Contenido:
La grandeza de Dios y el deseo humano de conocerlo. La noción de Dios entre los
filósofos y las civilizaciones antiguas. Los atributos de Dios según las
Sagradas Escrituras y los Santos Padres. El misterio de la Santísima Trinidad.
La perfección de Dios manifestada en nuestro Señor Jesucristo. Oración a Dios.
Dos poesías
Dios es un Ser sublime y
perfectísimo, Creador y Rector del universo, Espíritu eterno, omnipresente,
omnisciente y todopoderoso.
La esencia de Dios es incomprensible tanto para la mente
humana, como para la de los ángeles. Él habita en una luz inaccesible; a Él nadie
le ha visto ni le puede ver. (I Tim 6:16).
San Basilio el Grande, escribe:
"Si quieres hablar acerca de
Dios, renuncia a tu cuerpo y a los sentidos físicos, abandona la tierra y el
mar. Haz que el aire quede debajo de ti. Deja de lado la cronología de los
años, su orden preciso, y el ornamento de la tierra. Sitúate sobre el éter, deja
a tras las estrellas, su belleza y tamaño, la utilidad que brindan al universo,
su organización, luminosidad, posición, movimiento y todo cuanto próximo o
distante haya entre ellas. Sobrepasando todo esto con la mente, circunda el
cielo y situándote por encima de él imagínate la belleza del lugar. Desestima
las huestes de los ángeles, la autoridad de los arcángeles, la gloria de los
señoríos, la presencia de los tronos, las virtudes, los principados y las
potestades. Desestimándolos a todos ellos cruza los límites de la creación
dejándola por debajo de tus pensamientos. Imagínate la naturaleza divina, firme
inmutable, desapasionada, simple e indivisible, Imagina la luz inaccesible, la
grandeza ilimitada, el poder inefable, la gloria resplandeciente, la bondad
ansiada y la belleza inconmensurable que impresiona fuertemente las almas
sensibles y que no puede describirse dignamente con palabras."
(N de T: Señoríos, Tronos, Principados, Virtudes, Querubines
y Serafines, son los nombres de las jerarquías de los ángeles. El mundo
espiritual de los ángeles es mucho más numeroso que el nuestro).
Semejante elevación espiritual es necesaria para meditar
acerca de Dios.
Es paradójico que el hombre desde temprana edad, y a pesar
de sus limitaciones mentales y espirituales, desee conocer a Dios. La tendencia
instintiva de la mente humana de conocer al Ser Supremo y al mundo espiritual,
se advierte en personas de cualquier que raza, cultura o de desarrollo.
Evidentemente, hay algo misterioso en la naturaleza del hombre, que como un
imán lo atrae hacia la esfera de lo invisible y lo perfecto. Las Sagradas
Escrituras definen a este "algo" como "imagen y semejanza de Dios" en el hombre, grabada por el
Creador en los cimientos de nuestra naturaleza espiritual. (génesis 1:27).
Sólo la presencia de este vínculo entre el alma y su
Creador, puede explicar que ante las más adversas circunstancias, aún las
personas sin formación religiosa alguna pueden tener una idea más o menos
correcta acerca de Dios. Lo extraordinario es que Dios siempre va al encuentro
de la persona que lo busca, manifestándose ante ella misteriosamente.
Las Sagradas Escrituras conservan el recuerdo de un breve
pero muy valioso tiempo en el que en los albores de la humanidad, Dios aparecía
y hablaba con Adán y Eva, como un padre con sus hijos. En aquellos días no
había siquiera un atisbo de temor entre los primeros hombres ante la presencia
del Ser Supremo. Sobre esto, los ateos pretenden convencernos de que la surgió
como consecuencia del temor inconsciente que experimentaba el hombre primitivo
frente a las fuerzas de la naturaleza. Por el contrario, de acuerdo al Génesis,
el primer encuentro del Creador al hombre estuvo pleno de confianza y beatitud. Fue la caída en el pecado lo que privó
realmente al hombre del sentimiento de proximidad y bienaventuranza de Dios.
·
La noción de Dios entre los filósofos y las
civilizaciones antiguas
Luego de la caída de Adán y Eva en
el pecado, la mayoría de sus descendientes fueron alejándose de Dios y
volviéndose cada vez más rudos, y entregándose a los vicios cayeron en la
superstición. Lentamente fue desarrollándose la idolatría. Pero a pesar de
esto, la tendencia instintiva de buscar a Dios permaneció en el hombre
Toda la historia antigua de la humanidad testimonia que el
hombre, a diferencia de los animales, no puede limitarse solo a satisfacer sus
requerimientos físicos. Inconscientemente, su pensamiento es atraído hacia
niveles más altos, hacia el mundo trascendental, hacia su Creador. El hombre
anhela conocer: ¿cómo y por qué apareció este mundo que lo rodea? ¿Tiene su
vida un significado más importante? ¿Qué le espera detrás del umbral de la
muerte? Existe otro más perfecto? ¿ Existe la justicia absoluta y excelsa?
¿Habrá una recompensa por las obras buenas y un castigo por los crímenes? Al
Contemplar la grandeza, la armonía y la hermosura del mundo, el hombre llega al
convencimiento de que debe
existir un Creador. Su sentido moral le dicta sobre la existencia de un
Legislador recto que dará a cada uno según sus obras. De esta manera, bajo la
influencia de motivos internos y externos, paulatinamente comenzó a gestarse en
el hombre un sentimiento religioso, una necesidad de conocer y acercarse a su
Creador.
Por esta razón, nunca existió un pueblo totalmente privado
de la noción de un Dios.
"Observen la faz de la tierra - dice Plutarco (siglo I
AC) - ustedes encontrarán ciudades sin fortalezas, sin ciencias, sin
autoridades, verán personas sin hogar, personas que desconocen el uso del
dinero o que ignoran totalmente la hermosura del arte, sin embargo, nunca
encontrarán una sociedad que viva sin fe en una Divinidad."
