IOBE
El Sacerdote, revestido de epitrajilion,
sopla tres veces sobre el que va a ser bautizado, hace el signo de la Cruz tres
veces sobre él y dice, imponiéndole las manos:
Sacerdote: Roguemos al Señor
Coro: Señor, ten piedad
Sacerdote: En Tu nombre, Señor, Dios de Verdad, y en nombre de Tu
Hijo Único y de Tu Espíritu Santo, impongo mis manos sobre tu siervo N. que ha sido hecho digno de recurrir a tu nombre y de
refugiarse bajo la sombra de tus alas. Aleja de él el antiguo error y llénalo
de fe en Ti, de esperanza y de caridad, para que sepa que Tu eres el Unico Dios
Verdadero con Tu Hijo Unico y Tu Espíritu Santo. Haz que siga el camino de tus
mandamientos y haga todo lo que te agrada, porque quien los cumple tiene la
vida. Inscríbelo en el libro de la vida, agrégalo al rebaño de tu herencia; que
sea glorificado en él tu nombre santo y el de tu amadísimo Hijo Nuestro Señor Jesucristo
y el de tu Espíritu, que da la vida. Que tus ojos lo miren siempre con piedad y
que tus oídos escuchen la voz de su plegaria. Haz lo alegrarse de las obras de
sus manos y de toda su descendencia, para que Te alabe, adorando y glorificando
Tu Santísimo y Altísimo nombre, durante todos los días de su vida.
Pues a Ti
Te alaban todas las legiones de los cielos y Te glorifican, oh Padre, Hijo y
Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Luego reza los tres
siguientes exorcismos, precedidos por la introducción de costumbre:
Sacerdote: Roguemos al Señor
Coro: Señor, ten piedad
Sacerdote: El Señor te ordena, oh Demonio, el Señor que vino al mundo
y habitó en medio de los hombres para destruir tu tiranía y librarlos de ella;
Él, que, cuando estaba en la Cruz, triunfó de las fuerzas enemigas, dejando el
sol de dar su luz temblando la tierra y resucitando los cuerpos de los santos.
Él, que, con su muerte, venció la muerte y aniquiló al que tenía el poder de la
muerte, es decir, a ti, oh demonio. Te conjuro por Aquél que caminó por las
olas del mar como por tierra firme, que ordena el desenlace de los vientos,
cuya mirada derrumba los abismos y cuya ira hace temblar las montañas. Es Él
quien en este momento te ordena, por nuestro intermedio, que salgas, temas, te
alejes de esta creatura y que nunca más te atrevas a ocultarte en ella ni ir a
su encuentro, ni influenciaría, sea en horas de la noche o del día, por la
mañana o al mediodía. Vuélvete al infierno hasta el día del gran Juicio. Teme a
Dios, que está sentado sobre los Querubines, que mira los abismos y ante Quien
estremecen los Ángeles, los Arcángeles, los Apóstoles, los Tronos, las Dominaciones,
los Principados, las Legiones, las Potestades, los Querubines de muchos ojos y
los Serafines de seis alas; ante Quien tiemblan el cielo, la tierra, el mar y
todo lo que en ellos existe. Sal y apártate del soldado recién elegido y
signado con el sello de Cristo nuestro Dios. Es por El mismo que yo te conjuro,
por el que va sobre las alas de los vientos y hace de las llamas de fuego sus
mensajeros, a ti y todo tu poder y todos tus ángeles, pues es glorificado el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos. Amén.
