LA DIVINA LITURGIA DE SAN JUAN CRISÓSTOMO
Con Aprobación Canonica para uso de las Iglesias Ortodoxas dependientes del Omoforionado de S. G. Mar Athanasios, Primado de Santa Iglesia Bielorrusa en el exilio, y particularmente para la Eparquia de la Republica Argentina. 17/03/04
PROSKOMIDIA
EL KAIRON.
Oraciones en la Entrada, antes de la Divina Liturgia1
El sacerdote y el diácono que se proponen celebrar la Divina Liturgia, deben, en primer lugar, estar en paz con todos, no guardar rencor contra nadie, en cuanto es posible guardar su corazón de malos pensamientos, y mantenerse sobrios y vigilantes de mente y cuerpo hasta la hora del Divino Servicio.
Llegado el momento de celebrar los Divinos Misterios, si preside el Obispo, el sacerdote y el diácono esperan a su lado. En caso de no presidir el obispo, salen del Santuario por la Puerta Norte, estando las Puertas Reales cerradas, hacen tres reverencias ante el Trono episcopal, luego se adelantan frente a las Puertas Reales, y haciendo3 inclinaciones (metanias) dice cada uno:
Oh Dios, purifícame a mí, pecador, y ten piedad de mí.
Luego dice el diácono en voz baja:
Diácono: Bendice, señor.
Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Diácono: Amén.
Sacerdote: Gloria a Ti, Cristo Dios nuestro, gloria a Ti.2
Rey Celestial, Paráclito, Espíritu de la Verdad, que estás en todas partes y que todo lo llenas, Tesoro de todo bien y Dador de la Vida, ven y mora en nosotros, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.
Diácono: Amén.
Santo Dios, ?3 Santo Poderoso, Santo inmortal, ten piedad de nosotros (3 veces).4
Gloria al ? Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; ahora y siempre, y por los siglos de los siglos, amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por tu nombre.
Señor, ten piedad (3 veces).
Gloria al ? Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; no nos dejes caer en tentación, y líbranos del Mal.
Sacerdote: Porque tuyos son el reino, y el poder y la gloria, ? Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Diácono: Amén.
Y luego dicen los siguientes troparios con mucha devoción:
Sacerdote: Ten piedad de nosotros, oh Señor, ten piedad de nosotros; porque desechando toda excusa te ofrecemos, como a Soberano nuestro, esta súplica: ten piedad de nosotros.
Diácono: Gloria al ? Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Ten piedad de nosotros, oh Señor, pues en ti hemos puesto nuestra confianza; no estés sobremanera airado con nosotros, ni te acuerdes de nuestras transgresiones; mira con tu bondad hacia nosotros en este tiempo y líbranos de nuestros enemigos; porque Tú eres nuestro Dios y nosotros somos tu pueblo; todos somos la obra de tus manos, y clamamos a tu Santo Nombre.
Sacerdote: Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Ábrenos las puertas de tu entrañable compasión, oh ? Teotocos (Deípara) bienaventurada, no seamos confundidos los que esperamos en ti, mas presérvanos de toda adversidad, tú que eres la salvación del pueblo cristiano (diciendo esto se abren las Puertas Reales).
Diácono: Señor ten piedad (12 veces).
Gloria al ? Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Hacen la señal de la Cruz y tres metanias. Seguidamente, con la cabeza descubierta, besando la Imagen de Cristo dicen:
Ante tu purísima imagen nos postramos, oh bondadoso Señor, pidiendo el perdón de nuestras ofensas, Cristo nuestro Dios; porque quisiste de tu propia voluntad ascender a la Cruz hecho carne, para liberar de la esclavitud del enemigo a los habías creado; por lo que con gozo Te aclamamos: ¡todo lo has llenado de júbilo, oh Salvador Nuestro, viniendo a salvar al mundo!
Besan el icono de la Madre de Dios diciendo:
Oh ? Theotokos, tú que eres manantial de entrañable compasión, haznos dignos de tu merced, mira a tu pueblo que ha pecado y muestra, como siempre, tu poder; porque en ti ponemos nuestra esperanza y te aclamamos, como antes Gabriel, el adalid de los Poderes Incorpóreos: ¡Alégrate!
Besando el icono del Precursor dicen:
Sea evocada con alabanzas la memoria del justo. A ti bastará el testimonio del Señor, oh Precursor. Te has manifestado como el más venerable de los profetas, ya que en el río Jordan bautizaste al que estaba anunciado. Habiendo sufrido por amor a la Verdad, proclamaste con gozo, incluso a los habitantes del Hades, al Dios que se encarnó, que quitó los pecados del mundo y nos otorga su grande misericordia.
En vez de esto pueden decir el Kondakio:
Profeta de Cristo, precursor de la Gracia, tu cabeza, como rosa sagrada, ha florecido en la tierra. Por ello buscamos en ella curación en todo tiempo; pues, como antaño, no cesas de predicar al mundo el arrepentimiento.
Besando la imagen del Santo titular del templo rezan el apolitiquio propio. Si, se festeja un santo, besan su imagen diciendo su propio tropario. Luego de besar los santos iconos regresan a las Puertas Reales. Y dice el que está de pie a la derecha del sacerdote con la cabeza descubierta, el Diácono.
Diácono: Roguemos al Señor. Señor ten piedad.
Inclinando la cabeza descubierta el sacerdote dice esta plegaria:
Sacerdote: Extiende tu mano desde tu santa morada en las alturas, oh Señor, y fortaléceme para este ministerio, a fin de que sin condenación pueda presentarme ante tu terrible trono y celebrar el Sacrificio Incruento; porque tuyos son el poder y la gloria por los siglos de los siglos.
Diácono: Amén.
El sacerdote hace un pequeño Apólisis, de este modo:
Sacerdote: Gloria a Ti, Cristo nuestro Dios y esperanza nuestra, gloria a Ti.
Diácono: Gloria al ? Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Señor ten piedad (tres veces).
Bendice, santo señor.
Sacerdote: Oh Cristo, nuestro verdadero Dios, (si es Domingo: quen resucitaste de entre los muertos), por la intercesión de tu Inmaculada y Purísima y Santísima Madre, de los santos gloriosos y venerados Apóstoles, de nuestro Padre entre los santos Juan Crisóstomo, Arzobispo de Constantinopla (o, en su caso: San Basilio Magno, Arzobispo de Cesarea en Capadocia, cuando se celebra esta Liturgia), cuya Liturgia hoy celebramos, del santo (del templo) NN., del Santo N.; (del día), del cual hoy celebramos la memoria, y de todos los santos, ten piedad de nosotros y sálvanos, pues eres Dios bueno y misericordioso y amas a la humanidad.
Por la intercesión de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros.
Diácono: Amén.
Ha de saberse que, si está presente el Obispo, reciben la bendición de él sin decir nada de lo anterior. De otro modo, después del Apolisis, dan vuelta hacia el pueblo, e inclinando ligeramente la cabeza piden perdón, con los brazos cruzados sobre el pecho, primero uno frente al otro y luego hacia el pueblo, y entran al Santuario, el sacerdote por la puerta norte, y el diácono por la puerta del sur al tiempo que dicen:
Ambos: ¿Cómo puedo yo, indigno, entrar en el esplendor de Tus Santos? Pues si me atreviese a entrar en la cámara nupcial mi vestidura me denunciaría porque no es de bodas, y maniatado los ángeles me echarían. Limpia la inmundicia de mi alma y sálvame, Señor, pues amas a la humanidad.
Y también:
Entraré en tu santa morada y me postraré ante Dios Uno, adorado en tres Personas, ? Padre, Hijo y Espíritu Santo, por los siglos. Amén.
Habiendo entrado al Santuario, estando el sacerdote en el centro y el diácono en la esquina sur este, hacen tres metanias ante la Santa Mesa. Y besan, el sacerdote el Santo Evangelio y la parte de la Santa Mesa frente a el, y el diácono solamente su borde derecho.
ORACIONES DE VESTICIÓN.
El diácono recibe en sus manos el esticario. Luego, tomando cada uno su esticario en la mano, hacen tres metanias hacia el Oriente, diciendo cada uno para sí:
Sacerdote y Diácono: Dios, purifícame a mí, pecador, y ten piedad de mí.
El diácono se dirige al ministro de mayor jerarquía teniendo en la mano derecha los indumentos sagrados propios de su oficio (el estijario, el orario y dos sobremangas), e inclinando la cabeza ante él dice apaciblemente5 :
Diácono: Bendice, señor, el estijario junto con el orario.
El sacerdote traza sobre ellos la señal de la Cruz diciendo apaciblemente:
Sacerdote: Bendito ? sea nuestro Dios, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
El diácono, besando la diestra del sacerdote, dice:
Diácono: Amén.
El diácono se retira a un lado del sagrado lugar y se reviste. Se pone el estijario, sin bendecir, diciendo:
Diácono: Roguemos al Señor. Señor ten piedad.
Diácono: ¡Cómo se alegra mi alma en el Señor! porque me ha revestido con ropaje de salvación, me ha cubierto con vestidura de júbilo, como un novio que se pone su corona, o una novia que se adorna con sus joyas. Eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Y besando el orario se lo coloca sobre el hombro izquierdo diciendo:
Diácono: Santo, Santo, Santo, Señor Sabaoth, llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Después besa y se pone la sobremanga de la mano derecha diciendo:
Diácono: Roguemos al Señor. Señor ten piedad.
Tu diestra, Señor, ha sido glorificada en fortaleza; tu diestra, Señor, ha quebrantado al enemigo. Y con la magnitud de tu gloria has aniquilado a los que se alzaron contra Ti. Eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Después de besar la sobremanga izquierda poniéndosela dice:
Diácono: Tus manos me hicieron y me formaron; instrúyeme para que aprenda tus mandatos. Eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
El diácono va a la mesa de la Prótesis, donde arregla los vasos sagrados. Después de haber encendido una vela, extiende la cálima, ordinariamente de color rojo, sobre la cual ordena los sagrados objetos. Hacia el centro, el Disco lo pone a la izquierda y el Santo Cáliz a la derecha. Luego deposita los 3 velos: el del Cáliz, el del Disco y el Aer al lado del Disco. Asimismo la pequeña esponja, la cuchara de la comunión y el asterisco, las cuales coloca detrás del Disco. Además, deposita en un platillo especial el Pan de la Oblación, que coloca en el centro, delante del Disco y del Santo Cáliz, apoyando la lanza sobre la Prósfora. Finalmente, coloca el agua y el vino a la derecha del Santo Cáliz, pero algo atrás. Inmediatamente después, alcanza al sacerdote para lavarse las manos.
EL SACERDOTE SE REVISTE DE ESTE MODO:
Tomando su estijario con su mano izquierda, e inclinándose 3 veces hacia el oriente, lo bendice haciendo la señal de la cruz, y dice:
Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios, perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Y lo viste diciendo:
Sacerdote: Roguemos al Señor. Señor ten piedad.
¡Cómo me alegro en el Señor! porque me ha revestido con ropaje de salvación, me ha cubierto con vestidura de júbilo, como un novio que se pone su corona o una novia que se adorna con sus joyas. Eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
El sacerdote toma su epitrajilio, lo bendice trazando la Señal de la Cruz, besa la Cruz bordada en su centro, y se lo pone diciendo:
Sacerdote: Roguemos al Señor. Señor ten piedad.
Bendito sea Dios que derrama su Gracia sobre sus sacerdotes, como ungüento precioso en la cabeza, que va bajando hasta la barba, la barba de Aarón, que va bajando hasta la orla de su vestidura. Perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Después toma la zona, la bendice y la ciñe diciendo:
Sacerdote: Roguemos al Señor. Señor ten piedad.
Bendito sea Dios que me ciñe de valor y hace íntegros mis caminos. Eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. amén.
El sacerdote bendice trazando la Señal de la Cruz y se coloca las sobremangas dice lo mismo que dijo el diácono.
Besa y se pone la sobremanga de la mano derecha diciendo:
Sacerdote: Roguemos al Señor. Señor ten piedad.
Tu diestra, Señor, ha sido glorificada en fortaleza; tu diestra, Señor, ha quebrantado al enemigo. Y con la magnitud de tu gloria has aniquilado a los que se alzaron contra ti. Eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Después de besar la sobremanga izquierda poniéndosela dice:
Sacerdote: Tus manos me hicieron y me formaron; instrúyeme y aprendere tus mandamientos; perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Luego, si el sacerdote tiene algún oficio eclesiástico superior, toma el epigonatio, lo bendice haciendo la señal de la Cruz, y lo besa diciendo:
Sacerdote: Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
Cíñete al flanco la espada, valiente, es tu gala y tu orgullo; cabalga victorioso por la verdad y la justicia; tu diestra te enseñe a realizar proezas; eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Después, tomando el sacerdote el felonio lo bendice6 , lo besa, y poniéndoselo dice:
Sacerdote: Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
Que tus sacerdotes se revistan de justicia y tus fieles griten de alegría; eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
VESTICIÓN DEL OBISPO.1
Mientras se viste el obispo, en cada uno de sus indumentos el primer diácono dice y exclama todo lo anterior. Tomando el estijario, el primer diácono dice al obispo:
Primer diácono2 : Bendice, señor, el santo estijario.
Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
El obispo bendice el estijario y el primer diácono se lo pone diciendo:
Primer diácono: ¡Cómo me alegro en el Señor! porque me ha revestido con ropaje de salvación, me ha cubierto con vestidura de júbilo, como un novio que se pone su corona o una novia que se adorna con sus joyas.
Segundo diácono: Perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Tomando el epitrajilio, el primer diácono dice al obispo:
Primer diácono: Bendice, Señor, el santo epitrajilio. Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
El obispo bendice el epitrajilio y lo besa. El primer diácono se lo pone diciendo:
Primer diácono: Bendito sea Dios que derrama su Gracia sobre sus Epíscopos como bálsamo sobre la cabeza, que desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta la orla de su vestido. Perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Segundo diácono: Perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Tomando la sobremanga derecha, el primer diácono dice al obispo:
Primer diácono: Bendice, Señor, la santa sobre manga. Oremos al Señor. Señor ten piedad.
El obispo bendice y besa la sobre manga. El primer diácono se la pone diciendo:
Primer diácono: Tu diestra, Señor, ha sido glorificada en fortaleza; tu diestra, Señor, ha quebrantado al enemigo. Y con la magnitud de tu gloria has aniquilado a los que se alzaron contra ti.
Segundo diácono: Perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Tomando la sobre manga izquierda, el primer diácono dice al obispo:
Primer diácono: Bendice, señor, la santa sobre manga.
El obispo la bendice y la besa. El primer diácono se la pone diciendo:
Primer diácono: Sus manos te hicieron y te formaron; que el Señor te instruya para que aprendas sus mandatos.
Segundo diácono: perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Tomando el epigonatio, el primer diácono dice al obispo:
Primer Diácono: Bendice, señor, el santo epigonatio. Oremos al Señor. Señor, ten piedad.
El obispo bendice el epigonatio y lo besa. El primer diácono se lo pone diciendo:
Primer diácono: Cíñete al flanco la espada, valiente, es tu gala y tu orgullo; cabalga victorioso por la verdad y la justicia; tu diestra te enseñe a realizar proezas.
Segundo diácono: Eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Tomando el sakkos, el primer diácono dice al obispo:
Primer diácono: Bendice, señor, el santo sakkos. Oremos al Señor roguemos. Señor ten piedad.
El obispo bendice y besa el sakkos. El primer diácono se lo pone diciendo:
Primer diácono: Tus sumos sacerdotes se vestirán de justicia, y tus santos se alegrarán en tu gozo.
Segundo diácono: Perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Tomando el omoforio, el primer diácono dice al obispo:
Primer diácono: Bendice, señor, el santo omoforio. Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
El obispo bendice y besa el omoforio. El Primer diácono se lo pone diciendo:
Primer diácono: Sobre los hombros, Cristo, llevaste a la humana naturaleza descarriada, y al ser levantado la condujiste al cielo, ante tu Dios y Padre.
Segundo diácono: Eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Tomando la Cruz pectoral, el primer diácono dice al obispo:
Primer diácono: Oremos al Señor. Señor, ten piedad.
El obispo besa la cruz pectoral. El primer diácono se la pone diciendo:
Primer diácono: El que quiera venir detrás de mí niéguese a sí mismo, tome su Cruz y sígame.
Segundo diácono: Perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Tomando el engolpio, el primer diácono dice al obispo:
Primer diácono: Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
El obispo besa el engolpio. El primer diácono se lo pone diciendo:
Primer diácono: Un corazón limpio ha construido Dios dentro de ti, y un espíritu recto ha establecido en tus entrañas.
Segundo diácono: Perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Si el obispo tiene la dignidad para la panagia, el primer diácono toma la panagia y dice al obispo:
Primer diácono: Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
El obispo besa la panagia. El primer diácono se la pone diciendo:
Primer diácono: Tu corazón ha vertido adelante la buena palabra; hablarás de tus obras al Rey; tu lengua es la pluma de un ágil escribano.
Segundo diácono: Perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Tomando la mitra, el primer diácono dice al obispo:
Primer diácono: Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
El obispo besa la mitra. El primer diácono se la pone diciendo:
Primer diácono: Ha puesto en tu cabeza una corona de piedras preciosas; pediste vida, y Él te concedió larga vida.
Segundo diácono: perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Tomando el báculo, el primer diácono se lo da al obispo diciendo:
Primer diácono: Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
Segundo diácono: Báculo de fuerza te ha mandado el Señor de Sión; domina en medio de tus enemigos.
Primer diácono: èrètuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. amén.
