El Sacerdote que
va a bendecir una casa nueva lleva consigo agua bendita y una pequeña vasija de
aceite, que colocará en una pequeña mesa, cubierta con un mantel blanco y
preparada de antemano, y donde pondrá también un pequeño Libro de los
Evangelios, una Cruz y dos velas encendidas. El Sacerdote se reviste de
epitrajilion y, si lo desea, también del felonio y, mirando hacia el Oriente,
comienza: [1]
Sacerdote: Bendito
sea nuestro Dios...
Lect.: Rey Celestial... Santo Dios... (3 veces)
Gloria... Ahora... Santísima Trinidad...
Gloria... Ahora... Padre Nuestro... Porque tuyo es el reino... Amén.
Señor, ten piedad (12 veces).
Gloria... Ahora...
Lect.: Venid,
prosternémonos y adoremos a Cristo nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo
nuestro Rey y Nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante el mismo
Cristo, nuestro Rey nuestro Dios.
Y el Salmo 90.
El que mora al abrigo del Altísimo y se
aloja a la sombra del Dios del cielo dice al Señor: Tú eres mi refugio y
fortaleza, mi Dios, en quien confío. Porque El te librará de la red del
cazador, de la peste funesta; te cubrirá bajo su protección, un refugio
hallarás bajo sus alas. No temerás el terror de la noche ni la saeta que de día
vuela, ni la peste que avanza en las tinieblas, ni el azote que desvasta al
mediodía. Aunque a tu lado caigan mil y diez mil a tu diestra, a ti no ha de
alcanzarte; escudo y adarga es su lealtad. Basta con que mires con tus ojos,
verás el galardón de los impíos, que tu dices: mi refugio es el Señor y haces
del Altísimo tu asilo. No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga se acercará a tu
morada; que Él dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos sus
caminos. Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie;
pisarás sobre el áspid y la víbora, hollarás al leoncillo y al dragón. Pues él
se refugia en mí, yo he de librarle; le exaltaré pues conoce mi nombre. Me
llamará y le responderé. Estaré a su lado en la desgracia, le libraré y le
glorificaré. Hartura le daré de largos días y haré que vea mi salvación.
Al terminar el Salmo, se dice:
Aleluya, Aleluya, Aleluya, gloria a Ti, oh Dios. (3 veces).
Y se termina
diciendo:
¡Oh
Dios nuestro y esperanza nuestra, Gloria a Ti!
Así como la salvación entró en la casa de Zaqueo
con tu entrada, oh Cristo, ahora también por la entrada de tus sagrados ministros,
y de los ángeles con ellos, concede la paz a esta casa y bendícela
misericordiosamente, salvando e iluminando a todos los que van a vivir en ella.
Sacerdote: Roguemos
al Señor.
Coro: Señor,
ten piedad.
Sacerdote: Señor Jesucristo
nuestro Dios, que te dignaste entrar bajo el techo de Zaqueo el publicano y
llevaste a él y a toda su casa la salvación: Tú, Señor, guarda inmune de todo
mal a los que quieran vivir en esta casa, por la oración de nosotros tus
humildes servidores, y bendícelos a ellos y a esta morada, preservando siempre
sus vidas de los ataques del enemigo y derramando sobre ellos la abundancia de
tus bienes. Porque Te es debida toda gloria, honor y adoración, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Sacerdote: La paz
sea con todos.
Coro: Y con tu
espíritu.
Sacerdote: Inclinad
vuestras cabezas ante el Señor.
Coro: Ante
Ti, Señor
.
El Sacerdote
bendice ahora tres veces el aceite, haciendo con su mano derecha la cruz y
diciendo:
En el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.
Y continúa,
diciendo la siguiente oración:
Señor
nuestro Dios, escucha misericordioso la súplica que yo, tu indigno siervo, te
dirijo y envía la gracia de tu Santísimo Espíritu a este aceite, y santifícalo,
para que sirva para la santificación de esta casa (o este lugar) y para la
expulsión de toda maquinación diabólica. Porque Tú eres Quien bendice y
santifica todas las cosas, oh Cristo Dios, y Te glorificamos a Ti y a Tu Eterno
Padre, y a tu Santísimo Espíritu, Bueno, que da vida, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos.
Coro: Amén.
