Reg. BA N°30 - 2004
Valeriano,
también conocido bajo el apócope de Valerio, o reconocido como santo de la
antigua Iglesia de los mártires anteriores al tercer siglo de la era cristiana,
tiene numerosos fieles que lo reconocen bajo el nombre de Valeri, Vallery,
Valere, Vallier, Valery, Valero, Valerian o Valerius, adecuándose la fonética
del nombre al alemán, provenzal, italiano, francés, rumano o ruso; y tiene
siempre el mismo significado “VALEROSO”.
Valeriano
era de la familia patricia de los Tibures, gentilicio romano del cual procede
el nombre del hermano mayor de Valeriano, San Tiburcio, o sea habitantes del
Tibur, ciudad del Lacio al noreste de Roma, a orillas del río Anio, se
encontraba unida a Roma por la Vía Tiburtina, lugar de recreo, donde los
romanos acomodados habían construido numerosas villas de descanso (villae),
actualmente esa región romana se denomina el Tiboli, porque se encuentra
ubicado en la colina de este mismo nombre.
Siendo
Aurelio emperador de Roma, fueron martirizados el 14 de abril del año 229 A.D.
los santos mártires Valeriano, Tiburcio y Máximo, siendo el obispo de Roma
Urbano I, el cual junto a santa Cecilia y otros cristianos también alcanzaría
la palma del martirio.
Valeriano
era un joven de escasos 18 años cuando debía contraer nupcias con una joven
patricia romana, de la familia de los sicilianos, Santa Cecilia, su prometida
tenía 16 años y ya pertenecía a la Iglesia Cristiana de forma secreta, al
celebrarse la boda y retirarse los jóvenes esposos a los aposentos nupciales,
Cecilia confiesa a Valeriano su fe cristiana, y le cuenta que su virginidad
estaba prometida a un esposo que fuera de su misma fe cristiana, la joven que
entonaba dulces cantos de alabanza a Jesucristo se encontraba custodiada por un
hermoso ángel que iluminaba la habitación, Valeriano admirado por la aparición
del ángel decide convertirse al cristianismo, siendo instruido y bautizado por
el Obispo Urbano, posteriormente Valeriano anuncia el evangelio a su hermano
mayor, Tiburcio con el cual inician en su propia casa, junto a Cecilia,
reuniones clandestinas de cristianos.
En
aquellos días el alcalde de Roma era Turcio Almaquio quien había determinado
que todos los cristianos fueran muertos en el lugar que fueran encontrados
celebrando sus prácticas religiosas, lo que provocó que innúmeros cadáveres se
encontraban insepultos en las calles de Roma, debido a un decreto imperial que
impedía que los cristianos fueran sepultados en los cementerios públicos y
debían dejarse sus cuerpos para alimento de los perros y otras alimañas.
Valeriano
y Tiburcio salen en la madrugada del 14 de abril para sepultar los cuerpos de
sus hermanos en la fe, es en esta piadosa actitud que son descubiertos por una
guardia pretoriana al mando del Cuniculario Máximo, el cual luego de
consultarlo con Almaquio manda decapitar en el mediodía y a las márgenes del
río Anio a los dos jóvenes patricios Valeriano y Tiburcio, más en el momento de
la muerte de éstos, Máximo ve las dos almas de los jóvenes abandonando los
cuerpos y subiendo al cielo, por lo que al colocar por escrito en su informe al
alcalde Turcio Almaquio el milagro que había presenciado, fue acusado de
“Impiedad” y obligado a retractarse, Máximo continuó afirmando haber visto las
almas de Valeriano y Tiburcio volando al cielo, y por su heroica actitud fue
inmediatamente decapitado, posteriormente Cecilia recogió los tres cuerpos y
junto al Obispo Urbano los enterraron en las catacumbas de Pretestáto; Turcio
Almaquio condenó a Cecilia, la joven esposa de Valeriano a morir incinerada,
esta santa mártir entonaba entre las llamas dulces cantos de alabanzas a Dios,
por lo cual la Iglesia Cristiana la reconoce como protectora de la música.
El Obispo Pascual de Roma al reformar la Iglesia de Santa Cecilia en el Trastébere en el año 821, hace trasladar desde Pretestáto los restos de Valeriano y sus dos compañeros mártires, colocando los tres sarcófagos bajo el altar. En el año 1599 el Obispo Clemente pide para al escultor Maderna esculpir un mausoleo dedicado a Santa Cecilia y sus compañeros mártires, en la apertura del sarcófago de Santa Cecilia, su cuerpo se encontraba incorrupto y parecía dormir, por eso la bellísima escultura de Maderna, representa a Santa Cecilia con el rostro colocado a la derecha, en una actitud que parece dormir, dando cumplimiento al evangelio de San Juan, Cap.14 Vers. 23, y a la famosa frase del cántico de los cánticos que dice textualmente “no despertéis a la amada”.
Es
en ese espíritu de servicio y testimonio de la Fe Cristiana Ortodoxa que
adoptamos el nombre de “Valerian” para nuestro ministerio Episcopal, recordando
también al Arzobispo Valerian de la Santa Iglesia Ortodoxa Rumana, que entro en
la Paz de Cristo en 1982, sufriendo la persecución y el exilio.
Dado
registrado en Buenos Aires.
29 de febrero de 2004
IOBE