Reg. BA N°31 - 2004
SANTA ELIZABETH DE HESSE DE DARMSTADT
La
Mártir Ortodoxa, Gran Duquesa Elizabeth, nació el 20 de octubre de 1864 en una
familia Luterana, hija del gran Duque Ludovico V y de la Princesa Alisa, hija
de la Reina Victoria de Inglaterra.
En 1884 se casó con el Gran Duque Sergio Alexándrovich
Romanoff, hermano del Zar de Rusia Alejandro III. Viendo que su esposo tenía
una profunda fe Ortodoxa, la Gran Duquesa, con todo corazón buscaba respuesta a
la pregunta: ¿Cuál es la verdadera Religión? Ella oraba mucho y suplicaba a
Dios que le revelara su voluntad.
Finalmente, el 13 de abril de 1891 fue celebrada la
ceremonia de su admisión a la Iglesia Ortodoxa Rusa. Ese mismo año el gran
Duque Sergio, fue designado como Gobernador General de Moscú.
Visitando templos, hospitales, orfanatos, geriátricos
y cárceles, la Gran Duquesa vio mucho sufrimiento y en todos los lugares
trataba de hacer algo para aliviarlos.
Luego del comienzo de la guerra Ruso-Japonesa en 1904,
Elizabeth ayudó muchísimo a los soldados rusos que estaban en el frente,
trabajando hasta quedar exhausta.
El 5 de febrero de 1905 tuvo lugar un terrible
acontecimiento que cambió toda la vida Elizabeth, la explosión de una bomba
arrojada por un revolucionario comunista causó la muerte del Gran Duque Sergio;
Elizabeth llegó rápidamente al lugar de la explosión y se encontró con un
cuadro aterrador que superaba toda imaginación humana. De rodillas en la nieve,
en silencio sin gritos ni lágrimas, comenzó a recoger y poner sobre la camilla
trozos del cuerpo de su tan amado esposo que instantes atrás estuviera con
vida.
En el momento de la prueba crucial, Elizabeth pidió a
Dios ayuda y consuelo. Al día siguiente recibió la comunión en el Monasterio de
Chudov donde estaba colocado el féretro de su esposo. Al tercer día después de
la muerte de éste, Elizabeth se fue a la prisión donde se encontraba detenido
el asesino. Ella no sentía odio hacia él, la Gran Duquesa quería que él se
arrepintiera de su horrible crimen y suplicara a Dios que lo perdonara; ella
misma le entregó al Zar la petición de gracia para el asesino.
Elizabeth decidió dedicar su vida a Dios mediante la
ayuda al prójimo y a crear en Moscú residencias de trabajo, caridad y oración,
para esto compró en la calle Bovshaia Ordinka un terreno con cuatro casas y un
enorme jardín. En esta residencia llamada “Marta y María” en honor de las dos
hermanas amigas de Cristo, fueron abiertos dos templos; el templo de “Marta y
María” y el templo de “Pokrov”, un
hospital que era el mejor de Moscú, una farmacia donde a los pobres se les
entregaban los remedios gratis, un orfanato y una escuela; fuera de los muros
de la residencia funcionaba un hospital para atender a las mujeres enfermas de
tuberculosis.
La residencia fue inaugurada el 10 de febrero de 1909.
El 9 de abril de 1910, el Obispo Dimitris, de acuerdo a la ordenanza dictada
por el Santo Sínodo, les concedió el título de “Hermanas en Cristo de Amor y
Misericordia”.
“Las Hermanas” hicieron voto de castidad monacal y de
pasar toda su vida en trabajo y oración. Al día siguiente durante el transcurso
de la liturgia el padre Vladimir
Metropolita de Moscú pasó sobre las monjas la cruz de ciprés de ocho puntas, y
a Elizabeth le fue otorgado el título de
Madre Superior del monasterio.
La Gran Duquesa ese mismo día dijo: “Yo abandono este
brillante mundo..., para unirme con todos ustedes al mundo más grandioso, el
mundo de los pobres y necesitados”.
