<!DOCTYPE
HTML PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN"><!-- saved
from
url=(0072)http://www.fatheralexander.org/booklets/spanish/cuerpo_santos_padres.htm
-->Santos
Padres Acerca del Cuerpo
San Basilio escribe que "el hombre fue hecho a la
imagen y semejanza de Dios, pero la belleza de esta imagen fue dañada por el
pecado y el alma fue entregada a los deseos pasionales. Dios, Quién hizo el
hombre, es la Verdadera Vida. Por lo tanto, una vez que el hombre perdió su
semejanza con Dios, él ya no participa de la Verdadera Vida. Él está separado
de Dios y no puede disfrutar de la bendición de la vida divina. Regresemos,
entonces..y adornarnos a nosotros mismos con la belleza de la imagen de Dios...
por medio del sosiego de las pasiones ...Vamos a escoger este propósito sobre
todos los otros" (Discursos Ascéticos). Esta "restauración" del
hombre es el tema principal en los escritos patrióticos.
Muchos hombres están intensamente conscientes de que hay
algo equivocado en sus vidas. Ellos sienten que debe haber algo mejor, más
elevado, de lo que vemos a nuestro alrededor hoy en día. Una reciente canción
popular captura con veracidad el sentir de nuestra civilización. Hablando
acerca de la vida, la canción pregunta suplicando. "Es esto todo lo que
hay?" Las letras de esta canción sugieren que nosotros bebemos y bailamos
en una imitación patética de alegría.
El dolor de tener que vivir con cuestiones sin respuesta
acerca de la vida se ha tornado tan grande que los hombres evaden esta pena
imaginando que no existe vida después de la muerte y tampoco un Dios personal a
quién amar y servir. Así, si este mundo es todo lo que hay, sigue que uno
debería estar lo más cómodo posible hasta que la muerte cierra la cortina final
sobre este drama infeliz.
Es esta visión de la vida demasiado centrada en el hombre,
en el cuerpo (lo que tanto la Sagrada Escritura así como los Padres de la
Iglesia llaman "carnal") que impide a los individuos encontrar la
verdad acerca de ellos mismos. Es un punto de vista que debe ser totalmente
abandonado si uno va a romper el ciclo de egoísmo opresivo y limitativo. San
Pablo habló del deseo de ser liberado del "cuerpo de esta muerte"
(Rom. 7:24) porque la exaltación del cuerpo es la base de la gran infelicidad
del hombre. Así ha sido siempre, pero quizás nunca como en nuestros días.
Los Santos Padres de la Iglesia Ortodoxa dan una explicación
clara y precisa del hombre, empezando con su cuerpo. Es una doctrina y una
filosofía que no se encuentra en ninguna otra parte, completamente única, y por
lo tanto marcadamente nueva. Estos Padres hablan del lugar y función del cuerpo
sin sentimentalismo. Ellos hablan claro, sin temor a nada que tenga a ver con
la carne mortal. Esta misma franqueza es un verdadero regalo para nosotros que
vivimos con todos las comodidades imaginables: porque nunca antes la humanidad
ha podido complacer el cuerpo tan fácilmente, y con tan poco esfuerzo o costo.
Mientras que hasta tiempos recientes todos los hombres tenían la necesidad de
agotar sus fuerzas en el trabajo físico pesado para obtener la comida básica,
vestimenta y calor - pocos hombres se lo necesitan hoy en día. La tecnología
moderna ha posibilitado una liberación sin precedentes de las labores físicas,
de manera que uno pueda gastar su vida entera con relativa comodidad física,
con los sentidos siendo constantemente entretenidos y desviados, siempre en
búsqueda de nuevas distracciones. Como resultado, los hombres viven cada vez
más en un mundo irreal de pretensión y fantasía, donde nada es lo que parece.
Esto es más verdad en cuanto a la actitud del hombre con relación a su cuerpo.
En un mundo así es difícil practicar los divinos
mandamientos para auto-negación, cargar la cruz, y sufrir todas las cosas
voluntariamente. Nuestra cultura nos dice que la auto-negación es innecesaria.
Así, la comodidad física personal de uno se ha tornado el padrón por el cual
todas las cosas son medidas y, verdaderamente, es la meta de vida misma. (Mi
cuerpo está bien vestido? Estoy bien alimentado? Mi corte de pelo está a la
moda? Mi piel está clara, mi maquillaje bien hecha? Puedo obtener este lujo?.
etc).
El artista aprende a usar los pinceles antes de aplicar
pintura al lienzo, el campesino aprende como operar su maquinaria antes de arar
su campo. Así también el envase terrenal del cuerpo debe ser correctamente
comprendido antes de que sea el instrumento del alma en el camino de la
salvación.
Es una gran tentación para los individuos no empezar desde
el comienzo de las cosas, con los ABC's espirituales apropiados, pero saltar al
frente hacia asuntos elevados que no pueden ser entendidos sin la base
apropiada. Es por eso que esta serie de escritos de los Santos Padres se inicia
no con asuntos tales como la vida después de la muerte o la unión mística con
Dios, pero con aquello que el hombre debería conocer primero: su propia carne.
Porque si el cuerpo puede ser colocado en su lugar apropiado, todo el sistema
humanista de auto-adoración empieza a caerse, posibilitando el verdadero
progreso en la vida espiritual.
Que el siguiente incidente de la experiencia de los Santos
Padres demuestre el valor de iniciar nuestros estudios con la doctrina del
cuerpo.
En una ocasión un cierto monje escuchó acerca de las
excelencias espirituales del grande Padre del Desierto, Abad Pimen. Deseando
verlo, él se dirigió al Abad con otro monje. El Abad lo recibió gentilmente.
Entonces el extraño empezó a hablar con el Abad Pimen acerca de las cosas
espirituales y celestiales. Pero él notó que el Abad Pimen no hablaba con él,
pero que le había volteado su cara. El monje estaba dolido con esto. Él salió y
dijo al hermano que lo había traído, "En mi opinión, yo he venido en vano
para ver este Anciano, una vez que él **rehusa a hablar conmigo."
El segundo hermano entonces fue hasta el Abad y le preguntó
porque él no hablaba con el monje. Abad Pimen contestó, "Él habló de cosas
que están por en cima de las cosas celestiales. Pero yo sólo puedo hablar de
las cosas terrenales. Yo nada sé acerca de los asuntos espirituales."
Entonces el hermano regresó hacia el monje y relató lo que
le había dicho el Abad. Inmediatamente el monje se arrepintió y fue hacia el
viejo Abad y le dijo "Padre, que debo hacer para poder subyugar las
pasiones del cuerpo?"
El Anciano miró hacia él con alegría y le dijo, "Ahora
usted es bienvenido! Hable sobre asuntos como este y yo se lo llenaré con
buenas cosas."
El monje, habiendo sido fuertemente ayudado, y habiendo
obtenido beneficios, dijo, "En verdad, este es el Camino de la
Verdad" (El Paraíso de los Santos Padres).
Para se entender lo que San Cirilo de Jerusalén llama la
"doctrina del cuerpo" Ortodoxa, nosotros debemos entender primero la
naturaleza del cuerpo del hombre como era en el principio, cuando "el
polvo de la tierra se tornó un hombre" (San Cirilo de Jerusalén, Lectura
12).
"Si usted aprendiera la manera del cuerpo con la que
Dios nos formó al comienzo, vamos hacia el Paraíso y examinar el hombre que fue
creado al principio. Porque aquel cuerpo no era corruptible y mortal; pero sí
como una estatua de oro apenas salida del horno, y que brilla de manera
espléndida, y la armazón libre de toda corrupción. El trabajo no lo incomodaba,
tampoco el sudor lo desfiguraba. Las preocupaciones no conspiraban en contra de
él, tampoco había nada de esta clase para angustiarlo" (San Juan
Crisóstomo, Concerniente a las Estatuas: Homilía 11) .
"Adam fue hecho con un cuerpo que era incorrupto,
aunque material y todavía no espiritual, y fue colocado por Dios Creador como
un rey inmortal sobre un mundo incorrupto, no solamente sobre el Paraíso, pero
también sobre toda la creación que estaba debajo de los cielos.