Sacerdote: Roguemos al Señor
Coro: Señor, ten piedad
Sacerdote:
El Dios
Santo, temible y glorioso, que es inescrutable en todas sus obras e incomprensible
en todo su poder, que te ha destinado, oh demonio, a la angustia del suplicio
eterno, te ordena, por medio de nosotros sus indignos ministros, en el nombre
de nuestro Señor Jesucristo, nuestro verdadero Dios, que te alejes, tú y todo
el poder que te acompaña. Te conjuro, espíritu maligno, impuro, perverso y
extraño con la autoridad de Jesucristo, que tiene todo poder en el cielo y en
la tierra y que dijo al demonio sordo mudo: “Sal de este hombre y no habites
más en él.” Aléjate y reconoce que tu poder es nulo, ya que no puede dominar ni
a las jaurías. Recuerda a Aquel que te ordenó, conforme a tu pedido, entrar en
la manada de cerdos. Teme a Dios, por cuyo mandato la tierra ha sido
estabilizada en medio de las aguas; Quien creó los cielos, levantó las montañas
y extendió las planicies; Quien ha puesto la arena como limite de los mares y
ha trazado rutas seguras sobre las profundas aguas; Quien toca a los montes y
los hace humear y se reviste de luz como de un manto, y ha extendido los cielos
como una tienda de campaña y ha cubierto de agua su parte superior Quien ha
fundado la tierra sobre sus bases y no se desnivelará jamás; Quien llama las
aguas de los mares y las vierte sobre la tierra. Sal y aléjate del que se
prepara en este momento para la santa iluminación. Te conjuro por la Pasión
salvadora de Nuestro Señor Jesucristo, por su Cuerpo Purísimo y por su Sangre
Preciosa, por su temible segunda venida (parusía), porque vendrá sin duda a
juzgar a toda la tierra y te castigará a ti y a las fuerzas que te apoyan con
el fuego del infierno, precipitándote a las tinieblas exteriores, donde los
gusanos carcomen sin cesar y donde el fuego nunca se extingue, porque el poder
es de Cristo, nuestro Dios, y del Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre y por
los siglos de los siglos. Amén.
Sacerdote: Roguemos al Señor
Coro: Señor, ten piedad
Sacerdote:
Señor del
Universo, Dios del pueblo fiel, que curas toda enfermedad y dolor, mira a tu
siervo N., pruébalo,
examínalo y aleja de él toda acción diabólica. Purifica la obra de tus manos,
empleando tu eficaz operación, y abate a Satanás bajo sus pies y otórgale la
victoria sobre los espíritus impuros, a fin de que amparado por tu misericordia
sea digno de tus Misterios celestiales e inmortales y Te glorifique, oh Padre,
Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Sacerdote: Roguemos al Señor
Coro: Señor, ten piedad
Sacerdote:
Soberano
Señor, que has creado al hombre a tu imagen y semejanza, que le has dado el
poder de llegar a la vida eterna y que no lo abandonaste, después que cayó en
pecado, sino que procuraste la salvación del mundo por la Encarnación de Tu
Cristo; Tú Señor, después que hayas librado de la esclavitud a tu creatura,
recíbelo en tu Reino celestial. Abre los ojos de su inteligencia para que la
luz de tu Evangelio pueda brillar en él. Haz que durante la vida lo acompañe un
Angel de luz, que lo libre de todos los engaños del enemigo, del encuentro con
el mal, del demonio del mediodía y de las ilusiones perversas.
El Sacerdote sopla
tres veces y hace el signo de la Cruz sobre la boca, el pecho y la frente del
que va a ser bautizado, diciendo:
Aparta de
él todo espíritu malo e impuro, escondido y oculto en su corazón. El espíritu
del error, de la maldad, de la idolatría y de la concupiscencia, el espíritu de
la mentira y de toda impureza inspirada por la acción diabólica. Has de él una
oveja racional del santo rebaño de Tu Cristo, un miembro honorable de Tu
Iglesia, un vaso de santidad, un hijo de la luz y heredero de tu Reino, para
que, después de vivir según tus mandamientos, y de haber conservado intacta tu
señal y su vestidura sin mancha, reciba la felicidad de tus santos en Tu Reino.
Por la
gracia, la misericordia y el amor a la Humanidad de Tu Hijo Único, con Quien
eres bendito Tu y Tu Santísimo Espíritu, que da vida, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos. Amén.
