El matrimonio es, como enseña Pablo
Apóstol, un misterio grande (Ef. 5:32), porque en él se unen el hombre y la
mujer y representan eficazmente la unión entre Cristo y la Iglesia.
El rito de este Sacramento está dividido
en dos partes: La primera es llamada “Oficio del compromiso,” y en él los
novios se prometen matrimonio y entregan, como símbolo de esta promesa, las
arras o anillos. La segunda parte se llama “Oficio de la coronación,” porque en
él se impone sobre la cabeza de los novios sendas coronas. Hoy día la costumbre
general en la Iglesia Ortodoxa es unir los dos oficios en uno solo.
Este Sacramento debe ser celebrado en la iglesia preferentemente y, si es posible, en día domingo, después de la celebración de la Divina Liturgia, donde los futuros esposos recibirán la sagrada Comunión. Su celebración los sábados a la noche no está permitida por los cánones, pero en los países no ortodoxos es tolerada. Además no está permitida la celebración de matrimonio los siguientes días: 1) Todos los miércoles y viernes del año; 2) Las grandes fiestas del Señor; 3) Desde el comienzo del ayuno de Navidad (13 de Diciembre) hasta el 7 de Enero; 4) Desde el comienzo de la Santa Cuaresma hasta el Domingo de Santo Tomás; 5) El día de la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre); 6) Del 1 al 15 de Agosto, fiesta de la Dormición de la Madre de Dios. Para realizar matrimonio en estas fechas, es necesaria una licencia especial de la autoridad competente.
Después de la celebración de la Divina
Liturgia, se colocan los anillos de los que van a desposarse sobre el Santo
Altar, mientras esperan a la entrada do la Iglesia, el novio a la derecha y la
novia a la izquierda. El Sacerdote va a recibirlos en la puerta de la iglesia y
hace el signo de la cruz en la frente de cada uno de los novios y les entrega
una vela encendida. Luego los hace entrar al templo, precedidos por él, que va
in... censando en forma de cruz, hasta llegar frente al Iconostasio, donde hay
una mesa sobre la cual están la cruz, el Evangelio, dos velas encendidas, un
vaso de vino y dos coronas. El padrino se coloca a la derecha del novio y la
madrina a la izquierda de la novia. El Sacerdote trae los anillos del Altar y
los coloca sobre la mesa e inicia el Oficio, cantando:
Sacerdote: Bendito
sea Dios, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: En
paz, roguemos al Señor.
Coro: Señor,
ten piedad. (a cada petición).
Sacerdote:
Por la paz que viene de lo alto y la salvación de
nuestras almas, roguemos al Señor.
Por la paz del mundo entero, por el bienestar de
las santas iglesias de Dios y por la unión de todos, roguemos al Señor.
Por este santo templo y por los que con fe,
devoción y temor de Dios concurren a él, roguemos al Señor.
Por nuestro Padre y Arzobispo N., por la orden venerable de los presbíteros,
por los Diáconos en Cristo, por todo el Clero y por el pueblo, roguemos al
Señor.
Por el siervo de Dios N. y por la sierva de Dios N., que se dan mutua promesa de matrimonio, y
por su salvación, roguemos al Señor.
Para que les sea concedido un amor perfecto, una
paz fecunda y el auxilio divino, roguemos al Señor.
Para que siempre vivan en acuerdo y se guarden
una fidelidad inquebrantable, roguemos al Señor.
Para que tengan vida y conducta irreprochable,
roguemos al Señor.
Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
guárdanos, oh Dios, en tu gracia.
Conmemorando a la Toda Santa, la Purísima y
Bendita, nuestra gloriosa Señora, la Madre de Dios y siempre Virgen María, y a
todos los santos, encomendémonos a nosotros mismos, y los unos a los otros, y
toda nuestra vida a Cristo Dios.
Coro: A Ti, Señor.
Sacerdote: Porque
Te es debida toda gloria, honor y adoración, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: Roguemos
al Señor.