"Dios dio a los primeros creados un mandamiento para no
probar del árbol del conocimiento; pero Adam desdeñó este mandamiento de Dios,
no creyendo en las palabras del Señor y Creador, Quién dijo, en el día en que
usted coma de ella, ciertamente usted morirá (Gen. 2:17). Él respetó como más
verdadera la palabra del demonio quien dijo, Ciertamente usted no morirá. Pero
en el día en que usted coma de ella, usted se tornará como un dios, conociendo
el bien y el mal. (Gen. 3:5,6), y él probó de aquel árbol. Por lo tanto él fue
inmediatamente despojado de aquella vestimenta incorruptible y de la gloria, y
fue vestido con la desnudez de la corrupción. Viéndose a si mismo desnudo, él
se escondió, y juntando hojas de higo se ciñó de manera a cubrir su
vergüenza" (San Simón, el Nuevo Teólogo, Homilía 45).
"Cuando el hombre no sostuvo su felicidad con
moderación, pero arrojó desprecio hacia su Benefactor, y pensó que un demonio
engañoso era más digno de crédito que Dios Quien se preocupaba por él, y Quién
lo había alzado hacia el honor, y cuando él esperaba tornarse un dios él
propio, y concibió ideas acerca de su propia dignidad, entonces en efecto fue
Dios que, para humillarlo por actos decisivos, lo tornó mortal y corruptible, y
lo encadenó con diversas necesidades. Él no se lo hizo por odio o aversión,
pero por preocuparse con él de manera a reprimir en el mismo comienzo la maldad
del hombre y su orgullo destructivo. En lugar de permitir que el orgullo
progresara más allá, Él lo amonestó de que era mortal y corruptible. Así Él lo
convenció de que él no debe jamás otra vez pensar o soñar con tales cosas como
él las había hecho. Porque el demonio le había sugerido que "usted será
como los dioses." Entonces, deseando erradicar esta idea definitivamente,
Dios hizo al cuerpo sujeto a mucho sufrimiento y molestias, de manera que
pudiera aprender desde su misma naturaleza que nunca más debería volver a tener
este pensamiento...Además, Dios no le permitió (Adam) a ser el primero en
morirse, pero permitió que su hijo sufriera esta muerte para que así, viendo en
delante de sus ojos el cuerpo corrompiéndose y decayéndose, él podría recibir
una lección notable de sabiduría desde este espectáculo y aprender que había
pasado y ser propiamente castigado antes de que partiera" (San Juan Crisóstomo,
Concerniendo a las Estatuas; Homilía 11).
§
II. La naturaleza del
cuerpo caído del hombre.
Después del pecado de Adam, la carne del hombre se tornó
sujeta a la corrupción, sufrimiento, polución, y muerte. Aún así, el cuerpo no
es malo; él todavía muestra la fuerza creativa de Dios:
"Sufran todos aquellos que dicen que este cuerpo no es
trabajo de Dios: pues aquellos que creen que este cuerpo es independiente de
Dios, y que el alma vive en él como en una nave extraña, listo para abusarlo en
fornicación. Y aún así que falta ellos han encontrado en este cuerpo
maravilloso? Qué falta en su atractivo? Qué cosa en su estructura no está llena
de habilidades? Ellos no deberían haber observado la construcción luminosa de
los ojos? Y como los oídos están colocados de manera oblicua de tal manera a
recibir los sonidos sin impedimentos? Y como el olfato puede distinguir olores,
y percibir exhalaciones? Y como la lengua sirve a dos propósitos el sentido del
paladar y el poder de la palabra? O como los pulmones ubicados fuera de la
vista son incesantes en su respiración del aire? Quién proporcionó las
incesantes pulsaciones del corazón? Quién hizo la distribución entre tantas
venas y arterias? Quién juntó de manera tan habilidosa los huesos con
tendones?" (San Cirilo de Jerusalén, Lecturas de Catequesis 4).
El cuerpo no es en si mismo la causa del pecado, pero es el
servidor del alma, el cual adquirió pasiones desde la caída de Adam:
" Tal como el alma fue creado sin pasión, el cuerpo fue
creado incorruptible. De esta forma será resucitado. Pero el alma estaba libre
para pecar; de la misma manera el cuerpo fue capaz de se tornar sujeto a la
corrupción. De esta forma tanto el cuerpo como el alma se tornaran corruptos y
se entremezclaron... Además, las pasiones (o mejor, los demonios) fueron
adquiridos por el alma, y el cuerpo se tornó como animales rudos, empujados
hacia la corrupción. Unidos así, las fuerzas del alma y del cuerpo formaron un
solo animal, sin razón y sentido, dado a la furia y al deseo.
Fue de esta manera que como de dice en la Escritura, que el
hombre se tornó como las bestias que perecen (Sal.48:12)" (San Gregorio de
Sinaí, Textos sobre los Mandamientos y Dogmas).
Aún así, San Cirilo de Jerusalén enfatiza que: "No me
diga que el cuerpo es la causa del pecado. Pues si el cuerpo es la causa del
pecado, por que un cuerpo muerto no peca? Coloque una espada en la mano derecha
de uno recién muerto, y ningún asesinato tomará lugar. Deje que bellezas de
todas las clases pasen delante de un joven que apenas murió, y no surge ningún
deseo impuro. Por qué? Porque el cuerpo no peca por si mismo, pero el alma peca
a través del cuerpo. El cuerpo es un instrumento y, como era, una vestimenta y
manto para el alma: y si por este último es dado a fornicar, él se torna contaminado:
pero si él vive con un alma santa, se torna un templo del Espíritu Santo. No
soy yo quién habla esto, pero el Apóstol Pablo: No sabe usted que sus cuerpos
son el templo del Espíritu Santo que está en vosotros? (I Cor. 6:19). Por lo
tanto sea compasivo con este cuerpo como siendo el templo del Espíritu Santo,
no lo contamine su carne en fornicación: que esto no contamine su más puro
manto, y si usted alguna vez se lo ha contaminado, ahora límpielo con su
arrepentimiento. Lávese a si mismo, mientras el tiempo se lo permite" (San
Cirilo de Jerusalén, Lecturas de Catequesis, 4).
"No hay nada contaminado en la moldura humana, excepto
que el hombre la contamina con la fornicación y el adulterio. Aquello que formó
a Adam también formó a Eva y hombres y mujeres fueron formados por las manos de
Dios. Ninguno de los miembros del cuerpo formados desde el principio es
contaminado. Deja que las bocas de todos los heréticos quien calumnian a su
cuerpo, o a Él Quien los formó, se callen. (San Cirilo de Jerusalén, Lecturas
de Catequesis, 12).
El cuerpo es tanto la vestimenta como el instrumento del
alma. Como tal no es malo, aunque pueda ser contaminado por el alma a través de
los pecados en contra del cuerpo. De esto nosotros entendemos que existe una
relación importante entre el cuerpo y el alma. "Que es este misterio en
mi?" pregunta San Juan Clímaco. "Como puedo comprender esta mezcla
divina entre cuerpo y alma?" (La Escalera de la Ascensión Divina).
San Antonio el Grande contesta: "Cuerpo y alma se unen
y el cuerpo deja la oscuridad de la matriz y llega a la luz. Pero cuando el
alma está unida así al cuerpo, es como si estuviera aprisionada en la oscuridad
del cuerpo. Así, no es el cuerpo que debe dar lástima," pero el alma (San
Antonio el Grande, 170 Textos Sobre Vidas Santas).
El delicado equilibrio entre el cuerpo y el alma fue
derrotado por el pecado a tal extensión que el cuerpo se tornó "el enemigo
y adversario del alma" (San Antonio el Grande, Ibíd.), causando que San
Juan Clímaco pensara, "Como así soy yo tanto un amigo como enemigo de mí
mismo? Dígame, dígame, mi amigo!...Como debo evitar ser lastimado por usted?
Como puedo evitar el peligro de mi propia naturaleza?....Pues ya he hecho un
voto a Cristo para ir en guerra en su contra. Como puedo conquistar su tiranía?
Porque yo he jurado ser su maestro. Y en respuesta la carne podría decir al
alma:..."Si usted conoce la clara y profunda debilidad que están tanto en
usted como en mí, usted habrá puesto grilletes en mis manos" (La Escalera
del Ascenso Divino).
La "profunda debilidad" del cuerpo es su propia
naturaleza; mortal y sujeta a apetitos naturales (i.e., caídos). Esto apetitos
son básicamente tres: "Comer, excretar y llevar su cabeza alzada en
orgullo (aún cuando esté recostada en el sueño) - Estas son las características
naturales que nosotros compartimos con los animales salvajes a los cuales
nosotros estamos próximos a causa del pecado" (San Gregorio de Sinaí,
Textos acerca de los Mandamientos y Dogmas).
