El Bautismo es el primer Sacramento de la
Iglesia y por él, como por una puerta, entra el hombre a formar parte de la
Comunidad Cristiana. Es además un nuevo nacimiento por el cual el hombre es
hecho hijo de Dios, conforme a las palabras de Jesucristo: “De verdad os aseguro: Quien no nace del agua y el Espíritu, no puede
entrar en el Reino de Dios” (Jn. 3:5). El bautismo es por lo tanto una
condición indispensable para obtener la salvación eterna. Por eso, desde los
albores del cristianismo, se administra el bautismo al hombre antes de
cualquier otro Sacramento.
Y puesto que el hombre no es digno de la
gracia de la salvación, proporcionada por el Sacramento del Bautismo, si no
cree firmemente en Cristo, conformo al Evangelio: “Quien creyere y fuere bautizado se salvará” (Mc. 16:16), la
Iglesia ha establecido desde sus principios un oficio especial que precede al
bautismo como preparación y es llamado “Oficio del catecumenado.” El catecúmeno
es aquel que se instruye en las enseñanzas de la fe cristiana y que está
dispuesto a recibir el Sacramento salvador del Bautismo. Y si el que va a ser
bautizado es un niño y no ha llegado al uso de razón, otro confiesa en nombre
de él la fe cristiana públicamente y este es llamado padrino o garante,
debiendo ser un buen cristiano ortodoxo y siendo su principal obligación
instruir posteriormente al niño bautizado en las verdades de la verdadera fe
cristiana. Por eso los cánones eclesiásticos mandan que el padrino y la madrina
sean ortodoxos, y esto es muy normal, Por que, siendo el padrino el garante de
que su ahijado cumplirá fielmente con los preceptos de la fe cristiana
ortodoxa, un no ortodoxo no podrá cumplir con esa obligación.
El bautismo debe ser realizado con la
inmersión del bautizando en el agua y su resurgimiento tres veces de ella, en
el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pues la inmersión simboliza
sepultarse con Cristo y la emersión — la resurrección con Cristo a una vida
espiritual nueva (Rom. 6:35).
Y así como Jesucristo, después que surgió
del agua, cuando fue bautizado por Juan en el Jordán, vio descender y reposarse
sobre Él el Espíritu Santo, en forma de paloma (Mc. 1:10), así nuestra Iglesia
Ortodoxa ha dispuesto desde los tiempos apostólicos administrar al bautizado
inmediatamente después de salir de la pila bautismal el Sacramento de la Unción
Crismal (Confirmación), por el cual el bautizado recibe una gracia especial que
lo fortalece, lo hace crecer y lo confirma en la vida nueva espiritual que ha
iniciado el hombre en el bautismo. Los Apóstoles, al principio, administraban
este Sacramento de la Confirmación imponiendo simplemente las manos sobre el
recién bautizado (Hechos 8:14-1l). Sin embargo no demoraron en cambiar el Rito
de la imposición de manos por una unción sagrada. Y así como los que, en tiempo
de los apóstoles, no habían recibido de éstos la imposición de manos después
del bautismo no era considerado u bautismo completo (Hechos 8:14-17), pues no
habían recibido aún el Espíritu Santo, así también ahora todos aquellos que no
son ungidos inmediatamente después del bautismo con el Santo Crisma no es
considerado su bautismo como perfecto. Y así como la imposición de manos estaba
reservada a los Apóstoles (Texto citado), también el Santo Crisma, que hace las
veces de la imposición de manos, es consagrado únicamente por los Obispos , sus
sucesores, aunque el empleo del Crisma y la Unción con él haya sido delegado
por la Iglesia a todos los Sacerdotes.
Nuestra Madre, la Iglesia de Cristo,
queriendo cobijar a sus hijos desde el primer momento de su llegada al mundo,
bajo su protección, ha dispuesto oraciones para prepararlos a su nuevo
nacimiento (el bautismo) y estas oraciones que preceden al bautismo son las
siguientes: “Oración sobre la madre el día que da a luz,” “Oración para signar
al niño e imponerle nombre el día octavo de su nacimiento,” esto en imitación
de nuestro Señor Jesucristo que el octavo día de su nacimiento fue llamado
Jesús (Lc. 2:21) y finalmente la “Oración de entrada a la Iglesia de una Madre
que ha dado a luz,” para recordar cómo nuestra Señora la Virgen María, a los 40
días de haber dado a luz, se presentó con él en el templo y lo ofreció al Señor
conforme a lo dispuesto en la ley de Moisés (Lc. 2:22 y Lev. 12:28).
Lo que sigue al Sacramento de la Unción
Crismal es: “Oración para lavar al bautizado” o sea lavar aquellas partes del
cuerpo que fueron ungidas con el Crisma, para evitar que éste pueda tener
contacto con algo impuro. En segunda lugar viene la “Oración de la tonsura,”
para simbolizar que el recién iluminado con la luz del bautismo será un hijo
obediente de Cristo y se someterá a su ley todos los días de su vida.
La Iglesia Ortodoxa considera que nadie
está realmente incorporado a Cristo y a su Iglesia si no ha recibido la
comunión del Cuerpo y la Sangre del Señor: “Quien
come mi carne y bebe mi sangre está en mí y yo en él,” por lo que después
del bautismo y la Unción Crismal se da la Santa Comunión al recién bautizado,
con lo que queda definitivamente incorporado a la Comunidad Cristiana.