Con el que va a ser bautizado
vuelto hacia el Oriente, y con los brazos en alto, el Sacerdote pregunta:
Sacerdote: ¿Renuncias a Satanás, a todas sus obras, a todos sus
ángeles, a todo su culto y a todas sus pompas?
Padrinos: Si, renuncio.
Sacerdote: ¿Has renunciado a Satanás?
Padrinos: Sí, he
renunciado.
Sacerdote: Sopla y saliva contra él.
Ahora con el que va a
ser bautizado vuelto hacia el Occidente y con los brazos bajos, dicen:
Sacerdote: ¿Te unes a Cristo?
Padrinos: Sí, me uno.
Sacerdote: ¿Te has unido a Cristo?
Padrinos: Sí, me he unido.
Sacerdote: ¿Crees en Él?
Padrinos: Creo en Él como
en Rey y Dios.
Inmediatamente todos
los presentes rezan el CREDO:
Creo en el Único Dios Padre
Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra y de todo lo visible e invisible.
Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios, que nació del Padre
antes de todos los siglos; Luz de Luz; Dios verdadero de Dios verdadero;
nacido, no creado; consubstancial con el Padre, por quien todo fue hecho; Quien
por nosotros los hombres y para nuestra salvación, descendió de los cielos, se
encarnó del Espíritu Santo y María Virgen, se hizo Hombre; fue crucificado por
nosotros en tiempos de Poncio Pilatos; padeció, fue sepultado y al tercer día
resucitó conforme con las Escrituras. Y subió a los cielos, está sentado a la
diestra del Padre; y vendrá otra vez con gloria, a juzgar a los vivos y a los
muertos, y Su reino no tendrá fin.
Y en el Espíritu Santo, Señor vivificador, Quien
procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y
glorificado, que habló por los profetas. Y en Una Iglesia que es Santa,
Católica y Apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los
pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero.
Amén.
Una
vez terminado el Sacerdote pregunta de nuevo:
Sacerdote: ¿Te has unido a Cristo?
Padrinos: Sí, me he unido.
Sacerdote: Adórale.
Padrinos: Adoro al Padre,
al Hijo y al Espíritu Santo. Trinidad consubstancial e indivisible.
Sacerdote: Bendito sea Dios que quiere que todos los hombres se
salven y lleguen a conocer la verdad, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén.
Sacerdote:
Roguemos
al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Soberano Señor, nuestro
Dios, llama a u siervo N. a Tu Santa
Iluminación y hazlo digno de esta gran gracia del Santo Bautismo; desvístelo
del hombre viejo y renuévalo para la vida eterna, llénalo de la fuerza de tu
Espíritu Santo, para que se una con Tu Cristo y no sea más hijo de la carne,
sino hijo de tu Reino, por la bondad de Tu Hijo Único, con Quien eres bendito
junto con tu Santísimo Espíritu Bueno, que da vida, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos. Amén.
El Sacerdote, revestido de epitrajilion blanco,
mangas y felonio, estando las velas encendidas, toma el incensario e inciensa
en derredor de la pila bautismal e inclinándose dice:
Bendito sea el Reino del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
En paz, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten
piedad.
Sacerdote:
Por la paz que viene de lo alto y por la salvación de
nuestras almas, roguemos al Señor.
Por la paz del mundo entero, por el bienestar de las
santas iglesias de Dios y por la unión de todos, roguemos al Señor.
Por este santo templo y por los que con fe, devoción
y temor de Dios concurren a él, roguemos al Señor.
Por nuestro Padre y Arzobispo N., por la
venerable orden de los presbíteros, por los Diáconos en Cristo, por todo el
Clero y el pueblo, roguemos al Señor.
Para que esta agua sea santificada, con el poder, la
acción y la venida del Espíritu Santo, roguemos al Señor.
Para que descienda sobre ella la gracia de la
Redención y la bendición del Jordán, roguemos al Señor.
