<!DOCTYPE HTML PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN"><!-- saved from url=(0071)http://www.fatheralexander.org/booklets/spanish/sufrimientos_cristo.htm -->Significado de los Sufrimientos del Salvador
Un hombre rico tuvo dos hijos. El
mayor era tranquilo, trabajador y obediente, el más joven por el contrario, era
perezoso, irreflexivo y caprichoso. A él le gustaba escaparse de su casa,
encontrarse con sus amigos vagabundos, y con todo esto hacía sufrir a su padre.
Una vez, cuando el padre con su hijo se ausentaron por varios días, el hijo
menor organizó una fiesta en su casa. Sonó la música y se vertió el vino. Los
amigos enardecidos por el vino comenzaron a reñir. Se produjo una espantosa
pelea con lesiones e incendio en la casa. Para evitar el castigo el hijo menor
huyó. Al hijo mayor le dio lástima su hermano menor puesto (que se encontraba)
en un camino tan malo, y comenzó a buscarlo por todas partes. Después de largas
búsquedas, por fin, lo encontró; enfermo y exhausto en la cárcel de un pueblo
fronterizo. Después de pagar la fianza al juez, el hijo mayor lo curó, lo
vistió y lo llevó luego a la propiedad de su padre. El hijo menor, reconociendo
su culpa, temía mostrarse ante los ojos de su padre. Entonces el hijo mayor
volviéndose ante su padre, se arrodilló ante él y con lágrimas le pidió que
perdonara al hermano, garantizándole que aquél había cambiado, y le ofreció
responder por todas las pérdidas ocasionadas por su hermano menor.
El padre, enternecido por tanto amor de su hijo mayor,
perdonó al hijo menor y lo aceptó con todos sus derechos. El hijo menor
persuadido por tantas aflicciones y, sobre todo, por la bondad de su hermano
mayor, cambió totalmente. El resto de su vida él fue apoyo y consuelo de su
padre envejecido.
La similitud de este relato con las narraciones del
Evangelio sobre la salvación del género humano, realizado por Nuestro Señor
Jesucristo, consiste en que las personas, semejantes al hermano menor,
comenzaron a vivir incorrectamente, se negaron la vida del paraíso y se
sometieron a muchas desgracias. El Señor Jesucristo, semejante al hermano
mayor, vino a nuestro mundo pecador, para salvarnos y devolvernos a la casa del
Padre: al Paraíso. Él nos liberó de la esclavitud del pecado y nos curó de
nuestros pesares (penas) del alma. Con Su sacrificio Él nos devolvió la
benevolencia del Padre Celestial, nos mostró el camino de la vida, y con Su
infinito amor nos colmó de fuerzas para hacer el bien.
Para acercarnos hacia el entendimiento de la obra de
salvación de Nuestro Señor Jesucristo, las Sagradas Escrituras utilizan las
narraciones en formas de Parábolas, tomadas de la vida de los pastores y
agricultores de esa época. Entre estos relatos podemos mencionar la parábola de
la oveja perdida, a la cual encontró
y salvó el Buen Pastor; la parábola sobre la higuera sin frutos (estéril) la que fue atendida por el jardinero
cuidadoso; la parábola sobre la viña,
de la cual el hijo del dueño juntaba sus frutos; u otras (Mt. 18:12-14; Lc.
13:6-9; Is. 5:1-8; Mt. 21:33-44). Estos relatos bíblicos (adornados con
imágenes pintorescas), por un lado nos muestran cómo el género humano se
extravió y se hizo estéril (sin frutos) espiritualmente; y por otro lado, ellos
relatan el motivo principal que impulsó al Hijo de Dios a venir a este mundo.
Su amor y compasión hacia las personas que están perdidas (que perecen, que
se mueren).
Leyendo el Evangelio, nos convencemos de que el sacrificio de la cruz del Hijo de Dios
aparece como el suceso central de su vida terrenal. Con sus sufrimientos por la
cruz Él limpió (lavó) nuestros pecados, saldó (cubrió) nuestra deuda ante Dios
o, en el lenguaje del Evangelio, nos "redimió"
(recobró, rescató). En el Calvario (Golgotha) está oculto (encubierto) el
incomprensible misterio de la infinita verdad y amor de Dios. Con la simpleza
infantil, los pescadores galileos relatan cómo el Hijo de Dios Encarnado tomó
sobre sí, por propia voluntad, las culpas de todas las personas y sufrió por
ello con una muerte en la cruz vergonzosa, humillante y atormentadora. Después,
resucitó al tercer día como triunfador sobre el infierno y la muerte. Los
Apóstoles no se esfuerzan en explicar el por qué para la redención (expiación)
de los pecados de la humanidad se necesitó particularmente ese horrible
sacrificio y si hubiera existido la posibilidad de salvar a las personas a
través de un camino menos atormentador.