Esto no quiere decir que alimentarse, por ejemplo, es
equivocado o pecaminoso. Un hombre debe comer para poder vivir. Pero la
necesidad de alimentarse es una función de nuestra naturaleza caída, y es capaz
de tornarse gula, que sí es un pecado. (Ver Nota 1). Juntándolos, estos
apetitos fundamentales fácilmente se tornan amor propio. "Esté atento con
la madre del demonio, amor-propio! Porque este es un amor irracional por la
carne, de ello nacen las tres pasiones básicas y aparentemente irresistibles
pasiones de la gula, lujuria y vanidad, con la excusa de que estas son
necesidades naturales del cuerpo, dando nacimiento así a toda multitud de
pasiones" (San Máximos el Confesor, Cuatro Siglos sobre el Amor).
De esta manera las necesidades naturales del cuerpo se
tornan un pretexto para la auto-indulgencia y el amor-propio, haciendo de la
carne una enemiga del alma, un verdadero adversario en necesidad de disciplina
y conquista. Desacreditar esta verdad es idolatría; pues "Si el alma es
mejor que el cuerpo, y si Dios, el Creador del mundo , es incomparablemente
superior a Su creación, entonces un hombre que se preocupa más por su cuerpo
que por su alma, y prefiere el mundo a Dios, su Creador, tal hombre no es
diferente del todo de un adorador de ídolos" (San Máximos el Confesor,
Ibíd..).
"Observe y usted verá la vanidad no santa abundando aún
en el mismo túmulo con buenas ropas, aceites, sirvientes, perfumes, y
otros...Una persona vana es un verdadero idólatra, él parece honrar a Dios,
pero en realidad él solo quiere agradar a los hombres, no a Dios. Todo el que
ama la auto-exhibición es vanaglorioso" (San Juan Clímaco, La Escalera).
Y así vemos como el alma, sirviendo al cuerpo en una manera
exagerada, se torna hundida en amor-propio, distorsionando su relación
apropiada con el cuerpo.
§
III. La belleza del
cuerpo y la belleza del alma.
"Escucha, y vamos aprender que son la belleza corporal y la belleza espiritual. Existe un cuerpo y un alma: ellos son dos sustancias. Existe la belleza del cuerpo y la belleza del alma. Que es la belleza del cuerpo? Unas cejas largas, una mirada alegre, las mejillas ruborizadas, labios rojizos, un cuello largo, pelo largo y sedoso, dedos largos, postura erecta, una complexión clara. Esta belleza corporal viene de la naturaleza o de por elección? Viene de la naturaleza. Escucha, para que pueda aprender: esta belleza, sea del rostro, o del ojo, o del pelo, o de la ceja, viene de la naturaleza o es una elección? Obviamente viene de la naturaleza, porque una mujer no agraciada, aún cuando cultiva la belleza en innumerables formas, no puede tornarse agraciada en cuerpo: porque las condiciones naturales ya están fijadas y confinadas por límites que no pueden se superados. Así la mujer hermosa es siempre hermosa aún cuando ella no tiene inclinación por lo bello: y la no agraciada no puede hacerse agraciada a si misma, o la agraciada no agraciada. Por qué no? Porque esto son cosas de la naturaleza. Esta, entonces, es la belleza corporal. Ahora vamos a observar el interior hacia el alma: deja que la criada se aproxime a la señora!
"Vamos a mirar hacia el alma y ver sobre la belleza, o
mejor, escucharla, porque usted no puede verla porque esta es invisible.
Escucha a esta belleza. Qué es entonces la belleza del alma? Es la moderación,
dulzura, el dar limosnas, amor, cariño fraternal, afección tierna, obediencia a
Dios, el cumplimiento de las leyes, rectitud, contrición del corazón. Estas son
las bellezas del alma. Ellas no son el resultado de la naturaleza, pero de la
disposición moral. Aquél que no posee estas cosas está capacitado para recibirlas,
y aquel que las posee, si se torna descuidado, se las pierde. En el caso del
cuerpo yo dije que aquella que no es graciosa no puede tornarse graciosa; pero
en el caso del alma yo digo el opuesto: un alma no agraciada puede se tornar
llena de gracia....porque la gracia del alma es proveída por nuestra propia
elección moral" (San Juan Crisóstomo, Sobre la Vanidad de las Riquezas).
"Dios ha confinado la belleza corporal dentro de los
límites de la naturaleza, pero la gracia del alma es liberada de ataduras y
coacciones. ...porque es mucho superior a cualquier simetría corporal: pero
esto depende enteramente de nosotros y de la gracia de Dios. Porque nuestro
Maestro, teniendo compasión, ha honrado a nuestra raza de esta manera especial.
...Si Él hubiese colocado bajo nuestro control la belleza corporal nosotros
hubiéramos estado sujetados a una ansiedad excesiva con relación a ello y
hubiésemos utilizado nuestro tiempo en cosas que no son de ningún provecho,
lastimosamente desatendiendo nuestras almas.
"Pero aún tan impotentes como somos nosotros" para
cambiar la apariencia de nuestro cuerpo, "nosotros hacemos grandes
esfuerzos, y nos entregamos a nos pintar de sombras (maquillaje). Porque
nosotros no podemos realmente crear belleza corporal, nosotros astuciosamente
ingeniamos imitaciones por medio de pinturas y colores y peinados, y adornos y
vestimentas, y marcado de cejas, y diversas otras formas. Cuanto tiempo
nosotros no hubiéramos dispuesto dejando a un lado el alma y asuntos
importantes si estuviera en nuestro poder transformar el cuerpo en una forma
realmente simétrica? Probablemente, si esto fuera nuestro asunto, nosotros
gastaríamos todo nuestro tiempo en ello: adornando la sirvienta (cuerpo) con
innumerables decoraciones, y dejando el alma, quién es la señora de la
sirvienta, quedado perpetuamente en un estado de deformidad y negligencia. Es
por eso que Dios, habiéndonos librado de esta vana preocupación, ha implantado
en nosotros el poder para trabajar sobre el elemento más noble, el alma. Así,
aquél que no puede transformar un cuerpo feo en uno bello, puede elevar el
alma, aún cuando esta haya sido reducida al extremo de la fealdad; él puede
elevarla hasta la misma cumbre de gracia y hacerla tan amigable y deseable que
no solamente los buenos hombres son llevados a desearla, pero hasta Él Quién es
el Soberano y Dios de todos, hasta aún como el Salmista dijo cuando habló a
esta clase de belleza; Y el Rey deseará enormemente su belleza (Ps.44:10).
"Puesto que si la belleza del cuerpo fascina y excita
tanto las mentes de la mayoría de los hombres, entonces qué se podría equiparar
a la belleza y gracia de un alma refulgente con belleza? Porque la base de la
belleza corporal no es nada a no ser flema, sangre, humores, bilis y el fluido
de comida masticada. Estas cosas suministran humedad para ambos ojos y
mejillas, y todas las otras facciones; y si ellos no reciben esta humedad, la
cual diariamente asciende desde el estomago e hígado, la piel se torna pálida,
los ojos hundidos, y toda la gracia de la complexión desaparece. Si usted
piensa en lo que está guardado adentro de aquellos bellos ojos, aquella nariz
perfecta, y la boca y las mejillas, usted afirmará que el cuerpo bien formado
no es nada más que un sepulcro palidecido: las partes en el interior está llenas
de tanta suciedad.
"Además, cuando usted ve un harapo con cualquier una de
esas cosas en él, tales como flema o esputo, usted no puede soportar tocarlo
aún con la punta de sus dedos, aún más usted no soporta ni mirarlo! Y aún así,
usted se pone en una agitación y excitación acerca de los almacenes y depósitos
(i.e., cuerpos mortales) de estas cosas.
"Por eso nosotros deberíamos formar alguna imagen sobre
la belleza del alma, Porque ellos serán, leemos nosotros, hasta iguales a los
ángeles (Lucas 20:36). Ahora en el caso de los cuerpos, las clases más livianas
y mejores, aquellas que se han recogido a aquel sendero que conduce hasta lo
incorpóreo (espiritual), tales cuerpos son mucho mejores y maravillosos que los
otros. Por lo menos el cielo es más hermoso que la tierra, y el fuego más que
el agua, y las estrellas más que las piedras preciosas; y nosotros admiramos
mucho más el arco iris a las violetas y rosas y todas las otras flores sobre la
tierra. En resumen, si fuera posible sujetar la belleza del alma con los ojos
del cuerpo usted se reiría para burlarse de estos ejemplos corpóreos, porque
ellos solo representan tenuemente la gracia del alma. Entonces, no vamos
descuidar tal posesión (quiere decir, un alma beatífica), ni una alegría tan
grande; especialmente porque nuestras esperanzas de cosas por venir facilitan
nuestra aproximación a aquella clase de belleza. Porque nuestra luz de
aflicción, leemos nosotros, que es apenas un momento, trabaja para nosotros un
peso de gloria mucho mayor y eterno: mientras nosotros no vemos las cosas que
son vistas, pero a las cosas que no son vistas: porque las cosas que son vistas
son temporales; pero las cosas que no son vistas son eternas (II Cor.4:17; San
Juan Crisóstomo, Cartas al Caído Teodoro).