Para que venga sobre esta agua la acción purificadora
de la Santísima Trinidad suprasubstancial, roguemos al Señor.
Para que, con la infusión del Espíritu Santo, seamos
iluminados con la luz de la inteligencia y de la piedad, roguemos al Señor.
Para que esta agua sea defensa contra los ataques de
los enemigos visibles e invisibles, roguemos al Señor.
Por el que va a ser bautizado y para que sea digno
del Reino incorruptible, roguemos al Señor.
Por el que se acerca a la santa iluminación y por su salvación,
roguemos al Señor.
Para que sea proclamado hijo de la luz y heredero de
los bienes eternos, roguemos al Señor.
Para que se una a Cristo nuestro Dios y sea partícipe
de su muerte y de Su Resurrección, roguemos al Señor.
Para que conserve puras y limpias las vestiduras del
bautismo y las arras del Espíritu hasta el día temible de la venida de Cristo
nuestro Dios, roguemos al Señor.
Para que el Señor Dios escuche nuestra voz de
pecadores, roguemos al Señor.
Para que él y nosotros seamos libres de toda
aflicción, ira, peligro y necesidad, roguemos al señor.
Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y
guárdanos, oh Dios, en tu gracia.
Conmemorando a la Toda Santa, Purísima y Bendita,
nuestra gloriosa Señora la Madre de Dios y siempre Virgen María y a todos los
Santos, encomendémonos a nosotros mismos y los unos a los otros y toda nuestra
vida a Cristo Dios.
Coro: A Ti,
Señor.
Mientras el Diácono
canta la precedente letanía, el Sacerdote ora en voz baja:
Oh Dios clemente y misericordioso,
que escrutas los corazones y las entrañas y que conoces los secretos de los
hombres, porque nada puede ocultarse ante tu presencia sino que todo es a tus
ojos patente y claro. Tu que conoces mi interior, no me desprecies ni apartes
tu rostro de mí y no mires a mis pecados. Tu que olvidas los pecados de los
hombres, cuando se arrepienten, lava mi cuerpo y purifica mi alma. Santifícame
con tu poder perfecto e invisible y con tu diestra espiritual, a fin de que no
sea yo mismo condenado como esclavo del pecado, después de haber predicado a
otros la libertad. Oh Señor bondadoso y amante de la humanidad, no sea yo
humillado y confundido. Envíame fuerza desde las alturas para administrar este
gran Misterio celestial. Reproduce la imagen de Cristo en el que va a volver a
nacer por medio de mi indignidad, edifícale sobre los cimientos de los
apóstoles y de los Profetas y no lo destruyas jamás; plántalo como una planta
de verdad en tu santa Iglesia Católica y no la arranques, a fin de que,
creciendo en piedad, sea glorificado en él Tu Santísimo Nombre, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amen.
El Sacerdote canta la
siguiente oración:
Grande
eres, Señor, y tus obras son maravillosas y no hay palabras que puedan expresar
tus maravillas (3 veces).
Con tu
voluntad has sacado todas las cosas de la nada a la existencia, con tu poder
sostienes la creación y con tu providencia riges el mundo. (Compusiste la
naturaleza de cuatro elementos y coronaste el año con cuatro estaciones). Ante
Ti tiemblan todas las legiones de los ángeles; a Ti Te canta el sol, te
glorifica la luna, te escoltan las estrellas y te obedece la luz. A Tu paso se
derrumban los abismos; A Ti te sirven las fuentes; Tú has extendido los cielos
como una tienda de campaña y has estabilizado la tierra en medio de las aguas;
has rodeado las aguas de arena y distribuyes el aire para que respiremos. Las
legiones angélicas te sirven y los coros de los arcángeles te adoran. Los
Querubines (todos cubiertos de ojos) y los Serafines (de sus alas) están ante
Ti y vuelan en derredor de tu Trono, velándose el rostro por temor de Tu gloria
inaccesible. Viniste a la tierra, tomaste forma de siervo y te hiciste
semejante a los hombres, siendo el Dios indescriptible inefable, eterno e
incomprensible. Por las entrañas de tu misericordia, Señor, no pudiste sufrir
ver al género humano atormentado por el demonio, sino que has venido y nos has
salvado. Confesamos esta gracia, proclamamos esta misericordia y publicamos
este beneficio. Tu purificaste los gérmenes de nuestra naturaleza y
santificaste las entrañas virginales con tu nacimiento. Toda la creación te
entonó un himno cuando apareciste entre nosotros, porque Tú, oh Dios nuestro,
estuviste en la tierra y viviste en medio de los hombres; santificaste las
aguas del Jordán, enviando de lo alto del cielo tu Espíritu Santo, y
quebrantaste la cabeza de los demonios que allí habitaban.