El primer diácono toma el triquirio y el segundo diácono el diquirio. Estando frente al obispo, el primer diácono a su derecha y el segundo a su izquierda. El primer diácono dice:
Primer diácono: Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
El obispo bendice a los diáconos, y los diáconos dicen:
Ambos diáconos: De tal modo iluminará tu luz ante a los hombres, para que vean tus buenas obras, y para que glorifiquen a tu Padre en los cielos.
Segundo diácono: Perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
El primer diácono, seguido por el segundo diácono, besa la mano derecha del obispo.
?
VESTICIÓN DEL OBISPO EN LA SOLEA.
Si el obispo desea vestirse para la Divina Liturgia en la solea más bien que en el santuario, entonces, al canto de las preces del Orthros, los diáconos no salen del santuario ni el obispo desciende del trono, sino que Orthros continua hasta la bendición.
Después de la bendición, los dos diáconos, completamente revestidos y llevando el trikirion y el dikirion, salen del santuario por las puertas norte y sur y se sitúan frente al trono, a ambos lados del obispo. El primer diácono dice en voz alta:
Primer diácono: Levántate, oh Señor, de tu reposo, Tú y el arca de tu santidad. Bendice, señor.
Obispo: Bendito sea nuestro Dios, perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
El obispo desciende entonces del trono y, acompañado por los dos diáconos, dice el Kairon, y entonces, muy lentamente, el coro canta:
Coro: A nuestro Señor y Obispo guarda, oh Señor, por muchos años (3 veces). Por muchos años, Señor.
Sigue la despedida del Kairon. El obispo no bendice ahora a la congregación. En este momento los diáconos entonan, tres veces, alternando:
Primer diácono: Sacerdotes del Altísimo, salgan afuera.
Segundo diácono: Sacerdotes del Altísimo, salgan afuera.
Primer diácono: Sacerdotes del Altísimo, salgan afuera.
A este llamado, los sacerdotes completamente revestidos salen del santuario por las puertas norte y sur, portando las vestiduras episcopales, y ocupan sus lugares acostumbrados a ambos lados del obispo, el cual está en el centro de cara al este. El obispo se separa del báculo, y el epanokalymmavkhon, la mandya, el engolpio y el exorasson se retiran de él. Entonces los diáconos, estando afuera de las santas puertas, mirando al occidente, inciensan al obispo mientras entonan en voz alta la oraciones para la vestición del obispo indicadas arriba, respondiendo el coro, a cada vez:
Coro: Señor ten piedad.
Coro: Amén.
Los subdiáconos visten al obispo. Después de haber tomado su báculo, el obispo lo deja y toma en su lugar el triquirio y el diquirio. Entonces bendice a la congregación con el trikirion y el dikirion mientras el coro canta:
Coro: Por muchos años, señor.
El obispo, a continuación, mira al oriente, da el triquirio y el diquirio a los diáconos, toma el báculo y comienza la Divina Liturgia Jerárquica con el diálogo entre él mismo y el primer diácono.
?
1 Si el obispo no celebra, pase a la pág. 32
2 Si solamente hay un diácono, éste dice todo lo señalado para dos.
Mientras el sacerdote se reviste, el diácono, ya revestido, se acerca a la prótesis y prepara todo lo necesario para la Proskomidia, y cubre después el Cáliz y el Disco con la cálima.
El Servicio de la Preparación.
Después de revestirse sus indumentos sagrados, los celebrantes van al lavabo, a un lado del santuario, en general al lado de la Prótesis, y se lavan las manos diciendo, cada uno para sí el siguiente salmo:
Me lavo purificándome las palmas y doy vueltas en torno a tu altar, haciendo oír mi acción de gracias y contando tus maravillas.
Señor, he amado la casa donde moras, el lugar donde reside tu Gloria.
No me dejes perder el alma con los pecadores ni con los sanguinarios la vida; en cuyas manos llevan infamias y han llenado su derecha de sobornos.
Yo en cambio procedí honradamente; sálvame, ten piedad de mí; mi pie se mantuvo en el camino recto, en la asamblea bendeciré al Señor.
Después de esto va el sacerdote a la mesa de la Prótesis, vestido con todos sus indumentos sagrados, seguido por el diácono. El sacerdote en el centro, el diácono a su derecha. Hacen tres metanias, cada uno diciendo:
Ambos: Dios, purifícame a mí, pecador, y ten piedad de mí. (Tres veces).
Hacen una reverencia ante la prótesis; el sacerdote remueve la cálima del cáliz y del diskos y la deja a un lado. Mientras hace esto dice:
Sacerdote9 : Prepárate, oh Belén, pues para todos ha quedado abierto el Edén. Apresúrate, Éfrata, pues el ramo de la vida, que crece de la Virgen, ha florecido. Porque sus entrañas se han revelado un paraíso racional y en él está la Planta Divina, de la cual, si comemos, viviremos y no moriremos como Adán. Cristo nació para volver a levantar la imagen que había caído.
Estando todo preparado, y recibiendo el sacerdote la Prósfora, ante la Santa Prótesis, y la Santa Lanza: con ambas manos la levanta hasta la altura de su frente y con mucho temor y fervor levantando sus ojos al cielo dice:
Sacerdote: Nos has redimido de la maldición de la Ley con tu Preciosa Sangre. Clavado en la Cruz y traspasado por la lanza, has derramado la inmortalidad sobre los hombres. Gloria sea a ti, oh Salvador nuestro.
El diácono, sosteniendo el orario con su mano derecha, dice:
Diácono: Bendice, señor.
El sacerdote, haciendo con la Prósfora y la lanza, con ambas manos, el signo de la Cruz sobre el discario y el cáliz, hace la bendición diciendo:
Sacerdote: Bendito sea nuestro ? Dios perètuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Diácono: Amén. Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
El sacerdote, tomando la Prósfora en la mano izquierda y la Santa Lanza en la derecha, hace con ella tres veces la señal de la Cruz, en la parte superior del sello, diciendo cada vez:
Sacerdote: En memoria de ? nuestro Señor, Dios y Salvador, Jesucristo. (tres veces).
A esta exclamación la completa el diácono, cada vez, diciendo:
Diácono: Perpetuamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
La Prósfora lleva en su centro el sello cuyas abreviaturas significan: Jesucristo Vence. Diciendo tres veces lo de arriba, el sacerdote recorta el sello clavando la Santa Lanza y haciendo con ella incisiones en los cuatro lados del Cordero sin alcanzar el fondo de la Prósfora.
Diácono10 : Roguemos al Señor. Señor ten piedad.
El sacerdote, en el lado derecho, donde el sello de la Prósfora dice IC cortando dice:
Sacerdote: Como oveja fue llevado al matadero.
Diácono: Roguemos al Señor. Señor ten piedad.
El sacerdote, seguidamente, clava la lanza en la parte izquierda del sello y dice mientras corta:
Sacerdote: Y como cordero inmaculado, mudo ante su trasquilador, no abrió la boca.
Diácono: Roguemos al Señor. Señor ten piedad.
El sacerdote, en la parte superior del sello:
Sacerdote: En su humillación fue exento de juicio.
Diácono: Roguemos al Señor. Señor ten piedad.
El sacerdote, en la parte inferior:
Sacerdote: Y su generación ¿quién podrá contarla?
Después del último corte del sacerdote, el diácono dice:
Diácono: Alza, señor.
El sacerdote clava la Sagrada Lanza oblicuamente en el lado derecho de la Prósfora y separa la parte recortada que se llama Cordero de Dios, diciendo:
Sacerdote: Porque su vida es separada de la tierra.
Diácono: Sacrifica, señor.
El sacerdote pone el Pan invertido, con el sello hacia abajo, y con la miga hacia arriba, en el Sagrado Discario. El sacerdote sacrifica el Santo Pan, haciendo un corte profundo y vertical con la Sagrada Lanza en forma de Cruz, sin alcanzar la corteza, al tiempo que dice:
Sacerdote: El Cordero, Hijo y Palabra de Dios, que quita los pecados del mundo, es inmolado por la vida y por la salvación del mundo. Inmolado mas no consumido.
El sacerdote vuelve de nuevo el sello del Cordero hacia arriba.
Diácono: Atraviesa, señor.
El sacerdote clava la lanza horizontalmente en el lado derecho, donde el sello está marcado IC y dice:
Sacerdote: Uno de los soldados Le abrió el costado con una lanza y de Él salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero.11
El diácono, tomando el vino y el agua, dice al sacerdote:
Diácono: Bendice, señor, la Sagrada Unión.
Mientras el diácono vierte vino y agua en el Cáliz, el sacerdote bendice este acto diaconal12 con el signo de la Cruz, diciendo:
Sacerdote: Bendita ? sea la unión de tus santos.
Diácono: Eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.13
El sacerdote, tomando en la mano otra Prósfora14 , y cortando de ella una pequeña pieza triangular, dice:
Sacerdote: En honor y en memoria de nuestra bendita y gloriosa Señora, la ? Theotokos y siempre Virgen María, por cuya intercesión acepta, oh Señor, este sacrificio sobre tu Altar celestial.
Y separando la partícula de la prósfora, el sacerdote la coloca a la derecha del Cordero, en el discario, diciendo:
Sacerdote: A tu diestra asistió la Reina, revestida de oro, y engalanada con varios adornos.
Tomando la tercera prósfora15 el sacerdote extrae de ella una partícula más pequeña que coloca en el diskos inmediatamente, a la izquierda del Cordero, diciendo:
Sacerdote: En honor y memoria de los supremos adalides Miguel y Gabriel, y de todos los incorpóreos Poderes celestiales.16
Tomando una segunda partícula de abajo de la primera, el sacerdote la coloca en el diskos debajo de la anterior diciendo:
Sacerdote: Del honorable y glorioso profeta y precursor, Juan Bautista; de los santos y gloriosos profetas: Moisés y Aarón, Elías y Eliseo, David y Jesé, de los tres Santos Jóvenes, de Daniel el profeta y de todos los Santos Profetas;
Tomando una tercera partícula de abajo de la segunda, la coloca en el diskos debajo de la anterior diciendo:
Sacerdote: De los santos, gloriosos y alabadísimos apóstoles Pedro y Pablo, de los Doce y de los Setenta, y de todos los demás Santos Apóstoles.
Tomando una cuarta partícula de junto a la primera, la coloca en el diskos junto a la primera diciendo:
Sacerdote: De nuestros Padres entre los santos, los venerables jerarcas y doctores ecuménicos de la Iglesia: Basilio Magno, Gregorio el Teólogo y Juan Crisóstomo, Atanasio y Cirilo, Nicolás de Mira, Spiridón de Trimitos, Nectarios de Pentápolis, y de todos los demás santos jerarcas;
Tomando una quinta partícula de abajo de la anterior, la coloca en el diskos abajo de la cuarta diciendo:
Sacerdote: Del santo protomártir y archidiácono Esteban; de los santos, gloriosos y grandes mártires Jorge el portador del trofeo, Demetrio en la corriente de mirra, Teodoro el soldado y Teodoro el general; de los hieromártires Policarpo, Ignacio el Teóforo de Antioquía, Haralampos y Eleuterio; de las santas mártires Tecla, Bárbara, Anastasia, Catalina, Dominga, Photinia, Marina, Paraskeva e Irene y de todos los santos hieromártires y rectamente victoriosos mártires y confesores;
Tomando una sexta partícula de abajo de la anterior, la coloca en el diskos abajo de la quinta diciendo:
Sacerdote: De nuestros venerables y teóforos Padres que vivieron en la vida ascética: Antonio Magno, Eutimio, Paisios, Sabas el santificado, Teodosio cabeza de los monasterios, Onofre, Atanasio y Pedro del Monte Athos, y de todos los demás varones y mujeres venerables;
Tomando una séptima partícula de abajo de la anterior, la coloca en el diskos diciendo:
Sacerdote: De los santos e inmmercenarios taumaturgos Cosme y Damián, Ciro y Juan, Pantaleón y Hermolao y de todos los demás santos inmercenarios sanadores.
Tomando una octava partícula de abajo de la anterior, y colocándola en el diskos abajo de la séptima, dice:
Sacerdote: De los santos y justos ancestros del Señor, Joaquín y Ana, de San N. (santo del día), de san N. (santo titular del templo); y de todos los santos, por cuya intercesión atiéndenos, oh Señor Dios nuestro y concede las peticiones que sean para nuestra salvación y la vida eterna.
Tomando una novena partícula de abajo de la anterior, la coloca en el diskos abajo de la octava y dice:
Sacerdote: De nuestro Padre entre los santos, Juan Crisóstomo, Arzobispo de Constantinopla (si se celebra la Liturgia de San Basilio Magno, en vez de lo anterior se dice: San Basilio Magno, Arzobispo de Cesarea en Capadocia).17
Después, tomando la cuarta prósfora, le va sacando partículas, y las va colocando en el diskos en una hilera abajo de las letras KI y KA del Cordero, a medida que dice:
Sacerdote: Acuérdate, oh Soberano, que amas a la humanidad, de todo obispado ortodoxo que difunde rectamente la palabra de tu verdad, de nuestro Arzobispo, ..., del honorable presbiterado, del diaconado en Cristo y de todo orden clerical (si es en un monasterio: del archimandrita N., o del Higúmeno N., ), [de todos nuestros hermanos y concelebrantes, presbíteros N. N y diáconos N. N.] y de todos nuestros hermanos a quienes has llamado a Tu comunión, por tu gran misericordia, oh bondadoso Señor.
Ahora recuerda al obispo u obispos que le ordenaron y a sus compañeros de ordenación, si viven, a su confesor y a otros vivientes, colocando una partícula por cada uno de ellos en el diskos, y diciendo:
Sacerdote: Acuérdate, oh Señor, de tu siervo N.
Luego conmemora a su país diciendo:
Sacerdote: Acuérdate, Señor, de nuestro país, de las autoridades que nos gobiernan y de todos tus fieles ortodoxos.
Enseguida hace conmemoración de los vivos por quienes desee rogar, citando a cada uno por su nombre; por cada uno extrae una partícula diciendo:
Sacerdote: Acuérdate, Señor, de tu siervo N.
Toma la quinta prósfora y conmemora a todos los difuntos tomando una partícula por cada uno, y colocándola en el diskos abajo de la hilera de los vivos y diciendo:
Sacerdote: De nuevo imploramos por la bendita memoria y el perdón de los pecados de todos los reyes ortodoxos, patriarcas, obispos, abajo de la hilera de los vivos, (y diciendo por cada uno:) Acuérdate, Señor, de tu siervo N.
El diácono puede recordar ahora a quienes desee de los vivos y de los difuntos, tomando el sacerdote una partícula por cada uno de los vivos de la cuarta prósfora, y por cada uno de los difuntos de la quinta prósfora. Ahora el sacerdote toma de nuevo la cuarta prósfora, remueve una partícula y la coloca en el diskos con las que corresponden a los vivos diciendo:
Sacerdote: Acuérdate, Señor, también de mi indignidad, y perdóname toda transgresión voluntaria o involuntaria.
Deja la lanza a un lado18 . Enseguida, tomando la pequeña esponja, congrega cuantas partículas ha colocado en el santo discario junto a la parte inferior del Cordero, de tal modo que queden en seguridad y no caiga nada. Después, El diácono toma el incensario, pone incienso en él, y lo da al sacerdote diciendo:
Diácono: Bendice el incienso, señor. Roguemos al Señor.
Y el sacerdote lo bendice diciendo:
Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Te ofrecemos este Incienso, oh Cristo nuestro Dios, como aroma de fragancia espiritual; dígnate recibirlo en tu Altar celestial y envía sobre nosotros la gracia de tu Santísimo Espíritu.
Diácono: Amén. Roguemos al Señor. Sitúa, señor.
El diácono, manteniendo con ambas manos el incensario abierto. El sacerdote traza la señal de la cruz ? sobre el humo del incienso con la estrella, la besa y la coloca sobre el Cordero, en el discario, diciendo:
Sacerdote: Vino la estrella y se situó sobre el lugar donde estaba el Niño.
Diácono: Amén. Roguemos al Señor. Magnifica, señor.
El sacerdote inciensa, del mismo modo, el primer velo (del diskos) y lo pone sobre la estrella diciendo:
Sacerdote: El Señor reina, de majestad vestido, el Señor, vestido y ceñido de poder. Él ha establecido el universo que no será estremecido.
Diácono: Amén. Roguemos al Señor. Cubre, señor.
El sacerdote, procediendo del mismo modo, inciensa el segundo velo, del cáliz, y cubre con él el Santo Cáliz diciendo:
Sacerdote: Tu virtud, oh Cristo nuestro Dios, ha cubierto los cielos, y de tus alabanzas está llena la tierra.
Diácono: Amén. Roguemos al Señor. Recubre, señor.
El sacerdote inciensa, del mismo modo, el aer y lo coloca sobre los Dones, diciendo:
Sacerdote: Protégenos bajo el abrigo de tus alas; aparta de nosotros todo enemigo y adversario; da paz a nuestra vida. Oh Señor, ten piedad de nosotros y de todo tu mundo, y salva nuestras almas pues eres bueno y amas a la humanidad.
Diácono: Bendice, señor.
Enseguida, el sacerdote toma el incensario e inciensa los dones tres veces diciendo a cada una:
Sacerdote: Bendito seas, Dios nuestro, que así lo has dispuesto. Gloria a Ti.
El diácono añade cada vez:
Diácono: Perpetuamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Y tomando el incensario al tiempo que besa la mano del sacerdote, dice el diácono:
Diácono: Por la oblación de los Santos Dones, roguemos al Señor.