Por lo tanto, "Si usted ve a un gran hombre en buenas
condiciones, alto y sobrepasando a los otros en el largo de miembros, no lo
admire hasta que se asegure de cómo es su alma. Nosotros deberíamos juzgar a
las personas por la belleza que pertenece al alma, no por la belleza exterior!
David era pequeño, de baja estatura, sin embargo, alguien tan pequeño y menudo,
y sin armas, derrumbó de un solo golpe un ejercito tan grande y aquella torre
de carne (Goliat); y esto sin lanzar una jabalina, o tirar una flecha, o
desenvainando una espada pero haciéndolo todo con una pequeña piedra! Es por
eso que (La Escritura) dice, No alabe a un hombre por su belleza, tampoco
desprecie un hombre por su apariencia exterior. La abeja es pequeña en el medio
de las moscas, pero su fruto es el jefe de las cosas dulces" (Eccles.
11:2-3; San Juan Crisóstomo, Concerniente a las Estatuas, Homilía 35).
Que nosotros pudiéramos asegurar la verdadera belleza del
alma, que claramente muestra como el cuerpo es apropiado para ser su sirvienta,
y no su señora, leemos lo siguiente de la elogia de San Gregorio Nazareno para
su hermana en descanso:
"Ella nunca fue adornada con
ornatos de oro forjados en formas artísticas de incomparable belleza, tampoco
trenzas doradas que se mostraban enteras o parcialmente, sin rizos en
espirales, sin diseños deshonrosos de hombres que construyen estructuras en la
honorable cabeza, tampoco pliegues de ropas costosas, sin la gracia de piedras
brillantes que colorean el aire cercano y transmite un brillo sobre la forma;
ni con las artes y brujerías del pintor, tampoco sin la belleza barata del
creador infernal que trabaja en contra del Divino, escondiendo con sus pinturas
traicioneras la creación de Dios, y exponiéndolo esto a la vergüenza con su
honor, y poniendo delante de ojos ansiosos la imitación de una prostituta y no
la forma de Dios, para que esta belleza bastarda pueda robar la imagen que
debería ser mantenida para Dios y para el mundo que vendrá. Pero aún cuando (mi
hermana) estaba consciente de los muchos y variados ornamentos externos de las
mujeres, aún así, ninguno de ellos le era más preciado que su propio carácter y
el brillo contenido en él. Un tinte rojo era querido para ella: el rubor de la
modestia; un blanco: el signo de la moderación. Pero pigmentos y pinturas, y
figuras vivientes, y las líneas naturales de la belleza, ella dejó para las
mujeres de los teatros y de las calles, y para todos aquellos que piensan que
esto es una vergüenza y una reprobación para se avergonzar...
"Ella no dejó nada en la
tierra, excepto su cuerpo. Ella cambió todo por las esperanzas arriba: la única
riqueza que ella dejó a sus hijos fue la imitación de su ejemplo y la emulación
de sus méritos" (San Gregorio Nazareno, Acerca de su Hermana Gorgonia).
Mientras que el cuerpo refleja naturalmente la belleza de un
alma llena de gracia, él también comparte su gracia, recibiéndolo sobre si
mismo de una forma especial:
"El cuerpo en si mismo también participa de una cierta
forma en la gracia con que actúa de acuerdo con el Espíritu. Él entra en
armonía con la gracia que actúa de acuerdo al Espíritu. Él entra en armonía con
gracia y se torna sensible a los misterios ocultos que ocurren en el alma. Los
espectadores observando aquellos que poseen gracia pueden percibir [la acción
de la gracia sobre el cuerpo] con sus propios sentidos. Es así que la faz de
Moisés brilló, porque el brillo interior de su espíritu también estaba
esparcido sobre su cuerpo; él brilló tan fuertemente que la profusión de luz
evitó que aquellos que lo veían fijaran su mirada sobre él. (Ex. 34:34-35). Es
así también que la faz de Esteban apareció como la faz de un ángel (Actos
6:15); desde el interior, su espíritu recibió una apariencia angelical, porque
él imitaba a los ángeles y adquirió aquello que es propio de ellos, mientras
siendo unido, sea directamente o por transmisión, a una participación
misteriosa en la Luz que transciende el universo. Es así que María la
celestial, mientras oraba fue alzada en el aire corporalmente, sensualmente y
en realidad cambió de lugar; mientras su espíritu era elevado, así también
ocurría con su cuerpo, que dejó el aire y pareció estar en vuelo" (San
Gregorio Palamas, En defensa del Santo Hesychasts; ver Nota 2).
"El alma no es el único que recibe sólo la promesa de
las buenas cosas que vendrán; el cuerpo también la recibe...Aquel que no dice
eso niega igualmente la vida corporal en el tiempo que vendrá. Si es verdad que
un día el cuerpo participará en las buenas cosas misteriosas, ahora también
puede participar en ellas de acuerdo con su naturaleza, cuando Dios da la
gracia al espíritu...de manera a que sea más divino, mostrando y simbolizando
así la absorción de la carne por el espíritu en la edad que vendrá"
(Ibíd.).
Del ejemplo de María Magdalena nosotros aprendemos como la
belleza de un alma arrepentida también afecta hasta la manera con que uno se
viste:
"En el Evangelio, una
prostituta gana la salvación. Cómo? Ellas es bautizada en sus lágrimas y limpia
los pies del Señor con el mismo pelo con la cual anteriormente ella había
recibido a muchos. Ella no usa un peinado en olas o botas que hacen ruidos,
ella no oscurece sus ojos con antimonio. Sin embargo, en su miseria ella es más
linda que nunca. Qué lugar tienen el rubor y el polvo en la faz las mujeres
Cristianas? Uno estimula el rojo natural de las mejillas y de los labios, el
otro la blancura de la faz y del cuello. Ellos solo sirven para inflamar las
pasiones de los jóvenes, para estimular el deseo, y para indicar una mente no
casta. Como puede una mujer llorar por sus pecados si sus lágrimas dejan
descubiertas su verdadera complexión y marca arrugas en sus mejillas? Tales
adornos no son del Señor; una máscara de esta forma pertenecen al Anticristo.
Con que confianza puede una mujer alzar sus facciones al cielo la cual su
Creador puede no reconocer? Es inútil alegar como excusa de que esta práctica
es solamente una vanidad infantil y jovial" (San Jerónimo, Carta 54).
Lo que ha sido observado arriba acerca de las mujeres no se
aplica menos a los hombres, y particularmente en estos últimos tiempos, cuando
los hombres están tan interesados en buenas ropas, perfumes, joyas, y aún
cosméticos, como se pensaba que eran las mujeres. Así, este entredicho se
aplica a ambos los sexos: "Deje que su vestimenta sea llana, no para
adorno, pero por la necesidad de cubrirse; no para administrar vanidad, pero
para mantenerlo caliente en invierno, y para esconder la impropiedad del
cuerpo, para que, bajo la pretensión de modestia, no caer en otra clase de
impropiedad por su vestimenta extravagante" (San Cirilo de Jerusalén,
Lectura de Catequesis 4).
"Simplicidad y frugalidad son necesarias en todas las
cosas, de manera que raramente sea distraído por las necesidades del cuerpo.
Nosotros debemos tener esto en mente con relación a las ropas...Hombres
sedientos de fama buscan esplendor para ellos mismos en las ropas que visten,
intentando así atraer la atención y provocar la envidia de los otros.
Obviamente, entonces... el Cristiano debe ser identificado por la forma en que
se viste...En cualquier ocasión, debe ser preferido aquel estilo que es llano,
fácil de encontrar y útil" (San Basilio el Grande, Las largas reglas).
Acá los Santos Padres han mostrado cual es la relación
correcta del espíritu al cuerpo, y que constituye la verdadera belleza, que
vale la pena ser imitada y que todos desean. Por lo tanto, San Juan Crisóstomo
pregunta" Cuanto tiempo serán ustedes amantes del cuerpo? Cuanto tiempo
ustedes estarán ligados a la tierra y boquiabiertos detrás de sombras? Porque
muchos honestamente buscan ser dioses, aún cuando los gusanos los
devoran!" (San Juan Crisóstomo, Concerniendo a las estatuas, Homilía 35).