Debido a que no existe una información detallada sobre las
diferentes creencias y la vida de los pueblos antiguos, es difícil establecer
puntualmente como surgieron y se desarrollaron sus diferentes conceptos
religiosos. Sin embargo muchos religiosos de las religiones comparadas afirman
que en las religiones primitivas existió la idea del monoteísmo (un solo Dios);
en tanto que la deificación de las fuerzas naturales y diferentes dioses
(politeísmo) apareció mucho más tarde. * Los primeros capítulos del Génesis
relatan el desarrollo del politeísmo entre "los hijos del hombre"
como el resultado del entorpecimiento moral. También nos enseña como "los
hijos de Dios" (los descendientes de Set) conservaron su fe en un solo
Dios. Además debemos aclarar, que en las religiones politeístas, siempre
existió un dios supremo por encima de otras divinidades. Por ello al margen de
las imperfecciones de las religiones paganas el reconocimiento de la existencia
de un Ser Supremo, nos indica que el hombre en su naturaleza interna es
religioso. El ateísmo es un estado anormal y patológico del alma humana surgido
de un estilo de vida pecaminoso y que con los años se fortalece aún más con la
penetración de los conceptos ateos.
En Grecia, donde 600 años AC, el politeísmo desplazó al
monoteísmo, advertimos una saludable oposición por parte de los filósofos. Uno
de los primeros filósofos en oponerse al politeísmo, fue Xenofonte (570 – 466
AC) quien luchó contra los adoradores de animales y héroes legendarios. Él dijo
"Entre los dioses y los hombres existe un Dios supremo, el cual no se
parece a ellos, ni mentalmente, ni en su apariencia externa. El es toda visión,
todo pensamiento y oído. Él habita, eterno e inamoviblemente, en un solo lugar
y con su mente dirige todo sin esfuerzo"
Heráclito habla sobre el Logos de quien todo recibió su
existencia. El llama Logos a la Sabiduría Divina (1) Anaxagoras llama Dios
"Razón purísima" omnisciente y omnipotente. Esta Razón, siendo de
naturaleza espiritual, todopoderosa y omnipresente mantiene todo en un orden.
Ella formó al mundo a partir de un caos primitivo.
Sócrates reconoce que Dios solo hay uno. Él es el principio
moral del mundo y es la "Providencia," que se preocupa del mundo y la
gente.
Platón, combatiendo las supersticiones paganas, exige que se
excluyan del concepto de Dios, ciertas cualidades imperfectas como la envidia o
la metamórfosis. "Dios, y no el hombre, es la última palabra en
todo." Para Platón, Dios — "Demiurgo"
es el creador de todo, el Pintor. Del Universo. Él es un espíritu inmortal, que
cambia y da forma a la materia según Su idea. Existe un mundo eterno y real de
ideas, al que se atribuye la auténtica realidad. Al frente de este reino de
ideas se encuentra la Idea del Bien, el Dios Creador del universo.
Aristóteles sostiene que Dio está sobre todas las cosas, y
es el Principio motor del universo "el Inmóvil Primer Motor," fuente
del movimiento universal. Él es un ser eterno y perfecto, centro de toda
actividad y energía, autónomo e inaccesible. Él, es pura razón "mente de
las mente" y ajeno a cualquier materialidad vive en un intenso estado de
acción intelectual y de autocontemplación: "La realidad del pensamiento es
la vida, y Dios es esta realidad." De acuerdo con Aristóteles, todo el
mundo busca a Dios porque Dios es amado por su perfección.
Artaus de Cilicia, (escritor del siglo III a. de Cristo),
elevándose mentalmente llegó a la idea de una "imagen de Dios en el
hombre" diciendo: "nosotros somos Su generación."(2) Tal vez
influencia influenciados por los filósofos, que insistieron sobre la existencia
un Ser sapientísimo que está sobre todas las cosas, los atenienses hayan
construido un altar al "Dios Desconocido," como menciona el Apóstol
San Pablo al principio de su famoso sermón en Atenas. (Hechos 17:23).
De esta manera, los conceptos que algunos filósofos tuvieron
sobre Dios fueron correctos y profundos. Los filósofos más destacados
entendieron que debe existir sólo un Dios
verdadero. Dios es todo pensamiento y es el poseedor de la suprema sabiduría.
Él es eterno, absoluto, transcendente, la Primer causa de toda acción y
movimiento en el mundo. Algunos filósofos llegaron a una opinión tan elevada
sobre Dios, que lo consideraban como el "Demiurgo," conductor del
universo. Sin embargo, carecieron de una clara noción de Dios Creador que hizo
el mundo de la nada, como leemos en la Biblia. La principal falla en la opinión
es considerar que Dios es un Ser "frío," distante al mundo, como encerrado
en Su vida introspectiva. La causa de esta opinión tan alejada del Dios
verdadero, reside, en que los filósofos carecieron de una experiencia
espiritual personal. No experimentaron la viva unión con el Dios bondadosísimo,
que es alcanzada durante la oración ferviente y atenta.
A pesar de esto, muchos Santos Padres estimaron a los
filósofos antiguos hasta el punto de llamarlos "cristianos antes de
Cristo." Su principal mérito fue el desarrollo de un entendimiento
religioso – moral. Acuñaron una terminología que permitió a los primeros
apologetas cristianos y Padres de la Iglesia confesar y defender las verdades
cristianas.
Las opiniones filosóficas aquí presentadas sobre el Ser
Supremo, son interesantes, porque demuestran el límite del conocimiento sobre
Dios al que puede llegar el hombre a través de su esfuerzo natural. Pero mucho
más puro y perfecto aún es el testimonio que hallamos sobre Dios en las
Sagradas Escrituras. Mediante ellas sabemos que Dios se ha revelado ante
quienes lo han buscado como los (Rectos/ Justos) del Antiguo y Nuevo
Testamento. Aquí no se trata de un producto de ideas abstractas o de posibles
adivinanzas, sino de una espontánea iluminación desde lo alto, recibida por los
santos como una viva experiencia espiritual. Los santos escribieron sobre Dios
según lo revelado por el Espíritu Santo. Por esta razón en las Sagradas
Escrituras, y en las obras de los santos cristianos, no hay adivinanzas ni
contradicciones sino una completa unanimidad.
* (Confrontar W. Schmidt " Der Ursprung der
gottesidee).
(1) (la enseñanza sobre el Logos fue desarrollada por Filón
en el siglo I AC).
(2) (una idea similar fue expresada por su contemporáneo
estoico, Cleanfas).