El sacerdote hace una metania y dice la oración de la bendición del pan:
Sacerdote: Oh Dios, nuestro Dios, que has enviado como Pan Celestial y alimento del mundo entero a nuestro Señor y Dios Jesucristo, Salvador, Redentor y Bienhechor nuestro, que nos bendice y santifica: bendice tú mismo esta Oblación y dígnate recibirla en tu Altar celestial. Acuérdate, en tu bondad y amor a la humanidad, de los que han ofrecido estos Dones y de aquellos por los cuales fueron ofrecidos, y a nosotros consérvanos sin condenación en la celebración de tus Divinos Misterios. Porque santificado y glorificado es tu honorabilísimo Nombre, ? Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Diácono: Amén.
Los dos hacen piadosamente tres metanias. El sacerdote besa el diskos, el cáliz, la Cruz y el Aer, diciendo:
Sacerdote: Santo ? Dios: Padre sin origen (el diskos); Santo Omnipotente: Hijo coeterno (el cáliz); Santo Inmortal: el Santísimo Espíritu (la Cruz en el air); Oh Santísima Trinidad: Gloria a Ti.
El diácono besa solamente el ángulo más bajo del aer. Entonces el sacerdote dice la despedida [bendición] de la Proscomidia:
Sacerdote: Gloria a ti, oh Cristo, Dios nuestro y esperanza nuestra, gloria a Ti.
Diácono: Gloria al ? Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Señor, ten piedad (tres veces). Bendice, santo señor
El sacerdote pronuncia la despedida:
Sacerdote: El que nació en una gruta y descansó en un pesebre por nuestra salvación, (si es domingo:) el que resucitó de entre los muertos, (si no es domingo se dice la frase correspondiente:) Cristo, verdadero Dios nuestro, por la intercesión de su Madre Inmaculada, de nuestro padre entre los santos Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla. (Si la liturgia es de San Basilio: de nuestro padre entre los santos Basilio el Grande, arzobispo de Cesarea en Capadocia), de san N., (santo del día), y de todos los santos, se apiade de nosotros y nos salve, porque es bueno y ama a la humanidad.
Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, ten piedad de nosotros y sálvanos.
Diácono: Amén.
En las fiestas se dicen las conclusiones propias. Los siguientes himnos son dichos por el diácono o, en otras tradiciones, por el sacerdote, mientras inciensa la prótesis, los cuatro lados de la Santa Mesa y todo el santuario. Después sale del santuario por la puerta norte y hace la gran incensación de la iglesia entera. Si es domingo o algún día pascual, dice primero Habiendo visto... en los demás días comienza con Oh Cristo, estuviste en el sepulcro...
Habiendo visto la Resurrección de Cristo postrémonos ante el Santo Señor Jesús, el único sin pecado. Adoramos tu Cruz, oh Cristo, y cantamos y glorificamos tu Santa Resurrección, porque eres nuestro Dios y no conocemos otro aparte de Ti y aclamamos tu Nombre. Vengan, fieles todos, adoremos la Santa Resurrección de Cristo, pues por la Cruz ha venido el regocijo a todo el mundo. Siembre bendiciendo al Señor, cantemos su Resurrección. Habiendo sufrido la Cruz por nosotros, por su muerte ha abolido la muerte.
Oh Cristo, estuviste en el sepulcro corporalmente; en el Hades con el alma; cual Dios en el paraíso con el ladrón; y en el trono con el Padre y el Espíritu llenándolo todo, siendo tu mismo ilimitado.
Gloria al ? Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Oh Cristo, tu sepulcro que es manantial de nuestra resurrección se reveló vivificador en verdad, más resplandeciente que el Paraíso y más bello que todo tálamo real.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Regocíjate, oh tu que eres una santa y divina morada del Altísimo; pues por medio de ti, oh Madre de Dios, fue concedido el júbilo a los que a ti aclaman: Bendita eres entre las mujeres, oh inmaculada Señora. Amén.
Continúa la incensación mientras recita el Salmo 50:
Misericordia, oh Dios, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito y limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa y tengo siempre presente mi pecado.
Contra Ti solo pequé, cometí la maldad que repruebas.
Que tus argumentos te hagan justicia y resultes inocente en el juicio.
Mira, culpable nací, pecador me concibió mi madre.
Tú quieres sinceridad interior y en lo íntimo me inculcas sensatez.
Límpiame con hisopo del pecado, lávame hasta quedar más blanco que la nieve.
Anúnciame gozo y alegría, que se regocijen los huesos triturados.
Tápate el rostro ante mi pecado y borra toda mi culpa.
Crea en mí, Dios, un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro ni me quites tu Santo Espíritu; devuélveme el gozo de la salvación, afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos, y los pecadores volverán a Ti.
Del homicidio líbrame, oh Dios, Dios y Salvador mío, y mi lengua aclamará tu justicia.
Señor mío, ábreme los labios y mi boca proclamará tu alabanza.
Un sacrificio no Te satisface; si Te ofrezco un holocausto, no lo aceptas.
Para Dios sacrificio es un espíritu quebrantado, un corazón quebrado y triturado, Tú, Dios, no lo desprecias.
Dígnate favorecer a Sión y reconstruye la muralla de Jerusalén; entonces aceptarás sacrificios legítimos, ofrendas y holocaustos, entonces sobre tu altar se inmolarán novillos.
El diácono entra luego en el santuario, inciensa el altar y al sacerdote. Deja el incensario en su sitio y se acerca al sacerdote con la cabeza inclinada y con el orario en la mano, para pedirle la bendición antes de celebrar la Divina Liturgia.19 Se descorre el velo de la Puerta Real cuando el coro comienza el canto de la Doxología. El diácono se sitúa entonces a la derecha del sacerdote frente a la Santa Mesa.
NOTAS
1 El Kairon sigue un orden diferente durante la Brillante Semana de Pascua.
2 Gloria a Ti... y Rey Celestial... se omiten desde el Domingo de Sto. Tomás hasta Pentecostés.
3 Donde aparece este signo X, hacemos la Señal de la Cruz.
4 Durante el tiempo pascual el Trisagio se substituye por el Tropario pascual.
5 El diácono así debe hacer cada vez que desea ministrar o participar en cualquier tipo de oficio sagrado, dentro o fuera del templo.
6 Si este tiene la imagen de Cristo, no lo bendice, sino que solamente lo besa.
7 Si el obispo no celebra, pase a la pág.
8 Si solamente hay un diácono, éste dice todo lo señalado para dos.
9 En algunas tradiciones esta oración es dicha por el diácono mientras prepara la prótesis para la proscomidia.
10 Cada vez que el diácono interviene eleva el orario con su mano derecha.
11 Si se van a consagrar más Corderos en la Divina Liturgia, se preparan ahora, diciendo y haciendo lo mismo que para el primer Cordero, comenzando desde En memoria de nuestro Señor Dios y Salvador, Jesucristo. Cuando todos los Corderos han sido preparados, continúa la proscomidia.
12 Puesto que esta es una bendición de un acto diaconal más que sobre el cáliz mismo, se puede omitir cuando el sacerdote sirve sin un diácono.
13 Si se van a consagrar varios cálices se vierte vino y agua en ellos ahora y se cubren con su cálima.
14 En caso necesario, el sacerdote puede emplear una sola prósfora.
15 En el caso de celebrar el obispo, el sacerdote se detiene aquí, sin completar la oblación; más bien, después de haber extraído las partículas de la Santísima Virgen y de los santos, cubre el Santo Discario con el Aer, sin decir nada. Lo restante lo hará el obispo completando la oblación durante el canto del Himno Querúbico, antes de la Gran Entrada.
16 En algunas tradiciones esta conmemoración de las potestades incorpóreas no se dice. En su lugar, la primera conmemoración de la tercera prósfora es Del honorable y glorioso profeta y precursor..., y la segunda De los santos y gloriosos profetas Moisés...
17 En algunas tradiciones, si se va a celebrar la Divina Liturgia Jerárquica, el sacerdote cubre ahora del diskos y el cáliz con el aer, aparta las primeras tres prósforas, dejando solamente la cuarta y la quinta en la prótesis, para que el obispo complete la Proscomidia.
18 Si están concelebrando otros sacerdotes, se acercan ahora a la prótesis, hacen tres metanias, reverencian la prótesis, toman la lanza y recuerdan a quienes desean de los vivos y de los difuntos.
19 Es necesario saber que cuando el sacerdote oficia sin el diácono no debe pronunciar las palabras que le corresponden a éste en la Proscomidia, a saber: Bendice, señor, o hiere, señor, o es hora de celebrar... ni en la Liturgia antes del Evangelio, ni sus contestaciones propias a estas palabras, sino solamente las letanías y lo necesario para la Ofrenda.
LA DIVINA LITURGIA DE NUESTRO PADRE ENTRE LOS SANTOS JUAN CRISÓSTOMO
Patriarcado Ecuménico de
Constantinopla.
Sacro Arzobispado Ortodoxo Griego
en México.
México
2003
Introducción.
El cometido de la Divina Liturgia es, simplemente, celebrar, hoy como desde hace 20 siglos, la participación del Pueblo de Dios en el Banquete Eucarístico, en el cual se ofrecen el Cuerpo y la Sangre de Cristo como alimento de vida eterna y verdadera y como don (regalo) de libertad.
En la Divina Liturgia nos unimos a nosotros mismos con Cristo, el cual nos renueva con su Cuerpo y con su Sangre y fortalece la Gracia que hemos recibido en nuestro Bautismo cuando fuimos hechos hijos de Dios.
Tal como acontece en cada uno de los Divinos Misterios que celebra la Iglesia, así también en la Divina Liturgia podemos distinguir:
A) El elemento visible del Misterio, que consiste en las particularidades materiales que son necesarias para los fines del Misterio. Estas son, primero, el pan y el vino y, segundo, determinadas y específicas palabras, oraciones, bendiciones que pronuncian ya sea el obispo o el sacerdote.
En la Iglesia Ortodoxa, conforme al testimonio del Nuevo Testamento (Mt. 26: 26-29; Mc. 17: 22-25; Lc. 22: 17-20; Jn. 6: 48-51, 52-56; 1ª. Cor. 11:23-26), necesitamos pan común y vino común; es decir, pan natural y no ázimo -como hace la iglesia de Roma-, y vino natural y no mosto -como se hace en algunas congregaciones protestantes-.
Hasta el siglo once la Iglesia siguió la misma tradición que hasta hoy sostiene la Iglesia Ortodoxa; pero la iglesia Romana innovó reemplazando el pan de la tradición con ázimo, lo cual también siguieron muchos protestantes.
B) La parte invisible del Misterio: La Gracia invisible del Misterio, su elemento místico, es aquella fuerza que se alcanza solamente a través de la energía del Espíritu Santo.
En el Misterio de la Divina Eucaristía está el mismo Cristo con toda su teándrica existencia, es decir, tanto su naturaleza divina como su naturaleza humana. Esto se deriva de las palabras mismas de Jesús: "Este es mi Cuerpo...Esta es mi Sangre..."(Mt. 26: 26-29).
Por esto en la Divina Liturgia, la presencia de Jesucristo no es algo simbólico, sino real, concreto y objetivo. No coexiste con los elementos del pan y el vino aunque exista la apariencia o forma de estos. Los elementos naturales se transforman del todo en el real y vivificante, y teándrico, Cristo. El pan consagrado ya no es más pan, sino que el el Cuerpo de Cristo. El vino consagrado ya no es vino, sino que es la Sangre de Cristo nuestro Salvador.
De este modo la Divina Liturgia es un Sacrificio real.
La Tradición cristiana, como expresan las antiguas liturgias, los escritos de los Padres y maestros de la Iglesia, y los Concilios Ecuménicos, no sólo concuerda con la afirmación de que la Eucaristía es Sacrificio, sino que se identifica con el Sacrificio de Cristo en la Cruz para nuestra Salvación. Esta identificación de la Eucaristía con el Sacrificio de la Cruz no disminuye el infinito valor del Sacrificio de Nuestro Señor a pesar de lo que sostienen los protestantes.
Ya que el Sacrificio de la Cruz es un apax, es decir, algo que acontece de una vez y para siempre, se entiende que liberó a todo el mundo del pecado y reconcilió a toda la humanidad con Dios, la Divina Eucaristía posibilita la reconciliación, de cada uno de los que comulgan, con Dios.
Como tal, el Sacrificio Eucarístico crea una relación viviente entre Dios y los hombres que son perdonados y salvados; por nuestra aceptación personal, la Eucaristía renueva para nosotros, que participamos y comulgamos en ella, el valor salvífico del Sacrificio de la Cruz.
Para recibir la Santa Comunión, aquel que se reconoce seriamente como pecador, se acerca antes al Misterio de la Confesión; así discierne el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La Santa Comunión así recibida, dignamente, acaba y perfecciona la obra del perdón de los pecados y fortalece al comulgante en su lucha contra ellos.
De lo arriba dicho se infiere que la Divina Eucaristía pertenece y sirve a todos aquellos que, habiendo sido bautizados en la Verdadera Iglesia y que son, por tanto, parte de ella, están en la comunidad de la misma fe y en la unidad del amor; por lo tanto, solamente los cristianos ortodoxos que están en plena comunión con la Iglesia pueden tomar parte en la Santa Comunión, especialmente si tienen por ello la bendición de su confesor y padre espiritual.
Finalmente, para el cristiano ortodoxo, la Santa Comunión no es un instrumento o medio para construir la unidad entre los cristianos, que tanto deseamos y por la cual tanto hacemos en nuestros días, sino que es la culminación final de este esfuerzo, la manifestación de la unidad ya alcanzada, la cual se funda en las verdades dogmáticas y en el orden canónico de la Iglesia.
Por esto, la Santa Comunión no es posible que se ofrezca por razones de cortesía mal entendida.
Mandatos de San Basilio Magno al sacerdote.
Estudia, sacerdote, para hacerte un trabajador intachable, que distribuya rectamente la palabra de la Verdad.
Nunca te presentes a la Synaxis teniendo enemistad contra alguien, así no ahuyentarás al Paráclito.
El día de la Synaxis no juzgues, no discutas, más bien mantente en oración y leyendo en la iglesia hasta la hora en que realizarás las divinas y sagradas ceremonias; y, entonces, estando con compunción y pureza de corazón en el Sagrado Santuario, no estés mirando aquí y allá, sino, de pie y con temor y temblor ante el Rey Celestial.
No apresures, a causa de la debilidad humana, ni acortes las oraciones, ni trates de agradar a las personas, sino mira solamente hacia el Rey, que está presente, y a las huestes angélicas que le rodean.
Hazte digno por medio de los santos cánones.
No concelebres con quien está prohibido.
Mira en presencia de quién estás, cómo le sirves y a quién atiendes.
No ignores los mandamientos del Soberano ni los de los Apóstoles. No des a los perros lo que es santo; ni tires las perlas a los cerdos.
Ve que no entregues al Hijo de Dios en mano de los indignos.
No te avergüences ante los que poseen gloria en la tierra, ni ante aquellos que llevan la corona en este tiempo.
A aquellos que son dignos de entrar en comunión dispensa los Dones libremente, así como tú también los has recibido.
No los entregues a quienes no observan los divinos cánones.
Doxología1
Gloria a ti, quien nos muestras la luz.
Gloria en las alturas a Dios y en la tierra paz; entre los hombres, benevolencia.
Te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias por tu grande gloria.
Señor, Rey, Dios celestial, Padre Todopoderoso; Señor Hijo unigénito, Jesús Cristo; y el Espíritu Santo.
Señor, Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, el que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Tú que quitas los pecados del mundo.
Recibe nuestra oración, Tú que estás sentado a la diestra del Padre, y ten piedad de nosotros.
Porque sólo Tú eres santo, sólo Tú eres Señor, Jesús Cristo, en la gloria de Dios Padre. Amén.
Día tras día te bendecimos, y alabamos tu Nombre para siempre, y por los siglos de los siglos.
Concede, Señor, guardarnos este día sin pecado.
Bendito eres Señor, Dios de nuestros padres, y alabado y glorificado sea tu Nombre por los siglos. Amén.
Sea sobre nosotros tu misericordia, Señor, pues hemos esperado en ti.
Bendito seas, Señor: instrúyeme en tus mandatos (tres veces).
Señor, te has hecho nuestro refugio de generación en generación. Dije: Señor, ten piedad de mí, sana mi alma, porque he pecado contra ti.
Señor, en ti me refugio: enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi Dios.
Porque en ti está la fuente de la vida; en tu luz veremos la luz.
Extiende tu misericordia a quienes te conocen.
Santo X2 Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (tres veces).
Gloria al X Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
Santo X Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
Después se canta, generalmente:
Hoy la Salvación al mundo ha venido. Cantemos al resucitado de la tumba y origen de nuestra vida; pues, destruyendo la muerte con su muerte, la victoria nos dio, y su gran misericordia.
LA DIVINA LITURGIA DE SAN JUAN CRISÓSTOMO
Diácono: Bendiga, soberano.
Sacerdote: Bendito el reinado del X Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Diácono: En paz, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz de lo Alto y por la salvación de nuestras almas, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz del mundo entero, la estabilidad de las Santas Iglesias de Dios, y la unión de todos, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta santa casa y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por los cristianos piadosos y ortodoxos, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestro arzobispo N., por el honorable presbiterado y el diaconado en Cristo; por todo el clero y el pueblo, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestra piadosa nación, por toda autoridad y poder, por el ejército que ama a Cristo, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta ciudad (o por este monasterio), por toda ciudad y país, y por los fieles que en ellos habitan, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por un clima benéfico, por la abundancia de los frutos de la tierra, y por tiempos pacíficos, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por quienes viajan por tierra, mar o cielo, por los enfermos, los afligidos y los cautivos, y por su salvación, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que seamos liberados de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Habiendo conmemorado a nuestra santísima, purísima, bendita, y gloriosa señora X Madre de Dios (Theotokos) y siempre Virgen María y a todos los santos, encomendemos nosotros mismos y mutuamente los unos a los otros y toda nuestra vida, a Cristo Dios.