Tú, por
tanto, oh Rey amante de la humanidad, ven ahora y santifica esta agua por la
infusión de Tu Espíritu Santo. (3 veces).
Dale la gracia de la
Redención, la bendición del Jordán, hazla fuente de incorrupción don de
santificación, perdón de los pecados, alivio de las enfermedades y confusión de
los demonios. Que, tina vez llena de la fuerza de los ángeles, sea inaccesible
a las potencias enemigas y que todos los que asechan a tu creatura, Señor, sean
confundidos y huyan, pues he invocado tu nombre admirable, glorioso y temido por
tus enemigos.
Ahora hace tres veces
el signo de la Cruz dentro del agua con la mano derecha y sopla tres veces
sobre ella, diciendo:
Sean
quebrantadas por la señal de Tu Cruz todas las fuerzas enemigas (3 veces).
Apártense todos los espíritus (aéreos) e invisibles,
que el demonio se aleje de esta agua y que el espíritu maligno —te rogamos
Señor— no se pose sobre aquel que va a ser bautizado, causando el ofuscamiento
del entendimiento y la rebelión contra la razón. Tú, Señor del Universo, haz
que esta agua sea un agua de reposo, de redención, de santificación, de
purificación de las manchas de la carne y del espíritu, una liberación y perdón
de los pecados, iluminación de las almas y renovación de la vida. Tú eres,
Señor, quien ha dicho: “Lavaos y seréis puros, borrad las iniquidades de
vuestras almas.” Tú nos has concedido volver a nacer por medio del agua y del
espíritu. Señor, manifiéstate en esta agua y concede al que va ser bautizado
que se transforme, de tal modo que se despoje del hombre viejo, corrompido por
los desgastes de la concupiscencia, y se revista del hombre nuevo, renovado
según la imagen de Aquél que lo ha creado, a fin de que, habiéndose convertido
por el bautismo en participe de Tu muerte, participe también de tu Resurrección
y, conservando el don de Tu Espíritu Santo y haciéndolo fructificar el depósito
de Tu gracia, reciba el premio de la vocación celestial y sea inscripto entre
los primogénitos en el cielo.
Pues es a
Ti, Señor y Dios nuestro Jesucristo, a quien es debida toda gloria, poder,
honor y adoración y a Tu Padre Eterno y a Tu Espíritu Santo y Bueno, que da
vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
·
Bendición del Aceite.
Sacerdote: La paz sea con todos.
Coro: Y con tu espíritu.
Sacerdote: Inclinad vuestras cabezas ante el Señor.
Coro: A Ti,
Señor.