Indudablemente que en toda
la vida de Nuestro Señor Jesucristo, cada palabra y cada acto fue dirigido
hacia un solo objetivo - la salvación del ser humano. El vino a la tierra y Se
hizo Hombre, y con ello vertió en el débil organismo humano una corriente de
Vida Divina, este hecho condujo hacia la salvación de las personas, como
también Su oración por todas las personas, Su personal ejemplo de amor y
compasión hacia los hombres, su ejemplo de desprendimiento, pureza, absoluta
obediencia a Dios Padre, y otras buenas acciones. Para la salvación de las
personas fueron dirigidas Sus Divinas enseñanzas, de cómo se debe: vivir, tener
fe; y hacia qué deben dirigirse, las predicciones e innumerables milagros
demostraban la verdad de Sus palabras y de Su ministerio celestial. Sin
embargo, todos estos hechos en la vida del Salvador no disminuyen el
significado del Calvario (en hebreo, Gólghota). Leyendo el Evangelio nosotros
vemos que su muerte en la Cruz no se produjo por el resultado de circunstancias
desfavorables, como algunos simplemente se esfuerzan en explicarlo; o que fue
recibida por El, como ejemplo aleccionador para sus discípulos; sino que
aparece como un momento importantísimo
de su misión salvadora. ¡El Señor vino al mundo específicamente para salvarnos
a través de sus sufrimientos!
Las enseñanza cristiana sobre su muerte en la Cruz de
Dios-Hombre (Hijo de Dios), suelen ser una piedra en el camino para las
personas ya formadas con una comprensión religioso-filosófica. En la época
apostólica, se presentaba una afirmación contradictoria para muchos hebreos y
personas de la cultura griega en cuanto a que el Todopoderoso y Eterno Dios
vino a la Tierra encarnado en un hombre mortal, que por su voluntad soportó las
golpizas e injurias y una muerte muy deshonrosa, y que este sacrificio a su vez
traería un beneficio espiritual a la humanidad.
"¡Esto es
imposible!" - exclamaban unos - "¡Esto no hace falta!"
-afirmaban otros.
La existencia de estas "contradicciones" en las
prédicas cristianas siempre fue para sus oyentes una prueba de piedra (muy
dura) para su fe y obediencia al Señor. San Pablo en sus epístolas a los
Corintios comparte con sus alumnos la experiencia de sus esfuerzos de prédica.
"Porque no me envió Cristo a
bautizar, sino a predicar el Evangelio y no con palabras sabias, para no
desvirtuar la Cruz de Cristo. Pues la predicación de la cruz es una necedad
para los que se pierden; mas para los que se salvan- para nosotros -es fuerza
de Dios. Porque Dice la Escritura: Destruiré la sabiduría de los sabios, e
inutilizare la inteligencia de los inteligentes ¿Dónde esta el sabio?, ¿Dónde
está el docto? ¿Dónde el sofista de este mundo? ¿Acaso no entonteció Dios la
sabiduría del mundo? de hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no
conoció a Dios en Su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes
mediante la necedad de la predicación. Así, mientras los judíos piden señales y
los griegos buscan sabiduría, nosotros Predicamos a un Cristo crucificado:
escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo
mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios"
(1 Cor. 1:17-24).
En otras palabras, el Apóstol aclara que lo que para el
cristianismo efectivamente es obra de la grandiosa sabiduría y omnipotencia
Divina, para otros era tomado como seducción (pecado) o irrazonable la
enseñanza sobre la muerte expiatoria y la resurrección del Salvador, aparece
como el fundamento para muchas otras verdades cristianas, como por ej. para la
bendición (consagración) de los creyentes, los sacramentos, el sentido de los
sufrimientos, las virtudes, el sacrificio, las metas de la vida, el próximo
juicio final, la resurrección de los muertos y otros.
Así como las personas asumen los sufrimientos del Salvador
así muestran la tendencia (dirección) de su buena o mala voluntad. el Profeta
Simeón predijo a la Virgen María, cuando Ella le llevó al Niño Divino (Niño Dios):
"Él está puesto para caída y
elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción. a fin de que
queden al descubierto las intenciones de muchos corazones" (Lc. 2:34).