Coro: A ti, Señor.
El sacerdote (en voz baja): Señor, Dios nuestro, cuyo poder es incomparable, cuya gloria es inaprensible, cuya misericordia es ilimitada y cuyo amor por la humanidad es indecible: vuelve tu mirada, Soberano, con tu entrañable compasión, a nosotros y a esta santa casa, y manifiesta sobre nosotros y cuantos junto con nosotros hacen oración, las riquezas de tu misericordia y de tu compasión.
(En voz alta): Porque a ti se debe toda gloria, honor y adoración, X Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Por las intercesiones de la X Madre de Dios, Salvador, sálvanos (tres veces).
Diácono: Una vez más, en paz roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Habiendo conmemorado a nuestra santísima, purísima, bendita, y gloriosa señora X Madre de Dios (Theotokos) y siempre Virgen María y a todos los santos, encomendemos nosotros mismos y mutuamente los unos a los otros y toda nuestra vida, a Cristo Dios.
Coro: A ti, Señor.
El sacerdote (en voz baja): Señor, Dios nuestro, salva a tu pueblo y bendice tu heredad; protege la plenitud de tu Iglesia; santifica a los que aman la hermosura de tu casa; Tú glorifícalos también, con tu divino poder y no abandones a quienes esperan en ti.
(En voz alta): Porque tuyo es el poder, y tuyos son el reinado, la fuerza y la gloria: del X Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Y entona la antífona correspondiente. Los domingos ordinarios (si no se celebra otra fiesta) se canta:
¡Sálvanos Hijo de Dios, (si es domingo: Tu que resucitado de entre los muertos!; cotidianamente se canta: Tu que admirable entre los santos!) te cantamos: ¡aleluya! (tres veces).
Gloria al X Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Hijo unigénito y Verbo de Dios: Tú, que eres inmortal, accediste, para nuestra salvación, a encarnarte de la santa X Teotocos (Madre de Dios) y siempre Virgen María; inalterado te hiciste hombre; crucificado, Cristo nuestro Dios, con tu muerte a la muerte venciste; eres uno de la Santa Trinidad, glorificado con el Padre y el Espíritu Santo: ¡sálvanos!
Diácono: Una vez más, en paz roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Habiendo conmemorado a nuestra santísima, purísima, bendita, y gloriosa señora X Madre de Dios (Theotokos) y siempre Virgen María y a todos los santos, encomendemos nosotros mismos y mutuamente los unos a los otros y toda nuestra vida, a Cristo Dios.
Coro: A ti, Señor.
El sacerdote (en voz baja): Tú que nos hiciste la gracia de estas comunes y unísonas oraciones y que prometiste conceder las peticiones a dos o tres concordes en tu nombre, Tú mismo, también ahora, cumple las peticiones de tus servidores para lo que conviene, otorgándonos, en el presente siglo, el conocimiento de tu verdad y, en el futuro, la vida eterna.
(En voz alta): Porque eres Dios bueno y amante de la humanidad, y a ti rendimos gloria: al X Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
El coro canta el apolitiquio del día, o, en las grandes fiestas, el correspondiente.
Diácono: Roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
Y el sacerdote (en voz baja): Soberano Señor y Dios nuestro, que instituiste en los cielos legiones y ejércitos de ángeles y arcángeles al servicio de tu gloria, haz que con nuestra entrada se realice la entrada de los santos ángeles concelebrando y glorificando juntamente con nosotros tu bondad, pues a ti se debe toda gloria, honor y adoración: al X Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
ENTRADA CON EL SANTO EVANGELIO.
Diácono: Bendice, soberano, la Santa Entrada.
Sacerdote (o el obispo): Bendita sea la Entrada de tus santos, perpetuamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Diácono: ¡Sabiduría! ¡De pie!
Sacerdote: Vengan, postrémonos y adoremos a Cristo. ¡Sálvanos Hijo de Dios!, (si es domingo: el resucitado de entre los muertos; si no es domingo u otra fiesta: el admirable en los santos)...
Coro: Te cantamos ¡Aleluya!
El coro canta, a continuación, los correspondientes troparios en el orden siguiente: De nuevo el apolitiquio de la Resurrección, si es domingo, o el de la fiesta. El apolitiquio o tropario del santo del día. El tropario del santo titular del templo. El condaquio.
Diácono: Roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote (en voz baja): Santo Dios, que descansas entre tus santos y eres alabado por los serafines con el Himno Trisagio, glorificado por los querubines y adorado por toda potestad celestial; Tú que de la nada trajiste todo a la existencia, que creaste al hombre a tu imagen y semejanza, y lo adornaste con todos tus dones; Tú que das al suplicante sabiduría y prudencia, y no desprecias al pecador, sino que instituiste el arrepentimiento para su salvación; Tú que hiciste a nosotros tus humildes e indignos servidores, dignos de estar ahora ante la gloria de tu santo altar y de ofrecerte la adoración y la alabanza que te son debidas; Tú mismo, Soberano, recibe, aun de la boca de nosotros, pecadores, el Himno Trisagio, y visítanos en tu bondad; perdona todas nuestras transgresiones, voluntarias e involuntarias; santifica nuestras almas y cuerpos, y concede que te adoremos en santidad todos los días de nuestra vida; por la intercesión de la santísimaX Teotocos (Madre de Dios) y de todos los santos, que desde el origen del mundo te complacieron.
(En voz alta): Porque eres Santo, Dios nuestro, y a ti rendimos gloria: al X Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre ...
Diácono: ...y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Santo ? Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (tres veces).3
Gloria al ? Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
Diácono: ¡Fuerte!
Coro: Santo ? Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
Diácono: Ordene, soberano.
Sacerdote: Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Después, dirigiéndose a la mesa de la oblación, o al trono detrás de la Santa Mesa, si lo hay:
Diácono: Bendiga, soberano, la cátedra de lo Alto.
Sacerdote: Bendito eres Tú que estás en el trono de la gloria de tu Reino, que te sientas sobre los Querubines; perpetuamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Lecturas.
Diácono: Atendamos.
Y el lector dice en voz alta lo pertinente con sus versículos.
Diácono: Sabiduría.
Entonces el lector dice en voz alta el título de la lectura apostólica.
Lector: Lectura de la Epístola de... (o Los Hechos de los Apóstoles...):
Diácono: Atendamos.
El Lector recita con cuidado, claridad y respeto el fragmento indicado para la Lectura Apostólica.
El diácono toma el incensario y dice al sacerdote en voz baja: Bendiga, soberano, el incienso.
El sacerdote, bendiciendo el incienso dice: Bendito sea nuestro Dios, perpetuamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Te ofrecemos el incienso a ti, Cristo Dios nuestro, como aroma de fragancia espiritual; recíbelo en tu celestial altar y envía sobre nosotros, en cambio, la gracia de tu Santísimo Espíritu. Amén.
Lectura del Santo Evangelio.
Diácono (en voz baja): Al roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
Sacerdote (en voz baja): Soberano que amas a la humanidad, haz brillar en nuestros corazones la pura luz de tu conocimiento, y abre los ojos de nuestro entendimiento a la comprensión de tus predicaciones evangélicas; inculca asimismo en nosotros el temor de tus bienaventurados mandamientos a fin de que, habiendo pisoteado todos los deseos carnales vayamos en busca de un espiritual modo de vida, pensando y obrando cuanto es de tu agrado. Pues eres la iluminación de nuestras almas y cuerpos, Cristo Dios, y a ti rendimos gloria, junto con tu X Padre que no tiene principio, y con tu Santísimo Espíritu, bueno y vivificador, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
El diácono se acerca al sacerdote, se arrodilla ante el santo altar y con la cabeza inclinada dice suavemente al sacerdote:
Bendiga soberano, a quien proclamará el Evangelio del santo y glorioso apóstol y evangelista N.
Sacerdote: Que Dios, por la intercesión del santo, glorioso, apóstol y evangelista N., te conceda a ti evangelizador, voz con gran fuerza, para cumplimiento del Evangelio de su amado Hijo, nuestro Señor Jesús Cristo.
Diácono: Amén, amén, amén. Cúmplase en mí según tu palabra.
Haciendo una reverencia con respeto hacia el Santo Evangelio, lo recibe del sacerdote y besa su mano diciendo: Santo apóstol y evangelista N., intercede ante Dios misericordioso, a fin de que otorgue a nuestras almas el perdón de los pecados.
Al concluir la lectura apostólica el sacerdote bendice al lector.
Sacerdote: Paz a ti, lector.
Coro: Aleluya (tres veces).
Diácono: ¡Sabiduría! ¡De pie! Escuchemos el Santo Evangelio.
Sacerdote: Paz X a todos.
Coro: Y a tu espíritu.
Diácono: Lectura del Santo Evangelio según San N.
Sacerdote: ¡Atendamos!
Coro: Gloria a ti, Señor, gloria a ti.
El diácono proclama el Santo Evangelio. Al terminar, el sacerdote lo bendice diciendo:
Sacerdote: Paz a ti, evangelizador.
Coro: Gloria a ti, Señor, gloria a ti.
Homilía.
La predicación tiene su lugar en este momento, sin embargo, a veces se deja para el final de la Liturgia.
Gran Letanía de la Ferviente súplica.4
Diácono: Digamos con toda el alma, y con todo nuestro entendimiento, digamos:
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Señor Omnipotente, Dios de nuestros padres, te suplicamos: escúchanos y ten piedad.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ten piedad de nosotros, Dios nuestro, por tu gran misericordia, escúchanos y ten piedad.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Diácono: Te suplicamos una vez más por los piadosos cristianos ortodoxos.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Diácono: Suplicamos aún por nuestro arzobispo N.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Diácono: Suplicamos aún por nuestros hermanos los sacerdotes, los hieromonjes, los hierodiáconos, los monjes, y por toda nuestra hermandad en Cristo.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Diácono: Suplicamos aún por piedad, vida, paz, salud, salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados de los servidores de Dios, de todos los piadosos cristianos ortodoxos, de los habitantes y visitantes que están en esta ciudad (o pueblo, o parroquia, o monasterio); de las parroquias, los administradores y bienhechores de esta santa iglesia.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Diácono: Suplicamos aún por los bienaventurados y siempre recordados fundadores de esta santa iglesia (o monasterio), y por todos nuestros padres y hermanos que nos precedieron y que yacen piadosamente aquí, y por todos los ortodoxos.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces).
Diácono: Suplicamos aún por los benefactores y bienhechores de este santo y venerable templo, por los que se fatigan trabajando en él, por sus cantores, y por todo el pueblo presente que espera de ti tu grande y copiosa misericordia.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote (en voz baja): Señor, Dios nuestro, recibe de tus servidores esta intensa /insistente, continua, larga y extensa/ súplica y ten piedad de nosotros según la abundancia de tu misericordia; y envía tu compasión sobre nosotros y sobre todo tu pueblo, que espera de ti tu grande y copiosa misericordia.
(En voz alta): Porque eres Dios misericordioso y amante de la humanidad, y rendimos gloria a ti: al X Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Súplicas por los catecúmenos.
Diácono: Oren al Señor, catecúmenos.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Fieles, oremos por los catecúmenos
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: A fin de que el Señor tenga piedad de ellos.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Que les instruya en la Palabra de la verdad.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Que les revele el Evangelio de la justicia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Que los una a su Santa Iglesia, Católica y Apostólica.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Sálvalos, ten piedad de ellos, ampáralos y protégelos, Dios, por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Inclinen su cabeza ante el Señor, catecúmenos.
Coro: Ante ti, Señor.
Sacerdote (en voz baja): Señor Dios nuestro, que moras en las alturas y observas lo humilde; que, para la salvación del género humano, enviaste a tu unigénito Hijo y Dios, al Señor nuestro Jesús Cristo, vuelve tu mirada sobre tus servidores los catecúmenos que ante ti inclinan su cerviz; hazlos dignos, en tiempo oportuno, del lavacro de regeneración, de la remisión de los pecados y de la vestidura de incorruptibilidad; únelos a tu Santa, Católica y Apostólica Iglesia y agrégalos al número de tu rebaño escogido.
(En voz alta): A fin de que junto con nosotros, glorifiquen tu honorabilísimo y magnífico Nombre: del X Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
La súplica de los fieles
Diácono: Todos los catecúmenos, salgan. Catecúmenos, salgan. Todos los catecúmenos, salgan. Que ningún catecúmeno permanezca.
Diácono: Todos los fieles, una y otra vez, en paz, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Sabiduría.
Sacerdote (en voz baja): Te damos gracias, Señor Dios de las potestades, que nos hiciste dignos de presentarnos, ahora también, ante tu santo altar y de postrarnos ante tu compasión por nuestros pecados y por las ignorancias de tu pueblo: Recibe, Dios, nuestra oración y haznos dignos de ofrecerte oraciones, súplicas y sacrificios incruentos por todo tu pueblo. Haznos capaces, a quienes instituiste en este ministerio por el poder de tu Santo Espíritu, para que, sin condenación ni obstáculo, con el limpio testimonio de nuestra conciencia, te invoquemos en todo tiempo y lugar, a fin de que, escuchándonos, nos muestres misericordia de acuerdo con la abundancia de tus bondades.
(En voz alta): Porque a ti se debe toda gloria, honor y adoración: al X Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Diácono: Una vez más, en paz, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Sabiduría.
Sacerdote (en voz baja): De nuevo y reiteradamente nos postramos ante ti, y te pedimos, bondadoso que amas a la humanidad, que habiendo atendido nuestra petición purifiques nuestras almas y cuerpos de toda mancha de la carne y del espíritu y nos concedas, sin culpa ni condenación, presentarnos ante tu santo altar. Otorga, además, Dios, a los que oran junto con nosotros, el progreso en la vida, en la fe, y en conocimiento espiritual; concédeles que te rindan siempre
culto con temor y amor, que sin culpa ni condenación participen de tus santos misterios y sean hechos dignos de tu reino celestial.
(En voz alta): Para que siendo protegidos siempre bajo tu poder te rindamos gloria: al X Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
ENTRADA MAYOR
Coro: Quienes a los querubines místicamente representamos y a la vivificadora Trinidad el himno Trisagio cantamos: todo mundano afán depongamos para acoger al Rey de todos.
Sacerdote (en voz baja): Ninguno de los que se hallan atados por los deseos y placeres carnales es digno de llegar o de acercarse a ti, ni de servirte, Rey de la gloria; pues el servirte es cosa grande y terrible aun para las potestades celestiales. No obstante, por tu indecible e infinito amor a la humanidad, te hiciste hombre sin cambio ni alteración, y te erigiste Sumo Sacerdote nuestro, concediéndonos a nosotros el ministerio de este litúrgico e incruento Sacrificio, como Soberano de todo; puesto que sólo Tú, Señor Dios nuestro, ejerces el dominio sobre todas las cosas celestiales y terrenales; Tú que te asientas sobre el trono de los querubines; que eres el Señor de los serafines y el Rey de Israel, el único Santo, y descansas entre los santos. A ti, pues, dirijo mi súplica, único bueno y pronto para escuchar: mira hacia mí, tu pecador e inútil servidor, y limpia mi alma y mi corazón de conciencia de malignidad; y hazme capaz, por el poder de tu Santo Espíritu, ya que me hallo investido de la gracia del sacerdocio, para estar ante esta tu Santa Mesa, y ministrar tu santo e inmaculado Cuerpo y tu Preciosa Sangre; pues ante ti acudo,
e inclinando la cerviz te suplico. No apartes de mí tu rostro, ni me rechaces de entre tus hijos, sino dígnate aceptar de mí, tu servidor, pecador e indigno, estos Dones; porque Tú mismo eres quien ofrece y quien eres ofrecido, Tú quien recibes y quien eres distribuido, Cristo Dios nuestro, y a ti rendimos gloria junto con tu X Padre eterno y tu Santísimo Espíritu bueno y vivificador, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Quienes a los querubines místicamente representamos y a la vivificadora Trinidad el himno Trisagio cantamos: todo mundano afán depongamos para acoger al Rey de todos.
Diácono (en voz baja): Para acoger al Rey de todos por angélicos e invisibles órdenes escoltado: ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
Mientras el sacerdote lleva a cabo la incensación dice en voz baja:
Habiendo visto la Resurrección de Cristo, postrémonos ante el Santo Señor Jesús, el único sin pecado. Adoramos tu Cruz, Cristo, pues Tú eres nuestro Dios y no conocemos otro aparte de ti, cantamos glorificando tu santa Resurrección e invocamos tu nombre. (Si es domingo dice): Vengan, fieles todos, y adoremos la Santa Resurrección de Cristo: miren que por la Cruz vino la alegría al mundo entero. Bendigamos siempre al Señor y cantemos a su Resurrección: Habiendo padecido la Cruz por nosotros, destruyó la muerte con la muerte.
(Si no es domingo, entonces): Vengan, postrémonos y adoremos a Dios, nuestro Rey; vengan, postrémonos y adoremos a Cristo, el Rey, nuestro Dios; vengan, postrémonos y adoremos a Cristo mism , el Rey y Dios nuestro.
