Al finalizar la
santa Liturgia, el Sacerdote, precedido por los ceroferarios, por el
turiferario y demás clérigos, sale del Santuario y se coloca en el centro de la
iglesia, mientras el Coro canta (o algún lector lee, si no hay Coro):
Tono 8º
La voz
del Señor se escucha entre las aguas, diciendo: “Venid, recibid todos el
Espíritu de Sabiduría, el Espíritu de entendimiento, el Espíritu de temor a
Dios, con la aparición (Epifanía) de Cristo.
Hoy la
naturaleza de las aguas es santificada y el Jordán detiene su curso, al ver al
Señor lavándose en él.
Oh
Cristo Rey, llegaste al río como un hombre cualquiera, y te acercaste, oh
Bondadoso, a recibir el bautismo, como un siervo, de las manos del Precursor,
para librarnos de nuestros pecados, pues amas a la humanidad.
Gloria... Ahora...
He aquí la voz que clama en el desierto: Preparad
los caminos del Señor. Señor, tu tomaste la forma de esclavo y viniste a pedir
el bautismo, Tú el impecable. Al verte, las aguas temieron y el Precursor
conmovido exclamó: ¿Cómo la Luz puede iluminarse con una lamparilla? ¿Cómo puede
el esclavo imponer sus manos sobre el Señor? Santifícame, oh Salvador, junto
con las aguas, pues tú eres quien quita los pecados del mundo.
Se da
inmediatamente comienzo a las profecías. Pueden tomarse de la Biblia: Isaías
35:1-10. Is. 55:1-13 ó, si el Sacerdote desea abreviar, dirá solamente la
siguiente:
Tercera Lectura del Libro del Profeta Isaías:
Estas palabras dice el Señor: Tomad agua
de las fuentes de salvación con alegría. Y diréis en aquel día: alabad al Señor
e invocad su nombre, contad entre las naciones sus obras y recordad que su
nombre es altísimo. Alabad el nombre del Señor, porque ha hecho maravillas,
publicad esto en toda la tierra. Alegraos y regocijaos, habitantes de la ciudad
de Dios, porque el Santo de nuestro pueblo ha sido exaltado en ella.
Prokímenon:
El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es el libertador de mi vida.
El lector lee la
Epístola.
Lectura de la primera carta del Apóstol Pablo a
los Corintios (Cor. 10:4-9).
No
quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la
nube y todos atravesaron el mar; y todos fueron bautizados en Moisés, por la
nube y el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron
la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y
la roca era Cristo.
Aleluya, aleluya, aleluya
Tono 4º
La
voz del Señor
Sacerdote: Lectura del Santo
Evangelio según San Marcos (Mc. 1:9-11).
En
aquel tiempo: Vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautiza do por Juan en
el Jordán. Y en el momento de salir del agua, vio los cielos abiertos y al
Espíritu que, como una paloma, descendía sobre Él; y vino una voz de los
cielos, que decía: Tú eres mi Hijo amado, en Ti me he complacido.
En paz, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote:
Por la paz que viene de lo alto...
Por la paz del mundo entero...
Por
este santo templo...
Por nuestro Padre y Arzobispo...
Por esta ciudad...
Por la salubridad de los aires
Por los que viajan por tierra, mar y aire...
Para que esta agua sea santificada con la fuerza,
la acción y la venida del Espíritu Santo, roguemos al Señor.
Para que venga sobre esta agua la acción
purificadora de la Santísima Trinidad suprasubstancial, roguemos al Señor.
Para que descienda sobre ella la gracia de la
Redención y la bendición del Jordán, roguemos al Señor.
Para que, con la infusión del Espíritu Santo,
seamos iluminados con la luz de la inteligencia y de la piedad, roguemos al
Señor. Por que esta agua sea don de santificación, perdón de los pecados y
curación del alma y del cuerpo, roguemos al Señor.
Para que esta agua nos sea útil, para obtener la
vida eterna, roguemos al Señor.
Para que sea una defensa contra los ataques de
los enemigos visibles e invisibles, roguemos al Señor.
Por los que tomen de ella o la reciban para
santificación de sus hogares, roguemos al Señor.
Para que sirva a todos aquellos que la tomen o la
reciban con fe como purificación de las almas y los cuerpos, roguemos al Señor.
Para
que seamos merecedores de ser plenamente santificados, al recibir de esta agua,
por la invisible presencia del Espíritu Santo, roguemos al Señor.
Para que el Señor Dios escuche nuestra voz de
pecadores y tenga piedad de nosotros, roguemos al Señor.
Para que seamos libres de toda desgracia,
castigo, peligro y angustia, roguemos al Señor.
Ampáranos, sálvanos...
Conmemorando a la Toda Santa... etc.
Inmediatamente
dice en voz alta la siguiente oración:
Oh
Trinidad inmaterial, llena de bondad, que estás por encima de toda divinidad,
todopoderosa, que todo lo contienes, invisible, incomprensible, creadora de las
substancias espirituales y de las naturalezas racionales, bondad eterna, luz
inaccesible, que iluminas a todo hombre que viene al mundo, ilumíname también a
mí tu servidor, aunque no lo merezco, y da luz a los ojos de mi entendimiento
para que me atreva a alabar tus beneficios, que no tienen número, y tu ilimitado
poder.