·
Los atributos de Dios según las Sagradas
Escrituras y los Santos Padres
Las Sagradas Escrituras nos dan
una sublime y completa información sobre Dios. Ellas nos enseñan que Dios es
Uno, Él es un ser personal, supremo, que está sobre todas las cosas. Dios es
Espíritu eterno, bondadosísimo, omnisciente, fidelísimo, todopoderoso,
omnipresente, perfectísimo y muy bienaventurado. Sin tener necesidad alguna,
Dios todopoderoso, por su bondad creó de la nada al mundo visible e invisible,
y también nos creó. Hasta la creación del mundo no existían ni el espacio ni el
tiempo. Ambos surgieron con el mundo. Dios, como un Padre amoroso, se preocupa
por todo el mundo, por cada ser creado por Él, aún el más pequeño. Por sus
sendas misteriosas. Él conduce a cada hombre hacia la salvación eterna pero sin
forzarlo, sino iluminándolo y ayudándolo a realizar sus buenas intenciones.
Contemplaremos ahora, atentamente, algunas cualidades
divinas que han sido reveladas por las Sagradas Escrituras y los Santos Padres
de la Iglesia. Dios se manifiesta al hombre como un Ser absolutamente distinto
del mundo físico, es decir como Espíritu.
"Dios es Espíritu," — dicen las Escrituras, — "donde está el
Espíritu de Dios — allí esta la libertad" (Ju: 4:24 II Cor 3:17) En otras
palabras, Dios es ajeno a cualquier materialidad o corporeidad, propias de los
seres humanos e incluso de los ángeles, quienes aparecen tan solo como
"imagen" de la espiritualidad de Dios. Dios es Espíritu excelso,
purísimo y perfectísimo. El se manifestó ante el profeta Moisés como " El
que Es " un Ser Supremo, puro y
espiritual. (1).
Es inusual que las mentes contemporáneas imaginen a Dios
como Espíritu puro. Por su parte el panteísmo
(2), tan difundido en nuestros tiempos, también contradice esta verdad. Por
esta razón, en el " rito de la Ortodoxia," celebrado el primer
Domingo de la Gran Cuaresma escuchamos que: " Sean anatemas aquellos que
dicen que Dios no es Espíritu, que es sólo cuerpo."
Dios es eterno — Dios existe fuera del tiempo,
pues el tiempo es finito y variable (el tiempo se considera como la cuarta
dimensión en la teoría física de la relatividad. De acuerdo con la cosmología
actual, el espacio y el tiempo no son eternos. Ellos aparecieron y
desaparecerán con el mundo). Para Dios no existen ni el pasado, ni el futuro,
solo existe el presente. "En el
principio Tú, Señor, fundaste la tierra, y los cielos son obra de Tus manos.
Ellos van pasando, más Tú permanecerás; Todo en ellos envejece como una
vestidura. Tú los mudarás, y quedarán cambiados; más Tú eres el mismo, y Tus
años no tienen fin"(salmo 101, 26-28). Algunos Santos Padres señalan la diferencia
conceptual entre la "eternidad " y la "inmortalidad." La
eternidad es vitalidad, que no tiene principio ni fin. El entendimiento de la
eternidad puede aplicarse únicamente a la esencia de Dios que es sin principio
y en quien todo es siempre igual y tiene el mismo aspecto.
El entendimiento de la inmortalidad se atribuye a aquellos
seres a los que se les dio la existencia y son inmortales como los ángeles y el
alma humana. La eternidad es algo que pertenece únicamente a la Esencia Divina
(San Isidro Pelusiota).
Dios — es bondadosísima — es decir, infinitamente bueno. Las escrituras
testifican: "Generoso y clemente es el Señor Dios, paciente en exceso y
grande en misericordia" (Salmo 102:8).
Dios es amor. La bondad de Dios se extiende sobre todo el mundo
y sobre cada ser que habita en él. Es decir, no se restringe a una determinada
región, pues un amor así es propio de seres limitados. Él se preocupa con amor
por la vida y las necesidades de cada criatura, por más pequeña e
insignificante que pueda parecer.
San Gregorio el Teólogo dice: "Si alguien nos pregunta
a quién honramos y a quien adoramos, debemos contestar: "adoramos al
amor."
Dios concede tantos bienes a su creación en la medida en que
cada uno puede recibirlos de acuerdo a su naturaleza y estado, y en
correspondencia con la armonía del mundo. Dios manifiesta al ser humano una
bondad especial. San Clemente de Alejandría dice: "Él, como un ave-madre,
al ver a su pichón caer fuera del nido, acude en su ayuda para levantarlo, y
cuando ve que su pichón puede ser devorado por una serpiente, con un penoso
graznido, vuela alrededor de él y de sus otros pichones sin mostrar
indiferencia ante la pérdida de alguno de ellos."
Dios nos ama mucho más de lo que nos aman nuestros padres,
nuestros amigos, e incluso de lo que nos amamos nosotros mismos. Él, se
preocupa más por nuestra salvación, que por su propia gloria, como lo demuestra
el hecho de que envió a Su Hijo Unigénito encarnado al mundo para que con sus
padecimientos y su muerte nos sea revelado el camino de la salvación y la vida
eterna.
Si el hombre muchas veces no entiende toda la fuerza de la
bondad de Dios, es porque concentra su mente y sus deseos en la prosperidad
terrenal. La Providencia Divina, en cambio relaciona la concesión de bienes
temporales y terrenales con el llamado a la conquista para sí y para nuestras
almas de los bienes eternos.
1.
Ciertamente,
hay pasajes de las Sagradas Escrituras en los que de manera simbólica son
adjudicados a Dios órganos o miembros humanos: oídos, ojos, manos y otros, que
reciben el nombre de "antropomorfísmos." Estas expresiones son usadas
en sentido demostrativo y son halladas con frecuencia entre los libros poéticos
de la Biblia. Con ellos, las Escrituras establecen una correspondencia con los
atributos espirituales de
2.
Dios. Así, por
ejemplo, los oídos y ojos simbolizan la omnisciencia divina, la mano su
omnipotencia y el corazón, su Amor.
(2) Pamteismo: creencia en una divinidad irracional e
impersonal esparcida por toda la naturaleza.... (FALTA NO SALIO LA FOTOCOPIA).
Dios es omnisciente." Todo está desnudo y
descubierto ante sus ojos" (Heb. 4:13) El rey David escribió: "Tus ojos han visto mi origen" (Salmos
138:16).