La muerte redentora de Cristo, siendo un suceso inexplicable para el entendimiento
del conocimiento lógico humano y hasta "tentadora
para los que perecen," posee una fuerza
revividora, la cual sienten y a la cual se dirigen los corazones de los
creyentes.
Renovados y entibiados por esta fuerza espiritual, con
estremecimiento, se hincaban delante del Calvario (Gólghota) tanto los esclavos
más humildes como los reyes más poderosos; tanto los campesinos incultos como
los más grandes estudiosos.
El misterio de la redención humana está estrechamente ligado
con una larga fila de importantes factores religiosos y psicológicos. Por ello,
para esclarecer el misterio de la redención hay que: a) Entender en particular
en qué consiste la lesión pecadora del hombre y el debilitamiento de la
voluntad para enfrentar el mal. b) Hay que entender cómo la voluntad del
maligno, gracias al pecado, recibió la posibilidad de influir e inclusive
sojuzgar la voluntad humana. c) Hay que entender la fuerza misteriosa del amor,
su capacidad para influir favorablemente al hombre y ennoblecerlo. Asimismo, si
el verdadero amor se revela predominantemente como un servicio sacrificatorio
por el prójimo, indudablemente que la entrega de su vida es la expresión más
grande del amor. d) Del entendimiento de la fuerza del amor humano hay que
elevarse hasta la comprensión de la fuerza del amor Divino, y de cómo ella
penetra en el alma del creyente y transforma su mundo interior. e) Además, en
la redentora muerte del Salvador, hay un aspecto que sobresale de los
parámetros del mundo humano, en especial: en la Cruz, se produjo la batalla
entre el Hijo Encarnado de Dios y el orgulloso Lucifer (Satanás), en la cual
Dios oculto bajo la imagen de un cuerpo débil salió vencedor. Los detalles de
esta batalla espiritual, y la victoria Divina nos quedan como un misterio,
incluso los Angeles según el Apóstol San Pedro, no comprenden completamente el
misterio de la Redención (1 Pedro 1:12). Es un libro sellado, el cual sólo pudo
abrir el Cordero de Dios (Ap. 5:1-7).
·
Cordero de Dios Que Tomó Sobre Si los Pecados del
Mundo
La muerte en la Cruz del Mesías, centro de su sacrificio
salvador, fue materia de numerosas profecías del Viejo Testamento y de Santas
Predicciones, como por ej., el sacrificio de Isaac; los sacrificios que se
realizaban en el Templo de Jerusalén, y otros acontecimientos bíblicos.
Entre las profecías del Viejo Testamento, respecto a los
sufrimientos del Hijo de Dios encontramos como las más claras las profecías de
Isaías, las cuales traemos a continuación:
¡Señor! - Empieza el profeta,
señalando lo increíble (inconcebible) de lo que él escribe. -¿Quién dio crédito
a nuestra noticia? y el brazo (fuerza) del Mesías a quien se le reveló.
Nosotros lo vimos (al Mesías) y no tenía apariencia (aspecto o presencia) que
nos cautivara (atrajera). Él fue rechazado y despreciado por los hombres, varón
de dolores y sabedor de dolencias. Y nosotros le dábamos vuelta el rostro. Él
fue despreciado y lo tuvimos por nada. Él tomó sobre Sí nuestros pesares y
llevó nuestros dolores. Y nosotros pensamos que Él fue azotado, herido y humillado
por Dios. Pero Él fue herido por nuestros pecados y martirizado por nuestras
culpas (rebeliones). Él soportó el castigo que nos trae la paz y con Sus
heridas hemos sido curados. Todos como ovejas erramos, cada uno marchó por su
camino, y el Señor cargó (ha puesto) sobre el todos nuestros pecados. Fue
maltratado, pero por propia voluntad sufría y no abría la boca. (Como un
cordero al degüello era llevado y como oveja que ante quien la esquila está
muda, tampoco Él abrió la boca.).
Tras arresto y juicio fue
arrebatado de sus contemporáneos, (sobre su origen Divino), ¿quién lo aclara?
Fue arrancado de la tierra de los vivos, por las rebeldías de tu pueblo padeció
la ejecución. Le designaron sepultura entre los malvados, pero Él fue sepultado
con los ricos (José de Arimatea) porque no cometió ningún pecado ni hubo engaño
en su boca. Mas fue el deseo del Señor (Dios Padre) quebrantarle con dolencias.