Salmo 50:
Piedad de mí, Dios, por tu bondad, por tu inmensa ternura borra mi delito, lávame a fondo de mi culpa, purifícame de mi pecado. Pues yo reconozco mi delito, mi pecado está siempre ante mí; contra ti, contra ti sólo pequé, lo malo a tus ojos cometí. Porque seas justo cuando hablas e irreprochable cuando juzgas. Mira que nací culpable, pecador me concibió mi madre. Y tu amas la verdad en lo íntimo del ser, en mi interior me inculcas sabiduría. Rocíame con hisopo hasta quedar limpio, lávame hasta blanquear más que la nieve. Devuélveme el son del gozo y la alegría, se alegren los huesos que tu machacaste. Aparta tu vista de mis yerros y borra todas mis culpas. Crea en mí, Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme; no me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu Santo Espíritu. Devuélveme el gozo de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso; enseñaré a los rebeldes tus caminos y los pecadores volverán a ti. Líbrame de la sangre, Dios, Dios salvador mío, y aclamará mi lengua tu justicia; abre, Señor, mis labios, y publicará mi boca tu alabanza. Pues no te complaces en sacrificios, si ofrezco un holocausto, no lo aceptas. Dios quiere el sacrificio de un espíritu contrito, un corazón contrito y humillado, Dios, no lo desprecias. ¡Sé benévolo y favorece a Sión, reconstruye los muros de Jerusalén! Entonces te agradarán los sacrificios legítimos -holocausto y oblación entera- entonces se ofrecerán novillos en tu altar.
El sacerdote y el diácono hacen tres reverencias hacia el altar, diciendo cada uno en voz baja: A mí, pecador, me purifique Dios y tenga piedad de mí.Enseguida el sacerdote besa con reverencia el altar, se vuelve hacia el pueblo e inclinándose dice: Perdónenme, hermanos míos.
Frente al pueblo inclina su cabeza y dice: A quienes nos odian y a quienes nos aman, el Señor Dios les perdone.
El sacerdote ante la sagrada prótesis, inclina la cabeza, hace tres reverencias ante los santos Dones y dice: A mí, pecador, me purifique Dios y tenga piedad de mí.
El diácono dice al sacerdote: Levante, soberano.
El sacerdote, levantando el aera de los Santos Dones y poniéndolo sobre los hombros del diácono dice: Levanten sus manos hacia el santuario y bendigan al Señor.
Luego, tomando el santo discos cubierto, lo pone con mucha atención y cuidado sobre la cabeza del diácono y él mismo, el sacerdote, lleva en sus manos el Santo Cáliz, igualmente cubierto, diciendo: Dios ha sido ensalzado, el Señor a la voz de las trompetas.
Precedidos por los ceroferarios, la cruz, las hexaptérigas y el turiferario, el sacerdote y el diácono salen por la puerta septentrional, llevando el cáliz y el discos.
Gran Entrada
Diácono: El Señor Dios se acuerde perpetuamente de todos nosotros y de todos los piadosos cristianos ortodoxos en su Reino, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
El sacerdote repite lo mismo que dijo el diácono.
Coro: Amén.
Coro: Por angélicos e invisibles órdenes escoltado: ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
El diácono dice al sacerdote:, El Señor Dios se acuerde perpetuamente de su sacerdocio en su Reino, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
El sacerdote responde al diácono: Dios, el Señor, se acuerde perpetuamente de tu diaconado en su Reino, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
El sacerdote: El honorable José, habiendo bajado tu inmaculado Cuerpo del madero, lo envolvió con una sábana limpia con perfumes y habiéndole rendido la últimas honras lo colocó en un sepulcro nuevo.
El sacerdote descubre los Dones, tomando los velos del discos y del Santo Cáliz y los coloca en las esquinas de la Santa Mesa. Después de tomar el áer de los hombros del diácono, lo pone alrededor del incensario y cubre con él los Dones y los besa.
Diácono: Rinda honor, soberano.
El sacerdote toma el incensario e inciensa los dones mientras concluye el Salmo 50: Entonces se ofrecerán novillos en tu altar (tres veces) y dice: Señor, ten piedad de mí.
El sacerdote, dejando el incensario e inclinando la cabeza ante la Santa Mesa, dice al diácono: Acuérdate de mí, hermano y concelebrante.
El diácono le dice: El Señor Dios se acuerde de su sacerdocio en su Reino, perpetuamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Luego el diácono, inclinando también él la cabeza, al mismo tiempo que sostiene con los tres dedos de su mano derecha el orario, y mirando hacia el sacerdote, dice: Ore por mí, santo soberano.
Y el sacerdote le contesta: Que el Espíritu Santo descienda sobre ti y que el poder del Altísimo te cubra con su sombra.
Diácono: El mismo Espíritu concelebrará con nosotros todos los días de nuestra vida.
Y otra vez el diácono: Acuérdese de mí, santo soberano.
Y el sacerdote: El Señor Dios se acuerde de tu diaconado en su Reino, perpetuamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Diácono: Amén
La letanía
Diácono: Completemos nuestra súplica al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por los preciosos Dones ya ofrecidos, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta santa casa y por todos los que en ella entran con fe, devoción y temor de Dios, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que seamos librados de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Que el día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, pidamos al Señor.
Coro: Concédelo, Señor.
Diácono: Un ángel de paz, guía fiel y custodio de nuestras almas y cuerpos, pidamos al Señor.
Coro: Concédelo, Señor.
Diácono: Perdón y remisión de nuestros pecados y transgresiones, pidamos al Señor.
Coro: Concédelo, Señor.
Diácono: Cuanto es bueno y conveniente para nuestras almas, y por la paz del mundo, pidamos al Señor.
Coro: Concédelo, Señor.
Diácono: Que el tiempo restante de nuestra vida se complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.
Coro: Concédelo, Señor.
Diácono: Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor y de vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el temible tribunal de Cristo, pidamos al Señor.
Coro: Concédelo, Señor.
Diácono: Habiendo conmemorado a nuestra santísima, purísima, bendita, y gloriosa señora X Madre de Dios (Theotokos) y siempre Virgen María y a todos los santos, encomendemos nosotros mismos y mutuamente los unos a los otros y toda nuestra vida, a Cristo Dios.
Coro: A ti, Señor.
Sacerdote (en voz baja): Señor Dios todopoderoso, único Santo, que recibes el sacrificio de alabanza de los que a ti claman con todo el corazón: acepta la súplica de nosotros pecadores y recíbela sobre tu santo altar; haznos capaces de presentarte dones y sacrificios espirituales por nuestros pecados y por la ignorancia del pueblo, y haznos dignos de hallar gracia ante tu rostro, para que nuestro sacrificio te sea aceptable y el Espíritu Bueno de tu gracia more en nosotros, y en estos Dones aquí presentes, y en todo tu pueblo.
(En voz alta): Por las misericordias de tu Hijo Unigénito, con quien eres bendito, junto con tu santísimo, bueno y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: Paz X a todos.
Coro: Y a tu espíritu.
Diácono: Amémonos unos a otros, a fin que unánimes, confesemos...
Coro: Al X Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Trinidad Consustancial e Indivisible.
Sacerdote,(en voz baja): He de amarte, Señor, fortaleza mía. El Señor es mi roca, mi refugio y mi libertador (tres veces).
Si hay concelebración, los celebrantes intercambian el ósculo de paz diciendo:
Cristo está entre nosotros. A lo cual responden: Estuvo, está y estará.
Diácono: ¡Las puertas! ¡Las puertas! Con sabiduría estemos atentos.
CREDO
Símbolo de la Fe, establecido en los
concilios Ecuménicos de Nicea (325) y Constantinopla (381)
Todos:
Creo en un solo Dios, Padre Omnipotente, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Y en un solo Señor, Jesús Cristo, Unigénito Hijo de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Luz de Luz, Dios Verdadero de Dios Verdadero, engendrado, no creado, de la misma esencia que el Padre, por quien todo fue hecho.
Quien por nosotros los hombres y por nuestra Salvación descendió de los cielos, y se encarnó del Espíritu Santo y de María la Virgen, y se hizo hombre.
Fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato, padeció y fue sepultado.
Y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.
Y ascendió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre.
Y de nuevo vendrá, con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos, y su reinado no tendrá fin.
Y en el Espíritu, el Santo, el Señor, el Vivificador, el que procede del Padre, quien junto con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado, que habló por medio de los profetas.
Y en la Iglesia X Una, Santa, Católica y Apostólica.
Confieso un solo Bautismo para la remisión de los pecados.
Y espero la resurrección de los muertos,
y la vida de la eternidad futura. Amén.
La Santa Anáfora.
Diácono: Estemos con rectitud. Estemos con temor y estemos atentos para ofrecer en paz la Santa Oblación.
Coro: La misericordia de paz, el sacrificio de la alabanza.
Sacerdote: La gracia de nuestro Señor X Jesús Cristo, y el amor de Dios Padre, y la comunión del Espíritu Santo, y volviéndose al pueblo, lo bendice diciendo: sean con todos vosotros.
Coro: Y con tu espíritu.
Sacerdote: Elevemos los corazones.
Coro: Los tenemos hacia el Señor.
Sacerdote: Demos gracias al Señor.
Coro: Digno es y justo.
Sacerdote (en voz baja): Digno y justo es cantarte, bendecirte, alabarte, darte gracias y adorarte en todos los lugares de tu señorío, pues eres Dios inefable, incomprensible, invisible, indefinible, eterno y siempre el mismo, Tú y tu Hijo Unigénito y tu Espíritu Santo. Tú de la nada nos trajiste a la existencia, y cuando caímos nos volviste a levantar, y no has dejado de hacer todo hasta elevarnos al cielo, y otorgarnos tu Reino venidero. Por todo ello damos gracias a X ti y a tu Hijo Unigénito, y a tu Espíritu Santo, por todas las cosas, ya conocidas o desconocidas, y por todos los beneficios que nos han sido concedidos, tanto manifiestos como ocultos. Te damos gracias también por esta Liturgia que te dignaste aceptar de nuestras manos, aunque te asisten miles de arcángeles y millares de ángeles, querubines y serafines de seis alas y de múltiples ojos que se remontan en las alturas volando...
Sacerdote: Entonando el himno triunfal, cantando, proclamándolo, y diciendo:
Coro: Santo, Santo, Santo, Señor Sabaoth, el cielo y la tierra están llenos de tu gloria. Hosanna en las alturas. Bendito el que viene en el Nombre del Señor. Hosanna en las alturas.
Sacerdote (en voz baja): Con estas bienaventuradas potestades, Soberano que amas a la humanidad, nosotros también exclamamos y decimos: Santo eres, y Santísimo X Tú y tu Hijo Unigénito y tu Espíritu Santo; Santo eres y santísima y magnífica es tu gloria, ya que de tal manera amaste al mundo que diste a tu Hijo Unigénito para que todo el que en Él crea no se pierda, sino que alcance la vida eterna; el cual, después de haber venido y cumplido toda la Economía para con nosotros, en la noche en que fue entregado - o más bien, se entregó - por la vida del mundo, tomó pan en sus santas, puras e inmaculadas manos, habiendo dado gracias y bendecido, santificado y partido lo dio a sus santos discípulos y apóstoles, diciendo:
(En voz alta): Tomad, comed, este es mi Cuerpo, que por vosostros es partido para la remisión de los pecados.
Coro: Amén.
Sacerdote (en voz baja): Del mismo modo, después de haber cenado, tomó el Cáliz diciendo:
(En voz alta): Bebed todos de él; ésta es mi Sangre, del Nuevo Testamento, que por vosotros y por muchos es derramada para la remisión de los pecados.
Coro: Amén.
Sacerdote (en voz baja): Conmemorando, por lo tanto, este precepto salvador y cuanto por nosotros se ha cumplido: la Cruz, la Sepultura, la Resurrección al tercer día, la Ascensión a los cielos, la Entronización a la diestra y el Segundo y Glorioso Nuevo Advenimiento:
(En voz alta): Lo tuyo de lo que es tuyo. Te ofrecemos por todos y por todo.
Coro: Te alabamos, te bendecimos, te damos gracias, Señor, y a Ti suplicamos, oh Dios nuestro.
Sacerdote (en voz baja): Te ofrecemos aún este culto racional e incruento, y te rogamos, pedimos y suplicamos: Envía tu Espíritu Santo sobre nosotros y sobre estos Dones aquí presentes.
El sacerdote y el diácono hacen 3 postraciones diciendo cada vez: A mí, pecador, me purifique Dios y tenga piedad de mí.
Luego el diácono, señalando el Santo Pan con el orarion, dice:
Diácono: Bendiga, soberano, el Santo Pan.
El sacerdote hace 3 veces la señal de la Cruz X sobre el Santo Pan, y dice:
Sacerdote: Y haz de este Pan el precioso Cuerpo de tu Cristo...
Diácono: Amén.
Y otra vez el diácono, señalando con el orarion el Santo Cáliz, añade:
Diácono: Bendiga, soberano, el Santo Cáliz.
Y el sacerdote hace 3 veces la señal de la Cruz X sobre el Santo Cáliz, diciendo:
Sacerdote: y de lo que está en este Cáliz, la preciosa sangre de tu Cristo.
Diácono: Amén.
Y otra vez el diácono, señalando ambos Santos Dones, dice:
Diácono: Bendiga, soberano, ambos Santos.
Y el sacerdote, haciendo sobre ellos la señal de la Cruz X, dice:
Sacerdote: transmutándolos por tu Espíritu Santo.
Diácono: Amén. Amén. Amén.
E inclinándose ante la santa mesa, el sacerdote dice en voz baja
A fin de que sean para quienes comulguen con ellos: purificación del alma, remisión de los pecados, comunión de tu Espíritu Santo, plenitud del Reino de los cielos, confianza ante ti, y no motivo de juicio o condenación. Te ofrecemos aún este culto racional por los que se han dormido en la fe: los progenitores, padres, patriarcas, profetas, apóstoles, predicadores, evangelistas, mártires, confesores, ascetas, y por todo espíritu justo perfeccionado en la fe...
(En voz alta): especialmente por la santísima, purísima, bendita, y gloriosa soberana nuestra, la X Madre de Dios y siempre Virgen María.
Coro (generalmente): Digno es, en verdad, aclamarte la X Madre de Dios, la siempre bienaventurada e inmaculada, y Madre de nuestro Dios. A la más honorable que los querubines y más gloriosa, incomparablemente, que los serafines; a ti, la que incorruptamente (virginalmente) diste a luz a Dios el Verbo, a la verdaderamente X Madre de Dios, te exaltamos.
Sacerdote (en voz baja): Por las súplicas del santo profeta, precursor y bautista Juan, de los santos gloriosos y alabadísimos apóstoles, de San N., cuya memoria celebramos, y de todos tus santos, visítanos, Dios, y acuérdate de todos cuantos se han dormido en la esperanza de resurrección a la vida eterna, N., N., y concédeles el descanso, Dios nuestro, donde resplandece la luz de tu rostro. Te imploramos de nuevo: Señor, acuérdate de todo el episcopado ortodoxo que enseña rectamente la palabra de tu verdad, de todo el presbiterado, del diaconado en Cristo y de todo el orden clerical y monástico. Te ofrecemos aún este culto
racional por el mundo entero, por su Santa, Católica y Apostólica Iglesia, por cuantos viven en pureza y vida honorable, por nuestros gobernantes, muy fieles y amantes de Cristo, y su ejército: concédeles, Señor, pacífico gobierno para que nosotros también, en su serenidad, llevemos una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y honorabilidad.
Si celebra un alto jerarca, conmemora, el primero, a su superior; si son varios, cada uno, en el orden debido, conmemora a su superior correspondiente; el arzobispo al patriarca, el obispo al arzobispo, etc. Al final, el sacerdote conmemora a su obispo:
El sacerdote (o el jerarca): Primeramente acuérdate, Señor, de nuestro arzobispo (o lo que corresponda) N.; consérvalo para tus santas iglesias, en paz, seguridad, honor, salud, larga vida, y que proclame rectamente la palabra de tu verdad...
Diácono: y de quienes tiene en mente cada uno; y de todos, y de todas.
Coro: Y de todos, y de todas.
Sacerdote (en voz baja): Acuérdate, Señor, de esta ciudad (o pueblo, o monasterio, o navío, o isla) en que moramos, de toda ciudad y país y de los fieles que en ellos habitan. Acuérdate, Señor, de quienes viajan por tierra, mar y aire, de los enfermos, de los afligidos y de los cautivos, así como de su Salvación. Acuérdate, Señor, de los que en tus santas Iglesias fructifican en buenas obras y de los que se acuerdan de los pobres, y envía sobre todos nosotros tu misericordia.
(En voz alta): Y concede que con una sola boca y un solo corazón glorifiquemos y alabemos tu honorabilísimo y magnífico Nombre: del X Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
El sacerdote, volviéndose hacia el pueblo y bendiciendo, dice:
Sacerdote(En voz alta): Que las misericordias de nuestro gran Dios y Salvador X Jesús Cristo sean con todos ustedes.
Coro: Y con tu espíritu.
Diácono: Habiendo conmemorado a todos los santos, oremos una y otra vez, en paz, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por los preciosos Dones ya ofrecidos y santificados, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Que nuestro Dios, que ama a la humanidad, se digne recibirlos, sobre su santo, celestial y racional Altar, como un suave perfume espiritual, y envíe sobre nosotros su divina gracia, y los dones del Espíritu Santo, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que nos libre de toda tribulación, ira, peligro y necesidad, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Que cada día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, pidamos al Señor.
Coro: Concédelo, Señor.