El Sacerdote sopla
ahora tres veces en el recipiente de aceite, sostenido por un ayudante, y hace
tres veces el signo de la cruz, diciendo:
Sacerdote: Roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Soberano
Señor, Dios de nuestros padres, que enviaste a los que se encontraban en el
arca de Noé una paloma, llevando en el pico un ramo de olivo, como símbolo de
la reconciliación y de la salvación después del diluvio, y que de esta manera
figuraste el misterio de la gracia. Tu nos suministras el fruto de los olivos
para cumplir tus Misterios y por medio del olivo llenaste del Espíritu Santo a
los que estaban bajo la ley y perfeccionas a los que están bajo la gracia. Tú
mismo, Señor, bendice ahora este aceite con el poder, la acción y la venida del
Espíritu Santo y que se convierta en ungüento de incorrupción, renovación del
alma y del cuerpo, inmunidad contra todo ataque diabólico y alivio de todos los
males en aquellos que sean ungidos de él con fe o que lo reciban para Tu gloria
y la de Tu Hijo Único, y la de Tu Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: Atendamos.
Y
canta tres veces: Aleluya con los asistentes, vertiendo el aceite en el agua
tres veces. Luego prosigue.
Bendito
sea Dios que santifica e ilumina a todo hombre que viene al mundo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
El Sacerdote toma el
aceite y signa con él en la frente al que va a ser bautizado, al tiempo que
dice:
El
siervo de Dios N. es ungido con el aceite de la alegría, en
el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Luego lo unge en el
pecho y la espalda, diciendo:
Para curación del alma y del cuerpo.
En
los oídos: Para que con sus oídos escuche la fe.
En
las manos: Tus manos lo han creado y lo han formado.
En
los pies: Para que camine siempre por el camino de tus mandamientos.
El Sacerdote torna al
que va a ser bautizado y lo sumerge todo entero en el agua, diciendo:
Es bautizado el siervo de Dios N., en el nombre
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Coro: Amén.
A cada nombre de las
personas de la Santa Trinidad lo sumerge y lo hace emerger del agua. Luego lo
seca y se lava las manos, diciendo:
Bienaventurados
aquellos cuyas iniquidades han sido borradas y cuyos pecados han sido
perdonados.
Y viste al bautizado,
diciendo:
El
siervo de Dios N. se reviste con la vestidura de la
justicia, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
A continuación se
canta el siguiente tropario, según el Tono 8º:
Concédeme una vestidura de luz,
Tu que te revistes de luz como de un manto, oh misericordioso Cristo nuestro
Dios (3 veces).
Inmediatamente después
de terminado el precedente Rito del Bautismo, el Sacerdote toma el recipiente
con el Santo Míron (Crisma) y reza sobre el bautizado la siguiente oración:
Sacerdote: Roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Bendito seas, Señor Todopoderoso, Fuente de bien, Sol de
Justicia, que hiciste resplandecer sobre los que estaban en las tinieblas la
luz de la salvación con la manifestación de Tu Hijo como Dios nuestro; Tu nos
has dado, a pesar de nuestra indignidad, una feliz purificación en el agua
santa y la santificación divina con la unción que da la Vida; Tu también ahora
te has dignado hacer que tu siervo renazca, al ser iluminado con el agua y el
Espíritu, y le has concedido el perdón de los pecados, voluntarios e
involuntarios; Tú mismo, Señor, Rey misericordioso del universo, márcalo con el
sello de tu Santo, Omnipotente y Adorado Espíritu y dale la comunión del Santo
Cuerpo y de la Preciosa Sangre de Tu Cristo. Consérvalo en tu santidad,
afírmalo en la Fe Ortodoxa, líbralo del mal y de todas sus asechanzas,
conservando su alma en la pureza y la justicia, por medio de tu saludable
temor, para que, siéndote agradable en toda palabra y acción, sea hijo y
heredero de Tu Reino celestial. Porque Tú eres nuestro Dios, Dios de
misericordia y salvación, y te glorificamos, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Terminada la oración
unge al bautizado con el Santo Míron (Crisma), haciéndole el signo de la Cruz,
en la frente, los ojos, la nariz, la boca, los oídos, el pecho, las manos y los
pies, diciendo a cada unción
El Signo
del Don del Espíritu Santo. Amén.
Luego hacen todos los
asistentes con el bautizado, precedidos por el Sacerdote, una procesión de tres
vueltas alrededor de la pila bautismal, cantando.