Coro: Señor, ten
piedad...
Sacerdote: Dios eterno, que unes lo disperso y has hecho indestructible el lazo del
amor; que bendijiste a Isaac y Rebeca y los designaste herederos de tus
promesas, bendice a tus siervos, aquí presentes, y dirígelos por el camino de
toda buena obra. Porque eres un Dios misericordioso y amante de la humanidad, y
Te glorificamos, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: La paz
sea con todos.
Coro: Y con
tu espíritu.
Sacerdote: Inclinad
vuestras cabezas ante el Señor.
Coro: Ante
Ti, Señor.
Sacerdote: Señor
nuestro Dios, que elegiste entre todas las naciones como esposa a la Iglesia,
Virgen pura, bendice este compromiso matrimonial y une a tus siervos en paz y
caridad. Pues Te es debida toda gloria, honor y adoración, oh Padre, Hijo y
Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
El Sacerdote toma
el anillo del novio y hace tres veces sobre la cabeza de éste el signo de la
cruz sobre la frente del mismo, tocando a cada voz la frente de la novia y
diciendo tres veces:
El
siervo de Dios N., se compromete con la sierva de Dios N., en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.
Y coloca el anillo
en el dedo anular de la mano derecha del novio. Toma el anillo de la novia, hace
tres veces con él el sig. no de la cruz sobre la cabeza de la misma, tocando a.
cada vez la cabeza del novio y diciendo tres veces:
La
sierva de Dios, N. se
compromete con el siervo de Dios N., en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. Amen.
Y coloca el anillo
en el dedo anular de la mano derecha de la novia, y prosigue con esta oración:
Sacerdote: Roguemos
al Señor.
Coro: Señor,
ten piedad.
Sacerdote: Señor
nuestro Dios, que acompañaste al siervo del Patriarca Abraham a Mesopotamia,
cuando fue enviado a buscar esposa para su patrón Isaac, e indicaste a Rebeca
en el momento de sacar agua del pozo, bendice esta promesa de matrimonio que
tus siervos se han hecho y confirma las palabras que se han dado. Afírmalos en
la unidad que de Ti procede, pues Tú eres quien desde el principio creó el sexo
masculino y el femenino y, según tu disposición, la mujer debe unirse al hombre
para la procreación del género humano. Señor nuestro Dios, que enviaste la
Verdad a tu pueblo e hiciste promesas a nuestros padres, tus elegidos de
generación en generación, mira a tu siervo N., y a tu sierva N., y que la
promesa que se han hecho sea sellada con fidelidad, armonía, verdad y amor.
Señor, Tú nos has enseñado comprometernos en matrimonio y cumplir nuestro compromiso.
Por un anillo fue dado el gobierno a José en Egipto, por un anillo Daniel fue
glorificado en el país de Babilonia, por un anillo resplandeció la justicia de
Tamar. Un anillo fue el símbolo de la misericordia del Padre para con su hijo
pródigo, pues dijo: Colocad un anillo en su diestra, matad un buey cebado y,
comiéndolo, regocijémonos. Tu diestra, Señor, hizo cruzar a Moisés el Mar Rojo.
Por tu palabra de verdad se han afirmado los cielos y estabilizado la tierra y
la diestra de tus siervos será bendecida con tu palabra soberana y con tu mano
omnipotente. Señor, bendice la donación de estos anillos con tu bendición
celestial y que tu Angel preceda a los que se han comprometido, durante todos
los días de su vida.
Tú
eres Quien bendice y santifica todo, oh Cristo Dios, y Te glorificamos, oh
Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: Ten
piedad de nosotros, oh Dios, según tu inmensa misericordia. Te suplicamos nos
escuches y tengas piedad de nosotros.
Coro: Señor, ten
piedad, Señor, ten piedad, Señor, ten piedad. (cada vez).
Sacerdote: Te
pedimos también por el siervo de Dios N. y por
la sierva de Dios N., que se han
comprometido.