La ciencia de Dios es visión y conocimiento de todas las
cosas existentes y posibles, del presente, del pasado y del futuro. La
previsión del futuro es una visión espiritual, porque para Dios el futuro es
presente. La previsión de Dios no altera la libre voluntad de la creación, así
como la libertad de nuestro prójimo no es alterada a pesar de que nosotros
podemos ver sus acciones. La previsión de Dios, con respecto al mal en el mundo
y las acciones de los seres libres, se coronan con la previsión de la salvación
del mundo cuando "Dios sea todo en
todos" (1 Cor. 15:28).
Otro aspecto de la omnisciencia de Dios es Su sabiduría. "Grande es nuestro Señor, grande es su fortaleza y su sabiduría es
infinita" (Salm. 146:5).
Los Santos Padres de la Iglesia, siguiendo la palabra de
Dios, siempre han enseñado con profunda piedad la grandeza de la Sabiduría de
Dios en la economía del mundo visible, dedicando a este tema una gran cantidad
de obras como por ejemplo: "el Hexameron" es decir el proceso de la
creación de mundo (San Basilio Magno, San Juan Crisóstomo, San Gregorio de
Niza). San Basilio magno dice: "Un pequeño tallo, una hierbezuela es
suficiente para ocupar toda la atención de tu mente en examinar el arte de su
creación."
Dios es absolutamente
recto. El
entendimiento del vocablo rectitud tanto en la Palabra de Dios, como en el uso
corriente del término comprende dos significados: la santidad y la justicia. La
santidad no solo consiste en la ausencia del mal o del pecado, es además la
presencia de elevados valores espirituales unidos a la pureza. La santidad es
semejante a la luz, y la santidad de Dios es luz purísima. Dios es "el
único Santo" en esencia, por su naturaleza. Él es la Fuente de santidad
para los ángeles y los seres mismos. El justo juicio de Dios es otro aspecto de
su rectitud. Él juzgará al mundo según la verdad, y a los pueblos con rectitud"
(Salmo 9:8)."El retribuirá a cada
uno conforme a sus obras, porque Dios no hace acepción de personas" (Rom.
2:6-11).
¿Cómo concuerdan el amor Divino y la rectitud de Dios con el
juicio severo por los pecados y el castigo del culpable? Con respecto a esta
pregunta muchos Santos Padres expresan su opinión. Ellos comparan la ira de
Dios con la ira de un padre, que para hacer entrar en razón al hijo
desobediente, acude a métodos paternales de castigo. Al mismo tiempo, se apena
por el hijo insensato, compadeciéndose por la aflicción que le causa. Por eso
la justicia de Dios es siempre la misericordia y la misericordia es siempre la
verdad, como está escrito: "La
misericordia y la verdad se encontraron; se darán el ósculo" (Salm.
84:10).
La santidad y la verdad de Dios están estrechamente
vinculadas entre sí. Dios llama a todos a la vida eterna en Su Reino. Pero al
Reino de Dios no puede ingresar nada impuro. Por esa razón, Dios nos purifica
mediante el castigo como método de corrección a causa del gran amor que nos
tiene. Nos espera el juicio justo, el juicio terrible, ¿cómo podríamos entrar
en el Reino de la santidad y la luz, y cómo nos sentiríamos estando allí,
siendo impuros, oscuros, sin ninguna santidad y sin tener ningún valor
espiritual o moral positivo?
Dios es Todopoderoso. "Porque Él habló y todo fue hecho, Él ordenó y todo apareció" (Salm.
32:9). Así se expresa el salmista sobre la omnipotencia de Dios. Dios es el
Creador y sustentador del mundo.
El es omnipotente, "El
único que hace maravillas" (Sal. 71:18). Si Dios tolera el mal y a los
malvados en el mundo, no es porque El no pueda eliminarlos. Es porque Él da
libertad a los seres espirituales y los guía, de tal forma, que ellos por su
propia voluntad rechazan el mal y se dirigen hacia el bien (sobre las
cuestiones casuística, de que hay ciertas cosas que Dios "no puede
realizar," responderemos que la Omnipotencia de Dios se extiende sobre
todo aquello que le place a su mente, a su benevolencia y a su voluntad).
Dios es Omnipresente. "¿Adónde iré que me sustraiga a tu Espíritu? ¿Adónde huiré de tu rostro?
Si subieres a los cielos allí estas Tú. Y descendiere al abismo, allí estás Tú.
Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, también allí me
guiaría Tú mano, y me asirá Tu diestra" (Salm. 138:7-10) .
Dios no esta limitado espacialmente. Él impregna todo con su
Ser. Siendo de naturaleza simple (indivisible), está presente en todo lugar
pero no parcialmente ni con su fuerza, sino con todo su Ser y sin mezclarse con
nada. Dios impregna todo, sin mezclarse con nada y nada puede penetrar en Él.
(San Juan Damasceno).
Dios es inmutable. "En e Padre de las luces no hay cambio, ni sombra de variación" (Stg.
1:17). Dios es perfección. Un cambio es signo de imperfección, por esa razón,
la mutabilidad es inconcebible en un Ser perfecto. Cuando se habla de Dios no
se puede decir que en Él existe un proceso de desarrollo, cambio, evolución,
progreso o algo parecido. Pero el hecho de que Dios es invariable, no significa
de que El se encuentre en un estado inmóvil o este encerrado en sí. Todo lo
contrario, a pesar de que Dios es invariable, Él es vida, y se encuentra
siempre en un estado activo y energético. Dios por sí mismo es vida, y esta
vida es el estado de Su existencia.
Dios es muy
bienaventurado y perfectísimo.
Estos dos conceptos son muy parecidos. Perfectísimo significa que posee todo,
que tiene plena riqueza, plenitud de bienes, y su significado no es estar
contento consigo mismo. Dios no tiene necesidad de nada pero, "es el que da a todos la vida y el
aliento, y todas las cosas" (Hech.17:25). De esta manera, Dios es la
fuente de toda existencia y de todos los bienes. Los seres creados reciben la
perfección de esa Fuente. El apóstol San Pablo se refiere dos veces en sus
epístolas a Dios como Bienaventurado en 1 Timot. 1:11 dice "del evangelio que me ha sido confiado y que nos revela la gloria
del Bienaventurado," y en 1 Timot. 1:15 dice "a su tiempo mostrará el Bienaventurado y
único soberano, Rey de reinantes y Señor de señoreadores." No debe
entenderse la palabra "Bienaventurado" en el sentido que Dios, siendo
perfecto y teniendo todo en Sí Mismo, es indiferente a Su creación y a sus
sufrimientos; si no que de Él y en El todos sus seres reciben la
bienaventuranza. Dios no sufre, pero es misericordioso. "Jesucristo sufre
como un mortal" (canon de la Pascua) no como Dios, sino, por su naturaleza
humana. Dios es la fuente de la bienaventuranza, en Él habitan la plena
felicidad, la dulzura, y la alegría para aquellos que lo aman; Como dice en el
salmo: "plenitud de gozo; a la vista
de tu rostro, las eternas delicias de Tú diestra" (Salm.15:11).