El Sacerdote toma
el agua bendita y rocía con ella todos los muros de la casa en forma de Cruz
diciendo:
Que
toda acción de los espíritus del mal sea anulada por el rocío de esta agua
santa y la fuerza del Espíritu Divino, en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
Después de haber
rociado toda la casa, el Sacerdote toma el aceite y unge con él los muros de la
casa, haciendo la señal de la Cruz, comenzando por el muro oriental de la casa,
siguiendo con el Oeste, luego el del Norte y finalmente el del Sur, diciendo en
cada uno:
Es
bendecida esta casa con la unción de este santo aceite: En el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Después de
terminar la unción, se encienden las velas de los presentes. El Coro entona el
siguiente Tropario (tono 5).
Bendice,
Señor, esta casa y llénala de tus bienes terrenales. Guarda a tus siervos de
toda circunstancia adversa, pues ellos desean vivir aquí piadosamente. Derrama
sobre ellos la abundancia celestial y las bendiciones materiales, y puesto que
eres Bueno, manifiesta tu misericordia, según tu indecible condescendencia.
Terminado el
Tropario, el Sacerdote lee el Santo Evangelio.
Sabiduría.
Atendamos. Escuchemos el Santo Evangelio. La paz sea con todos.
Coro: Y con
tu espíritu.
Sacerdote: Lectura
del Santo Evangelio según San Lucas (19:1-10).
Coro: ¡Gloria a Ti, Señor, gloria Ti!
Sacerdote: ¡Atendamos!
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y
atravesaba la ciudad. Y había allí un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de
publicanos y muy rico, el cual trataba de ver quién era Jesús, pero no podía
por causa de la multitud, ya que él era pequeño de estatura. Y echó a correr
hacia adelante y se subió a una higuera para ver a Jesús, pues tenía que pasar
por allí. Cuando Jesús llegó a aquel sitio, miró hacia arriba y le dijo:
Zaqueo, baja deprisa; porque conviene que hoy me quede en tu casa. Bajó deprisa
y lo recibió en su casa muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, comentando
que había ido a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se levantó y dijo
al Señor. Mira, Señor; voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si en
algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces más. Y Jesús le dijo:
Hoy ha llegado la salvación a esta casa; pues también este es hijo de Abraham.
Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.
Coro: ¡Gloria a Ti,
Señor, gloria a Ti!
Y se reza
inmediatamente el Salmo 100.
Quiero
cantar amor y juicio para Ti, Señor. Caminaré por el camino de la perfección,
cuando vengas a mí. Procederé con un corazón justo dentro de mi casa; No pondré
delante de mis ojos nada malo. Detesto la conducta de los extraviados; Ninguno
de ellos se acercará a mí. No conoceré al malvado. Al que solapadamente infama
a su prójimo, yo le destruiré; No soportaré al de ojos altaneros y al de
corazón orgulloso. Pondré mis ojos en los justos de la tierra, para que estén
conmigo; El que ande por el camino de la perfección éste me servirá. No
habitará dentro de mi casa el que hace fraudes. El que dice mentiras no
persistirá delante de mis ojos. Cada mañana he de destruir a todos los impíos
de la tierra, para que sean extirpados de la ciudad de Dios todos los hacen el
maligno.
Mientras se dice
el Salmo y si el Sacerdote lo desea, puede incensar toda la casa.
Terminado el Salmo
sigue la Ektenia:
Sacerdote: Ten piedad de nosotros,
oh Dios, según tu inmensa misericordia. ¡Te rogamos nos escuches y tengas
piedad!
Coro: Señor,
ten piedad, Señor, ten piedad, Señor,
ten piedad.
Sacerdote: Te
rogamos también que envíes tu bendición sobre esta casa y sobre tus servidores
(N.N.) y sobre todos los que desean vivir aquí en la justicia; y te suplicamos
que venga hacia ellos tu ángel de misericordia, que los guarde. proteja y guíe
hacia el cumplimiento de toda obra buena y la observancia de los mandamientos
de Cristo; y rogamos también que se vean libres del hambre, las enfermedades,
los terremotos, las inundaciones, el fuego, de los ataques de los enemigos y de
todo peligro de muerte; y que les sea concedida larga vida, salud y paz.