Sacerdote: Porque
eres un Dios misericordioso y amante de la humanidad, y Te glorificamos, oh
Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Entran todos en
procesión, con velas encendidas, precedidos por el Sacerdote, mientras el Coro
canta:
Gloria a Ti, nuestro Dios, gloria a Ti.
Felices los que temen al Señor
Los que caminan por sus caminos.
Gloria a Ti, nuestro Dios, gloria a Ti.
Tú te alimentas del fruto de tus manos.
Gloria a Ti, nuestro Dios, gloria a Ti.
Eres dichoso y tendrás éxito en todo.
Gloria a Ti, nuestro Dios, gloria a Ti.
Tu esposa será como viña fecunda en medio de tu
casa.
Gloria a Ti, nuestro Dios, gloria a Ti.
Tus hijos serán como tiernos árboles de olivo en
derredor de tu mesa.
Gloria a Ti, nuestro Dios, gloria a Ti.
Así será bendecido el hombre que teme al Señor.
Gloria a Ti, nuestro Dios, gloría a Ti.
Te bendiga el Señor desde Sión y veas los bienes
de Jerusalén todos los días de tu vida.
Gloria a Ti, nuestro Dios, gloria a Ti.
Y que la paz esté en el pueblo de Dios.
Es altamente loable que se restaure el canto de este Salmo y se destierre
la “marcha nupcial” que da un carácter profano al Sacramento. Estando todos de
pie, frente al Iconostasio, el Sacerdote dice:
Bendito sea el reino del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: En paz, roguemos al Señor.
Coro: Señor,
ten piedad (a cada petición).
Sacerdote: Por la
paz que viene de lo alto y por la salvación de nuestras almas, roguemos al
Señor.
Por la Paz del mundo entero, por el bienestar de
las santas iglesias de Dios y por la unión de todos, roguemos al Señor.
Por este santo templo y por los que con fe,
devoción y temor de Dios concurren a él roguemos al Señor.
Por nuestro Padre y Arzobispo N., por el venerable orden de los presbíteros,
por los. Diáconos en Cristo, por todo, el Clero y por el pueblo, roguemos al
Señor.
Por los siervos de Dios N. y N.
que se unen uno con el otro por el
vínculo matrimonial, roguemos al Señor.
Para que este matrimonio sea bendecido como el de
Caná de Galilea, roguemos al Señor.
Para que les sea concedida la progenitura y
tengan un feliz fruto de su vientre, roguemos al Señor.
Para que se alegren, viendo a sus hijos e hijas,
roguemos al Señor.
Para que les sea concedido todo cuanto pidan en
orden a su salvación, roguemos al Señor.
Para que puedan gozarse de las virtudes de sus
hijos y vivan irreprochablemente, roguemos al Señor.
Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
guárdanos, oh Dios, en tu gracia.
Conmemorando a la Toda Santa, la Purísima,
Bendita y gloriosa Señora nuestra, la Madre de Dios y siempre Virgen María y a
todos los Santos, encomendémonos a nosotros mismos, y los unos a los otros, y
toda nuestra vida a Cristo Dios.
Coro: Ti, Señor.
Sacerdote: Porque
Te es debida toda gloria, honor y adoración, oh Padre, Hijo, y Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos
Y prosigue en voz
alta:
Sacerdote: Señor
y Autor de la creación entera, que, por amor al hombre, convertiste en mujer la
costilla de nuestro primer padre Adán, y que los bendijiste, diciendo: “Creced,
multiplicaos y dominad la tierra,” Tú los uniste e hiciste de ellos un solo
cuerpo y “por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su
mujer y los dos serán una sola carne y lo que Dios ha unido, no lo separe el
hombre.” Tu diste la bendición a Abraham e hiciste fecundo el seno de Sara,
haciendo a Abraham padre de un gran número de naciones. Tu te dignaste dar
Isaac a Rebeca, cuya maternidad santificaste; Tu uniste Jacob con Raquel e
hiciste nacer de ellos a los doce patriarcas; uniste a José con Asnet y les
diste como hijos a Efrén y a Manasés; escuchaste los ruegos de Zacarías e
Isabel y les diste al Precursor; de la vara de Jesé hiciste nacer a la Virgen
María, de quien tomaste carne y naciste para salvar al genero humano; y, por
gracia inefable de tu infinita bondad, te hiciste presente en Caná de Galilea y
bendijiste el matrimonio que allí se celebraba, para que constara que la unión
matrimonial legítima y la procreación que de ella procede son queridas por Ti.