§
IV. Como estar
contento con la carne.
Como podemos ver, la armonía apropiada entre cuerpo y alma
ha sido quebrada y lo hombres fácilmente confunden la belleza del cuerpo con la
verdadera belleza, tomando la sombra, o reflejo por realidad. Esto degrada el
alma y coloca el cuerpo como una clase de falso dios para ser adulado y
servido, alimentando apetitos del cuerpo a tal extensión que este, no el alma,
domina el hombre. Por lo tanto la primera lucha espiritual de uno debe ser el
retorno del cuerpo a su función correcta como sirviente del alma.
El sirviente debe ser servido por su señora? Él está
adornado de manera más espléndida que ella? La respuesta a todo esto es no. Así
la señora debe disciplinar al sirviente, y el alma se debe contentar con la
carne. Pero como hacerlo?
"No es ni normal ni posible ser amistoso con una
serpiente y cargarla en su regazo. Tampoco es posible adular el cuerpo y
amarlo, más de lo útil y necesario, y al mismo tiempo intentar cuidar de las
virtudes celestiales. Por qué? Porque es de la naturaleza de la serpiente
lastimar a aquel que la calienta, y es de la naturaleza del cuerpo contaminar,
por el deseo, aquél que lo adula.....Deja el cuerpo estar consciente de que el
tiene un señor que está listo para castigarlo. .....Aún en el día de su muerte,
no confía en tu carne" (San Hesychius de Jerusalén, textos sobre la
Sobriedad y Oraciones).
"Aquel que acaricia al león algunas veces puede domarlo,
pero aquel que adula al cuerpo lo hace aún más salvaje....Durante toda su vida,
no confía en su cuerpo; no confía en el hasta que usted esté delante de
Cristo...Aquel que resuelve contentarse con su carne y la conquista para si
propio lucha en vano....Porque a no ser que el Señor destruya la casa de la
carne y construye la casa del alma, el hombre que intenta destruirla por su
propia cuenta mira y ayuna en vano...Quién ha conquistado la carne? Aquel que
ha roto su corazón. Quien ha roto su corazón? Aquel que se ha negado a si
mismo. Aquel que se muere por su propia voluntad, él es el que se ha roto a si
mismo" (San Juan Clímaco, La Escalera).
Así, lejos de cuidar excesivamente al cuerpo, nosotros
deberíamos "esforzarlo y mortificarlo con trabajos y privaciones
ascéticas...por que mientras el cuerpo esta lleno con vida, el alma está por
necesidad muerta - él es pesado e inmóvil cuando se trata de trabajar bajo los
mandamientos de Dios" (San Simón el Nuevo Teólogo, Preceptos Prácticos y
Teológicos). "Porque el hombre sabio, cuando busca el divino, libera su
alma del cuerpo y sacrifica su compañía. El está tratando con el conocimiento
de la verdad, y de una clase que él desea que le sea revelada clara y
descubierta. Por lo tanto él busca despojarse de ciertas trampas y oscuridades
del cuerpo. Nosotros no podemos comprender tal verdad celestial con las manos,
los ojos o los oídos, porque lo que nosotros podemos ver es solamente temporal,
pero lo que no vemos es eterno.
"En realidad, frecuentemente nosotros somos engañados
por la mayor parte de lo que ellos son realmente. Nosotros somos engañados
también por escuchar, y así, si nosotros no queremos ser engañados, vamos
contemplar no lo que se ve, pero lo que no se ve. Pero cuando nuestra alma no
es engañada? Cuando esta obtiene el trono de la verdad? Es solamente cuando
ella se separa del cuerpo y no es engañada y conducida por el mal camino?
Porque ella es llevada por el mal camino por la visión. Ella es llevada por el
mal camino por la audición. Así, vamos dejar que el alma deje y abandone estas
cosas. Es por eso que el Apóstol Pablo dice: No toque, ni pruebe, ni manipule,
cosas que deben todas perecer (Col. 2:21-22), porque las cosas a las cuales el
cuerpo consiente también son para su corrupción. Así, el Apóstol nos muestra
que él encontró la verdad no por medio de la indulgencia del cuerpo, pero
elevando su alma, y por la humildad del corazón, porque nuestra forma de vida
está en el cielo (Phil. 3:20). Por lo tanto, es en cielo, que él busca que es
verdadero, que existe y subsiste... Él no confía a si mismo en otros, o cree en
ellos; él quiere saber u conocer por sí propio, y seguir lo que es verdadero.
Él sabe que lo que él había pensado que era deseable debido a placeres carnales
es falso. Él recua y huye de esto, sabiendo que es lleno de engaños. Por esta
razón él desenfatiza y deshonra el cuerpo, llamando lo el cuerpo de su muerte.
(Rom. 7:24).
"Las necesidades del cuerpo dan nacimiento a
innumerables preocupaciones e introduce actividades que impiden la fortaleza
del alma y entorpece su habilidad para concentrarse. Santo Job expresó bien
esto: Acuerda que usted me moldeó del barro! (Job 10:9).Ya que este cuerpo es
barro, él ciertamente ensucia en lugar de lavarnos, porque él corrompe el alma
con su inmoderación. Con piel y carne usted me vistió (Job 10:11). Así, nuestra
alma está presa y atormentada por las trampas del cuerpo, y como resultado,
ella se endurece...."(San Ambrosio de Milán, Trabajos Exegéticos).
Los Santos Padres claramente nos dicen que no confiemos en
el cuerpo: "Desprecia su cuerpo, porque él va a ser consumido por gusanos.
Cuando él está echado en corrupción no le servirá de ninguna ayuda para usted.
Por lo tanto el Apóstol dice: No haga provisiones para la carne (Rom.
13:14)." (Santos Barsanuphius y Juan, Direcciones en el Trabajo
Espiritual). Pero al mismo tiempo debemos acordarnos que "cuida del cuerpo
como un instrumento del alma, así como nosotros cuidamos a los animales que nos
sirven. Cuando la herramienta está desafilada, ella engaña al artista, no
importa cuan hábil y rápido es él... Un hombre debería mantenerse al juicio
correcto en todas las cosas para que no se tropiece" (Ibíd..). Como "
en todas las cosas," así con el cuerpo; nosotros debemos encontrar el
equilibrio correcto. La dificultad no es si desatendemos al cuerpo, privándolo
de una forma irracional y dañina, pero que nosotros tomamos excesivo cuidado de
él. Por lo tanto "No dé toda su atención al cuerpo. Dale trabajo que sea
conforme su fuerza y entonces dé toda la atención a lo que está adentro, Porque
del ejercicio corporal se beneficia un poco; pero la santidad es beneficiosa a
todas las cosas (I Tim. 4:8). Siempre que nuestra carne sobrepasa el peso del
alma en las balanzas, ella tortura el alma y la jala hacia abajo con una carga,
pujando la hacia la dirección de los deseos e impulsos corruptos e
inapropiados, como está escrito: La carne desea contra el Espíritu, y el
Espíritu en contra de la carne (Gal. 5:17). Pero, habiendo disciplinado en
cuerpo por el ayuno, usted debería mortificarlo hasta, aunque mismo con
desganas, él se torna obediente con su dirigente. ..como dice San Pablo: Desde
nuestro exterior el hombre perece, sin embargo el hombre exterior es renovado a
cada día (II Cor. 4:16). Y San Isaac dice: "Deje usted morirse en esfuerzo
que vivir en indolencia. Porque aquellos que mueren intentando mantener los
mandamientos son mártires tanto como aquellos que murieron por la fe de
Cristo" (San Máximo el Confesor, Cuatro Siglos de Amor). Pero la
"mayoría [de los hombres] cuya alma no posee sentido común...se inclina
hacia una corta existencia de compañerismo con su cuerpo...pensando solamente
en cosas físicas, tal como animales estúpidos inflamados por el deseo. Ellos se
aíslan de Dios por sus propia acción y traen sus almas abajo desde el Cielo,
dentro del abismo de los deseos carnales" (San Antonio el Grande, 170
Textos Sobre las Vidas Santas).
"La regla más segura y el padrón para una vida bien
disciplinada es esta: uno no debe ser indiferente tanto a los placeres o penas
de la carne, pero uno no debe ser inmoderado en ambas direcciones, de manera
que el cuerpo no sea desordenado por la obesidad como tampoco tan enfermizo a
punto de no obedecer a nuestros comandos" (San Basilio el Grande,
Discursos Ascéticos).
Como, entonces, uno hace con que el alma sea la señora y el
cuerpo el sirviente? Los Padres Sagrados describen tres formas, o remedios, los
cuales, aunque listados de forma separada, "están todos conectados, de
manera uno es requerido por el otro y no existe sin él" (Bendecido
Teodoro, Theoretikon).
