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Congresista Cáceres trata de excusarse
frente a periodistas

Grave ofensa
Nota de opinión del Diario El Comercio


El congresista Luis Cáceres Velásquez ha excedido toda medida. Su matonesca agresión física y verbal contra la perioista Rosa Reyna, en el Palacio Legislativo, es un agravio que ofende al Perú entero y merece la más enérgica condena.
No hay argumento valedero que pretenda disculpar tan repudiable comportamiento con una dama y periodista. Además, resulta amargamente irónico que un representante de la bancada oficialista se haya permitido tal cobardía en abierto desacato a la política de Estado, que al salir en defensa de la mujer denominó
oficialmente el 2000 como "Año contra la Violencia Familiar".
Frente a este escándalo sin precedentes, que ha empañado otra vez la imagen y dignidad del Parlamento, la Mesa Directiva del Congreso, cuya composición femenina es inédita, debe actuar con energía y suspender a tan indigno representante. Sobre todo porque el congresista Luis Cáceres ha desconocido los llamados de atención que se le hiciera por los agravios reiterados contra otras legisladoras. El Reglamento del Congreso es categórico en tipificar como inconducta funcional semejante insolencia, incompatible con la investidura de un parlamentario.
Además de agredir a la periodista Rosa Reyna, este congresista ha puesto de manifiesto una abierta actitud antidemocrática, que desmerece su calificación parlamentaria, al reclamar con furia incontrolable la clausura del diario "La República". Vuelve así a incurrir en su animadversión y prepotencia hacia la prensa que hiciera públicas en 1998, cuando amenazara de muerte a Enrique Mendoza Núñez, presidente de "Arequipa al día".
Semejante planteamiento, propio de mentes dictatoriales, no puede ser tolerado en el
Perú y trasciende las fronteras. Por ello será notificado a la Sociedad Interamericana
de Prensa (SIP), pues —como subraya el Consejo de la Prensa Peruana— este
condenable acto de violencia es una agresión a la libertad de prensa.La fiscalización
del poder es una responsabilidad confiada por la ciudadanía a la prensa. No tiene por
qué la autoridad sentirse ofendida cuando se le exige dar cuenta de su gestión. Al
contrario, es con esta transparencia informativa que las sociedades maduran como
democracias y sobre esta base construyen mejores condiciones de vida para sus
habitantes.

(Fuente: Diario El Comercio 24/09/2000) (Foto: Diario La República)

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