Oh Santísimo Señor, escucha nuestra oración y hazte presente aquí, como
estuviste allá en Caná de Galilea, y bendice este matrimonio, concediendo a tus
siervos -N. y N. una vida tranquila, longevidad, castidad,
amor mutuo, en el vínculo de la paz, posteridad de larga vida, gracia sobre los
hijos y una inmarcesible corona de gloria. Hazlos dignos de ver a los hijos de
sus hijos y que nunca haya desacuerdo entre ellos. Guarda inviolable su lecho y
dales del rocío del cielo y de la abundancia de la tierra, de modo que sean
capaces de compartir sus bienes con los necesitados. Pues Tú eres Dios de
misericordia, compasión y amor a la humanidad, y Te glorificamos, oh Padre,
Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: Bendito
seas, Señor nuestro Dios, Autor sagrado del matrimonio místico y puro y
Legislador del matrimonio corporal, protector de la pureza y buen Dispensador
de la vida, que, al principio, creaste al hombre a tu imagen y semejanza y lo
hiciste rey de la creación, y dijiste: “no está bien que el hombre esté solo en
la tierra, hagámosle una ayuda semejante a él” y tomando una de sus costillas,
formaste a la mujer; al verla, Adán exclamó: “esto es carne de mi carne y hueso
de mi hueso; se llamará mujer, porque del varón fue tomada”; por eso “el hombre
dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola
carne” y “que el hombre no separe lo que Dios ha unido.”
Señor,
Rey y Dios nuestro, haz
descender la gracia celestial sobre estos siervos tuyos N. y N. y que esta mujer obedezca en todo a su
marido y que este siervo tuyo sea cabeza de la mujer, para que vivan según tu
voluntad. Bendícelos, Señor Dios nuestro, como bendijiste a Isaac y a Rebeca;
bendícelos, Señor Dios nuestro, como bendijiste a Jacob y a todos los
patriarcas; bendícelos, Señor Dios nuestro, como bendijiste a José y a Asinet;
bendícelos, Señor Dios nuestro, como bendijiste a Moisés y a Séfora;
bendícelos, Señor Dios nuestro, como bendijiste a Joaquín y a Ana; bendícelos,
Señor Dios nuestro, como bendijiste a Zacarías y a Isabel. Protéjenos, Señor
Dios nuestro, como protegiste a Jonás en el vientre de la ballena; protégelos,
Señor Dios nuestro, como protegiste a los tres santos jóvenes del fuego; y que
venga sobre ellos aquella gracia que rodeó a Santa Elena cuando encontró la
santa Cruz. Acuérdate de ellos, Señor Dios nuestro, como recordaste a Enoc, a
Sem y a Elías; acuérdate de ellos, Señor Dios nuestro, como te acordaste de los
cuarenta santos mártires, a quienes enviaste coronas desde el cielo; acuérdate
de sus padres, que los han criado, porque la plegaria de los padres afirma los
cimientos del hogar; acuérdate, Señor Dios nuestro, de tus siervos los padrinos,
que nos rodean en esta fiesta; acuérdate, Señor Dios nuestro, de tu siervo N. y de tu
sierva N., y bendícelos. Haz que el fruto de sus entrañas sean unos buenos
hijos, dales acuerdo de alma y cuerpo, exáltalos como los cedros del Líbano y
como una viña de vigorosos sarmientos; concédeles abundantes bienes, para que
no teniendo necesidad, abunden en buenas acciones, en las que Tu te complazcas.
