Alianzas inusitadas

Jaime Muñoz Vargas

La alianza de las palabras puede resultar azarosamente inusitada. Si la literatura busca intencionalmente la cercanía de expresiones que puedan deslumbrar, la voz callejera a veces logra esos asombros sin quererlo. Ejemplo del primer caso es lo que encontró Benedetti en Cuba cuando oyó a Lezama; el uruguayo afirma que no lo entendió, pero durante toda una conferencia estuvo perplejo ante la fecunda habilidad del gordo para unir palabras en apariencia inayuntables ("peregrino inmóvil"). Ejemplo del segundo caso es la exótica unión que se da entre la palabra genérica "estética" —en esta ocasión no rama de la filosofía, sino establecimiento donde cortan los pelos— y la especie; así, en México podemos encontrar la Estética D’Pelos, la Estética D'Giovannishey o la Estética D’José. Este mismo caso de unión involuntaria de palabras contrastantes es la que vi alguna vez en el rótulo que indicaba la ruta de un camión. Me pareció que en ese par de palabras se unía el mundo de la gran civilización helénica y el ámbito populachero del contrabando mexicano. Sin duda, eran dos palabras que lucían allí inusitadamente casadas. El letrero describía los destinos del camión: "Panteón-Fayuca". Me pareció hermoso: la palabra "fayuca" junto a otra que en griego etimológicamente define el lugar donde habitan todos los dioses (pan-teo).

Qué haríamos muchos de nosotros si no fuera por las pepitas de oro que encontramos en la calle.

 

 

 

 
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