Vosotros que en Cristo os bautizasteis, de Cristo os
revestisteis. Aleluya (tres veces).
Sacerdote: Atendamos.
Un lector o uno de
los asistentes, dice (tono 3º):
El Señor es mí luz y mi salvación. ¿A quién temeré?
El Señor es el defensor de mi vida, ¿de quién tendré
miedo?
Sacerdote: Sabiduría.
El Lector lee el
título de la carta del Apóstol:
Lectura de la carta del Apóstol Pablo a los Romanos
(6:3-11).
Sacerdote: Atendamos.
El Lector prosigue:
Hermanos: cuantos fuimos
sumergidos por el bautismo en Cristo Jesús, fue en su muerte donde fuimos
sumergidos. Pues por medio del bautismo fuimos juntamente con él sepultados en
su muerte, para que, así Como Cristo fue resucitado de entre los muertos para gloria
del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva. Pues si hemos
llegado a ser una misma vida con él por una muerte semejante a la suya, también
lo seremos por una resurrección parecida. Comprendamos bien esto: que nuestro
hombre viejo fue crucificado junto con Cristo, a fin de que fuera destruido el
cuerpo del pecado, para que no seamos esclavos del pecado nunca más. Pues el
que una vez murió, ha quedado definitivamente liberado del pecado. Por lo
tanto, sí hemos muerto con Cristo, tenemos fe de que también viviremos con él,
sabiendo que Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere más: la
muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque en cuanto a que murió, para el
pecado murió de una vez para siempre; pero en cuanto a que vive, vive para
Dios. Así también vosotros consideraos muertos para el pecado, pero vivos para
Dios en Cristo Jesús.
Sacerdote: Paz a
ti, Lector.
Coro: Aleluya. (3 veces).
Sacerdote: ¡Sabiduría! ¡De pie!
Escuchemos el Santo Evangelio.
La paz sea con todos.
Coro: Y con tu
espíritu.
Sacerdote: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (28:16-20).
Coro: Gloria
a Ti, Señor, gloria a Ti.
Sacerdote: Atendamos.
Sacerdote: En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea,
al monte que Jesús les había señalado. Y cuando lo vieron, lo adoraron, aunque
algunos quedaron indecisos. Y acercándose Jesús a ellos, les habló así: Se me
ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, id, pues, y haced discípulos a
todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Y mirad:
yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos.
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti
Sacerdote: Roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Tú que has concedido a este tu siervo por el santo
bautismo la liberación de los pecados y que lo has otorgado la vida de un nuevo
nacimiento, haz, Señor, que brille siempre en su corazón la luz de tu rostro y
conserva la armadura de la fe inexpugnable para los enemigos. Protege la
vestidura de incorrupción, de la cual se ha revestido, pura y sin mancha y
conserva en él, por tu gracia, el sello espiritual con que ha sido marcado,
siéndonos propicio a él y a nosotros por tu inmensa misericordia, pues ha sido
bendecido tu nombre honorable y magnífico, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: Roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Señor nuestro Dios, que por las aguas bautismales
concedes la luz celestial a los bautizados, que has hecho volver a nacer a tu
siervo, recién iluminado por el agua y el Espíritu, y que le concediste el perdón
de sus pecados voluntarios e involuntarios, impón sobre él tu mano soberana,
conservándolo por el poder de tu gracia, guardando inviolables tus arras y
haciéndolo digno de la vida eterna y de tu agrado. Porque Tu eres nuestra
santificación y Te glorificamos, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: La paz sea con todos.
Coro: Y con tu espíritu.
Sacerdote: Inclinad vuestras cabezas ante el Señor.
Coro: A Ti, Señor.