Que vean los hijos de sus hijos, como racimos de olivo en derredor de su mesa,
a fin de que, habiéndote servido en esta vida, brillen un día como astros en el
cielo, en Ti, Señor nuestro, a quien es debida toda gloria, poder, honor y
adoración, al igual que al Padre Eterno y al Espíritu que da vida, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: Roguemos
al Señor.
Coro: Señor,
ten piedad.
Sacerdote: Dios
Santo, que formaste al hombre del barro y que de su costilla hiciste a la mujer
y la uniste a él, como ayuda, semejante a él, pues fue agradable a tu Majestad
que el hombre no estuviese solo en la tierra; Señor, extiende Tú mismo tu mano
desde tu santa morada y une a tu siervo N. con tu sierva N., porque
de Ti procede la unión del hombre con la mujer. Únelos en un solo espíritu, corónalos
con el amor, que sean una sola carne, dales buenos hijos, y que su conducta sea
intachable. Porque tuyo es el poder, el reino, la fuerza y la gloria, oh Padre,
Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
El Sacerdote toma
una de las coronas, hace con ella, sobre la cabeza del novio, tres veces la.
señal de la cruz y a cada vez toca la cabeza de la novia, diciendo tres veces:
El siervo de Dios N. recibe como corona a la sierva de Dios N., en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Y coloca la corona
sobre la cabeza del Novio. Luego toma la otra corona y bendice tres veces con
ella a la novia con la señal de la Cruz, tocando a cada vez la cabeza del
novio, diciendo tres veces:
La sierva de Dios N. recibe como corona al siervo de Dios N., en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
Y coloca la corona
sobre la cabeza de la novia. Luego toca con los dedos de su mano derecha la
corona que está en la cabeza del novio y con los de la mano izquierda la que
está en la cabeza de la novia, formando así con la posición de sus brazos la
señal de la cruz y bendiciéndolos tres veces, mientras alterna tres veces con
el coro la siguiente invocación:
Señor Dios nuestro, de gloria y honor corónales.
Al finalizar esto,
el padrino toma con la mano izquierda la corona del novio y la madrina toma la
de la novia con su mano derecha, e inmediatamente se canta por el lector el
Prokímenon (Tono 8):
Haz puesto sobre sus cabezas coronas de piedras
preciosas. Te han pedido vida y se la has dado.
Lector: Lectura de la
carta del Apóstol Pablo a los fieles de Efeso.
Sacerdote: Atendamos.
Lector: Hermanos: Demos siempre
gracias por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, sometidos
los unos a los otros en el temor de Cristo. Las mujeres sométanse a los propios
maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, como también
Cristo es cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo y él su salvador. Ahora bien,
como la Iglesia está sometida a Cristo, así también las mujeres a sus maridos
en todo. Maridos, amad a vuestras esposas, como también Cristo amó a la Iglesia
y se entregó por ella, para santificarla, purificándola por el baño de agua con
la palabra, para presentársela a sí mismo toda gloriosa, sin mancha, ni arruga,
ni cosa parecida, sino, por el contrario, santa e inmaculada. Así deben, pues,
los maridos amar a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su
mujer, a sí mismo se ama; pues nadie jamás odió a su propia carne, sino que la
alimenta y la cuida, como también Cristo a L Iglesia, porque somos miembros de
su cuerpo. Por lo cual dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su
mujer, y serán los dos una sola carne. Este misterio es grande; pero yo me
refiero a Cristo y a la Iglesia. En fin, vosotros también: que cada uno ame a
su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.
Coro: Aleluya,
aleluya, aleluya. (tono 5º).
Prokímenon: Señor, tu nos guardarás y protegerás desde esta generación y para
siempre.
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo Evangelio.
La paz sea con todos.
Coro: Y con
tu espíritu.
Sacerdote: Lectura
del Santo Evangelio según San ,Juan. ¡Atendamos! (Jn. 2:1-11).