(1) Ciertamente hay pasajes de las Sagradas Escrituras en
los que de manera simbólica son adjudicados a Dios órganos y miembros humanos:
oídos, ojos, manos y otros, que reciben el nombre de
"antropomórfisimos." Estas expresiones son usadas en sentido
demostrativo y son hallados con frecuencia entre los libros poéticos de la
Biblia. Con ellos, las Escrituras establecen una concordancia con los atributos
espirituales de Dios. Así, por ejemplo, los oídos y ojos simbolizan la
omnisciencia Divina, la mano su Omnipotencia y el corazón, su Amor.
(2) (Panteísmo = creencia en una divinidad irracional e
impersonal esparcida por toda la naturaleza. El Budismo y otras creencias
orientales se fundamentan en el panteísmo).
Es importante tener en cuenta que, la Sagradas Escritura y los Santos
Padres hablan predominantemente de las cualidades divinas, y no de la
naturaleza de Dios. Los Santos Padres rara vez hablan de la naturaleza de Dios,
y cuando lo hacen, lo hacen tangensialmente, explicando que "su naturaleza
es simple, única y sencilla." Pero esta sencillez y simplicidad no son un
todo indiferente o insubstancial, por el contrario, contienen en sí, la plenitud de Sus cualidades. "Dios es un mar de esencia, ilimitado e
incalculable" (San Gregorio el Teólogo). "Dios es la plenitud de
todas las cualidades y perfecciones en su aspecto más sublime e infinito (San
Basilio Magno). "Dios es simple. Él es todo sentido, todo espíritu, todo
pensamiento y toda fuente de bienes" (San Irineo, Obispo de Lyon).
Refiriéndose a los atributos de Dios, los Santos Padres
señalan que su multitud, en comparación con la naturaleza simple de Dios, es
resultado de nuestra incapacidad de encontrar una sola forma de apreciar la
naturaleza divina. En Dios un atributo es aspecto de otro atributo. Dios es
recto, esto significa que Él es omnisciente, omnipotente, bondadoso y
bienaventurado. Esta multiplicidad de la simpleza de Dios puede compararse con
la luz del sol que se evidencia en los colores del arco iris.
Nuestros pensamientos sobre Dios se refieren en primer lugar
a Su distinción del mundo (por
ejemplo: Dios - es "sin Principio," mientras que el mundo tiene un
origen, Dios es eterno, mientras que el mundo es finito; y en segundo lugar a
sus acciones en el mundo y la relación del Creador con la creación (Creador,
Sustentador, Misericordioso, Juez recto).
Al referirnos a las cualidades divinas, nosotros no
definimos con precisión lo que es Dios pues, Su naturaleza hace imposible una
definición. Cualquier definición establece límites, marca una restricción, una
imperfección. Dios no tiene límites, por ello, no es posible precisar un
concepto sobra la Divinidad porque "incluso el entendimiento es una forma
de limitación."
La comprensión de la unidad y de
las excelsas cualidades divinas no agotan la plenitud de la enseñanza cristiana
sobre Dios. La fe cristiana nos consagra al profundísimo misterio de la vida interna de Dios; ella presenta a
Dios como uno en esencia y trino personas. Así como Dios en su esencia es Uno,
todas sus cualidades - eternidad, omnipotencia, omnipresencia y demás,
pertenecen igualmente a las tres
Personas de la Santísima Trinidad. En otras palabras, el Hijo de Dios y el
Espíritu Santo, son eternos y todopoderosos como Dios Padre.
La verdad acerca de la trinidad de Dios constituye la
sobresaliente herencia del cristianismo. Las religiones naturales ignoran esta
verdad, e inclusive en la enseñanza del Antiguo Testamento no existe una
revelación clara y directa sobre el tema. Allí hay rudimentos, indicaciones
alegóricas u oscuras sobre este misterio, que solo puede entenderse, en su
plenitud con la luz del nuevo testamento que revela la enseñanza sobre Dios uno
y trino con total claridad. Hay fragmentos del Antiguo Testamento que se
refieren a la pluralidad de personas en la divinidad "Hagamos al hombre en nuestra
imagen y semejanza" (Gen. 1:26), "He aquí el hombre es como uno de nosotros"
(Gen. 3:22).
"Ahora, pues, descendamos y confundamos allí su lengua" (Gen. 11:7). En estos ejemplos podemos ver que Dios usa el plural cuando habla de Su propia
Persona. Hay otro ejemplo bíblico en el que la narración dice que Dios se
manifiesta como Uno en Tres Personas Es la teofanía ante Abraham en la forma de
tres peregrinos (ángeles). Abraham conversa con los tres usando el singular.
Esta manifestación de Dios ante Abraham sirvió de inspiración a Andrés Rublev,
para escribir el icono de la Santísima Trinidad.
La enseñanza sobre la Trinidad es el cimiento sobre el cual
se fundamenta la fe cristiana. Todas las verdades felices y saludables del
cristianismo sobre la salvación, la santificación y la bienaventuranza del
hombre, pueden ser adquirirse únicamente con la condición de crecer en el Dios
Trinitario, porque todos estos magníficos bienes nos son dados por la acción
conjunta y común de las Personas Divinas. San Gregorio el Teólogo dice: "El diseño de nuestra enseñanza es uno y
breve. Es como un letrero sobre un poste que hace entrar en razón a todos y que
dice: Estas personas adoran sinceramente a la Trinidad."
La gran importancia y el principal significado del dogma de
la Santísima Trinidad encuentra su explicación en la constante preocupación con
la que la Iglesia siempre ha guardado este Dogma. Esa vigilancia y tensa labor
del pensamiento con las que defendió su fe ante los herejes estableciendo la
exacta definición: "Dios es uno en esencia y trino en personas,
unisubstancial e indivisible." Con estas palabras se expresa la naturaleza
de la enseñanza cristiana sobre la Santísima Trinidad. Pero a pesar de esta
evidente síntesis y simpleza, el dogma de la Trinidad es el más profundo,
incomprensible y desconocido misterio de la divina revelación. Sin importar el
esfuerzo de nuestras mentes nos es imposible imaginar de qué manera Tres
Personas Divinas, independientes, completamente iguales en dignidad divina
pueden constituir un solo e independiente Ser.
