Reg. BA N°09 - 2002               IOBE

 

Ritos y Bendiciones Especiales

 

·       Rito de la Bendición de una casa nueva

 

El Sacerdote que va a bendecir una casa nueva lleva consigo agua bendita y una pequeña vasija de aceite, que colocará en una pequeña mesa, cubierta con un mantel blanco y preparada de antemano, y donde pondrá también un pequeño Libro de los Evangelios, una Cruz y dos velas encendidas. El Sacerdote se reviste de epitrajilion y, si lo desea, también del felonio y, mirando hacia el Oriente, comienza: [1]

 

Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios...

 

Lect.: Rey Celestial... Santo Dios... (3 veces) Gloria... Ahora... Santísima Trinidad...  Gloria... Ahora... Padre Nuestro... Porque tuyo es el reino... Amén. Señor, ten piedad (12 veces). Gloria... Ahora...

 

Lect.: Venid, prosternémonos y adoremos a Cristo nuestro Dios.

Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo nuestro Rey y Nuestro Dios.

Venid, adoremos y prosternémonos ante el mismo Cristo, nuestro Rey nuestro Dios.

 

Y el Salmo 90.

 

      El que mora al abrigo del Altísimo y se aloja a la sombra del Dios del cielo dice al Señor: Tú eres mi refugio y fortaleza, mi Dios, en quien confío. Porque El te librará de la red del cazador, de la peste funesta; te cubrirá bajo su protección, un refugio hallarás bajo sus alas. No temerás el terror de la noche ni la saeta que de día vuela, ni la peste que avanza en las tinieblas, ni el azote que desvasta al mediodía. Aunque a tu lado caigan mil y diez mil a tu diestra, a ti no ha de alcanzarte; escudo y adarga es su lealtad. Basta con que mires con tus ojos, verás el galardón de los impíos, que tu dices: mi refugio es el Señor y haces del Altísimo tu asilo. No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga se acercará a tu morada; que Él dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos sus caminos. Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie; pisarás sobre el áspid y la víbora, hollarás al leoncillo y al dragón. Pues él se refugia en mí, yo he de librarle; le exaltaré pues conoce mi nombre. Me llamará y le responderé. Estaré a su lado en la desgracia, le libraré y le glorificaré. Hartura le daré de largos días y haré que vea mi salvación.

Al terminar el Salmo, se dice:

 

Aleluya, Aleluya, Aleluya, gloria a Ti, oh Dios. (3 veces).

Y se termina diciendo:

 

      ¡Oh Dios nuestro y esperanza nuestra, Gloria a Ti!

 

Así como la salvación entró en la casa de Zaqueo con tu entrada, oh Cristo, ahora también por la entrada de tus sagrados ministros, y de los ángeles con ellos, concede la paz a esta casa y bendícela misericordiosamente, salvando e iluminando a todos los que van a vivir en ella.

 

Sacerdote: Roguemos al Señor.

 

Coro: Señor, ten piedad.

 

Sacerdote: Señor Jesucristo nuestro Dios, que te dignaste entrar bajo el techo de Zaqueo el publicano y llevaste a él y a toda su casa la salvación: Tú, Señor, guarda inmune de todo mal a los que quieran vivir en esta casa, por la oración de nosotros tus humildes servidores, y bendícelos a ellos y a esta morada, preservando siempre sus vidas de los ataques del enemigo y derramando sobre ellos la abundancia de tus bienes. Porque Te es debida toda gloria, honor y adoración, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

 

Sacerdote: La paz sea con todos.

 

Coro: Y con tu espíritu.

 

Sacerdote: Inclinad vuestras cabezas ante el Señor.

 

Coro: Ante Ti, Señor

.

El Sacerdote bendice ahora tres veces el aceite, haciendo con su mano derecha la cruz y diciendo:

 

      En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.

 

Y continúa, diciendo la siguiente oración:

 

      Señor nuestro Dios, escucha misericordioso la súplica que yo, tu indigno siervo, te dirijo y envía la gracia de tu Santísimo Espíritu a este aceite, y santifícalo, para que sirva para la santificación de esta casa (o este lugar) y para la expulsión de toda maquinación diabólica. Porque Tú eres Quien bendice y santifica todas las cosas, oh Cristo Dios, y Te glorificamos a Ti y a Tu Eterno Padre, y a tu Santísimo Espíritu, Bueno, que da vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

 

Coro: Amén.