Coro: ¡Gloria a Ti, Señor,
gloria a Ti!
Sacerdote: En
aquel tiempo, se celebro una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús
estaba allí. También fueron invitados a la boda Jesús y sus discípulos. Y como
llegó a faltar el vino, la madre de Jesús le dice a éste: No tienen vino. Pero
Jesús le responde, ¿qué nos importa a mí y a ti, mujer? Todavía no ha llegado
mi hora. Dice su madre a los sirvientes: Haced lo que él os diga. Había allí
seis tinajas de piedra dispuestas para las purificaciones de los judíos, con
capacidad, cada una, de dos o tres medidas. Díceles Jesús: Llenad estas tinajas
de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les manda: Sacad ahora y
llevadle al mayordomo. Así lo hicieron. Cuando el mayordomo probó el agua
convertida en vino, sin saber de donde provenía, aunque si lo sabían los
sirvientes que habían sacado el agua, llama al esposo y le dice: Todos sirven
al principio el mejor vino y, una vez que los invitados estén satisfechos, se
trae el menos bueno. Pero tú has guardado el buen vino hasta ahora. Esta fue la
primera de las señales que hizo Jesús y la hizo en Caná de Galilea, y manifestó
así su gloria y sus discípulos creyeron en Él.
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
Sacerdote: Ten
piedad de nosotros, oh Dios, según tu inmensa misericordia. ¡Te suplicamos nos
escuches y tengas piedad!
Coro: Señor,
ten piedad, Señor, ten piedad, Señor, ten piedad.
Sacerdote: Te
pedimos misericordia, vida, paz, salud, salvación, consuelo y visita para los
siervos de Dios N. y N. que ahora se unen en comunión matrimonial.
Coro: Señor,
ten piedad, Señor, ten piedad, Señor, ten piedad.
Sacerdote: Porque
eres un Dios misericordioso y amante de la humanidad, y Te glorificamos, oh
Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: Roguemos
al Señor.
Coro: Señor, ten
piedad.
Sacerdote: Señor
nuestro Dios, que, con tu presencia en Caná de Galilea y de acuerdo a tu plan
de salvación declaraste la honorabilidad del matrimonio, conserva en paz y
armonía a tus siervos N. y N., que Te has dignado unir el uno al otro, haz que
su matrimonio sea santo, que su lecho sea puro, que su vida en común permanezca
hasta que lleguen a alta vejez, cumpliendo con el corazón puro tus
mandamientos.
Porque
Tu eres nuestro Dios, Dios de misericordia y salvación, y Te glorificamos, oh
Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: Que nuestro día sea perfecto, santo, pacifico y sin pecado, roguemos al Señor.
Coro: Concédelo, Señor. (a cada petición).
Sacerdote: Un
ángel de paz, fiel guía, guardián de nuestras almas y de nuestros cuerpos,
roguemos al Señor.
El perdón de nuestros pecados y la remisión de
nuestras culpas, roguemos al Señor.
Lo bueno y conveniente para nuestras almas y la
paz para el mundo, roguemos al Señor.
Terminar el tiempo que nos queda de vida en paz y
penitencia, roguemos al Señor.
Que el fin de nuestra vida sea cristiano,
tranquilo, exento de dolor y remordimiento y una buena defensa ante el temible
tribunal de Cristo, roguemos al Señor.
Conmemorando a la Toda Santa, la Purísima,
Bendita y Gloriosa Señora Nuestra, la Madre de Dios y siempre Virgen María y a
todos los Santos, encomendémonos a nosotros mismos, y los unos a los otros, y
toda nuestra vida a Cristo Dios.
Coro: Ti, Señor.
Sacerdote: Haznos
dignos, Señor, de que confiadamente y sin reproche nos atrevamos a llamarte
Padre, a Ti, el Dios celestial, y a decir:
Coro: Padre
nuestro ... etc.
Sacerdote: Porque
tuyo es el reino, el poder y la gloria, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora
y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: La paz
sea con todos.