Digamos todos por ellos: Señor, escúchanos y ten piedad. Señor, ten piedad:
Coro: Señor,
ten piedad, Señor, ten piedad, Señor,
ten piedad.
Sacerdote:Escúchanos,
oh Dios Salvador nuestro, esperanza de todas las regiones de la tierra y de los
que están lejos en los mares; y muéstranos tu misericordia, oh Señor,
muéstranos tu misericordia a nosotros pecadores y ten piedad de nosotros.
Porque Tú eres un Dios misericordioso y amante de la humanidad y Te
glorificamos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de
los siglos. Amén.
Y termina el
Oficio con la Apólisis del Día.
Se inicia con las
fórmulas de costumbre, pero cantando el Cristo resucitó, y se dice la siguiente
oración:
Sacerdote: Señor
Nuestro Dios, Creador y Hacedor de todas las cosas: Bendice estos huevos y los
demás alimentos, y consérvanos en tu amable bondad, para que, compartiéndolos,
seamos llenos de tus dones y de tu inefable misericordia, que derramas
abundantemente sobre nosotros. Porque tuyo es el poder, el reino, la fuerza y
la gloria, oh Padre, Hijo y
Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Y se termina
cantando el “Cristo resucitó.”
·
Bendición de los Ramos el Domingo de Ramos
Al terminar la Santa
Liturgia, el Sacerdote inciensa los ramos, colocados en una mesa frente al
Iconostasio y luego dice la siguiente oración:
Sacerdote: Señor Nuestro Dios, que reposas en los Querubines, que has redimido a tus
descendientes y que enviaste a Tu Hijo Único nuestro Señor Jesucristo para que
salvara al mundo por Su Cruz, Su Muerte y Su Resurrección. Y Él, al llegar a
Jerusalén, antes de su voluntaria Pasión, fue recibido por el pueblo, que
estaba en las tinieblas y en las sombras de la muerte, y que lo aclamó,
llevando en sus manos palmas y ramos de olivo como símbolo de la victoria,
celebrando anticipadamente Su Resurrección. Tú mismo, Señor, fortalécenos a
nosotros que, a imitación de aquellos niños, llevamos, en este día de la
ante-fiesta, palmas y ramos de olivo. Protégenos a los que corno aquellos
pueblos y aquellos niños Te cantamos. Hosanna, para que en medio de cánticos e
himnos espirituales, seamos dignos de celebrar tu Resurrección que da vida,
ocurrida al tercer día de tu sepultura. Por el mismo Cristo Nuestro Señor, con
Quien eres bendito juntamente con Tu Santísimo Espíritu, Bueno, que da vida,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Y se hace la procesión de los ramos por toda la Iglesia.
Se inicia con las
oraciones de costumbre: Bendito sea
Dios... etc... y se prosigue con
la siguiente oración:
Soberano Señor Nuestro Dios, por Quien encuentran
descanso las almas de los fieles, bendice este sepulcro de tu siervo N. y en
vía Tu Santo Ángel a protegerlo. Que el cuerpo que va a ser sepultado aquí
descanse en paz hasta Tu segunda Venida, que es la Resurrección de este tu
servidor N..
De modo que su espíritu, libre de toda atadura pecaminosa, obtenga la eterna
felicidad y se vea agregado a los Coros de los Santos. Porque Tú eres el Rey de
la paz y el Salvador de nuestras almas, y te glorificamos, oh Padre, Hijo y
Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
El Sacerdote rocía el sepulcro con agua bendita, diciendo:
Sea
bendecido este sepulcro con la acción del Espíritu Santo y la aspersión de esta
agua en el Nombre del Padres del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Y se dice la
Apólisis de los Difuntos.
Bendito sea Dios, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos. Amén.
Santo Dios...
etc. (3
veces) Gloría al Padre...
Ahora y siempre... Santísima
Trinidad... Gloria... Ahora... Padre
Nuestro... Porque tuyo es el reino...
Amén.
Tropario (Tono
4º).
Envía tu
gracia desde el cielo, Tu que das la vida, santifica esta agua y haz que sirva
para purificación de toda impureza.
Sacerdote: Roguemos
al Señor.
Coro: Señor,
ten piedad.