 

El Sacerdote toma el agua bendita y rocía con ella todos los muros de la casa en forma de Cruz diciendo:

      Que toda acción de los espíritus del mal sea anulada por el rocío de esta agua santa y la fuerza del Espíritu Divino, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Después de haber rociado toda la casa, el Sacerdote toma el aceite y unge con él los muros de la casa, haciendo la señal de la Cruz, comenzando por el muro oriental de la casa, siguiendo con el Oeste, luego el del Norte y finalmente el del Sur, diciendo en cada uno:

 

      Es bendecida esta casa con la unción de este santo aceite: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Después de terminar la unción, se encienden las velas de los presentes. El Coro entona el siguiente Tropario (tono 5).

 

      Bendice, Señor, esta casa y llénala de tus bienes terrenales. Guarda a tus siervos de toda circunstancia adversa, pues ellos desean vivir aquí piadosamente. Derrama sobre ellos la abundancia celestial y las bendiciones materiales, y puesto que eres Bueno, manifiesta tu misericordia, según tu indecible condescendencia.

 

Terminado el Tropario, el Sacerdote lee el Santo Evangelio.

      Sabiduría. Atendamos. Escuchemos el Santo Evangelio. La paz sea con todos.

 

Coro: Y con tu espíritu.

 

Sacerdote: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (19:1-10).

 

Coro: ¡Gloria a Ti, Señor, gloria Ti!

 

Sacerdote: ¡Atendamos!

 

      En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Y había allí un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos y muy rico, el cual trataba de ver quién era Jesús, pero no podía por causa de la multitud, ya que él era pequeño de estatura. Y echó a correr hacia adelante y se subió a una higuera para ver a Jesús, pues tenía que pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel sitio, miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, baja deprisa; porque conviene que hoy me quede en tu casa. Bajó deprisa y lo recibió en su casa muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, comentando que había ido a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se levantó y dijo al Señor. Mira, Señor; voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces más. Y Jesús le dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa; pues también este es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.

 

Coro: ¡Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti!

 

Y se reza inmediatamente el Salmo 100.

 

      Quiero cantar amor y juicio para Ti, Señor. Caminaré por el camino de la perfección, cuando vengas a mí. Procederé con un corazón justo dentro de mi casa; No pondré delante de mis ojos nada malo. Detesto la conducta de los extraviados; Ninguno de ellos se acercará a mí. No conoceré al malvado. Al que solapadamente infama a su prójimo, yo le destruiré; No soportaré al de ojos altaneros y al de corazón orgulloso. Pondré mis ojos en los justos de la tierra, para que estén conmigo; El que ande por el camino de la perfección éste me servirá. No habitará dentro de mi casa el que hace fraudes. El que dice mentiras no persistirá delante de mis ojos. Cada mañana he de destruir a todos los impíos de la tierra, para que sean extirpados de la ciudad de Dios todos los hacen el maligno.

 

Mientras se dice el Salmo y si el Sacerdote lo desea, puede incensar toda la casa.

 

Terminado el Salmo sigue la Ektenia:

Sacerdote: Ten piedad de nosotros, oh Dios, según tu inmensa misericordia. ¡Te rogamos nos escuches y tengas piedad!

 

Coro: Señor, ten piedad, Señor, ten piedad,  Señor, ten piedad.

 

Sacerdote: Te rogamos también que envíes tu bendición sobre esta casa y sobre tus servidores (N.N.) y sobre todos los que desean vivir aquí en la justicia; y te suplicamos que venga hacia ellos tu ángel de misericordia, que los guarde. proteja y guíe hacia el cumplimiento de toda obra buena y la observancia de los mandamientos de Cristo; y rogamos también que se vean libres del hambre, las enfermedades, los terremotos, las inundaciones, el fuego, de los ataques de los enemigos y de todo peligro de muerte; y que les sea concedida larga vida, salud y paz. Digamos todos por ellos: Señor, escúchanos y ten piedad. Señor, ten piedad:

 

Coro: Señor, ten piedad, Señor, ten piedad,  Señor, ten piedad.