Los Santos Padres de la Iglesia, cuyas mentes fueron
iluminadas por Dios, más de una vez se acercaban a esta verdad sublime e
incomprensiblemente profunda. En sus esfuerzos por explicarla y aproximarla al
entendimiento de nuestras mentes limitadas, acudían a diferentes ejemplos
tomados de las manifestaciones de la naturaleza o de la formación espiritual
del hombre. Por ejemplo: 1) sol, luz y calor, (de aquí surge luz verdadera de
luz verdadera en el Credo); 2) manantial, llave y corriente; 3) raíz, tronco y
ramas; 4) mente, sentimiento y voluntad... San Cirilo, el equiapóstol
instructor de los eslavos año 869 durante una conversación con los musulmanes
sobre la Santísima Trinidad, indicando al sol, dijo: "Ven Ustedes en el cielo un círculo brillante del cual nace la luz y el
calor? Dios Padre, como este círculo
solar, es sin principio ni fin. De Él nace el Hijo de Dios como del sol nace la
luz, y como del sol, juntamente con los rayos luminosos, sale también el calor,
así procede el Espíritu Santo de Dios Padre. Todos nosotros diferenciamos en el sol él circulo, la luz y el calor,
pero el sol es uno solo en el cielo. Así es la Santísima Trinidad: en ella hay
tres Personas, pero Dios es Uno e Indivisible." Todas estas y otras
semejanzas que facilitan un poco el entendimiento del misterio de la Santísima
Trinidad, no son más que una débil insinuación sobre la naturaleza de un Ser
excelso. Ellas dejan la sensación de insuficiencia, de falta de correspondencia
con aquel concepto sublime para cuya explicación fueron elegidas. No pueden
quitar de la enseñanza sobre Dios Uno y Trino, el velo de lo incomprensible y e
lo misterioso con el que se cubre esta enseñanza para la mente humana.
Existe un relato muy instructivo sobre San Agustín, famoso
maestro de la iglesia occidental. Sumido en la contemplación del misterio de la
Trinidad, y planeando una composición sobre el tema, fue a pasear a la orilla
del mar. Allí vio a un niño que jugaba excavando un hoyo en la arena.
Acercándose al niño, San Agustín le preguntó: "¿Qué estas haciendo?"
– "Quiero pasar todo el mar a este hoyo" le contestó el niño,
sonriendo. En ese momento San Agustín entendió y se dijo: Acaso no estoy yo
haciendo lo mismo que esta haciendo este niño cuando trato de entender al
infinito mar, que es Dios, con mi mente?
De la misma manera, San Gregorio Nacianceno, el gran jerarca
universal llamado el Teólogo por su capacidad de penetrar mentalmente hasta los
más profundos misterios de la fe, escribía que él hablaba más de la Santísima
Trinidad de lo que respiraba, admitiendo que no existe un término satisfactorio
para el entendimiento del dogma de la Trinidad. Él decía, que todo cuanto
estudiaba escudriñadora, y empeñándose en enriquecerla con analogías era
insuficiente para explicar la esencia de Dios.
Así la enseñanza sobre la Santísima Trinidad, es el más
profundo e incomprensible misterio de la fe. Todos los esfuerzos por hacerla
entendible, introduciéndola en el marco de nuestra manera de pensar, son vanos.
San Atanasio el Grande dice: "Aquí
se encuentra el límite de todo aquello que los querubines cubren con sus
alas."
Sin embargo, a pesar de toda su incomprensibilidad, la
enseñanza sobre la Santísima Trinidad tiene para nosotros un importante
significado moral, y por esta causa este misterio fue revelado a los hombres.
En realidad, ésta enseñanza eleva la idea del monoteísmo, la establece sobre un
cimiento sólido y aleja aquellas dificultades importantes e insuperables que
aparecieron tempranamente en la mente humana. Algunos filósofos de la
antigüedad pre-cristiana, elevándose al entendimiento de la Unidad del Ser Supremo,
no pudieron resolver la cuestión de, como se manifiesta la vida y la actividad
de este Ser por sí mismo fuera de Su relación con el mundo. Entonces la
Divinidad se identificaba con el mundo (panteísmo), o bien tenía vida, estaba
encerrada en sí misma, era inmóvil constituyendo un principio aislado (deísmo),
o se convertía en un terrible e inexorable destino que gobernaba el mundo
(fatalismo). La enseñanza cristiana sobre la Santísima Trinidad revela que en
las Tres-Hipóstasis del Ser Supremo, además de su relación con el mundo, se
manifiesta la infinita plenitud de una misteriosa vida interior. Dios, según la expresión de uno de los más antiguos
Padres de la Iglesia, Pedro Crisólogo: "es Uno, pero no solitario." En Él hay distinción de Personas
que permanecen ininterrumpidamente en comunicación
la una con la otra. "Dios Padre no nace ni procede de otra
Persona, el Hijo de Dios es engendrado eternamente del Padre, el Espíritu Santo
eternamente procede del Padre." Esta relación recíproca de las
Personas Divinas, desde siempre consistió la vida interior y mística de Dios,
que antes de Cristo estaba oculta para nosotros por una impenetrable cortina.
Gracias al misterio de la Trinidad, el cristianismo, no solo
nos enseñó como adorar a Dios y ser piadosos ante su presencia, también nos
enseñó a amarlo. Justamente por este
misterio, el mundo adquirió la feliz y significante idea, que Dios es amor perfecto e ilimitado. El estricto
y seco monoteísmo de estas enseñanzas religiosas, Judaísmo, Islamismo, les
impide elevarse hasta la revelación espiritual de la Trinidad de Dios, y por lo
tanto no pueden alcanzar el verdadero entendimiento del amor como cualidad
soberana de Dios. El amor, en su esencia, no tiene ningún sentido sin una
alianza y una comunión. Si Dios fuera unipersonal, entonces ¿con respecto a
quién se manifestaría su amor?, ¿Con respecto al mundo? Pero el mundo no es
eterno. Entonces, ¿En qué podría revelarse el amor divino en la eternidad antes
de la creación del mundo? Al mismo tiempo el mundo es limitado, y el amor de
Dios no puede manifestarse en toda su infinita dimensión. El amor sublime para
su completa revelación necesita de alguien igualmente sublime. Pero ¿dónde
encontrarlo? Unicamente el misterio del Dios Uno y Trino nos ofrece la solución
al dilema ya presentado. Este misterio nos revela que el amor de Dios nunca
permaneció inactivo o sin manifestarse: Las Personas de la Santísima Trinidad
permanecen desde la eternidad en una comunión de amor mutuo e ininterrumpido.