Diácono: Un ángel de paz, guía fiel y custodio de nuestras almas y cuerpos, pidamos al Señor.
Coro: Concédelo, Señor.
Diácono: Perdón y remisión de nuestros pecados y transgresiones, pidamos al Señor.
Coro: Concédelo, Señor.
Diácono: Cuanto es bueno y conveniente para nuestras almas, y la paz del mundo, pidamos al Señor.
Coro: Concédelo, Señor.
Diácono: Que el tiempo restante de nuestra vida se complete en paz y penitencia, pidamos al Señor.
Coro: Concédelo, Señor.
Diácono: Un fin cristiano de nuestra vida, exento de dolor y de vergüenza, pacífico, y una buena defensa ante el temible tribunal de Cristo, pidamos al Señor.
Coro: Concédelo, Señor.
Diácono: Habiendo implorado por la unión de la fe y la comunión del Espíritu Santo, encomendemos nosotros mismo y mutuamente los unos a los otros, y toda nuestra vida, a Cristo Dios.
Coro: A ti, Señor.
Sacerdote (en voz baja): A ti encomendamos todas nuestra vida y esperanza, Soberano que amas a la humanidad; te imploramos, pedimos y suplicamos: haznos dignos de participar de tus celestiales y terribles Misterios, de esta tu Santa y espiritual Mesa, con una conciencia limpia, para remisión de los pecados, para perdón de las transgresiones, para la comunión del Espíritu Santo, para herencia del Reino de los cielos y para confianza en tu presencia, no para juicio ni condenación.
Sacerdote (En voz alta): Y haznos dignos, Soberano Señor, de que con confianza y sin reprensión, nos atrevamos a invocarte a Ti Padre y Dios celestial, y a decir:
La Oración del Señor
Todos:
Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del Mal.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, y el poder, y la gloria: del X Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote: Paz a todos.
Coro: Y a tu espíritu.
Diácono: Inclinemos la cabeza ante el Señor.
Coro: Ante ti, Señor.
Sacerdote (en voz baja): Te damos gracias, Rey invisible, que por tu ilimitado poder hiciste todas las cosas, por la plenitud de tu misericordia, trayéndolo todo de la nada a la existencia. Tú, Soberano, mira desde el cielo a los que inclinan ante ti su cabeza, pues no se han inclinado ante la carne y la sangre, sino ante ti, el temible Dios. Por lo tanto, Soberano, haz eficaz la presente oblación por todos nosotros, según las necesidades de cada cual: navega con los navegantes, acompaña a los viajeros, sana a los enfermos, Tú que eres el médico de nuestras almas y cuerpos.
(En voz alta): Por la gracia, compasión y amor a la humanidad de tu Hijo Unigénito, con quien eres bendito, junto con tu Santísimo, Bueno y Vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sacerdote (en voz baja): Atiende, Señor Jesús Cristo, Dios nuestro, desde tu santa morada y desde el trono de la gloria de tu Reino, y ven a santificarnos, Tú que te asientas en las alturas con el Padre, y que estás aquí presente invisiblemente con nosotros; y dígnate concedernos, por tu poderosa mano, tu inmaculado Cuerpo y tu preciosa Sangre, y por nosotros a todo el pueblo.
Diácono: ¡Atendamos!
El sacerdote, elevando el Santo Pan, exclama:
Sacerdote: Lo santo a los santos.
Coro: Uno solo Santo, uno solo Señor: Jesucristo, en la gloria de Dios Padre. Amén.
Y el coro entona el cántico de comunión correspondiente:
Los domingos ordinarios (es decir, si no se celebra otra fiesta) se canta:
Coro: Alaben al Señor de los cielos; alábenle en las alturas (3). ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
El diácono, después de decir "Estemos atentos..." entra en el santuario y se coloca ante la santa mesa, a la derecha del sacerdote, sosteniendo el Santo Pan, y dice al sacerdote: Parte, soberano, el Santo Pan.
El sacerdote divide el Santo Pan en 4 partes con cuidado y reverencia diciendo:
Sacerdote: El Cordero de Dios es partido y dividido, el que se parte mas no se desune, el que siempre es comido y nunca consumido, sino que santifica a los que de Él participan
El sacerdote acomoda las porciones del Santo Pan en el borde del discos en forma de Cruz, como se ilustra.
?S
NI KA
?S
Y el diácono, señalando el Santo Cáliz, dice:
Diácono: Completa, soberano, el Santo Cáliz.
El sacerdote toma la porción que tiene el sello IS, hace con ella la señal de la Cruz sobre el borde del Santo Cáliz diciendo:
Sacerdote: La plenitud del cáliz de la fe y del Espíritu Santo, y la vierte en el Santo Cáliz.
Diácono: Amén.
El diácono, llevando en el zeón el agua caliente al sacerdote para que la bendiga, dice:
Diácono: Bendice, soberano, el fervor.
El sacerdote bendice el agua caliente, diciendo:
Sacerdote: Bendito sea el fervor de tus santos, Señor, perpetuamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Diácono: Amén.
El diácono, sosteniendo cuidadosamente con su mano izquierda el Santo Cáliz, vierte suficiente cantidad de agua caliente en el Santo Cáliz en forma de Cruz, mientras el sacerdote dice:
Sacerdote: Fervor de la fe, pleno del Espíritu Santo.
Diácono: Amén.
Las oraciones para la Comunión son recitadas por el clero, en voz baja, y deben serlo, también, por aquellos que se preparan a recibir los Sagrados Misterios:
Creo Señor, y confieso, que en verdad eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo a salvar a los pecadores de los que yo soy el primero. También creo que éste es tu mismo inmaculado Cuerpo y que esta es tu misma preciosa Sangre. Por eso te imploro: ten piedad de mí y perdona mis culpas, voluntarias e involuntarias, las de palabra o de obra, cometidas a sabiendas o en ignorancia, y hazme digno, sin condenación, de participar de tus inmaculados Misterios para el perdón de mis pecados y para la vida eterna. Amén.
Ahora que me acerco a la Divina Comunión, Hacedor, no me consumas por comulgar; ya que Tú eres fuego que abrasa al indigno, sino purifícame de toda mancha.
De tu Cena Mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus Misterios, ni un beso te daré como Judas, sino que, como el ladrón, te confieso. ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu Reino!
Tiembla, hombre, cuando contemples la sangre deificante: Es una brasa que consume al indigno. El Cuerpo de Dios deifica y alimenta; deifica el espíritu y maravillosamente alimenta la mente.
Me sedujiste con ansia, Cristo, y con tu divino amor me convertiste. Consume ahora con fuego inmaterial mis pecados y hazme digno de
saciarme del gozo que está en ti, para que saltando de alegría, Bueno, magnifique tus dos advenimientos.
¿Cómo puedo yo, indigno, entrar en el esplendor de Tus Santos? Pues si me atrevo a entrar en la cámara nupcial mi vestidura me denunciará porque no es de bodas, y maniatado los ángeles me echarán. Limpia la inmundicia de mi alma y sálvame, Señor, pues amas a la humanidad.
Soberano, que amas a la humanidad, Señor Jesús Cristo, Dios mío, no sean para el Juicio, por causa de mi indignidad, estos Santos Dones, sino para purificación y santificación de mi alma y de mi cuerpo; que sean en prenda de la vida y del Reino venideros. Pues es bueno para mí aferrarme a Dios y poner en el Señor la esperanza de mi salvación.
De tu Cena Mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus Misterios, ni un beso te daré como Judas, sino que, como el ladrón, te confieso. ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu Reino!
Entonces se acercan para la Comunión. Y el sacerdote dice al diácono o a su concelebrante, o a otros que están presentes, inclinándose:
Sacerdote: Hermano y concelebrante mío perdóname a mí, pecador.
El diácono responde al sacerdote, diciendo: El Señor Dios se acuerde de su sacerdocio en su Reino, eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Y dice el sacerdote (3 veces): A mí, pecador, me purifique Dios y tenga piedad de mí.
Y acercándose a los Santos (Dones) con temor y reverencia, toma una porción del Santo Pan (la que tiene las letras ?S ) y dice: He aquí que me acerco a Cristo, nuestro Dios y nuestro Rey Inmortal.
Sacerdote: El Precioso y Santísimo Cuerpo de Nuestro Dios, Señor y Salvador, Jesús Cristo, me es comulgado a mí N., indigno sacerdote (o sacerdote y monje) para remisión de mis pecados y para la vida eterna.
El sacerdote consume la porción que tiene en sus manos con temor, reverencia y devoción.
Sacerdote: Amén.
Después, el sacerdote invita al diácono diciéndole: Acércate, diácono.
El diácono, extendiendo la palma de la mano derecha sobre la izquierda, en forma de cruz, se acerca al sacerdote diciendo: He aquí que me acerco a Cristo, nuestro Dios y nuestro Rey Inmortal. Comúlgame, soberano, a mí N., indigno diácono, el Precioso y Santo Cuerpo de Nuestro Señor, Dios y Salvador nuestro Jesús Cristo, para remisión de mis pecados y para la vida eterna.
El sacerdote coloca una porción del Cordero en las manos del diácono, diciendo: Al piadoso diácono N., le es comulgado el Precioso y Santo Cuerpo de Nuestro Señor, Dios y Salvador nuestro Jesús Cristo, para remisión de sus pecados y para la vida eterna.
El diácono besa la mano del sacerdote, recibe el Santo Pan y va detrás de la Santa Mesa, inclinando la cabeza toma la Comunión que está en la palma de su mano. Lo mismo hacen los sacerdotes cuando concelebran. El primero de los sacerdotes, después de comulgar el Cuerpo Precioso lo da al diácono.
El sacerdote, levantando el Cáliz con la cálima, dice: Me es comulgada a mí N., indigno sacerdote (o sacerdote y monje) la Preciosa y Santísima Sangre de Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesús Cristo, para remisión de mis pecados y para la vida eterna.
Luego el diácono, si van a recibir la comunión los fieles, recibe el santo Y comulga sin decir nada con tres sorbos, enjuga sus labios con la cálima, y enseguida el borde del Cáliz por donde ha bebido. Después besa el Cáliz en el borde y levantándolo dice: He aquí que esto tocó mis labios, borrando el Señor mis iniquidades y limpiando mis pecados.
Después el sacerdote invita al diácono diciendo: Acércate, diácono.
El diácono se acerca frente a la Santa Mesa y, después de desprender de sus dedos sobre el discoss, con la esponja, toda partícula que tuviere en la mano, dice: Comúlgueme, soberano, a mí N., indigno diácono, la Preciosa y Santísima Sangre de Nuestro Señor, Dios y Salvador nuestro Jesús Cristo, para remisión de mis pecados y para la vida eterna.
El sacerdote le comulga por tres veces el Santo Cáliz diciendo: A ti piadoso diácono N., te es comulgada la Preciosa, Santísima y Vivificante Sangre de Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesús Cristo, para remisión de tus pecados y para la vida eterna. Amén.
Luego, limpiando él también con la cálima que tiene en las manos sus labios y el borde del Cáliz, besa el Santo Cáliz.
Después de esto, el sacerdote dice, levantando el Santo Cáliz: He aquí que esto tocó tus labios, borrando el Señor tus iniquidades y limpiando tus pecados.
Luego el diácono, si van a recibir la comunión los fieles, recibe el santo disc? en su mano izquierda, y con dos dedos de su mano derecha, con la esponja, vierte las porciones del Santo Cuerpo (XS, NI y KA), que corta en pequeños fragmentos, en el Santo Cáliz, con gran reverencia y cuidado, y dice:
Habiendo visto la Resurrección de Cristo, postrémonos ante el Santo Señor Jesús, el único sin pecado. Adoramos tu Cruz, Cristo; cantamos y glorificamos tu santa Resurrección, porque eres nuestro Dios y no conocemos otro aparte de ti: invocamos tu nombre. Vengan, fieles todos, adoremos la Santa Resurrección de Cristo, porque he aquí que por la Cruz ha venido el regocijo a todo el mundo. Siempre bendiciendo al Señor, cantemos su Resurrección. Ha sufrido la Cruz por nosotros y por su muerte abolió la muerte.
¡Brilla, brilla, nueva Jerusalén, porque la gloria del Señor brilló sobre ti! ¡Baila y regocíjate, Sión, y Tú, purísima Teotocos, exulta por la Resurrección de Aquel que de ti nació!
¡Con tu divina!, ¡con tu amada!, ¡con tu dulcísima voz! prometiste estar con nosotros, en verdad, hasta el fin de los siglos ¡Cristo!; los fieles nos regocijamos teniendo esta áncora de esperanza..
¡Grande Pascua, Cristo, y santísima! Sabiduría, Verbo de Dios y Poder, concédenos participar verdaderamente de ti en el día sin ocaso de tu Reino.
Si no hay fieles que vayan a recibir la comunión de lo Santo, entonces vierte en el Santo Cáliz todas las porciones (de la Teotocos, de los Santos y de las almas) con temor y sumo cuidado, de tal modo que ninguna partícula, por pequeña que sea, quede afuera, y dice: Lava, Señor, los pecados de tus servidores, que aquí se mencionan, con tu Santísima Sangre. Por la intercesión de la Teotocos y de todos tus santos. Amén.
El sacerdote cubre el Cáliz con la cálima y da el Cáliz y la cuchara al diácono. Estando en la Puerta Real mirando al occidente, el diácono eleva el Cáliz hacia el pueblo, y dice:
Diácono: Acérquense con temor de Dios, con fe y con amor.
Los fieles ortodoxos que se prepararon adecuadamente para recibir la Santa Comunión se acercan en este momento. El sacerdote dice a cada uno:
Sacerdote: El siervo de Dios, N., comulga los sagrados Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor, Dios y Salvador, Jesús Cristo, para remisión de sus pecados y la vida eterna. Amén.
Durante la comunión de los fieles el coro canta, generalmente, dependiendo del periodo litúrgico:
Coro: De tu Cena Mística, este día, Hijo de Dios, recíbeme a comulgar, pues no revelaré a tus enemigos tus Misterios, ni un beso te daré como Judas, sino que, como el ladrón, te confieso. ¡Acuérdate de mí, Señor, en tu Reino!
Al terminar de comulgar los fieles, el sacerdote bendice al pueblo con el Santo Cáliz, exclamando:
Sacerdote: Salva, Dios, a tu pueblo, y bendice a tu heredad.
Coro: Vimos la Luz verdadera. Recibimos el Espíritu Celestial. Encontramos la verdadera fe adorando a la Trinidad indivisible, pues ella nos salvó. O el apolitiquio de la fiesta.Y regresan, el sacerdote y el diácono, a la Santa Mesa.
Y el diácono, poniendo en ella el Santo Cáliz, dice al sacerdote: Ensalce, señor.
El sacerdote inciensa el Cáliz tres veces diciendo en voz baja: Ensalzado eres, Dios, sobre los cielos ¡y sobre toda la tierra tu gloria!
Luego entrega al diácono el santo discos con su cálima y él lo levanta sobre la cabeza con sus dos manos, y haciendo una inclinación hacia el pueblo, rodeando la Santa Mesa, lo lleva hasta la Santa Prótesis.
Y el sacerdote, haciendo una reverencia y recibiendo el Santo Cáliz cubierto, dice ante la Santa Mesa, en voz baja: Bendito sea nuestro Dios... Se vuelve entonces hacia el pueblo y exclama:
Sacerdote: Perpetuamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Y el sacerdote va a la Mesa de la Oblación donde deposita los Santos Dones, y los inciensa.
Acción de gracias
El diácono: ¡De pie!
Habiendo comulgado los divinos, santos, inmaculados, inmortales, celestiales, vivificadores y estremecedores Misterios de Cristo, demos dignas gracias al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y protégenos, Dios, por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Habiendo pedido que cada día entero sea perfecto, santo, pacífico, y sin pecado, encomendemos: cada uno a sí mismo, y unos a otros, y nuestra vida entera, a Cristo nuestro Dios.
Coro: A ti, Señor.
Sacerdote (en voz baja): Te damos gracias, Soberano que amas a la humanidad, bienhechor de nuestras almas, porque también este día nos has hecho dignos de tus celestiales e inmortales Misterios. Enséñanos nuestro camino, afírmanos a todos en tu temor, guarda nuestra vida y asegura nuestros pasos, por las oraciones y súplicas de la gloriosa X Teotocos (Madre de Dios) y siempre Virgen María y de todos tus santos.
En voz alta:... Porque Tú eres nuestra santificación y a ti rendimos gloria: al X Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Despedida
Sacerdote: Salgamos en paz.
Diácono: Roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
El sacerdote, ante el icono de Cristo, dice en voz alta:
Sacerdote: Señor, que bendices a los que te bendicen, y santificas quienes ponen en ti su confianza, salva a tu pueblo y bendice a tu heredad. Conserva la plenitud de tu
Iglesia; santifica a los que aman la hermosura de tu morada. Glorifícalos Tú también por tu divino poder y no abandones a los que ponemos en ti nuestra esperanza. Otorga la paz al mundo, a tus Iglesias, a los sacerdotes, a nuestras autoridades, al ejército y a todo tu pueblo, porque toda buena gracia y todo don perfecto proviene de lo Alto y desciende de ti, Padre de las luces; y a ti rendimos gloria, agradecimiento y adoración, X Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Sea el Nombre del Señor bendecido, desde ahora y por los siglos (tres veces).
Entre tanto, el sacerdote se dirige a la Mesa de la Oblación y dice allí:
Sacerdote (en voz baja): Cristo Dios nuestro, que eres el cumplimiento de la Ley y de los profetas, que consumaste plenamente el designio del Padre, llena nuestros corazones de júbilo y regocijo, eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Si se va a celebrar un Servicio Memorial se hace ahora, ver pág., ss.