Deja que el primero cuidado del alma sea el de reinar y controlar todos los sentidos...Mientras más fuerte el cuerpo, más fuerte es llevado a lo que es suyo. Mientras más fuerte es llevado, es más difícil resistir. Por lo tanto, el segundo cuidado del alma debería ser: "Disciplinar diligentemente la carne por el ayuno, la vigilia, poniéndose de pie a orar, durmiendo en el piso desnudo, y otras clases de privaciones que agotarán el cuerpo y lo hará tanto humilde como obediente en las actividades espirituales del alma. Esta es la cosa más importante a alcanzar. Sin embargo, es más fácil desearlo que realizarlo...porque los sentidos roban la atención de uno. Por eso un tercer remedio ha sido recomendado: Oración y lágrimas: la oración nos da gracias por todo y pide por el perdón de los pecados y por enviar las fuerzas para más progresos. Sin la ayuda de Dios, el alma no puede hacer nada correctamente. Además, la oración unifica el alma a Aquello a Quien el alma busca. Esto Le da alegría y haz con que la necesidad de dirigirse hacia Él sea más grande...con todas las fuerzas posibles. Las lágrimas también son poderosas en este sentido porque ellas obtienen el perdón de Dios cuando nosotros pecamos, ellas nos purifican de la corrupción de los placeres sensoriales, y nos da alas para nuestros deseos para lo que está en la altura.
"La totalidad de todo es esto: Nosotros debemos tener
un deseo total por bendiciones espirituales. Y es por eso que la disciplina de
la carne, consistente de ayunos, castidad, y otros, son llevadas a cabo para
ayudar uno al otro cuando unidas en oración" (Bendito Teodoro, Ibíd..).
Cualquiera que lucha para subyugar la carne sabe cuán
difícil es esta labor, como parece que el cuerpo casi clama por indulgencia y
mimos; como parece que él quiere convencer a uno que aún la menor tentativa
para la auto-disciplina es dañina y por lo tanto esta condenada al fracaso. Tan
grande es la lucha, y tan potentes son los reclamos de la carne, que los
hombres frecuentemente se olvidan que ellos realmente no están forzados a
desistir de esta batalla, porque ellos todavía poseen la libre voluntad.
Hablando acerca de esta debilidad del corazón, San Juan Crisóstomo comenta:
"Uno debe decir, 'Pero yo no soy capaz de practicar el auto-control."
No los traiga adelante, yo suplico, razonamiento perverso, ni sofismas ni
tramas más ligeras que las de la araña, pero contéstame eso: Dios ha hecho
todos los hombres? Ciertamente es claro para cualquiera... Como puede ser
entonces que unos son buenos, gentiles, sumisos, y otros inútiles y malos?
...Porque si por naturaleza todos fueron malos, no sería posible para ninguno
ser bueno, y si todos fueron buenos por naturaleza, entonces ninguno podría ser
malo... Nosotros vemos que muchos se tornan inútiles, y muchos hombres inútiles
se tornan buenos, uno por medio de descuidado, otros por genuino esfuerzo. Esto
muestra que estas cosas vienen no por la naturaleza,' pero por elección."
"Pero si usted está intrigado por esto, yo le pregunto
algo ni difícil p involucrado, pero una cuestión llana y sencilla; Ha usted
alguna vez sido malo? Ha usted hecho algo bueno alguna vez? Lo que quiero decir
es esto: Alguna vez usted dio precedencia a alguna pasión o más tarde fue
llevado por una? Alguna vez ha usted estado ebrio, y en otra ocasión ha vencido
la tentación de embriagarse? ... Alguna vez usted cometió la fornicación pero
entonces recuperó la castidad? De dónde entonces vienen estas cosas? Dime, de
dónde? Si usted no puede contestar, yo lo haré: Porque en algunas ocasiones
usted se controló con esfuerzo, pero en otras ocasiones usted se tornó omiso y
descuidado....De dónde entonces este cambio? No está bastante claro que esto
viene de la mente, y la elección de la voluntad? Es bastante claro, y no existe
nadie que no fuera decirlo" (San Juan Crisóstomo, Sobre el Evangelio de
San Mateo, Homilía 59).
Por lo tanto, con relación a nuestra lucha para subyugar
nuestros cuerpos, nosotros no debemos decir, "Yo no soy capaz de practicar
el auto-control."
"El reino de los cielos pertenece a los violentos,
porque ellos lo soportan, como dice el Evangelio (Mat. 11:12). Por
"violencia" se quiere decir la aflicción del cuerpo por la cual los
discípulos de Cristo sufrieron voluntariamente por la negación de su propia voluntad,
rehusando descanso al cuerpo, y en el seguimiento a los mandamientos de Cristo.
Si, entonces, usted desea ganar el reino de Dios, usted debe tornarse un hombre
de violencia. Inclina su cabeza al yugo del servicio a Cristo!" (San
Basilio el Grande, Sobre la Renunciación al Mundo).
"Cuando la mente se inclina hacia Dios, esto hace con
que el cuerpo sea su siervo y le da a él solo lo que es necesario para la vida.
Pero cuando se inclina hacia la carne, se torna esclava de sus pasiones"
(San Máximos el Confesor, Cuatro Siglos de Amor). Dios nos ayuda en esta lucha:
"Aquél que supera la inclinación de su alma hacia el
cuerpo se torna libre de sus limitaciones aún cuando sigue en el cuerpo. Dios,
Quien atrae su deseo, está sin comparación, arriba de todas las cosas; El no
permite que este hombre se torne apegado a cosas que son inferiores a Él. Por
lo tanto vamos desear a Dios con todas nuestras fuerzas; no permitamos que el
cuerpo tome cautiva nuestra libre elección" (San Marco el Ascético, Discursos).
Y así, "No seamos tan serios con....el cuerpo que se
envejece; ni a la belleza que se esta desvaneciendo; ni a los placeres
efímeros; pero vamos a expandir todos nuestros cuidados hacia el alma,
proveyendo su bienestar en todos los sentidos. Porque para curar el cuerpo,
cuando enfermo, no es un asunto fácil para nadie, pero para cuidar un alma
enferma es una cosa fácil de se obtener, y sin costo....Porque una vez
que...vendrá la muerte y destruirá disolverá el cuerpo esté él enfermo o no,
todo depende de la salud del alma. Una vez que el alma es mucho más preciosa y
necesaria, Él ha hecho que su cura sea mucho más fácil, y libre de cualquier
gasto o dolores. Que excusa, por lo tanto, o que perdón vamos a obtener, si
cuando el cuerpo está enfermo y nosotros gastamos dinero a su favor...nosotros
tratamos el alma con negligencia? Y esto, cuando no se exige de nosotros ni que
se gaste dinero o que se moleste a otros, tampoco a soportar ningún
sufrimiento! Pero solamente escogiendo y deseando, nosotros tenemos en nuestro
poder para alcanzar el completo cambio de nuestra alma" (San Juan
Crisóstomo, Concerniendo a las Estatuas: Homilía 45).
"El alma, tocando con moderación sobre el cuerpo como
si este fuera un instrumento musical de cuerdas, toca las pasiones de la carne
como si fueran notas en las cuerdas....De esta manera se produce música que
está de acuerdo con una forma de vida virtuosa.....El alma, por lo tanto, es el
usuario; el cuerpo - que está siendo usado. El alma es quien comanda; el cuerpo
es nuestra posesión. Si alguien ama la belleza de nuestras almas, él nos ama.
Pero si él ama la belleza del cuerpo, él ama no el hombre en sí, pero la
belleza de la carne, que tan rápido se desvanece y entonces desaparece"
(San Ambrosio de Milán Morir como un Bueno).
"Haga caso a si
mismo" (Deut. 15:9).
Esto quiere decir, no preste atención a sus posesiones y las cosas que lo
rodean, pero solo a usted mismo. Nuestro cuerpo es una cosa, nuestras
posesiones son otra cosa, y los objetos a nuestro alrededor otra aún... Nuestro
cuerpo es nuestras posesión, pero el dinero, trabajo y otras cosas de nuestras
vidas en este mundo son ajenos a nosotros. Qué quiere decir la Escritura quiere
decir por este mandamiento? Simplemente esto: no atienda a la carne ni busque
su bien en ninguna forma, sea salud, belleza, diversión o longevidad, y no
admire la riqueza, fama o poder en otros...y descuidando así nuestra alma.
