Reg. BA N°19 - 2003         IOBE

Oficio de la gran Santificación de las aguas en el día de la Epifanía

 

Al finalizar la santa Liturgia, el Sacerdote, precedido por los ceroferarios, por el turiferario y demás clérigos, sale del Santuario y se coloca en el centro de la iglesia, mientras el Coro canta (o algún lector lee, si no hay Coro):

 

Tono 8º

      La voz del Señor se escucha entre las aguas, diciendo: “Venid, recibid todos el Espíritu de Sabiduría, el Espíritu de entendimiento, el Espíritu de temor a Dios, con la aparición (Epifanía) de Cristo.

      Hoy la naturaleza de las aguas es santificada y el Jordán detiene su curso, al ver al Señor lavándose en él.

      Oh Cristo Rey, llegaste al río como un hombre cualquiera, y te acercaste, oh Bondadoso, a recibir el bautismo, como un siervo, de las manos del Precursor, para librarnos de nuestros pecados, pues amas a la humanidad.

Gloria... Ahora...

 

He aquí la voz que clama en el desierto: Preparad los caminos del Señor. Señor, tu tomaste la forma de esclavo y viniste a pedir el bautismo, Tú el impecable. Al verte, las aguas temieron y el Precursor conmovido exclamó: ¿Cómo la Luz puede iluminarse con una lamparilla? ¿Cómo puede el esclavo imponer sus manos sobre el Señor? Santifícame, oh Salvador, junto con las aguas, pues tú eres quien quita los pecados del mundo.

 

Se da inmediatamente comienzo a las profecías. Pueden tomarse de la Biblia: Isaías 35:1-10. Is. 55:1-13 ó, si el Sacerdote desea abreviar, dirá solamente la siguiente:

 

Tercera Lectura del Libro del Profeta Isaías:

 

      Estas palabras dice el Señor: Tomad agua de las fuentes de salvación con alegría. Y diréis en aquel día: alabad al Señor e invocad su nombre, contad entre las naciones sus obras y recordad que su nombre es altísimo. Alabad el nombre del Señor, porque ha hecho maravillas, publicad esto en toda la tierra. Alegraos y regocijaos, habitantes de la ciudad de Dios, porque el Santo de nuestro pueblo ha sido exaltado en ella.

 

Prokímenon:

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es el libertador de mi vida.

 

El lector lee la Epístola.

 

Lectura de la primera carta del Apóstol Pablo a los Corintios (Cor. 10:4-9).

 

      No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar; y todos fueron bautizados en Moisés, por la nube y el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo.

 

Aleluya, aleluya, aleluya

 

Tono 4º

      La voz del Señor

 

Sacerdote: Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc. 1:9-11).

 

      En aquel tiempo: Vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautiza do por Juan en el Jordán. Y en el momento de salir del agua, vio los cielos abiertos y al Espíritu que, como una paloma, descendía sobre Él; y vino una voz de los cielos, que decía: Tú eres mi Hijo amado, en Ti me he complacido.

 

En paz, roguemos al Señor.

 

Coro: Señor, ten piedad.

 

Sacerdote:

Por la paz que viene de lo alto...

Por la paz del mundo entero...

Por este santo templo...

Por nuestro Padre y Arzobispo...

Por esta ciudad...

Por la salubridad de los aires

Por los que viajan por tierra, mar y aire...

Para que esta agua sea santificada con la fuerza, la acción y la venida del Espíritu Santo, roguemos al Señor.

Para que venga sobre esta agua la acción purificadora de la Santísima Trinidad suprasubstancial, roguemos al Señor.

Para que descienda sobre ella la gracia de la Redención y la bendición del Jordán, roguemos al Señor.

Para que, con la infusión del Espíritu Santo, seamos iluminados con la luz de la inteligencia y de la piedad, roguemos al Señor. Por que esta agua sea don de santificación, perdón de los pecados y curación del alma y del cuerpo, roguemos al Señor.

Para que esta agua nos sea útil, para obtener la vida eterna, roguemos al Señor.

Para que sea una defensa contra los ataques de los enemigos visibles e invisibles, roguemos al Señor.

Por los que tomen de ella o la reciban para santificación de sus hogares, roguemos al Señor.

Para que sirva a todos aquellos que la tomen o la reciban con fe como purificación de las almas y los cuerpos, roguemos al Señor.

Para que seamos merecedores de ser plenamente santificados, al recibir de esta agua, por la invisible presencia del Espíritu Santo, roguemos al Señor.

Para que el Señor Dios escuche nuestra voz de pecadores y tenga piedad de nosotros, roguemos al Señor.

Para que seamos libres de toda desgracia, castigo, peligro y angustia, roguemos al Señor.

Ampáranos, sálvanos...

Conmemorando a la Toda Santa...  etc.