Coro: Y con
tu espíritu.
Sacerdote: Inclinad
vuestras cabezas ante el Señor.
Coro: Ante
Ti, Señor
Sacerdote: Roguemos
al Señor.
Coro: Señor,
ten piedad.
Ahora es
presentada al Sacerdote la Copa común, y la bendice, diciendo:
Sacerdote: Dios,
que creaste todas las cosas con tu poder, que afirmaste el Universo y que
coronaste todo lo que hiciste, bendice con tu bendición espiritual esta copa
común, que vamos a presentar a los que han sido unidos por el vínculo del
matrimonio.
Pues ha sido bendecido Tu nombre y ha sido
glorificado Tu Reino, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por
los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Beberé
del Cáliz de salvación e invocaré el nombre del Señor. (3 veces).
El Sacerdote da de
beber tres veces al novio y tres veces a la novia del vino bendito. Luego se
inicia la procesión en torno de la mesa, frente al Iconostasio, mientras el
Coro canta:
¨ ¡Isaías, alégrate! Porque la Virgen concibió y
dio a luz un hijo: Emanuel, Dios y Hombre, a quien llaman Oriente. Nosotros,
cantándole, felicitamos a la Virgen.
¨ Santos Mártires, que habéis combatido bien y
habéis sido coronados, rogad al Señor que tenga piedad de nuestras almas.
¨ Gloria a Ti, oh Cristo nuestro Dios, orgullo de
los Apóstoles y alegría de los mártires, cuya predicación fue la Trinidad
consubstancial.
Ahora el Sacerdote
quita la corona de la cabeza del novio, diciendo:
Seas honrado,
oh novio, como Abraham; bendecido, como Isaac; prolífico, como Jacob; anda por
el camino de la paz y observa en justicia los mandamientos de Dios.
Y quita la corona
de la cabeza de la novia, diciendo:
Y
tú, oh novia, seas honrada, como Sara; alegre, como Rebeca y prolífica, como
Raquel. Sé feliz, con tu esposo, guardando siempre los limites de la ley,
porque esto agrada a Dios.
Y dice la
siguiente oración:
Sacerdote: Roguemos
al Señor.
Coro: Señor,
ten piedad.
Sacerdote: Oh
Dios, nuestro Dios, que viniste a Caná de Galilea y bendijiste la boda que allí
se celebraba, bendice a tus siervos, aquí presentes que han sido unidos por tu
Providencia con el vínculo del matrimonio. Bendice sus entradas y salidas; haz
que abunden los bienes en su vida; recibe sus coronas en tu Reino y consérvalos
puros, castos e inmunes de todo mal, por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: La paz
sea con todos.
Coro: Y con
tu espíritu.
Sacerdote: Inclinad
vuestras cabezas ante el Señor.
Coro: Ante
Ti, Señor.
El Sacerdote
bendice a los esposos con la siguiente oración:
Que el
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, la Santísima Trinidad consubstancial,
fuente de vida, única Divinidad y Reino, los bendiga, les conceda larga vida,
felicidad, firmeza en la vida y en la fe y los colme de todo bien terrestre,
haciéndoles dignos de los bienes eternos, por intercesión de la Santa Madre de
Dios y de todos los santos. Amén.
Y concluye el
Oficio con la Apólisis:
Sacerdote: Oh Cristo nuestro Dios verdadero, que, con tu
presencia en Caná de Galilea, mostraste la honorabilidad del matrimonio, por
las oraciones de Tu Purísima Madre, la gloriosa siempre Virgen María, las de
los Santos Reyes Constantino y Elena, iguales a los Apóstoles, del Santo gran
Mártir Procopio y de todos los Santos, ten piedad de nosotros y sálvanos, Tú
que eres Bueno y amas a la Humanidad.
Por
las oraciones de nuestros Santos Padres, Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten
piedad de nosotros y sálvanos.
Coro: Amén.
IOBE