Sacerdote: Oh
Dios sumamente glorioso, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, cuyas maravillas no
tienen número, y ante quien huyen las aguas, Tú que, por el bautismo de Tu
Unigénito Hijo encarnado, por el descenso de Tu Santísimo Espíritu y por tu voz
paternal, santificaste las aguas del Jordán. Nosotros, tus indignos servidores,
Te suplicamos y rogamos que envíes ahora la gracia de Tu Santísimo Espíritu
sobre esta agua; bendícela, santifícala y purifícala con tu bendición
celestial, y dale la gracia y la bendición del Jordán, el poder para que sea
purificación de toda impureza y expulsión de los demonios con todas sus
insidias y asechanzas. Y por el poder, la operación y la gracia del Santísimo
Espíritu, manifiéstate en esta agua para bien de todos tus siervos que la
reciban con fe o sean rociados con ella, para el perdón de los pecados, liberación
de las pasiones, expulsión de todo mal, para incremento de la virtud, alivio de
las enfermedades, bendición y santificación de los hogares y de todo lugar, y
para la adquisición de tu gracia. Porque Tu bendices y santificas todas las
cosas, oh Dios, nuestro, y Te glorificamos a Ti y a Tu Hijo Único y a Tu
Espíritu Santo y Bueno, que nos da la vida, ahora y siempre y por los siglos de
los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: La paz
sea con todos.
Coro: Y con
tu espíritu.
Sacerdote: Inclinad
vuestras cabezas ante el Señor.
Coro: Ante Ti, Señor
(nos inclinamos).
Sacerdote: Señor, que
santificaste las aguas del Jordán con la manifestación de Tu Cristo, escúchanos
y bendícenos a nosotros, que con la inclinación de nuestra cabeza, expresamos
nuestra obediencia a Ti. Haznos dignos de ser santificados por la recepción de
esta agua; que ella sea curación de nuestras almas y de nuestros cuerpos.
Porque
Tú eres nuestra santificación, y a Ti sea gloria, oh Padre, Hijo y Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Todos:
Amén.
El Sacerdote toma
la Cruz y la sumerge en el agua, trazando la señal de la Cruz y cantando el
siguiente tropario.
Tono 1º
Salva,
Señor, a tu pueblo y bendice a tu heredad. Concede la victoria a la Iglesia
contra sus enemigos, y protege a tu pueblo, por la fuerza de Tu Cruz.
·
Bendición de una Casa el Día de Epifanía
Bendito sea Dios... Amén. Santo Dios... etc. (3 veces).
Gloria... Ahora... Santísima Trinidad... Gloria... Ahora... Padre Nuestro... Porque tuyo es el reino...
etc. Amén.
Cuando fuiste bautizado, Señor, en el Jordán se
manifestó la adorable Trinidad; pues la voz del Padre dio testimonio de Ti,
llamándote su Hijo bienamado, y el Espíritu, en forma de paloma, confirmó esa
voz inefable. Oh Cristo Dios, que Te manifestaste al mundo y lo iluminaste:
gloria a Ti.
Sacerdote: Roguemos al Señor.
Coro: Señor,
ten piedad.
Sacerdote: Señor Nuestro Salvador, Luz
verdadera, que fuiste bautizado en el Jordán para renovar toda la humanidad por
el baño de un nuevo nacimiento, que Te dignaste entrar bajo el techo de Zaqueo
y llevaste la salvación a él y a toda su casa; Tu, Señor, libra de toda
asechanza a los que viven aquí; otórgales tu bendición, la purificación y la
salud, y concédeles todo lo que te piden para su salvación y para la vida
eterna. Pues Tú eres Bendito, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre
y por los siglos de los siglos. Amén.
El Sacerdote rocía
ahora a los presentes y toda la casa con el Agua Santa, mientras se canta el
Kondakio
Tono 1º
Te
manifestaste al universo, Señor, y Tu luz brilló sobre nosotros, que,
conociéndote. Te adoramos: pues has venido y Te has manifestado, oh Luz
inaccesible.
Despedida
Oh
Cristo, nuestro Dios verdadero, que fuiste bautizado por San Juan en el Jordán,
para salvación de todos nosotros, por intercesión de Tu purísima Madre y de
todos los Santos, ten piedad de nosotros y sálvanos, pues eres Bueno y amas a
la humanidad.
Señor,
concede una vida próspera y pacífica, salud, salvación y éxito en todas las
cosas a tus siervos (N.N.) que habitan
aquí; y consérvalos por muchos años.