 

 Sacerdote:Escúchanos, oh Dios Salvador nuestro, esperanza de todas las regiones de la tierra y de los que están lejos en los mares; y muéstranos tu misericordia, oh Señor, muéstranos tu misericordia a nosotros pecadores y ten piedad de nosotros. Porque Tú eres un Dios misericordioso y amante de la humanidad y Te glorificamos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Y termina el Oficio con la Apólisis del Día.

 

 

·       Bendición de Comestibles el Día de Pascua

 

Se inicia con las fórmulas de costumbre, pero cantando el Cristo resucitó, y se dice la siguiente oración:

 

Sacerdote: Señor Nuestro Dios, Creador y Hacedor de todas las cosas: Bendice estos huevos y los demás alimentos, y consérvanos en tu amable bondad, para que, compartiéndolos, seamos llenos de tus dones y de tu inefable misericordia, que derramas abundantemente sobre nosotros. Porque tuyo es el poder, el reino, la fuerza y la gloria, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Y se termina cantando el “Cristo resucitó.”


·       Bendición de los Ramos el Domingo de Ramos

 

Al terminar la Santa Liturgia, el Sacerdote inciensa los ramos, colocados en una mesa frente al Iconostasio y luego dice la siguiente oración:

 

Sacerdote: Señor Nuestro Dios, que reposas en los Querubines, que has redimido a tus descendientes y que enviaste a Tu Hijo Único nuestro Señor Jesucristo para que salvara al mundo por Su Cruz, Su Muerte y Su Resurrección. Y Él, al llegar a Jerusalén, antes de su voluntaria Pasión, fue recibido por el pueblo, que estaba en las tinieblas y en las sombras de la muerte, y que lo aclamó, llevando en sus manos palmas y ramos de olivo como símbolo de la victoria, celebrando anticipadamente Su Resurrección. Tú mismo, Señor, fortalécenos a nosotros que, a imitación de aquellos niños, llevamos, en este día de la ante-fiesta, palmas y ramos de olivo. Protégenos a los que corno aquellos pueblos y aquellos niños Te cantamos. Hosanna, para que en medio de cánticos e himnos espirituales, seamos dignos de celebrar tu Resurrección que da vida, ocurrida al tercer día de tu sepultura. Por el mismo Cristo Nuestro Señor, con Quien eres bendito juntamente con Tu Santísimo Espíritu, Bueno, que da vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Y se hace la procesión de los ramos por toda la Iglesia.

 

 

·       Bendición de un Sepulcro Nuevo

 

Se inicia con las oraciones de costumbre: Bendito sea Dios...  etc... y se prosigue con la siguiente oración:

 

Soberano Señor Nuestro Dios, por Quien encuentran descanso las almas de los fieles, bendice este sepulcro de tu siervo N. y en vía Tu Santo Ángel a protegerlo. Que el cuerpo que va a ser sepultado aquí descanse en paz hasta Tu segunda Venida, que es la Resurrección de este tu servidor N.. De modo que su espíritu, libre de toda atadura pecaminosa, obtenga la eterna felicidad y se vea agregado a los Coros de los Santos. Porque Tú eres el Rey de la paz y el Salvador de nuestras almas, y te glorificamos, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

 

Coro: Amén.

 

El Sacerdote rocía el sepulcro con agua bendita, diciendo:

      Sea bendecido este sepulcro con la acción del Espíritu Santo y la aspersión de esta agua en el Nombre del Padres del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Y se dice la Apólisis de los Difuntos.

 

·       Breve Fórmula de Santificación del Agua

 

Bendito sea Dios, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Santo Dios...  etc. (3 veces) Gloría al Padre...  Ahora y siempre...  Santísima Trinidad...  Gloria... Ahora... Padre Nuestro...  Porque tuyo es el reino... Amén.

 

Tropario (Tono 4º).

      Envía tu gracia desde el cielo, Tu que das la vida, santifica esta agua y haz que sirva para purificación de toda impureza.

 

Sacerdote: Roguemos al Señor.

 

Coro: Señor, ten piedad.

