puesto que ostenta, padece serios “vacíos epistemológicos” que ni su ejército de asesores ha podido subsanar. Insisto: el problema no es una metáfora, sino lo que ella pretende hacer ver. Sobre mi presunta cura en salud, me citas mal; dije esto: “Por supuesto, y sobra decirlo, esas damas de la cultura nada tienen que ver con las mujeres, con las verdaderas mujeres (…), sino con lo peor (la mezquindad, la mentira, el apetito de poder, la hipocresía, la estulticia) de los Hombres, de la raza humana”. Sigo pensando lo mismo.

Sé que tengo ya un poco de reconocimiento, y por eso mismo ejerzo mi responsabilidad personal, absolutamente personal, como escritor y periodista, y trato de dar voz a muchos colegas que por una razón o por otra no la tienen. Siempre he tratado de ser congruente, de señalar aberraciones locales aunque esto genere demasiados problemas. Como lo dije en la columna titulada “Criticar en este rancho” (La Opinión, 10, agosto, 05), hacer crítica en ciudades grandes es relativamente fácil, pero en localidades como la nuestra nos mete a la dinámica del resquemor cercano, inmediato, pues todos nos conocemos y nos encontramos a diario y donde sea. Pese a eso, prefiero el camino de la crítica al del silencio.

Por último, hace poco una señora que administra la cultura en cierta instancia de Gómez Palacio dijo que yo estaba “sentido” y que por eso criticaba tanto. Ella es, según mi descripción, una dama de la cultura químicamente perfecta, y más valdría que pronto observáramos su caso a plenitud. Lo primero que pensé fue simple: “Estoy ‘sentido’, luego entonces los señalamientos que yo haga serán siempre producto de la emoción, de la víscera, de las pasiones, nunca de la razón”. Hoy veo con desasosiego que me pides ejercer mi responsabilidad sin “amargura”. Nunca he estado más orgulloso, sereno, centrado y optimista que ahora. Lo que hice fue un texto que intenta describir un fenómeno, no un desahogo gestado por mi “amargura”. Lo lamento, pero así es.

Agradezco infinitamente, Rosario, tu carta, y debes saber que las preguntas que me hiciste fueron muy alentadoras. Creo con entera sinceridad que pones un gran ejemplo al colocar sobre la mesa un debate de importancia. Ojalá y este diálogo fuera permanente, abierto, de todos. Te saludo con gratitud.

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30/12/05

 

Una carta

El pasado domingo 18 de diciembre publiqué en esta columna un texto titulado “Damas de la cultura”. Al día siguiente recibí una carta de Rosario Ramos, quien me ha permitido reproducirla íntegramente. Le agradezco pues, doblemente, el gesto de escribirme y la gentileza de darme libertad para hacer públicas todas las palabras de su correo electrónico. Responderé a sus preguntas en la Ruta Norte del viernes 30 de diciembre. Copio aquí lo que Rosario me escribió:

 

Jaime:

Primero permíteme felicitarte por la inclusión de un texto de microrrelato de tu autoría en la antología de microrrelato La Otra Mirada, publicada en España, que junto con que los otros premios nacionales que recién recibiste este año, es un logro mas en tu carrera de escritor. Me sumo a tus éxito y te felicito.

En relación con la columna Ruta Norte del domingo pasado, me surgen varias preguntas que deseo, por la confianza que te tengo hacerte, partiendo del derecho de libre expresión y en espera de que puedas contestar (las preguntas), además de compartir mis puntos de vista, si es que pueden ser de tu interés.

1.     Por el tono de tu artículo puedo deducir que tienes algún problema con el perfil de la que tu llamas tendencia a que los altos mandos de la burocracia cultural sean ocupados por mujeres o como dices utilizando un eufemismo “damas de la cultura”. ¿Es así?

2.     Si como dices, es una tendencia el que más mujeres estén trabajando en espacios de cultura, te diría ya era hora, de que en algo las mujeres ejerzamos nuestros derechos como personas; aunque debo decir, hay muchos otros espacios ocupados en su mayoría por mujeres desde hace mucho tiempo y lo hacemos muy bien, roles como el de maestras, medicas, enfermeras, madres de familia, líderes de organismos no gubernamentales. Mas bien preguntaría ¿Por qué se sentirían excluidos los hombres, en estos espacios culturales, o será que se les hace poco el valor de la actividad o el sueldo? Mejor te invitaría a sumar esfuerzos para que los puestos de directivos de estos espacios culturales estén mejor pagados, puedan ser ocupados también por hombres, si ese es su deseo, como lo son de hecho y sobre todo que nuestros gobernantes, en su mayoría hombres, asignen mas presupuesto a la cultura, porque tal parece que los gobernantes que tenemos son poco sensibles al desarrollo de la cultura y educación.

3.     Si no estás de acuerdo con el perfil de esa que tu llamas tendencia, ¿cuál sería entonces, para ti el perfil requerido para estar en un puesto de dirección de un espacio cultural?

4.     ¿Porqué no mejor evaluar resultados?

5.     ¿Sería igual hombre que mujer, para el puesto?

6.     ¿A qué te refieres cuando dices que estas mujeres son profesionistas pero que no han ejercido en serio su profesión? ¿Qué es ejercer en serio una profesión? Te puedo hablar por mí, yo fui a la universidad para formarme como persona profesionalmente, ejercer en el medio laboral y ganarme la vida, haciéndome cargo de mi misma, desde mis tiempos de estudiante, sin dejar de lado el formar una familia, igual que lo hacen los hombres y es muy válido ¿o no?

7.     ¿Es válido para ti el que mujeres desdeñadas por el marido o divorciadas ejerzan su profesión o trabajen en algo útil como lo dices? Porque en lo personal nunca he escuchado que sea importante que un funcionario público, sobre todo si es hombre  sea divorciado o desdeñado por su mujer o soltero. Su estado civil no es digno de comentarse, ¿Por qué en el caso de una mujer funcionaria pública si lo es?

8.     ¿Alguna vez has tenido un puesto en difusión cultural o has administrado algún espacio cultural? ¿Qué tan complejo piensas que es o se te hace algo fácil de desempeñar o ligero? Te invitaría a hacer una reflexión en relación a los presupuestos otorgados a la cultura, estos son tan exiguos que quien administra debe tener un sentido de orden, optimizar recursos, ponerlos donde sean mas necesarios, administrarlos con honestidad y sobre todo dar resultados, que al final es lo importante. En suma debe ser un profesionista bien capacitado, indistinto de su sexo y su estado civil. Me parece que con los presupuestos con que se cuenta se hacen maravillas.

9.     En cuestión de sueldos, dices que estas mujeres ganan muy bien, ¿cuánto es muy bien?

Algunos de tus comentarios son desdeñosos. Llamas al cráneo de las damas de la cultura, what ever that mean, desamueblado, lo cual me parece una afirmación grotesca y desafortunada. Aunque intentas, al final quedar bien con las verdaderas mujeres y sus atributos diciendo que las de la tendencia tienen más “que ver con lo peor de los Hombres de la raza humana” Tal vez quisiste ser más parejo, aunque creo que desdeñando el trabajo de las mujeres no lo logras. El golpe está dado. Te invitaría a sumar ya que creo que como escritor reconocido y que ya ha trascendido fronteras tienes una responsabilidad. Ejércela, sin amarguras.

Un abrazo y Feliz Navidad para ti y tu familia

Atentamente

Rosario Ramos Salas

[email protected]

28/12/05

 

 

 

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