Diácono: Roguemos al Señor.
Coro: Señor ten piedad.
Sacerdote: La bendición del Señor y su misericordia desciendan sobre ustedes, por su divina gracia y su amor a la Humanidad, eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
El sacerdote exclama: Gloria a ti, Dios, esperanza nuestra, gloria a ti.
El diácono o el lector: Gloria al X Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Señor, ten piedad (tres veces).
Bendiga, santo soberano.
Sacerdote, hacia el pueblo:
El que resucitó de entre los muertos (si es domingo o Día de Pascua, por la mañana, si no, simplemente:) Cristo, verdadero Dios nuestro, por la intercesión de su purísima e inmaculada Madre, por el poder de la vivificante y preciosa Cruz, la protección de las celestiales potestades incorpóreas, las súplicas del venerable y glorioso profeta, Precursor y Bautista, Juan; (del santo titular del templo, si es profeta), de los santos gloriosos y alabadísimos apóstoles (del santo titular del templo, si es Apóstol), de nuestros santos padres, grandes jerarcas y ecuménicos maestros (del santo titular del templo, si es jerarca), de los santos, gloriosos y victoriosos mártires (del santo titular del templo, si es mártir), de nuestros justos y teóforos Padres (del santo titular del templo, si es un justo), de nuestro padre entre los santos Juan el Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla (si es el caso: cuya Liturgia hoy celebramos), de los santos y justos familiares del Señor, Joaquín y Ana, de san N. (conmemora primero al santo del templo, y después al santo del día), cuya memoria celebramos, y de todos los santos, tenga misericordia de nosotros y nos salve, pues es Dios bondadoso y amante de la humanidad.
Coro:5 ?mén. Al que nos bendice y santifica, conserva, Señor, por muchos años.
El sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, Señor Jesús Cristo, Dios Nuestro, ten piedad de nosotros y sálvanos.
Coro: Amén.
FIN DE LA DIVINA LITURGIA
Y GLORIA A DIOS
Distribución del Andídoron
El sacerdote distribuye el Andídoron diciendo a cada uno: Que la bendición y la misericordia del Señor vengan a ti.
Trisagio en la Divina Liturgia Jerárquica.
Coro: Santo ? Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (dos veces).
Clero: Santo ? Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
Coro: Santo ? Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
Clero: Santo ? Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
Coro: Gloria al ? Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
Clero: Santo Dios.
Obispo: Señor, Señor, vuelve la vista desde los cielos, y mira, y atiende a esta tu viña, y cuida de lo que tu diestra plantó.
Coro: Por muchos años, soberano.
Clero: Santo Poderoso.
Obispo: Señor, Señor, vuelve la vista desde los cielos, y mira, y atiende a esta tu viña, y cuida de lo que tu diestra plantó.
Coro: Por muchos años, soberano.
Clero: Santo Inmortal.
Obispo: Señor, Señor, vuelve la vista desde los cielos, y mira, y atiende a esta tu viña, y cuida de lo que tu diestra plantó.
Coro: Por muchos años, soberano.
Clero: Ten piedad de nosotros.
Diácono: ¡Fuerte!
Coro: Santo X Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
Diácono: Señor, salva a los piadosos.
Clero: Señor, salva a los piadosos.
Diácono: Señor, salva a los piadosos.
Coro: Señor, salva a los piadosos.
Diácono: Y escúchanos.
Clero: Y escúchanos.
Diácono (recita el himno del patriarca): N., Su Toda Santidad y Patriarca Ecuménico, ¡por muchos años!
Clero (canta el himno del patriarca).
Diácono (recita el himno del obispo): N., Designado por Dios como el Soberano Metropolitano de la Santísima Metrópoli de México, Panamá, Venezuela y Colombia; honorabilísimo Exarca de América Central y de las Islas del Caribe, Nuestro Padre y Soberano Pastor, ¡por muchos años!
Clero (canta el himno del obispo).
Coro (repite el himno del obispo).6
conclusión en la Liturgia Jerárquica.
Cuando celebra el obispo, el coro, en vez del texto habitual, canta:
A nuestro señor y obispo guarda, Señor, por muchos años (dos veces). Por muchos años, soberano.
Y después el obispo: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, Señor Jesús Cristo, Dios Nuestro, ten piedad de nosotros y sálvanos.
Coro: Amén.
El sacerdote (o el jerarca): Por las oraciones de nuestro santo obispo N., Señor Jesús Cristo, Dios Nuestro, ten piedad de nosotros y sálvanos.
Coro: Amén.
Apolitiquios del Libro de Ocho Tonos.
Tono I
Tropario: Estando la piedra sellada por los judíos, y mientras los soldados vigilaban tu purísimo cuerpo, te levantaste, Salvador, al tercer día, dando vida al mundo. Por ello las potestades de los cielos te aclamaron, Dador de Vida: ¡Gloria a tu Resurrección, Cristo! ¡Gloria a tu reino, gloria a tu economía, Tú, el único que amas a la humanidad!
Contaquio; Tú, en cuanto Dios, te has levantado de la tumba y has devuelto la vida al mundo; la naturaleza humana, por ello, te canta, a ti que eres Dios, la muerte estando vencida. Adán se regocija, Maestro, y Eva, ahora liberada de sus cadenas, se alegra y exclama: ¡Tú, Cristo, eres el que a todos da la Resurrección!
Tono II
Tropario: Al descender a la muerte, Vida Inmortal, diste muerte al infierno con el esplendor de tu divinidad. Y cuando de las entrañas de la tierra levantaste a los muertos, todas las potestades celestiales exclamaron: ¡ Dador de la Vida, Cristo nuestro Dios, gloria a ti!
Contaquio: Te levantaste de la tumba, Salvador Omnipotente, y el infierno, viendo esta maravilla, se amedrentó, y los muertos resucitaron. La creación también se regocija contigo, y se alegra Adán. El mundo, Salvador mío, te canta para siempre.
Tono III
Tropario: Regocíjense los habitantes de los cielos, y alégrense los moradores de la tierra, porque el Señor ha hecho valentía con su brazo y ha venci
do a la muerte con su muerte. Se ha hecho el Primogénito de entre los muertos, y nos ha salvado de las entrañas del infierno, concediendo al mundo grande misericordia.
Contaquio: Este día Tú, Compasivo, te has levantado de la tumba y nos has conducido afuera de las puertas de la muerte. Este día Adán danza y Eva se regocija; con ellos los profetas y los patriarcas alaban sin cesar el divino poder de tu autoridad.
Tono IV
Tropario : Las mujeres discípulas del Señor conocieron por el ángel las nuevas alegres de la Resurrección, y arrojando la maldición ancestral anunciaron con regocijo a los apóstoles: ¡la muerte ha sido derrotada, Cristo nuestro Dios ha resucitado dando al mundo grande misericordia!
Contaquio: El Salvador y Redentor mío, siendo Dios, ha librado a los moradores de la tierra de sus cadenas, rompiendo las puertas del Hades; y, siendo Soberano, ha resucitado al tercer día.
Tono V
Tropario: Al Verbo, coeterno con el Padre y el Espíritu, nacido por nuestra salvación de una Virgen, fieles, adoremos y alabemos; pues Él quiso ser levantado en la Cruz, en la carne, y padecer la muerte; y levantar a los muertos por su gloriosa Resurrección.
Contaquio: Al Hades, Salvador mío, descendiste rompiendo sus puertas, siendo Todopoderoso; y levantaste contigo a los muertos, siendo Creador; y destruiste, Cristo, el aguijón de la muerte. Adán también ha sido liberado de la maldición, Amante de la humanidad, y por ello clamamos: ¡ Señor, sálvanos!
Tono VI
Tropario: Estando las potestades angelicales ante tu tumba, los que te vigilaban cayeron como muertos; y María, entrando en tu sepulcro, buscaba tu purísimo cuerpo. Te despojaste del Hades sin ser entrampado por él. Descendiste al encuentro de la virgen dando vida, Señor que resucitaste de entre los muertos: ¡Gloria a ti!
Contaquio: Levantando de los valles tenebrosos a todos los muertos con su vivificante mano, Cristo Dios, Dador de vida, quiso conceder la Resurrección al género humano; pues Él es el Salvador, la Resurrección, la Vida y Dios de todos.
Tono VII
Tropario: Por tu Cruz has destruido la muerte, al ladrón has abierto el Paraíso, has tornado en regocijo los lamentos de las portadoras de mirra; y has mandado a tus apóstoles proclamar que Tú, Cristo Dios nuestro, has resucitado y concedes al mundo grande misericordia.
Contaquio: El dominio de la muerte no puede sujetar ya al hombre, porque Cristo ha descendido aboliendo y destruyendo su poder. El Hades está ya encadenado y los profetas se regocijan diciendo unánimes: ¡El Salvador ha aparecido a los que tienen fe; salgan, fieles, a la Resurrección!
Tono VIII
Tropario: De las alturas descendiste, Compasivo, queriendo sufrir la sepultura de tres días para librarnos de las pasiones: ¡Vida y Resurrección nuestra, Señor, gloria a ti!
Contaquio: Habiéndote levantado de la tumba, Tú has dado vida a los muertos y has levantado a Adán; y Eva se regocija por tu Resurrección.
¡Todos los confines de la tierra están triunfantes a causa de tu Resurrección de entre los muertos, Tú que eres grande en misericordia!
El Servicio Memorial
Si el Servicio Memorial se celebra independientemente de la Divina Liturgia comienza así:
Introducción a todas y cada una de las oraciones y oficios.
En el Nombre del X Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios, eternamente, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Gloria a Ti, Dios Nuestro, Gloria a Ti.
Rey Celestial, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todo lugar y que todo lo llenas, Tesoro de bienes y Dador de Vida, ven y permanece en nosotros, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.
Santo X Dios, Santo Poderoso, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (tres veces).
Gloria al X Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por tu nombre.
Señor, ten piedad (tres veces).
Gloria al X Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del Mal.
Sacerdote: Porque tuyos son el Reino, y el poder, y la gloria: del X Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Señor, ten piedad (doce veces).
Gloria al X Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
Coro: Bendito eres Señor, enséñame tus mandatos.
Si el Servicio Memorial se celebra dentro de la Divina Liturgia comienza aquí:
Coro: El coro de los Santos ha encontrado la fuente de la vida y la puerta del Paraíso. Que yo también encuentre el camino por el arrepentimiento. Yo soy la oveja que está perdida: Salvador, llámame de regreso y sálvame.
Coro: Bendito eres Señor, enséñame tus mandatos.
Coro: Concede descanso, Señor, a tu sirviente, y sitúalo/a en el Paraíso donde los coros de los Santos y los justos brillarán como estrellas en el cielo. A tu sirviente que ha partido concede descanso, y perdona todas sus ofensas.
Coro: Gloria al ? Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Coro: Alabemos la triple radiancia del único Dios, y exclamemos en un canto: ¡Santo eres Tú, ? Padre Eterno, Hijo Coeterno, y Espíritu Divino! Ilumina a quienes te adoramos con fe, y líbranos del fuego eterno.
Coro: Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Coro: Regocíjate, agraciada Señora, quien para la salvación de todos diste a luz a Dios en la carne, y por la que ha encontrado la salvación el género humano. Que por tu mediación, pura y bendita Teotocos, podamos encontrar el Paraíso.
Coro: Aleluya, Aleluya, Aleluya. Gloria a ti, Dios. (3 veces).
Coro: Con los santos concede descanso, Cristo, al alma de tus siervos, ahí donde no hay dolor, ni tristeza ni sufrimiento, sino la vida eterna.
Coro: Entre los espíritus de los justos perfeccionados en la fe, concede descanso, Salvador nuestro, al alma de tu siervo/a. Establece en él/ella la Vida bendita que proviene de ti, amantísimo.
Coro: Otorga descanso al alma de tu siervo/a, en tu paz, Señor, donde todos Tus santos reposan; porque Tú solo eres inmortal.
Coro: Gloria al ? Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Coro: Tú eres nuestro Dios, quien descendió al Hades y liberó del dolor a los que estaban encadenados. Concede descanso, Salvador, al alma de tu siervo/a.
Coro: Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Coro: Purísima e inmaculada Virgen, quien inefablemente concebiste a Dios, intercede ante El por la salvación del alma de tu siervo/a.
Sacerdote: Ten piedad de nosotros, Señor, según tu gran misericordia; te rogamos, escúchanos y ten piedad.
Coro: Señor, ten piedad. (3 veces).
Sacerdote: De nuevo suplicamos por el descanso del alma del siervo/a de Dios N., difunto/a, quien ha caído dormido, y por el perdón de todos sus pecados, voluntarios e involuntarios.
Coro: Señor, ten piedad. (3 veces).
Sacerdote: Que el Señor Dios sitúe su alma donde reposan los justos. Pidamos la misericordia de Dios, el Reino del Cielo y el perdón de sus pecados, a Cristo nuestro Rey inmortal y Dios.
Coro: Concédelo, Señor.
Sacerdote: Oremos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Dios de espíritus y de toda carne, Tú has vencido a la muerte y has abolido el poder del demonio, dando vida a tu mundo. Concede descanso al alma de tu siervo/a N., difunto/a en un lugar de luz, en un lugar de reposo, en un lugar de refrigerio, donde no hay dolor, ni tristeza, ni sufrimiento. Ya que eres Dios bueno y amoroso, perdónale todo pecado que haya cometido de palabra, pensamiento u obra, porque no hay nadie que viva y no peque. Tú solo eres sin pecado. tu justicia es eterna, y tu palabra es verdad.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Porque Tú eres la Resurrección, la vida y el reposo de tu siervo/a N., difunto/a, Cristo Dios nuestro, y a ti rendimos gloria, con tu ??Padre, que es sin origen y tu Santísimo Espíritu, bueno y vivificador, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Si el Servicio Memorial se celebra dentro de la Divina Liturgia se omite lo siguiente:
Coro: Gloria al ? Padre y al hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Sacerdote: Gloria a ti, Dios, esperanza nuestra, gloria a ti.
Sacerdote: Que Cristo nuestro verdadero Dios, quien se levantó de entre los muertos, y que tiene, como Rey inmortal, autoridad sobre vivos y muertos, tenga piedad de nosotros y nos salve por la intercesión de su Inmaculada y Santísima Madre; de los santos Apóstoles, gloriosos y dignos de alabanza; de nuestros Padres venerables y portadores de Dios; de los santos y gloriosos predecesores: Abraham, Isaac y Jacob; de su santo y justo amigo Lázaro, quien yació el la tumba cuatro días; y de todos los santos; que sitúe el alma de Su siervo/a N., difunto/a, en el lugar donde moran los santos; le conceda descanso en el regazo de Abraham y le cuente entre sus justos; y que tenga piedad de nosotros, pues es bueno y ama a la humanidad.
Coro: Amén.
Sacerdote: Que. tu memoria sea eterna, querido/a hermano/a, porque eres digno/a de bendición y de memoria eterna
¡Memoria eterna!, ¡Memoria eterna!, ¡Que su memoria sea eterna!
Si el Servicio Memorial se celebra dentro de la Divina Liturgia se omite lo siguiente y, en su lugar, pasa a la Bendición y Conclusión, pág., ss.
Por las oraciones de nuestros Santos Padres, Señor Jesús Cristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros y sálvanos. Amén.
Santoral.
SEPTIEMBRE
1. COMIENZA EL AÑO ECLESIÁSTICO.
San Simeón el Estilita.
2. San Juan, el Ayunador, Patriarca de Costantinopla.
3. San Antimo, Obispo de Nicomedia.
4. San Moises, profeta.
5. San Zacarías e Isabel padres de Juan el Bautista.
6. Prodigio de San Miguel Arcángel en Conoé.
7. San Sozonte, Mártir.
8. Natividad de la Teotocos y siempre Virgen María.
9. San Joaquín y Santa Ana, padres de la Teotocos.
10 Santas Minodora, Mitrodora y Ninfodora, mártires.
11. Santa Teodora de Alejandría.
12. San Autónomo, mártir.
13. San Cornelio, el Centurión.
14. Elevación de la Santa Cruz
15. San Nicetas, Mártir.
16. Santa Eufemia, gran mártir.
17. Santa Sofía, Fe, Esperanza y Caridad, mártires.
18. San Eumenio, Obispo de Gortina.
19. Santos Trófimo, Sabbatios y Dorimedes, Mártires.
20. San Eustoquio y compañeros, mártires.
21. San Cuadrato de Magnesia.
22. San Focas, Obispo de Sínope.
23. Concepción de San Juan el Bautista.
24. Santa Tecla, protomártir, Santa María Mirtidiotissa.
25. Santa Eufrosina, virgen.
26. Tránsito de San Juan, el Teólogo.
27. San Aristarco, Apóstol; San Calístrato, mártir.
28. San Caritón, Monje.
29. San Ciriaco, Anacoreta.
30. San Gregorio, mártir y Obispo de la gran Armenia.
OCTUBRE
1. San Ananías, apóstol.
2. San Cipriano, mártir, y Santa Justina, virgen y már tir.
3. San Dionisio, el Aeropagita, Mártir.
4. San Hieroteo, Obispo de Atenas.
5. Santa Caritina, mártir.
6. Santo Tomás, Apóstol.
7. Santos Sergio y Baco, mártires.
8. Santa Pelagia, Virgen.
9. San Jacobo, Apóstol; Santos Andrónico y Atanasia.
10 Santos Eulanpio y Eulanpia, Hermanos.
11. San Felipe, Apóstol, uno de los siete diáconos.
12. Santos Probo, Taraco y Andrónico, mártires.
13. San Carpo y compañeros., mártires.
14. San Cosme, Obispo de Maiuma.
15. San Luciano, mártir.
16. San Longino el centurión, mártir.
17. San Oseas, profeta.
18. San Lucas, Apóstol.
19. San Joel, profeta.
20. San Artemio, Mártir; San Gerásimo.
21. San Hilarión el Grande, Monje.
22. San Abercio, Obispo.
23. Santiago, apóstol, "hermano" del Señor.
24. Santa Aresa, Mártir. San Proclo, Patriarca de Constantinopla.
25. Santos Marciano y Martirio, mártires.
26. San Demetrio, gran mártir.
27. San Nestor, Mártir.
28. Skepi de la Smma. Virgen María
29. Santa Anastasia, Mártir.
30. Santos Cleofás y Artemio, Apóstoles (70)
31. Santos Amplio y compañeros, Apóstoles (70).
NOVIEMBRE
1. Santos Cosme y Damián, anargyres.
2. San Akindinos y compañeros, mártires
3. Santos Acepsimo y compañeros, Mártires.
4. Santos Hermes y Nicandro, Mártires.
5. Santos Galactión y su esposa Episteme, mártires.
6. San Pablo, Obispo de Constantinopla.
7. Los Treinta y tres Santos Mártires de Melitene
8. Santos Miguel, Gabriel y todos los seres celestes
incorpóreos.