Sacerdote: Bendito
sea Dios... Amén... Santo Dios... (3 veces). Gloria... Ahora... Santísima Trinidad..
Gloria... Ahora... Padre Nuestro.. etc. Porque tuyo es el reino... Amén. Señor, ten piedad (3 veces).
Se reza el Salmo
88 y después dice:
Sacerdote: Roguemos al Señor.
Coro: Señor,
ten piedad.
Sacerdote: Señor Todopoderoso, Dios de
nuestros padres, adorado y glorificado en la Santa Trinidad; a quien la mente
no puede comprender ni las palabras pueden describir, de Quien las Santas
Escrituras nos han instruido; en quien creemos y por quién confesamos tener la
existencia; Dios: Padre sin principio, con tu Hijo Unigénito y tu Espíritu
Santo, igualmente soberano; Tú eres quien en la Antigua Alianza, en una
aparición al patriarca Abraham, te revelaste a ti mismo en forma de tres
ángeles y, en nuestros días, después de la Encarnación de Tu Hijo Único,
nuestro Señor Jesucristo, en el seno de Santa María Virgen, cuando fuiste
bautizado por San Juan en el Jordán, cuando te transfiguraste luminosamente en
el Tabor, y en el momento de tu Ascensión gloriosa a los cielos, nos mostraste
la imagen de la Santísima Trinidad. Tu nos enseñaste también a adorar tu santa
imagen, al dejarla impresa en un lienzo; esta imagen al ser enviada a Abgar,
príncipe de Edesa, lo curó a él y a muchos otros que padecían de varias
enfermedades. Tú no desaprobaste las imágenes de tus Santos, sino que las
aceptaste. Mira ahora también este icono (o éstos iconos) que tus servidores
han hecho para honra y gloria Tuya: el icono de (un solo Dios adorado en la Trinidad)
(de Tu Hijo Único Nuestro Señor Jesucristo) (de tu purísima y Bendita Madre,
Nuestra Señora la siempre Virgen María) (en memoria de tus Santos N.N.). Bendícelo(s) y santifícalo(s). Revístelo del poder de la curación y
de repeler todo ataque diabólico, de tal manera que todos los que oren con
piedad ante ellos sean escuchados y alcancen la misericordia de tu amor a la
Humanidad y sean templos de tu gracia.
Porque
Tu eres nuestra santificación y a Ti sea la gloria, oh Padre, Hijo y Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: La paz
sea con vosotros.
Coro: Y con tu
espíritu.
Sacerdote: Inclinad
vuestras cabezas ante el Señor.
Coro: Ante
Ti, Señor (nos inclinamos).
Sacerdote: Oh Señor
sin principio, invisible e incomprensible, Que en el pasado, en época de la
Antigua Alianza, ordenaste que fuesen hechas imágenes de los Querubines en
madera y oro y fuesen incrustadas en el Arca del Testimonio, en el Templo de
Salomón; Que aún ahora aceptas las imágenes, hechas no solo en recuerdo de tus
saludables beneficios y divinas manifestaciones al género humano, para honor y
gloria de Tu Santísimo Nombre, no que no desapruebas las imágenes hechas para
recordar e imitar a tus Santos, que Te han agradado en esta vida. Escucha
nuestra humilde oración y bendice este icono, (éstos iconos) santifícalo(s) y
otórgale(s) la gracia y el poder de expulsar los demonios, de curar toda
enfermedad y de ser un medio para llegar a Ti.
Porque
tú eres quien bendice y santifica todas las cosas, oh Cristo Dios, y a Ti sea
gloria la, y a Tu Padre Eterno y a Tu Espíritu Santo y Bueno, Que da la vida,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
El Sacerdote rocía
los iconos con Agua Santa, diciendo:
Sea
santificado y bendecido este icono (o estos iconos), por la gracia del Espíritu
Divino, y por medio de la aspersión de esta santa agua, en el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Después de haber
rociado los iconos con agua bendita, el Sacerdote (los inciensa) los venera y
los besa, mientras los presentes cantan el Tropario de los Santos pintados en
los iconos.
Sacerdote: Bendito
sea Dios.. Santo Dios, Santo Fuerte... (3 veces) Santísima Trinidad... Gloría. Ahora...