 

Inmediatamente dice en voz alta la siguiente oración:

 

      Oh Trinidad inmaterial, llena de bondad, que estás por encima de toda divinidad, todopoderosa, que todo lo contienes, invisible, incomprensible, creadora de las substancias espirituales y de las naturalezas racionales, bondad eterna, luz inaccesible, que iluminas a todo hombre que viene al mundo, ilumíname también a mí tu servidor, aunque no lo merezco, y da luz a los ojos de mi entendimiento para que me atreva a alabar tus beneficios, que no tienen número, y tu ilimitado poder.

      Que mi plegaria por el pueblo, aquí presente, sea aceptada por Ti, para que nuestros pecados no impidan la venida de la gracia del Espíritu Santo a este lugar. Permíteme, oh Señor lleno de bondad, que exclame ahora, sin merecer castigo, y diga: Te glorificamos, Señor Todopoderoso, que amas a la humanidad, Rey Eterno (tres veces). Te glorificamos oh Hijo Único de Dios, engendrado por una Madre sin concurso de padre y por un Padre sin concurso de una madre. En la fiesta pasada te hemos visto como Niño y en la presente Te vemos hombre perfecto, Tú que eres nuestro Dios perfecto y vienes de la Perfección. Hemos llegado al momento de la fiesta y el Coro de los Santos se reúne con nosotros y los Ángeles celebran junto con los hombres. Hoy la gracia del Espíritu Santo se posó sobre las aguas en forma de paloma. Hoy ha brillado el Sol sin ocaso y el mundo es iluminado con la luz del Señor. Hoy las estrellas resplandecientes adornan el universo con la claridad de su luz. Hoy las nubes desde el cielo llaman a la humanidad a la práctica de la justicia. Hoy el Increado acepta la imposición de manos de su creatura. Hoy el Profeta y Precursor se acerca al Señor, pero se detiene atemorizado al ver la condescendencia de Dios hacia nosotros. Hoy las aguas del Jordán se convierten en salud por la presencia del Señor. Hoy ha sido abierto el paraíso para la humanidad y ha brillado para nosotros el Sol de Justicia. Hoy el agua, que era amarga en tiempos de Moisés, se convierte en dulzura con la presencia del Señor. Hoy hemos sido librados de los antiguos lamentos y, como un nuevo Israel, hemos sido salvados. Hoy hemos sido rescatados de las tinieblas y ha brillado para nosotros la luz del conocimiento de Dios. Hoy las sombras del mundo se disipan con la Epifanía (manifestación) de nuestro Dios. Hoy toda la creación recibe la luz de los cielos. Hoy el error es abatido y la venida del Señor nos ha abierto el camino de la salvación. Hoy los celestiales celebran esta fiesta junto con los terrestres y los que están abajo se unen a los de las alturas. Hoy el pueblo ortodoxo a grandes voces se regocija. Hoy el Señor viene a ser bautizado para elevar a la humanidad hasta las alturas. Hoy el que nunca se inclina, se inclina ante su siervo para librarnos de la esclavitud. Hoy hemos adquirido el Reino de los cielos, porque el Reino del Señor no tiene fin. Hoy la tierra y el mar comparten la alegría del mundo, y este se ha llenado de gozo. Te han contemplado las aguas, oh Dios, te han visto las aguas y han tenido miedo. El Jordán volvió hacia atrás cuando vio el fuego de la Divinidad venir y reposarse sobre él en forma humana. El Jordán volvió hacia atrás cuando vio venir al Espíritu Santo en forma de paloma y posarse sobre Ti. El Jordán volvió hacia atrás cuando vio al Invisible con sus propios ojos, al Creador en forma humana y al Señor en forma de esclavo. El Jordán volvió hacia atrás y las montañas exultaron de gozo al ver a Dios encarnado. Las nubes lanzaron voces de admiración por El que viene —y que es Luz de Luz y Dios verdadero de Dios verdadero— a sepultar en el Jordán al monstruo del pecado, al arma del error y el poder del infierno, dando al mundo el bautismo de salvación. Por todo eso, yo tu indigno servidor, Señor, me veo embargado por el temor, al proclamar tus maravillas, y exclamo con piedad:

Grande eres, Señor, y tus obras son maravillosas y no hay palabras suficientes para expresar tus maravillas (tres veces). Con tu voluntad ha sacado todas las cosas de la nada a la existencia, con tu poder sostienes la creación y con tu providencia riges el mundo. (Compusiste la naturaleza de cuatro elementos y coronaste el año con cuatro estaciones). Ante Ti tiemblan todas las legiones de los ángeles; a Ti Te canta el sol, te glorifica la luna, te escoltan las estrellas y te obedece la luz. A Tu paso se derrumban los abismos; A Ti te sirven las fuentes; Tu has extendido los cielos como una tienda de campaña y has estabilizado la tierra en medio de las aguas; has rodeado las aguas de arena y distribuyes el aire para que respiremos. Las legiones angélicas te sirven y los coros de los arcángeles te adoran. Los Querubines (todos cubiertos de ojos) y los Serafines (de sus alas) están ante Ti y vuelan en derredor de tu Trono, velándose el rostro por temor de Tu gloria inaccesible. Viniste a la tierra, tomaste forma de siervo y te hiciste semejante a los hombres, siendo el Dios indescriptible inefable, eterno e incomprensible. Por las entrañas de tu misericordia, Señor, no pudiste sufrir ver al género humano atormentado por el demonio, sino que has venido y nos has salvado. Confesamos esta gracia, proclamamos esta misericordia y publicamos este beneficio. Tu purificaste los gérmenes de nuestra naturaleza y santificaste las entrañas virginales con tu nacimiento. Toda la creación te entonó un himno cuando apareciste entre nosotros, porque Tú, oh Dios nuestro, estuviste en la tierra y viviste en medio de los hombres; Tú santificaste las aguas del Jordán, enviando de lo alto del cielo tu Espíritu Santo, y quebrantaste la cabeza de los demonios que allí habitaban, Tú, por tanto, oh Rey amante de la humanidad, ven ahora y santifica esta agua con la venida de Tu Espíritu Santo (tres veces).

      Dale la gracia de la Redención, la bendición del Jordán, hazla fuente de incorrupción, don de santificación, perdón de los pecados, alivio de las enfermedades y confusión de los demonios. Que, una vez llena de la fuerza de los ángeles, sea inaccesible a las potencias enemigas, para que todos los que la reciban o tomen de ella les aproveche para purificación de sus almas y de sus cuerpos, para alivio de los dolores, para santificación de los hogares y para todo lo que sea útil y conveniente. Porque Tú eres quien renovó nuestra naturaleza, después que hubo caído en el pecado, y sumergiste el pecado en las aguas en época de Noé. Tú libraste en el mar a los hebreos de la esclavitud del Faraón bajo la conducción de Moisés. Tú eres nuestro Dios e hiciste brotar de la roca en el desierto manantiales de agua viva, que sació a tu pueblo sediento. Tú eres nuestro Dios y por el fuego y el agua libraste a Israel del error de Baal por manos de Elías. Tú, Señor, santifica esta agua por Tu Espíritu Santo (3 veces) y haz que todos los que la tocan, la tomen o sean ungidos con ella obtengan la santificación, la bendición, la purificación y la salud.” Salva, Señor, a tu Iglesia y consérvala en paz, abate a sus enemigos, concede a los cristianos todo lo que pidan para su salvación y la vida eterna. Acuérdate, Señor, de nuestro Arzobispo N., de los Sacerdotes, de los Diáconos en Cristo y de todo el Clero. Acuérdate, Señor, del pueblo que nos rodea y de nuestros hermanos ausentes por una causa justa, y ten piedad de nosotros y de ellos según tu inmensa misericordia, a fin de que sea glorificado Tu Santo Nombre, por los ángeles, los hombres y por toda la creación visible e invisible, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Sacerdote: La paz sea con vosotros.

 

Coro: Y con tu espíritu.

 

Sacerdote: Inclinad vuestras cabezas ante el Señor.

 

Coro: Ante Ti Señor.

 

Sacerdote: Inclina, Señor, tu oído y escúchanos, Tú que santificaste las aguas, cuando quisiste ser bautizado en el Jordán, y bendícenos a todos los que, con la inclinación de nuestras cabezas, simbolizamos nuestra esclavitud. hasnos dignos de llenarnos de tu santidad, al recibir esta agua y al ser asperjados con ella. Que sirva, Señor, para la salud de nuestras almas y cuerpos.

Porque tú eres la santificación de nuestras almas y de nuestros cuerpos, y Te tributamos gloria, acción de gracias y adoración a Ti, oh Cristo Dios, y a Tu Padre Eterno y a Tu Santísimo Espíritu Bueno, que da vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Coro: Amén.

 

El Sacerdote procede ahora a bendecir las aguas con la Cruz, que sumerge en el agua, cantando:

 

Cuando fuiste bautizado, Señor, en el Jordán, se manifestó la adorable Trinidad: porque la voz del Padre dio testimonio de Ti, llamándote su Hijo amado, y el Espíritu, en forma de paloma, confirmó la veracidad de estas palabras. Señor, que con tu Epifanía (manifestación) has iluminado al mundo ¡gloria a Ti!

 

Y repite el mismo tropario tres veces. Luego rocía la Iglesia en forma de Cruz de Oriente a Occidente y de Norte a Sur, mientras se canta el Kondakio:

 

Hoy te has manifestado al mundo y tu luz, Señor, se ha grabado en nosotros, que, conociéndote, Te cantamos: ¡Has venido y te has manifestado, oh Luz inaccesible!

 

Luego rocía el Santuario, desde la Puerta Real. Finalmente se acerca el pueblo y recibe la bendición, tomando o siendo rociado con el agua santa. Termina el Oficio con la Apólisis:

 

Oh Cristo, nuestro Dios verdadero, que por nuestra salvación aceptaste ser bautizado por Juan Bautista en el Jordán, por intercesión de tu purísima Madre...  etc...

 

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