Que mi
plegaria por el pueblo, aquí presente, sea aceptada por Ti, para que nuestros
pecados no impidan la venida de la gracia del Espíritu Santo a este lugar.
Permíteme, oh Señor lleno de bondad, que exclame ahora, sin merecer castigo, y
diga: Te glorificamos, Señor Todopoderoso, que amas a la humanidad, Rey Eterno
(tres veces). Te glorificamos oh Hijo Único de Dios, engendrado por una Madre
sin concurso de padre y por un Padre sin concurso de una madre. En la fiesta
pasada te hemos visto como Niño y en la presente Te vemos hombre perfecto, Tú
que eres nuestro Dios perfecto y vienes de la Perfección. Hemos llegado al
momento de la fiesta y el Coro de los Santos se reúne con nosotros y los
Ángeles celebran junto con los hombres. Hoy la gracia del Espíritu Santo se
posó sobre las aguas en forma de paloma. Hoy ha brillado el Sol sin ocaso y el
mundo es iluminado con la luz del Señor. Hoy las estrellas resplandecientes
adornan el universo con la claridad de su luz. Hoy las nubes desde el cielo
llaman a la humanidad a la práctica de la justicia. Hoy el Increado acepta la
imposición de manos de su creatura. Hoy el Profeta y Precursor se acerca al
Señor, pero se detiene atemorizado al ver la condescendencia de Dios hacia
nosotros. Hoy las aguas del Jordán se convierten en salud por la presencia del
Señor. Hoy ha sido abierto el paraíso para la humanidad y ha brillado para
nosotros el Sol de Justicia. Hoy el agua, que era amarga en tiempos de Moisés,
se convierte en dulzura con la presencia del Señor. Hoy hemos sido librados de
los antiguos lamentos y, como un nuevo Israel, hemos sido salvados. Hoy hemos
sido rescatados de las tinieblas y ha brillado para nosotros la luz del
conocimiento de Dios. Hoy las sombras del mundo se disipan con la Epifanía
(manifestación) de nuestro Dios. Hoy toda la creación recibe la luz de los
cielos. Hoy el error es abatido y la venida del Señor nos ha abierto el camino
de la salvación. Hoy los celestiales celebran esta fiesta junto con los terrestres
y los que están abajo se unen a los de las alturas. Hoy el pueblo ortodoxo a
grandes voces se regocija. Hoy el Señor viene a ser bautizado para elevar a la
humanidad hasta las alturas. Hoy el que nunca se inclina, se inclina ante su
siervo para librarnos de la esclavitud. Hoy hemos adquirido el Reino de los
cielos, porque el Reino del Señor no tiene fin. Hoy la tierra y el mar comparten
la alegría del mundo, y este se ha llenado de gozo. Te han contemplado las
aguas, oh Dios, te han visto las aguas y han tenido miedo. El Jordán volvió
hacia atrás cuando vio el fuego de la Divinidad venir y reposarse sobre él en
forma humana. El Jordán volvió hacia atrás cuando vio venir al Espíritu Santo
en forma de paloma y posarse sobre Ti. El Jordán volvió hacia atrás cuando vio
al Invisible con sus propios ojos, al Creador en forma humana y al Señor en
forma de esclavo. El Jordán volvió hacia atrás y las montañas exultaron de gozo
al ver a Dios encarnado. Las nubes lanzaron voces de admiración por El que
viene —y que es Luz de Luz y Dios verdadero de Dios verdadero— a sepultar en el
Jordán al monstruo del pecado, al arma del error y el poder del infierno, dando
al mundo el bautismo de salvación. Por todo eso, yo tu indigno servidor, Señor,
me veo embargado por el temor, al proclamar tus maravillas, y exclamo con
piedad:
Grande eres, Señor, y tus obras son maravillosas
y no hay palabras suficientes para expresar tus maravillas (tres veces). Con tu
voluntad ha sacado todas las cosas de la nada a la existencia, con tu poder
sostienes la creación y con tu providencia riges el mundo. (Compusiste la
naturaleza de cuatro elementos y coronaste el año con cuatro estaciones). Ante
Ti tiemblan todas las legiones de los ángeles; a Ti Te canta el sol, te
glorifica la luna, te escoltan las estrellas y te obedece la luz. A Tu paso se
derrumban los abismos; A Ti te sirven las fuentes; Tu has extendido los cielos
como una tienda de campaña y has estabilizado la tierra en medio de las aguas;
has rodeado las aguas de arena y distribuyes el aire para que respiremos. Las
legiones angélicas te sirven y los coros de los arcángeles te adoran. Los
Querubines (todos cubiertos de ojos) y los Serafines (de sus alas) están ante
Ti y vuelan en derredor de tu Trono, velándose el rostro por temor de Tu gloria
inaccesible. Viniste a la tierra, tomaste forma de siervo y te hiciste
semejante a los hombres, siendo el Dios indescriptible inefable, eterno e
incomprensible. Por las entrañas de tu misericordia, Señor, no pudiste sufrir
ver al género humano atormentado por el demonio, sino que has venido y nos has
salvado. Confesamos esta gracia, proclamamos esta misericordia y publicamos
este beneficio. Tu purificaste los gérmenes de nuestra naturaleza y
santificaste las entrañas virginales con tu nacimiento. Toda la creación te
entonó un himno cuando apareciste entre nosotros, porque Tú, oh Dios nuestro,
estuviste en la tierra y viviste en medio de los hombres; Tú santificaste las
aguas del Jordán, enviando de lo alto del cielo tu Espíritu Santo, y
quebrantaste la cabeza de los demonios que allí habitaban, Tú, por tanto, oh
Rey amante de la humanidad, ven ahora y santifica esta agua con la venida de Tu
Espíritu Santo (tres veces).