 

Sacerdote: Oh Dios sumamente glorioso, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, cuyas maravillas no tienen número, y ante quien huyen las aguas, Tú que, por el bautismo de Tu Unigénito Hijo encarnado, por el descenso de Tu Santísimo Espíritu y por tu voz paternal, santificaste las aguas del Jordán. Nosotros, tus indignos servidores, Te suplicamos y rogamos que envíes ahora la gracia de Tu Santísimo Espíritu sobre esta agua; bendícela, santifícala y purifícala con tu bendición celestial, y dale la gracia y la bendición del Jordán, el poder para que sea purificación de toda impureza y expulsión de los demonios con todas sus insidias y asechanzas. Y por el poder, la operación y la gracia del Santísimo Espíritu, manifiéstate en esta agua para bien de todos tus siervos que la reciban con fe o sean rociados con ella, para el perdón de los pecados, liberación de las pasiones, expulsión de todo mal, para incremento de la virtud, alivio de las enfermedades, bendición y santificación de los hogares y de todo lugar, y para la adquisición de tu gracia. Porque Tu bendices y santificas todas las cosas, oh Dios, nuestro, y Te glorificamos a Ti y a Tu Hijo Único y a Tu Espíritu Santo y Bueno, que nos da la vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

 

Coro: Amén.

 

Sacerdote: La paz sea con todos.

 

Coro: Y con tu espíritu.

 

Sacerdote: Inclinad vuestras cabezas ante el Señor.

 

Coro: Ante Ti, Señor (nos inclinamos).

 

Sacerdote: Señor, que santificaste las aguas del Jordán con la manifestación de Tu Cristo, escúchanos y bendícenos a nosotros, que con la inclinación de nuestra cabeza, expresamos nuestra obediencia a Ti. Haznos dignos de ser santificados por la recepción de esta agua; que ella sea curación de nuestras almas y de nuestros cuerpos.

      Porque Tú eres nuestra santificación, y a Ti sea gloria, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

 

Coro: Todos: Amén.

 

El Sacerdote toma la Cruz y la sumerge en el agua, trazando la señal de la Cruz y cantando el siguiente tropario.

 

Tono 1º

      Salva, Señor, a tu pueblo y bendice a tu heredad. Concede la victoria a la Iglesia contra sus enemigos, y protege a tu pueblo, por la fuerza de Tu Cruz.


·       Bendición de una Casa el Día de Epifanía

 

 

Bendito sea Dios... Amén. Santo Dios... etc. (3 veces). Gloria... Ahora... Santísima Trinidad... Gloria... Ahora...  Padre Nuestro... Porque tuyo es el reino... etc. Amén.

 

Cuando fuiste bautizado, Señor, en el Jordán se manifestó la adorable Trinidad; pues la voz del Padre dio testimonio de Ti, llamándote su Hijo bienamado, y el Espíritu, en forma de paloma, confirmó esa voz inefable. Oh Cristo Dios, que Te manifestaste al mundo y lo iluminaste: gloria a Ti.

 

Sacerdote: Roguemos al Señor.

 

Coro: Señor, ten piedad.

 

Sacerdote: Señor Nuestro Salvador, Luz verdadera, que fuiste bautizado en el Jordán para renovar toda la humanidad por el baño de un nuevo nacimiento, que Te dignaste entrar bajo el techo de Zaqueo y llevaste la salvación a él y a toda su casa; Tu, Señor, libra de toda asechanza a los que viven aquí; otórgales tu bendición, la purificación y la salud, y concédeles todo lo que te piden para su salvación y para la vida eterna. Pues Tú eres Bendito, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

El Sacerdote rocía ahora a los presentes y toda la casa con el Agua Santa, mientras se canta el Kondakio

 

Tono 1º

      Te manifestaste al universo, Señor, y Tu luz brilló sobre nosotros, que, conociéndote. Te adoramos: pues has venido y Te has manifestado, oh Luz inaccesible.

 

Despedida

      Oh Cristo, nuestro Dios verdadero, que fuiste bautizado por San Juan en el Jordán, para salvación de todos nosotros, por intercesión de Tu purísima Madre y de todos los Santos, ten piedad de nosotros y sálvanos, pues eres Bueno y amas a la humanidad.

      Señor, concede una vida próspera y pacífica, salud, salvación y éxito en todas las cosas a tus siervos (N.N.) que habitan aquí; y consérvalos por muchos años.

 

Coro: ¡Por muchos años!