Si se da a Si mismo en expiación verá Su descendencia (personas por el
redimidas), prolongará sus días y la voluntad del Señor se cumplirá por Su
mano. Él va a observar con regocijo el sacrificio de Su alma.
Por Su conocimiento Él, es Perfecto, justificará Mi Siervo a muchos, y las culpas de ellos, sobre el llevará. Por eso Le daré Su parte entre los grandes y con poderosos repartirá el botín, ya que indefenso entregó Su alma a la muerte y fue contado entre los malhechores, cuando Él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes (Isaías 53).
En estas profecías está expresada con máxima claridad, que
la muerte expiatoria en la Cruz del Mesías es un sacrificio voluntario para
purificar los pecados de los hombres. Es notable que San Juan Bautista se
refirió a esta misma profecía. Nuestro Señor Jesucristo recién comenzaba su
servicio comunitario (público-social) diciendo: "Este es el Cordero de Dios que lleva sobre sí los pecados del
mundo."
Más adelante nos detendremos sobre lo que decía el Salvador
y sus Apóstoles sobre los sufrimientos de la redención.
Nuestro Señor Jesucristo contó a
los Apóstoles desde el inicio sobre sus sufrimientos. Así, por ejemplo, comenzó
Jesús a manifestar a sus discípulos que Él
debía ir a Jerusalén y sufrir mucho por parte de los ancianos, los sumos
sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Cuando
el Apóstol Pedro, motivado por sus sentimientos amables, intentó disuadirlo de
semejante sacrificio, el Señor con firmeza, lo reprendió diciéndole: ¡Quítate de mi vista Satanás! ¡Escándalo
eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los
hombres! (Mt. 16:21-23. Pedro a pesar de su fe no pudo entender el destino
que Jesús presenta como inevitable y necesario, por su amor a Él, y quiso
corregir la idea de su Maestro; el Apóstol Pedro se convierte así en Satanás,
el tentador, porque sus pensamientos no eran de Dios sino del maligno). Unos
cuantos días después, explicando a los apóstoles el fin de Su venida al mundo,
Jesucristo les dijo: "El Hijo del
hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en
rescate por muchos" (Mt. 20:28)
Unos días antes de su crucificación, el Señor Jesucristo
nuevamente les comentó a sus apóstoles sobre el gran sacrificio que le
esperaba, aclarándoles que especialmente el vino a este mundo para cumplir con
Su sacrificio redentor: "Ahora mi
alma está turbada; y ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero, ¡Si
he llegado a esta hora para esto!" (Juan 12:27). Sólo en la última
Cena, en el discurso de despedida el salvador habló de los próximos frutos
espirituales así: Él debió sufrir para:
·
Condenación
del diablo (demonio).
·
Llamado a las
personas a la Salvación.
·
Perdón de los
pecados a los creyentes.
·
Envío del
Espíritu Santo sobre los creyentes.
·
Para la
preparación de los creyentes para la morada Celestial.
Traemos aquí las palabras del Salvador del discurso de
despedida. Comenzando, el Señor explicó que su muerte era imprescindible porque
"si el grano de trigo, caído en la
tierra no muere, permanece el sólo (como grano); en cambio, si muere, produce
muchos frutos" (Juan 12:23-24). "Ahora
es el juicio de este mundo; (Condenación del mundo incrédulo), ahora el
príncipe de este mundo (diablo) será echado fuera. y cuando Yo sea levantado de
la tierra (hacia la cruz) a todos atraeré hacia mí." Decía esto para
significar de qué muerte iba a morir" (Juan 12:31-34). En esta Cena,
al establecer el Sacramento de la Comunión, el Señor unió la fuerza de este
sacramento con sus próximos sufrimientos y dijo, levantando la copa con vino: "Bebed de ella todos porque esta es mi
sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los
pecados" (Mt. 26:27-28).
De las siguientes palabras del Salvador está claro que
fueron absolutamente necesarios sus sufrimientos en la Cruz para que descienda
sobre los creyentes la gracia del Espíritu Santo. "Yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya porque si no me
voy no vendrá a vosotros el Paráclito (Espíritu Santo) pero si me voy Os lo
enviaré" (Juan l6:7). Después el Señor explicó a los apóstoles que Él
por propia voluntad tomó sobre sí el sacrificio de la redención, por su gran
amor a los hombres.