En la “Residencia de María y Marta” la Gran Duquesa
llevaba la vida muy activa, dormía en una cama de madera sin colchón, a menudo
no más de 3 horas, su alimento era muy simple, observaba estrictamente todos
los ayunos, a medianoche se levantaba para orar y luego recorría todos los
cuartos del hospital; muy frecuentemente se quedaba hasta el amanecer frente a
la cama de algún enfermo terminal. Ella solía decir a las hermanas de la
residencia: “ Acaso no es terrible que nosotras, recurrimos a falso
humanitarismo para adormecer a estos seres tan sufridos, dándoles la esperanza
de su supuesta recuperación, tal vez le haríamos gran favor si nos dedicáramos
a prepararlos para la transición cristiana a la eternidad”
Elizabeth no realizaba ninguna actividad sin la
bendición de su padre espiritual Mons. Mitrófanes y sin los consejos de los
Monges de “Optinnoi Vredenskey Pusteny”
y de otros Monasterios.
Por su sumisión completa a la jerarquía de la Iglesia
ella recibía de Dios, mucha consolación y paz interior.
Desde el comienzo de la primera guerra mundial la Gran
Duquesa organizó ayuda para el frente de combate. Bajo su dirección se
organizaron trenes sanitarios, depósitos de remedios y ambulancias, también
fueron enviados al frente las Iglesias móviles.
La abdicación de Nicolás II fue un golpe duro para
Elizabet. Se le estremeció el alma y no podía hablar sin lagrimear. Ella se
daba cuenta del abismo en que caía Rusia y lloraba desconsoladamente por el
pueblo ruso y por la familia imperial que tanto quería.
En las cartas escritas por ella entonces escribió: “yo
siento una profunda lástima por Rusia y sus hijos quienes en este momento no
saben lo que hacen. ¿Acaso no es el hijo que ahora está enfermo al que queremos
cien veces más que cuando él estaba sano y salvo?, Quisiera poder compartir sus
sufrimientos y ayudarlos. La Santa Rusia no puede perecer, pero la Gran Rusia,
lamentablemente, no existe más. Nosotros debemos dirigir nuestro pensamiento al
Reino de Dios y decir humildemente: “Que se haga tu voluntad”
La Gran Duquesa fue detenida por los comunistas, al
tercer día de la Santa Pascua en 1918, “el martes luminoso”, en aquel día el
padre Mons. Tikhon Bellavin, celebró la última misa en la “Residencia de las
Hermanas”.
Junto a Elizabeth, le fue permitido ir a dos monjas de
la residencia: Sor Bárbara y Sor Ekaterina. El 20 de mayo de 1918, fueron
llevadas a la ciudad siberiana de Alupuest (Alopaiet), a esa misma ciudad fue
llevado el Gran Duque Sergio y su secretario Feodor, los Grandes Duques Joan,
Ygor, Vladimir. Las monjas que acompañaron a la gran Duquesa Elizabeth fueron
llevadas a Ekaterinburgo (Sverdlovst), donde los pusieron en libertad, pero la
hermana Bárbara insistió quedarse con la gran Duquesa.
El 5 (18) de julio de 1918, los detenidos fueron
llevados hacia una aldea llamada Siniadriji, a las afueras de la ciudad, en una
mina abandonada se llevó a cabo el sangriento crimen. Después de insultarlos y
golpear brutalmente con las culatas de sus fusiles, los prisioneros fueron
arrojados a un pozo profundo de una vieja mina de carbón abandonada. La primera
que fue empujada al vacío fue la Gran Duquesa, en ese momento ella hacía la
señal de la cruz, rezaba en voz alta y decía: “Perdónalos Padre, no saben lo
que hacen”.
La Gran Duquesa Elizabeth y el gran Duque no cayeron
en el fondo de la mina, sino en una saliente a 15 metros de profundidad. Mal
herida ella arrancó parte de la tela de su ropa para hacer vendaje al Gran
Duque y de esta forma aliviar su sufrimiento.
Un campesino, quien casualmente se encontraba cerca de
la mina, oyó las voces que salían de las profundidades de ésta, era un cántico
de querubines que entonaban los mártires moribundos.
Unos meses después el ejército del Almirante Kolchak,
entró en Ekaterimburgo, los cuerpos de los mártires fueron rescatados de la
mina, los dedos de la gran Duquesa y del gran Duque estaban unidos en posición
como para hacer la señal de la cruz.
En la retirada del ejército blanco los ataúdes con los cuerpos de los mártires en 1920 fueron trasladados a Jerusalem, actualmente están ubicados en el templo de Santa María Magdalena al pie del monte de los Olivos. 18/ julio/2003
IOBE