 

 

·       Santificación de un Icono

 

Sacerdote: Bendito sea Dios... Amén... Santo Dios... (3 veces). Gloria... Ahora... Santísima Trinidad.. Gloria... Ahora... Padre Nuestro.. etc. Porque tuyo es el reino...  Amén. Señor, ten piedad (3 veces).

 

Se reza el Salmo 88 y después dice:

 

Sacerdote: Roguemos al Señor.

 

Coro: Señor, ten piedad.

 

Sacerdote: Señor Todopoderoso, Dios de nuestros padres, adorado y glorificado en la Santa Trinidad; a quien la mente no puede comprender ni las palabras pueden describir, de Quien las Santas Escrituras nos han instruido; en quien creemos y por quién confesamos tener la existencia; Dios: Padre sin principio, con tu Hijo Unigénito y tu Espíritu Santo, igualmente soberano; Tú eres quien en la Antigua Alianza, en una aparición al patriarca Abraham, te revelaste a ti mismo en forma de tres ángeles y, en nuestros días, después de la Encarnación de Tu Hijo Único, nuestro Señor Jesucristo, en el seno de Santa María Virgen, cuando fuiste bautizado por San Juan en el Jordán, cuando te transfiguraste luminosamente en el Tabor, y en el momento de tu Ascensión gloriosa a los cielos, nos mostraste la imagen de la Santísima Trinidad. Tu nos enseñaste también a adorar tu santa imagen, al dejarla impresa en un lienzo; esta imagen al ser enviada a Abgar, príncipe de Edesa, lo curó a él y a muchos otros que padecían de varias enfermedades. Tú no desaprobaste las imágenes de tus Santos, sino que las aceptaste. Mira ahora también este icono (o éstos iconos) que tus servidores han hecho para honra y gloria Tuya: el icono de (un solo Dios adorado en la Trinidad) (de Tu Hijo Único Nuestro Señor Jesucristo) (de tu purísima y Bendita Madre, Nuestra Señora la siempre Virgen María) (en memoria de tus Santos N.N.). Bendícelo(s) y santifícalo(s). Revístelo del poder de la curación y de repeler todo ataque diabólico, de tal manera que todos los que oren con piedad ante ellos sean escuchados y alcancen la misericordia de tu amor a la Humanidad y sean templos de tu gracia.

      Porque Tu eres nuestra santificación y a Ti sea la gloria, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

 

Coro: Amén.

 

Sacerdote: La paz sea con vosotros.

 

Coro: Y con tu espíritu.

Sacerdote: Inclinad vuestras cabezas ante el Señor.

 

Coro: Ante Ti, Señor (nos inclinamos).

 

Sacerdote: Oh Señor sin principio, invisible e incomprensible, Que en el pasado, en época de la Antigua Alianza, ordenaste que fuesen hechas imágenes de los Querubines en madera y oro y fuesen incrustadas en el Arca del Testimonio, en el Templo de Salomón; Que aún ahora aceptas las imágenes, hechas no solo en recuerdo de tus saludables beneficios y divinas manifestaciones al género humano, para honor y gloria de Tu Santísimo Nombre, no que no desapruebas las imágenes hechas para recordar e imitar a tus Santos, que Te han agradado en esta vida. Escucha nuestra humilde oración y bendice este icono, (éstos iconos) santifícalo(s) y otórgale(s) la gracia y el poder de expulsar los demonios, de curar toda enfermedad y de ser un medio para llegar a Ti.

      Porque tú eres quien bendice y santifica todas las cosas, oh Cristo Dios, y a Ti sea gloria la, y a Tu Padre Eterno y a Tu Espíritu Santo y Bueno, Que da la vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

 

Coro: Amén.

 

El Sacerdote rocía los iconos con Agua Santa, diciendo:

      Sea santificado y bendecido este icono (o estos iconos), por la gracia del Espíritu Divino, y por medio de la aspersión de esta santa agua, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Después de haber rociado los iconos con agua bendita, el Sacerdote (los inciensa) los venera y los besa, mientras los presentes cantan el Tropario de los Santos pintados en los iconos.

 


·       Bendición de Vehículos

 

Sacerdote: Bendito sea Dios.. Santo Dios, Santo Fuerte... (3 veces) Santísima Trinidad... Gloría. Ahora... Padre Nuestro... Porque tuyo es el reino... etc.

 

Sacerdote: Roguemos al Señor.