Adorna el alma, cuídala, para que, por medio de una atención cuidadosa, usted
pueda remover toda corrupción que resulta del pecado, y todos los vicios
vergonzosos, que usted puede embelesar y hacer el alma más brillante con los
ornatos de la virtud. Estudie de cerca que clase de persona es usted y conozca
su naturaleza. Sepa que su carne es mortal, pero su alma es inmortal... No se
cuelgue al mortal como si fuera eterno, y no desdeñe lo que es eterno como si
ello fuera mortal. Desprecie la carne que se va, pero cuida del alma que nunca
morirá.
"Adquiera una comprensión exacta de si mismo para que
usted sepa como dar lo que es necesario para cada lado de su naturaleza:
alimento y ropa para el cuerpo, y doctrinas de piedad, comportamiento refinado,
la practica de la virtud y corrección de los vicios para su alma. No engorde su
cuerpo innecesariamente...porque si el cuerpo es meloso... la mente es
consecuentemente débil e incapaz de conducir sus propias actividades" (San
Basilio el Grande, Comprenda a sí mismo; ver Nota 3).
§
V. La muerte y la
resurrección del cuerpo.
La muerte del cuerpo es penosa y temerosa, hasta terrible
para aquellos que se quedaron todas sus vidas amando su propia carne. "No
sabe usted que en el día de la muerte como el alma encoge?... Que no
sufriremos, el alma siendo forzada desde el cuerpo, y arrastrada, lamentándose
mucho, todo en vano?" Porque en este día cosas tales como confort
corporal, "una mesa suntuosa, salud, gloria y riqueza... probarán que
serán las cosas de las más amargas" (San Juan Crisóstomo, Homilía 53;
sobre el Evangelio de San Mateo).
"Si nosotros deseamos estar en cosas buenas después de
la muerte del cuerpo, tomemos cuidado que nuestra alma no se torne pegada al
cuerpo, ni mezclada con ello, tambaleándose por allí, como si borracho con las
pasiones del cuerpo, empujándose a sí mismo a los placeres del cuerpo. (San
Ambrosio de Milán, Muerte como un Bien).
Porque "un hombre que ama a la vida y a su propio
cuerpo, y consecuentemente está apegado a los deseos y al mundo, siente que es
la muerte que debe ser apartada de estos objetos su afecto, mientras que al
amante de la pureza, del amante de Dios y de la virtud, la verdadera muerte
significa una separación aún más corta de su corazón hasta ellos" (San
Simeón, el Nuevo Teólogo, Preceptos Prácticos y Teológicos).
El cuerpo muerte y es enterrado en la tierra; entonces se
muestra su total corrupción y nadie desea mirarlo por más tiempo (ver nota 4).
Pero esto no es el final, porque "este cuerpo será elevado el mismo
cuerpo, aunque por colocarlo en la incorrupción, él será formado nuevamente...
un cuerpo eterno, ya no necesitando para su vida los alimentos como ahora, ni
escaleras para su ascensión, porque se tornará espiritual, una cosa
maravillosa, de tal forma que nosotros no podemos hablar de una forma que está
a la altura" (San Cirilo de Jerusalén, Lecturas Catequéticas 28).
"En la resurrección general, con la llegada del Hijo de
Dios, los hijos de Dios deben ser revelados, su belleza y gloria deben ser
manifestadas, y ellos se tornarán enteramente, esto es, en el cuerpo y en el
alma, con porte más liviano y más glorioso, como ha sido escrito: "Entonces
el que está en el correcto," esto es, los hijos del Dios correcto
"brillarán como el sol" (Mat. 13:43; San Simeón el Nuevo Teólogo,
Homilía 45).
"Nosotros seremos elevados, por lo tanto, todos con
nuestros cuerpos eternos, pero no todos los cuerpos serán iguales: porque si un
hombre es correcto, él recibirá un cuerpo celestial, que él deberá ser capaz
dignamente de poder conversar con los ángeles; pero si el hombre es un pecador,
él recibirá un cuerpo eterno equipado para afrontar las penas de los pecados,
que él debe quemar eternamente en el fuego, sin ser consumado. Y el Dios justo
designará esta porción...: porque nosotros no hacemos nada sin el cuerpo.
Nosotros blasfemamos con la boca, y con la boca oramos. Con el cuerpo nosotros
cometimos fornicación, y con el cuerpo mantenemos la castidad. Con la mano
nosotros robamos, y con la mano nosotros bendijimos almas; y lo resto de la
misma manera.
Una vez que el cuerpo ha sido nuestro pastor en todas las
cosas," tanto para el bien como para el mal, "él también compartirá
con nosotros los frutos futuros del pasado" (San Cirilo de Jerusalén,
Lecturas Catequísticas 28).
"Con relación al cuerpo, el Apóstol dice: "Se ha
sembrado un cuerpo natural, pero este es elevado, no como el cuerpo del primer-
creado lo fue antes de la transgresión del mandamiento, esto es, material,
sensual, variable, teniendo necesidad de comida sensual, pero " es elevado
como un cuerpo espiritual" (I Cor. 15:44) y incambiable, tal como fue el
cuerpo de nuestro Señor Jesús Cristo, el segundo Adam, después de la
Resurrección, siendo Él el primer-nacido desde los muertos. (San Simeón el
Nuevo Teólogo, Homilía 45).
En la resurrección general, " en proporción a como a
cualquiera se ha permitido que se torne por medio de la fe y de la diligencia tomar
del Espíritu Santo, su cuerpo también deberá ser glorificado este día. Lo que
el espíritu ha almacenado adentro, será entonces revelado y exhibido
exteriormente en el cuerpo. Como los árboles que sobreviven al invierno, cuando
calentados por la influencia invisible del sol y de los vientos, salen desde
adentro y lanzan su ropaje de hojas, y como en la estación de las flores y del
pasto viene desde adentro y florean en la tierra, y la tierra es cubierta y
vestida, y el pasto es como aquellos lirios que el Señor dijo que " ni
Salomón, en toda su gloria fue vestido tan esplendorosamente como uno de
ellos" (Mat. 6:29), porque estos son todos los tipos y parábolas y figuras
de los Cristianos en la resurrección - así para todas almas amantes de Dios,
para verdaderos Cristianos ... viene el día de la resurrección; y por el poder
del Sol de la Justicia, la gloria del Espíritu Santo viene desde adentro,
adornando y cubriendo los cuerpos de losa santos - la gloria que ellos tuvieron
antes, pero escondida dentro de sus almas. Lo que un hombre posee ahora, lo
mismo entonces aparece externamente en el cuerpo..." La resurrección
"trae alegría para toda la creación; esto viste los árboles desnudos,
abriendo la tierra; esto trae alegría para todas las cosas vivas; esto muestra
alegría por todo; esto para los Cristianos es...la estación de la resurrección,
en la cual sus cuerpos serán glorificados a través de una luz indescriptible la
cual hasta ahora está en ellos - esto es, el poder del Espíritu Santo . y que
será entonces para ellos vestimenta, carne, bebida, felicidad, alegría, paz,
manto, vida eterna; porque toda la belleza de la luz y del esplendor celestial
vendrá entonces hacia ellos, desde el espíritu de Dios el cual ellos fueron
privilegiados en recibir aún ahora" (San Macarios el Grande, Homilía 5).
Tan grande es la gloria destinada a los cuerpos de los
justos que ellos "recibirán, de acuerdo con el Evangelio de Cristo, una
dignidad angelical (Mat. 22:30). Con la victoria del espíritu, sus cuerpos se
tornarán tan sutiles que ellos ya no parecerán de ninguna manera materiales ...
Es por eso que ellos disfrutarán de la luz divina aún con sus sentidos
corporales" (San Gregorio Palamas, En defensa del Sagrado Hesycastos).
"Los no creyentes... pueden muy bien temer la muerte
una vez que ellos no tienen la esperanza de la resurrección. Pero usted que
viaja hacia cosas mejores y tiene la oportunidad de meditar sobre la esperanza
en el futuro, que excusa tendría usted si, mientras que seguro de la
resurrección, usted aún así está temeroso de la muerte como uno que no cree en
la resurrección?...Que es entonces, yo le preguntó, la muerte? Es lo mismo que
desvestir una vestimenta. Porque el cuerpo es la vestimenta del alma. Después
de dejarla de un lado por un pequeño periodo por medio de la muerte, nosotros
la vestiremos otra vez con mayor esplendor... Por lo tanto no sufra por el
hombre muerto; más bien sufra por aquello que vive en pecado," porque el
pecado es la verdadera muerte. (San Juan Crisóstomo, Concerniente a las Estatuas;
Homilía 5).