El Padre ama al Hijo y lo llama amadísimo. El Hijo dice de sí mismo: "Yo
amo al Padre" (Ju 14:31) Son de profundamente ciertas las palabras de San
Agustín: "El misterio cristiano de
la Trinidad es el misterio del amor Divino. Tu ves la Trinidad, cuando ves el
amor."
Sobre la doctrina de la Santísima Trinidad se basa todo el
entendimiento de qué es Amor. Sobre esta enseñanza se basa toda la enseñanza
moral cristiana, cuya esencia reside en el
mandamiento del amor.
Humildemente conscientes de nuestra incapacidad de entender
los misterios de la Santísima Trinidad, debemos recibirla con plena fe y
hacerlo de tal forma que esta verdad no quede como algo superficial y ajeno a
nosotros, sino, que penetre hasta los más profundos rincones de nuestro
espíritu y sea parte de nuestras almas y guíe nuestras vidas. Así debe ser
nuestro entendimiento de todas las verdades cristianas, porque el cristianismo
no es una teoría abstracta sino, la vida nueva y renaciente.
Notas: La antigua enseñanza ortodoxa
sobre los atributos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo fue tergiversada
por la Iglesia Católica Romana con la formulación de un nuevo dogma que
sostiene la procedencia del Espíritu Santo, del Padre y del Hijo (filioque).
Las primeras menciones sobre este agregado surgieron en el siglo VI en España. En
el siglo IX el Papa León III aprobó personalmente esta enseñanza, sin embargo,
prohibió su inclusión en el Credo Niceo-Constantinopolitano, el cual dice que
el Espíritu Santo procede únicamente del Padre. Pero unos cuantos siglos más
tarde, el "filoque" fue incluido en el Credo de la Iglesia Romana. La
Iglesia Ortodoxa nunca aprobó este agregado en el Símbolo de la Fe, porque esta
enseñanza no existe en las Sagradas Escrituras, ni en la iglesia cristiana de
los primeros tiempos, y es tan solo una invención de la mente humana. Esta
tergiversación de la fe cristiana es uno de los obstáculos más grandes que
impiden la unión de la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Romana. Los Protestantes,
que se separaron en el siglo XVI de la Iglesia Romana, heredaron esta falsa
teoría.
· La perfección de Dios manifestada en nuestro Señor Jesucristo
Hace dos mil años ocurrió un gran
milagro: se reveló el misterio de piedad: Dios excelso, que habita en la gloria
inaccesible, en la Persona del Unigénito Hijo de Dios, descendió a nuestro
mundo y se hizo hombre. Para no reducirnos a cenizas ante la presencia de Su
Gloria y naturaleza Divina, el Hijo de Dios la ocultó en un cuerpo humano. De
esta forma, el invisible, se hizo visible, el intangible, tangible, y el
desconocido, se dio a conocer.
"El que me ha
visto a mí, ha visto al Padre," dice Jesucristo a sus contemporáneos (San Juan 14:9).
¿Cuáles son las perfecciones divinas que se manifestaron a aquellos que lo
vieron y tuvieron contacto con el Hijo de Dios? Ellos vieron aquello, que es
característica de Dios: Su omnipotencia, y omnisciencia. La vida de Jesucristo
sobre la tierra se acompañó de milagros. Para El no existe enfermedad
incurable, y la naturaleza irracional obedecía maravillosamente a su palabra
Divina. Los ángeles le sirven con temor, como al gran Soberano. Los demonios
malignos huyen de El temerosos, como esclavos llenos de culpa; Hasta la muerte
despiadada y el infierno tenebroso se sometieron a Él, dejando ir hacia el
Paraíso a sus rehenes. Todas las obras de su Divinidad Todopoderosa se llevan a
cabo ante la vista de todos. Estas obras dejaron una huella imborrable en la
historia de la humanidad. La conciencia sobre la realidad del encuentro con el
Creador fue tan firme en los discípulos de Cristo, que todos ellos consagraron
sus vidas a la enseñanza de la feliz noticia de la venida de Dios a la tierra
"Lo que era desde el principio, lo
que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado,
y palparon nuestras manos tocantes al Verbo de vida. Porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os
anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos
manifestó" escribe San Juan (1 Juan 1:1-2).
Además de la Omnipotencia Divina, la gente percibió en
Jesucristo algo muy valioso en el sentido moral Sus cualidades espirituales y
su santidad. Durante su vida terrenal el Salvador manifestó la grandeza de su
virtud: su sensibilidad, su misericordia, su humildad, su mansedumbre, su
obediencia al Padre, su aspiración hacia la verdad, su total pureza y santidad,
su desinterés, valentía, paciencia y especialmente su amor sin límite. Los
apóstoles nos recuerdan constantemente la misericordia de Jesucristo y su
compasión por el hombre en "En esto
hemos conocido el amor, en que Él dio su vida por nosotros: También nosotros
debemos dar nuestras vidas por los hermanos" (1 Juan 3:16).
San Pablo, que sintió la fuerza del amor de Cristo, describe
las cualidades de esta virtud: "El
amor es paciente, es benigno; el amor no envidia, el amor no es jactancioso, no
se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no busca
mal; no se regocija en la injusticia, mas goza de la verdad. Todo lo
sobrelleva, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca se
acaba; en cambio, las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la
ciencia tendrá su fin" (1 Cor 13:4-8).
Así, Jesucristo con Su vida y Su obra manifestó al mundo la
perfección moral de Dios y nos otorgó la posibilidad de entender en qué
consiste la imagen y semejanza de Dios en el hombre y hacia qué debemos dirigir
nuestras aspiraciones.
