Lo inoportuno

Jaime Muñoz Vargas

Nunca en la presentación de un libro vi una situación como la que ahora narro. Fernando Martínez, director de la Casa de la Cultura de Torreón y hombre anecdótico, me invitó a presentar la novela Extravíos y maravillas, del maestro Arturo Azuela. La noche esperada, Fernando recibió una llamada a su celular mientras describía frente al público los blasones del maestro Azuela; se esculcó en todos los bolsillos, y cuando sacó el aparato en vez de apagarlo y proseguir con sus palabras, contestó la llamada y salió del recinto. El público lo miró desconcertado; yo comencé a reír por el asombro, y el maestro Azuela levantó los brazos, desesperado por la situación. Un minuto después volvió Fernando, y como notó cierta molestia en el maestro Azuela, remató con una frase incontestable.

—Los novelistas necesitan estas anécdotas, si no de qué escribirían.

        Todos le dimos la razón.

 

 

 

 
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