"Por lo tanto, hermanos, seamos cuidadosos con nuestros
cuerpos, y no los use mal como si ellos no los pertenecieran. No vamos a decir,
como los herejes, que esta vestimenta de carne no es nuestra; pero vamos
cuidarlo de manera apropiada, como nuestra propia, porque nosotros debemos
rendir cuentas al Señor de todas aquellas cosas que nosotros hemos hecho por
medio de nuestros cuerpos. No diga "nadie me ve"; no piense
"nadie es testigo de mis actos." Quizás no haya un testigo humano,
pero Él Quién nos hizo es un testigo infalible, y Él ve lo que usted hace. Y
las manchas de los pecados permanecen con el cuerpo. Porque, de la misma forma
que una cicatriz deja marcas profundas en la carne, aún cuando esté sanando, la
cicatriz se queda; de la misma manera, el pecado lastima tanto el alma como el
cuerpo, y las marcas de las cicatrices se quedan siendo removidas solamente
para aquellos que reciben el lavado del Bautismo. Por lo tanto las heridas
pasadas del cuerpo y del alma son curadas por Dios por medio del Bautismo;
contra las heridas futuras vamos cada uno y todos unidos cuidar nosotros
mismos, para que podamos mantener esta vestimenta de un cuerpo puro, sin perder
la salvación del cielo porque la práctica de la fornicación y de la indulgencia
sensual o cualquier otro pecado, y podamos heredar el eterno reino de Dios; el
cual pueda Dios, en toda su Gracia, pueda conceder a todos aquellos
dignos" (San Cirilo de Jerusalén, Lecturas Catequeticas 28).
Vamos escuchar con atención estas palabras. Como nosotros
tenemos oportunidad, vamos ayudas nuestra salvación, vamos buscar aceite para
nuestras lámparas, vamos trabajas para adicionar a nuestros talentos... No
vamos a retrasarlas. (San Juan Crisóstomo).
"El vicio de la gula llevó Adán hacia la muerte. La
maldad completa fue traída al mundo por medio del apetito. Por medio de esta
Noé fue burlado (Gen. 9:21), Ham fue maldecido (Gen 9:25), Esaú fue despojado
de su derecho de nacimiento y se casó con una familia de Canaan (Gen. 25:33;
36:2)...La glotonería también hizo con que las personas de Israel adorara a los
ídolos (Num. 14:29)....Pero Daniel, quien era capaz de comandar su apetito,
tenia completo control del reino de los Caldeos, arrojando a sus ídolos,
domando a los leones e interpretando los misterios escondidos (Dan 5, 9, 14).
Los Tres Jóvenes Santos demostraron que ellos eran superiores a los placeres
del apetito. Ellos se burlaron de la furia de un rey, y con coraje afrontaron
los terrores de la terrible fogata que el Rey Nabucodonosor había ordenado que
se encendiera (Dan. 3:12). Sumado a todo eso, si usted gana control sobre su
apetito, usted vivirá en el paraíso. Pero si no lo hace, ciertamente usted se
morirá" (San Basilio el Grande, Sobre la Renunciación del Mundo).
El cuerpo enseñando la fuerza de la gracia de Dios ya ha
sido testificada más de una vez en tiempos recientes.
Durante una larga conversación entre San Serafín de Sarov y
el laico ruso, Motovilov, con respeto al Espíritu Santo, ocurrió lo siguiente:
"Entonces Padre Serafín me tomó firmemente de los
hombros y dijo: 'Estamos ambos en el Espíritu de Dios ahora, mi hijo. Por qué
usted no me mira?'
"Yo contesté: ' Yo no puedo mirar Padre, porque sus
ojos están brillando como rayos. Su faz se ha tornado más brillante que el sol,
y mis ojos duelen.'
"Padre Serafín dijo, 'No se asuste, Piadoso! Ahora
usted se ha tornado tan brillante como yo. Ahora usted está con la entereza del
Espíritu de Dios; de otra forma usted no sería capaz de verme como yo estoy...'
"Después de estas palabras yo miré a su faz y se me
vino un sentido aún más grande de asombro reverente. Imagine en el centro del
sol, en las fuertes luces de sus rayos del medio día, la faz de un hombre
hablando contigo... una luz que ciega extendiéndose a los lejos por varias
yardas..."
Sin embargo, se debe decir que esta clase de genuina
manifestación del Espíritu Santo está garantizada para muy pocos. Como dijo el
mismo San Serafín, "Aún para los grandes ermitaños, mi hijo, el Señor Dios
no siempre muestra Su piedad de esta forma."
Todos los Santos Padres previenen contra cualquiera buscando
tales experiencias debido al extremo peligro de la **auto-desilución. Sin
embargo, una experiencia como la citada arriba da una clara idea de la manera
en la cual el cuerpo puede enseñar la gracia celestial que comparte con el
alma.
Realmente, débese marcar un punto de que en un mundo que
constantemente nos asalta con sus obsesiones acerca de la salud corporal,
nosotros llegamos a la edad adulta con visiones peligrosamente distorsionadas
sobre este asunto.
En una subsecuente exposición de esta serie los pensamientos
de los Santos Padres con relación a la enfermedad y la salud del cuerpo serán
discutidos en mayores detalles, pero acá debería entenderse que hoy pocos
hombres tienen una visión práctica de porque y como subyugar la carne. El
espíritu del mundo ha influenciado tan cabalmente hasta los Cristianos
Ortodoxos que cuando nosotros ayunamos los alimentos proscritos durante largos
periodos nosotros pensamos que hemos realizado algún gran hecho, cuando de
facto nosotros solamente nos hemos aproximado al mínimo estándar. Nosotros
podemos ver esto de manera más vivida en las vidas de los santos.
Para tomar como ejemplo solamente un volumen de la vida de
los santos, "The Northern Thebaid" (Santos Monásticos del Norte de
Rusia), nosotros podemos percibir en la vida de cada santo la totalidad de la
lucha contra el cuerpo, una totalidad que nosotros hoy por ningún medio ni
llegamos cerca. Así, en la vida de San Sergio de Radonezh nosotros leemos que
"él gastó completamente y purificó su carne"; San Cirilo del Lago
Blanco: "por desperdiciar su carne él encendió su espíritu y casi no
conocía el sueño," en su Reglas para los discípulos, San Nilo de Sora
instruye que: "El joven y saludable debería gastar el cuerpo con ayunos,
sed y trabajo, mientras que para el anciano y el enfermo la relajación es
permitida hasta un cierto grado"; San Alejandro de Svir "se dedicó
enteramente a Dios, trabajando noche y día sin pereza, gastando su carne con
ayunos y oraciones." Finalmente, nosotros citamos desde la vida de Santa
Anastasia de Padan, la historia de su abuela, Eufrosina, "quién vivió 114
años... Ella seguía un ayuno estricto. En los Viernes ella no comía
absolutamente nada, excepto un poco de pan y agua después de la puesta del
sol" (San Herman de la Hermandad de Alaska; 1975).
En ciertos casos, los cuerpos de los santos han sido
preservados, por el poder de Dios, desde la corrupción de la tumba; y es tanto
una señal de Su favor como una promesa de las cosas que están por venir. Por lo
tanto, las reliquias de los santos no son ni repulsivas ni asustadoras para los
Cristianos Ortodoxos. Desde el tiempo del Viejo Testamento Dios ha escogido
trabajas por medio de los restos terrenales de Sus santos, "cuyos mismos
cuerpos... cuando tocados o reverenciados, tiene como energía con sus espíritus
sagrados; y gotas de cuyo sangre, aquellas últimas señales de sus sufrimientos,
como el poder con sus cuerpos" (San Gregorio el Teólogo).
Como dice San Juan Crisóstomo, "Es necesario mirarlos
[a los santos], todos los días" (Homilía 64; Acerca del Evangelio de San
Mateo) porque ellos eran dueños de sus pasiones, así como nosotros esperamos
ser. Debido a la virtud de sus vidas "ellos forjan tales maravillas, no de
su propio poder, pero por medio de la gracia" (San Juan Crisóstomo, Acerca
de la Estatuas: Homilía 1). Esta gracia continua a trabajar en sus reliquias
después de la muerte: "Las reliquias de los santos han sido dadas por
nuestro Señor Cristo como manantiales saludables, desde los cuales fluyen
múltiples bendiciones" (San Juan de Damasco). "Oh cuán grande es la
virtud de los santos! No solamente sus palabras, no solamente sus cuerpos, pero
hasta sus mismas vestimentas son siempre estimadas venerables por toda su
creación..." (coma las vestimentas del Apóstol Pablo).