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Dios es el Ser Espiritual excelso,
de quién todo procede y sin el que nada es posible. El no tiene principio y
nunca tendrá fin. Él esta sobre todo tiempo y espacio. Él es omnipresente, se
encuentra en todos los lugares al mismo tiempo e impregna todo, pero El no
puede ser impregnado por nada. El es el Principio, la continuación y la vida y
de todo cuanto existe. Él es infinitamente bondadoso y justo. Sin tener necesidad
alguna Él, por Su bondad, se preocupa de todo el mundo visible e invisible y
dirige la vida de cada ser humano hacia la salvación. El camino del
conocimiento de Dios y la eterna bienaventuranza se manifiesta a las personas
por medio del Hijo Unigénito de Dios.
El hombre contemporáneo, a pesar de sus conocimientos, sabe
muy poco y no piensa casi en Dios. Parece que a propósito, todo está destinado
a desviar la mente del hombre de lo más importante que es Dios y la eternidad,
privando al hombre de una viva comunión con su Creador. El resultado es la
lúgubre vanidad, la pena constante y la oscuridad espiritual. Es imprescindible
realizar un esfuerzo de voluntad para desplazar la vanidad en un segundo plano
y dirigir nuestra mirada hacia Dios y percibir su luz. De esta manera, en
comunión con Dios, sentiremos su proximidad y bondad, veremos su diestra
rectora en nuestras vidas, y aprenderemos a obedecer su voluntad. Así,
paulatinamente, Dios se convertirá para nosotros en lo más importante de
nuestras vidas la fuente de nuestra energía, paz y alegría y la razón de
nuestra existencia. Él será nuestro Padre, y nosotros, sus hijos.
Señor, Tu nombre es Luz, ilumina
mi alma oscurecida por las pasiones.
Tu nombre es Misericordia, no
dejes de apiadarte de mí.
Tu nombre es Fuerza, fortaléceme
a mí, desfallecido y desanimado.
Tu nombre es Paz, pacifica mi
alma rebelde.
Tu nombre es Amor, hazme digno de
amarte.
Oda Dios de G. Derzhavin (1743-1816).
Oh! Tu espacialmente infinito, que vives en el movimiento de
la sustancia, anterior al transcurrir del tiempo, sin rostro, en tres personas
de la Divinidad.
Espíritu omnipresente y único, quien no tiene lugar, ni
causa, a quien nadie pudo comprender, quien todo lo llena, abraza, construye y
conserva, a quien llamamos Dios!
Medir el océano profundo, Contar las arenas, rayos de
planetas, aunque podría, un intelecto superior, Tu no tienes ni número, ni
medida.
No pueden los espíritus esclarecidos, Nacidos de Tu Luz,
investigar Tus destinos.
Sólo el pensamiento osa elevarse hacia Tí, desaparece en Tú
grandeza, como en la eternidad un instante que pasa, la pretemporal existencia
del caos, de las profundidades de la eternidad, llamaste.
Y la eternidad, antes de los siglos nacida, la fijaste
dentro de Tí.
Componiéndote de Ti mismo, irradiando de Ti mismo, Tú eres
la Luz, de donde la luz provino. Creando todo con una Palabra, extendiéndote en
nuevas creaciones, Tú estabas, Tú eres y Tú serás por los siglos.
La cadena de los seres cabe en Ti, la mantienes y la
vivificas, El fin unes con el principio y regalas la muerte a la vida. Como
caen los destellos y se mueven, así nacen soles de Ti.
Como en un claro día de invierno, las partículas de
escarcha, brillan, giran, e iluminan, así las estrellas están en las cimas ante
Ti.
Millones de luminarias encendidas, fluyen en lo
inconmensurable. Tus leyes cumplen ellas, emiten rayos vivificadores.
Pero lámparas de fuego estas, o masas de cristales
incandescentes, o hervidero de ondas de oro, o éteres encendidos, o todos los
mundos de luz, reunidos, ante Ti, son como noche ante el día!
Como una gota en el mar, toda la materia brilla ante Ti, Y
¿qué es todo el universo, que yo veo? Y ¿qué soy yo ante Ti? Si en el océano
etéreo éste multiplicando cien veces los millones de mundos, me atrevo a
comparar Contigo. Serían tan solo un punto.
Y yo ante Ti no soy nada! nada, pero Tu brillas dentro de
mí, con la grandeza de Tus bondades, en mí Te reflejas, como el sol en una gota
de agua.
Nada pero yo siento la vida, vuelo ávido de las alturas, mi
alma siente Tú existencia, penetra, piensa, discute, Yo soy! Indudablemente
también Tú eres el orden de la naturaleza lo dice, mi corazón.
Tú eres! y yo ya no soy nada! Soy parte de todo el universo,
puesto, me parece, en un honroso punto medio donde terminaste los seres
materiales Y comenzaste los espíritus celestiales, uniendo conmigo a toda la
cadena de seres.
Yo soy la conexión de los mundos omniexistentes, el eslabón
extremo de la materia, centro de todo lo viviente, la línea inicial de la
Divinidad!
Mi cuerpo se deshace en el polvo, domino a los truenos con
mi mente, Yo soy rey, esclavo, vermes, DIOS! pero siendo tan insólito De donde
vine? no se sabe, pero proceder de mí mismo no podría.
Yo soy Tú creación, o Creador!
De Tú Sabiduría, la criatura! fuente de la vida, Dador de
todos los bienes, Alma de mi alma y Rey! A Tú verdad era necesario que mi ser
inmortal pase el abismo de la muerte.
Que mi espíritu se vista de mortalidad. Y que a través de la
muerte Yo vuelva, Padre a Tú inmortalidad.
Inconcebible, Omnipresente, yo sé que mi alma no tiene
fuerzas ni siquiera para representar tu sombra pero si es menester glorificarte
para los débiles mortales es imposible honrarte de otro modo.
Que elevarnos hacia Ti, perdernos en la inconmensurable
diferencia Y derramar lágrimas de gratitud!
Cuan
Glorioso
Cuan glorioso es nuestro Señor en
Sión
No puede explicarlo la lengua.
Magnífico es El sobre el Trono de
los Cielos
Por doquier Señor, por doquier
eres glorioso!
De día y de noche iluminas a los
mortales
Tú nos amas ¡ Oh Dios! como hijos
Tu nos sacias con el ágape
Y edificas la ciudad excelsa
Tu oh Dios ! visitas a los
mortales
Y los alimentas con la gracia
Señor! en tus moradas se
recobrarán nuestras voces,
Y nuestro canto ante ti
Será puro como el rocío!
En los corazones te dedicaremos
un altar
A ti Señor, cantamos y
glorificamos
M.M. Jeraskov (1733-1807).