Padre Nuestro... Porque tuyo es el reino... etc.
Sacerdote: Roguemos
al Señor.
Coro: Señor,
ten piedad.
Sacerdote: Soberano Señor, nuestro
Dios, escucha la oración que Te dirigimos, y bendice este vehículo con tu santa
diestra. Envíale tu Ángel guardián para que todo el que quiera viajar en él sea
sano y salvo y se vea libre de todo mal fin. Así como el Etíope, que conducía
su carro, leyó tu santa profecía y le fue transmitida la fe y la gracia por
medio de tu Apóstol. Tú ahora muestra el camino de salvación a tus siervos los
que viajen en este vehículo, para que con la ayuda de Tu gracia se revistan de
buenas obras y al fin de esta vida obtengan la alegría eterna en Tu Reino
celestial.
Porque
Tuyo es el Reino y el Poder, por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
El Sacerdote rocía
el vehículo con agua santa, diciendo:
Sea bendecido este vehículo,
por la gracia del Espíritu Divino y la aspersión de esta agua santa, en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Sacerdote:Bendito sea Dios... Santo
Dios, Santo Fuerte... (3
veces) Gloria... Ahora... Santísima Trinidad..
Gloría. Ahora... Padre Nuestro... Porque
tuyo es el reino...
Coro: Amén.
Sacerdote: Roguemos al
Señor.
Coro: Señor, ten
piedad.
Sacerdote: Oh
Creador y Conservador de la Humanidad, que nos das la gracia espiritual y
procuras nuestra eterna salvación: Tu mismo, Señor, envía Tu Espíritu Santo con
la bendición celestial para este objeto; de modo que, protegido por el poder de
la protección celestial, sea una ayuda para la salud corporal y defensa y ayuda
de los que lo usen. Porque Tu bendices y santificas todas las cosas, y a Ti sea
la gloria, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de
los siglos. Amén.
El Sacerdote rocía los objetos con agua santa, diciendo:
Sea
bendecido y santificado (este objeto) por la gracia del Santísimo Espíritu y
por medio de esta agua santa. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén.
Domingo:
Cristo
nuestro Dios verdadero, que resucitaste al tercer día de entre los muertos, por
intercesión de su Purísima Madre, por la virtud de la preciosa Cruz, que da
vida, por las oraciones de las venerables legiones angélicas, del santo
glorioso Profeta y Precursor San Juan Bautista, de los santos, célebres e
ilustres apóstoles, de los santos mártires, gloriosos y triunfadores, de los
santos y justos ancestros de Dios, San Joaquín y Santa Ana, de San (el Santo
patrón del templo o Comunidad) y de San (el Santo del Día), cuyo recuerdo
hacemos este día y de todos los Santos, ten piedad de nosotros y sálvanos, pues
eres bueno y amas a la humanidad.
Lunes:
Cristo nuestro Dios
verdadero, por intercesión de su Purísima Madre, por las oraciones de las
venerables legiones angélicas e incorpóreas, de los santos, gloriosos e
ilustres apóstoles...
Martes:
Oh
Cristo nuestro Dios verdadero, por intercesión de su Purísima Madre, por las
oraciones del glorioso Profeta y Precursor San Juan Bautista, de los santos,
gloriosos e ilustres apóstoles... etc.
Miércoles:
Oh
Cristo Nuestro Dios verdadero, por intercesión de su Purísima Madre, por el
poder de la preciosa Cruz, que da vida, por las oraciones de los santos,
gloriosos e ilustres apóstoles.. . etc.
Jueves:
Oh
Cristo Nuestro Dios verdadero, por intercesión de Tu Purísima Madre, de los
santos gloriosos e ilustres apóstoles, de nuestro Padre San Nicolás el Taumaturgo,
Arzobispo de Mira en Licia... etc.
Viernes:
Oh
Cristo nuestro Dios verdadero, por intercesión de su Purísima Madre, por el
poder de la preciosa Cruz, que da vida, por las oraciones de los santos,
gloriosos e ilustres apóstoles. . etc.
Sábado:
Oh
Cristo nuestro Dios verdadero, por intercesión de su Purísima Madre, de los
santos gloriosos e ilustres apóstoles, de los santos, gloriosos y victoriosos
mártires, de nuestros Santos Padres, inspirados por Dios... etc.