9. San Nectario, Obispo. Santos Onesíforo y Porfirio.
10 Santos Rodión y Olimba, Apóstoles (70)
11. Santos Minas, Victor y Vicente, Mártires
12. San Nilo del Sinaí, monje.
13. San Juan Crisóstomo, Arzobispo de Constantinopla
14. San Felipe, Apóstol; San Gregorio Pálamas.
15. San Gurias y compañeros, mártires.
16. San Mateo, Evangelista.
17. San Gregorio Taumaturgo, Obispo de Neocesarea.
18. Santos Platón y Romano, mártires.
19. San Abdías, profeta.
20. San Gregorio el Decapolita, monje.
21. Entrada en el Templo de la Sma. Madre de Dios
22. San Filemón, Apóstol; Santa Cecilia, mártir.
23. San Anfiloquio, Obispo de Iconio.
24. San Clemente Obispo de Roma y San Pedro Obispo de Alejandría, Mártires.
25. Santa Catalina de Alejandría, y Mercurio, mártires.
26. San Estiliano de Paflagona.
27. Santiago el Persa.
28. San Esteban el Joven, Monje.
29. Santos Paramón y Filomena, Mártires
30. San Andrés, Apóstol, primer llamado.
DICIEMBRE
1. San Naún, profeta.
2. San Abacuc, profeta.
3. San Sofonías, profeta.
4. San Juan Damasceno; Santa Bárbara, gran mártir.
5. San Sabas, Monje.
6. San Nicolás, Obispo de Mira.
7. San Ambrosio, Obispo de Milán.
8. San Patapio, Monje.
9. Concepción de Santa Ana, madre de la Teotocos.
10. San Hermógenes y compañeros, mártires.
11. San Daniel, el estilita.
12. San Espiridón, Obispo de Chipre, Taumaturgo.
13. Santa Lucia, Virgen y Mártir.
14. San Tirso y Compañeros, mártires.
15. San Eleuterio, mártir.
16. San Ageo, profeta.
17. San Daniel Profeta y los tres jóvenes Ananías, Azarías y Misael. San Dionisio Obispo de Sankitos
18. San Sebastián y Compañeros, mártires.
19. San Bonifacio y compañeros, mártires.
20. San Ignacio, Obispo de Antioquia, mártir.
21. Santa Juliana de Nicomedia, mártir.
22. Santa Anastasia, Gran mártir.
23. Los diez santos mártires de Creta.
24. Santa Eugenia, mártir.
25. Navidad según la carne de nuestro Señor, Dios y Salvador
Jesús Cristo.
26. Divina Maternidad de María
27. San Esteban Protomártir.
28. Santos Mártires de Nicomedia.
29. 14.000 Santos Inocentes.
30. San Anisia de Tesalónica, monje y mártir.
31. Santa Melania, Romana.
ENERO
1. Circuncisión de nuestro Señor Jesús Cristo; San Ba silio El Grande
2. San Silvestre
3. San Malaquías, Profeta; San Gordius, Martir
4. Reunión de los 70 Apóstoles; Venerable Teoctistos
5. Santa Sinclética, Virgen
6. Santa teofanía de nuestro Señor Jesús Cristo.
7. Reunión de San Juan Bautista, el Precursor
8. Santa Dominica, Jorge el Cenobita
9. San Polieucto, mártir, San Eustracio
10. San Gregorio de Nissa, San Marcian y San Domeciano
11. Venerable San Teodosio el Abad
12. Santa Tatiana, mártir.San Mercio
13. Santos Ermilo y Stratónico, mártires
14. San Sabas y Santos monjes mártires del Sinaí
15. San Pablo de Tebas, San Juan el Erenita
16. Veneración de las cadenas del Apóstol San Pedro
17. San Antonio el Grande, monje
18. Santos Atanasio y Cirilo, Obispos de Alejandría
19. Ven. Makario de Egipto. San Marcos de Efeso
20. San Eutimio, el Grande.
21. San Máximo, el Confesor.
22. San Timoteo, Apóstol; San Anastasio de Persia
23. Santos Clemente y Agatángelo, mártires
24. Santa Xenia, Virgen
25. San Gregorio, el Teólogo
26. San Jenofonte y compañeros mártires
27. Traslado de las reliquias de San Juan Crisóstomo
28. San Efrén el Sirio, Mártir
29. Traslado de las reliquias de San Ignacio de Antioquía
30. San Basilio el Grande, Gregorio el Teólogo
y Juan Crisóstomo
31. Santos Cirilo y Juan, Anargyres
FEBRERO
1. San Trifón, mártir, San Anastasio, Neomartir
2. Presentación de nuestro Salvador Jesús Cristo.
3. Santos Simón el Teodoco y Ana la Profetiza
4. San Isidoro de Pelusia; San Nicolás el Confesor
5. Santa Agata de Sicilia, San Polieucto, Patriarca
de Constantinopla.
6. Santos Buculo y Focio, Mártires.
7. San Lucas el grande.
8. Gran Mártir San Teodoro; San Zacarías, Profeta.
9. San Nicéforo, Mártir. San Markellos, Obispo
10. San Caralampa (Carlos), Mártir
11. San Blas, mártir, SantaTeodora, Reina
12. San Melecio de Antioquía, San Antonio, Patriarca de Constantinopla.
13. San Martiniano, monje, San Eulogio de Alejandría
14. San Ausencio, Monje; San Marón de Siria, Monje
15. San Onésimo, apóstol, de los 70
16. San Pánfilo, mártir; San Flaviano, Patriarca de Constantinopla.
17. San Teodoro Tironio, Gran mártir.
18. San León, Obispo de Roma. San Agapito el Confesor
19. San Arquipo, apóstol, de los 70; Santa Filotea de Atenas
20. San León, Obispo de Catania; San Agatón, Obispo de Roma.
21. San Timoteo, monje; San Eustacio de Antioquía
22. Descubrimiento de las Reliquias de los mártires en Constantinopla.
23. Gran Mártir San Policarpo Obispo de Esmirna.
24. Primero y segundo encuentro de la cabeza de San Juan Bautista
25. San Taracio, Patriarca de Constantinopla
26. San Porfirio, Obispo de Gaza.
27. San Procopio Decapolita. San Estéfano el gerontólogo
28. San Basilio, el Confesor; Santa Kirana, Mártir.
29. San Juan Casiano de Roma, Confesor.
MARZO
1. Santa Eudocia, mártir
2. San Teodoto, Ob. de Chipre.
3. San Eutropio y compañeros.
4. San Gerásimo, monje.
5. San Conon de Isauria, mártir.
6. Santos Mártires de Amorio.
7. Mártires del Quersoneso: Basilio, Efraín y Eugenio.
8. San Teofilacto, Obispo de Nicomedia.
9. Los cuarenta Santos mártires de Sebaste.
10. San Cuadrado y compañeros, mártires.
11. San Sofronio, Obispo de Jerusalén.
12. SanTeófanes de Sigriana.
13. Nicéforo, Patriarca de Constantinopla.
14. San Benito de Nursia, monje.
15. San Agapito, mártir; Aristóbulo, apóstol.
16. San Sabino, mártir.
17. San Alejo, hombre de Dios.
18. San Cirilo, Obispo de Jerusalén.
19. Santos Crisanto, Daría y Jasón, mártires
20. Santos monjes mártires de la Laura de San Sabas.
21. Santiago, el Confesor; San Filemón, mártir.
22. San Basilio de Ancira. San Kalinicos, Mártir.
23. Venerable San Nicón y 199 compañeros, mártires.
24. Venerable Artimón Obispo de Selucia.
25. Anunciación a la santa Theotokos.
26. Reunión del Arcangel Gabriel
27. Santa Matrona de Tesalónica. Santos Filetos y Li dia.
28. San Hilario, el Nuevo. San Herodio, Apóstol de los Setenta.
29. San Cirilo, Diácono y San Marcos Obispo de Aretusa.
30. San Juan autor de "Clímaco"
31. San Hipatio, Gran Mártir; San Akaquio el Confesor.
ABRIL
1. San Geroncio, mártir.
2. San Tito, Monje.
3. San José, el Himnógrafo. San Nicetas, el Confesor.
4. San Jorge, Monje.
5. Santos Claudio y Diódoro, mártires.
6. San Eutiquio, Patriarca de Constantinopla.
7. San Caliope, mátir.
8. Santos Herodio y Agavio.
9. San Eupsejio, mátir.
10. San Terencio de Africa.
11. San Antipas de Pérgamo, mártir.
12. Gran Canon de San Basilio
13. San Martín, Obispo de Roma.
14. Santos Aristarco, Pude y Trofimo, mártires.
15. San Crescencio, mártir. San Leonidas de Atenas.
16. San Leonidas y sus compañeros mártires.
17. San Simeón, mártir. San Makarios, Obispo de Corinto.
18. San Juan el Decapolita. San Sabbas.
19. Santa Filipa, mártir. San Pafnucio, mártir.
20. San Teodoro el Triquinate. Apóstol Sacarías
21. San Jenaro, mártir. San Anastasio del Sanaí.
22. San Natanaél, Apostol.
23. San Jorge, Gran Mártir, Portador del Trofeo.
24. Santos Aquileo, Félix y Fortunato; Santa Isabel, Martir.
25. San Marcos, Apostol y Evangelista; San Nike, martir.
26. San Basilio, Obispo de Amasea.
27. San Simeón, Apóstol.
28. Santos mártires de Cízaco.
29. Santos Jasón y Sosípatro, mártires.
30. Santiago Apostol.
MAYO
1. San Jeremías, profeta.
2. San Atanasio Patriarca de Alajandría.
3. Santos Timoteo y Maura, mártires.
4. Santa Pelagia, mártir.
5. Santa Irene, mártir.
6. Santo Job, el justo probado.
7. Memoria de la aparición de la Santa Cruz en el Cielo.
8. San Juan Evangelista, el Teólogo
9. San Isaías, profeta; San Cristóforo, mártir.
10 San Simón, el Zelote, Apostol.
11. Santos Cirilo y Metodio.
12. San Epifanio, Obispo de Chipre.
13. Santa Gliceria, Virgen.
14. Santos Isidoro y Máximo, Mártires.
15. San Pacomio el Grande.
16. San Teodoro el Santificado, monje.
17. Santos Andrónico y Junias, apóstoles.
18. Santos Pedro, Dionisio y compañeros, mártires.
19. San Patricio, mártir.
20. San Talleleo, mártir.
21. Santos Constantino y Elena, Iguales a los Apósto les.
22. San Basilisco, mártir.
23. San Miguel, Obispo de Sinadat.
24. San Simeón, el Estilita.
25. Tercer hallazgo de la cabeza de San Juan Bautista.
26. Karpo y Alfeo, Apóstoles de los 70.
27. San Eladio, gran mártir.
28. San Eutico, Obispo de Melitenes, mártir.
29. Santa Teodocia, virgen y mártir.
30. San Isaac, monje.
31. San Hermas, mártir.
JUNIO
1. San Justino, el Filósofo, mártir.
2. San Nicéforo, Patriarca de Constantinopla.
3. San Lucilinao y sus compañeros mártires.
4. San Metráfones, Patriarca de Constantinopla.
5. San Doroteo, Obispo de Tiro, mártir
6. San Hilarión, el Joven, San Besarión, Taumaturgo.
7. San Teodoto mártir, Obispo Ánguira.
8. Ascensión del Señor
9. San Cirilo, Obispo de Alejandría.
10 Santos Alejandro y Antonia, mártires.
11. Santos Bartolomé y Bernabé, Apóstoles.
12. San Onofre, anacoreta.
13. Santa Aquilina, mártir.
14. San Eliseo, profeta.
15. San Amós, profeta.
16. San Ticón, Obispo de Amatunte.
17. San Emmanuel y compañeros, mártires.
18. San Leoncio, mártir.
19. San Judas Tadeo, Apóstol.
20. San Metodio Obispo de .
21. San Julián de Tarso, mártir.
22. San Eusebio, Obispo de Samosata.
23. Santa Agripina, Mártir.
24. Natividad de San Juan Bautista.
25. Santa Febronia, mártir.
26. San David de Tesalónica, monje.
27. San Sansón, Hospitalario.
28. Traslado de las reliquias de los santos Ciro y Juan, anargyres.
29. Santos Pedro y Pablo, protocorifeos, apóstoles.
30. Memoria de los doce Apóstoles.
JULIO
1. Santos Cosme y Damian, Médicos.
2. Deposición de las vestiduras de la Teotocos en Blaquernas.
3. San Jacinto, mártir. San Anatolio, Arzobispo de Constantinopla.
4. San Andrés, Obispo de Creta.
5. San Atanasio del Monte Athos.
6. San Sisoé el Grande, monje.
7. Santa Ciriaca, mártir.
8. San Procopio, mártir.
9. San Pancracio, gran mártir.
10 Cuarenta y cinco Santos mártires de Nicópolis,en Armenia.
11. Santa Eufemia, gran mártir; Santa Olga, Igual a los Apóstoles.
12. Santos Proclo e Hilario, mártires.
13. Sinaxis del arcángel Gabriel.
14. San Aquila de los 70; Nicodemos del Momte Athos.
15. Santos Quirico y Julita, mártires.
16. San Atenógenes.
17. Santa Marina, mártir.
18. San Emiliano, mártir.
19. Santa Macrina, la Joven.
20. San Elías, profeta.
21. Santos Simeón y Juan, "locos" por Cristo.
22. Santa María Magdalena, igual a los Apóstoles.
23. San Ezequiel, profeta.
24. Santa Cristina, mártir. San Atenágoras, el Confesor.
25. Santa Ana, madre de la Teotocos.
26. San Parasceve, mártir. San Hermolao, mártir.
27. San Pantelemón, médico y gran mártir.
28. Santos Prócoro y compañeros, mártires.
29. Santos Callínico y Teodota, mártires.
30. San Silas y Silvano, Apóstoles.
31. San Eudósimo, el Justo; San José de Arimatea.
AGOSTO
1. Procesión con la Cruz. Los Siete Hermanos Macabeos.
2. Traslado de las reliquias de San Esteban, Protomártir.
3. Santos Isaac, Fausto, y Dálmata, monjes.
4. Los siete niños durmientes de Efeso.
5. San Eusinio, mártir.
6. Santa transfiguración de nuestro Señor, Dios
y Salvador Jesús Cristo.
7. San Domecio el Persa, monje.
8. San Emiliano, Obispo de Cízaco.
9. San Matías, Apóstol.
10 San Lorenzo, Diácono. San Sixto Obispo de Roma.
11. San Euplo de Catania, mártir.
12. Santos Aniceto y Focio, mártires.
13. Traslado de las Reliquias de San Máximo, el Confesor.
14. San Miqueas, profeta.
15. Dormición de la Santísima Teotocos y Virgen María.
16. San Diomedes, mártir.
17. Santos Myron y Juliana, mártires.
18. Santos Floro y Lauro, mártires.
19. San Andrés, el Superior.
20. San Samuel, profeta.
21. San Tadeo, apóstol.
22. San Agatónico y compañeros, mártires.
23. Apodosis de la Santísima Teotocos y Virgen María.
24. San Cosme de Tolosa.
25. San Tito, apóstol.
26. Santos Adriano y Natalia, monjes.
27. San Fanorio, gran mártir.
28. San Moises el Etíope, monje.
29. Decapitación de San Juan Bautista.
30. Santos Patriarcas de Constantinopla Alejandro, Juan y Pablo.
31. Deposición del precioso cinto de la Theotokos.
|
AÑO |
FECHA
ORTODOXA DE LA
SANTA PASCUA |
FECHA
ROMANA DE LA PASCUA |
|
2004 |
11 de abril |
11 de abril |
|
2005 |
1 de mayo |
27 de marzo |
|
2006 |
23 de abril |
16 de abril |
|
2007 |
8 de abril |
8 de abril |
|
2008 |
27 de abril |
23 de marzo |
|
2009 |
19 de abril |
12 de abril |
|
2010 |
4 de abril |
4 de abril |
|
2011 |
24 de abril |
17 de abril |
|
2012 |
15 de abril |
8 de abril |
|
2013 |
5 de mayo |
31 de marzo |