Dale
la gracia de la Redención, la bendición del Jordán, hazla fuente de
incorrupción, don de santificación, perdón de los pecados, alivio de las
enfermedades y confusión de los demonios. Que, una vez llena de la fuerza de
los ángeles, sea inaccesible a las potencias enemigas, para que todos los que
la reciban o tomen de ella les aproveche para purificación de sus almas y de sus
cuerpos, para alivio de los dolores, para santificación de los hogares y para
todo lo que sea útil y conveniente. Porque Tú eres quien renovó nuestra
naturaleza, después que hubo caído en el pecado, y sumergiste el pecado en las
aguas en época de Noé. Tú libraste en el mar a los hebreos de la esclavitud del
Faraón bajo la conducción de Moisés. Tú eres nuestro Dios e hiciste brotar de
la roca en el desierto manantiales de agua viva, que sació a tu pueblo
sediento. Tú eres nuestro Dios y por el fuego y el agua libraste a Israel del
error de Baal por manos de Elías. Tú, Señor, santifica esta agua por Tu
Espíritu Santo (3 veces) y haz
que todos los que la tocan, la tomen o sean ungidos con ella obtengan la
santificación, la bendición, la purificación y la salud.” Salva, Señor, a tu
Iglesia y consérvala en paz, abate a sus enemigos, concede a los cristianos
todo lo que pidan para su salvación y la vida eterna. Acuérdate, Señor, de
nuestro Arzobispo N., de los Sacerdotes, de los Diáconos en Cristo y de todo el
Clero. Acuérdate, Señor, del pueblo que nos rodea y de nuestros hermanos
ausentes por una causa justa, y ten piedad de nosotros y de ellos según tu inmensa
misericordia, a fin de que sea glorificado Tu Santo Nombre, por los ángeles,
los hombres y por toda la creación visible e invisible, oh Padre, Hijo y
Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Sacerdote: La paz
sea con vosotros.
Coro: Y con
tu espíritu.
Sacerdote: Inclinad
vuestras cabezas ante el Señor.
Coro: Ante
Ti Señor.
Sacerdote: Inclina,
Señor, tu oído y escúchanos, Tú que santificaste las aguas, cuando quisiste ser
bautizado en el Jordán, y bendícenos a todos los que, con la inclinación de
nuestras cabezas, simbolizamos nuestra esclavitud. hasnos dignos de llenarnos
de tu santidad, al recibir esta agua y al ser asperjados con ella. Que sirva,
Señor, para la salud de nuestras almas y cuerpos.
Porque tú eres la santificación de nuestras almas
y de nuestros cuerpos, y Te tributamos gloria, acción de gracias y adoración a
Ti, oh Cristo Dios, y a Tu Padre Eterno y a Tu Santísimo Espíritu Bueno, que da
vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
El Sacerdote
procede ahora a bendecir las aguas con la Cruz, que sumerge en el agua,
cantando:
Cuando fuiste bautizado, Señor, en el Jordán, se
manifestó la adorable Trinidad: porque la voz del Padre dio testimonio de Ti,
llamándote su Hijo amado, y el Espíritu, en forma de paloma, confirmó la
veracidad de estas palabras. Señor, que con tu Epifanía (manifestación) has
iluminado al mundo ¡gloria a Ti!
Y repite el mismo tropario tres veces. Luego rocía la Iglesia en forma de
Cruz de Oriente a Occidente y de Norte a Sur, mientras se canta el Kondakio:
Hoy te has manifestado al mundo y tu luz, Señor, se ha grabado en
nosotros, que, conociéndote, Te cantamos: ¡Has venido y te has manifestado, oh
Luz inaccesible!
Luego rocía el
Santuario, desde la Puerta Real. Finalmente se acerca el pueblo y recibe la
bendición, tomando o siendo rociado con el agua santa. Termina el Oficio con la
Apólisis:
Oh Cristo, nuestro Dios verdadero, que por
nuestra salvación aceptaste ser bautizado por Juan Bautista en el Jordán, por
intercesión de tu purísima Madre...
etc...