Todos me trataban como si fuese un extranjero que no se entera de nada, cuidaban sus palabras por si me sentía incómoda, ya sabéis, como siempre pasa cuando te dejan, mis amigos proclamaron varias palabras tabús relacionadas con el amor y las rupturas, pero lo que más gracia me hacía era cuando alguien se despistaba y las pronunciaba, entonces volaban codazos disimulados a hombros ajenos y se hacía ese silencio que era mucho más doloroso que las palabras.

Pero sobre todo hubo una palabra que jamás se escapó de los labios de ninguno de ellos, su nombre. Nadie lo volvió a nombrar.

Era extraño porque yo seguía repitiendo su nombre en mi cabeza, una y otra vez sin cansancio.

Pero tampoco podía culparles  por querer ayudarme. Aunque era raro por aquel entonces tener una conversación en la que no se dijera nada sobre él, era como si lo hubiesen hecho desaparecer del mundo, como si nunca hubiese existido y esos meses que recuerdo con añoranza solo hubieran sidofruto de mi soledad…
 
 

 

 
   El tiempo se ha ido deprisa, se ha escapado a nuestro control y ahora nos sonríe desde la distancia, nos apremia para que corramos tras él pero ninguno de los dos se mueve, cada uno en un extremo de este vacío abrumador que nos perturba sin que hagamos nada por deshacernos de el, no luchamos, ni si quiera lo hemos intentado y ahora seguimos aquí, cada vez más lejos el uno del otro, con el tiempo en contra y la distancia burlándose de lo débiles que somos…