Sacerdote: Éste que se ha revestido de Ti, oh Cristo, nuestro Señor
y Dios, inclina con nosotros su cabeza delante de Ti: protégelo para que sea
siempre un luchador invencible contra los que en vano tratan de enemistarlo, lo
mismo que a nosotros; haz que en definitiva seamos vencedores todos, para que
merezcamos una corona inmarcesible. Pues en Ti está tener misericordia de
nosotros y salvarnos, y a Ti sea la gloria y a Tu Padre Eterno, y a Tu Espíritu
Santo y Bueno, que da vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Amén.
Ahora el Sacerdote
quita el cinturón o la faja del niño y su camiseta y, reuniendo sus extremos,
los empapa en agua pura y asperja al niño, diciendo:
Has sido
justificado, iluminado, santificado y lavado en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo
y por el Espíritu de nuestro Dios.
Y tomando una esponja
nueva le lava el rostro, la cabeza y el resto del cuerpo, diciendo:
Has
sido bautizado, iluminado, confirmado, santificado y lavado en el nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Sacerdote: Roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Soberano Señor nuestro Dios, que has honrado al hombre
con tu imagen, lo has provisto de un alma racional y de un cuerpo lleno de
nobleza, para que e cuerpo sirva al alma racional: has colocado la cabeza en la
cima del cuerpo y haz dispuesto en ella la mayor parte de los sentidos, sin que
haya interferencia de unos para con los otros; (has cubierto la cabeza de
cabellos a fin de que no sea molestada por los cambios de clima) y has
dispuesto todos los miembros en la mejor forma, de suerte que con todos ellos
el hombre te dé gracias a Ti, gran Artífice; Tú, Señor, que nos has enseñado
por tu vaso de elección, el Apóstol Pablo, a hacer todo para gloria tuya, bendice
a tu servidor N. que ha venido a ofrecerte como primicias el
corte de los cabellos de su cabeza y bendice también a sus padrinos y
concédeles que se instruyan sin cesar en Tu ley y hagan lo que Te agrada.
Porque eres un Dios bueno y amante de la humanidad y Te glorificamos, oh Padre,
Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Sacerdote: La paz sea con todos.
Coro: Y con tu espíritu.
Sacerdote: Inclinad vuestras cabezas ante el Señor.
Coro: A Ti,
Señor.
El Sacerdote,
inclinado, dice la siguiente oración:
Sacerdote: Señor nuestro Dios, que por el contenido de esta fuente
bautismal has santificado en tu bondad a los que creen en Ti, que tu bendición
se extienda sobre la cabeza de este niño; como bendijiste al Rey David por
medio del Profeta Samuel, bendice también la cabeza de tu servidor N., por mi mano
pecadora, y visítalo con Tu Espíritu Santo, a fin de que, avanzando en edad y
alcanzando alta vejez, te tribute gloria y vea los bienes de Jerusalén todos los
días de su vida.
Porque Te es debida toda gloria, honor y adoración,
oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos.
Coro: Amén.
El Sacerdote corta
los cabellos del niño en forma de Cruz diciendo:
Es
tonsurado el siervo de Dios N., en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Sacerdote: Gloria
ti, Cristo Dios, esperanza nuestra, gloria a Ti.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Bendícenos, Padre.
Sacerdote: concluye diciendo la Apólisis.
Nota: Si el
niño está en peligro de muerte y no ha sido posible conseguir que venga un
sacerdote, cualquier laico ortodoxo, sea hombre o mujer, puede bautizar,
siempre y cuando lo inmerja tres veces en el agua, diciendo: “Es bautizado el
siervo de Dios N.,
en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.” Si el niño muere,
se considera bautizado. Si no, debe llevársele a la iglesia tan pronto sea
posible, y el Sacerdote completará el Rito, administrándole el Sacramento de la
Unción Crismal (Confirmación).
Si el niño está en tal situación que no
puede ser movido o levantado para ser sumergido en el agua tres veces, se
permite (solamente en este caso) bautizarlo vertiendo agua sobre su cabeza o
rociándolo tres veces, diciendo: Es bautizado el siervo de Dios N. en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
IOBE Vicaría Episcopal