 

Coro: Señor, ten piedad.

 

Sacerdote: Soberano Señor, nuestro Dios, escucha la oración que Te dirigimos, y bendice este vehículo con tu santa diestra. Envíale tu Ángel guardián para que todo el que quiera viajar en él sea sano y salvo y se vea libre de todo mal fin. Así como el Etíope, que conducía su carro, leyó tu santa profecía y le fue transmitida la fe y la gracia por medio de tu Apóstol. Tú ahora muestra el camino de salvación a tus siervos los que viajen en este vehículo, para que con la ayuda de Tu gracia se revistan de buenas obras y al fin de esta vida obtengan la alegría eterna en Tu Reino celestial.

      Porque Tuyo es el Reino y el Poder, por los siglos de los siglos.

 

Coro: Amén.

El Sacerdote rocía el vehículo con agua santa, diciendo:

      Sea bendecido este vehículo, por la gracia del Espíritu Divino y la aspersión de esta agua santa, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

·       Bendición de cualquier Objeto

 

Sacerdote:Bendito sea Dios... Santo Dios, Santo Fuerte... (3 veces) Gloria... Ahora... Santísima Trinidad.. Gloría. Ahora... Padre Nuestro... Porque tuyo es el reino...

 

Coro: Amén.

 

Sacerdote: Roguemos al Señor.

 

Coro: Señor, ten piedad.

 

Sacerdote: Oh Creador y Conservador de la Humanidad, que nos das la gracia espiritual y procuras nuestra eterna salvación: Tu mismo, Señor, envía Tu Espíritu Santo con la bendición celestial para este objeto; de modo que, protegido por el poder de la protección celestial, sea una ayuda para la salud corporal y defensa y ayuda de los que lo usen. Porque Tu bendices y santificas todas las cosas, y a Ti sea la gloria, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

El Sacerdote rocía los objetos con agua santa, diciendo:

      Sea bendecido y santificado (este objeto) por la gracia del Santísimo Espíritu y por medio de esta agua santa. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

·       Apólisis para todos los días de la Semana

 

Domingo:

      Cristo nuestro Dios verdadero, que resucitaste al tercer día de entre los muertos, por intercesión de su Purísima Madre, por la virtud de la preciosa Cruz, que da vida, por las oraciones de las venerables legiones angélicas, del santo glorioso Profeta y Precursor San Juan Bautista, de los santos, célebres e ilustres apóstoles, de los santos mártires, gloriosos y triunfadores, de los santos y justos ancestros de Dios, San Joaquín y Santa Ana, de San (el Santo patrón del templo o Comunidad) y de San (el Santo del Día), cuyo recuerdo hacemos este día y de todos los Santos, ten piedad de nosotros y sálvanos, pues eres bueno y amas a la humanidad.

Lunes:

      Cristo nuestro Dios verdadero, por intercesión de su Purísima Madre, por las oraciones de las venerables legiones angélicas e incorpóreas, de los santos, gloriosos e ilustres apóstoles...

 

Martes:

      Oh Cristo nuestro Dios verdadero, por intercesión de su Purísima Madre, por las oraciones del glorioso Profeta y Precursor San Juan Bautista, de los santos, gloriosos e ilustres apóstoles... etc.

 

Miércoles:

      Oh Cristo Nuestro Dios verdadero, por intercesión de su Purísima Madre, por el poder de la preciosa Cruz, que da vida, por las oraciones de los santos, gloriosos e ilustres apóstoles.. . etc.

 

Jueves:

      Oh Cristo Nuestro Dios verdadero, por intercesión de Tu Purísima Madre, de los santos gloriosos e ilustres apóstoles, de nuestro Padre San Nicolás el Taumaturgo, Arzobispo de Mira en Licia... etc.

 

 

 

Viernes:

      Oh Cristo nuestro Dios verdadero, por intercesión de su Purísima Madre, por el poder de la preciosa Cruz, que da vida, por las oraciones de los santos, gloriosos e ilustres apóstoles. . etc.

 

Sábado:

      Oh Cristo nuestro Dios verdadero, por intercesión de su Purísima Madre, de los santos gloriosos e ilustres apóstoles, de los santos, gloriosos y victoriosos mártires, de nuestros Santos Padres, inspirados por Dios... etc.



 

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